DECÁLOGO DE LOS MISERABLES por Ignacio Martínez

  1. Fomentar el individualismo, el egoísmo, el hacé la tuya, el no te metás, no es tu problema. Fomentar la indiferencia frente a la desgracia 
  2. Abonar la idea de que las personas valen por lo que tienen y que cuánto más tengan más valen, sin importar la relación con la pareja, con los prójimos, con la naturaleza.
  3. Aspirar a ocupar un cargo público, lo más elevado posible, pero lejos de asumirlo como un servidor público para bien de la gente sino para hacer todo lo posible para usufructuarlo en bien propio.
  4. No conmoverse jamás por el dolor ajeno, sino, más bien, culpar de la pobreza, de la desocupación, del analfabetismo, de la ignorancia y del hambre al pobre, al desocupado, al analfabeto, al ignorante y al hambriento, negándose a brindar toda ayuda, toda solidaridad, toda colaboración para sacar a esa gente de esos dramas sociales. Miran para otro lado. No son responsables ni co-responsables de lo que pasa en el mundo, en su país, en su ciudad, en su barrio, en su calle. La culpa, dicen, la tiene el Estado si no ayuda o el MIDES por ayudar demasiado.
  5. Comprar todo lo que viene de los países centrales, deslumbrándose con lo que ofrecen las metrópolis y queriéndose parecer a las divas y los divos fabricados por la televisión, maravillándose por la cultura global de EEUU o algunos países europeos y la gran Buenos Aires, menospreciando nuestras propias expresiones culturales. El mundo está en el Shopping, fuera de él la “gentuza” y ¡cuidado que vean en alguna de las grandes superficies a muchachos jóvenes, negros, pobres, humildemente vestidos! ¡Cuidado también si los ven en el hall de alguna mutualista otrora exclusiva para gente de dinero o en un cajero automático o en un banco ejerciendo los mismos derechos que cualquiera! Pueden ser peligrosos.
  6. El mundo no es de todos, es de los miserables de éticas retorcidas y, por lo tanto, no deberá ser nunca para todos. Cualquier intento inclusivo, democrático, de extensión de derechos, de beneficios colectivos, de avances participativos, de progreso para las grandes mayorías, será visto como un caos, como la debacle, como la crisis, como nunca estuvimos peor, como esto tiene que cambiarnunca estuvimos más inseguros. Y hablarán de la crisis del campo, y amenazarán con cercar Montevideo y con paralizar el campo.
  7. Dicen a viva voz que el Estado se debe achicar, pero son los primeros en pedirle al Estado que los subsidie, que prorrogue pagos, que les exonere deudas. Para ello, dicen, lo mejor será recortar las ayudas sociales importándoles muy poco que se hayan incluido en el sistema de salud a más de 1 millón 420 mil personas (435 mil son hijos de trabajadores) o que haya bajado sensiblemente la pobreza y descendido notablemente la indigencia y la mortandad infantil.
  8. Los miserables dicen que hay que reformar todo el sistema de la seguridad social y aseguran que hay muchos viejos y que se jubilan muy jóvenes. Han estado a favor de reestructurar todas las cajas… menos la caja militar que tiene los privilegios que nadie tiene en nuestro país. Dicen que hay que gravar con impuestos a todo el mundo, menos a ellos.
  9. Los miserables dicen defender la vida y por ende están en contra del aborto, confundiendo y entreverando el aborto con la ley de asistencia protegida para la mujer, que al fin de cuenta de eso se trata la ley vigente, de proteger a la mujer. Sin embargo estos mal llamados defensores de la vida no vacilan en pedir la pena de muerte y están en contra de todo plan de recuperación de las víctimas sociales que han caído en el delito o la droga.
  10. Los miserables quieren educación para ricos y educación para pobres; salud para ricos y salud para pobres; futuro de bienestar para ricos y futuro de sumisión para pobres; que los trabajadores sólo trabajen para enriquecer a los ricos; que los peones y las empleadas domésticas y los policías no tengan sindicatos; que no haya negociación salarial ni de condiciones de trabajo. Ellos sólo nos permitirán vivir en el mundo que ellos dirijan y que ellos construyan a su manera, para que nosotros existamos a su imagen y semejanza, pero sin ninguno de los derechos que nos hagan libres y felices.

Ocho hombres miserables tienen la misma cantidad de dinero que 3.600 millones de seres humanos. Si da ganancia, compran o invierten. No les interesa si ayudan o perjudican a alguien. Sueñan con la Amazonía como una pradera, el acuífero Guaraní como una canilla privada y con la humanidad como una bolsa de trabajo barato.

La primera justicia es la conciencia. Víctor Hugo en Les Misérables

Publicado en el semanario VOCES el jueves 3 de mayo de 2018 

 

LAS PALABRAS Y LOS DIRIGENTES POLÍTICOS EDUCADORES por Ignacio Martínez

Manifiestos, escritos, comentario, discursos
humaredas perdidas, neblinas espantadas
que dolor de papeles que ha de llevar el viento
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua

Las palabras entonces no sirven, son palabras… (Rafael Alberti-Paco Ibáñez)

 Es necesario hablar de la pedagogía en esa escuela llamada Sociedad. Referentes de esa educación no formal, de esa educación en el aula social, son los dirigentes políticos que van desde el Presidente de la República hasta los Ediles y Alcaldes, pasando por Ministros, Senadores y Diputados. Hay otros dirigentes, claro está, vinculados a los ámbitos sociales más diversos en cooperativas, sindicatos, clubes deportivos, iglesias, etc. Pero en esta oportunidad quiero referirme a los dirigentes políticos porque tienen un nivel de visibilidad ante la sociedad, que prácticamente les da una enorme cantidad de horas docentes a nivel nacional.

El mensaje que se da es, finalmente, de quien lo recibe. Si el dirigente quiso decir “A”, pero lo que queda es “B”, pues el mensaje verdadero será el “B”. “¡Ay, yo no quise decir eso!”, se argumentará, o “se me malentendió” se agregará, pero lo cierto es que lo que quedó en nosotros es el mensaje que perdurará.

Hay que ser y parecer, porque si uno es una buena persona, pero se parece a una mala persona, lo que sucederá, igual que lo de los mensajes “A” o “B”, es que quedará el parecer en la sociedad que observa.

Vivimos en una sociedad observadora, muy crítica, muy acostumbrada a filosofar y deducir. Eso es muy bueno. Las actitudes y las palabras de nuestros dirigentes son bien observadas, tienen críticas y deducciones de nuestro pueblo nada desdeñables. Aquí es donde debemos decir enfáticamente que no basta con conducir un país. Los dirigentes deben ser capaces de mostrar con claridad, con honestidad, con transparencia, con inmenso respeto hacia todos nosotros, esa conducción. Algunos le llamarán carisma, otros le llamarán don, yo le llamo comprensión pedagógico-didáctica aunque parezca un término un poco rebuscado. Quiero decir que el dirigente debe incorporar en su aprendizaje de tal, este aspecto fundamental, no sólo para el éxito personal de su gestión y la de su gobierno, sino para la función docente que el rol de dirigente tiene en sí misma. Si esto no sucede, si uno dice lo que se le ocurre y como se le canta, lo más probable sea que ayude a generar la idea de que todos los políticos son iguales, homogeneizando la visión del dirigente y de la política como un territorio rancio, de los avivados que nada tienen que ver con nuestro pueblo. Y esto no tiene, en principio, nada que ver con las ideas, sino, esencialmente, con las actitudes y con los actos. Y ¡guarda! a veces un solo acto fallido puede derrumbar mil construcciones positivas. A esto hay que agregarle, claro está, los especialistas en difamar, deformar, mentir, tergiversar y enlodar a sus oponentes.

La fuerza que tiene el compañero Pepe, por ejemplo, ha sido ganada por su modo de vida, su austeridad, su verbo sencillo y su humildad, y tira por la borda la figura del político tradicional, encumbrado e inalcanzable. Eso contribuye enormemente a su popularidad. Los sectores más humildes de la sociedad se sienten muy identificados con él, que además logró, como nadie, que esos mismos sectores que siempre votaron a los doctores encorbatados y acartonados, se volcaran a esta figura que incorporó la faceta de hacer docencia desde su pedagogía tan particular quizá, incluso, sin proponérselo demasiado.

El respeto que generan otros compañeros muchas veces se debe a que han dedicado sus vidas al estudio en sus diferentes áreas y cuando hablan son  extremadamente claros, convincentes, respaldados por el conocimiento y la vehemencia, sin poses ni pretensiones de cinco minutos de fama. Es que cuando alguien dice hasta dos, tiene que dejarnos la sensación de que sabe hasta diez y que tiene aún en el depósito una marcha multitudinaria de argumentos para reforzar lo que dice.

Si transmitimos inseguridad en la exposición, estamos liquidados. Si transmitimos la vulgaridad, las frases hechas, meros argumentos a la defensiva, por la negativa, estamos liquidados.

Si nos queremos hacer los populares o adjetivando inútilmente, estamos liquidados. Si descuidamos la enorme función pedagógica y los desafíos didácticos de nuestras palabras y nuestras acciones, está liquidado el dirigente nuevo para un Uruguay nuevo, y la política seguirá reducida a concebirse como un territorio insano donde la gente se pervierte. Además hay que agregar que para esa difamación están los especialistas de la oposición y de los medios de comunicación que miran con lupa para convertir la coma que pusiste mal, en la lápida de todo tu discurso.

Concluyendo; la función formadora y transformadora del dirigente se vuelve imprescindible en los anhelos de transformaciones y profundizaciones democráticas. Dentro y fuera de filas tenemos ejemplos para ambos lados. Los que dan el ejemplo de cómo relacionarse con la gente y los que deberían callarse la boca. A esos últimos, la historia no los absolverá porque, al fin de cuentas es cierto: el pez por la boca muere..

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

(Blas de Otero)

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 19 de abril de 2018

ENCANTADOS: TONOS Y SEMITONOS por Milton Romani Gerner*

Escala en do bemol mayor. Las declaraciones del comandante en jefe del Ejército brasileño, general Eduardo Villas Boas, destinadas a presionar al Supremo Tribunal de Justicia previa resolución del hábeas corpus para Lula, muestran cómo se reconstituye el bloque de los poderosos, siempre. El general Villas Boas habló de “impunidad”. Por acá también algunos han empezado a usar el término, y no por el peso profundo que tuvo la caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Brasil inauguró el ciclo de las dictaduras en Sudamérica en el siglo pasado. Fue el país menos dispuesto a revisar el pasado dictatorial. Imperio de la impunidad. La izquierda debe hacerse cargo también de esto. Se dijo, y ahora es realidad: “Quien no hace justicia con el pasado está condenado a repetirlo”. ¿Pueden volver? Sí, pueden.

Fuga en re menor. Hacen gala de combate a la corrupción. Es un recurso viejo de la derecha. Acá lo usaron en la década de 1970: escándalos en la Junta Departamental (1972), prisión de Jorge Batlle, rimbombante investigación de ilícitos económicos. Así los llamaron. Plasmados en la plataforma electoral de las Fuerzas Armadas: comunicados 4 y 7. Confundieron a unos cuantos. Una maniobra para asaltar el poder.

La lucha contra la corrupción siempre fue una bandera de la izquierda. Durante años, en Uruguay el acomodo, la tarjeta para jubilarse, el puestito en el Estado vía clubes, la coima, la llamadita del te arreglo esto a vos y quedás en deuda fueron estructurales. La gauchada. Un modo uruguayo de ver, estar y sentir el mundo, los negocios, el Estado. Estoy condenado a citar a don Ignacio de Posadas: no vas a ir a pedirles a los amigos que se dediquen a la política, que no da un mango. Es más, se pierde. Por lo cual…

La izquierda nunca debió ceder esa bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aun cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

Mayor en si bemol. El triunfo de Carlos Alvarado en Costa Rica enseña cómo funciona la diferenciación como clave de triunfo. No la mimetización en aras de ganar votos y opinión. Dicho sea de paso: nuevamente se equivocaron las encuestas. Bueno, las ponderaciones que hacen los encuestadores. Y cómo. Alvarado no se dejó comer la cabeza para arrastrarse al centro y sumarse a los otros que cuestionaban a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dijo lo que pensaba, redobló sus convicciones. Su candidata a la vicepresidencia ya expresaba esas convicciones. Mujer, negra y combativa en defensa de todos los derechos: Epsy Campbell.

Escala en fa mayor sostenido. Hay que liderar la indignación. La defensa ciega de todo lo logrado es insuficiente para convocar a un nuevo cambio. Cuando se juegan derechos que todavía no son plenos o están vulnerados, lo primero es indignarse. Luego, asumir el desafío. Después, explicar lo que se hizo. Pero primero, indignarse. Desde el gobierno, desde el Frente Amplio y las organizaciones sociales.

La pobreza infantil todavía ronda el 17%. Indigna. Interpela. Claro que se hizo mucho. Pero ahora vale la pena un cuarto gobierno para lograr pobreza cero. Porque nos indigna. Hay que avanzar en el combate de todas las desigualdades y decirlo a texto expreso. Desigualdad que se expresa brutalmente también en lo territorial. Una bofetada para nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Resaltar, sí, que la pobreza bajó en 2017 a 7,9% cuando teníamos 39% en 2004. No para conformarnos, sino para reafirmar que se puede. Desconozco si formarán parte del programa del Frente Amplio, pero la Renta Básica Universal, el impuesto a la herencia, los temas de medioambiente e inversiones deben formar parte de las provocaciones necesarias. Son polémicos, sí. Pero volver a cambiar implica nuevos desafíos, nuevo campo de confrontaciones, nuevas alianzas.

Ya comenzó la campaña. Hay que salir del piloto automático. Encantar, convencer y ganar corazones. Contagiar. Luego de tres gobiernos nacionales, con muchas luces y algunas sombras, sólo es esperable que, ahora sí, hagamos temblar las raíces de los árboles.

Publicado en La Diaria el 13 de abril de 2018.

*Licenciado en Psicología. Fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas y embajador de Uruguay ante la Organización de Estados Americanos.

ESPEJOS Y ESPEJISMOS por Ignacio Martínez

Los agoreros exclaman “¡el país se cae a pedazos!”. Desde la farándula de facebook hasta las tribunas de programas radiales y artículos de prensa, estos fatídicos describen el panorama con espejismos y se prestan para afirmar que “el país nunca estuvo peor que ahora”. Sus propósitos son sembrar la idea del caos para cosechar la necesidad del cambio. Estas prácticas nacen de premeditados analistas que elaboran estrategias para imponer el espejismo de que nunca hubo corrupción como la de hoy, que es con este gobierno que hay femicidios, que nunca antes hubo tanta delincuencia, que nunca estuvimos más pobres ni más carentes ni con más desocupación ni con más hecatombe financiera ni con más cierre de empresas ni con más tragedias en el agro ni, ni, ni…

La verdad es otra:

**Uruguay registra los niveles más altos de empleo de toda su historia.

** La desocupación pasó de un promedio de 14% al promedio del 7.5%.

**Desde 2005 el salario mínimo nacional ha crecido en un 42 %.

**La CEPAL indicó que Uruguay es el segundo país con menor índice de pobreza (7,5 por ciento) y el primero con mínimos de indigencia (bajó de 4,7 en 2005 a 0,5 en 2014)

**Desde el 2004 la cantidad de personas que salieron de la pobreza asciende a más de 850 mil personas.

** Aumentó en 25% del presupuesto el gasto social.

**Se ha avanzado como nunca en la diversidad de la matriz energética con  inversiones en parques eólicos que suman 2 mil 800 millones de dólares en el periodo 2010-2015.

** Desde 2005 la cifra de personas incluidas en el sistema de salud es de 1 millón 420 mil personas (435 mil son hijos de trabajadores).

** Se creó el Hospital de ojos “José Martí” que lleva 75 mil operaciones de cataratas gratis para la gente más humilde.

** Se aumentó la inversión en Educación de 420 millones de dólares en 2004 a 1350 millones en 2009.

** Se retomaron los Consejos de salarios, la Negociación colectiva y la Libertad Sindical.

** La ley N° 18.065 igualó las condiciones laborales del sector doméstico.

**Se legalizó la jornada de 8 horas para los trabajadores rurales.

** Nuevo régimen de Asignaciones Familiares para beneficiar a los más humildes.

**Progresivo cambio de políticas de asistencia, en su momento imprescindibles, hacia políticas sociales con retorno de los beneficiados.

** Fortalecimiento de Agencias Nacionales de Innovación e Investigación,  para el Desarrollo del Gobierno de la Gestión Electrónica y la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

** Planes Ceibal (un niño una computadora) e Ibirapitá para jubilados.

** Boleto estudiantil gratis para estudiantes del ciclo básico a nivel nacional.
**Ampliación de escuelas de tiempo completo con cobertura para decenas de miles de niñas y niños.
**Educación inicial obligatoria desde los 3 y 4 años.

Pero no está todo dicho. Ahora vienen los espejos. Tenemos que mirarnos seriamente y profundizar la transparencia y la ética de izquierda, sacando a todos los que no han comprendido que la función pública es antes que nada un servicio a la comunidad y no un asiento atornillado, eliminando la nefasta cuota política de cargos.

El FA y el Gobierno deben dar más y mejor participación al pueblo organizado en instancias de consulta y de resolución. Debemos ser autocríticos, eficientes en nuestras labores, siempre con espíritu colectivo, con gestión grupal, con eficacia, austeridad y honradez. Convoco a los que están hoy circunstancialmente en lugares de dirección para que entiendan que eso también supone una actitud pedagógica, ejemplarizante. Cada cosa que se diga o que se haga tiene consecuencias. Hay que ser más limpio que el agua limpia. La función pública viene acompañada de una inmensa lupa por la cual los estamos observando todos.

Lo que hemos dicho siempre: profundizar lo que hacemos bien; cambiar lo que hacemos mal y hacer lo que aún no hemos hecho. Algo que no hemos hecho o lo hemos hecho mal es crear ámbitos de prensa, de propaganda, de encuentros para decir y explicar los logros conquistados y salirle al cruce a los espejismos que quieren hacer creer que “el país se rompe por todos los costados”. Debemos afirmar con honestidad, razón y sensatez que tenemos mucho para superarnos aún y que el pueblo es quien tiene, al fin de cuentas, la última palabra.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 5 de abril de 2018

CORRUPCIÓN: JUTEPIZACIÓN O CATERETEADA por Milton Romani Gerner

Bajo el título “No me gusta lo de la Jutep”, don Ignacio (de Posadas) escribió en El País (10/3/18) que “no le gusta nada todo este catereté de corruptelas y moralinas”. Tuve que buscar el significado: pensé que era otra merienda. Descubrí que es una danza tupí que se baila en doble fila de hombres y mujeres. No importa. Lo cierto es que a mí tampoco me gusta un catereté en el que corrupción y moral puedan devaluarse en “corruptela” y “moralina”.

“Hay una realidad en nuestro país, no exenta de cierta ironía, […] como la política no es una actividad lucrativa […] impone serias restricciones y riesgos económicos a quienes la practican, los lleva muchas veces a recurrir a redes de salvación […]: designaciones, cargos de confianza y otras yerbas, para poder sobrevivir. No es fácil para un líder decirle a su gente: ‘larguen todo y vengan a trabajar conmigo, sabiendo que si no gano, quedan en la palmera’. No suena bien, ni queda muy pulcro y en ocasiones resbala a situaciones de acomodo y corrupción, pero tampoco es tan blanco y negro”, afirma don Ignacio.

Si fuera lucrativa, otro gallo cantaría, ¿no? Ni sobrevivir ni deslizarse. Ergo, ciertos niveles de corruptela son, como les digo, casi inevitables. Aunque tampoco es tan blanco y negro. Tan.

Discrepo con el editorial de la diaria del fin de semana del 17 de marzo, “Jutepización”. Discrepo con la columna de Ignacio de Posadas.

La Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep), como cualquier órgano de contralor en el terreno ético, no es una wikipedia de normas o leyes. No es cierto que la Jutep invoque el “sentir de la gente” en un desliz populista.

El examen ético en política, como en muchas profesiones, es un tema delicado. El Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio ha adoptado resoluciones en reiteradas ocasiones. Integra el patrimonio frenteamplista. No sé cómo funciona el catereré del tribunal ético del Partido Nacional. Parece que ha elegido no ser tan negro. Ni tan blanco.

Estoy de acuerdo con lo que señaló en 2003 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: “Se espera que los funcionarios e instituciones públicas se comporten de una forma que puedan soportar el más estrecho escrutinio público. Esta obligación no está cumplida completamente, simplemente actuando dentro de la letra de la ley; también implica el respeto de los valores de la función pública más amplios, como el desinterés, la imparcialidad y la integridad”.(1)

No todo puede estar escrito en la ley, y cuando se habla de conductas se debe ser prudente, pero no omiso. Por lo menos así debe ser si se trata de un organismo de contralor.

La Jutep ha tenido directorios honorables. Ha adquirido ahora mayor protagonismo. Bienvenido sea. Es esperable que sus resoluciones sean controvertidas. Se polemice o no, deberíamos saludar que exista y que actúe. Parecería de buen tono, además, aceptar sus resoluciones y recomendaciones. Se dice que la Jutep debería limitarse a lo que dicen las normas, sin ir más allá, porque eso sería extralimitarse. Lo hizo en el caso del intendente de Soriano, Agustín Bascou, marcando numerosas violaciones. ¿Y qué pasó? Nada.

En una resolución vinculada con el pedido del presidente Tabaré Vázquez respecto de su consuegro, la Jutep ha demostrado actuar con autonomía e independencia, no ha sido un apéndice de nadie. Eso es un mensaje fuerte y hay que valorarlo. Si otro hubiera sido el dictamen, tendríamos un catereté de críticas. ¿Se extralimita? No. Cumple sin doble rasero y con rigor las normas. Veamos.

El Decreto 30/2003 establece, en su artículo 11, que el funcionario público “debe observar una conducta honesta, recta e íntegra y desechar todo provecho o ventaja de cualquier naturaleza, obtenido por sí o por interpuesta persona, para sí o para terceros, en el desempeño de su función, con preeminencia del interés público sobre cualquier otro (artículos 20 y 21 de la Ley 17.060)”. También debe evitar cualquier acción en el ejercicio de la función pública que exteriorice la apariencia de violar las normas de conducta en la función pública.

Hay conductas que, sin ser ilegales, no son convenientes. ¿Son irrelevantes? Es posible. Pero si se consulta, la Jutep tiene la obligación de puntualizar y también la de recomendar. Todo asesor legal sabe si se está o no infringiendo la ley. No hay necesidad de consultar. Finalmente, la Jutep recomienda algo que todo vecino de a pie sabe: hay cosas que por la investidura no conviene hacer. Tanto es así, que el señor presidente, aun disintiendo y protestando, acata. Excelente mensaje republicano. De ambas partes.

El colmo de los colmos es afirmar que “la Jutep ya se autoconsagró como la intérprete auténtica (y superior) de un mandato popular implícito”. Lo dice quien fue ministro de Economía y Finanzas mientras su estudio fabricaba sociedades anónimas y financieras de inversión, y nunca creyó que estaba en falta ética. La teoría del herrero y el cuchillo no está plasmada en ninguna norma. Se llama coartada.

La corrupción es un monstruo grande y pisa fuerte. La izquierda no puede hacerse la desentendida. No es una piedrita en el zapato ni un catereré. Es una fosa que se ha hundido en los mejores procesos populares, a los que ha conducido a derrotas que son muy difíciles de remontar. Pega en la confianza, en el entusiasmo y en los valores ideológicos de un mundo justo de iguales. No es un tema más, y nos desafía desde el marco teórico hasta el tipo de sociedad que queremos.

No todos los problemas tienen la misma dimensión. No hay que olvidar la desigualdad estructural que impone la influencia de la riqueza en la política, vía financiación de partidos, campañas y candidatos. Dejarle este tema a la derecha mediática y a operadores judiciales espurios es un error. Hay que definir un programa de acción integral y consecuente. Caiga quien caiga. Con justicia y probidad.

En ambientes de corrupción anida el crimen organizado, se desarrollan pequeñas, medianas y grandes mafias. No viven en el barrio Marconi ni en Casabó. Conviven con nosotros, los “buenos”, se presentan en sociedad. A veces se visten con los beneficios sacrosantos del mercado, con privatizaciones de empresas públicas en América Latina, sazonadas por múltiples coimas. Claro, lo privado es mejor. Pero la corrupción no tiene divisa ni partido, no es pública ni privada. La divisa es el lucro personal.

“Está claro que asistimos, no sólo en Uruguay, a un fuerte despertar de la conciencia ética, asociada al rechazo a la corrupción y a las nuevas formas de participación ciudadana. Eso se traduce en demandas que deben ser escuchadas porque son legítimas, porque reflejan la fortaleza de una democracia que todos debemos defender y porque son el principal respaldo para aislar y castigar a los corruptos”. Es difícil no compartir estos conceptos de la Jutep en su comunicado del 21 de febrero. Hay que llevarlos a la acción consecuente.

PD: Esta nota fue escrita antes de que se conociera el uso que en el período 2000-2005 hicieron de las tarjetas corporativas ex directores del Banco República. Brutal. No valen argumentos como “los otros son peores” o “no es comparable comprarse un calzoncillo que robar para el partido”. El control democrático sobre hombres y mujeres que manejan fondos públicos es independiente de la ideología o programa político.

(1). Citado en dos resoluciones de la Oficina Anticorrupción argentina que merecen leerse: www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de-energia-y-mineria-aranguren y www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de agroindustria-luis-etchevehere.

AL EN TIEMPOS ELECTORALES (final) por Ruben Montedónico

In memorian: Jorge Gebelin, compañero, amigo querido

De acuerdo con algunos analistas la vuelta de la derecha se acepta como inevitable en América Latina y las elecciones de 2018 servirán para demostrar esta tendencia. Ese circunscribir dicho retorno se rompe cuando vemos más allá de las fronteras hemisféricas y observamos el acontecer en el Atlántico norte. Hace un par de años en Voces advertíamos el fenómeno europeo del renacimiento de poderosas fuerzas ultraderechistas en paralelo con las realidades de una migración descontrolada desde África subsahariana y Oriente.

Se advertía por entonces la detección en Austria del renacer de una formación extremista liderada por Joerg Haider que promovía a su candidato presidencial Norbert Hofer. Junto con la advertencia apuntábamos que varios partidos del tipo eran parte de los poderes ejecutivos de países de la región. En Grecia, se identificó a Amanecer Dorado y su principal dirigente, Nikos Michaloliakos -teleconductor encarcelado, acusado de gestionar una organización criminal– o los casos de Hungría, gobernada por Víktor Orbán y de Finlandia con el ministro de exteriores Timo Soini. Con seguridad se recuerdan y mencionan más los casos de Francia, por los avances políticos de Marine Le Pen, y al Partido de la Liberad en Holanda, de Geert Wilders. Y así podría seguirse recorriendo Europa.

El denominador común de estos agrupamientos -muchos de ellos triunfantes- es hoy la situación migratoria de la Europa atlántico-mediterránea que no se presentaba con tanta profundidad desde el final de la Segunda Guerra. Las autoridades de la Unión Europea parten -y así lo trasmiten a la población- del análisis basado en la existencia de una migración masiva que entiende como cuerpo extraño e invasor que no sólo ocupa puestos de empleo de los que carecen los trabajadores autóctonos sino que interpretan -alegan- para destruir creencias religiosas y la cultura occidental.

Mientras escribo estas líneas nos enteramos que un delincuente que dirige Forza Italia, miembro de una coalición, el resucitado Silvio Berlusconi -en unión con los xenófobos de la Liga del Norte y los neofascistas Hermanos de Italia- es factible que intervenga en la formación del próximo gobierno y llegue a proponer al nuevo primer ministro.

De regreso a América, no debe extrañar que si Trump desligó a EE.UU. del Acuerdo de París sobre cambio climático -en la práctica algo similar a decirle a Macron “va te faire foutre”- no debiera esperarse de él expresiones de menor intensidadmenos fraternas, de llegar a presentarse en la panamericana Cumbre de Lima, esa suerte de OEA bis. Por cierto, con Luis Almagro reverdeció aquello de apodar a la OEA “ministerio de colonias” o preferiblemente -como propone mi estimado Eduardo Contreras- la “yegua madrina del imperialismo”.

Con expresiones de derecha neoliberal que amenazan volver a hacerse de los gobiernos de la subregión según avistamientos de muchos -como me comenta Carlos Ruiz, desde México, con un ejemplo- queda claro, al igual que en el caso brasileño de Temer que “la gran mayoría no quiere que esté donde está, pero ahí está y esa es una de las muchas perversidades de la denominada democracia. Logran imponerse recorriendo callejones legales -en el mejor de los casos- o cínicamente mediante un golpe ‘técnico’ de Estado”. Regresan “para defender las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos” (extraído del último discurso del presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973).

En este punto, atento a lo planteado, sostengo de nueva cuenta que algo similar a lo actual preveía -sin intención de apostrofar la pregunta retórica “¿vieron que tenía razón?”-: la derecha siempre pretenderá el gobierno del Estado como complemento indispensable para cumplir su vocación de poder; enaltecerá y pondrá como ejemplo a seguir lo que las derechas aplican en otros países; buscará el apoyo de aquellos conjuntos que tradicionalmente han servido a sus fines, como es el caso de las fuerzas armadas y en algunos casos las policiales; atacará frontal y/o subrepticiamente a las organizaciones de izquierda, gobiernos progresistas y organizaciones populares; se auxiliará para tales cometidos de los medios de comunicación que controla; se unirá a conglomerados internacionales acordes con su idealidad y ofrecerá servicios -a la vez que demandará apoyos- de instituciones afines al capitalismo, la “libre empresa” -privatización para la globalización- y se ofrecerá al imperialismo como intermediario dependiente.

Esto último con  base en que Trump funciona como una aplanadora frente a la debilidad ideológica de quienes dicen ser representantes de las fuerzas populares, aunque es de dominio público que se trata de un tirifilo de ocurrencias irrealizables. A cualquier tipo de política de conciliación de los gobiernos progres, incapaces de sostener una firme acción anticapitalista, antepondrán el desarme y la destrucción de la disidencia. De cara a los meandros y los circunloquios de lo que denominan populismo, exigirán voces de orden que conlleven mayores índices de represión.

A pesar de mi lejanía con todo confesionalismo, aplaudo lo dicho recientemente por un hombre de iglesia, Pedro Pierre. “El pueblo de los pobres de la ciudad y del campo no ha dejado nunca de protestar y enfrentar la dominación de las minorías adineradas de cada país que los despojaron de sus tierras. (…) Resisten las imposiciones capitalistas que promueven el consumo masivo de drogas, una tecnología que nos embrutece, un consumismo adormecedor, una manipulación mediática constante, unas creencias deshumanizantes…”. América Latina es el gran caldo de cultivo de una nueva humanidad, pues hemos comprendido que “si la vida que vivimos no es digna, la dignidad es luchar para cambiarlo”, rubrica.

Un claro ejemplo de la insuficiencia demostrada por los gobiernos progresistas y que apuntamos como parte contribuyente a la posibilidad de deriva en una renovada preeminencia política de la derecha en Latinoamérica -superando y anulando los pasos positivos dados en la última década- es el de la integración regional. De acuerdo con toda evidencia, ésta no pasó del discurso y las gargantas; la integridad y la superioridad ética de la izquierda quedó por el camino. Es en cierta medida lógico que el ciudadano -a merced del sistema, sus variaciones y perversidades- busque nuevos horizontes, en ciertos casos equivocándose e inclinándose por quienes ejercen medios -incluso inicuos- de dominación.

Si se proponen formas de cambio en términos de eficiencia y de productividad, se debe establecer que sus prácticas y acciones nunca harán del trabajador un expoliado: lo deben unir a otros, hacerlo comunitario e intentar liberarlo de la alienación. Un paso en el triunfo sobre el modelo de explotación capitalista sólo será posible en tanto tengamos la virtud de imaginar y crear un modo, una forma o sistema, absolutamente diferente al que hemos tenido por siglos.

Sin ningún ánimo de pontificar -entendido como expresión dogmática dada con aire de suficiencia- e indicar cuál camino recorrer, sí entiendo que sin una teoría firme de cambio, no hay cambio posible. O como bien señalaban y señalan quienes se alinean con la izquierda: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Claro está que en el presente momento no estamos apuntando a la superación de modelo por un implante socialista que no se encuentra en el horizonte de aspiraciones democráticas de las grandes mayorías. De lo que se trata en estas circunstancias es del fortalecimiento del espacio público para usufructo de los más, que supone el abandono del modelo capitalista que privilegia el individualismo, teñido de ambiciones consumistas -en general insatisfechas- que exacerban y profundizan confrontaciones de clase.

Publicado en VOCES

AL EN TIEMPOS ELECTORALES (I) por Ruben Montedónico

Gran actividad regional presenta 2018 con elecciones en Venezuela, Colombia (que tendrá, además, legislativas) Cuba (parlamentarias y escogencia del sustituto de Raúl Castro), Paraguay, México y Brasil. Se suma la segunda vuelta en Costa Rica entre Fabricio y Carlos Alvarado, con homonimia de apellidos que llevó a considerar que eran familiares -me incluyo- lo que no es así.

El público recibe en general opiniones de diversa índole, interés y calidad, las que podemos agrupar en dos bloques: uno referido a los actos preelectorales y lo acontecido con los propios elegidos, el papel de las encuestas y hasta los niveles de concurrencia a sufragar. El otro, sobre el grupo de países por su atracción y repercusiones en los demás -política y económicamente-: Venezuela, México, Colombia y Brasil. En ambos casos, lo que más hay es el análisis político-sociológico acerca de gobiernos tenidos como populistas, progresistas o izquierdistas que inauguraron tiempos de cambio al vencer a partidos tradicionales: circula una corriente -expandida por los medios masivos y las agencias internacionales- que augura el retorno de las derechas como resultado comicial en la mayoría de los casos.

En varios países se asocia política con corrupción y aún en aquellas naciones que distan dos o tres años para sus elecciones, gobiernos y oposiciones calculan acciones en función de consecuencias partidarias y eventuales candidaturas.

Jorge Majfud indica que nadie niega que la corrupción “es un problema apremiante, grave y permanente, tanto en América Latina como en el resto del mundo. La cuestión radica en quiénes y cuándo visibilizan el asunto y con qué fines”. No existe casualidad que la lucha contra la corrupción sea parte de la agenda central de empresas de comunicación internacionales y de la Casa Blanca: judicializar la política es una práctica concertada para atacar dirigencias consideradas progresistas.

En América Latina, durante las décadas de los 80 y 90 se ejecutó un pacto entre medios de comunicación, organizaciones internacionales de finanzas y oligarquías locales para, en nombre del combate a la corrupción, llevar a cabo ajustes estructurales que angostaron el Estado, privatizando propiedades y servicios públicos y así despolitizar sociedades. El neoliberalismo se incrustó en la región y las grandes mayorías se vieron afectadas estructuralmente al ser limitadas en el acceso público.

Sin embargo, los grandes medios ocultan que los Flujos Financieros Ilegales (FFI) de las trasnacionales -denunciados por la CEPAL- hacen que América Latina deje de percibir un 4.64% del PIB regional. Con respecto a los ingresos fiscales del gobierno central dichas regalías representan regionalmente cerca del 34% de los ingresos tributarios de cada gobierno. La falsa facturación del comercio internacional como porcentaje del PBI representa en el caso Uruguay 8,4%, según un cuadro de Global Financial Integrity. En un desplegado de acciones la Red Latindadd demanda que “la gobernanza global sobre tributación y fiscalidad deje de ser patrimonio de los países ricos del norte aglutinados en la OCDE, el G20 y la Unión Europea. Dicha gobernanza debe tener un carácter incluyente y democrático, por lo que los países del Sur deben tener participación en igualdad de condiciones”.

Según Walter Rostow (representante del liberalismo) el interés estadounidense “consiste en mantener un contorno mundial para los EE. UU. dentro del cual su sociedad pueda seguir desarrollándose (…) Esta definición (…) incluye la protección física del país, pero la protección del territorio propio se considera esencialmente como un medio más amplio: la protección de un modo de vida…”: esa y no otra es la pretensión del imperio que cuenta con la complicidad de las oligarquías latinoamericanas.

Pero a esta altura permítasenos señalar que sabíamos, con abundancia de pruebas y ejemplos, qué papel jugarían las fuerzas de derecha para hacerse otra vez con los gobiernos regionales, recurriendo a la ayuda de Washington, sus agencias y agentes, para recuperar la dirección política de los Estados que le dieran beneficios al imperio, las trasnacionales y las burguesías locales.

Como campo experimental de la futura humanidad -haciendo a un lado sus propias falencias y las predicciones sobre agotamiento del modelo de dominación, que se sostiene básicamente por el sustento que le da el complejo industrial-militar-, más allá de los análisis anunciando la catástrofe y el final de su era de dominio, no podemos sentarnos en la puerta a esperar que pase el cadáver de nuestro enemigo.

Tampoco hacer una apuesta única al competidor del imperialismo creado en 2014 por el presidente chino, Xi Jinping, y la reunión en Santiago de Chile con la que prosigue su estrategia de vinculación con nuestra región en el contexto de “la franja económica de la ruta de la seda”.

Desde nuestro punto de vista debemos responder con inteligencia al desafío de clase que nos formula la derecha, que enfila sus baterías sobre la mayoría y que se proyecta como modelo de futuro.

Y con los gobiernos progresistas, populistas o como quiera llamárseles no hemos tenido un horizonte de futuro socialismo y ni siquiera emprendimientos anticapitalistas de mediano aliento. O dicho de otra manera: “sin disputa de poder no hay cambio histórico, hay cambios de administración…”

La pregunta que surge es de si a las dictaduras se las vencía exigiendo instituciones y mayores libertades, ¿con qué instrumental se combate ahora? Salta a la vista que ciertas herramientas ya no sirven, no alcanzan para agitar a las masas; existe un desgaste por quienes abusaron del “ala izquierda”, para acercar el voto de sectores populares, y giraron a la derecha al instalarse en el gobierno, controlando al gabinete económico para seguir funcionando con modelos neoliberales atenuados.

No es opción actual el depositar la libertad en una organización dirigida por una élite de militantes supuestamente instruidos, conscientes y experimentados que se ofrecen como guías y terminan como jefes.

El futuro de nuestras sociedades pasa por una democracia directa de abajo hacia arriba que no se asienta en ninguna forma de capitalismo como pretende la revisión que ofrecen el neoliberalismo o el reformismo socialdemócrata. Si esto ocurriera estaríamos creando un nuevo estamento de dominación propenso a creer en su propia supervivencia como un fin en sí mismo que busca perpetuarse en un gobierno que le asegura supervivencia.

Hace varias décadas que Bettelheim -con gran claridad- sostenía que los cambios sociales verdaderos sólo podrían esperarse y ser eficaces para las grandes mayorías a condición que procedieran desde abajo y sujetos a una permanente y pública contraloría.

No es del caso esperar del pueblo y las fuerzas anticapitalistas una pura espontaneidad, sino que para enfrentar al aceitado aparato actual de dominación no es despreciable contar con un sector esclarecido que en buena medida sirva de guía, lo que seguramente resultará beneficioso. Algo que nos viene del fondo de la historia es del caso recordarlo: un episodio de Revolución Francesa enseña que Jean-Baptiste Robert Lindet, jacobino, miembro del Comité de Salvación Pública -como tal uno de los que votó la muerte del rey depuesto- fue el único integrante que no firmó el acta de acusación contra Danton y se opuso al establecimiento del “reinado del terror” de Robespierre al declarar el 9 de Termidor “No hemos hecho la Revolución en provecho de uno solo”.

Como mi opinión sobre el tema no se acaba aquí, imitando la acción de un bien articulado puñado de “celestes” patrones rurales -acompañados por cámaras empresariales urbanas- agregué un I romano al título, “autoconvocándome” para seguir con un II.

LAS ESTRATEGIAS DE LOS CAMBIOS por Ignacio Martínez

Hay que insistir. La alternativa es clara: o avanzamos en los cambios de fondo, o nos limitamos a ser meros administradores de un capitalismo que andará a los vaivenes, procurando que no se nos vaya de las manos. Y retrocederemos.

Este año es clave: todos los Consejos de Salarios, última Rendición de Cuentas, campaña electoral, Congreso de los trabajadores, entre otras cosas.

Tenemos ejes fundamentales en torno a los que debemos hacer girar nuestra acción política, nuestras alianzas y nuestra prédica para el futuro inmediato.

Veamos. Más reactivación económica a partir de la inversión en nuestra industria cárnica, en la pesca, en la metalurgia y en el campo, ente otros, donde todos los productos tengan la mayor cantidad y calidad de valor agregado con el trabajo de nuestros obreros, nuestros artistas, nuestros técnicos y universitarios. Debemos combinar inteligentemente inversión estatal con inversión privada.

Mayor inversión también en educación. Más presupuesto nacional, sí, pero también en la profundización de los planes de estudio donde combinemos con inteligencia la formación universal de nuestros niños y jóvenes, con la formación en artes y oficios específicos, procurando una educación integradora, eficiente, atractiva.

Debemos profundizar la democrática a partir de reconsiderar nuestra propia Constitución y de ver al Estado a la luz de los dos primeros puntos estratégicos: la reactivación económica nacional para un país productivo con justicia social y el crecimiento en cantidad y en calidad de todos y cada uno de los sistemas educativos. Este tercer aspecto jurídico-legislativo-constitucional nos debe llevar a preguntarnos: ¿Necesitamos el Senado? ¿Precisamos el instituto del veto? ¿Será necesario crear el Ministerio de Cultura? ¿Podemos continuar sin entes testigos estatales para la carne, la pesca y para el desarrollo de un Plan Agrario Nacional? ¿Qué cambios se deben producir en el seno de las FFAA? ¿No será necesario incorporar a nuestra Carta Magna los institutos de la revocación de los mandatos y de facilitar las iniciativas populares para legislar?

Por último, el cuarto punto estratégico es insistir en la integración latinoamericana. ¡Por supuesto que está bien tener relaciones con todo el mundo! ¡Por supuesto que vamos a comerciar con todo el que nos ofrezca ventajas para el país y para nosotros, su gente, las grandes mayorías! Pero debemos fortalecer todas las vías de relación con nuestro continente en el terreno político, diplomático, comercial, energético y cultural.

Es imprescindible dar nuestras propias versiones de los acontecimientos del mundo y abrir la mayor cantidad de espacios para que nuestros pueblos se expresen a lo largo y ancho del continente. Ya lo decía el poeta paraguayo Elvio Romero “en paz sobre la tierra descansará el hermano cuando se viva en paz sobre la tierra y haya pan para todos” Nuestras estrategias son las que nos deben marcar los instrumentos políticos que necesitamos. Se impone un Frente Amplio que aborde estos temas de manera transversal, apuntando a la próxima realización de su Congreso. Sobre estos temas también reflexionarán los trabajadores en su congreso del 24, 25 y 26 de mayo porque saben que son temas cruciales para la pública felicidad.

Estas estrategias son las que apelan a hacer todos los esfuerzos por mantenernos movilizados, organizados, en consideración permanente de los tiempos que vivimos a nivel nacional e internacional. ¿Alguien puede ser tan crédulo de pensar que el bloque en el poder (léase los agro exportadores, los grandes financistas, los medios de comunicación masivos y los tecnócratas que les hacen el trabajo apoyados por los centros imperiales) van a dejar que transformemos la distribución de las riquezas en beneficio de las grandes mayorías? La alternativa es construir nuestro bloque de poder, profundamente democrático, popular, artiguista, latinoamericanista, de creciente participación, con un signo socialista. En torno a estos ejes, más unidad, más movimiento frenteamplista, más transparencia, más movilización, más trabajo desde abajo.

Artículo publicado en el semanario VOCES el jueves 15 de marzo de 2018

LOS PLANES DESESTABILIZADORES por Ignacio Martínez

La campaña electoral ya está en curso, aunque se va a desatar en todo su fragor luego del Mundial de futbol.

Mientras tanto, la oposición centra sus baterías en crear la idea del caos, de que nunca estuvimos peor que ahora. La inseguridad es uno de los temas reiterados, buscando crear la impresión de que nunca hubo más asesinatos, ni más femicidios, ni más robos que hoy.

Los ideólogos del derrumbe del país no quieren que nos acordemos de las superbandas, ni de que en sus gobiernos jamás hubo protección para la mujer y los niños, ni que nadie ayudó a las víctimas de asesinatos.

Cuando sucede un terrible drama salen con todas sus bocinas. Cuando la policía resuelve delitos de manera vertiginosa se hacen los distraídos. Jamás reconocerán que la policía está mejor, como nunca antes. Desacreditar a la policía, al Ministerio del Interior y al Gobierno está por encima de todas las cosas; y eso hacen.

La Educación será el otro tema para desprestigiar al Gobierno. La universalización de la educación no les interesa. Ningún ejemplo de los cientos que podemos dar de procesos de avances; no les interesa. Se disponen a atacar a la Escuela Pública dejando la idea de que las opciones educativas privadas y religiosas son la mejor educación.

La Salud será otro caballito de batalla donde no cuenta que hayamos alcanzado la universalización de la asistencia. Les molesta que mucha gente humilde pueda andar por los pasillos de las mutualistas otrora reservadas sólo a la clase media, media alta y alta.

Otros elementos estarán en las agendas para desprestigiar al gobierno. El agro en general será objeto de un guadañazo para enunciar que todo anda mal y que los pobres terratenientes están sufriendo de crisis insalvables.

¡Hasta el Ministerio de Turismo será objeto de difamación! Dirán que las cifras enunciadas no son tales, que no hubo tal crecimiento del turismo en el país. No pueden aceptar la honestidad de la ministra cuando reconoce que vinieron muchos más turistas aunque gastaron menos.

Van a seguir atacando el creamiento que han tenido nuestros sindicatos, viendo como mala cosa que el gobierno atienda las demandas de los trabajadores y siempre se esté afín al diálogo con todos los sectores sociales.

Las redes serán uno de los tantos ámbitos de bolazos, infamias y mentiras como una reciente que asegura que la Intendencia de Montevideo ha formado una policlínica sólo para negros. Y esto lo afirmó gente de derecha y gente que se dice de izquierda.

El plan es desestabilizar, desacreditar, dar como falsas las verdades y como verdades las mentiras ¿Todo para qué? Para hablar de la importancia de que esto tiene que cambiar, al peor estilo macrista, siguiendo la idea de que en toda Latinoamérica se está produciendo un cambio.

Seguirán entrometiéndose en las cuestiones internas de Venezuela. Seguirán difamando a Bolivia y a Cuba. De la dictadura hondureña, nada. Del golpe constitucional de Brasil, nada. De las arremetidas brutales contra los intereses populares en Argentina, nada. De las matanzas en México, nada.

Vamos a oír muy claro que esto tiene que cambiar porque necesitan instaurar en Uruguay el retorno de las viejas recetas pro imperiales que idolatran el sistema de vida americano, donde la ultraderecha, entre otras cosas, dice que la mejor manera de combatir la violencia en los colegios es que los docentes porten armas ¡Tomá pa´vos!

De muchos de nosotros lo que sí van a oír es que esto tiene que profundizarse. La alternativa es avanzar en más y mejor seguridad, más y mejor educación, más y mejor salud, más y mejores condiciones salariales, culturales, laborales y de inversión en beneficio de las mayorías nacionales, especialmente los más desfavorecidos.

Lo que van a escuchar es profundizar la transparencia en los procedimientos, en la gestión, en el combate a la corrupción y a los corruptos y a los defensores del nepotismo.

Lo que van a escuchar de muchos de nosotros es avanzar en más y mejor distribución de la riqueza que genera la inmensa mayoría de las mujeres y los hombres que trabajan, en reducir los beneficios de la caja militar como una de las vías de achicar los costos del Estado, en reducir personal innecesario, en abrir más y mejores plazas de trabajo.

El debate está abierto. Los programas estarán en el tapete aunque muchas veces no se diferencian demasiado unos de otros. Lo más importante es fijar las políticas sociales, económicas, educativas y culturales dando una implacable lucha ideológica entre los que queremos seguir construyendo este país en beneficio de todos y los que lo quieren reducir al beneficio de minúsculos grupos de poder que, sin embargo, aún en estos gobiernos de izquierda han mantenido mucho de sus privilegios (léase la banca, los sectores exportadores, las zonas francas, entre otros).

Esto recién empieza. Tenemos todo para seguir avanzando. En esta lucha cabemos todos. Quienes pregonan el supuesto cambio en realidad están auspiciando el retroceso.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 1ero de marzo de 2018

FABULADORES DE LA REALIDAD por Ignacio Martínez

Algunos irresponsables de la política, hacedores de realidades a base de bolazos, rumores y mentiras, están hoy sobre sillones de una impunidad que le hace muchísimo daño al país.

Un senador como Pablo Mieres que habla en Montevideo Portal sobre la catastrófica gestión, acusando al gobierno claro está, no solamente se apoya en la desafortunada categoría de los adjetivos, sino que mira la realidad con un solo ojo, encima entornado y por el agujero de la cerradura. Su mundo es muy chiquito y su visión es limitada salvo que haya otra motivación que no quiero creer (¿seré demasiado ingenuo?), pero del término catastrófico el lector sacará sus propias conclusiones.

El Dr. Gustavo Salle dijo en Radio Carve el 15 de marzo de este año que la negociación entre Polgar, Castillo y Abdala deriva en esta estafa del plan de vivienda sindical. ¿Ha probado algo? ¿Se ha procesado a alguien? La manija contra la central de trabajadores ya lleva años en este señor y sus aliados. ¿Cuáles son sus propósitos? Su conducta habla de una muy baja reputación profesional.

Almagro dijo en el diario La Nación de Argentina, también el 15 de marzo, que Aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia. ¿Han aprobado algo similar con el desnaturalizado gobierno de Brasil? ¿Qué opina de las límpidas elecciones que acaban de suceder en la patria de Bolívar? ¿Puede hablar de dictadura, de gobierno desnaturalizado? ¿Por qué no se dedica a terminar con los infames bloqueos que lleva adelante EEUU con el fin de ahogar estos países?

No podemos permitir que día a día asistamos a un ping pong de dimes y diretes cuya única finalidad es destruirnos como país.

Muchos de esos voceros se parecen al Departamento de Estado de EEUU que inventa la nación agredida, la frágil seguridad nacional, y ve enemigos en todas partes capaces de atentar contra la paz americana. La verdad es que todo eso apunta a obtener más recursos para las FFAA norteamericanas, más recursos para abastecerse de armamento y para fortalecer su irracional carrera armamentista y nuclear.

La frutillita la corona Lacalle Pou cuando afirma que se está frente a la inacción de los gobiernos del Frente Amplio o acusa de la extrema lentitud o afirma que estamos ante una economía con serios problemas de competitividad, decenas de miles de puestos de trabajo perdidos, la más preocupante crisis de la historia de nuestra enseñanza,…, y una grave situación de aislamiento comercial.(Congreso de TODOS, octubre 2017, Flores)

Con esa caracterización, Luis Alberto, cerrá y vamos. La verdad es que estamos frente a fabuladores de una realidad que no es así. Ya un ideólogo de la propaganda lo había anunciado: Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá. Lástima que el autor de esta máxima haya sido Joseph Goebbels que muchos siguen al pie de la letra.

La lista en diarios, radios y televisión es larga…

Nosotros, por nuestro lado, debemos profundizar lo que estamos haciendo bien, cambiar lo que estamos haciendo mal y hacer lo que no estemos haciendo. Bienvenida la crítica que construye. Ni un solo lugar a la palabra irresponsable que destruye. La política no es, no puede ser esto último.

Artículo publicado en la contratapa del semanario uruguayo VOCES el jueves 26 de octubre de 2017

 

IZQUIERDAS Y POLÍTICAS EMANCIPATORIAS por Pablo Anzalone

En un mundo donde existe tanta miseria, tanta opresión, tanta violencia, tanta desigualdad y violación de derechos, la izquierda sigue teniendo una razón de ser incontestable. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura alertó la semana pasada que volvió a aumentar el hambre en el mundo: 815 millones de personas. Guerras, genocidios, agresiones al ambiente, inseguridad alimentaria, exclusión, discriminación, feminicidios son fenómenos graves. En América Latina la pobreza comenzó a crecer nuevamente, mientras los derechos sociales retroceden.

Luego del derrumbe de la Unión Soviética y la conversión de la socialdemocracia hacia la derecha, el neoliberalismo ganó una gran batalla ideológica, sintetizada en la TINA (There Is No Alternative), de Margaret Thatcher. Es así que un número muy grande de personas cree que el capitalismo y aun sus vertientes neoliberales son inevitables. Los cuestionamientos al capitalismo son débiles en los movimientos contestatarios en este período. El neoliberalismo quiso convencer al mundo de que el capitalismo era el fin de la historia. Pero la realidad es más porfiada y las consecuencias de esas políticas en los 90 generaron una resistencia popular tan grande que las izquierdas lograron derrotarlas y alcanzar los gobiernos nacionales en varios países de América Latina. No olvidemos, sin embargo, que gran parte del continente siguió bajo gobiernos de derecha y neoliberales. En países como México, Colombia y Guatemala, los asesinatos, las desapariciones, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza y la exclusión siguieron siendo la vida cotidiana de millones, y, peor aun, se profundizaron.

La experiencia de los gobiernos progresistas latinoamericanos no puede ser desestimada ni etiquetada superficialmente. Por el contrario, es una etapa nueva en la historia latinoamericana, que debemos analizar en profundidad para encontrar los avances y las derrotas, las originalidades y la reproducción de viejos mecanismos de poder. Es muy clara la necesidad de un análisis crítico y autocrítico de gobiernos, partidos y fuerzas sociales populares y su accionar durante el siglo XXI. El triunfo de la derecha en Argentina, Brasil y las elecciones parlamentarias de Venezuela es demasiado fuerte para que se pretenda ocultar los errores cometidos por la izquierda. Sin subestimar sus logros, teniendo presente que durante este período 58 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y 28 millones de la indigencia.

Cuando hablamos de las perspectivas de la izquierda, no nos referimos sólo a gobiernos y partidos. Tenemos que integrar en la reflexión a la diversidad de fuerzas sociales que han protagonizado las múltiples luchas que caracterizan esta etapa. Luchas de los trabajadores, movimientos feministas y de la diversidad sexual, luchas por el ambiente, por la salud y la educación, por el derecho a la ciudad, por los derechos de los pueblos indígenas, contra el racismo y la xenofobia, por los derechos humanos de antes y de ahora, por la descentralización participativa, el cooperativismo y la autogestión. Y la siempre vigente lucha de clases, que algunos piensan obsoleta, mientras ejemplos como la reforma laboral de Michel Temer rompen los ojos.

Existieron diferentes formas de hacer política durante este período si analizamos su aporte a procesos de mayor democratización de la sociedad y el Estado. La calidad de las democracias y la evolución de la sociedad estuvieron marcadas por modificaciones mayores o menores en las estructuras políticas y sociales, así como en el desarrollo de prácticas removedoras en esos planos.

La reducción de la política a la acción de gobierno tiene efectos limitantes sobre el conjunto de la estructura social y sus actores. El papel de las fuerzas sociales en relación con los problemas generales de la sociedad, es decir, sus prácticas políticas, son deslegitimadas en esta concepción por salirse de las reivindicaciones corporativas. El pragmatismo, el gerencialismo en la gestión del Estado y la renuncia anticipada a cambios mayores es una ideología que postula la neutralidad y la apoliticidad de estos procesos, y da pie a múltiples lógicas de gobierno en las que predomina el piloto automático y la tendencia a “hacer la plancha”.

Por otro lado, en estos procesos se ha creado un conjunto de formas de participación social, ámbitos de consulta, negociación, proposición y representación que habilitaron la intervención de diversos actores sociales. Estas experiencias permitieron, en algunos casos, recuperar la política como práctica colectiva sobre los problemas de la sociedad. De diversas maneras este tipo de prácticas contribuye a construir la noción de pueblo, pensado como proyecto histórico y lucha por la hegemonía (son fermentales los aportes de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en este tema).

Existen múltiples formas de lucha por lo público y los bienes comunes. Lo público no es sólo lo estatal, sino también lo común, lo que forma parte de la comunidad. Hay experiencias muy ricas de recuperación de lo público frente a las privatizaciones neoliberales, las apropiaciones oligopólicas y el saqueo liso y llano de la naturaleza, así como formas de construcción de espacios “públicos no estatales”. La idea del “buen vivir” es un tema en debate que problematiza, entre muchas cosas, la lógica consumista como propósito de la vida.

Utopías reales

Las luchas hacia la democratización profunda de la sociedad y el Estado no son meras etapas, sino respuestas a problemas de fondo del mundo actual y también parte esencial del proyecto futuro. Más que en el modelo autoritario, verticalista, patriarcal de pensar una sociedad poscapitalista, vale la pena inspirarse en la imagen de rizoma, que Gilles Deleuze toma de la botánica, en lugar del árbol tradicional, con copa, tronco y raíces. Se trata de construir reformas estructurales con contenidos revolucionarios en cada campo, “utopías reales” (Olin Wright) que fortalezcan con sentido emancipador el entramado social, cultural y productivo. Sin dejar de lado la centralidad del poder político, pero sin aislarlo del conjunto de los campos en disputa.

El futuro de los partidos de izquierda está lleno de dilemas: a) mantener su accionar político hacia y con la gente en lugar de quedar reducido a las instancias parlamentarias o de gobierno; b) organizar la rebeldía, la acción colectiva sobre los problemas existentes, o defender el statu quo del que llegaron a formar parte; minimizar los problemas defendiendo la gestión propia o ser los primeros en señalar las desigualdades y las fracturas que subsisten y convocar a participar en su solución; c) sostener la iniciativa política e impulsar temas a la agenda pública, en lugar de dejar ese espacio a la derecha o hacer seguidismo del gobierno; d) ampliar la lucha ideológica por los valores con que se construye la sociedad y se hace política, en vez de ceder a la tentación desideologizante en la gestión estatal; e) prevenir y combatir las formas de corrupción, en lugar de ocultar, dejar pasar o tolerar; reafirmar una y otra vez la ética en la política; f) impulsar fuertemente la reflexión y el debate teórico y programático sobre los procesos en curso a nivel internacional y nacional, y desarrollar un pensamiento crítico y autocrítico que rescate y valore los avances que se van logrando; g) ampliar su vínculo con las organizaciones populares y contribuir a la afirmación de un bloque social de los cambios, asumiendo también sus contradicciones; h) defender la unidad de la izquierda, con mecanismos democráticos de funcionamiento y construcción común, debates francos y unidad de acción.

Insisto con las preguntas. ¿Cuáles han sido las formas de democratización de la política y la sociedad promovidas durante esta década “progresista” en América Latina? ¿En qué medida han logrado incidir en las políticas públicas, en la agenda de derechos, en el fortalecimiento de las organizaciones sociales, en una democracia que se amplíe y renueve con estos componentes? ¿Qué factores de estos procesos pueden abrir nuevas posibilidades de transformación social y política y cuáles pueden generar debilidades y retrocesos en el próximo período?

Hay algunos campos donde se condensan los nudos problemáticos de los procesos políticos y societarios de la última década latinoamericana. La reducción de la pobreza y la indigencia es un aspecto central de las transformaciones. ¿Por qué no podemos plantearnos la erradicación total de la pobreza en Uruguay? ¿Dónde están los impedimentos, cuando logramos hacerla descender de 39% a 9,3% de la población?

Nunca puede minimizarse lo que sucede en las relaciones de trabajo; en los procesos de sindicalización; en la mejora en la cantidad y calidad del empleo; en la evolución del salario real, del salario mínimo, de la seguridad y salud laboral. Como bien saben los trabajadores, cada avance debe valorarse, sin por ello conformarse con lo logrado.

Se destaca la llamada “nueva agenda de derechos”, con las luchas de las mujeres, los movimientos por la diversidad sexual, las políticas de drogas y la regulación del cannabis, las luchas ecologistas, las que plantean el derecho a la ciudad. Y las luchas por los derechos de los pueblos indígenas y en defensa de la Madre Tierra, que asumen en este período una dimensión diferente.

Los cambios estructurales en campos como la salud y la educación son fundamentales para convertirlos en derechos universales, bienes públicos, obligaciones del Estado y al mismo tiempo construcciones sociales complejas con múltiples actores.

Otros cambios significativos son los hechos en la matriz productiva al diversificar la economía, evitar el mero extractivismo, impedir la concentración del capital y la riqueza, e incorporar un sector cooperativo y autogestionario fuerte. El modelo de desarrollo basado en un crecimiento económico sin límites debe ser replanteado en sus fundamentos y en sus consecuencias.

Los problemas socioambientales son una de las amenazas más trascendentes de esta globalización capitalista a la vida en el planeta. Los principales desafíos de nuestra época son el auge de las desigualdades y el calentamiento global; urge reorientar los fundamentos de la globalización desde esta base.

La democratización de los medios de comunicación, así como de la financiación de los partidos y las campañas electorales, la transparencia y el control social sobre el Estado, y la reforma del Poder Judicial son capítulos fundamentales. Las políticas de la derecha sobre seguridad son un factor de fractura social e incremento de la violencia, pero ¿cuáles son las políticas de la izquierda en relación con la convivencia y la seguridad? Ambos aspectos entrelazados son derechos humanos y no pueden subestimarse.

Uno de los ámbitos generalmente desestimados por muchas concepciones de la política es el que refiere a la descentralización participativa, la gestación de un entramado territorial integrado, denso, solidario, que significa la democratización del poder en espacios comunitarios. Es también el derecho a la ciudad, del que habla David Harvey, según el cual el espacio público es un ámbito de deliberación, democratización e integración social.

¿Cómo se construyen políticas públicas con y desde los movimientos populares? Es un aprendizaje que implica interactuar con el Estado (entendiendo que no es algo monolítico, sino que tiene contradicciones) sin plegarse y subordinarse a él, sin convertirse en un mero apéndice. No sólo se trata de resistir, sino también de proponer, elaborar, difundir, movilizar en el sentido más amplio y diverso. Cuando el gobierno es de izquierda, con más razón hay una alianza fuerte y compleja a construir.

La derecha neoliberal, rampante en el mundo y en América Latina, está imponiendo sufrimientos y fracturas mayores en la sociedad. Enfrentarla con un abanico amplio de alianzas es un tema prioritario.

Desde la izquierda, Erik Olin Wright afirma bien que la democracia es el problema esencial y el mecanismo central para superar el capitalismo. Si el socialismo como alternativa al capitalismo implica democracia económica, es fundamental que la democracia se democratice, al decir de Boaventura de Sousa Santos, reinventándola. Con la reflexión crítica de las experiencias del siglo XX, el socialismo debe ser pensado en términos de poder social, protección de los derechos humanos y democracia radical. Las luchas contra las concepciones patriarcales, contra la violencia hacia niños y mujeres, contra la discriminación hacia orientaciones sexuales diferentes, contra las políticas autoritarias sobre drogas, contra el racismo, contra la destrucción del medioambiente son parte fundamental de las contradicciones, las rebeldías y las movilizaciones actuales. Como también lo es la lucha de clases. De múltiples formas, estas luchas se entrelazan en el plano político.

Aceptemos que hay una crisis teórica del pensamiento de izquierda, del pensamiento crítico. Al mismo tiempo, la riqueza de las luchas actuales genera condiciones para su profundización y la experiencia latinoamericana es uno de los cauces fermentales. El concepto de hegemonía aparece como una herramienta necesaria para pensar esa diversidad de luchas y refundar el proyecto poscapitalista sobre la idea fuerza de una democratización profunda de la sociedad.

Publicado en La Diaria/Dínamo 25 • sept. • 2017

HABÍA UNA VEZ UNA DEMOCRACIA… por Ignacio Martínez

 …que se creía que era la única, la mejor, la insuperable. Así lo han predicado desde 1830 los fundamentalistas de esta democracia, (con sus variaciones en 1918, 1933, 1942, 1952 y 1967).

Francia y EEUU han sido tomados como referencia, sin importar la Francia colonialista que se burló de la liberté, égalité, fraternité, dominando y masacrando a los pueblos de Vietnam, Argelia, Mauritania, Senegal, Guinea, Malí, Níger, Chad, República Centroafricana, República del Congo, Dominica, Haití, para nombrar algunos.

El democrático EEUU ha invadido países de todos los continentes. Lanzó las bombas atómicas en Japón en agosto de 1945. Mantuvo su prédica del milagro americano, exterminando y reprimiendo en su propio territorio a las poblaciones autóctonas y negras.

Esta es la democracia representativa que nos han inculcado como la única, la mejor. Cada cinco años se cambian presidentes, ministros, secretarios y  asesores. Cada cinco años cambian los senadores, los diputados, sus secretarios, los intendentes y los curules. Entonces los programas cambian, las estrategias cambian y los nuevos funcionarios de la democracia se enarbolan en nuevos planes.

Sin embargo en esta democracia los dueños de la tierra no cambian, los dueños de los bancos no cambian, los dueños de los medios de información tampoco cambian.

Cuando uno propone nuevas democracias, ponen el grito en el cielo. ¿Eliminar el senado? No. ¿Hacer una democracia más participativa que representativa? No. ¿Poder rendir cuenta a mitad del período y sustituir a quien el pueblo decida? No. ¿Eliminar el veto presidencial? No. ¿Hacer una democracia más parlamentaria y menos presidencialista? No. ¿Que los ministerios se nutran de colectivos de gente directamente vinculada a su materia? No.

Quisiera ver trabajadores y pequeños y medianos productores en el Ministerio de Ganadería y en el Ministerio de Industria. Quisiera ver maestros, profesores y gente de la cultura en el Ministerio de Educación y Cultura. Sería bueno tener representación de los diversos órdenes en todos los organismos, como es en la UdelaR o en el BPS.

Quisiera que la comunidad organizada tuviera directa incidencia en cada resorte de decisión y de puesta en práctica del Programa de gobierno. Eso nos haría mejores y protagonizaríamos la construcción de nuestras propias vidas, nuestra ciudadanía y nuestro país.

Para eso se debería transformar la Constitución, se debería elegir una Constituyente como acaba de hacer el pueblo venezolano ejerciendo su voto no obligatorio, amparándose en la Constitución vigente y apoyándose en verdaderos principios democráticos y no en hipócritas a sueldo, amantes de falsas democracias que, por ejemplo, hace unos días llamaban al pueblo de Venezuela a que no fuera a votar. Más de ocho millones de venezolanos hicieron oídos sordos. Hoy Venezuela avanza hacia una nueva democracia más participativa, acrecentando su sentido de pertenencia. El debate está abierto.

Publicado en Voces

DEL MALESTAR A LA ACCIÓN por Mílton Romani Gerner

“Todos cometemos errores. Y tenemos ese derecho. Lo que no podemos es endosarle esos errores a un proyecto colectivo. No hay derecho”. Breve, contundente y elocuente mensaje del maestro Yamandú Orsi. Muestra un camino. No callarse, decir con prudencia y hacer. Ser crítico, sin tirar el niño con el agua. Convertir malestares en caminos proactivos de acción frenteamplista.

Porque sus dichos, además, tienen la elocuencia de una gestión exitosa. Como también parece indicar, refrendado por exigentes encuestas (que muestran otras realidades patéticas) la de su par de Montevideo, el compañero Daniel Martínez, y su equipo. Esto no borra errores, ni faltas, ni yerros, sino que, reconociéndolos, va para adelante. Las gestiones departamentales de ambos compañeros se destacan por la acción política permanente, buenos equipos y una comunicación social destacada.

El peor enemigo, como afirma Miguel Fernández Galeano, es el piloto automático. Fue a propósito de las iniciativas para profundizar la reforma del Sistema Nacional Integrado de Salud que ha encontrado en el Diálogo por la Salud al Ministerio de Salud Pública con las organizaciones sociales (como la Federación Uruguaya de la Salud, la Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay, el Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, la Federación de Funcionarios de la Salud Pública y el Sindicato Médico del Uruguay) y sus aportes. ¿Polémicos? Obvio, pero que lanzan la acción. Subrayo estos ejemplos, como podrían ser muchos otros, que deberían sacudir la modorra y lanzarnos a la acción. Claro, se necesita Frente Amplio, gobierno y organizaciones sociales en diálogo, pero en acción. Cito este para trascender lo que puede interpretarse como postulaciones. Como también dijo Orsi, tenemos destacadísimos compañeros que podrían, en su momento, encabezar la campaña política electoral (Mario Bergara, Constanza Moreira, Mónica Xavier, Carolina Cosse, Alejandro Pacha Sánchez). El tema no son los nombres. Son los contenidos y el estado del alma frenteamplista, que contagie con imaginación y acciones concretas a la ciudadanía. Lo que haremos en base a lo que ya hacemos.

Un malestar recorre las filas frenteamplistas. Desconformes, críticos, desilusionados, alarmados, preocupados. Compañeros y compañeras que claman por volver a poner la política en los centros de mando. La situación en la región aporta componentes de alarma. Algunos gurúes aprovechan para festejar el fin del ciclo progresista. El regreso de la derecha no es el equilibrio ni la anticorrupción. La reforma laboral de Michel Temer y todas las medidas de Mauricio Macri muestran que las elites económicas vuelven con sed de venganza. No sólo para recobrar plusvalía, sino poder.

La queja. Con ese título, hace ya mucho tiempo, el querido compañero Joaquín Rodríguez Nebot escribió un sabroso análisis de este fenómeno psicosocial típicamente uruguayo: “Lo primero que salta a la vista es que el contenido del enunciado de la queja funciona como un objeto frustrante: el tema revela una carencia, una falta; o, dicho en otros términos, por allí circula un anhelo, un deseo que no es correspondido. Lo que aparece, entonces, es una actitud de espera, reflejando una cierta pasividad. Se espera que un tercero accione ante una demanda”. Es útil releerlo, aun cuando fue escrito, antes del ciclo frenteamplista, que pensábamos que podría remontar esta pasividad. Lo hizo durante un tiempo. Hay que recobrar la primavera de iniciativas.

No podemos “sentarnos a la puerta de la casa, como Job, a ver pasar el cadáver del imperialismo”. O ver pasar el cortejo donde la iniciativa y la hegemonía política cultural caigan en manos de la derecha. Perder la elección no sería lo peor. La fragmentación social y política que representaría, y el sufrimiento social y afectivo que supondría, serían demoledores. Unido a la pérdida de los derechos, beneficios, conquistas sociales, y con las desigualdades e inseguridad que nos traería un nuevo viejo gobierno de las elites.

Trascender el malestar implica superar la queja y dejar de esperar que lo haga un tercero. Está en nosotros mismos. Hay que potenciar lo bueno que hay, por aquello de que más vale un paso efectivo en la lucha que 100 programas. Algunos ilusos piensan que el posfrentismo, en sus infinitas variantes, es una salida factible. Sumando desilusiones y desesperanzas lo único que se acumula son derrotas. ¡Si lo sabremos! Nunca cuanto peor, mejor. Nunca. Rescatar los valores y acciones positivas que seguimos teniendo es la única razón del artillero. No se trata de barrer bajo la alfombra, donde la suegra no ve, sino de buscar puntos de apoyo para producir otros efectos. Se trata de pasar de un circuito vicioso a un circuito virtuoso; del malestar a la acción política permanente. Sobre el tema de la corrupción no puede haber dudas y deben recorrerse los caminos que den las garantías del debido proceso. Cobrar al grito o linchar no es bueno, precisamente, para combatir esta corrupción. Pero luego también hay que actuar en consecuencia, caiga quien caiga.

El derecho a equivocarse. Parecería que los políticos no podemos admitir nunca una equivocación. ¡Qué equivocados estamos! Porque aquel que admite un yerro, una falta, quien reconoce a viva voz su equivocación seguramente no recibirá la absolución ni la redención, pero sí el reconocimiento de la ciudadanía por el coraje de admitirlo. De igual manera, habrá que insistir en que comunicar es siempre preferible al hermetismo. Todo a su medida y adecuadamente. Pero si callamos, la agenda la hacen los otros.

La estupidez. Fernando Isabella tiene razón (ver http://ladiaria.com.uy/UOo). Nos equivocamos y cometemos estupideces. En este caso, por seguir un paradigma economicocentrista. No es hablando de economía que generaremos hegemonía. Es haciendo política. El síndrome antelarena lo demostró terminantemente. La racionalidad contable tiene repercusiones demoledoras en otros planos. Algunos economistas no han incorporado el principio de indeterminación de las ciencias duras. Siguen sin admitir que como observadores estamos inmersos en el campo, y eso nos implica. Es más, el pensamiento económico de avanzada revisa esta pretensión absolutista que ha caracterizado los desastrosos pronósticos en las últimas crisis. Dicen que las previsiones están atravesadas (¡vaya!) por deseos, emociones, presiones varias e improntas psicológicas propias de humanos. Basta de pronósticos económicos y de encerrar todo, absolutamente todo, en la lógica economista, comercial e inversionista.

Los hombres y mujeres vivimos de otras cosas, ilusiones y deseos. Nos gusta que nos traten bien y que se reconozcan nuestros méritos. Que nos digan: “Qué bien lo suyo, siga así”. La prolijidad económica del gobierno de Montevideo no fue el mascarón de proa de la gestión de Daniel Martínez, más bien tuvo bajo perfil. Sólo se trata de recentrar la política con otros temas, otros logros que no siempre pasan por las cuentas. Es necesario admitir que los hombres y mujeres nos equivocamos, nos entusiasmamos, cometemos estupideces, adoptamos conductas de riesgo y hasta consumimos drogas. Somos falibles, pero también tenemos mucho paño para dar si nos embalan en empresas épicas y en agendas seductoras. Esa es la historia del Frente Amplio.

Publicado en La Diaria el 18 de julio de 2017

EL SR.MINISTRO SE VUELVE A EQUIVOCAR por Milton Romani Gerner

La representación del Estado uruguayo en el exterior, y particularmente en los organismos multilaterales, es responsabilidad del Ministerio de Relaciones Exteriores. Las invitaciones que se cursan, destinadas a cualquier repartición o poder del Estado, se hacen por intermedio de las misiones en el exterior, que las remiten a la Dirección General de Asuntos Políticos, al Departamento de Asuntos Multilaterales y, en este caso, a la Dirección de Derechos Humanos. No es un trámite administrativo. Es un mecanismo que asegura que el Estado uruguayo no esté omiso en ninguna instancia. Luego, es una decisión política estar o no estar presente.

En el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), toda invitación es enviada a la Misión Permanente ante la Organización de Estados Americanos, que hace un seguimiento puntilloso y responsable de la actividad de todo el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Siendo Uruguay uno de los estados que más han defendido la autonomía e independencia de la CIDH y que han apoyado su acción en forma inclaudicable, la misión tiene una relación privilegiada en el diálogo, contacto y actividad de este organismo. Todos los comisionados y el equipo de la CIDH consideran a Uruguay un país amigo y colaborador. Esto, precisamente, fue lo que generó la dolorosa sorpresa expresada por su comisionado Francisco Eguiguren en la apertura de la 162ª audiencia de la CIDH.

El Ministerio de Relaciones Exteriores no es un mensajero. Tiene, incluso, la obligación política de recomendar a quien ha sido invitado a estas actividades a concurrir, y persuadirlo (respetando la separación de poderes) de que lo haga. En última instancia, se hacen las consultas pertinentes para que un representante diplomático, enviado especialmente o residente en el lugar de la convocatoria, se haga presente y brinde información, aun escrita, de lo que sea discutido en el encuentro.

De alguna manera, haber enviado una nota es una forma de respuesta. La peor posible. Poco elegante, para decir lo menos. Políticamente significativa, para ser más precisos.

El argumento de que hay poderes del Estado que “no tienen nada que aportar” es insólito. Para la honorabilidad de la CIDH, para las organizaciones peticionantes y para todos los ciudadanos del país.

La tradición de Uruguay en derechos humanos no es lo que está en cuestión. ¿O sí? Hay que ir a escuchar para saber si estamos o no en falta, y dialogar sobre reparar algunas prácticas que impiden la salvaguarda de derechos. Señor canciller: los estados ceden soberanía para ser evaluados cuando violan derechos humanos o no los protegen, e incluso cuando no los promueven. Y los ciudadanos y ciudadanas pueden recurrir a estos organismos supranacionales a pedir amparo.

¿Es pensable que Uruguay no se presentara al examen periódico universal de derechos humanos que realiza la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, bajo el argumento de que siempre respetó los derechos humanos y que no tiene nada que aportar? Todos los organismos multilaterales de derechos humanos realizan evaluaciones de los estados y le dan participación a la sociedad civil para conocer las denuncias u opiniones disímiles. Los estados serios concurren siempre. Esa ha sido nuestra tradición. Lo dicho: cualquier tercer secretario o escalafón más bajo de la carrera diplomática sabe que nunca, nunca, la silla de Uruguay puede estar vacía, aunque más no sea para escuchar y tomar nota.

Esperemos que esto haya sido sólo un error y que no marque un antecedente. Estamos a tiempo de reparar. No sé cómo. No es por el camino de las explicaciones que el señor ministro ha ensayado.

En octubre la CIDH sesionará en Uruguay. La rotación de sesiones en los países signatarios del Pacto de San José de Costa Rica fue una sugerencia, entre otros, de Uruguay, para quebrar la práctica de hacerlas siempre en Washington DC (teniendo en cuenta que Estados Unidos no ratificó la Convención Interamericana de Derechos Humanos). Se necesita generar un clima amable.

Publicado en La Diaria, 1/6/2017

A %d blogueros les gusta esto: