EDUCACION y PARTICIPACION PARA LA SALUD EN LOS 100 AÑOS DE PAULO FREIRE por Pablo Anzalone

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO 246 Septiembre 2021

El próximo 19 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento de Paulo Freire. Lejos del olvido su pensamiento sigue alimentando debates, investigaciones y acciones en todo el mundo y especialmente en América Latina. En el campo de la salud, como en otros, tenemos el desafio de retomar sus ideas, recreándolas para enfrentar las realidades complejas de hoy.

Educación y salud son campos profundamente entrelazados de la vida en sociedad. No hay salud integral sin una educación que nos permita cuidarnos, cuidar a los demás y a la naturaleza, aprendiendo siempre. No hay educación adecuada sin salud. Las posibilidades cognitivas de las personas desde la primera infancia hasta su muerte dependen de tener salud en su sentido mas amplio y como procesos dinámicos. Si hay malnutrición, parasitosis, afectaciones del desarrollo, de la salud mental, bucal o vincular, las capacidades de educación se deterioran drásticamente.

La educación como praxis, reflexión y acción para cambiar la realidad es un componente fundamental de las políticas hacia los determinantes socioeconómicos y culturales de la salud. Aquellos que el Informe Lalonde identificaba desde 1974 como los factores con mayor influencia en la salud de las personas y las sociedades.

La concepción de “educación bancaria” que cuestionaba Freire tiene mucho que ver con los paradigmas verticales de la salud donde el poder se concentra en lugar de democratizarse.

Dice Freire que si la educación se basa en la narración, con el educador como único sujeto transforma a los educandos en “vasijas” o recipientes que deben ser “llenados” por el educador. “Cuando más vaya llenando los recipientes con sus “depósitos”, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen “llenar” dócilmente, tanto mejor educandos serán. De este modo, la educación se transforma en un acto de depositar en el cual los educandos son los depositarios y el educador quien deposita” (Freire 19701).

En cambio en una educación diálogica, problematizadora, la relación es horizontal, el educando se reconoce a sí mismo y aprende del educador, pero el educador también aprende del educando y reconoce su propia humanidad. El método de Paulo Freire no implica repetir palabras ni se limita a promover la capacidad de pensarlas según las exigencias lógicas de un discurso predeterminado. Su objetivo esencial es poner a las personas en condiciones de poder replantearse críticamente las palabras de su mundo, para saber y poder decir su palabra. En este proceso que va desde la alfabetización a los mas profundos conocimientos académicos, los seres humanos asumen conscientemente su condición y construyen su emancipación.

¿Disciplinamiento, mercado o emancipación?

En una tesis de doctorado que recoge 6 años de investigación/acción (2016-2021) sosteníamos que las disyuntivas entre disciplinamiento, mercado y emancipación siguen atravesando las políticas de salud en todo el mundo.

El paradigma hegemónico respecto a la salud no abre espacios para la participación social. La impronta asistencialista subestima la educación para la salud y cuando la integra la concibe como monólogo, donde los técnicos o la autoridad responsable informan a la población depositando conocimientos en ella (como si fuera una cuenta bancaria vacía dijera Freire).

Es un modelo centrado en el hospital que viene de la incorporación (en el siglo XVIII) de los mecanismos de poder disciplinador desde el saber médico, para individualizar a los enfermos con fines de vigilancia y registro (Foucault 20042).

Al articularse con el poder empresarial en la salud este modelo ha mostrado una notable persistencia y capacidad hegemónica. Los extraordinarios avances científicos de las últimas décadas han estado muy direccionados por esta conjunción de intereses económicos y paradigma de salud.

Esta hegemonía ha sido cuestionada por múltiples actores a lo largo del tiempo. Desde la Conferencia de Alma Ata en adelante las mejores doctrinas en materia de salud apuntan en otra dirección, reivindicando el derecho de los pueblos a participar activamente en la generación de salud para todos. Diferentes corrientes, muchos debates y una gran cantidad de experiencias concretas han desarrollado concepciones integrales de la salud, contrapuestas y superadoras del modelo asistencialista, vertical y mercantilizado.

En el SNIS la salud es considerada un derecho humano y una responsabilidad del Estado, a la vez que un proceso colectivo donde el involucramiento de la sociedad es clave.

Las organizaciones sociales de usuarios y trabajadores enfatizan la salud como una construcción social y no solo la asistencia a la enfermedad. Plantean la necesidad de evitar la fragmentación del sistema, el predominio del mercantilismo y la lógica del lucro. Para ello reclaman medidas legales, económicas y culturales que afirmen el trabajo conjunto interinstitucional e intersectorial, con fuerte participación de la comunidad en los territorios. Promueven la integralidad en el abordaje de los problemas, el trabajo en red y la participación social.

La dimensión ambiental es también una clave de la integralidad en salud. El concepto “Una Salud” pone el énfasis en la combinación de tres elementos básicos Animal-Humano-Ambiente. Es decir que no puede haber salud humana sin salud animal y ambas no pueden darse si el ambiente no es saludable.

La imagen bélica de la lucha de la pandemia como una “guerra contra el virus”, simplifica excesivamente las causas, desarrollos y consecuencias de este grave problema de salud y limita las estrategias de su abordaje. Si uno piensa que es martillo reduce todo lo demás a clavos.

Generaciones, discapacidades, diálogo y participación

Uruguay es un país con una transición demográfica acelerada, definida por un envejecimiento pronunciado de la población, a raíz de la caída de la tasa de fecundidad y la mortalidad infantil y el aumento de la expectativa de vida al nacer. Este proceso lejos de ser una carga o una amenaza constituye un gran logro para la sociedad uruguaya. Al mismo tiempo es un desafío en distintos campos que incluyen el sistema de salud, la educación, la cultura, la matriz de protección social, el sistema previsional, los cuidados, así como aspectos económicos, urbanísticos y de convivencia.

Democratizar todos estos planos de la sociedad, garantizando accesibilidad y calidad, son procesos interrelacionados.

Estos procesos demográficos y socio-sanitarios tienen un correlato epidemiológico. La enfermedad y muerte están cada vez más relacionadas con las enfermedades crónicas donde las condiciones de vida y los hábitos juegan un rol determinante.

En ese marco se requiere una estrategia de APS renovada, con un modelo integral donde la educación dialógica desarrolle con fuerza la prevención y promoción de salud, aumentando la capacidad de resolución del primer nivel de atención y generalizando la rehabilitación. La definición de una política de cuidados, la creación de un Sistema Nacional de Cuidados y su articulación estrecha con el sistema de salud son factores fundamentales. Llegar a un envejecimiento saludable requiere retrasar las dependencias y estimular la participación activa de las personas mayores en las políticas que las involucran.

En los últimos tiempos hay señales negativas que muestran la vuelta a concepciones no participativas y la entronización del paradigma del Estado mínimo que retrocede en protección social, con recortes de recursos que ponen en riesgo de desmantelamiento al Sistema de Cuidados . La mirada tutelar, el mensaje de parálisis y pasividad, la apuesta al mercado y el lucro, se extiende a muchos otros campos.

En relación con las personas con discapacidades los referentes de sus organizaciones cuestionan las lógicas asistencialistas y verticales, resumiendo su postura en la frase “Nada sobre nosotras sin nosotras”.

Hacia los jóvenes el sistema estatal no ofrece ámbitos de participación. Su “rol” en la pandemia fue reducido a un factor de riesgo de nuevos contagios, pero nunca como protagonistas, como dinamizadores de prácticas solidarias, integradoras, como parte de las soluciones y no de los problemas. Su voz no ha sido escuchada, porque tampoco han tenido espacios para elaborarla y proyectarla. Una excepción a destacar en las iniciativas institucionales es el concurso de mensajes sobre la pandemia mediante Tik Tok que organizó el Municipio A dirigido a adolescentes y jóvenes.

Las experiencias de fortalecimiento del vínculo intergeneracional en la comunidad son muy importantes en lo educativo, en lo emocional y en la conformación de un tejido social más fuerte, menos fragmentado.

Se tiende a pensar a la educación como una etapa inicial de la vida, pero, cada vez más, es necesario concebirla como un proceso que va desde el nacimiento a la muerte, donde todos aprendemos y enseñamos, en un mundo que cambia rápidamente. Hagamoslo mejor.

Formación/acción

Las transformaciones en la salud no son la aplicación de una fórmula ya elaborada sino un proceso innovador que debe apoyarse en la producción permanente de nuevos conocimientos.

Se necesitan mas investigaciones donde la Academia y los actores del SNIS sumen esfuerzos para construir herramientas de transformación, incluyendo particularmente a los movimientos sociales.

La Investigación Acción Participación es un diseño adecuado para estas investigaciones, con la lógica de construir y compartir saberes, que se apoyó precisamente en Paulo Freire y Orlando Fals Borda. La investigación no se limita a una actividad académica y no puede estar separada de la formación y la acción de los actores comunitarios e institucionales. Por el contrario esas líneas se superponen.

Dos ejemplos a mencionar son el Curso de Animadores de Redes Comunitarias de la Red MCS en 2020 y el Espacio de Formación de Promotores Sociosanitarios en 2021. En estas instancias formativas los conocimientos no se trasladaron de docentes a oyentes sino que se comparten horizontalmente, vinculando prácticas con aprendizajes teóricos. La utilización flexible e innovadora de las herramientas de comunicación virtuales es imprescindible. El empleo de formatos pedagógicos participativos evitando las lógicas de la “educación bancaria” al decir de Paulo Freire, son requerimientos básicos para esta formación.

En el Curso de Animadores de Redes Comunitarias hubieron 8 encuentros quincenales, abordando distintos temas, conformando grupos para la elaboración de proyectos, promoviendo intercambios en Foros de la página web de la Red MCS, recogiendo opiniones vía correo electrónico, haciendo relatorías de cada evento. Tuvo una duración de 4 meses comenzando en julio y finalizando en octubre, utilizando una modalidad virtual. La elaboración de proyectos de intervención comunitaria fue uno de los ejes principales del Curso. Como resultado de este proceso se formaron grupos de trabajo que discutieron y redactaron proyectos sobre seis áreas temáticas priorizadas : Seguridad y soberanía alimentarias, Comunicación comunitaria, Consumos problemáticos de sustancias, Personas Mayores, Infancia y Adolescencia y Mujeres en situación de vulneración. Cada proyecto fue discutido colectivamente en régimen de taller y se puso el énfasis en los componentes transversales que tienen. La impronta fundamental fue la participación social para el desarrollo de los proyectos. La formación en planificación participativa y elaboración de proyectos fue desarrollada en una jornada y ampliada durante todo el curso. A partir de estos encuentros se redactaron sistematizaciones de los aprendizajes logrados.

La sistematización de las experiencias realizadas se entiende como un proceso que trasciende el ordenamiento de datos. Implica analizar las experiencias como procesos socio-históricos concretos, dinámicos, complejos, individuales y colectivos, con contenidos senti-pensantes, que combinan diferentes dimensiones de la realidad histórica y social. Sistematizar es un esfuerzo consciente para capturar los significados de las acciones y sus efectos. Implica una praxis: reflexión, acción , reflexión. Es decir se apoya en los aportes de Paulo Freire y la educación popular.

¿Hacia dónde vamos ?

Como en toda situación crítica hay mas de una alternativa de salida y su evolución depende de factores estructurales pero sobre todo del accionar de diferentes protagonistas.

Si pensamos en tres grandes grupos de actores, los Estados, las comunidades y el mercado, podemos decir que el escenario Covid fortaleció el rol del Estado y la comunidad.

¿Cómo salir de esta crisis y en qué dirección?

Son preguntas vigentes, para las cuales todavía no hay respuestas claras, optimistas o pesimistas. Es una crisis civilizatoria. Estamos ante una realidad nueva y esto requiere estrategias renovadas. Abrir espacios de innovación implica creatividad pero también apoyarse en procesos que vienen desde tiempo atrás y contribuir a su desarrollo ante los nuevos desafíos. Es una oportunidad para que las comunidades asuman un rol protagónico mayor y se fortalezcan los entretejidos de actores, sociales, políticos, institucionales, académicos, para abordar los problemas y construir soluciones.

La labor de los colectivos y organizaciones sociales en este contexto no es sencilla y enfrenta desafíos importantes. Entre las preocupaciones que surgieron están las formas de consolidar los vínculos dentro y entre dichos colectivos y también cómo llegar al conjunto de la población.

Una cuestión importante es romper el aislamiento de cada demanda, de cada tema, de cada organización y de cada territorio. Esto implica construir puentes, intercambios, plataformas e iniciativas para pensar en conjunto los distintos temas y luchas, entre colectivos y personas que provienen de territorios y prácticas diferentes. Trabajar en Red, actuar en forma coordinada, desarrollar pensamiento crítico y constructor de nuevas relaciones y realidades, son algunos de los desafíos.

La formación/acción es una necesidad clara para los movimientos sociales. El saber de los “expertos” enfrenta un cruce de caminos en sus relaciones con los demás saberes y en particular con el saber popular o comunitario. Susana Mallo (20133) analiza bien el rol de los “expertos” como “dueños de un saber particularista que los separa del resto del conjunto social con un discurso no inclusivo, críptico y hacedor de verdades”. Por otro lado existe una larga trayectoria de vínculos positivos, fermentales, entre academia y movimientos populares, de la mano de la extensión y la investigación y en menor medida en la formación misma de los profesionales.

Un elemento fundamental es rescatar y desarrollar las experiencias que reconocen la diversidad de saberes y democratizan su circulación como forma de producir nuevos y mejores conocimientos. Apoyándonos en el pensamiento de Paulo Freire podemos decir que hay una relación profunda entre investigación, formación y acción para construir procesos superadores de la crisis actual, donde salud, educación y protección social van juntos.

1Freire, Paulo (1970) Pedagogia del Oprimido. Siglo XXI.

2.- Foucault, Michel (2004). El nacimiento de la Clínica. Una arqueología de la mirada médica. Argentina. Siglo XXI editores.

3.-Mallo, Susana (2013) Democracia, ciudadanía y participación: nuevos sujetos sociales. SERIE PONENCIAS DEL TALLER PT 01/10 Mayo 2010 Grupo Interdisciplinario “Estado, Sociedad y Economía” en los siglos XX y XXI (GIESE 2021) UDELAR

ODIO Y PANDEMIA: UN DRAMA COMUNITARIO por Milton Romani

16 de febrero de 2021 · Escribe Milton Romani Gerner en Posturas La Diaria

El control social y patriarcal se da sobre un Yo devaluado. Somos tan chiquitos y subvaluados, que todo sirve para reanimarnos.

Los trastornos narcisistas, incluido el narcisismo de las pequeñas diferencias, trastornos de personalidad de todo tipo, la lucha por el cargo por el cargo mismo y los múltiples mecanismos de envidia (sugiero releer Envidia y gratitud, de Melanie Klein) son indicadores de que debemos fortalecer los vínculos sociales, la comunidad. Abandonados al sufrimiento del alma, de los cuerpos individuales y sociales, no sanamos.

Hay una varita que parece mágica. Pruébenla. Cuando le decís a alguien “muy bien lo tuyo”. La gratitud, que es hija del espíritu solidario, quizás sea una vacuna poderosa. No sé si para esta pandemia. Pero para la otra, sin duda.

Se ha convertido en un lugar común afirmar que la izquierda perdió por subestimar la batalla cultural por la hegemonía. Le preguntaron a un hombre pobre de Ceará por qué creía que se había hecho realidad el sueño de su vivienda. Pensando, dijo “creo que ha sido un regalo de Dios”. Había sido fruto de un gran esfuerzo político y presupuestal de los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Un reportero de C5N abordó a un señor maduro que había ido a despedir efusivamente al derrotado Mauricio Macri: este le dijo que era un ingeniero de una empresa que se había fundido. Estaba desocupado. Pero agregó: “Bien cerrada está mi empresa, porque era ineficiente”.

Las subjetividades se producen con políticas específicas, que contengan modificaciones en la forma de ver, sentir y estar en el mundo. “Los hombres luchan por su esclavitud como si fuera su salvación y no consideran una ignominia, sino un gran honor, dar su sangre y su alma para orgullo de un solo hombre”, decía Baruch Spinoza. Agréguese “y las mujeres”.

Los límites de la obra humana

La pandemia ha fijado los límites de la omnipotencia humana. Queríamos ser dioses y someter a la naturaleza, agredirla, explotarla, sacarle hasta el último gramo de energía. Todo en nombre del desarrollo. Desarrollo sin fin. Desarrollo a lo loco, como un único mecanismo de reproducción infinita, exponencial. Como la reproducción del virus. ¿Hasta cuándo? Y generalmente sin distribuir, porque la palanca de ese desarrollo está hecha inevitablemente de iniciativa privada y emprendedurismo mal entendido. De la libertad pensada sólo como libertad de mercados, de circulación de mercancías, capitales y bienes. No de la libertad de los pobres para circular y calmar el hambre que genera ese modelo. Para ellos, muros. Xenofobia y fascismo. El Mediterráneo como tumba, el desierto en la frontera del río Grande, los campos de concentración apenas disimulados… y Trump. Que se fue, pero no. El resurgimiento del fascismo y el racismo en boca de Vox y de todos los nazis revividos que han reconvertido el odio al judío y al negro en el odio a todo lo que los molesta.

El negacionismo trumpista y bolsonarista tiene como base un nuevo proyecto eugenésico. Que se mueran los pobres. Es darwinismo social en su más cruda etapa eugenésica. La pandemia también desata polémicas poco fructíferas, entre ellas, lo que se podría calificar de mecanismo de defensa: negar que existe.

Hay resistencias. Pero sería bueno revisar algunas premisas que nos han guiado y replantearnos concepciones. En primer lugar, uniendo fuerzas solidarias, con alegría, para enfrentar lo más cruel del capitalismo xenofóbico y cuasifascista. La indiferencia y la liviandad con que el mundo asistió al ascenso del nazifascismo costó más vidas que una pandemia. La peste parda está allí: la yegua que la parió todavía está en celo.

Falsa oposición

Cuidarse, cuidarnos y tomar medidas de reducción de la movilidad social no se opone necesariamente a una activa participación comunitaria en cuidados autogenerados por la propia comunidad. Se trata de un paralogismo de falsa oposición. Es necesario que la comunidad se empodere con el saber y con las estrategias de prevención y acción a nivel local, que son, por lejos, mucho más efectivas y refuerzan nuestra autoestima. Es una fisura que los dispositivos de control social no pueden soportar.

Un caso raro es el uruguayo: su gobierno decidió invertir y expandir la ayuda social bien poquito. La rigidez mental de este enfoque ya pertenece a otro tipo de patología del Yo: al narcisismo que sólo le gusta verse a sí mismo. Recurso este que paradojalmente nos habla, de nuevo, de un Yo falso o un Yo empobrecido.

La resistencia social hoy está amenazada por el miedo a la muerte, a la destrucción masiva, que nunca cesa. La humanidad ha enfrentado estas y otras pruebas de las que han quedado ejemplos heroicos en nuestras memorias. Recuperarlos y jugarse a los vínculos sociales, al espíritu solidario, a la alegría (sí, a la alegría, porque con tristeza no se construye nada) son componentes ya no de la utopía, sino de una topía aquí y ahora inevitablemente compartida.

Una revisión necesaria

Los planteos alternativos de desarrollo humano, ya sea con la propiedad colectiva (que en realidad fueron de un Estado burocrático y autoritario) de los medios productivos o con la competencia con el bloque capitalista, no han sido una salida humana y sustentable. El Estado de bienestar creado en Europa y copiado por algunos países de estas latitudes como modelo de desarrollo, incluso en gobiernos de corte progresista, han mostrado sus limitaciones e incluso sus retrocesos.

En América Latina y el Caribe, la máquina de los poderosos se mantuvo intocable, así como sus propiedades. Han vuelto por sus fueros, con más odio y más violencia. Algunos límites infranqueables de una política democrática en lo progresista, cuidadosa de los equilibrios macroeconómicos y sin tocar a los ricos, han sido un búmeran. No ha generado poder de los pobres. La crisis en Grecia, y las alternativas de tomar uno u otro camino radical, han mostrado el verdadero cruce de caminos de futuros gobiernos populares de intención democrática radical.

La izquierda y el progresismo han quedado atrapados en políticas que, si bien han combatido el hambre y la desocupación, no han podido construir ciudadanía, una comunidad para poder ser efectivamente libres.

El liberalismo económico, a partir de Friedrich Hayek y las cumbres de Mont Pelerin, ha contribuido a políticas bien específicas, en las que el mercado es la guía y el Estado es un enemigo retrógrado, y en nombre de la libertad se ha logrado desmontar el Estado de bienestar que caracterizó en un momento a las democracias occidentales.

La izquierda y el progresismo han quedado atrapados en políticas que si bien han combatido el hambre y la desocupación, no han podido construir ciudadanía, una comunidad para poder ser efectivamente libres, autónomos y autodefensores de nuestros propios derechos. Por lo menos, no lo suficiente. La agenda de derechos, la vieja y la nueva, ha servido para armar las mentes y los cuerpos.

Devaluación del Yo y mecanismos para su inflación

El Yo es un constructo de corte psicoanalítico. Discutible en el campo de la psicología, y en sus configuraciones del campo social y político mucho más.

La psicología no es una de las disciplinas más estudiadas para el análisis político y económico. A pesar de ello, en economía política, y no precisamente por parte de economistas de izquierda, se ha puesto sobre la mesa el peso de la psicología en las decisiones. Como afirma el economista Robert Shiller, la psicología importa mucho, las recesiones globales han comenzado de repente por “historias contagiosas de gran importancia”.

En psicología social hablamos de “vínculo” no como una relación entre tú y yo o entre nosotros, sino como lo que se produce, lo que se genera en el entremedio. Eso permite identificar algunos problemas no en términos unívocos: “esto es culpa tuya o mía”. Lo importante es la modalidad de vínculo. Que se construye. Y como se construye, se puede deconstruir. Definimos la forma peculiar en que los seres en comunidad vivimos, sentimos y percibimos como un modo de producción de subjetividad.

Esta producción de subjetividad hace a las políticas públicas, a los modelos culturales hegemónicos, a lo que se internaliza o no para ser sujetos sujetados o sujetos activos y autónomos. En este sentido, y desde una perspectiva de psicología crítica y alternativa, la idea de deconstruir un Yo construido desde los mitos, las subjetividades y las sustancialidades externas para construir uno más autónomo y diferenciador es todavía una deuda pendiente. Quizás una tarea política permanente.

La subjetividad no es un reflejo mecánico de lo “objetivo”, como en un tiempo afirmaban los malos manuales soviéticos. Es una construcción. Un desafío. No sólo cultural, como se suele decir. Tiene que ver con la materialidad, con la autogestión social y comunitaria, con hacer que la gente sea partícipe de lo que construimos y no simple beneficiaria de planes progresistas. Esto también vale para los consejos y las normas que dictamos para prevenir el contagio de covid-19. Porque si no siempre quedamos encerrados en el odio y la bronca por la gente que no cumple. El enfoque de la libertad responsable, muy coherente con la libertad de mercado y la mala metáfora del “malla oro”, encubre una mirada hemipléjica e interesada. ¿En qué? En preservar la economía. Que es loable si no fuera tan dogmática y sesgada. Porque el cierre total o parcial genera hambre, pobreza, desocupación y desamparo. En el mundo y bajo recomendación de organismos multilaterales, insospechados de sesgo izquierdista, recomiendan enfáticamente hacer uso de todos los recursos económicos y fiscales para proteger y sostener a los seres humanos. Por una razón muy sencilla: lo que se cae ahora luego es mucho más difícil recomponerlo. La Renta Básica de Emergencia, esa razonable propuesta que se ha demostrado sustentable, no ha sido siquiera de recibo para el gobierno.

Opio, paraíso y analgésicos

En el campo popular y de las izquierdas hay un capítulo crítico. Hemos visto y padecido el narcisismo de las pequeñas diferencias, el personalismo, el sectarismo y la “carrera política”, empresarismos y clientelismos, “barras” que llegan a la gestión y sufren del “síndrome del big bang” sin aprovechar el impulso de las gestiones anteriores. Hay un aspecto de esto que es subsidiario de un Yo devaluado y de recursos políticos e ideológicos mal desplegados, de pensar los recursos mediáticos como comunicación, sin ver que es la política el núcleo básico de toda comunicación.

Nancy Cardoso, pastora metodista y luchadora feminista, entrevistada recientemente por la diaria, identifica muy bien la producción de subjetividad que promueven y aprovechan las iglesias pentecostales. Se sostienen desde la base de algo que cierta visión de izquierda desdeña –“opio, paraíso, analgésicos”–, sobre esas necesidades, espirituales, que los materialistas mecánicos desdeñaron y se las dejaron a un fárrago de fariseos y charlatanes, ellos sí engañadores del pueblo.

La religión es el opio de los pueblos. Y sí, claro, todos necesitamos un poco de opio, y llamamos a nuestro paraíso “revolución” o “utopía”. O la libertad radical que profesamos algunos (no los seudoliberales del mercado): paraíso y libertad más absolutos, que no es otra cosa que libertad en comunidad. Como bien decía Rosa Luxemburgo en una cita que es toda una concepción socialista, libertaria y democrática radical: luchamos por un mundo en que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

LAS JERARQUÍAS QUE ESTÁN EN JAQUE por Boaventura de Souza Santos

La difícil construcción de lo contemporáneo y de lo complementario

Decía San Agustín : “Qué es el tiempo? Si nadie me pregunta, yo lo sé. Si alguien me pregunta, yo no lo sé”. El enigma del tiempo deriva del hecho de que el tiempo, por ser cambio, no se deja aprisionar en mediciones estancas. Hay siempre un antes y un después que queda fatalmente fuera de cualquier medición. Fue por esa razón que las ciencias sociales y las humanidades inventaron las estructuras-modos de poner el tiempo entre paréntesis-. Pero la gran razón del enigma es que el tiempo, en cuanto cambio, es ambiguo, ya que significa tanto mutación como cristalización de la mutación. Veamos las dos preguntas siguientes. ¿Por cuanto tiempo recordaremos la pandemia? ¿Cómo va la pandemia a caracterizar “nuestro” tiempo? La primer pregunta apunta para el cambio y la segunda para la cristalización del cambio. Por esta razón, el hecho de que , eventualmente, olvidemos la pandemia no significa que la pandemia se olvide de nosotros. Se la recordará siempre por la marca que imprimirá a las consecuencias, adaptaciones y hábitos que surgirán de ella, aunque nosotros los atribuyamos a otras causas.

¿Cuál será la marca de la pandemia del nuevo coronavirus? La respuesta es, por ahora, especulativa, pero merece la pena ensayarla. Pienso que va a provocar un sacudón tectónico en nuestro modo de ver y sentir la sociedad en dos líneas de quiebre: la jerarquía temporal entre el antes y el después y la jerarquía natural entre lo inferior y lo superior.

Las opciones serán dramáticas a largo plazo y en el mejor de los casos, dos nuevos órdenes temporales surgirán destacados: contemporaneidad y complementariedad.

En sus versiones hegemónicas (liberal y marxista) el pensamiento eurocéntrico está dominado por el evolucionismo, en términos que la relación entre el antes y el después es siempre una relación entre lo peor y lo mejor. Esta idea ha sido expresada de muchas formas: civilización, progreso, desarrollo, globalización. Fue esa idea la que, sobre todo a partir del siglo XIX , consolidó la división del mundo entre Norte y sur. Los paises del Sur global, que en gran parte estuvieron sujetos al colonialismo europeo, fueron considerados paises de pueblos primitivos, atrasados, del tercer mundo, subdesarrollados. La jerarquía temporal fue la justificación para la jerarquía económica, social, política, cultural y epistémica.

La actual pandemia vino a sacudir profundamente este sentido común, en la medida en que algunos paises considerados menos desarrollados, mostraron haber sabido defender mejor la vida de sus habitantes que los paises mas desarrollados. A pesar de que la pandemia se expandió por el mundo a varias velocidades, las estadísticas sugieren que no hay una correlación directa entre la defensa de la vida frente a la pandemia y el nivel de desarrollo del país . Si los datos revelan algo es que, por el contrario, los paises llamados muy desarrollados tuvieron un grado de respuesta y de desempeño en la contención de la propagación de la pandemia inferior a los paises llamados menos desarrollados.

El ejemplo paradigmático son los Estados Unidos “el país mas desarrollado del mundo” , la primera economía del mundo, cuyo combate a la pandemia es propio de un Estado fallido, un concepto inventado por el Norte Global para designar (y estigmatizar) a algunos de los paises del Sur Global. La designación Estado fallido fue posteriormente sustituída por la de Estado frágil, pero el análisis de la realidad que buscaba retratar no cambió en nada. Puede contra argumentarse que el fracaso en la lucha contra el virus fue un accidente que no altera en nada los conceptos y las jerarquías de base. Es verdad que la defensa de la vida, de la cantidad y la calidad de la vida siempre fue un criterio de jerarquización de los paises, por muchos indicadores la jerarquía entre el Norte y el Sur globales se mantiene. Pero hay un dato nuevo y una pregunta potencialmente desestabilizadora. Los desempeños inferiores en la defensa de la vida por parte de los paises del Sur, además de ser medidos por criterios formulados por los paises del Norte, ocurren en un contexto de relaciones internacionales que insisten en someter a los paises del Sur a sucesivas invasioens, imposiciones, interferencias, guerras y saqueos por parte de los paises del Norte. Al contrario estos nunca sufrieron tales asaltos por parte de los paises del Sur. ¿Y si ,en hipótesis, los hubieran sufrido?

Los EUA están “protegidos” de interferencia e invasión por dos oceanos. Cuando se sintieron amenazados en la frontera sur comenzaron a construir miles de kilómetros de muro, insondables electrificaciones y vigilancias e internaron a sus potenciales invasores en campos de concentración, incluyendo niños. El coronavirus es el primer invasor de la historia de los EUA, un invasor cuya fuerza no puede ser neutralizada por el poderío militar. Por ser tan nuevo, hasta les cuesta cree que sea de hecho un invasor. De tan habituados a invadir paises, los EUA tuvieron una dificultad real para ponerse en la piel del invadido. Delante de tal invasor, revelaron la misma debilidad que siempre imaginaron en los paises que invadieron, tantas veces, impunemente. Solo que, esta vez, la debilidad es real. Los EUA imaginaron armas de destrucción masiva en Iraq, que facilmente podrían neutralizar. Ahora parecen víctimas de un arma real, y no imaginaria, de la que no parecen ser capaces de defenderse.

La pandemia no invierte las actuales jerarquías del sistema mundial. Este se apoya en tres dominaciones: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Mientras ellas se mantengan el Norte Global continuará imponiendo sus reglas desiguales al Sur global. Lo que la pandemia revela es que no es la superioridad que genera la jerarquía sino que es la jerarquía la que genera la superioridad. Revela también que la jerarquía temporal es el resultado de una violenta amputación de tiempos históricos. Los paises del Sur no vinieron después, no llegaron “atrasados” a la historia global. Existían antes y en ocasiones con culturas milenarias que antecedieron el contacto con el Norte. Son posteriores porque el colonialismo separó violentamente su pasado de su futuro.

La pandemia abre la oportunidad para una transformación epistémica, cultural y ética que permita ver la diversidad entre países como diferentes formas de la sociedad global de ser contemporánea de sí misma. La diversidad no enriquece la experiencia del mundo sino por la vía de la complementariedad. Lo que sólo será posible en la medida en que vayan ganando fuerza las luchas anticapitalistas, anticolonialistas y antipatriarcales.

La segunda jerarquía, esa arquetípica, de la modernidad eurocéntrica es la jerarquía natural, que define, ex natura lo inferior y lo superior. Tiene muchas vertientes . Me interesa aquí solo una de ellas. La jerarquía entre la naturaleza y la sociedad /humanidad. Curiosamente la jerarquía natural tiene implícita una jerarquía temporal, pero inversa de la anterior. En este caso quien viene después es superior a quien estaba antes. Esa narrativa natural-temporal es muy específica y contextual, y muchas otras narrativas competirán con ella dando cuenta de otros modos de concebir las relaciones entre la naturaleza y la humanidad.

Como sabemos la Biblia no es un documento occidental, lejos de eso, pero fue apropiada tempranamente por el cristianismo occidental y convertida en orden filosófico natural. En el orden bíblico de la creación el ser humano es la última creación, aquella en que el creador puso mas complacencia. A partir del siglo XVI en adelante, la superioridad natural del ser humano se convirtió en el privilegio de someter la naturaleza a sus intereses y diseños. Este privilegio era como una compensación por la abrumadora inferioridad del ser humano en relación con la divinidad. El infinito no disponible con el que la divinidad se impuso al ser humano fue compensado con el infinito disponible de la naturaleza, la naturaleza infinita, infinitamente disponible para servir a la humanidad.

Esta jerarquía también está siendo desestabilizada por la pandemia, tanto por lo que es como por lo que se anuncia a través de ella. La sociedad global no está en una guerra defensiva contra el virus. No creo que la metáfora de la guerra nos ayude a comprender la condición de nuestro tiempo.

Pero si hay guerra, entonces tiene más sentido imaginar que la naturaleza se está defendiendo. El nuevo coronavirus es un emisario que solo impone de forma insidiosa y violenta su misión de ser recibido por los poderes del mundo. Y su mensaje es claro: ¡un Basta! dicho en el único idioma en el que aprendemos a temer a la naturaleza, el lenguaje de los peligros que no pueden convertirse en riesgos asegurables. Ahora se recuerda que la recurrencia de las pandemias está vinculada a los modelos económicos que han dominado en los últimos siglos. Estos modelos causaron la desestabilización fatal de los ciclos vitales de regeneración de la naturaleza y, por lo tanto, de toda la vida que conforma el planeta y la vida humana es una fracción minúscula. La contaminación del aire, el calentamiento global, los fenómenos meteorológicos extremos y la inminente catástrofe ecológica son las manifestaciones más obvias de esta desestabilización. !Suficiente! Es un grito cuyos decibelios se miden por el número de muertos.

Al igual que con la jerarquía temporal, para que la sociedad humana escuche este grito, lo entienda y esté dispuesta a tenerlo en cuenta, debe sufrir una transformación epistémica, política y ética. La naturaleza y la humanidad son contemporáneas y complementarias. Somos la naturaleza vista desde el otro lado de la dicotomía. Y, desde esta perspectiva, considerar la naturaleza como totalmente disponible y consumible y participar en la explotación ilimitada de los recursos naturales fue un proceso histórico de autodestrucción. El concepto de autonomía de la humanidad en relación con la animalidad natural, del que habla Theodor Adorno y Max Horkheimer, aunque es comprensible en el contexto histórico en el que lo hicieron, debe ser reemplazado por un concepto de autonomía sostenible, construido en complementariedad, la vida de la humanidad y la del planeta en su conjunto. La autonomía que implica la esclavitud del otro siempre termina en la esclavitud propia. Ser esclavo de esta autonomía vale lo mismo éticamente que la autonomía de los esclavos.

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS es Doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y profesor en la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra. Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra y Coordinador Científico del Observatorio Permanente de Justicia Portuguesa.

Artículo publicado en :

LA PANDEMIA DESDE LA MIRADA DE BOAVENTURA DE SOUZA SANTOS por Pablo Anzalone

Un trabajo muy reciente del conocido pensador portugués, denominado La cruel pedagogía del virus, presenta un análisis interesante sobre la realidad mundial en el contexto del Covid 19.

Más que un hecho aislado Boaventura considera que la pandemia solo agrava la crisis pre existente en el mundo. Caracteriza así la “crisis permanente” de los últimos cuarenta años y sostiene que tres fenómenos actuales, “unicornios” los llama, aparecen hoy como todopoderosos cuando van juntos : capitalismo, colonialismo y patriarcado.

Son ellos los responsables de la “escandalosa concentración de la riqueza/desigualdad social y la destrucción de la vida en el planeta hacia una inminente catástrofe ecológica”.

Al constatar la conmoción mundial creada por el coronavirus, Souza Santos desarrolla las “zonas de invisibilidad”, de las sombras que la atención mediática crea respecto a muchos fenómenos del planeta. No solo lejos y también muy cerca de cada uno de nosotros.

La violencia contra las mujeres es uno de los aspectos mas crueles de esta situación y tiende a agravarse en contextos de guerra y crisis. Ahora está aumentando.

Boaventura llama la atención sobre las “personas uberizadas de la economía informal” que llevan alimentos y productos a domicilio, contribuyendo a la cuarentena de la población pero sin poder protegerse ellos mismos. Habla también de las personas que viven en la calle y no pueden hacer cuarentena alguna. Convoca a pensar en los residentes de favelas, cantegriles, asentamientos informales. Más de 1.600 millones de personas no tienen vivienda adecuada, 25 % de la población carece de saneamiento y servicios públicos (ONU Hábitat) y vive en condiciones de hacinamiento. En los últimos años la migración ha alcanzado cifras muy importantes y los campos de internación para refugiados, así como las personas indocumentadas y desplazadas son una realidad que no puede ignorarse en este contexto de pandemia. Tampoco las personas discapacitadas que sufren habitualmente muchas formas de discriminación ni las que padecen problemas de salud mental. Pensemos en los presos y su vulnerabilidad ante la pandemia, dice Boaventura. Los ancianos son considerados en general como una población vulnerable a la epidemia de coronavirus, pero no se visibilizan las enormes diferencias en las condiciones de vida de las personas mayores dentro de los paises y entre paises.

La crisis climática no despierta la misma atención mediática y gubernamental que la pandemia actual. No se asume que la crisis pandémica podrá controlarse de alguna forma pero la crisis ecológica ya es irreversible y nos queda procurar mitigarla. Para Boaventura lo mas importante es que ambas crisis están vinculadas.

Para el pensador portugués una de las grandes lecciones de esta pandemia es el regreso del Estado y la comunidad. Si pensamos que los tres principios de regulación de las sociedades modernas son el Estado, el mercado y la comunidad, está claro que en las últimas décadas el mercado ha sido priorizado absolutamente por sobre el Estado y la comunidad. Un ejemplo claro son las privatizaciones de bienes sociales colectivos, que convirtieron a la salud, la educación, el agua, la electricidad, las telecomunicaciones y la seguridad social en fuentes de lucro para algunas personas. Señala Boaventura que a nivel global avanzó la “versión mas antisocial del capitalismo: el neoliberalismo cada vez mas dominado por el capital financiero”.

Sin embargo ante la pandemia nadie reivindica al mercado como salvador y por el contrario las mejores respuestas ocurrieron en los países donde el Estado mantuvo o fortaleció su capacidad de atención a los problemas de la población. En los sistemas de salud eso es muy notorio. Y los efectos sociales y económicos de la pandemia dependerán de las estrategias de protección, reactivación y redistribución que se lleven adelante. En ese plano es todavía más flagrante la incapacidad del mercado para dar respuestas adecuadas a las necesidades de la población y el rol relevante de la comunidad y el Estado.

Boaventura reafirma finalmente la defensa de la vida en el planeta como gran prioridad que condiciona a la humanidad. Los eventos climáticos extremos y la aparición de pandemias son síntomas de un planeta ambientalmente enfermo. La vida humana representa solo el 0.01% de la vida existente en la Tierra, nos recuerda. Debemos pensar en una nueva articulación entre procesos políticos y civilizatorios que preserve la vida.

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO MAYO 2020

SOBRE LAS PERSPECTIVAS DE LAS IZQUIERDAS. UNA MIRADA DESDE EL URUGUAY por Rodrigo Arocena

A escala internacional, la historia reciente y la problemática contemporánea requieren una revisión a fondo de los supuestos, las propuestas y las prácticas de las izquierdas. Los errores cometidos y las oportunidades poco aprovechadas reclaman modestia. Hace falta estudiar sistemáticamente e intercambiar ideas de manera amplia y plural. Debemos volver a aprender cómo impulsar transformaciones sociales deseables. Lo que está pasando en el mundo lo hace urgente: hoy hay que enfrentar dificultades todavía mayores que las de ayer; mañana quizás sea posible hacer cambios inesperadamente grandes. Desde ese punto de vista hice circular versiones sucesivas de un texto preliminar y breve. Las alentadoras y sugerentes observaciones recibidas motivaron esta nueva redacción ampliada; ella debe mucho a los comentarios de personas amigas aunque yo no haya sido capaz de aprovecharlas a cabalidad. Se refiere a temas complejos sobre los que arriesgo opiniones tentativas, confiando en seguir aprendiendo de la crítica orientada por el pluralismo. Apunta a contribuir mínimamente al debate que hace falta promover en el Frente Amplio y en el conjunto del movimiento popular uruguayo, en diálogo con las izquierdas de otros países y regiones.

IDEAS DE BASE

  1. El punto de partida tienen que ser los principios éticos, no las teorías sociales o las estrategias políticas; éstas vienen después. Las izquierdas se definen ante todo por un compromiso ético: impulsar conjuntamente libertad, igualdad y solidaridad. Las tres consignas deben ser consideradas en conjunto y al mismo nivel, sin sacrificar ninguna a las otras. Conjugan derechos con deberes, individuales y colectivos, apuntando a mejorar la calidad de vida material y espiritual de la gente con prioridad a los más postergados. Llevan a reivindicar el pluralismo, la democracia y la agenda completa de los derechos humanos – civiles y políticos, económicos, sociales y culturales, sexuales y reproductivos, de los pueblos, de las generaciones futuras – para todas y todos en todas partes.
  2. Las propuestas transformadoras deben combinar fundamentos éticos claros y una cierta interpretación lo más objetiva posible de las dinámicas sociales. Los principios de las izquierdas tienen que abrirse paso en las realidades del poder. Éste puede entenderse como las posibilidades que tienen los grupos humanos para llevar a la práctica sus propósitos mediante cierto control del entorno natural y social.
    Corresponde pues prestar especial atención a: (i) el poder económico, político, militar e ideológico que se plasma en las principales relaciones sociales; (ii) el poder tecnológico que se plasma en las fuerzas productivas, destructivas, de comunicación, etc.; (iii) las influencias mutuas entre relaciones sociales y tecnología. Una de las más antiguas y persistentes formas de dominación, el patriarcado, se alimenta mutuamente con las relaciones sociales prevalecientes.
    La expansión del conocimiento avanzado ha multiplicado la gravitación de la tecnología, en gran medida controlada por las élites. La principal configuración del poder en esta época ha llegado a ser la sociedad capitalista del conocimiento, surgida en el Norte y que proyecta su dominación sobre el conjunto de la Humanidad.
  1. En los supuestos antedichos una opción compatible con otras es impulsar, desde variadas tradiciones militantes, izquierdas democratizadoras de inspiración socialista. Este es el hilo conductor que se explicita y elabora en los próximos numerales.
  2. Como orientación general se propone impulsar la democratización de las relaciones entre los seres humanos. Apunta a disminuir las disparidades de poder económico, político y de conocimientos, así como enfrentar al patriarcado y limitar el poder militar, todo ello en formas que amplíen la calidad de vida individual y colectiva. Lleva a enfrentar las desigualdades vinculadas a las discapacidades y a diferencias étnicas, de raza, orientación sexual e identidad de género entre otras.
  3. Promover la democratización incluye defender los niveles alcanzados de la democracia, que siempre serán parciales y frágiles. En especial, siempre es necesario defender la democracia política, las libertades públicas, el pluripartidismo y las elecciones transparentes. La democracia nunca será completa ni estará garantizada en ámbito alguno. Protegerla y expandirla en todos los terrenos son tareas propias de las izquierdas que constituyen las dos caras de la democratización.
  4. Lo más valioso y perdurable de la inspiración socialista, en sus diversas tradiciones, es la prioridad que asigna a ciertos derechos fundamentales y también a los deberes de la militancia solidaria para transformaciones sociales en las cuales los sectores populares no sean pacientes sino agentes de los cambios deseables y viables. Esta es una orientación fundamental para la práctica de las izquierdas. Por ejemplo, el “ciclo progresista” latinoamericano se caracterizó por un gran impulso a las políticas sociales, que sin embargo fue perdiendo dinamismo con su propio éxito. Revivirá seguramente junto con la expansión de la agencia de los grupos postergados. Los grandes avances sociales se han caracterizado por el protagonismo de los directamente involucrados: lo ejemplifican el movimiento obrero y el feminismo, los mayores agentes de transformación con inspiración de izquierdas en la historia contemporánea.
  5. El socialismo cobró inmensa relevancia histórica durante el siglo XX, entendido como un sistema social superior al capitalismo al que habría de desplazar. Eso no sucedió. El socialismo de Estado logró ciertos éxitos iniciales y mejoró en gran medida las condiciones de salud, educación y seguridad social pero no se ubicó como lo pretendía a la vanguardia del desarrollo de las fuerzas productivas, hipertrofió el estatismo y demostró ser ajeno a la democracia. Causó grandes sufrimientos. Implosionó de maneras distintas pero sin que los pueblos involucrados lo defendieran. No se puede ignorar tamaña experiencia y seguir reivindicando al socialismo como un modo de producción alternativo al capitalismo, basado en la primacía económica, política e ideológica del partido-Estado. Eso parece poco viable y no es deseable. Así no se contribuye al enfrentamiento a los peores rasgos del capitalismo que hoy domina al mundo ni a la búsqueda modesta de caminos necesariamente nuevos para superarlo. Para ambas tareas pueden ser fecundos los ideales fundacionales del socialismo conjugados con los principios democráticos. Esa es la conjetura que inspira la noción de izquierdas democratizadoras de inspiración socialista.

TENSIONES Y DESAFÍOS

  1. Hoy la tensión decisiva es entre el crecimiento económico y la sustentabilidad ambiental: de cómo evolucione dependerá en gran medida lo que suceda con los grandes desafíos que la Humanidad tiene por delante. El crecimiento económico ha elevado el nivel de vida de mucha gente, incluso muy pobre, y es clave de permanencia para los gobiernos, pero en sus formas prevalecientes genera una gravísima degradación ambiental: ésa es la tensión que debe ser resuelta. Puede ser pensada como una disyuntiva entre la producción de bienes y servicios, por un lado, y las urgencias de la protección ambiental, por otro. En esa disyuntiva frecuentemente quedan enfrentados los movimientos obreros y los ecologistas. Ni siquiera en los países ricos se puede simplemente “congelar” la producción, por ejemplo porque siempre hará falta expandir cuantitativa y cualitativamente la producción vinculada a la salud. Pero las formas dominantes de la producción en general son ambientalmente insustentables. Hace falta producir mejores bienes y servicios para más gente con menos recursos naturales, priorizando las necesidades fundamentales y los sectores desfavorecidos. Eso exige transformaciones sustantivas, pues tiene que ver con los valores predominantes, con el poder económico y político, y también con el papel del conocimiento, tanto por las calificaciones de la gente como por las prioridades de la investigación y la innovación. Si se avanzara en esa dirección de transformación los movimientos ecologistas, que tanto han aportado a poner en la agenda pública la cuestión ambiental, podrían cobrar más fuerza y converger con otros movimientos populares en coaliciones para los cambios.
  1. Tres desafíos principales del mundo actual son la insustentabilidad ambiental, el incremento de la desigualdad – en casi todas las regiones aunque no necesariamente en el mundo en su conjunto – y el avance del autoritarismo. Si el crecimiento económico sigue teniendo lugar en desmedro de la sustentabilidad ambiental, se va a una catástrofe climática. En casi todas partes el crecimiento económico va de la mano con el incremento de la desigualdad, pues está dirigido por las élites del poder y porque se basa en el conocimiento avanzado que, cuando no hay políticas alternativas, es un recurso con rendimientos crecientes a su uso: quienes más lo usan, más lo tienen, mientras lo contrario les pasa a quienes menos pueden usarlo.
    Falta de sustentabilidad y desigualdad son dos desafíos habitualmente reconocidos y estrechamente vinculados, como puede verse por ejemplo en el último Informe sobre el Desarrollo Humano. Hay que prestar también atención al desafío del autoritarismo, que se extiende o afianza a lo largo y ancho del mundo (China, Estados Unidos, India, Rusia, Brasil…); en el Oeste rico la desigualdad que afecta a los perdedores de la globalización ha impulsado una reacción chovinista de derechas que aseguró la elección de Trump. En buena medida, cada uno de los tres desafíos agrava a los otros dos. En lo que las izquierdas puedan aportar a enfrentarlos se juega su vigencia y quizás también el porvenir de la Humanidad.
  2. Para cerrar espacios al autoritarismo y preservar la democracia política, hace falta buscar las más amplias confluencias ciudadanas para la defensa de los derechos y las libertades. Tanto los principios como un análisis mínimamente realista de lo que pasa en el mundo debieran hacer que las izquierdas prioricen esta problemática. A este respecto es seguramente válida aquella afirmación de que “en política lo decisivo es quién aísla a quién”. En paralelo, es imprescindible limitar el poder militar, afirmando su subordinación al gobierno constitucional, no fomentando intereses castrenses por motivos políticos sectoriales y disminuyendo el generalmente hipertrofiado gasto en defensa. Hace falta reconvertir gradualmente las fuerzas armadas convencionales en cuerpos más pequeños de intervención rápida ante amenazas y emergencias. Para ello conviene superar la ineficiente e injusta divisoria entre oficialidad y tropa, dedicar el tiempo de los soldados ante todo a la capacitación para profesiones varias y convertir cuarteles en centros polivalentes de servicio a la comunidad. Transformar los cuarteles en escuelas es consigna a revivir con objetivos ampliados. La historia enseña que afirmar la democracia pasa por disminuir la gravitación social de las armas.
  3. Aporte significativo del “ciclo progresista” fue recuperar el papel del Estado. Para que éste sea el escudo de los débiles e impulsor mayor de cambios en profundidad, es imprescindible que se le dirija democráticamente, con probidad y eficiencia. Cuando las izquierdas fallan al respecto – como ha ocurrido particularmente en Venezuela – el pueblo involucrado sufre y los sectores progresistas retroceden en muchas partes. La crisis mundial de hoy vuelve a mostrar la diferencia que hace tener o no tener herramientas estatales adecuadas que permitan respaldar rápidamente a la población priorizando a los más necesitados.
    Mañana ampliar y mejorar esas herramientas será imprescindible para afrontar una crisis sanitaria y socio-económica de larga duración así como para promover la cada vez más urgente transformación de la producción. Sólo las izquierdas pueden impulsar ese papel estratégico del Estado. Tienen que volver a convencer a las mayorías de que saben cómo hacerlo.
  4. Ciertos gobiernos del “ciclo progresista” – particularmente los del Frente Amplio – hicieron un aporte significativo en la dirección de que paguen más impuestos quienes más pueden hacerlo. Si bien puede discutirse la medida en que durante ese período se incrementó la contribución del sector más pudiente y se avanzó hacia mayor equidad, es indudable que deben redoblarse esfuerzo en ese sentido. Afrontar la desigualdad al alza, revertir la concentración de la riqueza y disponer de recursos mayores para las políticas sociales exige profundizar el carácter progresivo del impuesto a los ingresos y extenderlo a la riqueza, como lo han planteado por ejemplo Piketty y sus colaboradores. Al mismo tiempo la redistribución, por sí misma, es insuficiente: tiene que hacerse de modos que fomenten la expansión de las capacidades para mejorar la calidad de vida colectiva. El Sur ético y político de las izquierdas apunta al protagonismo de los sectores menos favorecidos.
  5. No habrá cambios deseables de gran envergadura sin la participación de la sociedad civil en sus múltiples expresiones. En éstas figuran el movimiento sindical, el feminismo y los movimientos en pro de la diversidad sexual, los ecologistas, el cooperativismo, múltiples organizaciones de defensa de derechos y de grupos específicos incluyendo etnias oprimidas, organizaciones de base comunitaria y territorial, y otros actores colectivos. No habrá democracia sólida ni, menos aún, avances en la democratización sin una sociedad civil autónoma, plural y activa. Diversas organizaciones sociales tendrán que superar el papel de prestadoras de servicios y mediadoras de políticas para afirmar su independencia material e ideológica; el Estado no debe relegarlas a ese papel sino contribuir a que profundicen su autonomía. Los actores de la sociedad civil en general tienen cometidos fundamentales a desempeñar, desde sus capacidades e iniciativas autónomas, en la promoción de formas solidarias y comunitarias de relación de los seres humanos entre sí y con la naturaleza.
  1. Durante el “ciclo progresista” se atendió de maneras significativas a las necesidades de la población. Para encararlas de manera cada vez mejor, protegiendo más al ambiente y dependiendo menos de la bonanza exportadora o de la inversión extranjera, es imprescindible impulsar una transformación productiva basada en la educación y el conocimiento, como lo explicó Fernando Fajnzylber hace ya casi 30 años, pero para lo cual poco se hizo desde entonces. No es nada fácil por cierto concretar estrategias para reorientar el conjunto de la estructura productiva y la inversión extranjera en especial. Pero algunas orientaciones generales debieran ser afirmadas. Ante todo, no hay transformación productiva profunda y deseable sin sostenida incorporación de altas calificaciones y conocimiento avanzado al conjunto de la producción de bienes y servicios socialmente valiosos. En esto las posibilidades de las empresas públicas, particularmente en un país que ha sabido preservarlas como Uruguay, son grandes pero en general poco aprovechadas. Alice Amsden recomendaba propiciar el “modo aprendizaje” del desarrollo, basado en la expansión de las capacidades nacionales. Es lo contrario de lo que se hace, por ejemplo, cuando se compra al exterior “paquetes” tecnológicos y modelos educativos que pueden ser generados en el país, a menudo mejores y más baratos. Las izquierdas de la periferia no son inmunes al virus de la dependencia ideológica que incluye suponer que la ciencia y la tecnología del Norte es de por sí mejor que la propia. La crisis sanitaria actual pone de manifiesto el potencial de la investigación nacional de nivel internacional con vocación social. Una estrategia genuinamente transformadora debe proteger los aprendizajes nacionales en materia de conocimiento e innovación para que sirvan a la inclusión social y al desarrollo integral.
  1. Promover el protagonismo de la gente en la mejora de la calidad material y espiritual de vida pasa por la educación. También pasa por allí la transformación de la producción. Las izquierdas necesitan una concepción integral para una reforma de la educación basada en:
    (i) la universalización del egreso de una enseñanza media que capacite a todos sus egresados para a la vez acceder al trabajo digno y a seguir aprendiendo a nivel terciario;
    (ii) la generalización de la educación superior efectivamente abierta a todos y ligada al desempeño laboral, de forma que se aprenda durante toda la vida activa estudiando a alto nivel a la vez que trabajando en contextos donde se requiere creatividad;
    (iii) la estrecha vinculación de la formación con la investigación y la innovación orientadas a la inclusión social, la sustentabilidad ambiental y el desarrollo integral. Todo ello requiere defender y consolidar un sistema nacional de educación pública. Requiere también un incremento sostenido de la inversión en educación e investigación y desarrollo. Esta tendrá respaldo sólido de las mayorías populares en la medida en que sea cada vez más clara su contribución a la mejora de la condiciones de vida de todos. En suma, la imprescindible expansión de la educación y el conocimiento pasan por su democratización.
  2. Las izquierdas sociales y políticas han ignorado en general las cuestiones vinculadas al conocimiento avanzado. Este es controlado en gran medida por las élites, con lo que así afianzan su poder. Ese control lo facilitan quienes cuestionan en bloque al conocimiento científico y tecnológico. No se trata de rehuir sino de afrontar la lucha al interior de ese conocimiento para democratizarlo y reorientarlo a respaldar los cambios deseables. Esa reorientación es viable pues el cambio científico y tecnológico no está predeterminado ni sigue una trayectoria única; no es cierto que no existan alternativas en materia de generación y uso de conocimiento. Pero para impulsar las mejores alternativas no se puede estar lejos de tales procesos. Aquí aparece un problema mayor. Las desigualdades no serán duraderamente revertidas mientras los actores populares estén alejados del poder del conocimiento. Los cambios educativos antes mencionados son condición no suficiente pero sí necesaria para la disminución de tal lejanía. Para encarar la cuestión de manera integral el Frente Amplio, surgido del movimiento popular uruguayo con el cual mantiene estrechos lazos, mucho puede aportar. Lo primero es poner la cuestión en la agenda. Luego cabría rastrear las experiencias fecundas. A continuación se podría esbozar una estrategia, vinculada a la superación de la actual crisis sanitaria y socio-económica, para la vinculación entre actores populares y conocimiento avanzado. Lo que se logre y aprenda podría tener positiva repercusión internacional.
  3. Promover protagonismos populares en la transformación productiva pasa por impulsar: (i) experiencias múltiples en la economía social y solidaria, respaldando en especial su autonomía financiera, sus capacidades tecnológicas y los aprendizajes permanentes, como lo sugieren casos exitosos;
    (ii) la cogestión de los trabajadores en las empresas privadas, fuente potencial de mejora en las condiciones de trabajo, de productividad genuina y de disminución de las disparidades en las remuneraciones;
    (iii) el involucramiento de los funcionarios en la gestión estatal, fortaleciendo su calidad y su potencial para la innovación mediante modalidades participativas que mejoren las condiciones de trabajo y sobre todo la eficiencia del sector público en cuya dirección siempre debe primar el interés general.
  4. Una proporción creciente de la población que trabaja lo hará en la salud y en la educación, con las cuales se vinculará una proporción creciente del tiempo de toda la población. Estos dos ámbitos y el de los cuidados serán fundamentales para la ampliación a largo plazo de las fuentes de trabajo, lo que dependerá en gran medida de cómo se atienda a las necesidades de la población. Existen posibilidades productivas vinculadas a conocimiento y salud que pueden constituir especializaciones incluso con proyecciones exportadoras, particularmente en ciertos países periféricos. El Frente Amplio hizo un gran aporte con la Reforma de la Salud en Uruguay, cuya profundización habrá que preparar. Los valores propios de las izquierdas debieran inspirar una transformación no menos grande de la educación, combinando las políticas laborales activas y en general las políticas sociales solidarias con el fomento a los aprendizajes avanzados directamente conectados con el mundo del trabajo.

A MODO DE CONCLUSIÓN

  1. El predominio del individualismo adquisitivo es tal vez el principal peligro para la sustentabilidad y la igualdad. Las izquierdas tienen que reivindicar el valor de la frugalidad. ¿Cómo hacerlo? Al menos, poniendo el tema sobre el tapete. Además, bregando para que las remuneraciones de los cargos políticos sean moderadas. También, fomentando la innovación social para hacer mejor uso de los recursos disponibles, como debiera suceder por ejemplo en el caso del transporte. Y, sobre todo, aprendiendo de la mucha gente que trabaja o está dispuesta a trabajar con la meta de la frugalidad en su práctica laboral o incluso en el conjunto de su vida cotidiana. No se preconiza la pobreza. En una sociedad justa, nadie debiera verse obligado a vivir en la pobreza mientras que el consumismo individualista debiera ser superado por la solidaridad entre la gente y la protección de la naturaleza.
  2. La combinación de capitalismo y conocimiento es hoy la principal configuración del poder. Ella aprovecha plenamente del poder militar y tiende a subordinar al poder político. Ha promovido una globalización que al mismo tiempo multiplicó la producción y puso de manifiesto rasgos catastróficos. Desde hace ya varios años esa globalización se está resquebrajando en formas que dificultan cada vez más la coordinación internacional para atender a los grandes problemas de la Humanidad. El proceso en su conjunto va camino de generar alteraciones mayores. Para afrontarlas harán falta protagonismos de nuevas generaciones militantes, formas originales de acción a todos los niveles de la sociedad y, también, la revitalización de las ideas de izquierdas.
  3. Epílogo
  4. El panorama de la Humanidad se ha ensombrecido bruscamente por la crisis sanitaria y la crisis socioeconómica resultante. Probablemente la primera no sea corta y la segunda bastante más larga. De alguna manera, una transformación o mutación de la sociedad se acelerará. Las izquierdas pueden tener por delante responsabilidades mayores.

25/4/2020

DEBATES ACTUALES DEL PENSAMIENTO CRÍTICO por Pablo Anzalone

El Primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico reunió en noviembre de 2018 en Buenos Aires  a muchos miles de jóvenes. Hubo 50 mil inscriptos, según los organizadores, la gran mayoría de esa franja etaria. Las conferencias centrales, los foros especiales, los paneles, expresaron  una gran diversidad de enfoques, que combinaron la reflexión académica con el compromiso social y político, la denuncia, la crítica y la esperanza. Vale la pena intentar  recoger estos debates, aún parcialmente, en distintas notas, así como los esfuerzos realizados en Uruguay en esa dirección.

Algunos de los aportes más interesantes provinieron de las corrientes feministas, que han tenido un  protagonismo destacado tanto en las luchas sociales como en la reflexión crítica. Rita Laura Segato (Universidad de Brasilia, Brasil – Argentina), Virginia Vargas (Centro Flora Tristán y Articulación Feminista Marcosur, Perú) y María Eugenia Rodriguez Palop (Universidad Carlos III de Madrid, España) entre otras, participaron de estos debates.

Rodriguez Palop hizo énfasis en las luchas recientes de las mujeres argentinas, chilenas y uruguayas  que conmovieron sus sociedades y en la movilización de las mujeres brasileñas contra el “neo-fascismo” de Bolsonaro, que despertaron la solidaridad en otras ciudades del mundo. El feminismo ha dado claras muestras de oponerse al fascismo, a las políticas neoliberales y a la ultraderecha, señala Rodriguez Palop. Rechazan las amenazas de las iglesias conservadoras y los poderes establecidos, así como las propuestas políticas que convalidan los mecanismos de dominación. Denuncian  una alianza entre patriarcado y capital y se reivindican como mujeres del 99% contrapuesto al 1% más rico y poderoso del planeta.

Virginia Vargas destacó que el feminismo latinoamericano surge en las luchas contra las dictaduras y por la democracia. Al caracterizar la situación actual, señaló que existe una crisis de la democracia en América Latina. Ya no es solamente una democracia de baja intensidad sino que ahora permite que se use la democracia para quitar derechos. El progresismo accedió a los gobiernos como consecuencia de las luchas de muchos sectores. Estos procesos progresistas abrieron un espacio fundamental para los derechos de la ciudadanía. Sin embargo no lograron tener alternativas al capitalismo extractivista y su proyecto transformador se apoyó en la ampliación del mercado de consumidores. El avance actual del fascismo tiene como uno de sus  aspectos fundamentales el control del cuerpo de las mujeres, concluye Vargas, asistimos a una reedición del Pacto Patriarcal.

Rita Segato por su parte analiza los procesos latinoamericanos recientes adhiriendo  provocativamente a la teoría del complot con dos elementos que conspiran contra la democracia:

a) El incremento de una esfera para-estatal de control de la vida de las personas a través de diversas formas de actividad criminal organizada, con participación de fuerzas paramilitares, represión policial, compañías contratadas para la tercerización de la guerra. Son partes de un universo bélico para-estatal que se expande en el continente sin contención, en particular en Centroamérica y  México. Puso como ejemplo que a partir de 2006 en Mexico la línea de los homicidios crece en línea recta, sin oscilaciones. No es una curva espontánea sino un fenómeno artificial. Hay una pedagogía represiva basada en el uso de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres y los niños, que incluye la espectacularización del arbitrio y de la violencia.

b) La inoculación del fundamentalismo cristiano en América es, para Segato, equivalente a la esfera del control para-estatal. Los sectores católicos y evangélicos fundamentalistas ultraconservadores han importado las estrategias de faccionalismo religioso del medio oriente. Se están volcando muchos recursos económicos para sustentar estas organizaciones que utilizan la religiosidad para  profundizar una ideología ultraconservadora y también combatir los cristianismos que siguen luchando por una vida mejor para todos.

Para Segato esos dos implantes son el “huevo de la serpiente”, que deteriora la democracia y abre espacios al fascismo. Hay un crecimiento alarmante de los partidos ultraderechistas en el mundo, denuncia. Una restauración conservadora va ganando terreno en América Latina, promoviendo un  capitalismo más salvaje. En el caso de Bolsonaro puede generar una nueva forma de dictadura de las Fuerzas Armadas. Hay una apuesta al colonialismo, a la violencia, al desarraigo.

“Nos han vencido en la sociedad” dice Rita Segato. “¿Por qué? Porque confiamos demasiado en el Estado. Pusimos todas las fichas de nuestros proyectos en el campo estatal. Hemos dejado de lado que hay vida inteligente fuera del Estado, en la vida comunal”. Estas experiencias nos muestran el error de pensar que solo el Estado puede reorientar la sociedad, enfatiza. Demuestran que esa reorientación debe darse desde la misma sociedad.

Y reafirma su convicción de que “la única manera de cambiar la historia es desmontar el mandato de masculinidad” .  “Precisamos una política más involucrada en los procesos que en los productos. Preservadora de la vida aquí y ahora”, concluye[2].

En los Foros Especiales y los paneles fueron desarrolladas otras facetas de los feminismos, reivindicándose su diversidad, su pensamiento contextual y enraizado, que  resiste pero también apunta a construir otras hegemonías.

Por otro lado   la desigualdad creciente fue un tema muy presente en el Foro Mundial.  Winnie Byanyima de  Oxfam International (Inglaterra – Uganda) denunció que  47 personas tienen hoy la misma riqueza que la mitad de la población mundial, 3500 millones de personas. La tecnología está en manos de algunos monopolios sin regulación. No son fenómenos aislados, la desigualdad y el patriarcado. La relación entre democracia e igualdad es algo reciente, señala Oxfam. Los objetivos de los grupos excluidos de usar la democracia para promover mayor igualdad, se toparon con un sistema socio cultural que reproduce muchas desigualdades. Esta situación ha empeorado con los modelos neoliberales que incrementaron la desigualdad y la violencia, convirtiendo la igualdad en  una retórica. El neoliberalismo produce una biopolítica que desecha muchos cuerpos, sobre todo de las mujeres y los niños. Estamos en la era del “necroseno”, dice la representante de Oxfam,  la era de la destrucción y la muerte. Los feminicidios son parte integral de ese necroseno.

Desde nuestro punto de vista  la experiencia de las últimas décadas ha planteado como cuestión central  la radicalización de la democracia, los vínculos esenciales y a la vez complejos y en ocasiones contradictorios entre Estado y Movimientos Sociales. La democratización de la sociedad y del Estado durante los gobiernos progresistas y ahora resistiendo la ofensiva de la ultraderecha, es uno de los nudos críticos fundamentales de estos procesos históricos. En sus avances sustantivos y en sus déficits notorios. En la salud, la educación, las relaciones laborales, la vida comunitaria, en las relaciones familiares, la justicia y los medios, en la política y el Estado, entre otros campos. En ese anudamiento se condensan las luchas contra  la desigualdad, para superar la pobreza y  el autoritarismo estructurales de nuestro continente, incorporando asimismo las luchas contra las relaciones patriarcales, contra las opresiones de género y generaciones, de etnias y de clases. Y las esperanzas de construir una sociedad distinta.


[1]Licenciado en Ciencias de la Educación. Magister en Sociología.

[2]Para ampliar estos conceptos es interesante leer Segato, Rita (2018) Contra-Pedagogías de la Crueldad  Bs As. Argentina.Prometeo libros.

IZQUIERDAS DEL MUNDO, LEAN AL MAESTRO BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS Y DÉJENSE DE TONTERÍAS Por Miguel Guillén Burguillos*

Hace pocas semanas la editorial Icaria publicó un libro del maestro Boaventura de Sousa Santos (1) que debería leer toda persona que se considere de izquierdas, particularmente si forma parte de la dirección de un partido político o ejerce algún tipo de liderazgo en los llamados movimientos sociales. La razón es simple: en tan sólo 150 páginas el maestro, a quien tenemos el privilegio de leer a menudo aquí en Público, da algunas claves para que la izquierda deje de mirarse el ombligo y vuelva a ser una herramienta útil para la gente común, para la mayoría social.

Aquí en España, pero también en Portugal, Brasil, Colombia o México, países cuya realidad política analiza de Sousa Santos a lo largo del texto. Países donde la trayectoria y el papel de las izquierdas en los últimos años ha seguido pasos diferentes, pero hoy se enfrentan a un reto común: ser útil para la vida de las personas ante la multitud de desafíos que la situación política internacional nos arroja.

Porque las fuerzas de izquierdas deberían ser útiles para mejorar realmente la vida de las personas, a pesar de que a veces, en algunos casos, parezca que solamente sirven para que sus miembros alimenten su ego, se sientan realizados y se erijan en portadores de la verdad absoluta, cómodamente desde su atalaya. Es decir, ocurre que a veces todo queda en un discurso muy interesante pero poco más que eso, y ahora hacen falta fuerzas de izquierdas que se arremanguen, que se mojen y que busquen la manera de llegar a acuerdos para mejorar las condiciones de vida de la gente común.

Ensuciándose si hace falta. Aquello que Weber explicaba de la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Porque sí, la ética de la convicción es importante, pero sin la ética de la responsabilidad no es posible cambiar la sociedad. Jordi Évole ha explicado en más de una ocasión que su abuelo siempre le decía que las izquierdas solamente están unidas en la cárcel. Algo parecido me decía a mí el mío. Y ya va siendo hora de que las izquierdas del mundo, como pide Boaventura en el título de su nuevo volumen, se unan. De una vez por todas.

Lo primero que deben tener claro las izquierdas, siguiendo a de Sousa Santos, es que tienen que trabajar con la convicción de que puede y debe existir un futuro postcapitalista, una sociedad alternativa que satisfaga las necesidades reales de los pueblos, donde el ejercicio de la libertad sea efectivo. Dice Boaventura que nos hallamos en un momento reaccionario global que exige la convivencia entre diferentes fuerzas de izquierdas.

Habla de un interregno surgido de la caída del Muro de Berlín, donde el nuevo mundo en el que nos tocará vivir aún no se ha definido. Y explica que, con el colapso de la URSS, surgió una agenda explícita que supuso el fin definitivo del socialismo como sistema social, económico y político liderado por el Estado. Pero apunta que la agenda implícita, que constituyó el fin de cualquier sistema social, económico y político liderado por el Estado, fue la que contó verdaderamente. There is no alternative, que dijo Margaret Thatcher, porque el mercado se basta y se sobra para hacernos felices. El mercado, el capitalismo, el imperio. Porque Boaventura no se acompleja a la hora de hablar claramente de imperialismo y anticapitalismo, porque en estos tiempos que nos ha tocado vivir no está el patio para eufemismos ni edulcorantes del lenguaje.

De Sousa Santos realiza un análisis comparado, como he apuntado al inicio de este artículo, de los casos de Portugal, Brasil, Colombia, México y España, centrándose en el papel que las izquierdas han venido desarrollando en los últimos tiempos. El primero, que conoce a la perfección, puede servirnos para albergar una esperanza de que la unidad de las diferentes fuerzas de izquierdas puede ser útil para las clases populares, y por qué no, sirva de guía en España, algo que tímidamente ya se han atrevido a apuntar tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias, si bien a medida que se acerque la inevitable convocatoria de elecciones generales los poderes fácticos apretarán fuerte para que el PSOE regrese a principios de 2016 y mire a la derecha y no hacia la izquierda. Al tiempo.

El maestro Boaventura explica que nos encontramos en un momento de luchas defensivas en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre el serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes. Supongo que no hace falta recordar los casos de Trump, Salvini o Bolsonaro. Por todo ello, el entendimiento de las fuerzas de izquierdas, incluidas lógicamente las de raíz socialdemócrata, deben aunar esfuerzos para crear un cordón sanitario y defender los intereses de las clases populares.

Puede sonar derrotista y poco ambicioso, pero opino que hay que ser conscientes de la situación en que nos encontramos. A veces los problemas domésticos que vivimos en nuestro país, y bien importantes que son, no nos permiten prestar atención a lo que pasa en el mundo. Y la situación que tenemos delante requiere de una unidad de acción a nivel internacional que debe pasar por el entendimiento entre las izquierdas, si no queremos ser arrollados. Boaventura de Sousa Santos reclama la construcción de coaliciones que hagan posibles gobiernos de izquierdas en diferentes países, para conseguir una idea de conjunto de los obstáculos que se deben superar y de los caminos para hacerlo. Habla incluso de una nueva internacional de izquierdas. Palabras mayores.

Como no podía ser de otra forma, de Sousa Santos habla de la necesidad de tener un pie en la institución y otro en la calle, en las luchas sociales. Algo que puede sonar a perogrullada, pero lo cierto es que cuando las fuerzas de izquierdas entran en las instituciones la burocracia y la moqueta pueden llegar a absorber, y de qué forma, la mayor parte de sus energías. Y se corre el riesgo de abandonar la calle y surge el peligro de que fuerzas de extrema derecha seduzcan a quienes se hayan podido sentir abandonados por quienes pensaban que eran los que tenían que defenderlos.

¿Les suena? ¿Por qué hay barrios enteros donde antes arrasaba el PCF y ahora gana el Frente Nacional de Le Pen? ¿Cómo se entiende que Salvini lidere el gobierno del país del PCI? ¿Por qué en Brasil Bolsonaro ha ganado las presidenciales? ¿Y Trump? ¿Por qué ha crecido tanto en los últimos tiempos Alternativa para Alemania? ¡En Alemania! ¿Seguimos? Si las izquierdas no se ponen, no nos ponemos, las pilas, el camino hacia la irrelevancia es llano y muy corto. Y si nuestra gente no es capaz de sentirse identificada con las izquierdas, otros vendrán a ocupar su espacio, con todos los riesgos que ello supone.

Porque parece que nunca aprendemos de las enseñanzas de la historia. En las próximas elecciones al Parlamento Europeo se nos situará interesadamente ante el dilema de elegir entre el neoliberalismo de Macron o la barbarie de la extrema derecha. Susto o muerte. Pues bien, aquí las izquierdas deben presentar una alternativa clara, unitaria y salir a la ofensiva, planteando que mucho tienen que cambiar las instituciones de la Unión Europea para que la gente común las perciba como algo útil en sus vidas.

El ciclo reaccionario global del que habla Boaventura de Sousa Santos en su libro ha supuesto unos graves retrocesos en las conquistas populares. A medida que la derecha se vaya consolidando en el poder, la democracia irá perdiendo su carácter hasta que se convierta en un nuevo régimen dictatorial disfrazado con una fachada democrática. Y como las fuerzas de izquierdas siempre han tenido claro que es imprescindible la unidad de acción en la lucha antifascista, por ello el maestro les pide que sean humildes y se articulen de manera pragmática para resistir con los mínimos daños posibles este período (provisional) de luchas defensivas alrededor del planeta. Si se es capaz de conseguir este primer objetivo, preservando cada fuerza su identidad y autonomía, se estará en disposición de lograr en el futuro otras articulaciones más avanzadas.

¿Pesimismo de la razón? Seguramente, pero es que quizá no nos queda otra. Por eso coincido con el maestro y digo: izquierdas del mundo, lean al maestro Boaventura de Sousa Santos y déjense de tonterías. 29/11/2018

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(1)  Nota del editor de Other News : El profesor Boaventura de Sousa Santos es un académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo  y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

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* Politólogo español. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y diplomado en Ciencias Empresariales por la Universitat Oberta de Catalunya

Publicado en Voces en contra de la corriente el 29/11/2018

http://www.other-news.info/noticias/2018/11/izquierdas-del-mundo-lean-al-maestro-boaventura-de-sousa-santos-y-dejense-de-tonterias/

Fotografía de David Fernández en El Salto – https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-tragedia-nuestro-tiempo-dominacion-unida-resistencia-fragmentada