IDEAS RECTORAS DE LOS SECTORES REACCIONARIOS por Ignacio Martínez

  1. Ellos (léase, Macri, Bolsonaro, Novick, Lacalle Pou, Trump a modo de ejemplos) vienen a“salvar”sus países los cuales “nunca estuvieron peor que ahora”. Ellos se exoneran de toda responsabilidad y se erigen como Mesías.
  2. Los gastos militares obedecen, entre otras cosas, a que se encuentran “siempre amenazados” de ser atacados, invadidos, blancos de armas nucleares, biológicas y de destrucción masiva. La seguridad nacional es cuestión principal en EEUU, en los miembros de la OTAN y en la industria armamentista, la primera del mundo, la que más recursos invierte en investigación, fabricación y comercialización.
  3. La “culpa siempre la tiene el otro”, si estamos como estamos es por los gobiernos anteriores”. Hay una voluntad expresa de desmemoria de la vida de nuestros países en tiempos en que ellos gobernaban antes de la etapa progresista de América Latina. Toman distancia de datos inequívocos donde la pobreza ha crecido en el mundo, que hay más hambre en el mundo, que la riqueza está cada vez más concentrada en menos manos, las de ellos, y que han aumentado las diferencias sociales en los países pobres del mundo que son la mayoría.
  4. Desde ellos surge con fuerza la afirmación de que “los pobres son pobres porque no han sabido salir adelante”. No hay ni un atisbo de afirmación de que es el sistema que los condena y los expulsa y los somete.
  5. Desde la señora Margaret Thatcher, predomina en los sectores del poder la idea de que en la sociedad “no hay clases sociales” sino “sumatoria de individuos” que deberán resolver individualmente sus asuntos. De ahí provienen ideas como las de “negociaciones individuales” contra los Consejos de Salarios o las “microempresas” y las empresas como reguladoras de las relaciones sociales.
  6. Amenazan permanentemente. Se repiten voceros que afirman que “las dictaduras debieron ser más duras”, que “nunca hubo terrorismo de Estado” y que “jamás hubo presos políticos” y que “pueden volver en cualquier momento”.
  7. De manera más o menos solapada predomina la idea de que ellos, “los de raza blanca, de estirpe europea, poderosos y ricos, dominadores del conocimiento y de la información, son los elegidos para dirigir el mundo”. Algo así como la raza superior o el pueblo de dios.
  8. Y hablando de dios, el que ellos han fabricado, aparece como el supremo responsable de todas las cosas y si el mundo está así es porque Él así lo ha querido. Él justifica todo y también perdona. Quien roba para comer será acusado, penado, encarcelado. El cura que viola niños o adolescentes no irá jamás a la cárcel.
  9. Las minorías deben desaparecer o quedarse en el molde que les impongan (léase homosexuales, negros, viejos, discapacitados, entre otros). Las mayorías deben acatar sin demasiados derechos sociales; y si los adquirieron, les serán cercenados. El poder agroexportador, financiero, científico-tecnológico, mediático, militar y religioso procurará fundirse en uno sólo para gobernar el mundo desde las mega corporaciones y desde sus versiones locales en cada país. Este es un nuevo giro de tuerca del capitalismo voraz que busca perpetuarse por los siglos de los siglos (sin amén).

Publicado en el semanario VOCES el jueves 25 de octubre de 2018 

PROPUESTAS SOBRE ÉNFASIS Y CONTENIDOS DE CAMPAÑA POLÍTICA DEL FRENTE AMPLIO por Colectivo El Taller

Estamos viviendo un período de cambios bruscos en la región. Hay una ofensiva terrible de la derecha que avanza y destruye las conquistas de los gobiernos progresistas. En un clima de odio, revanchismo y virulencia, se utilizan todos los medios y mecanismos para voltear o desplazar gobiernos encarando rápidamente reformas antipopulares de insólitas repercusiones. Inimaginables hasta hace poco tiempo.

Es obvio que hay una parte importante de este sorprendente avance de la derecha económica y política que se hace sobre la base de graves errores que hemos         cometido las fuerzas políticas y sociales de izquierda en todo el continente.

En ese contexto, nuestro país se aproxima a una campaña político electoral, en una situación muy peculiar, donde se juegan los destinos de una acumulación y de logros muy importantes. También nosotros debemos tener una revisión autocrítica, ya que estamos a tiempo de rectificar y relanzar una movilización política desde ahora. Ganar es crucial. Pero la pregunta que debemos hacernos los frenteamplistas es el ¨para que ganar¨ Eso determina los contenidos para los cambios que proponemos hacia el futuro.

Lo que sigue son algunas reflexiones que, como militantes de izquierda,    frenteamplistas con experiencias compartidas en el movimiento popular, en la participación social territorial y en gestión de gobierno, proponemos para intercambiar y dialogar con   todos los compañeros y compañeras con quienes nos unen compromisos, afectos y desafíos.

                                                                          Colectivo El Taller

 1.Otra política posible

Somos distintos, diferentes, de los partidos del sistema. Por lo que ha sido nuestra historia, y nuestra épica. Por forma de ser y actuar. Recuperar la credibilidad en base a que somos diferentes, es crucial. No solo respecto al programa y las ideas, sino a las formas de hacer política. Vivimos en un país que no es el mismo que el del 2004 y nosotros hicimos mucho por cambiarlo.

Para muchos, el desencanto se expresa en tomar distancia, en estar en actitud de espera o en formas crecientes de desprecio de la política (“todos son iguales”). Necesitamos dar señales claras para volver a ser creíbles en temas éticos, de transparencia, de programa, de renovación de equipos. De continuidad, pero más que nada en cambio.

Cierto acostumbramiento, la inevitable introyección de los cambios como hechos naturales, algunos errores cometidos y cierto nivel de burocratización nos colocan ante ciertos sectores dentro de la bolsa del ¨son todos iguales¨.

En cosas sustantivas, no fuimos suficientemente diferentes a los ojos de la gente. Este lío no lo arreglamos para ganar una elección, pero tiene que haber un punto desde el cual hay que empezar a rectificar. En muchos lugares hubo prácticas clientelísiticas y prebendarias. Podemos buscar muchas explicaciones, pero tenemos un problema serio. La estatización de una fuerza politica de cambio es un veneno letal que carcome a la fuerza, a sus militantes y le quita credibilidad como herramienta de cambio.

  1. Instalar la verdad, combatir la estrategia de acoso y derribo

 La tarea que el Frente Amplio tiene por delante es trabajar inteligentemente y por todos los medios en instalar la verdad. Hoy es una tarea. En los países de la región la estrategia de distorsionar la realidad, recurrir a las postverdades, le permitió a la derecha obtener importantes logros electorales. Si bien las realidades son diferentes los resultados son ciertamente alentadores para la oposición en nuestro país.

Esta situación encuentra al FA y al gobierno con un relativo agotamiento de su agenda, sin relacionamiento positivo fuerza política gobierno organizaciones sociales. Se suma que hemos sido afectados por situaciones comprometedoras en el plano ético.

Hay desencanto de una parte significativa de la militancia a la que se le cayeron los que constituían verdaderos símbolos de identidad. Cuando la izquierda cuestiona a la izquierda lo hace siguiendo acríticamente el clima generado por la oposición ante diversos temas por ejemplo salud, educación y seguridad. Ese es un discurso que confunde, no pudiendo identificar que la disconformidad tiene causas diferentes y que, en medio de errores graves, también hay logros importantes. En eso, la verdad. Y todas sus consecuencias.

  1. Fortalecer todos los mecanismos de transparencia y combate contra la corrupción.

No se puede postergar la planificación y despegue de batallas ideológicas y culturales. No se arregla con palabras o apelando a los mecanismos de control existentes que, por otra parte, en el plano institucional siguen siendo débiles y sin presupuesto.

Sin negar los errores propios, se puede afirmar que hay una corrupción estructural, que funcionó y funciona desde todos los mecanismos del estado, que forman parte de la lógica empresarial en esta etapa del mundo globalizado.

La izquierda nunca debió ceder esta bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aún cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

  1. Liderar la indignación.

Cuando están en juego derechos de las personas, hay que colocarse al frente del reclamo, es decir, el Frente Amplio, el Gobierno lidera la indignación. Las falencias que se señalan deben ser un punto de apoyo para nuevos desafíos.

Los errores, omisiones y faltas al cumplimiento de nuestro programa y metas de gobierno deben ser asumidas desde la perspectiva de CAMBIAR EN EL CAMBIO. Aceptadas como palanca para revisar y rectificar rumbos. Y sobre todo hablar nosotros de los problemas y desafíos que sigue teniendo la sociedad uruguaya y convocar a su abordaje colectivo.

La plataforma de derechos es el eje de acción que guía nuestro objetivo y el carácter    de la democracia. Radicalizar la democracia significa la conquista de derechos sociales, económicos y políticos en un grado de igualdad y desarrollo justo. Es el horizonte desde donde desplegamos los consensos, alianzas y contradicciones.

  1. Continuidad y cambio. Quedarse sólo en los logros es insuficiente.

El Frente Amplio fue el partido político que realizó los cambios más importantes de fin y principio de siglo. Llegamos al gobierno porque convencimos que éramos el CAMBIO, como un otro posible.

Seguimos lo de Sartre: ¨La decisión de cambio procede del cambio del punto de vista, de una apertura conceptual e imaginaria sobre un otro posible. No es porque se tenga conciencia que una situación es insoportable que se decide cambiar. Es el día que se concibe que una situación puede cambiar que nos damos cuenta que ella es insoportable¨.

Se trata de generar, nuevamente y sobre lo hecho una nueva apertura conceptual, afectiva, a un nuevo otro posible.

Decir que los otros eran peores es infantil, hoy no genera voluntad de seguir los cambios. Porque la memoria actual no los registra, y los réditos que de ello se pueden sacar alcanzan a una parte de la militancia. Ni siquiera a los sectores con malestar, que en el acierto o en el error, sienten que lo hecho es insuficiente. Que desde la izquierda podríamos haber hecho mucho más. Tampoco ordena y moviliza a estos, para conquistar un electorado que va a ser exigente. Que tendrá nuevas promesas de cambio.

Hay que reafirmar que seguimos siendo agentes de cambio.

  1. ¨Profundizar¨ ¨Ir a más,¨ ¨Giro a la izquierda¨, no parecen convincentes.

Son conceptos que no alcanzan para movilizar, para emocionar, para salir a pelear. Son vacuos. Mucho menos, insistimos, para ese 10 o 12 % del electorado de izquierda que está enojado, molesto y puede votar en blanco o anular y con eso perdemos. Ya pasó.

La ofensiva de la derecha en la región y en nuestro propio país obliga a reafirmar las ideas centrales de izquierda, movilizando al primer y segundo círculo de gente politizada, incorporando el entusiasmo por otros cambios.

Reafirmar y solidificar las alianzas con las organizaciones sociales es estratégico.  Se trata de ser coherentes, diferenciarse y generar el clima para nuevos cambios. Buscar el centro, como recomiendan siempre los politólogos de las encuestas, y que basta con eso para ganar electores, es un error. Máxime en el contexto regional y en la ofensiva de la derecha económica y política de los auto convocados & Cía. Cuando la derecha aparece como opción de cambio y la izquierda defensora del statu quo, la batalla es perdidosa para la             izquierda. No se trata de buscar una radicalización verbal sino hablar de los problemas,             analizarlos desde la óptica de izquierda y levantar propuestas claras e innovadoras.

Es necesario defender la política y la ética como herramientas para las transformaciones y la resolución de los disensos. Fundamentalmente defender la democracia como el sistema que ampara los derechos cíviles y democráticos amenazados en la      región. Nuestra propuesta es radicalizar la democracia, extender, garantizar y promocionar los derechos civiles, sociales y económicos, con justicia social y desarrollo sustentable, a través de políticas medioambientales claras y contundentes.

Transparencia, ética y política sólo son posibles en sistemas profundamente democráticos. Por eso, la defensa de la democracia es vital en este período y debe permear a las nuevas generaciones que no vivieron la dictadura y no tuvieron la oportunidad de aprender de esas experiencias.    

  1. Ratificar y fortalecer la identidad de izquierda.

Incluso en los temas candentes y polémicos. Precisamente en ellos. La experiencia en Costa Rica y también en Brasil demuestran que la dilución hacia el centro del espectro, cuando no el coqueteo con la derecha, son suicidas. Dilma eligió a un Ministro de Economía de derecha, destituyó al Secretario de Drogas, se apartó de la CUT, el MTS y toda la tradición de izquierda. Alvarado fue el único que insistió en mantener a la Corte IDH frente al arrugue de todos los demás y llevó de vice a una mujer negra y combativa.

  1. Participación ciudadana. Un debe.

Es un debe y un desafío. El SNIS sigue teniendo carencias para, efectivamente, hacer          participar a los usuarios. En la Enseñanza no se han convocado a los Consejos de Participación social previstos por la ley. Las Mesas de Convivencia sobre el tema Seguridad dejaron de funcionar. Son herramientas que además de necesarias para la gestión desde el gobierno, deben generar lazos de acción con todas las organizaciones sociales. Tarea política para el Frente Amplio. En el discurso y en las propuestas es fundamental plantear los cambios como un emprendimiento donde todos tienen un rol, no se trata de esperar a que el gobierno los lleve adelante sino asumir todos los planos a desarrollar para que se concreten, sean duraderos y contribuyan a mayores transformaciones. Ahí lo cultural es siempre un plano decisivo.

  1. La fórmula electoral y listas del FA serán paritarias.

La prédica de la campaña debe ser feminista, y en defensa de TODAS las conquistas en materia de derechos (IVE, Matrimonio igualitario, LGTBI, Regulación de marihuana, etc.). Colocar los instrumentos de DDHH en el centro de la política de izquierda es una clave y un compromiso para respetarlo, sin doble rasero. Las enormes marchas del 8 de marzo son una demostración de que nuestra sociedad no puede seguir aceptando la violencia contra la mujer, ni las desigualdades que están en su génesis.

  1. La batalla contra TODAS las desigualdades

De género, étnicas, económicas, sociales, políticas. Como diferenciación y como identidad de izquierda. ¿Cómo construir y llevar adelante nuevas y mayores propuestas para avanzar en la distribución de la riqueza, la reducción estructural de las desigualdades y la erradicación total de la pobreza? Y darles sentido para la gente. Porque se puede.

Hay que contagiar el que si podemos. ¿No será que no queremos ser peligrosos porque queremos seguir siendo respetables? Hay que revisar los conceptos de equidad, de justicia, en un contexto económico mucho más adverso.

El debate respecto a la Renta Básica Universal o el impuesto a la herencia, forman parte de un paquete a ser analizado para igualar las capacidades de todos y todas. No pueden ser temas tabúes para no irritar sectores de poder. La fractura socio territorial es un tema de fondo a abordar en el próximo período. No nos podemos resignar a desigualdades tan grandes, cuando sabemos que los sectores de mayor pobreza y vulnerabilidad son las mujeres, las niñas y los niños. Necesitamos poner el énfasis en las transformaciones en cada territorio, en cada zona, en lo local y en la comunidad. Son aspectos decisivos para alcanzar mayor calidad de vida y garantizar derechos a cada vez más gente.

Falta mucho en la equidad de género, sobre todo en participación política y cargos de responsabilidad. Hemos estado omisos en una política clara de desarrollo productivo e inversiones, orientada a la preservación de los recursos naturales y del medio ambiente.

  1. Ningún candidato está puesto.

Nada ni nadie está seguro. Ni en la interna, ni en la general. Se puede ganar, se puede perder. Las encuestas, habida cuenta del análisis crítico, desde lo matemático y político, que señala Daniel Mordecki, siempre tienen sesgos y ponderaciones muy cuestionables. Ya lo supimos. Es absurdo negar el rol que juegan, lo relativo de sus mediciones y sus intencionalidades. Pero no podemos quedarnos en eso. Es absurdo negar el trabajo en las redes y la fuerza que pueden tener, pero tampoco quedarse en eso. El relato que hacen los responsables de campaña de Alvarado en Costa Rica, también son elocuentes e instructivos. Las campañas requieren del pienso específico y profesional, y de diversas técnicas. Pero sin ideas fuerza y/o candidatos que las expresen con énfasis y tonalidades afectivas, de impacto, no hay victoria. Y lo que sería aún más grave: se puede ganar y no saber luego qué hacer, qué rumbos tomar y con quienes llevar adelante los renovadores vientos de cambios radicales que necesitamos para seguir avanzando.

 

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL DEDO por Mílton Romani Gerner

Gerardo Caetano afirmó recientemente con justeza: “Si volvemos a tener una campaña de ochentosos, el país está en problemas”. Fue después de que se conociera la cumbre Danilo Astori-Pepe Mujica y se dejara trascender que uno de ellos, o los dos, podían apoyarse mutuamente como precandidatos del Frente Amplio. Esto fue coincidente también con la reaparición en escena de la lucha electoral de don Julio María Sanguinetti.

Para los frenteamplistas es totalmente lícito que cada quien se reúna con quien quiera. Obvio. Que cualquiera postule a quien sea, incluso a sí mismo. Sin embargo, hay que recordar que también en este caso “el medio es el mensaje”. Es necesario someter a escrutinio este tipo de procedimientos. Porque el desafío de la campaña electoral es de suma importancia para el Frente Amplio, y necesitamos movilizar todas nuestras filas, que están un poco alicaídas. Sustraer ciertas decisiones agrega malestares a los que ya existen.

Sería preferible abordar los ejes políticos de la movilización que se avecina. Pues no. Para reiterar una nada académica expresión: algunos estamos medio podridos de dedocracia y mangoneo. Porque desmoviliza y desanima. Vaya hallazgo: porque no es participativo. Hace uso y abuso del rol y poder que todos les hemos cedido a nuestros dirigentes. Porque es un acto de soberbia que coarta la posibilidad de ampliar oportunidades a candidaturas más novedosas, más jóvenes, con experiencia en varios campos de la gestión y de la militancia. Porque conspira contra una renovación necesaria desde el vamos.

Importa debatir el perfil de la campaña y sus puntos centrales: ¿vamos a desplegar una línea de autocomplacencia con todo lo que hicimos? ¿Seremos capaces de tener el coraje de liderar la indignación por lo que no hicimos y está por hacerse? ¿Seremos capaces de agitar banderas de cambio, autocriticarnos en lo que corresponde, señalando los nuevos objetivos de justicia social y quiebre de la fracturas sociales que todavía existen? ¿O lo nuestro será defender el statu quo, la lógica que impone el mundo tal cual es, los márgenes inevitables que fijan otros? ¿Será posible, con todo lo que hicimos, y más imaginación, crear un nuevo sentido esperanzador?

Es necesario mostrar todo lo que hicimos y los avances del país. Pero no alcanza. Sería de coraje cívico y republicano de buen recibo por la ciudadanía ser totalmente transparentes con lo que no pudimos o no supimos hacer. Asumir los errores. Porque sobre esos debes están nuestras propuestas más radicales a futuro, que pueden entusiasmar a los más jóvenes y conquistar nuevas esperanzas de los más viejos. Levantar el ánimo de los más vulnerables. Las credenciales para un nuevo cambio están en lo realizado, pero mucho más en renovar la vieja promesa de hacer “temblar hasta las raíces de los árboles”.

Definir los y las candidatas es muy importante. No es cierto ese discurso que intenta disimular esto con falsa humildad. Es un tema recurrente en todos los ámbitos. Lícitamente.

Porque una campaña política de corte electoral tiene una exigencia de comunicación referida a las sensibilidades, entonaciones, atributos, trayectorias, resumidas en la singularidad del candidato o candidata. Es una síntesis humana de 100 programas. Decidir cuál es el candidato o candidata no es un acto de inspiración o intuición. Si pretendemos que nos represente a todos, necesitamos recorrer los caminos de la más amplia participación.

Suponer que esos atributos son transitivos por decisión de uno o dos dedos, sean de quien sean, es un grave error político.

Ser joven no es necesariamente un atributo de renovación. Como ser mujer tampoco asegura un enfoque igualitario de género. Pero parece una desmesura que no alienta cambios que dos dirigentes pretendan influir para decidir ellos y ante ellos. Hay un momento para todo. También para sumar a la edad sabiduría, y comprender cuándo hay que dejar que pasen otros adelante.

Las elecciones pasadas mostraron, incluso al Frente Amplio, la fuerza de la movilización juvenil expresada en la movilización del No a la Baja. Nadie daba dos mangos en un tema que supuestamente, se decía, iba a contrapelo del clamor popular punitivista. Insólitamente, el Frente Amplio fue torpe, lento y conservador. Temor político mal calculado por muchos que pensaban (y siguen pensando) que hay que someterse al “sentido común”. Sin embargo, se demostró que hay que atreverse a desplegar el “buen sentido” basado en convicciones. Imaginación y propuestas. Como sólo saben ser atrevidos e imaginativos los jóvenes, que convierten convicciones en realidad política.

Los veteranos –y más que veteranos– tienen el derecho y la responsabilidad de orientar, aportar sabiduría, mostrar caminos. Pero nunca sustraer decisiones.

La tentación de abusar de la autoridad desde la cima ejerciendo el dedazo puede ser paradojal. Volverse en contra. Su levedad se puede convertir en un dolor de cabeza a la interna de cada sector. Ya lo vivimos. Puede llegar a demostrar, una vez más, que muchos jóvenes “matarán” a sus padres, se rebelarán y tomarán un camino propio (“Matar al padre”: http://ladiaria.com.uy/USI.

Tabaré Vázquez, Pepe Mujica y Danilo Astori son distinguidísimos compañeros que constituyen un formidable patrimonio frenteamplista. Ellos han acumulado prestigio, popularidad, reconocimiento, experiencias intransferibles… y años. Pueden y deben seguir aportando al colectivo. El Frente Amplio debe buscar los espacios institucionales para que sigan incidiendo en nuestro accionar político. Incidiendo y aportando, desde otro lugar.

Hay una larga lista de compañeros y compañeras, de las más diversas tiendas, con capacidad, liderazgo, experiencias propias. Destaco el nombre de Daniel Martínez porque su gestión tiene una gran adhesión y popularidad creciente. No parece sensato que se insinúe que hay que asegurar la victoria y se soslaye este dato fuerte, omitiéndolo así como así. Pero hay más nombres.

Sería saludable que todos y todas quienes se sientan candidateables, se anoten. Debatir en competencia interna, donde todo el colectivo frenteamplista participe de la discusión sobre las virtudes de cada uno. Sin las manipulaciones de quienes se sienten tentados de abusar de su autoridad y prestigio, del cariño y respeto que les prodigamos. Y que como buenos ochentosos, cierran las puertas del boliche bien temprano e impiden gozar de la fiesta de la diversidad y la discusión.

Publicado en La Diaria el 7 de julio de 2018

ESPIONAJE EN DEMOCRACIA por Ignacio Martínez

Los servicios de inteligencia de cualquier organismo policial o militar son parte esencial de su propia labor. Las tareas especiales y reservadas para obtener información de los estamentos que se vigilan, son tan importantes en las tareas policíacas, que a nadie escapa que gran parte del éxito de las mismas depende, precisamente, de la obtención de esa información.

Así entendida la represión a las actividades delictivas o la prevención para que no se realicen, solo serán posibles si, en efecto, los servicios de inteligencia brindan datos concretos acerca del tráfico de drogas, del contrabando, del abigeato, del lavado de dinero, de la trata de blancas, del tráfico de órganos, de la pornografía infantil o cuanta actividad humana sea considerada ilegal y esté reñida con la justicia y atente contra la esencia misma de la sociedad.

Nadie puede ser tan ingenuo y no reconocer que, entonces, efectivamente, esas labores de inteligencia e información se deben instrumentar desde los organismos del estado específicamente conformados para reprimir los delitos que se cometen o más aún, para evitar que se cometan y desactivarlos antes de que se produzcan.

El asunto aparece como objeto de estudio y alarma social, cuando esas labores de inteligencia se operan desde los mismos organismos públicos que las efectúan, pero esta vez dirigidas a ámbitos, organizaciones, actividades y personas perfectamente admitidas por la legislación vigente, es decir, son legales y en democracia, particularmente en ámbitos de la sociedad civil.

Podemos afirmar que a la salida de la dictadura continuaron operando los servicios de información de las FFAA y de la Policía. Con mayor o menor sujeción a los mandos orgánicos, bien sabemos que se vigilaban sindicatos, gremios estudiantiles, organizaciones de Derechos Humanos, dirigentes políticos y hasta a la misma iglesia, sobre todo en sus sectores más relacionados con las cuestiones sociales. ¿Qué tendrían para decir los ministros del Interior Manini Ríos o Marchesano o Forteza o Buscasso, todos colorados? ¿Qué tendrían para decir Ramírez o Iturra o Gianola, todos herreristas? ¿Qué tendrían para decir los ministros de Defensa Chiarino, Medina, Brito?

Las denuncias realizadas públicamente en la prensa y la conformación en noviembre de 2016 de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados en relación al conocido “archivo del coronel Castiglioni”, dan prueba de la total impunidad con que se realizaban tareas de espionaje hasta bien entrada la democracia. Es evidente que decenas de agentes ocupaban sus jornadas de trabajo en vigilar, infiltrar e informar a sus superiores de las actividades que realizaban sectores de nuestra sociedad civil.

¿Se puede decir, como afirma Sanguinetti, que lo que está claro es que ni la Presidencia, ni nuestros ministros -todos de acrisolada calidad democrática-, jamás ordenaron ningún episodio ilegal 

Cuesta creer que no hayan ordenado nada porque de algún lado debió salir la orden y los recursos para que se hicieran esos trabajos.

Pero, en todo caso, lo peor es suponer que el Presidente y sus ministros debían estar enterados o ¿acaso se espió delante de sus narices sin que nadie se enterara? Concluyamos que si se espió sin que nadie del gobierno lo supiera, flaco favor le hicieron los ministros y el Presidente a la democracia y a su propia eficiencia en sus cargos, a sus propias fuentes de información de lo que sucedía a su lado. Más bien dieron pruebas de su absoluta incapacidad para sus cargos.

Si, por el contrario, sabían de ese espionaje, ¿cómo no desmantelaron esos organismos ni dieron de baja a quienes realizaron esos episodios de espionaje, violaciones a la ley o intervenciones lesivas para la ley. (sic, Sanguinetti).

Si no sabían, vergüenza. Si sabían y nada hicieron, doble vergüenza. Hoy cabe preguntarnos ¿se terminaron esas actividades de espionaje? ¿Por qué tuvieron que pasar más de 30 años para que el expresidente accediera a decir algo sobre este tema?

Las investigaciones deben continuar. La democracia se fortalecerá si todos estos asuntos toman el mayor estado público y, por supuesto, se somete a la justicia a quien deba rendir cuentas por estos hechos delictivos perpetrados desde las esferas del gobierno desde 1985.

Publicado en el Semanario uruguayo VOCES el 28.6.2018

PROGRESISMOS LATINOAMERICANOS DEL SIGLO XXI por Pablo Anzalone

Balance y perspectivas de los progresismos

Avances sociales, reformas estructurales, cambios culturales. Fin de ciclo, derrotas, parates, fracasos puntuales, continuidades. Se puede caracterizar de muchas maneras la suerte de los progresismos de la región en el siglo XXI. El propio término “progresismo” no tiene una definición unívoca, como tampoco es clara su relación con las izquierdas. Este mes, en Dínamo, nos abocaremos a realizar balances del período que sirvan de base a nuevas concepciones y propuestas de transformación social.

***

Los gobiernos progresistas del siglo XXI en América Latina surgen de la derrota de los neoliberalismos en los años 90. Pero también traen en su mochila la debacle de la URSS, la disolución del mundo bipolar y la conversión de la socialdemocracia europea en derecha neoliberal. Surgen cuando el pensamiento crítico y emancipador retrocede en el mundo, sin lograr saldar la pesada herencia de los socialismos del siglo XX. Y más atrás todavía, los procesos latinoamericanos tienen las marcas de las derrotas de los movimientos revolucionarios de los 60 y 70 y el arrasamiento de las libertades democráticas que significó el terrorismo de Estado.

El neoliberalismo de los 90 fracasó en su soberbia de constituir el fin de la historia, pero logró una penetración profunda en nuestras sociedades en el plano económico, social e ideológico.

Las izquierdas latinoamericanas lograron triunfos electorales por virtudes de sus formaciones políticas y sus liderazgos carismáticos, pero también, y fundamentalmente, porque se apoyaron en grandes y polifacéticas movilizaciones sociales. Estos gobiernos vienen de la resistencia social a las privatizaciones, al desmantelamiento de la protección social y al incremento de las fracturas. Frente a las teorías del Estado mínimo, los progresismos latinoamericanos levantaron la concepción de un Estado preocupado por la cuestión social, por la pobreza y la indigencia. Y sus logros en esta materia son relevantes, en el continente más desigual del planeta.

Con una mirada regional vemos surgir elementos originales. En algunos de sus procesos,América Latina incorpora las identidades y luchas de los pueblos originarios y levanta la idea de la plurinacionalidad dentro de los estados. Las asambleas constituyentes fueron en varios países una forma de debate sobre los fundamentos de la sociedad, y alcanzaron textos constitucionales muy avanzados en materia de derechos. En otros procesos, como el uruguayo, una nueva agenda de derechos generó logros importantes en la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación de la marihuana.

Necesitamos estudios más amplios sobre lo ocurrido en América Latina en este período. No pueden dejar de valorarse los avances sociales alcanzados, ni tampoco sus límites y contradicciones. Cabe preguntarse cuáles son los cambios estructurales que se produjeron y hasta dónde llegaron. No son pocos. En Uruguay destacan por ejemplo la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma de la salud. Al mismo tiempo, ninguna de ellas es algo concluido, y todas enfrentan los dilemas de cómo y con quiénes generar mayores pasos de profundización.

No se trata sólo de medir los resultados en cada campo de la acción gubernamental, sino también de considerar en qué medida se generaron nuevas relaciones de poder que sostengan los cambios y los impulsen hacia adelante. En los vínculos con los movimientos sociales está uno de los anudamientos principales de los progresismos. Recordemos que movilización no es sinónimo de izquierda. La derecha como ideología y las clases o fuerzas sociales dominantes retuvieron un poder muy significativo en las estructuras económicas, en los medios de comunicación, en las Fuerzas Armadas, en el Poder Judicial. En determinado momento y en algunos países se rearmaron políticamente y reasumieron el gobierno, por vía electoral o por “golpes de Estado” parlamentarios o judiciales.

En el plano de los valores se desarrolló una lucha por la hegemonía, con resultados diversos. Mientras que las percepciones sobre la pobreza en Uruguay mostraron un incremento de los enfoques conservadores, en otros campos, como el matrimonio igualitario, los valores homofóbicos retrocedieron. En temas como la violencia patriarcal crecen la movilización y el rechazo, pero también existe una gran campaña orquestada internacionalmente contra la “ideología de género”.

El debate cultural e ideológico es un tema trascendente. Hace un tiempo Hugo Burel, en la página editorial de El País, alertaba a los partidos tradicionales sobre la necesidad de derrotar a Antonio Gramsci para poder vencer a la izquierda. “Los que quieran encarar en serio la disputa tienen que enfrentar la hegemonía cultural y proponer algo distinto… Por si muchos todavía no se dieron cuenta, este es el verdadero escenario en el que se juega”.

Desde la izquierda, Juan Carlos Monedero afirmaba en Montevideo, en el Congreso Latinoamericano de Sociología, que “el neoliberalismo es una manera de estar en el mundo, donde todos nos sentimos empresarios de nosotros mismos, compitiendo en un mundo mercantilizado como en ningún otro momento de la historia. Todo es mercancía: el ocio, la enseñanza, el deporte, el hábitat, el sexo; todas nuestras acciones cotidianas. Tenemos que ser rentables en todo y hemos interiorizado que si nos va mal, es pura y exclusivamente por nuestra culpa”. También autocriticaba: “La izquierda falló al crear consumidores y no ciudadanos”.

Cuando las formas de hacer política quedaron absorbidas por la gestión del Estado se debilitó esa batalla ideológica, perdieron protagonismo los partidos y los movimientos sociales. Si el mensaje y las prácticas de los progresismos apuntan a que la política la hace el gobierno y la participación ciudadana se limita a elegirlo cada cinco años, una parte de esa contienda se perdió.

La democratización de la sociedad y del Estado es el nudo crítico más importante de los procesos progresistas. La transparencia, el control ciudadano en el Estado y la lucha contra la corrupción son aspectos relevantes, pero la democratización va más allá. Romper las estructuras de poder tradicionales, excluyentes y elitistas, para construir mecanismos más democráticos y participativos, es la única forma de dar sustentabilidad a los procesos de cambio. Estos sólo son posibles con actores sociales vigorosos en el campo popular, sin subordinación al Estado o el gobierno, sino participando en la construcción de políticas públicas hacia mayor igualdad. En esas luchas múltiples hay que reconocer a distintos actores sociales, institucionales y políticos, y procurar su fortalecimiento y su unidad. Las clases sociales y las fuerzas sociales relacionadas con el género, las generaciones, la diversidad sexual, las etnias, los temas ambientales y socioterritoriales, son protagonistas y no mera base de apoyo político o electoral. El empoderamiento requiere estructuras más democráticas y actores con disposición y condiciones para llenarlas de prácticas removedoras. La forja de “relatos”, es decir, una explicación sentipensante que les dé sentido para la gente, es parte ineludible de estos procesos. Cuando Ernesto Laclau hablaba de cadena de equivalencias se refería a esa articulación entre demandas distintas y acción política para desplegar la lucha por hegemonía.

Las dificultades para promover la política como acción colectiva sobre los problemas que sigue teniendo la población es el gran talón de Aquiles de los progresismos. No hay mejor manera de defenderlos que bregar por la profundización de los cambios y construir soportes sólidos desde la participación social y política.

Pablo Anzalone es licenciado en Ciencias de la Educación; fue director de la División Salud  y del Departamento de Recursos Humanos de la Intendencia de Montevideo entre 2005 y 2015.

Publicado en La Diaria el 25 de junio de 2018

SANGUINETTI EN EL RODEO por Ignacio Martínez

Si bien podemos afirmar que este profesional de la política nunca dejó de estar en esos asuntos, está claro que en los últimos meses ha iniciado un trabajo sostenido de contactos, conferencias, entrevistas y reuniones que confirman su intención de proyectarse como un activo partícipe de la próxima contienda electoral.

Si va a ser candidato a la presidencia o al senado por ahora poco importa, aunque la segunda alternativa pareciera ser la más creíble. Su intención es la de sumarse a las críticas más agudas contra el Frente Amplio y el actual gobierno. Al mismo tiempo procura liderar una fuerza nueva (¿nueva?) dentro del malogrado Partido Colorado. Lo hace desde un discurso socialdemócrata tratando de embanderarse con postulados e historias batllistas que también puedan presentar ciertos matices izquierdistas para ganar a los sectores centristas que votaron al FA, a posibles votantes de Novick, quitar fuerza a algún sector dentro de filas e incluso captar para el 2019 a los indecisos y unificar a su propio partido.

Pero no se queda allí. Ha comenzado a construir puentes con el Partido Nacional. Ya lo hará con otros que también esperan ser invitados. Su estrategia es unificar la oposición lo más posible y lograr que el FA no gane en la primera vuelta, cosa bastante probable, y que en un balotaje se pueda repetir lo sucedido en 1999 con Jorge Batlle como aglutinador de los partidos tradicionales, cosa difícil, o bien seguir a un candidato blanco, pero con apoyos suyos de tal índole, que le permitan negociar un papel decisivo en la gestión del nuevo gobierno y del parlamento.

Él mismo lo ha señalado: “No se trata del viejo Foro Batllista, ni de la clásica Lista 15, ni de Vamos Uruguay, sino de una confluencia que se nuclea en torno al concepto que nos identifica ideológica y políticamente”

La identificación ideológica es la de seguir apostando al Uruguay monoproductor, benefactor de los sectores financieros, agro exportadores y del control de los medios de comunicación, con efectos mediáticos sobre el pueblo. Su identificación política es la de someter el movimiento sindical y popular (“Nunca perdí ningún conflicto frente a las fuerzas sindicales”), terminando con al negociación colectiva, acortando al máximo los planes sociales de salud, previsión social, vivienda y educación, procurando las privatizaciones como clásica receta del neoliberalismo del cual es absoluto representante.

Sanguinetti, incluso, sueña con la fractura de la izquierda y el corrimiento de algún grupo hacia formas de confluencia de diversos sectores, llegando, si así se pudiera, a reproducir el fenómeno de Batalla en 1994, aspecto éste bastante improbable porque es más que elocuente aseverar que quien se excluya del FA no contará con significativos caudales electorales.

Sanguinetti quiere imponer la idea de que “el país necesita un cambio”. El verbo cambiarda resultado. Ya lo dio para la izquierda (cambia, todo cambia) y también lo dio en el otro extremo para Macri en Argentina (Cambiemos). Sanguinetti aplica esa receta. Él es favorable a impulsar una nueva Concertación esta vez según cada realidad departamental, no solo para sumar a las elecciones nacionales, sino para proyectarlas luego en las elecciones de cada intendencia.

El ruedo se ha echado a andar. La lidia electoral tomará vigor luego del Mundial. El expresidente estará en la contienda. La izquierda también, a la altura del mejor debate ideológico y político de dos proyectos de país.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 14 de junio

DECÁLOGO DE LOS MISERABLES por Ignacio Martínez

  1. Fomentar el individualismo, el egoísmo, el hacé la tuya, el no te metás, no es tu problema. Fomentar la indiferencia frente a la desgracia 
  2. Abonar la idea de que las personas valen por lo que tienen y que cuánto más tengan más valen, sin importar la relación con la pareja, con los prójimos, con la naturaleza.
  3. Aspirar a ocupar un cargo público, lo más elevado posible, pero lejos de asumirlo como un servidor público para bien de la gente sino para hacer todo lo posible para usufructuarlo en bien propio.
  4. No conmoverse jamás por el dolor ajeno, sino, más bien, culpar de la pobreza, de la desocupación, del analfabetismo, de la ignorancia y del hambre al pobre, al desocupado, al analfabeto, al ignorante y al hambriento, negándose a brindar toda ayuda, toda solidaridad, toda colaboración para sacar a esa gente de esos dramas sociales. Miran para otro lado. No son responsables ni co-responsables de lo que pasa en el mundo, en su país, en su ciudad, en su barrio, en su calle. La culpa, dicen, la tiene el Estado si no ayuda o el MIDES por ayudar demasiado.
  5. Comprar todo lo que viene de los países centrales, deslumbrándose con lo que ofrecen las metrópolis y queriéndose parecer a las divas y los divos fabricados por la televisión, maravillándose por la cultura global de EEUU o algunos países europeos y la gran Buenos Aires, menospreciando nuestras propias expresiones culturales. El mundo está en el Shopping, fuera de él la “gentuza” y ¡cuidado que vean en alguna de las grandes superficies a muchachos jóvenes, negros, pobres, humildemente vestidos! ¡Cuidado también si los ven en el hall de alguna mutualista otrora exclusiva para gente de dinero o en un cajero automático o en un banco ejerciendo los mismos derechos que cualquiera! Pueden ser peligrosos.
  6. El mundo no es de todos, es de los miserables de éticas retorcidas y, por lo tanto, no deberá ser nunca para todos. Cualquier intento inclusivo, democrático, de extensión de derechos, de beneficios colectivos, de avances participativos, de progreso para las grandes mayorías, será visto como un caos, como la debacle, como la crisis, como nunca estuvimos peor, como esto tiene que cambiarnunca estuvimos más inseguros. Y hablarán de la crisis del campo, y amenazarán con cercar Montevideo y con paralizar el campo.
  7. Dicen a viva voz que el Estado se debe achicar, pero son los primeros en pedirle al Estado que los subsidie, que prorrogue pagos, que les exonere deudas. Para ello, dicen, lo mejor será recortar las ayudas sociales importándoles muy poco que se hayan incluido en el sistema de salud a más de 1 millón 420 mil personas (435 mil son hijos de trabajadores) o que haya bajado sensiblemente la pobreza y descendido notablemente la indigencia y la mortandad infantil.
  8. Los miserables dicen que hay que reformar todo el sistema de la seguridad social y aseguran que hay muchos viejos y que se jubilan muy jóvenes. Han estado a favor de reestructurar todas las cajas… menos la caja militar que tiene los privilegios que nadie tiene en nuestro país. Dicen que hay que gravar con impuestos a todo el mundo, menos a ellos.
  9. Los miserables dicen defender la vida y por ende están en contra del aborto, confundiendo y entreverando el aborto con la ley de asistencia protegida para la mujer, que al fin de cuenta de eso se trata la ley vigente, de proteger a la mujer. Sin embargo estos mal llamados defensores de la vida no vacilan en pedir la pena de muerte y están en contra de todo plan de recuperación de las víctimas sociales que han caído en el delito o la droga.
  10. Los miserables quieren educación para ricos y educación para pobres; salud para ricos y salud para pobres; futuro de bienestar para ricos y futuro de sumisión para pobres; que los trabajadores sólo trabajen para enriquecer a los ricos; que los peones y las empleadas domésticas y los policías no tengan sindicatos; que no haya negociación salarial ni de condiciones de trabajo. Ellos sólo nos permitirán vivir en el mundo que ellos dirijan y que ellos construyan a su manera, para que nosotros existamos a su imagen y semejanza, pero sin ninguno de los derechos que nos hagan libres y felices.

Ocho hombres miserables tienen la misma cantidad de dinero que 3.600 millones de seres humanos. Si da ganancia, compran o invierten. No les interesa si ayudan o perjudican a alguien. Sueñan con la Amazonía como una pradera, el acuífero Guaraní como una canilla privada y con la humanidad como una bolsa de trabajo barato.

La primera justicia es la conciencia. Víctor Hugo en Les Misérables

Publicado en el semanario VOCES el jueves 3 de mayo de 2018 

 

LAS PALABRAS Y LOS DIRIGENTES POLÍTICOS EDUCADORES por Ignacio Martínez

Manifiestos, escritos, comentario, discursos
humaredas perdidas, neblinas espantadas
que dolor de papeles que ha de llevar el viento
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua

Las palabras entonces no sirven, son palabras… (Rafael Alberti-Paco Ibáñez)

 Es necesario hablar de la pedagogía en esa escuela llamada Sociedad. Referentes de esa educación no formal, de esa educación en el aula social, son los dirigentes políticos que van desde el Presidente de la República hasta los Ediles y Alcaldes, pasando por Ministros, Senadores y Diputados. Hay otros dirigentes, claro está, vinculados a los ámbitos sociales más diversos en cooperativas, sindicatos, clubes deportivos, iglesias, etc. Pero en esta oportunidad quiero referirme a los dirigentes políticos porque tienen un nivel de visibilidad ante la sociedad, que prácticamente les da una enorme cantidad de horas docentes a nivel nacional.

El mensaje que se da es, finalmente, de quien lo recibe. Si el dirigente quiso decir “A”, pero lo que queda es “B”, pues el mensaje verdadero será el “B”. “¡Ay, yo no quise decir eso!”, se argumentará, o “se me malentendió” se agregará, pero lo cierto es que lo que quedó en nosotros es el mensaje que perdurará.

Hay que ser y parecer, porque si uno es una buena persona, pero se parece a una mala persona, lo que sucederá, igual que lo de los mensajes “A” o “B”, es que quedará el parecer en la sociedad que observa.

Vivimos en una sociedad observadora, muy crítica, muy acostumbrada a filosofar y deducir. Eso es muy bueno. Las actitudes y las palabras de nuestros dirigentes son bien observadas, tienen críticas y deducciones de nuestro pueblo nada desdeñables. Aquí es donde debemos decir enfáticamente que no basta con conducir un país. Los dirigentes deben ser capaces de mostrar con claridad, con honestidad, con transparencia, con inmenso respeto hacia todos nosotros, esa conducción. Algunos le llamarán carisma, otros le llamarán don, yo le llamo comprensión pedagógico-didáctica aunque parezca un término un poco rebuscado. Quiero decir que el dirigente debe incorporar en su aprendizaje de tal, este aspecto fundamental, no sólo para el éxito personal de su gestión y la de su gobierno, sino para la función docente que el rol de dirigente tiene en sí misma. Si esto no sucede, si uno dice lo que se le ocurre y como se le canta, lo más probable sea que ayude a generar la idea de que todos los políticos son iguales, homogeneizando la visión del dirigente y de la política como un territorio rancio, de los avivados que nada tienen que ver con nuestro pueblo. Y esto no tiene, en principio, nada que ver con las ideas, sino, esencialmente, con las actitudes y con los actos. Y ¡guarda! a veces un solo acto fallido puede derrumbar mil construcciones positivas. A esto hay que agregarle, claro está, los especialistas en difamar, deformar, mentir, tergiversar y enlodar a sus oponentes.

La fuerza que tiene el compañero Pepe, por ejemplo, ha sido ganada por su modo de vida, su austeridad, su verbo sencillo y su humildad, y tira por la borda la figura del político tradicional, encumbrado e inalcanzable. Eso contribuye enormemente a su popularidad. Los sectores más humildes de la sociedad se sienten muy identificados con él, que además logró, como nadie, que esos mismos sectores que siempre votaron a los doctores encorbatados y acartonados, se volcaran a esta figura que incorporó la faceta de hacer docencia desde su pedagogía tan particular quizá, incluso, sin proponérselo demasiado.

El respeto que generan otros compañeros muchas veces se debe a que han dedicado sus vidas al estudio en sus diferentes áreas y cuando hablan son  extremadamente claros, convincentes, respaldados por el conocimiento y la vehemencia, sin poses ni pretensiones de cinco minutos de fama. Es que cuando alguien dice hasta dos, tiene que dejarnos la sensación de que sabe hasta diez y que tiene aún en el depósito una marcha multitudinaria de argumentos para reforzar lo que dice.

Si transmitimos inseguridad en la exposición, estamos liquidados. Si transmitimos la vulgaridad, las frases hechas, meros argumentos a la defensiva, por la negativa, estamos liquidados.

Si nos queremos hacer los populares o adjetivando inútilmente, estamos liquidados. Si descuidamos la enorme función pedagógica y los desafíos didácticos de nuestras palabras y nuestras acciones, está liquidado el dirigente nuevo para un Uruguay nuevo, y la política seguirá reducida a concebirse como un territorio insano donde la gente se pervierte. Además hay que agregar que para esa difamación están los especialistas de la oposición y de los medios de comunicación que miran con lupa para convertir la coma que pusiste mal, en la lápida de todo tu discurso.

Concluyendo; la función formadora y transformadora del dirigente se vuelve imprescindible en los anhelos de transformaciones y profundizaciones democráticas. Dentro y fuera de filas tenemos ejemplos para ambos lados. Los que dan el ejemplo de cómo relacionarse con la gente y los que deberían callarse la boca. A esos últimos, la historia no los absolverá porque, al fin de cuentas es cierto: el pez por la boca muere..

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

(Blas de Otero)

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 19 de abril de 2018

ENCANTADOS: TONOS Y SEMITONOS por Milton Romani Gerner*

Escala en do bemol mayor. Las declaraciones del comandante en jefe del Ejército brasileño, general Eduardo Villas Boas, destinadas a presionar al Supremo Tribunal de Justicia previa resolución del hábeas corpus para Lula, muestran cómo se reconstituye el bloque de los poderosos, siempre. El general Villas Boas habló de “impunidad”. Por acá también algunos han empezado a usar el término, y no por el peso profundo que tuvo la caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Brasil inauguró el ciclo de las dictaduras en Sudamérica en el siglo pasado. Fue el país menos dispuesto a revisar el pasado dictatorial. Imperio de la impunidad. La izquierda debe hacerse cargo también de esto. Se dijo, y ahora es realidad: “Quien no hace justicia con el pasado está condenado a repetirlo”. ¿Pueden volver? Sí, pueden.

Fuga en re menor. Hacen gala de combate a la corrupción. Es un recurso viejo de la derecha. Acá lo usaron en la década de 1970: escándalos en la Junta Departamental (1972), prisión de Jorge Batlle, rimbombante investigación de ilícitos económicos. Así los llamaron. Plasmados en la plataforma electoral de las Fuerzas Armadas: comunicados 4 y 7. Confundieron a unos cuantos. Una maniobra para asaltar el poder.

La lucha contra la corrupción siempre fue una bandera de la izquierda. Durante años, en Uruguay el acomodo, la tarjeta para jubilarse, el puestito en el Estado vía clubes, la coima, la llamadita del te arreglo esto a vos y quedás en deuda fueron estructurales. La gauchada. Un modo uruguayo de ver, estar y sentir el mundo, los negocios, el Estado. Estoy condenado a citar a don Ignacio de Posadas: no vas a ir a pedirles a los amigos que se dediquen a la política, que no da un mango. Es más, se pierde. Por lo cual…

La izquierda nunca debió ceder esa bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aun cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

Mayor en si bemol. El triunfo de Carlos Alvarado en Costa Rica enseña cómo funciona la diferenciación como clave de triunfo. No la mimetización en aras de ganar votos y opinión. Dicho sea de paso: nuevamente se equivocaron las encuestas. Bueno, las ponderaciones que hacen los encuestadores. Y cómo. Alvarado no se dejó comer la cabeza para arrastrarse al centro y sumarse a los otros que cuestionaban a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dijo lo que pensaba, redobló sus convicciones. Su candidata a la vicepresidencia ya expresaba esas convicciones. Mujer, negra y combativa en defensa de todos los derechos: Epsy Campbell.

Escala en fa mayor sostenido. Hay que liderar la indignación. La defensa ciega de todo lo logrado es insuficiente para convocar a un nuevo cambio. Cuando se juegan derechos que todavía no son plenos o están vulnerados, lo primero es indignarse. Luego, asumir el desafío. Después, explicar lo que se hizo. Pero primero, indignarse. Desde el gobierno, desde el Frente Amplio y las organizaciones sociales.

La pobreza infantil todavía ronda el 17%. Indigna. Interpela. Claro que se hizo mucho. Pero ahora vale la pena un cuarto gobierno para lograr pobreza cero. Porque nos indigna. Hay que avanzar en el combate de todas las desigualdades y decirlo a texto expreso. Desigualdad que se expresa brutalmente también en lo territorial. Una bofetada para nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Resaltar, sí, que la pobreza bajó en 2017 a 7,9% cuando teníamos 39% en 2004. No para conformarnos, sino para reafirmar que se puede. Desconozco si formarán parte del programa del Frente Amplio, pero la Renta Básica Universal, el impuesto a la herencia, los temas de medioambiente e inversiones deben formar parte de las provocaciones necesarias. Son polémicos, sí. Pero volver a cambiar implica nuevos desafíos, nuevo campo de confrontaciones, nuevas alianzas.

Ya comenzó la campaña. Hay que salir del piloto automático. Encantar, convencer y ganar corazones. Contagiar. Luego de tres gobiernos nacionales, con muchas luces y algunas sombras, sólo es esperable que, ahora sí, hagamos temblar las raíces de los árboles.

Publicado en La Diaria el 13 de abril de 2018.

*Licenciado en Psicología. Fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas y embajador de Uruguay ante la Organización de Estados Americanos.

ESPEJOS Y ESPEJISMOS por Ignacio Martínez

Los agoreros exclaman “¡el país se cae a pedazos!”. Desde la farándula de facebook hasta las tribunas de programas radiales y artículos de prensa, estos fatídicos describen el panorama con espejismos y se prestan para afirmar que “el país nunca estuvo peor que ahora”. Sus propósitos son sembrar la idea del caos para cosechar la necesidad del cambio. Estas prácticas nacen de premeditados analistas que elaboran estrategias para imponer el espejismo de que nunca hubo corrupción como la de hoy, que es con este gobierno que hay femicidios, que nunca antes hubo tanta delincuencia, que nunca estuvimos más pobres ni más carentes ni con más desocupación ni con más hecatombe financiera ni con más cierre de empresas ni con más tragedias en el agro ni, ni, ni…

La verdad es otra:

**Uruguay registra los niveles más altos de empleo de toda su historia.

** La desocupación pasó de un promedio de 14% al promedio del 7.5%.

**Desde 2005 el salario mínimo nacional ha crecido en un 42 %.

**La CEPAL indicó que Uruguay es el segundo país con menor índice de pobreza (7,5 por ciento) y el primero con mínimos de indigencia (bajó de 4,7 en 2005 a 0,5 en 2014)

**Desde el 2004 la cantidad de personas que salieron de la pobreza asciende a más de 850 mil personas.

** Aumentó en 25% del presupuesto el gasto social.

**Se ha avanzado como nunca en la diversidad de la matriz energética con  inversiones en parques eólicos que suman 2 mil 800 millones de dólares en el periodo 2010-2015.

** Desde 2005 la cifra de personas incluidas en el sistema de salud es de 1 millón 420 mil personas (435 mil son hijos de trabajadores).

** Se creó el Hospital de ojos “José Martí” que lleva 75 mil operaciones de cataratas gratis para la gente más humilde.

** Se aumentó la inversión en Educación de 420 millones de dólares en 2004 a 1350 millones en 2009.

** Se retomaron los Consejos de salarios, la Negociación colectiva y la Libertad Sindical.

** La ley N° 18.065 igualó las condiciones laborales del sector doméstico.

**Se legalizó la jornada de 8 horas para los trabajadores rurales.

** Nuevo régimen de Asignaciones Familiares para beneficiar a los más humildes.

**Progresivo cambio de políticas de asistencia, en su momento imprescindibles, hacia políticas sociales con retorno de los beneficiados.

** Fortalecimiento de Agencias Nacionales de Innovación e Investigación,  para el Desarrollo del Gobierno de la Gestión Electrónica y la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

** Planes Ceibal (un niño una computadora) e Ibirapitá para jubilados.

** Boleto estudiantil gratis para estudiantes del ciclo básico a nivel nacional.
**Ampliación de escuelas de tiempo completo con cobertura para decenas de miles de niñas y niños.
**Educación inicial obligatoria desde los 3 y 4 años.

Pero no está todo dicho. Ahora vienen los espejos. Tenemos que mirarnos seriamente y profundizar la transparencia y la ética de izquierda, sacando a todos los que no han comprendido que la función pública es antes que nada un servicio a la comunidad y no un asiento atornillado, eliminando la nefasta cuota política de cargos.

El FA y el Gobierno deben dar más y mejor participación al pueblo organizado en instancias de consulta y de resolución. Debemos ser autocríticos, eficientes en nuestras labores, siempre con espíritu colectivo, con gestión grupal, con eficacia, austeridad y honradez. Convoco a los que están hoy circunstancialmente en lugares de dirección para que entiendan que eso también supone una actitud pedagógica, ejemplarizante. Cada cosa que se diga o que se haga tiene consecuencias. Hay que ser más limpio que el agua limpia. La función pública viene acompañada de una inmensa lupa por la cual los estamos observando todos.

Lo que hemos dicho siempre: profundizar lo que hacemos bien; cambiar lo que hacemos mal y hacer lo que aún no hemos hecho. Algo que no hemos hecho o lo hemos hecho mal es crear ámbitos de prensa, de propaganda, de encuentros para decir y explicar los logros conquistados y salirle al cruce a los espejismos que quieren hacer creer que “el país se rompe por todos los costados”. Debemos afirmar con honestidad, razón y sensatez que tenemos mucho para superarnos aún y que el pueblo es quien tiene, al fin de cuentas, la última palabra.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 5 de abril de 2018

CORRUPCIÓN: JUTEPIZACIÓN O CATERETEADA por Milton Romani Gerner

Bajo el título “No me gusta lo de la Jutep”, don Ignacio (de Posadas) escribió en El País (10/3/18) que “no le gusta nada todo este catereté de corruptelas y moralinas”. Tuve que buscar el significado: pensé que era otra merienda. Descubrí que es una danza tupí que se baila en doble fila de hombres y mujeres. No importa. Lo cierto es que a mí tampoco me gusta un catereté en el que corrupción y moral puedan devaluarse en “corruptela” y “moralina”.

“Hay una realidad en nuestro país, no exenta de cierta ironía, […] como la política no es una actividad lucrativa […] impone serias restricciones y riesgos económicos a quienes la practican, los lleva muchas veces a recurrir a redes de salvación […]: designaciones, cargos de confianza y otras yerbas, para poder sobrevivir. No es fácil para un líder decirle a su gente: ‘larguen todo y vengan a trabajar conmigo, sabiendo que si no gano, quedan en la palmera’. No suena bien, ni queda muy pulcro y en ocasiones resbala a situaciones de acomodo y corrupción, pero tampoco es tan blanco y negro”, afirma don Ignacio.

Si fuera lucrativa, otro gallo cantaría, ¿no? Ni sobrevivir ni deslizarse. Ergo, ciertos niveles de corruptela son, como les digo, casi inevitables. Aunque tampoco es tan blanco y negro. Tan.

Discrepo con el editorial de la diaria del fin de semana del 17 de marzo, “Jutepización”. Discrepo con la columna de Ignacio de Posadas.

La Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep), como cualquier órgano de contralor en el terreno ético, no es una wikipedia de normas o leyes. No es cierto que la Jutep invoque el “sentir de la gente” en un desliz populista.

El examen ético en política, como en muchas profesiones, es un tema delicado. El Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio ha adoptado resoluciones en reiteradas ocasiones. Integra el patrimonio frenteamplista. No sé cómo funciona el catereré del tribunal ético del Partido Nacional. Parece que ha elegido no ser tan negro. Ni tan blanco.

Estoy de acuerdo con lo que señaló en 2003 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: “Se espera que los funcionarios e instituciones públicas se comporten de una forma que puedan soportar el más estrecho escrutinio público. Esta obligación no está cumplida completamente, simplemente actuando dentro de la letra de la ley; también implica el respeto de los valores de la función pública más amplios, como el desinterés, la imparcialidad y la integridad”.(1)

No todo puede estar escrito en la ley, y cuando se habla de conductas se debe ser prudente, pero no omiso. Por lo menos así debe ser si se trata de un organismo de contralor.

La Jutep ha tenido directorios honorables. Ha adquirido ahora mayor protagonismo. Bienvenido sea. Es esperable que sus resoluciones sean controvertidas. Se polemice o no, deberíamos saludar que exista y que actúe. Parecería de buen tono, además, aceptar sus resoluciones y recomendaciones. Se dice que la Jutep debería limitarse a lo que dicen las normas, sin ir más allá, porque eso sería extralimitarse. Lo hizo en el caso del intendente de Soriano, Agustín Bascou, marcando numerosas violaciones. ¿Y qué pasó? Nada.

En una resolución vinculada con el pedido del presidente Tabaré Vázquez respecto de su consuegro, la Jutep ha demostrado actuar con autonomía e independencia, no ha sido un apéndice de nadie. Eso es un mensaje fuerte y hay que valorarlo. Si otro hubiera sido el dictamen, tendríamos un catereté de críticas. ¿Se extralimita? No. Cumple sin doble rasero y con rigor las normas. Veamos.

El Decreto 30/2003 establece, en su artículo 11, que el funcionario público “debe observar una conducta honesta, recta e íntegra y desechar todo provecho o ventaja de cualquier naturaleza, obtenido por sí o por interpuesta persona, para sí o para terceros, en el desempeño de su función, con preeminencia del interés público sobre cualquier otro (artículos 20 y 21 de la Ley 17.060)”. También debe evitar cualquier acción en el ejercicio de la función pública que exteriorice la apariencia de violar las normas de conducta en la función pública.

Hay conductas que, sin ser ilegales, no son convenientes. ¿Son irrelevantes? Es posible. Pero si se consulta, la Jutep tiene la obligación de puntualizar y también la de recomendar. Todo asesor legal sabe si se está o no infringiendo la ley. No hay necesidad de consultar. Finalmente, la Jutep recomienda algo que todo vecino de a pie sabe: hay cosas que por la investidura no conviene hacer. Tanto es así, que el señor presidente, aun disintiendo y protestando, acata. Excelente mensaje republicano. De ambas partes.

El colmo de los colmos es afirmar que “la Jutep ya se autoconsagró como la intérprete auténtica (y superior) de un mandato popular implícito”. Lo dice quien fue ministro de Economía y Finanzas mientras su estudio fabricaba sociedades anónimas y financieras de inversión, y nunca creyó que estaba en falta ética. La teoría del herrero y el cuchillo no está plasmada en ninguna norma. Se llama coartada.

La corrupción es un monstruo grande y pisa fuerte. La izquierda no puede hacerse la desentendida. No es una piedrita en el zapato ni un catereré. Es una fosa que se ha hundido en los mejores procesos populares, a los que ha conducido a derrotas que son muy difíciles de remontar. Pega en la confianza, en el entusiasmo y en los valores ideológicos de un mundo justo de iguales. No es un tema más, y nos desafía desde el marco teórico hasta el tipo de sociedad que queremos.

No todos los problemas tienen la misma dimensión. No hay que olvidar la desigualdad estructural que impone la influencia de la riqueza en la política, vía financiación de partidos, campañas y candidatos. Dejarle este tema a la derecha mediática y a operadores judiciales espurios es un error. Hay que definir un programa de acción integral y consecuente. Caiga quien caiga. Con justicia y probidad.

En ambientes de corrupción anida el crimen organizado, se desarrollan pequeñas, medianas y grandes mafias. No viven en el barrio Marconi ni en Casabó. Conviven con nosotros, los “buenos”, se presentan en sociedad. A veces se visten con los beneficios sacrosantos del mercado, con privatizaciones de empresas públicas en América Latina, sazonadas por múltiples coimas. Claro, lo privado es mejor. Pero la corrupción no tiene divisa ni partido, no es pública ni privada. La divisa es el lucro personal.

“Está claro que asistimos, no sólo en Uruguay, a un fuerte despertar de la conciencia ética, asociada al rechazo a la corrupción y a las nuevas formas de participación ciudadana. Eso se traduce en demandas que deben ser escuchadas porque son legítimas, porque reflejan la fortaleza de una democracia que todos debemos defender y porque son el principal respaldo para aislar y castigar a los corruptos”. Es difícil no compartir estos conceptos de la Jutep en su comunicado del 21 de febrero. Hay que llevarlos a la acción consecuente.

PD: Esta nota fue escrita antes de que se conociera el uso que en el período 2000-2005 hicieron de las tarjetas corporativas ex directores del Banco República. Brutal. No valen argumentos como “los otros son peores” o “no es comparable comprarse un calzoncillo que robar para el partido”. El control democrático sobre hombres y mujeres que manejan fondos públicos es independiente de la ideología o programa político.

(1). Citado en dos resoluciones de la Oficina Anticorrupción argentina que merecen leerse: www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de-energia-y-mineria-aranguren y www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de agroindustria-luis-etchevehere.

AL EN TIEMPOS ELECTORALES (final) por Ruben Montedónico

In memorian: Jorge Gebelin, compañero, amigo querido

De acuerdo con algunos analistas la vuelta de la derecha se acepta como inevitable en América Latina y las elecciones de 2018 servirán para demostrar esta tendencia. Ese circunscribir dicho retorno se rompe cuando vemos más allá de las fronteras hemisféricas y observamos el acontecer en el Atlántico norte. Hace un par de años en Voces advertíamos el fenómeno europeo del renacimiento de poderosas fuerzas ultraderechistas en paralelo con las realidades de una migración descontrolada desde África subsahariana y Oriente.

Se advertía por entonces la detección en Austria del renacer de una formación extremista liderada por Joerg Haider que promovía a su candidato presidencial Norbert Hofer. Junto con la advertencia apuntábamos que varios partidos del tipo eran parte de los poderes ejecutivos de países de la región. En Grecia, se identificó a Amanecer Dorado y su principal dirigente, Nikos Michaloliakos -teleconductor encarcelado, acusado de gestionar una organización criminal– o los casos de Hungría, gobernada por Víktor Orbán y de Finlandia con el ministro de exteriores Timo Soini. Con seguridad se recuerdan y mencionan más los casos de Francia, por los avances políticos de Marine Le Pen, y al Partido de la Liberad en Holanda, de Geert Wilders. Y así podría seguirse recorriendo Europa.

El denominador común de estos agrupamientos -muchos de ellos triunfantes- es hoy la situación migratoria de la Europa atlántico-mediterránea que no se presentaba con tanta profundidad desde el final de la Segunda Guerra. Las autoridades de la Unión Europea parten -y así lo trasmiten a la población- del análisis basado en la existencia de una migración masiva que entiende como cuerpo extraño e invasor que no sólo ocupa puestos de empleo de los que carecen los trabajadores autóctonos sino que interpretan -alegan- para destruir creencias religiosas y la cultura occidental.

Mientras escribo estas líneas nos enteramos que un delincuente que dirige Forza Italia, miembro de una coalición, el resucitado Silvio Berlusconi -en unión con los xenófobos de la Liga del Norte y los neofascistas Hermanos de Italia- es factible que intervenga en la formación del próximo gobierno y llegue a proponer al nuevo primer ministro.

De regreso a América, no debe extrañar que si Trump desligó a EE.UU. del Acuerdo de París sobre cambio climático -en la práctica algo similar a decirle a Macron “va te faire foutre”- no debiera esperarse de él expresiones de menor intensidadmenos fraternas, de llegar a presentarse en la panamericana Cumbre de Lima, esa suerte de OEA bis. Por cierto, con Luis Almagro reverdeció aquello de apodar a la OEA “ministerio de colonias” o preferiblemente -como propone mi estimado Eduardo Contreras- la “yegua madrina del imperialismo”.

Con expresiones de derecha neoliberal que amenazan volver a hacerse de los gobiernos de la subregión según avistamientos de muchos -como me comenta Carlos Ruiz, desde México, con un ejemplo- queda claro, al igual que en el caso brasileño de Temer que “la gran mayoría no quiere que esté donde está, pero ahí está y esa es una de las muchas perversidades de la denominada democracia. Logran imponerse recorriendo callejones legales -en el mejor de los casos- o cínicamente mediante un golpe ‘técnico’ de Estado”. Regresan “para defender las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos” (extraído del último discurso del presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973).

En este punto, atento a lo planteado, sostengo de nueva cuenta que algo similar a lo actual preveía -sin intención de apostrofar la pregunta retórica “¿vieron que tenía razón?”-: la derecha siempre pretenderá el gobierno del Estado como complemento indispensable para cumplir su vocación de poder; enaltecerá y pondrá como ejemplo a seguir lo que las derechas aplican en otros países; buscará el apoyo de aquellos conjuntos que tradicionalmente han servido a sus fines, como es el caso de las fuerzas armadas y en algunos casos las policiales; atacará frontal y/o subrepticiamente a las organizaciones de izquierda, gobiernos progresistas y organizaciones populares; se auxiliará para tales cometidos de los medios de comunicación que controla; se unirá a conglomerados internacionales acordes con su idealidad y ofrecerá servicios -a la vez que demandará apoyos- de instituciones afines al capitalismo, la “libre empresa” -privatización para la globalización- y se ofrecerá al imperialismo como intermediario dependiente.

Esto último con  base en que Trump funciona como una aplanadora frente a la debilidad ideológica de quienes dicen ser representantes de las fuerzas populares, aunque es de dominio público que se trata de un tirifilo de ocurrencias irrealizables. A cualquier tipo de política de conciliación de los gobiernos progres, incapaces de sostener una firme acción anticapitalista, antepondrán el desarme y la destrucción de la disidencia. De cara a los meandros y los circunloquios de lo que denominan populismo, exigirán voces de orden que conlleven mayores índices de represión.

A pesar de mi lejanía con todo confesionalismo, aplaudo lo dicho recientemente por un hombre de iglesia, Pedro Pierre. “El pueblo de los pobres de la ciudad y del campo no ha dejado nunca de protestar y enfrentar la dominación de las minorías adineradas de cada país que los despojaron de sus tierras. (…) Resisten las imposiciones capitalistas que promueven el consumo masivo de drogas, una tecnología que nos embrutece, un consumismo adormecedor, una manipulación mediática constante, unas creencias deshumanizantes…”. América Latina es el gran caldo de cultivo de una nueva humanidad, pues hemos comprendido que “si la vida que vivimos no es digna, la dignidad es luchar para cambiarlo”, rubrica.

Un claro ejemplo de la insuficiencia demostrada por los gobiernos progresistas y que apuntamos como parte contribuyente a la posibilidad de deriva en una renovada preeminencia política de la derecha en Latinoamérica -superando y anulando los pasos positivos dados en la última década- es el de la integración regional. De acuerdo con toda evidencia, ésta no pasó del discurso y las gargantas; la integridad y la superioridad ética de la izquierda quedó por el camino. Es en cierta medida lógico que el ciudadano -a merced del sistema, sus variaciones y perversidades- busque nuevos horizontes, en ciertos casos equivocándose e inclinándose por quienes ejercen medios -incluso inicuos- de dominación.

Si se proponen formas de cambio en términos de eficiencia y de productividad, se debe establecer que sus prácticas y acciones nunca harán del trabajador un expoliado: lo deben unir a otros, hacerlo comunitario e intentar liberarlo de la alienación. Un paso en el triunfo sobre el modelo de explotación capitalista sólo será posible en tanto tengamos la virtud de imaginar y crear un modo, una forma o sistema, absolutamente diferente al que hemos tenido por siglos.

Sin ningún ánimo de pontificar -entendido como expresión dogmática dada con aire de suficiencia- e indicar cuál camino recorrer, sí entiendo que sin una teoría firme de cambio, no hay cambio posible. O como bien señalaban y señalan quienes se alinean con la izquierda: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Claro está que en el presente momento no estamos apuntando a la superación de modelo por un implante socialista que no se encuentra en el horizonte de aspiraciones democráticas de las grandes mayorías. De lo que se trata en estas circunstancias es del fortalecimiento del espacio público para usufructo de los más, que supone el abandono del modelo capitalista que privilegia el individualismo, teñido de ambiciones consumistas -en general insatisfechas- que exacerban y profundizan confrontaciones de clase.

Publicado en VOCES

AL EN TIEMPOS ELECTORALES (I) por Ruben Montedónico

Gran actividad regional presenta 2018 con elecciones en Venezuela, Colombia (que tendrá, además, legislativas) Cuba (parlamentarias y escogencia del sustituto de Raúl Castro), Paraguay, México y Brasil. Se suma la segunda vuelta en Costa Rica entre Fabricio y Carlos Alvarado, con homonimia de apellidos que llevó a considerar que eran familiares -me incluyo- lo que no es así.

El público recibe en general opiniones de diversa índole, interés y calidad, las que podemos agrupar en dos bloques: uno referido a los actos preelectorales y lo acontecido con los propios elegidos, el papel de las encuestas y hasta los niveles de concurrencia a sufragar. El otro, sobre el grupo de países por su atracción y repercusiones en los demás -política y económicamente-: Venezuela, México, Colombia y Brasil. En ambos casos, lo que más hay es el análisis político-sociológico acerca de gobiernos tenidos como populistas, progresistas o izquierdistas que inauguraron tiempos de cambio al vencer a partidos tradicionales: circula una corriente -expandida por los medios masivos y las agencias internacionales- que augura el retorno de las derechas como resultado comicial en la mayoría de los casos.

En varios países se asocia política con corrupción y aún en aquellas naciones que distan dos o tres años para sus elecciones, gobiernos y oposiciones calculan acciones en función de consecuencias partidarias y eventuales candidaturas.

Jorge Majfud indica que nadie niega que la corrupción “es un problema apremiante, grave y permanente, tanto en América Latina como en el resto del mundo. La cuestión radica en quiénes y cuándo visibilizan el asunto y con qué fines”. No existe casualidad que la lucha contra la corrupción sea parte de la agenda central de empresas de comunicación internacionales y de la Casa Blanca: judicializar la política es una práctica concertada para atacar dirigencias consideradas progresistas.

En América Latina, durante las décadas de los 80 y 90 se ejecutó un pacto entre medios de comunicación, organizaciones internacionales de finanzas y oligarquías locales para, en nombre del combate a la corrupción, llevar a cabo ajustes estructurales que angostaron el Estado, privatizando propiedades y servicios públicos y así despolitizar sociedades. El neoliberalismo se incrustó en la región y las grandes mayorías se vieron afectadas estructuralmente al ser limitadas en el acceso público.

Sin embargo, los grandes medios ocultan que los Flujos Financieros Ilegales (FFI) de las trasnacionales -denunciados por la CEPAL- hacen que América Latina deje de percibir un 4.64% del PIB regional. Con respecto a los ingresos fiscales del gobierno central dichas regalías representan regionalmente cerca del 34% de los ingresos tributarios de cada gobierno. La falsa facturación del comercio internacional como porcentaje del PBI representa en el caso Uruguay 8,4%, según un cuadro de Global Financial Integrity. En un desplegado de acciones la Red Latindadd demanda que “la gobernanza global sobre tributación y fiscalidad deje de ser patrimonio de los países ricos del norte aglutinados en la OCDE, el G20 y la Unión Europea. Dicha gobernanza debe tener un carácter incluyente y democrático, por lo que los países del Sur deben tener participación en igualdad de condiciones”.

Según Walter Rostow (representante del liberalismo) el interés estadounidense “consiste en mantener un contorno mundial para los EE. UU. dentro del cual su sociedad pueda seguir desarrollándose (…) Esta definición (…) incluye la protección física del país, pero la protección del territorio propio se considera esencialmente como un medio más amplio: la protección de un modo de vida…”: esa y no otra es la pretensión del imperio que cuenta con la complicidad de las oligarquías latinoamericanas.

Pero a esta altura permítasenos señalar que sabíamos, con abundancia de pruebas y ejemplos, qué papel jugarían las fuerzas de derecha para hacerse otra vez con los gobiernos regionales, recurriendo a la ayuda de Washington, sus agencias y agentes, para recuperar la dirección política de los Estados que le dieran beneficios al imperio, las trasnacionales y las burguesías locales.

Como campo experimental de la futura humanidad -haciendo a un lado sus propias falencias y las predicciones sobre agotamiento del modelo de dominación, que se sostiene básicamente por el sustento que le da el complejo industrial-militar-, más allá de los análisis anunciando la catástrofe y el final de su era de dominio, no podemos sentarnos en la puerta a esperar que pase el cadáver de nuestro enemigo.

Tampoco hacer una apuesta única al competidor del imperialismo creado en 2014 por el presidente chino, Xi Jinping, y la reunión en Santiago de Chile con la que prosigue su estrategia de vinculación con nuestra región en el contexto de “la franja económica de la ruta de la seda”.

Desde nuestro punto de vista debemos responder con inteligencia al desafío de clase que nos formula la derecha, que enfila sus baterías sobre la mayoría y que se proyecta como modelo de futuro.

Y con los gobiernos progresistas, populistas o como quiera llamárseles no hemos tenido un horizonte de futuro socialismo y ni siquiera emprendimientos anticapitalistas de mediano aliento. O dicho de otra manera: “sin disputa de poder no hay cambio histórico, hay cambios de administración…”

La pregunta que surge es de si a las dictaduras se las vencía exigiendo instituciones y mayores libertades, ¿con qué instrumental se combate ahora? Salta a la vista que ciertas herramientas ya no sirven, no alcanzan para agitar a las masas; existe un desgaste por quienes abusaron del “ala izquierda”, para acercar el voto de sectores populares, y giraron a la derecha al instalarse en el gobierno, controlando al gabinete económico para seguir funcionando con modelos neoliberales atenuados.

No es opción actual el depositar la libertad en una organización dirigida por una élite de militantes supuestamente instruidos, conscientes y experimentados que se ofrecen como guías y terminan como jefes.

El futuro de nuestras sociedades pasa por una democracia directa de abajo hacia arriba que no se asienta en ninguna forma de capitalismo como pretende la revisión que ofrecen el neoliberalismo o el reformismo socialdemócrata. Si esto ocurriera estaríamos creando un nuevo estamento de dominación propenso a creer en su propia supervivencia como un fin en sí mismo que busca perpetuarse en un gobierno que le asegura supervivencia.

Hace varias décadas que Bettelheim -con gran claridad- sostenía que los cambios sociales verdaderos sólo podrían esperarse y ser eficaces para las grandes mayorías a condición que procedieran desde abajo y sujetos a una permanente y pública contraloría.

No es del caso esperar del pueblo y las fuerzas anticapitalistas una pura espontaneidad, sino que para enfrentar al aceitado aparato actual de dominación no es despreciable contar con un sector esclarecido que en buena medida sirva de guía, lo que seguramente resultará beneficioso. Algo que nos viene del fondo de la historia es del caso recordarlo: un episodio de Revolución Francesa enseña que Jean-Baptiste Robert Lindet, jacobino, miembro del Comité de Salvación Pública -como tal uno de los que votó la muerte del rey depuesto- fue el único integrante que no firmó el acta de acusación contra Danton y se opuso al establecimiento del “reinado del terror” de Robespierre al declarar el 9 de Termidor “No hemos hecho la Revolución en provecho de uno solo”.

Como mi opinión sobre el tema no se acaba aquí, imitando la acción de un bien articulado puñado de “celestes” patrones rurales -acompañados por cámaras empresariales urbanas- agregué un I romano al título, “autoconvocándome” para seguir con un II.

LAS ESTRATEGIAS DE LOS CAMBIOS por Ignacio Martínez

Hay que insistir. La alternativa es clara: o avanzamos en los cambios de fondo, o nos limitamos a ser meros administradores de un capitalismo que andará a los vaivenes, procurando que no se nos vaya de las manos. Y retrocederemos.

Este año es clave: todos los Consejos de Salarios, última Rendición de Cuentas, campaña electoral, Congreso de los trabajadores, entre otras cosas.

Tenemos ejes fundamentales en torno a los que debemos hacer girar nuestra acción política, nuestras alianzas y nuestra prédica para el futuro inmediato.

Veamos. Más reactivación económica a partir de la inversión en nuestra industria cárnica, en la pesca, en la metalurgia y en el campo, ente otros, donde todos los productos tengan la mayor cantidad y calidad de valor agregado con el trabajo de nuestros obreros, nuestros artistas, nuestros técnicos y universitarios. Debemos combinar inteligentemente inversión estatal con inversión privada.

Mayor inversión también en educación. Más presupuesto nacional, sí, pero también en la profundización de los planes de estudio donde combinemos con inteligencia la formación universal de nuestros niños y jóvenes, con la formación en artes y oficios específicos, procurando una educación integradora, eficiente, atractiva.

Debemos profundizar la democrática a partir de reconsiderar nuestra propia Constitución y de ver al Estado a la luz de los dos primeros puntos estratégicos: la reactivación económica nacional para un país productivo con justicia social y el crecimiento en cantidad y en calidad de todos y cada uno de los sistemas educativos. Este tercer aspecto jurídico-legislativo-constitucional nos debe llevar a preguntarnos: ¿Necesitamos el Senado? ¿Precisamos el instituto del veto? ¿Será necesario crear el Ministerio de Cultura? ¿Podemos continuar sin entes testigos estatales para la carne, la pesca y para el desarrollo de un Plan Agrario Nacional? ¿Qué cambios se deben producir en el seno de las FFAA? ¿No será necesario incorporar a nuestra Carta Magna los institutos de la revocación de los mandatos y de facilitar las iniciativas populares para legislar?

Por último, el cuarto punto estratégico es insistir en la integración latinoamericana. ¡Por supuesto que está bien tener relaciones con todo el mundo! ¡Por supuesto que vamos a comerciar con todo el que nos ofrezca ventajas para el país y para nosotros, su gente, las grandes mayorías! Pero debemos fortalecer todas las vías de relación con nuestro continente en el terreno político, diplomático, comercial, energético y cultural.

Es imprescindible dar nuestras propias versiones de los acontecimientos del mundo y abrir la mayor cantidad de espacios para que nuestros pueblos se expresen a lo largo y ancho del continente. Ya lo decía el poeta paraguayo Elvio Romero “en paz sobre la tierra descansará el hermano cuando se viva en paz sobre la tierra y haya pan para todos” Nuestras estrategias son las que nos deben marcar los instrumentos políticos que necesitamos. Se impone un Frente Amplio que aborde estos temas de manera transversal, apuntando a la próxima realización de su Congreso. Sobre estos temas también reflexionarán los trabajadores en su congreso del 24, 25 y 26 de mayo porque saben que son temas cruciales para la pública felicidad.

Estas estrategias son las que apelan a hacer todos los esfuerzos por mantenernos movilizados, organizados, en consideración permanente de los tiempos que vivimos a nivel nacional e internacional. ¿Alguien puede ser tan crédulo de pensar que el bloque en el poder (léase los agro exportadores, los grandes financistas, los medios de comunicación masivos y los tecnócratas que les hacen el trabajo apoyados por los centros imperiales) van a dejar que transformemos la distribución de las riquezas en beneficio de las grandes mayorías? La alternativa es construir nuestro bloque de poder, profundamente democrático, popular, artiguista, latinoamericanista, de creciente participación, con un signo socialista. En torno a estos ejes, más unidad, más movimiento frenteamplista, más transparencia, más movilización, más trabajo desde abajo.

Artículo publicado en el semanario VOCES el jueves 15 de marzo de 2018

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