PONERSE EN EL LUGAR DE LAS VÍCTIMAS por Pablo Anzalone

Artículo publicado en Nuestra Voz periódico de la ONAJPU Organización Nacional de Jubilados y Pensionistas de Uruguay del mes de abril de 2022

En un momento en que está bajando la cantidad de casos y fallecimientos por Covid vale la pena reflexionar sobre cómo transitamos la pandemia como país y como sociedad. Es legítimo que haya distintos puntos de vista sobre este tema como sobre muchos otros. Sin embargo nos parece necesario aclarar que la reiteración de un discurso exitista y autocomplaciente no lo hace mas real ni mas convincente.

Es muy claro que han habido etapas diferentes en la pandemia en Uruguay. Durante 2020 nuestra sociedad tomó medidas de prevención que permitieron llegar a fines de ese año con un número muy bajo de contagios y muertes. Los aportes de la Udelar, del Gach, la solidaridad desplegada en las ollas populares, son hechos muy positivos y destacables. ¿Estuvo todo bien? No lo creo.

En lo sanitario el debilitamiento del primer nivel de atención fue un error, la subestimación de los aspectos de salud mental y vincular, así como el deterioro de la prevención y controles de otras patologías, también. La no convocatoria a los organismos de participación social del SNIS privó al sistema de los aportes de usuarios y trabajadores. No hubo una estrategia de involucramiento territorial de actores comunitarios ni gobiernos locales. Esos errores tienen consecuencias hacia adelante, dejan un panorama mas complejo en lo sanitario. Los apoyos socio-económicos a los sectores mas afectados fueron muy insuficientes (mínimos en cualquier comparación internacional), cien mil nuevos pobres, la rebaja de salarios y jubilaciones afectaron la calidad de vida y la salud precisamente de los sectores vulnerables. Pero sin duda el resultado en materia de Covid fue muy bueno si vemos los contagios y las muertes.

A comienzos de 2021 la situación fue cambiando para peor y las ideas de que Uruguay era una excepción por alguna razón mostraron su carácter ilusorio (es decir falso). Se inició un deterioro cada vez mayor. No fue un escenario catastrófico pero imprevisible. Teníamos el diario del lunes de lo que pasaba en el mundo y en la región. El Gach, el SMU y 40 sociedades científicas alertaron frente al peligro y propusieron medidas para mitigarlo. Sin embargo la decisión política del gobierno fue desoir esas advertencias, atacar a quienes las formulaban y remitir el problema a la responsabilidad individual. Ese posicionamiento, esa inacción (que es una forma de acción), contradice todos los fundamentos de la Salud Pública, que desde hace siglos se basa en que es el Estado quien debe tomar medidas para proteger a la población. Las personas individualmente no pueden lograr proteger la vida y la salud de su comunidad y mucho menos el mercado (que generalmente ahonda las desigualdades existentes) . Claro que todos moriremos en algún momento y eso es parte del ciclo de la vida. Pero las políticas de salud y todas las políticas de protección social se han esforzado para alargar la vida y mejorar la calidad de la misma. Las sociedades han acordado que eso es un objetivo fundamental y vale las inversiones y las acciones para lograrlo.

Sin embargo los informes del Gach en febrero, las propuestas de múltiples actores de “blindar” abril y luego mayo, fueron desestimadas y la cantidad de contagios y muertes subió drásticamente. ¡Fuimos el país del mundo con mayor cantidad de contagios y de fallecimientos por millón de habitantes!. Cuando teníamos todas las condiciones para un desempeño mejor.

En todo 2020 la cantidad de muertes fue de 181 y de enero a marzo de 2021 subió a 793, y luego alcanzó a 1643 en abril, 1660 en mayo, 1316 en junio.

Decíamos en junio de 2021 en un artículo para Nuestra Voz : “Más de cinco mil personas muertas es una catástrofe humana y sanitaria para Uruguay. Los intentos de minimizar la situación, de naturalizar este nivel de mortalidad y la negativa a tomar las medidas necesarias para abatir la cantidad de fallecimientos, ponen en evidencia una gran falta de sensibilidad hacia el sufrimiento de los demás. No son cifras, no son números, son personas. Cuando se trata de muertes tempranas, que podrían haberse evitado, el sentimiento de injusticia y de indignación se vuelve muy legítimo.”

La vacunación fue tardía en Uruguay por demoras en la compra de vacunas, pero una vez llegaron se desarrolló muy rápidamente. El país tiene una cultura arraigada de vacunación y los planteos anti-vacunas no salieron de un círculo muy pequeño. Las vacunas permitieron superar la primera ola de la pandemia, pero no evitaron el altísimo costo en vidas y enfermedad durante el primer semestre del 2021. Hoy tenemos mas de siete mil personas fallecidas por Covid.

En la segunda ola producida por la variante Omicron del virus nuevamente se reprodujo un escenario de subestimación y la cantidad de fallecimientos volvió a aumentar. Esta vez la menor letalidad del virus y sobre todo la amplitud de la vacunación contribuyeron a que el impacto fuera menor que en el primer semestre de 2021. Aún así en enero y febrero de 2022 sufrimos 815 muertes, es decir una cantidad mayor que en igual período de 2021.

Por todas estas razones a la hora de analizar cómo nos fue en estos dos largos años, creemos necesario ponernos en el lugar de las víctimas y sus familias. Por empatía, por solidaridad, por humanismo, por compromiso con la vida y la salud. 1d

Además del posicionamiento ético tenemos que enfrentar como sociedad un escenario complejo, lleno de dificultades. No podemos resignarnos y debemos construir políticas que logren preservar la vida y mejorar la salud en el próximo período.

#COVID-19 «No se puede hacer ese balance de éxito total todo el tiempo» por Miguel Fernández Galeano

Entrevista de Georgina Mayo a Miguel Fernández Galeano en 25SIETE Noticias

https://t.co/EkVl1gsc08

El especialista en Salud Pública, Miguel Fernández Galeano, dijo que desde el Poder Ejecutivo “solo hace un balance político-partidario de la epidemia cuando no se puede dejar de lado el balance sanitario que, a todo esto, no todo el tiempo fue exitoso”.

Indicó que no es agradable hablar de las muertes y de los casos que Uruguay registró en sus dos olas de epidemia, pero no se puede dejar de desconocer qué sucedió en Uruguay desde marzo de 2020”.

Ante el anuncio de este lunes por parte del Poder Ejecutivo de levantar el decreto que dio inicio a la emergencia sanitaria, 25siete consultó a Fernández Galeano sobre las medidas y no medidas adoptadas por el gobierno uruguayo desde el inicio de la epidemia en Uruguay.

El ex subsecretario de Salud Pública en la administración frenteamplista y especialista en Administración de Servicios de Salud realizó desde el 13 de marzo de 2020 un minucioso seguimiento del comportamiento del virus en Uruguay.

Subrayó en entrevista con 25siete que “no estamos atrás de palos en la rueda, pero no puede desconocerse que en el informe de actualización elaborado en las últimas horas por Salud Pública no está claro -desde mi punto de vista- cómo deben continuar los cuidados en la población vulnerable”.

Indicó que «no puede realizarse un balance como si el éxito hubiera sido continuo desde que empezó la epidemia en Uruguay, porque tuvimos etapas: por algo llegamos a esta cifra de fallecidos. Es de una falta de sensibilidad describir todo este período con un balance de éxito”.

Precisó que la tasa de mortalidad por millón de habitantes en Uruguay con 2,057 ocupa el lugar 36 entre los países con más de un millón de habitantes. Si tomamos los 225 países y territorios que están siendo monitoreados ocupa el lugar 44.

En todos los casos, si bien hay 5 países de la región que tienen tasas más elevadas (Brasil, Chile, Argentina, Colombia y Paraguay), «el balance global no refleja el éxito que se pretende instalar: durante más de seis semanas Uruguay tuvo el récord de fallecidos por millón de habitantes. El inadecuado manejo en la primera ola es en buena parte responsable de un resultado que está lejos de ser excelente”.

Fernández Galeano dijo que “los mas de 7.000 fallecidos pertenecen a las dos olas que registró Uruguay, punto que hay que considerar, teniendo en cuenta que Europa tuvo 6 olas de la epidemia por COVID-19”.

Las dos olas que registró Uruguay se ubican por la variante proveniente de Manaos -tras LO que el país pudo haber evitado sus consecuencias- y la segunda por la variante Ómicron, proveniente de Sudáfrica. En esta última ola, recordó, la población ya tenía un muy buen nivel de vacunación y la variante se caracterizaba además por una letalidad mucho menor.

Fernández Galeano llevó un registro diario y semanal y conoce con detalles el comportamiento del virus en Uruguay. En febrero de este año se registraron -señaló- 11.000 casos por día y hoy se registran de 500 a 600 por día. “Hay una caída objetiva los casos activos y la positividad bajó de 45% a 10%, pero aún así “el virus existe en la comunidad”.

«La posibilidad de adecuar protocolos -siguió- parece razonable, pero no está ahí la discusión. La discusión está en que en la actualización que realiza Salud Pública la vacunación no está jerarquizada como la medida efectiva para revertir la epidemia».

En los primeros 10 meses del año 2020, se registraron 181 fallecidos y desde enero de 2021 y al mes de julio de ese año, se notificaron 5.873 personas fallecidas. Fernández Galeano dijo que desde la primera ola se podía haber evitado esa cantidad de personas muertas. Explicó que así se comportan las epidemias, porque es así que en Uruguay, desde agosto de 2021 a diciembre de ese año, nuevamente bajó el pico a 206 personas fallecidas”.

Uruguay pudo haber tenido las vacunas en enero de 2021 y recién comenzó a vacunar en marzo de 2021. El especialista en Salud Pública dijo que “claro que hubiera habido personas fallecidas pero no se vacunó a tiempo y no se tomaron medidas cuando Uruguay -en abril y mayo- estuvo en la tapa de varios diarios internacionales y no tomó medidas de restricción».

Acerca de la ola generada por la variante Ómicron, desde enero de 2022 a marzo hubo 986 fallecidos, tres meses de nuevo triplican lo que sucedió en el valle que se registró entre agosto y diciembre de 2021. Fernández precisó que para llegar a 80 mil casos Uruguay precisó de casi 400 días pero subió de 80 mil casos a 320 mil en solo 80 días. Y para pasar de 320 mil a 400 mil casos precisó 177 días y cuando empezó a transitar la segunda ola precisó de otros 80 días.

Por estas variaciones -dijo- no se puede hacer ese balance de éxito total todo el tiempo. Uruguay ha tenido buenos resultados, entre otros puntos, porque su sistema de salud es un activo que tiene el país.

Agregó que ante lo que sucedía en Europa desde mediados de febrero el 13 de marzo de 2020 “se tomaron medidas adecuadas que se incorporaron en el decreto de emergencia y un convencimiento de la población en los 3 primeros meses cuando hubo una restricción muy importante, porque sobre todo los uruguayos tenemos mucha adhesión a las medidas de salud pública”. Es así que “no solo aplanamos y sino que aplastamos la curva porque hubo un acatamiento en los movimientos sociales que ayudaron a cumplir las medidas”.

Consultado por 25siete sobre que Uruguay adoptó las medidas restrictivas de la movilidad -prohibió aglomeraciones, dispuso teletrabajo en la administración pública, suspendió clases, entre otras- luego de similares medidas dispuestas en otros países, indicó que tal fue así que “las primeras conferencias de prensa se hicieron 2 horas después de las que hacía el presidente de Argentina, Alberto Fernández” y sin quitar méritos “ya teníamos el diario del lunes”. Por eso -continuó- «conociendo el diario del lunes no deberíamos haber rechazado la compra de vacunas al laboratorio Pfizer sobre octubre de 2020, compra que finalmente se realizó”.

Recordó que “Uruguay debió volverse a las restricciones cuando comenzó la ola registrada desde enero de 2021 y no lo hizo”.

«Hay que aprender lo que sucedió, decir siempre la verdad y saber que apostar a mantener los motores de la economía a cualquier costo es temerario», enfatizó

Publicada: 05/04/2022

ÓMICRON EN EUROPA: COMO “DIARIO DEL LUNES” PARA ANALIZAR LA EPIDEMIA EN URUGUAY por Miguel Fernández Galeano

Casos activos de Covid en Uruguay

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO Enero 2022

Desde fines de diciembre de 2021, con una diferencia de apenas un mes respecto de su vertiginosa difusión en Europa, nuestro país empieza a sentir con rigor los efectos de una intensa transmisión comunitaria a expensas de la variante de preocupación ómicron. Una variante cuya secuenciación genómica e identificación en Sudáfrica se produjo en los primeros días de noviembre.

Ante la incertidumbre reinante respecto a los impactos que finalmente tendrá esta segunda ola epidémica en Uruguay parece razonable intentar recoger la información epidemiológica disponible sobre la sexta ola en España que se genera a expensas de ómicron y compartir algunas opiniones que intentan establecer un delicado equilibrio entre un pronóstico catastrofista que augura resultados no muy diferentes a los que produjeron las olas anteriores y el intento muy extendido de banalizar los verdaderos efectos de esta nueva etapa de la pandemia.

Ambos extremos nos pueden llevar a cometer errores evitables y tomar opciones equivocadas en un escenario complejo e incierto tanto desde el punto de vista sanitario como social.

Estamos en una etapa sustancialmente diferente de la epidemia, particularmente en lo que hace al contexto que teníamos en la primera ola entre marzo y junio de 2021. Las respuestas de deben adecuar y acompasar con una realidad que, si bien tiene indicadores sensibles que expresan un menor impacto, también incorpora un nivel de magnitud de los contagios que tiene consecuencias inevitables sobre los servicios, el sistema y la salud colectiva.

En efecto, la variante ómicron, si atendemos a la experiencia recogida a nivel mundial, se caracteriza por ser altamente transmisible, afectando en forma particular vía aérea superior, lo que podría explicar tanto su mayor capacidad y velocidad de contagio como las propias características de una presentación clínica diferente y de menor gravedad y severidad. No requiriendo en la mayoría de los casos de cuidados críticos e ingreso a CTI, lo que naturalmente incide en la letalidad y mortalidad global.

Asimismo, ómicron escapa en muchos casos a la inmunidad que proveen las vacunas, esta suficientemente demostrada su transmisibilidad aun en personas con inmunización completa y con las dosis de refuerzo. Sin embargo, las vacunas vienen confirmando que brindan una importante protección para prevenir enfermedad grave y fallecimientos. Sobre todo, si se dieron la dosis de refuerzo.

Se entiende que la población de mayor riesgo de tener enfermedad grave son aquellas personas que no se ha vacunado, que hace más de 180 días que lo hicieron, que por estar comprometida su respuesta inmunitaria recibieron la vacuna y no generaron inmunidad, y también los que presentan comorbilidades y sumatoria de varias patologías.

También en Uruguay han aparecido voces de colegas muy respetables técnica y humanamente que adhieren a la narrativa de “convivir con el virus” que sostienen que estamos en el fin de la pandemia y en el comienzo de una endemia.

Una endemia no satura primer nivel de atención ni genera 60.000 casos como sucedió en la última semana en Uruguay. Pensamos que en una endemia no se producen un millón de casos en una semana, ni ocasiona 1.600 muertes en un mes, como ha sucedido en España y como está ocurriendo en muchos países europeos.

Una endemia no paraliza en los hechos la actividad económica, no produce bajas laborales masivas que afectan seriamente servicios esenciales, como el propio sector salud y la seguridad pública. Estamos en una ola epidémica de dimensiones pocas veces vista en el marco global de una pandemia que conmueve incluso a los países desarrollados y con mayor disponibilidad de recursos.

Encontrar explicaciones a lo que está pasando requiere un análisis detenido y basado en evidencia científica de la situación epidemiológica, de la capacidad de repuesta de nuestro sistema de salud ante la sobrecarga con la que tiene que contender las necesidades y demandas de atención (especialmente en el primer nivel), de los niveles de cobertura de las vacunas en los diferentes grupos población, y de la eficacia de las vacunas disponibles ante esta nueva variante de preocupación.

Necesitamos aprender rápidamente de los errores y de los aciertos que tuvieron los que, cuando pensaron que estaban ante el principio del fin, se enfrentaron a la necesidad de empezar a lidiar con una epidemia muy distinta, pero no por ello menos preocupante y desafiante después de haber vivido cinco grandes olas y sufrido cientos de miles de fallecidos.

El impacto de la variante ómicron en España1

Europa enfrenta un enero del 2022, con un número elevadísimo de contagios, el colapso de la atención primaria, una creciente presión asistencial a nivel hospitalario, bajas laborales en numerosos sectores y un número que en el balance primario de fallecimientos por COVID -19 de las primeras semanas no viene resultando tan pequeño y por el contrario a crecido sostenidamente a medida que se produce una incidencia acumulada de casos.

Se produce aquí aquella máxima de que un porcentaje pequeño (de muertes) en un número muy grande (de casos) termina teniendo como resultado una cantidad preocupante y dolorosa de muertes evitables. Esa es la dura realidad que afecta hoy prácticamente a la totalidad de países del continente europeo.

Se han ido solapando variantes delta y ómicron. Se trata de una ola que probablemente se alargará bastante más que las cinco olas anteriores que sufrió España debido al aluvión de casos que se han producido en el último mes.

Para describir esta situación se ha preferido decir que no estamos ante lo que habitualmente se conoce como una ola epidémica y que en realidad se asiste a un auténtico “tsunami” de casos, porque tanto el número como la aceleración con la que se producen los contagios es mucho mayor que en las olas anteriores y el ritmo crecimiento exponencial es de tan inusitada intensidad que se expresa en una pronunciada línea ascendente vertical.

En España, por ejemplo, el pasado 5 de enero tenía una incidencia acumulada en 14 días (IA14) de 2.574 por cien mil habitantes.

El 9 de enero en Uruguay la IA14 fue de 1.214, dieciocho departamentos superan el valor de 500 de IA14 lo que para la Unión Europea entra dentro de la categoría de muy alto riesgo y Montevideo, Rivera, Rocha, Flores, Soriano, Maldonado, Artigas, Durazno y Lavalleja están por encima de 1.500 casos de incidencia.

Más allá de que el “semáforo” de la Unión Europea y las categorías de riesgo que se asocian a sus diferentes colores pueden ser relativizados en un escenario de alta cobertura de vacunas, no cabe duda que tanto en Uruguay como en toda Europa asistimos a cifras que están indicando récord de nuevos casos diarios y acumulados desde el mismo inicio de la pandemia.

Según destacados epidemiólogos y salubristas españoles llaman la atención y debieran preocupar varios aspectos de la situación española actual:

  1. Elevadísima incidencia diaria y acumulada en último mes.
  2. Incidencia acumulada de los últimos siete días representa más del 50% de la incidencia acumulada de los últimos 14 días.
  3. El número de contagios sintomáticos es muy superior al que se constató olas anteriores. 
  4. El 10% de las camas hospitalarias y el 21% de las camas UCI están ocupadas por pacientes COVID-19, y estos porcentajes que están evolucionando en un rápido y sostenido ascenso en los últimos 10 días.
  5. El 30% de las pruebas diagnósticas realizadas son positivas lo que revela el altísimo grado de transmisión comunitaria del virus. 
  6. La incidencia más elevada se da en el colectivo de 20 a 49 años, grupo con menor cobertura vacunal y mayor grado de interacción social muchas veces desprotegida.
  7. Se han triplicado las bajas laborales en el último mes no solo en el sector sanitario.
  8. Aún hay 3,3 millones de personas mayores de 12 años que no tienen la pauta completa y eso les convierte en un grupo altamente vulnerable a sufrir infección severa. 
  9. El grupo etario de 20 a 39 años todavía hay un 20% que no ha recibido la pauta completa lo que explicaría la elevada incidencia en estos colectivos.
  10. La vacunación de los niños de 5 a 12 años con al menos 1 dosis es apenas del 30%; es decir, aún faltan por vacunar cerca de 2.200.000 menores.
  11. La vacunación con dosis de refuerzo aún no se completa en un 12% de los mayores de 70 años, en un 16% de las personas de 60 a 70 años y entre un 33 y un 46% en las personas de 40 a 60 años.
  12. Hay segmentos importantes de población con alta vulnerabilidad que están siendo víctimas de las infecciones agudizadas por la variante ómicron
  13. La cifra de fallecidos desde la aparición de ómicron hasta el 5 de enero ronda los 2.000 (en un periodo de poco más de un mes), es decir, se han producido más de 65 fallecimientos diarios 

La importancia de una comunicación y una conducción que garantice una gestión estratégica de la epidemia

Una comunicación pedagógica en una crisis sanitaria es fundamental. Está en la base de cualquier salida y es además de un imperativo ético la única forma de enfrentar con éxito una epidemia de la magnitud de la actual especialmente si tenemos en cuenta la fatiga pandémica y el deseo colectivo que todo termine.

Estamos ante una nueva ola y resulta imprescindible establecer las notorias diferencias existentes con la primera ola originada a partir de la variante Gamma (P1), la que transcurrió entre marzo y junio de 2021 con fuertes y dolorosas consecuencias en términos de muertes evitables.

Establecer las ventajas comparativas que tiene la evolución clínica y epidemiológica de ómicron sin perder de vista aquello que no se puede descuidar en un contexto de mucha incertidumbre y de muchas cosas sobre las que aún no existe evidencia concluyente.

Entendemos que resulta de vital importancia de evaluar los riesgos y los factores de protección que es posible poner en juego a nivel individual y colectivo, contando de forma imprescindible con la orientación y el apoyo de la autoridad sanitaria y contando también con el respaldo del Estado en su conjunto.

Sin duda las vacunas han resultado eficaces para una radical reducción de los casos graves que requieren cuidados críticos y para evitar fallecimientos. Sin embargo, un número grande de contagios aumenta la posibilidad de afectar población vulnerable y a los no vacunados. Estamos convencidos que es un error no hacer nada frenar o mitigar una escalada vertiginosa de contagios y seguir anhelando alcanzar el mito de la inmunidad colectiva o de rebaño y tampoco se debería minimizar el impacto que decenas de miles de personas que padecieron la infección y cursan la enfermedad tengan posibilidades de sufrir Long COVI-19, o peor aún COVID – 19 persistente y sus secuelas crónicas.

Explicar esto tiene efectos pertinentes para promover interacción social protegida para las poblaciones de mayor riesgo e impulsar la vacunación en aquellos que hasta ahora se han resistido a hacerlo. También es fundamental explicar el sentido, la oportunidad y generar las condiciones para mantener dentro de lo posible la vigilancia epidemiológica imprescindible para reducir los contagios y prevenir eventos que seguramente serán fuente de transmisión evitable del virus.

Tampoco debemos olvidar y es bueno que se advierta que en un contexto de transmisión comunitaria intensa aquí y en cualquier lugar del mundo se puede generar el espacio para que surjan nuevas variantes que alejen cada vez más la posibilidad de superar la pandemia.

Comunicar apelando a la pedagogía social, dando herramientas conceptuales y facilitando la gestión de la pandemia involucrando con empatía a la sociedad es también tomar medidas. Si la situación epidemiológica cambia siempre habrá que tomar medidas, no serán las mismas que las necesarias en otros momentos, pero hay que comunicar y conducir la respuesta a la epidemia. No dejar a nadie atrás, menos aún dejar a nadie solo. Instalando, en los hechos, una suerte de sálvese quien pueda.

En ese sentido, pensamos que, ante una crisis grave, una epidemia «incendiada», en el medio de una pandemia que conmueve el mundo decir que “no tomar medidas, es una medida» es un recurso retórico que desarma y traslada las respuestas a la gente. Es demasiado simple y también peligroso.

Las decisiones políticas que orientan las medidas sanitarias constituyen responsabilidades indelegables del gobierno nacional, la lealtad institucional de la oposición supone el reconocimiento del ejercicio de las mismas y también el señalamiento de las diferencias cuando existen. No deberían ser motivo de agravio y si una oportunidad para la escucha, el entendimiento y acción compartida. Estamos a tiempo, siempre. También debemos hacer desde todas las partes, todo lo posible para que suceda.

1 Fuente: Daniel López Acuña – Artículo del 5 de enero en Diario – Es – España

PROTEGER A NUESTRA INFANCIA por Pablo Anzalone

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO N.º 248 Noviembre 2021

La mayor vulneración de derechos en la primera infancia es un fenómeno que viene desde hace tiempo. Llegamos a tener 40% de la población del país bajo la línea de pobreza luego de la crisis del 2002 y en ese momento la pobreza en niñas y niños pequeños alcanzaba al 60 %. Las políticas aplicadas desde 2005 permitieron abatir estas cifras hasta 8% de la población general en situación de pobreza y 16% de la población infantil. Esta mejora sustancial en materia de pobreza e indigencia no surge de ningún derrame natural del crecimiento económico sino del fortalecimiento de la protección social a través del Plan de Equidad (en particular la asignación familiar), la ampliación del Plan CAIF, programas de cercanía como Uruguay Crece Contigo y otras medidas como la educación pre escolar desde los tres años. En materia de salud el programa de atención a la infancia se fortaleció y se generaron metas prestacionales referidas al tema para incentivar el cumplimiento de objetivos por parte de las instituciones de salud.

A pesar de estas mejoras en la situación social, las vulnerabilidades diferentes subsistieron no solo en relación con la población infantil sino también respecto a otras poblaciones como las personas afrodescendientes y marcadamente por territorios donde la desigualdad se concentra.

La crisis sanitaria, económica y social que golpeó al mundo en 2020 produjo un agravamiento de las desigualdades (BID 2020i) . Eso se sumó al predominio en nuestro país de políticas gubernamentales que priorizaron el déficit fiscal antes que atender a las consecuencias de la crisis en los sectores mas vulnerables. Una orientación a contramano del mundo entero que aumentó sus inversiones para evitar los peores impactos de la pandemia en materia socio-económica.

Tendremos cien mil nuevos pobres predijo el Instituto de Economía (IECON) a mediados de 2020, si no hay políticas que protejan a esa población. No las hubo en las dimensiones necesarias y eso significó que los datos del Instituto Nacional de Estadisticas (INE) en 2021 confirmaron las estimaciones del IECON de 2020. Más de 35 mil de esos nuevos pobres son niños y niñas. Hubo mas de 30% de aumento de la pobreza (que pasó a 11,5 % de la población) en un solo año.

Es imposible dejar de considerar los efectos en materia de salud del deterioro económico y social.

La pandemia no generó solo una crisis sanitaria sino también potenció una crisis económica y social, con fuerte afectación en dimensiones como la alimentaria, la salud mental y los vínculos. La priorización unilateral de la Covid 19 como estrategia sanitaria determinó asimismo una interrupción de controles de embarazos, programas de seguimiento en primera infancia, controles cardiovasculares y de cáncer y programas de prevención o detección temprana de muchos problemas de salud.

Los recién nacidos fueron afectados particularmente . Según estudios iide un equipo de docentes e investigadores de Facultad de Medicina en el Hospital Pereira Rossell la prematurez pasó de 12,2% de los nacimientos al 14,5 %, el bajo peso al nacer pasó de 9,8% a 12% y el tamaño pequeño para la edad gestacional de 5,5% a 6,9%, comparando cifras de 2019 con las de 2020.

Las conclusiones de Leonel Briozzoiii y su equipo muestran las consecuencias a corto, mediano y largo plazo del entorno desfavorable para el embarazo, que producen una reprogramación epigenética del feto ante ambientes adversos. El aumento en los partos prematuros y el bajo peso es grave y está vinculado con los efectos socio-económicos y el estrés generados por la pandemia, que tuvieron impactos “absolutamente devastadores en el proceso reproductivo” (Briozzo 2021). Si no se corrigen los factores vinculados a las condiciones de vida, existirán mayores riesgos de desarrollar enfermedades crónicas a lo largo de la vida de estos niños, denunció Briozzo.

Hace pocos días un artículo de La Diaria recogió la visión de Gabriel González (director de la Cátedra de Neuropediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, ex integrante del Grupo Asesor Científico Honorario GACH) sobre los efectos secundarios ocasionados en los niños derivados de las circunstancias vinculadas a las medidas tomadas durante la pandemia, que afectan a los más vulnerables. Gonzalez destacaba en esta entrevista el aumento de situaciones de depresión o ansiedad, la disminución de los controles con pediatras y el menor contacto con maestras y educadores y factores más generales como la pobreza y la inseguridad alimentaria. En la gestación y en los primeros 1000 días de los recién nacidos se forma el cerebro. La alimentación, los cuidados, los estímulos en esa etapa de la vida son claves para el desarrollo posterior, enfatizóiv.

La situación alimentaria y nutricional es preocupante. La Red de Municipios y Comunidades Saludables abordó el tema en talleres abiertos en 2020 y en un Seminario realizado en 2021 como parte del Espacio de Formación de Promotores Sociosanitariosvvi. Como señaló allí Victoria Miqueiro de la Asociación de Dietistas y Nutricionistas vii50% de los niños presenta un peso mayor al adecuado. El retraso de talla en relación con la edad paso de 5% en 2013 a 7% en 2018. También aumentó el sobrepeso, la diabetes y la anemia en mujeres embarazadas. Mas del 90% de la población no consume la cantidad de frutas y verduras recomendadas.

Gastón Ares y Alejandra Girona del Núcleo Interdisciplinario de Alimentación y Bienestar de la Universidad de la República presentaron en este Seminario cifras significativas de la crisis alimentaria:

1 de cada 6 hogares con niños, niñas y adolescentes experimentaba inseguridad alimentaria grave o moderada en setiembre de 2020. Casi 3 de cada 10 menores de 2 años presentan anemia. Cuatro de cada 10 niños, niñas y adolescentes entre 5 y 12 años presenta sobrepeso u obesidad. No es una malnutrición que afecte solo a los niños, 6 de cada 10 adultos presenta sobrepeso u obesidad.

Estamos hablando del acceso a alimentos en cantidad suficiente y de calidad adecuada. En ambos aspectos hay un déficit importante con múltiples consecuencias.

Junto al incremento de la pobreza sufrimos en América Latina una ofensiva comercial que ya tiene varias décadas, por parte de una decena de grandes compañías multinacionales de producción de alimentos con altos contenidos de sodio, grasas y azúcares. La OPS estudió este incremento del consumo de productos con impactos perjudiciales para la salud. Surge de estas investigaciones que en toda América incidió este fenómeno y que Uruguay es uno de los países donde este aumento fue mayor. Las políticas de etiquetado por excesos para informar y alertar a la población respecto a estos productos fueron una respuesta a esta situación crítica en varios paises contando con el apoyo técnico de OPS. En Uruguay costó casi un quinquenio alcanzar la aprobación de esta norma. En la implementación sus criterios técnicos fueron modificados a la baja en 2020 para exonerar productos sin fundamentos científicos para ello. Hoy la norma está vigente pero no existen campañas de sensibilización que estimulen la comprensión por la población consumidora y procuren decisiones mas saludables en materia alimentaria.

La crisis vinculada a la pandemia y las respuestas a la misma, incidieron en un escenario que ya era complejo, donde la erradicación del hambre y el derecho a la seguridad alimentaria y nutricional estaban lejos de alcanzarse. En 2020 sufrieron hambre 768 millones de personas en el mundo, 118 millones de personas más que en 2019 (14 millones más en América Latina). La inseguridad alimentaria (moderada o grave) aumentó solo en 2020 lo mismo que los cinco años anteriores juntos.

Casi una de cada tres personas (2370 millones) fue privada del acceso a alimentos adecuados, aumentando casi 320 millones de personas en solo un año. Estamos hablando de 12% de la población mundial que sufrió inseguridad alimentaria grave en 2020.

En muchos países la solidaridad surgió desde la sociedad y los sectores populares ante la situación críticaviii. En Uruguay la creación de más de 700 ollas y merenderos populares fue una respuesta solidaria y colectiva a la crisis alimentaria, en condiciones de pandemia y de deterioro social. El entramado comunitario dio muestras de una gran fortaleza y de su apego a valores solidarios y de acción colectiva, con escasos apoyos del Estado ix.

La acción comunitaria no es nueva en Uruguay, forma parte de sus mejores tradiciones en salud (un ejemplo son las policlínicas comunitarias) y en muchas otras áreas.Jorge Bentancur de la Organización de Usuarios de Salud del Oeste relata cuando en 2006 nacía como prioridad de los vecinos la Red de Primera Infancia integrada por Centros Educativos y de salud del territorio. En esta zona se producían 34% de los nacimientos de Montevideo y 10% de los nacimientos del país, con cifras de pobreza muy superiores al promedio nacional (60% de los hogares estaban bajo la línea de pobreza). Bentancur transmite como fueron asambleas de vecinos que definieron prioridades y elaboraron un Plan de Salud, dentro del cual la primera infancia ocupaba un lugar relevante. Ese trabajo en Red, significó una forma de potenciar los esfuerzos que se realizaban desde los centros de atención a la primera infancia, las policlínicas y actores locales, coordinando, denunciando, reclamando y proponiendo para mejorar la atención. Una y otra vez los usuarios organizados y los actores locales llamaron a las autoridades para ampliar la Red de CAIF y llegar a más niños. Durante la pandemia continuaron funcionando por via zoom haciendo un seguimiento de las situaciones existentes y las respuestas a dar. Hoy se movilizan para evitar el retiro de los planes sociales del Mides, en momentos en que la sociedad los necesita más que nunca.

En lugar de replegarse la protección social por parte del Estado debe profundizarse con carácter universal y con énfasis en las poblaciones mas vulneradas en sus derechos. Un ejemplo de ello es el Plan ABC de la Intendencia de Montevideo. Dentro de ese plan la Intendencia de Montevideo está desarrollando un Programa de Apoyo Alimentario (PAA) destinado a responder a las situaciones de malnutrición por déficit en embarazadas y niñas o niños menores de tres años detectados por la labor de las policlínicas IM. Las familias captadas por estas policlínicas que tienen una larga trayectoria de trabajo comunitario, son vinculadas al PAA que incluye seguimiento mensual de salud, educación nutricional, facilitar el acceso a las prestaciones sociales y un apoyo monetario para la compra de alimentos. El equipo técnico coordinador tiene un amplia experiencia y el apoyo del Nucleo Interdisciplinario de Alimentación y Bienestar de la Udelar es un elemento importante que refuerza al programa. La detección de casos de desnutrición en esta población es un hecho grave desde el punto de vista sanitario y social, previsible por el incremento de la pobreza, pero alarmante como síntoma de una situación crítica. No por las cifras que irán evolucionando dentro del proceso de implementación y refieren a la población que se atiende en los servicios departamentales, sino porque son la punta de un iceberg mucho mayor, que requiere mediciones en todo el país y sobre todo soluciones, respuestas concretas.

i BID (2020) . La crisis de la desigualdad: América Latina y el Caribe en la encrucijada / editores, Matías Busso, Julián Messina. (Monografía del BID ; 837) Banco Interamericano de Desarrollo.

iiCovid-19 y consecuencias de las medidas sanitarias: nacimientos prematuros aumentaron 21% en población vulnerable entre marzo y setiembre de 2020 | la diaria | Uruguay

iiiEl efecto de la pansindemia en el proceso reproductivo: el caso uruguayo | la diaria | Uruguay

ivEl neuropediatra Gabriel González advierte que urge invertir en la primera infancia para mitigar el impacto de la pandemia | la diaria | Uruguay

vSeminario RED MCS 29.07.21 – YouTube

viSeminario RED MCS 22.07.21 – YouTube

viiConferencia de Victoria Miqueiro de AUDYN. – YouTube

viiiRED SOLIDARIA DEL BARRIO LAVALLEJA. – YouTube

ixTestimonios de Ollas del Oeste de Montevideo – YouTube , ROSALIA RODRIGUEZ de la Olla y Merendero SUMANDO ESPERANZAS del barrio Federico Moreira de SALTO. – YouTube

LAS FORTALEZAS Y LOS LIMITES DE LAS VACUNAS por Miguel Fernández Galeano

Nuevas variantes virales que desafían al mundo

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO 246 Septiembre de 2021

Uruguay goza actualmente de un escenario pandémico controlado, pero es pertinente y a la vez prudente decir que no todo está terminado. Partiendo de la experiencia reciente de la evolución de la epidemia en Israel, en un contexto creciente y extendido de variantes virales que preocupan, con una alarmante inequidad en el acceso a las vacunas a nivel mundial y considerando muy improbable lograr la inmunidad colectiva o de rebaño, vale la pena analizar las fortalezas y los limites de las vacunas disponibles hasta el presente. Tanto a nivel global, como en nuestro propio país. A punto de partida dicho análisis pueden surgir algunas orientaciones sobre como seguir manejando las políticas integrales de prevención y control de la epidemia.

Lo que nos muestra Israel

La información reciente sobre la evolución de la epidemia en Israel es reveladora de que es posible consignar la existencia de importantes límites con las vacunas. Sin lugar a dudas, han demostrado en forma elocuente que protegen en relación a la severidad de la enfermedad y el riesgo de muerte, pero lo hacen con mucho menor impacto frente la transmisión viral y el riesgo que comporta la infección. En efecto, las vacunas disponibles no son “esterilizantes” no impiden la propagación del virus.

Además, vienen demostrando menos eficacia ante las nuevas variantes que van surgiendo, como la Delta, que posee una mayor contagiosidad y virulencia. En agosto Israel registro una alta tasa de incidencia a pesar de contar con gran parte de la población inmunizada, aproximadamente 10.000 nuevos contagios cada día y una tasa de positividad de 5,5% en las pruebas efectuadas.

El virus muta y se adapta en forma constante y puede generar variantes en todo el planeta. Hay una considerable posibilidad de surgimiento de nuevas variantes las que pueden ser una amenaza no solo por su contagiosidad y severidad, sino también por el riesgo de que escapen del efecto inmunogénico de las vacunas actuales. Dosis de refuerzo, con el mismo tipo de vacunas que no respondan a los antígenos necesarios para neutralizar a los nuevos virus, finalmente no van a poder brindar la protección que es necesaria.

Habrá que preparar formulaciones, o sea “nuevas vacunas, las que nos podrían llevar a tener que implementar campañas de inmunización periódicas, que no tengan que ser totalmente distintas, sino que incluyan los antígenos asociados a otras mutaciones.

Es fundamental realizar una estrecha vigilancia genómica sobre el comportamiento de las variantes ya conocidas del SARS-CoV-2 y evitar el surgimiento de nuevas que pasen a ser motivo de riesgo y no descartar la posibilidad de tener que “volver a empezar” en el control de la pandemia ante la ineficacia de las vacunas actuales. Nadie puede asegurar hoy que esto pase, pero tampoco tenemos certezas de lo contrario.

En el caso del Israel, más allá de que la variante Delta más allá de sus características, les llegó otra ola de contagios, porque estaban en un valle entre dos olas, y los encontró con un importante grado de flexibilización de las medidas preventivas, con gran confianza en que la epidemia era cosa del pasado. Ahora, con el “diario de lunes” sabemos que lo que nunca se puede hacer con este virus es confiarnos, subestimarlo y tener que salir nuevamente a correrlo de atrás.

Las variantes que preocupan

La OMS reconoce actualmente cuatro variantes de denominadas con acierto como “de preocupación”: la Alfa, hallada inicialmente en el Reino Unido y presente en 193 países; la Beta, localizada inicialmente en Sudáfrica y notificada en 141 países; la Gamma (o P1), identificada inicialmente en Brasil y notificada en 91 países; y la Delta, encontrada en la India y presente en 170 países.

La variante Delta sigue siendo una de las que requieren especial atención, si bien las vacunas disponibles enlentecen la transmisión no se han demostrado capaces de cortarla totalmente y además con el paso del tiempo (entre 6 y 8 meses) pierden capacidad de respuesta inmunogénica por un franco y sostenido descenso de los anticuerpos neutralizantes. Lo que sigue siendo una fortaleza fundamental es la capacidad demostrada en millones de personas vacunadas de proteger de la gravedad y la muerte.

En los países como Uruguay en donde ha habido una circulación hegemónica de la variante Gamma – P1 se observó que, si bien la Delta terminó ingresando, su difusión y eventual predominio se viene realizando en forma más lenta y aún no es posible confirmar su circulación comunitaria, aunque el brote reciente en el Hospital de Clínicas es un indicador que la misma ya estaría ocurriendo.

Al mismo tiempo, se vigilan otras variantes, entre ellas la Mu. Todavía calificada por la OMS como “de interés”, un grado inferior a “de preocupación”, que se notificó por primera vez en Colombia, en enero de 2021. Está presente también en Brasil, Estados Unidos y algunos países de Europa, pero hasta el presente la transmisión comunitaria sigue siendo muy esporádica. Presenta mutaciones que podrían implicar un riesgo de escape inmunitario, es decir, que evada la respuesta inmune de las vacunas; pero se necesitan más estudios que permitan conocer con mayor profundidad sus características.

En los últimos días se ha conocido el surgimiento de una nueva mutación del SARS-CoV-2, una sub estirpe de la variante sudafricana, Beta , bautizada como C.1.2 que podría tener más elusividad a las vacunas, sin embargo la OMS aún no la considera como una variante de preocupación.

Una alarmante inequidad en el acceso a las vacunas

Sólo el 30% de la población mundial ha recibido una dosis y no hay garantía de que aun generando una amplia política de donaciones de dosis (que hasta el presente no ha pasado de lo declarativo) se logre llegar en el corto plazo a los niveles necesarios de cobertura para frenar a escala planetaria la pandemia.

En el campo del progreso en las donaciones en las últimas semanas la aguja se ha movido muy poco. El porcentaje de dosis prometidas aumento un 2%, llegando a un misero 12%. Las dosis totales administradas aumentaron en 20 millones, lo que pone en evidencia la urgente necesidad de avanzar mucho más para empezar poner fin a esta desastrosa e inaceptable desigualdad en el acceso a un bien público universal, que nunca debería quedar condicionado al poder o la capacidad de pago de los países.

Tampoco hay certeza de que todos los países vayan a poder financiarlas. El precio, por ahora, no ha hecho más que aumentar en el caso de las dosis de ARNm (Pfizer y Moderna), aunque se maneja como alternativa optar por otras que usen diferentes plataformas tecnológicas y sean más económicas (AstraZeneca, Sputnik, CoronaVac, Sinopharm).

De hecho, algunos países, como Uruguay, lo hicieron, cuando la oportunidad para la adquisición de las vacunas de Pfizer había sido desestimada, pero para la mayoría de la humanidad, amenazada toda por igual en la exposición al virus y la enfermedad, el acceso a la inmunización completa luce como una quimera inalcanzable si queda sujeta a las posibilidades económicas de comprarlas.

No se está planteando la opción de liberar las patentes. Una opción, que podría rebajar el precio, aunque no hay seguridad de ello, pero que también podría desincentivar la inversión privada para la búsqueda de nuevas dosis que se adapten a futuras mutaciones que eludan la inmunidad. Si bien es cierto que parte de los fondos empleados por estas empresas han sido sistemáticamente aportados por los estados, para que sean las empresas farmacéuticas privadas las que finalmente obtengan beneficios varias veces billonarios en dólares.

En este punto, vale la pena recordar, como lo ha hecho en estos días un colega hablando de la inequidad en el acceso a las vacunas, lo que dijo Jonas Salk, el científico que desarrollo la vacuna contra la Polio cuando le preguntaron porque no había patentado y obtenido los beneficios económicos de un invento que iba a prevenir miles de millones de muertes y secuelas en el mundo: “¿Acaso se puede patentar el sol?”.

En un contexto de escasez de vacunas, el 83 % están concentradas en estados con nivel de ingresos alto o medio-alto, dejando un 0,1 % de las dosis a los estados de nivel de ingresos bajo. Se verifican también importantes brechas territoriales al interior de los países. En EEUU, por ejemplo, un país con altas tasas promedio de vacunación, las poblaciones más pobres, como los afrodescendientes y los latinos, tienen menor acceso a vacunas, mayores tasas de mortalidad por COVID-19 y sus comunidades forman parte de los principales brotes epidémicos. La inequidad vacunal también se expresa dramáticamente al interior de cada país reflejando los determinantes sociales de la salud y las injustas e innecesarias desigualdades socioeconómicas existentes.

Hay países como Canadá que han acumulado un número tan desmesurado de dosis que representan nueve veces su población objetivo y millones de dosis se terminan venciendo en su vida útil antes de ser utilizadas. Lo mismo está ocurriendo en varios estados de EE. UU y en varios países de Europa. Se estima que para finales de 2021 los países ricos tendrán a disposición un billón de vacunas más de las que necesitan.

África es el segundo continente en población, pero también es el que menos vacuna. De los 54 estados africanos, solo Marruecos ha inmunizado con al menos una dosis al 34% de la población. Le siguen Túnez y Guinea Ecuatorial, con menos del 15%. El resto no llegan siquiera al 10 % y siete países, en los que viven 131 millones de personas, están por debajo del 1 %. Uno de los casos más graves es el de República Democrática del Congo, que ha vacunado a menos del 0,1% (80.000 vacunados) de una población que supera los 86 millones.

Para reducir el riesgo de que surjan nuevas variantes que escapen a la capacidad inmunogénica de las vacunas hay que bajar la incidencia y vacunar ampliamente en el mundo entero, y esto no se está logrando. Se está haciendo en Europa y en EEUU, algunos países de Latinoamérica, pero se está muy lejos en la mayoría de los países en desarrollo.

Los estados se deberían centrar en priorizar vacunar a nivel global. Los países tienen que tener claro que, por muy altas coberturas que tengan, no se va a conseguir nada si el virus circula libremente en el mundo, se replica y surgen mutaciones. Mientras no vacunemos a la población susceptible en el mundo, no vamos a estar libres del virus y de su circulación, cuantos más contagios haya, más variantes se generan, y es preciso volver a insistir que estas pueden eludir a la eficacia de las vacunas. 

Hay que hacer un balance entre la vacunación del mundo y las reservas y refuerzos indispensables para la mejor respuesta en cada país. Ahora, con la información disponible, la protección podría estar llegando a lo sumo a un año, y sólo con los anticuerpos, porque también se debe tener presente que es preciso considerar la inmunidad celular, tema sobre el que aún no hay estudios concluyentes.

Lo que se ha demostrado plenamente es que la pauta completa ha evitado una ola de fallecimientos por el virus. En Europa la pauta de dos dosis ya ha evitado una quinta ola catastrófica en mortalidad. En los países de nuestra región de las américas con alta cobertura de personas vacunadas viene aconteciendo lo mismo. Uruguay es en ese sentido un claro ejemplo de ello.

En ese contexto, el enorme logro científico que supone haber producido en tiempo récord vacunas que han demostrado en la vida misma una gran efectividad para evitar enfermedad grave y muerte de millones de vidas humanas, se ve seriamente eclipsado por el hecho de que las mismas no están disponibles para aquellos que no están en condiciones pagarlas, ni muchas veces tiene el poder para exigirlas.

Un impresentable y vergonzoso espectáculo de falta de solidaridad, pero también un profundo error sanitario que no tiene presente que de una pandemia nadie sale solo. Que, para superar el virus, que para detener la enfermedad y sus consecuencias salimos todos o no salimos.

La ilusión de la inmunidad colectiva

Llevamos meses hablando de la posibilidad de la inmunidad de “rebaño”, que preferimos nombrar como inmunidad colectiva, pero desde el principio, se intuía que sería muy difícil de lograr y desde hace unos meses sabemos casi con certeza que será imposible alcanzarla. Así lo manifestaba en el mes de mayo en una entrevista de prensa el académico Rafael Radi (Coordinador del GAH en aquel momento) y los hechos le están dando la razón.

Con las vacunas disponibles la inmunidad colectiva es una ilusión, son muchos expertos en el mundo que afirman no se puede lograr, los vacunadosno pierden la posibilidad de contagiary todavía lo hacen con bastante “eficacia”, como lo demuestran nuevas olas de casos en varios países con niveles de cobertura en el entorno del 70% de la población objetivo.

Los vacunados no son ese “escudo” donde se frena la infección, la mayoría pueden ser personas pueden padecer enfermedad asintomática, a pesar de que la probabilidad de que alguien se infecte es significativamente más alta si no está inoculado y así como también que padezca la enfermedad con mayor gravedad y alto riesgo de morir.

Otro factor que también está sobre la mesa y que se enfrenta a la inmunidad colectiva es el de la duración de los anticuerpos y su respuesta para hacer frente al virus pasado el tiempo tras la vacunación o la infección natural. Aún no sabemos cuánto tiempo dura la inmunidad y si será estable. Por eso tenemos que ser muy cautelosos y no pensar en porcentajes en cuanto a inmunidad de rebaño.

Este aspecto junto a las nuevas posibles variantes hace que no podamos pensar en la inmunidad como un porcentaje ni como una meta teórica tenemos necesidad de incorporar un conjunto de factores dinámicos que surgen en la propia evolución de la epidemia. Mientras en la mayoría de los países a nivel global se avanza lentamente en la vacunación, esa inmunidad no servirá porque, aunque la consigamos puntualmente a nivel local el resultado será inestable y frágil.

Para poder hablar de inmunidad de grupo con un alto porcentaje de población vacunada tendrían que darse dos condicionantes que, en el caso de la pandemia por COVID-19, parecería que no se van a cumplir. Que las vacunas que se usan sean esterilizantes, es decir que impidan la infección y que la inmunidad natural o artificial por las vacunas tenga efectividad en el tiempo de duración mediana o larga. 

La vacunación se viene confirmando como un excelente dispositivo de control de las olas de catastróficas de contagios que se produjeron hasta que se llegó a porcentajes altos de vacunación (en el entorno del 35-40%), sobre todo en cuanto a enfermedad y mortalidad, pero no es lo que va a acabar con la pandemia, con las que se dispone hasta el presente no se está logrando una respuesta suficiente y definitiva.

Uruguay goza actualmente de un escenario pandémico controlado, pero no todo está terminado

En los primeros días de setiembre, después de catorce semanas la tasa de reproducción (R0) volvió a ser mayor a 1. Asimismo, el promedio de casos diarios y los casos activos subieron por primera vez después un descenso sostenido desde fines de mayo que se había llegado a casi 4.000 casos diarios a un acumulado de 40.000 casos activos.

El promedio diario de fallecidos en la semana (F7) es el más bajo desde noviembre de 2020 llegando a ser menor que 1 (0.71) Los valores de índice (P7) de Harvard de la semana del 30 de agosto al 5 de setiembre están nivel de riesgo amarillo a nivel país y en 12 departamentos. Rio Negro, Flores, Durazno y Lavalleja están en zona de riesgo verde (<1).

Por otro lado, en Uruguay y 8 departamentos la incidencia acumulada en 14 días IA14 – Unión Europea (semanas 76 – 77) están en riesgo medio naranja (IA14 entre 26 y 149 y positividad menor al 4%) y 11 departamentos están en nivel de riesgo verde (Rocha, Colonia, Tacuarembó, Artigas, Flores, Florida, Paysandú, Florida, San José, Río Negro, y Lavalleja) (menos de 25 de (IA14) y una PP7 menor al 4%). Todos los departamentos están por debajo de 70 de IA14 y 16 de ellos por debajo de 50. Hace dos meses 14 departamentos superaban una IA14 de 1.000.

Para terminar un breve resumen de la situación epidemiológica, digamos que el porcentaje de test positivos sobre el total de test realizados, que desde el 16 de julio es menor al 5%.

Ello podría estar asociado, en parte, a la celebración de la “Noche de la Nostalgia” pero muy especialmente a un incremento de la transmisión comunitaria extendida de la variante Delta en el contexto, al que no escapa Uruguay, de las limitaciones en la contención de los contagios que tienen las vacunas y que hemos señalado en los apartados anteriores. Tampoco la ansiada búsqueda de la inmunidad de rebaño aparece, como también lo dijimos más arriba, como un espejismo inalcanzable.

A pesar de cambio moderado en la evolución de las últimas semanas de la epidemia, con un excelente nivel de cobertura de la población plenamente inmunizada, el país goza actualmente de un escenario pandémico controlado.

Sin embargo, si la transmisión vuelve a crecer y mantenerse relativamente alta en otro período, podríamos ingresar a la situación de riesgo de tener que enfrentar nuevas mutaciones de la Delta y en ese escenario la situación podría volver a complicarse.

Especialmente en lo que refiere al aumento de los contagios, aunque en principio esto no tendrá por qué verse reflejado en el número de casos que requieran cuidados críticos y consecuentemente no tendría las dramáticas consecuencias que padecimos con el enorme número de fallecidos en el primer semestre del 2021.

Según los profesionales que vienen haciendo el seguimiento genómico de las variantes virales estaríamos a pocas semanas para que puede llegar a la circulación comunitaria de la variante Delta. Se puede suponer que una vez que se confirme en un mes habrá un cambio importante como el que aconteció con la mutación Gama (P1), que fue detectada en febrero y a fines de abril ya abarcaba más del 80% de las muestras.

La situación de Uruguay tiene algunas diferencias con la evolución de la epidemia en otros países con iguales niveles de vacunación, tiene una la altísima tasa de vacunación en todos los grupos etarios, implementó la tercera dosis de Pfizer a los vacunados con CoronaVac y con la ola de contagios de abril – junio la proporción de población la inmunidad adquirida por infección es significativa y muy reciente. A ello se suman el conjunto de factores demográficos y los niveles de movilidad comparativamente menores respecto de otros países que explicaron que la curva estuviera literalmente “aplastada” de marzo a noviembre del 2020.

En este escenario, aunque crezca el número de casos por el aumento de la movilidad social a consecuencia de la flexibilización de la actividad y la apertura de fronteras en combinación con la muy probable diseminación de la variante viral Delta, lo deseable sería que Uruguay se mantenga en zona tetris (con capacidad de rastreo, testeo y aislamiento) o al menos se pueda volver a ella rápidamente. Deberíamos mantenernos en un equilibrio de número bajo de casos y en el cual la positividad sea menor a 5 % de tal modo que el modelo de intervención tetris se pueda implementar efectivamente. Recordar que el número para el poder implementar tetris se había definido en 200 casos diarios

En ese sentido estamos a favor de la reapertura de actividades de forma gradual, progresiva y monitorizada. Un regreso a la actividad que permita superar las consecuencias sociales, económicas y sanitarias de una epidemia que lleva mas de un año y medio. Un retorno a funcionamiento de la economía y a la vida social que en forma simultánea sea atentamente evaluada, estando dispuestos a retroceder si fuera necesario.

Teniendo en cuenta los límites que tienen las vacunas para enfrentar las variantes actualmente existentes y sobre todo para frenar la aparición de variantes nuevas que pueden surgir en el escenario que se configura en un mundo que está lejos de estar plenamente protegido.

En un mundo donde el egoísmo y falta de solidaridad, que además de representar una catástrofe global en términos de ética, compromete y desafía la salida definitiva a una crisis sanitaria mundial que requiere de otros valores y otras decisiones, tan urgentes como necesarias.

COVID Y CRISIS SOCIAL por Pablo Anzalone

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO JULIO 2021

La peor derrota

Uruguay está superando la primera ola de la pandemia COVID 19, que dejó un altísimo costo en vidas humanas. Como constata bien Adriana Peveroni ifue un partido que Uruguay perdió, con casi 6 mil fallecimientos. Miles de muertes evitables si se hubiera optado por otra política sanitaria y social en 2021. La peor derrota que hemos sufrido como sociedad en muchos años.

Mientras en Uruguay vamos saliendo del primer pico de la pandemia, el mundo se alarma frente a la cepa Delta y sus variantes. Como pasó a fines de 2020 la idea de que seremos la excepción y estas nuevas amenzas no nos golpearán, entra dentro de la categoría de ilusiones peligrosas. Este tipo de imaginario puede tranquilizarnos pero no nos permite prevenir eficazmente las situaciones críticas. Valorando, defendiendo y promoviendo la vacunación pero siendo conscientes de sus limitaciones.

Determinantes sociales de la situación sanitaria actual

Pero además hay otras dimensiones que operan en la salud. Desde hace mucho tiempo se sabe que los determinantes socio ambientales de la salud son factores fundamentales para cualquier esfuerzo que busque mejorar la condición sanitaria y la calidad de vida de las personas.

Un informe reciente de OPS iireafirma un concepto fuerte; la pandemia de COVID-19 no solo ha puesto en evidencia las grandes desigualdades e inequidades que existen en America Latina sino que las ha profundizado.

Las medidas para evitar contagios como todas las acciones de prevención y promoción de salud están vinculadas estrechamente con las condiciones sociales, económicas y culturales de la población y en particular de los grupos y territorios vulnerables. La OPS afirma que la vulnerabilidad ante la COVID está determinada fuertemente por los contextos sociales, económicos y politicos. Concluye que en esta región las inequidades vinculadas con la clase social, el género, la raza y el territorio son producidas por mecanismos de distribución de poder marcados por la desigualdad y la injusticia.

A esas vulnerabilidades que provienen de situaciones sociales adversas y desiguales pre-existentes se suma la vulnerabilidad relacionada con las dificultades para cumplir efectivamente las medidas de prevención disminuyendo la exposición al virus. En el caso de Uruguay se suman asimismo a la ausencia de acciones gubernamentales efectivas durante la ola de la pandemia y la priorización del déficit fiscal por sobre la salud de la población entre los objetivos de la política pública.

El informe de OPS menciona entre los efectos sobre la salud (en el corto, mediano y largo plazo) a la malnutrición por déficit de nutrientes y calidad de alimentación insuficiente; a problemas de salud mental como ansiedad y depresión; al agravamiento de patologías prevalentes por el retraso en los controles y cuidados. También refiere a otros problemas graves como la violencia doméstica, con impacto en la salud de las familias, y sobre todo de mujeres, menores de edad y personas mayores.

Ignorar o minimizar estos problemas críticos sería una grave equivocación. No alcanza con la labor asistencial de los servicios de salud, sino que es imprescindible definir Objetivos Sanitarios Nacionales con metas y líneas de acción claras. La participación social y el trabajo intersectorial son dos ejes de acción a priorizar ante esta crítica situación, apoyándose en las fortalezas del entramado sociocomunitario.

En una dirección similar el último informe de FAO OPS UNICEF sobre la situación alimentaria y nutricional en el mundo es muy fuerte en su caracterización de la crisis. El compromiso mundial de terminar con el hambre y la malnutrición en todas sus formas para 2030 estaba lejos antes de la pandemia de la Covid 19. La Covid empeoró mucho esta situación. Luego de 5 años sin variaciones la subalimentación aumentó 1,5 puntos porcentuales en 2020 llegando casi a 10% de la población.

En 2020 sufrieron hambre 768 millones de personas, unos 118 millones de personas más que en 2019 (14 millones más en América Latina). La inseguridad alimentaria (moderada o grave) aumentó solo en 2020 lo mismo que los cinco años anteriores juntos.

Casi una de cada tres personas (2370 millones) fue privada del acceso a alimentos adecuados, aumentando casi 320 millones de personas en solo un año. Estamos hablando de 12% de la población mundial que sufrió inseguridad alimentaria grave en 2020.

¿Es un problema de otros paises, realidades lejanas que no nos afectan ?

En Uruguay se vive una importante crisis alimentaria que surge de un agravamiento de la inseguridad alimentaria junto con la epidemia de sobrepeso y obesidad. El sobrepeso y la obesidad están vinculados a mayor afectación por hipertensión, problemas cardiovasculares y cerebrovasculares, diabetes, cáncer. Es el resultante del gran incremento en el consumo de productos con exceso de sal, azúcares y grasas. Al mismo tiempo estudios recientes sobre hogares con niños y hogares con adolescentes muestran un alto grado de inseguridad alimentaria.

Las ollas populares que siguen existiendo (y aún aumentando en 2021 en algunas zonas) un año y medio después del comienzo de la pandemia son una demostración insoslayable de la gravedad de la crisis alimentaria. También son una evidencia clara de la falta de una política pública adecuada desde el Estado para responder a ese padecimiento. Se trata de un problema de salud pública de enorme trascendencia.

Los aumentos en la Tarjeta Uruguay Social, las asignaciones familiares del Plan de Equidad, las canastas de alimentos, y muy pocas medidas más, fueron acciones puntuales, insuficientes en montos y sin continuidad. No movieron la aguja.

La solidaridad fue muy amplia de diversas formas. Sin embargo el aporte normatizado legalmente al Fondo Covid solo abarcó a una franja de funcionarios públicos y los montos recaudados fueron escasos.

Como señaló Daniel Olesker la situación de 2021 es producto de lo que se hizo en materia económica en 2020. Mientras 100 mil personas quedaban bajo la línea de pobreza y se destruyen 50 mil empleos, el 1% y el 5 % más ricos aumentaron su riqueza. Somos hoy un país mas desigual y más injusto.

Todos los organismos internacionales recomendaron a los gobiernos incrementar sustantivamente sus inversiones en protección social. Las “gráficas de la verguenza” mostraron a Uruguay entre los primeros paises del mundo en muertos por millón de habitantes y de los últimos en inversiones para sostener a las poblaciones vulnerables.

La solidaridad popular en las respuestas

Un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales (liderado por Anabel Rieiro y un equipo de docentes y estudiantes) sobre Ollas y merenderos populares en Uruguay 2020 los caracteriza como “Tramas para sostener la vida frente a la pandemia” iii.

En un contexto complejo, lleno de dificultades, surgieron alrededor de 700 experiencias de ollas y merenderos populares apoyados en el entramado comunitario diverso de diferentes territorios del país (403 en el Interior, 59% del total y 284 en Montevideo, 41% del total). La cantidad de porciones servidas da una idea de su alcance que llegó en abril 2020 a un promedio semanal de 385.000 platos de comida, es decir 55.000 porciones diarias. Durante abril y mayo de 2020 se sirvieron unos 2.959.000 de platos de comida. Si pensamos en los 15 meses las Ollas Populares brindaron muchos millones de platos de comida, una respuesta superior a los programas estatales de protección social en alimentación.

El estudio de FCS refiere que los grupos organizadores fueron de tipo vecinal en un 43% de los casos, familiar 15%, Club social 10,9%, Ollas o merenderos históricos 6,9%, sindicatos 5,5%.

Poco más de la mitad de las experiencias mencionan que existía un grupo, colectivo o institución previo al comienzo de la olla. La otra mitad surgió como colectivo organizado durante la pandemia.

Alrededor del 50% de las experiencias manifiesta querer trascender la olla para constituir un comedor u otra forma fija de asegurar la alimentación. Las mujeres son la mayor parte (57%) de las personas organizadoras mientras 42% son varones y 1% otras identidades. Personas jóvenes (18 a 39 años) fueron el 55% de los organizadores y otro 35% tienen entre 40 y 59 años. En cambio los mayores de 60 años fueron el 6% y los menores de 18 años un 4%.

Entre los donantes para las ollas destacan los vecinos (80%), comercios locales (54%) y donantes particulares (47%) demostrando la importancia de las tramas comunitarias. En cambio las instituciones no ocupan un lugar relevante en los apoyos. Los sindicatos están presentes como donantes en 47% de las ollas. Las empresas son donantes en un quinto de las ollas, lo que contrasta con los comercios locales que superan el 50%. El Estado solo es referido como donante en 39% de las ollas y su presencia está concentrada en algunos departamentos. Es decir que 61% de las ollas no tuvo ningún apoyo del Estado. El Ejército aparece como actor en departamentos como Salto, Rocha, Colonia, asociado a iniciativas de Intendencias y Mides.

Existe una tendencia a organizarse y vincularse con otras experiencias similares. Mas de la mitad de las ollas forma parte de alguna Red o Coordinadora de Ollas.

La fortaleza del entramado comunitario y el rol de las organizaciones sociales se ha demostrado en varios hechos relevantes y recientes. Además de sus aportes valiosos para defender la vida en medio de la crisis social cabe poner el énfasis en los valores solidarios que expresan y que construyen en nuestra sociedad.

No hay estrategias de salud adecuadas sin contar con su participación. La salud, la alimentación, los cuidados y otras dimensiones son derechos fundamentales de las personas. El Estado tiene responsabilidades insoslayables para asegurar su cumplimento efectivo. Gran parte del sufrimiento social actual responde a sus fallas, omisiones (y en ocasiones políticas expresas que profundizan las desigualdades). El mito de que el mercado resolverá las cosas por sí solo y que las penurias son problemas individuales, ha justificado muchas de esas omisiones. Al mismo tiempo ninguna política pública puede responder a la crisis actual sin contar con el protagonismo de la sociedad y la fortaleza de sus organizaciones.

iEl partido que Uruguay perdió: las muertes evitables durante la ola de covid-19 | la diaria | Uruguay

iiOPSIMSFPLCOVID-19200021_spa.pdf (paho.org)

iiiOllas-y-merenderos-populares_Uruguay-2020-1.pdf (cienciassociales.edu.uy)

“El escenario epidemiológico está aún distante de ser plenamente resuelto” por Miguel Fernández Galeano

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO JULIO 2021

Los puntos de vista críticos y aun el mero manejo de la información sobre la evolución de la epidemia en Uruguay y sobre la estrategia para controlarla son muchas veces interpretados como intentos deliberados de poner “palos en la rueda” a la gestión del gobierno. Como posicionamientos que solo intentan sacar réditos político partidarios por encima del interés general. Como posturas que buscan el fracaso del gobierno más allá de la mejor respuesta para el país y su gente.

No guste o no, ese es el clima con el que se vive cualquier pronóstico y opinión sobre el qué hacer ante la COVID-19, un tema que va a seguir estando por muchos meses en el centro de nuestras preocupaciones y que por tanto necesita de un cambio de actitud de todos, para no volver a tropezar en los mismos errores.

El diálogo que hasta ahora no pudo ser

Si hay algo por lo que podríamos autocriticarnos, es precisamente por no haber formulado a tiempo, con mayor contundencia argumental y capacidad persuasión y convencimiento algunas advertencias sobre los riesgos que se corrían si no se tomaban algunas medidas imprescindibles para evitar el crecimiento exponencial de casos, internaciones de pacientes graves y fallecidos que terminaron con los resultados dramáticos que tuvimos que sufrir entre los meses de marzo y junio de este año.

Lo hicimos precisamente para no aparecer debilitando las responsabilidades indelegables de la autoridad sanitaria y del gobierno en su conjunto en la conducción de la crisis en un contexto de incertidumbre y conscientes de la necesidad de fortalecer la unidad nacional, la confianza y la credibilidad en las opciones de políticas públicas integrales (sanitarias, económicas y sociales) que se fueron tomando en los primeros ocho meses de epidemia.

Cuando a inicios de diciembre del 2020 se empezaban a avizorar los riesgos que suponía perder la capacidad de mantener la vigilancia epidemiológica, reclamamos la necesidad de promover un dialogo nacional por la vida y tender puentes para tomar colectivamente un conjunto de medidas de salud pública (reducción drástica de la movilidad y prepararse para vacunar lo antes posible) que permitieran mantener dentro de la zona de control el número de casos y ganar tiempo para iniciar un proceso de vacunación que ya aparecía como una salida posible y cierta, al menos para prevenir enfermedad grave y reducir significativamente el número de fallecidos.

Lamentablemente no existió voluntad, ni se construyeron espacios de diálogo franco y escucha atenta, antes, al contrario, se consolidó y retroalimentó un escenario de polarización y desencuentro del que no tuvimos la capacidad para salir.

Nadie pudo o supo salir. Tampoco nosotros. Algún día, con más tiempo y distancia, podremos analizar las razones que expliquen un fracaso a la vez tan rotundo e inconveniente como innecesario para unir voluntades, alinear decisiones y compromisos compartidos entre todos.

Perdimos oportunidades de poner en marcha respuestas que estamos convencidos hubieran evitado llegar a una situación que debió y pudo ser muy distinta. Nunca se debió considerar que teníamos que resignarnos al fatalismo de pensar que las cosas no se podían hacer de otra manera y que había costos y daños colaterales que eran inevitables.

En lugar de “blindar” los meses más duros de la ola epidémica se decidió “pasar” por ellos con las vacunas como única respuesta a la crisis sanitaria. Las voces contrarias a esta opción desde el mundo científico y académico, de los gremios y sociedades científicas y los planteamientos que se formularon desde la oposición política, no solo no alcanzaron, sino que por momentos parecieron “congelar” posturas en el peor momento, en el que un cambio de rumbo hubiera resultado decisivo para mejorar el balance. Que, en este caso, no era cualquier balance, estábamos necesitando respuestas para impedir la pérdida de vidas valiosas y el dolor de miles de familias uruguayas.

Por suerte, con más del 50% de la población completamente inmunizada (dos dosis más 14 días) las vacunas finalmente están demostrando, en la vida misma, su efectividad para prevenir internación y fallecimientos. También, aunque en menor grado, están impactando sobre la transmisibilidad, bajando en forma importante el número de contagios.

En el mes de julio ingresamos en niveles de transmisión comunitaria estadio 3 (desde marzo estuvimos en situación de transmisión comunitaria extrema en el grado 4) y desde finales de junio empezamos a estar comparativamente mucho mejor que en los últimos tres meses.

Sin embargo, aún falta mucho, hay muchas situaciones pendientes de resolución, otras que no dependen de lo que hagamos como país y no podemos olvidar que estamos viviendo una epidemia en el contexto de una pandemia en la que el 80% de la población mundial aun no accedió a las vacunas y están más vigentes que nunca la posibilidad de que aparezcan variantes virales de preocupación que escapen a la respuesta inmunogénica de las vacunas disponibles.

En este contexto de dificultades para el dialogo y el entendimiento vamos a insistir con la necesidad de aprender de la experiencia de los últimos meses para volver a compartir algunas consideraciones a tomar en cuenta para enfrentar esta nueva etapa de la epidemia en Uruguay en el complejo marco de una nueva ola casos y fallecidos a nivel mundial. Con la característica de que afecta preferentemente a personas que no han accedido a las vacunas, especialmente a los más jóvenes.

Para ello vamos a analizar el momento actual, la posible evolución de la epidemia y señalar algunos desafíos que se presentan en el futuro inmediato citando en el propio título de esta columna una afirmación reciente de Rafael Radi efectuada en el homenaje que le ofreciera el Poder Ejecutivo al GACH: “El escenario epidemiológico está aún distante de ser plenamente resuelto”

Finalmente, las vacunas están logrando resultados positivos

Más allá de consideraciones que se pueden hacer sobre el plan y la estrategia de vacunación, reconocemos que, una vez que se inició el proceso, los arreglos logísticos, el compromiso del personal de salud, la tradición y compromiso de la sociedad uruguaya con las vacunas permitieron alcanzar aceleradamente importantes niveles de cobertura que hoy están permitiendo empezar a controlar en forma efectiva la epidemia. Las vacunas llegaron tarde y las dejamos muy solas durante un tiempo que hubiera sido fundamental, pero finalmente están confirmado resultados sanitarios y epidemiológicos muy auspiciosos.

No cabe otra cosa que reconocerla como una realidad que esperábamos, a la que aún no han llegado muchos países, y como un logro del gobierno en avanzar decididamente en el proceso cobertura universal, el que se ha visto acompañado por la adhesión del conjunto de la sociedad.

También en este plano, el apoyo sin matices de ningún tipo, de los trabajadores de la salud, las organizaciones sociales y de la oposición política debe formar parte de los resultados alcanzados. No se debería soslayar que no todos los gobiernos pueden decir lo mismo. En Uruguay, salvo algunos sectores minoritarios, la amplia mayoría de las expresiones políticas y sociales organizadas nunca negaron la existencia y gravedad de la epidemia, ni cuestionaron el papel fundamental de las vacunas.

En ese contexto tenemos un conjunto de indicadores claros que muestran avances significativos y consolidados en la evolución de la epidemia.

En la última semana epidemiológica (5 al 11 de julio) la tasa de reproducción del virus (R0), está en 0,71, bastante por debajo de 1 cifra por encima de la cual los contagios empiezan a crecer de manera exponencial. El 10 de junio fue el último día que estuvo por encima de 1. Hay que tener presente que en el epicentro de la ola epidémica local en abril y mayo se llegaron a registrar valores de R0 de 1.4, con notificaciones en las que se superaron largamente los tres mil nuevos casos por día.

El promedio de casos cada 100.000 habitantes en los últimos siete días (P7 en la escala que desarrolló el Global Health Institute de Harvard) viene bajando sostenidamente tanto a nivel nacional como de los 19 departamentos. Después de estar más de cuatro meses en rojo (más de 25), Uruguay volvió el miércoles 7 de julio al nivel de riego naranja (un P7 situado entre 10 y 25 casos), y el promedio el lunes 12 de julio se sitúa en 14,60 casos diarios.

En este mes de julio, tanto Uruguay como la gran mayoría de los departamentos podrían entrar en la categoría de riesgo amarillo, lo que se consigue con un valor por debajo de 10 casos diarios cada 100.000 habitantes en el promedio de los últimos siete días.

En 28 días, del 10 de junio al 10 de julio, el número de casos activos descendió en 28.000 casos y el porcentaje de positividad en los últimos siete días (PP7 que establece la razón entre los casos confirmados y en número de test realizados) también ha experimentado una caída muy importante llegando al 6.28%, cuando en abril y mayo alcanzó guarimos en el entorno del 24%.

También se constató una reducción muy importante en el número de personas que ingresan y fallecen en los CTI y en los porcentajes de ocupación de camas de cuidados críticos. Desde el 10 de julio se ingresó en la zona de riesgo amarillo en la tasa de ocupación de las camas específicas para la atención de la COVID-19 (menor al 20%).

En la primera semana de vacaciones, la movilidad ha bajado, el reporte de movilidad de Google registra a nivel nacional un descenso de la movilidad en tiendas y ocio (- 20%), parques, plazas y playas (-44%), estaciones de transporte (- 19%), lugares de trabajo (- 4%) y un incremento en supermercados y farmacias y en lugares de residencia (+7%).

Las vacunas están surtiendo efecto, precisamente en julio se dio el primer aumento de movilidad que no estuvo asociado a un incremento de casos de covid-19. Ello necesariamente se traduce en forma menos pronunciada pero también significativa en la disminución importante del número de caso graves y de fallecidos.

No debemos olvidar las decisiones e impactos negativos en la gestión de la epidemia entre marzo y junio del 2021

En la interpelación a los ministros Daniel Salinas y Azucena Berruti el Senador Daniel Olesker pudo mostrar con mucha contundencia los resultados negativos de las políticas del gobierno, situando al país entre los peores lugares del mundo en cantidad de casos y fallecidos por millón de habitantes y poniendo en cuestión con datos e información consolidada las escasas inversiones para hacer frente a crisis sanitaria y la ausencia del estado en la respuesta cuando más se hacía necesaria.

En efecto, durante 16 días nuestro país estuvo ocupando el primer lugar del mundo en el número de casos por millón de habitantes, 56 en los tres primeros y 97 en los diez primeros puestos en el mundo.

En abril y mayo el país vivió una ola de contagios muy alta y extendida, un auténtico tsunami, incluso en comparación con la evolución de la pandemia a nivel internacional. Uruguay fue el único país del mundo que se mantuvo por encima de los 650 casos confirmados por millón de habitantes durante 80 días consecutivos.

El 90% del total de las muertes se produjeron entre marzo y junio de 2021. Uruguay estuvo durante 15 días en el primer lugar del mundo en muertes por millón de habitantes y 48 días en los tres primeros y 108 días en los diez primeros lugares.

Sólo cuatro países a escala planetaria estuvieron durante dos meses seguidos por encima de los 13 fallecimientos diarios por millón de habitantes. Uruguay es uno de ellos.

En términos relativos, 16 fallecidos diarios por millón de habitantes, nos ubican como país en el lugar 29 entre los 150 países con más de un millón de habitantes.

Como lo señala un informe de la Unidad Temática de Salud del Frente Amplio en la interpelación se señalaron tres ejes de análisis que nos permiten caracterizar a grandes trazos la gestión gubernamental para responder a la epidemia:

  • Se confirmo la existencia de muertes evitables, debido un mal manejo de la estrategia sanitaria, con énfasis en el fortalecimiento del tercer nivel de atención (CTI), sin refuerzo adecuado de RRHH, menoscabo del Primer Nivel de Atención y, sobre todo, la negativa a instalar medidas de fuerte restricción de la movilidad con apoyos económicos adecuados, que hubieran permitido controlar el número de casos y por tanto disminuir ingresos a CTI y los fallecimientos, antes de que llegara la ansiada protección de las vacunas las que se terminó confirmando recién sobre finales del mes de junio.
  • En medio de una crisis social profunda la salud fue víctima del ajuste fiscal: mal manejo económico de la pandemia, con insuficientes aportes (medidas, como se señaló, en la dirección indicada, pero claramente insuficientes), que determinó que Uruguay tenga en este momento 100 mil nuevos pobres, con un aumento de la pobreza del orden de 30%, pérdida de 50 mil empleos, caída del PBI 5,9%. Todo ello en aras de mantener la política de ahorro y ajuste fiscal en medio de una tragedia humanitaria.
  • Se terminó produciendo un desencuentro entre Gobierno y Ciencia: ya desde diciembre, profundizado en febrero y culminado en marzo del GACH. Las decisiones pasaron a no contemplar los consejos de la ciencia, ni se hicieron caso y escucharon sus reiteradas advertencias.

Estamos mucho mejor, pero todavía falta para una salida definitiva

Cuanto más demore el ingreso de variantes, será siempre mejor, porque habrá más población vacunada y eso permitirá estar más cerca de poder recuperar la capacidad de vigilancia epidemiológica activa, de implementar la estrategia de testeo, rastreo y aislamiento de casos, el ya famoso “Tetris”, el que sin lugar a dudas permitió controlar con éxito la epidemia en 2020. Después de que las medidas drásticas de reducción de la movilidad de los primeros meses literalmente “aplastaron” las curvas de contagios y las que le siguen en términos de hospitalización y muerte.

El porcentaje de casos sin nexo epidemiológico en la actualidad todavía estaría superando el 60 %. Para tener la situación bajo control se requiere que no se supere el 15% de los casos en los que no se tenga la posibilidad de seguir los hilos y las cadenas de contactos.

Hay que hacer una apuesta muy fuerte a potenciar la labor de vigilancia epidemiológica desde el nivel local con la intervención de los servicios de salud del primer nivel de atención y el involucramiento y protagonismo de los municipios y las comunidades en cada uno de los territorios donde se verifiquen nuevos casos.

El nivel local, desde los servicios de salud y desde la participación comunitaria en salud también está llamado a jugar un papel fundamental para garantizar el acceso a las vacunas y ejercer todas las formas e instrumentos de pedagogía social que puedan comunicar los razones individuales y colectivas para la toma de decisión para vacunarse de aquellos sectores que aún manifiestan dudas y reparos para hacerlo.

Hay un punto donde las campañas de comunicación masiva, o los anuncios de limitaciones en el ejercicio de derechos de los que no se quieren vacunar no deberían constituir las únicas herramientas para convencer y persuadir a los que todavía niegan el papel y la importancia de las vacunas.

La apuesta a la solidaridad y a una respuesta colectiva debe seguir siendo el principal argumento para enfrentar el virus y salir de todos los impactos económicos y sociales que trajo aparejada la epidemia. Ese es un activo con el que cuenta el país que no se debería perder y que estamos convocados a cuidar celosamente.

En Europa se está viviendo una quinta ola de contagios, la que está particularmente asociada a un porcentaje importante de la población que aún no ha accedido a las vacunas. El 80% de las personas que ingresan a las UCI por Covid-19 no están vacunadas; el 15% habían recibido la primera dosis y el 5 %, tienen la pauta completa.

En esa perspectiva toda la aceleración que en nuestro país se le puede poner al proceso de vacunación será decisivo para evitar complicaciones, tanto en lo que hace a no tener un rebrote en el número de casos como en lo referido a seguir aplastando las curvas de casos graves, con sus correspondientes impactos en ingresos a CTI y en el número de fallecidos. En esto no hay muchas alternativas toda vez que las tasas de letalidad y la relación ingresos – fallecidos no se han modificado desde el inicio de la pandemia y han oscilado en el orden del 50 %, incluso más, cuando existió saturación de los servicios de cuidados críticos.

Finalmente, digamos con el presidente Luis Lacalle Pou que no se puede negar el papel que están jugando las vacunas, y que el país lo hizo adecuadamente y de forma acelerada desde el pasado primero de marzo.

En ese sentido no se puede tapar “el cielo con un dedo”, tampoco se debería dejar de asumir que se podrían haber tomado otras medidas preventivas, no farmacéuticas, que no se contraponían a la prioridad de vacunar y hubieran mejorado sensiblemente los resultados globales.

Ahora, el desafío para Uruguay, pasa por terminar de completar los objetivos de alcanzar la inmunidad colectiva, lo antes posible, y esperar que la deuda en cobertura de las vacunas a nivel global (solo se ha vacunado el 20% de la población mundial con una distribución absolutamente desigual entre y al interior de los países) no genere las condiciones de que aparezcan variantes del SARS-CoV-2 que queden fuera de la efectividad que hasta el presente vienen confirmando las vacunas.

EN MEDIO DE LA CATÁSTROFE PENSAR HACIA ADELANTE por Pablo Anzalone

Artículo publicado en NUESTRA VOZ periódico de ONAJPU Junio 2021

Más de cinco mil personas muertas es una catástrofe humana y sanitaria para Uruguay. Los intentos de minimizar la situación, de naturalizar este nivel de mortalidad y la negativa a tomar las medidas necesarias para abatir la cantidad de fallecimientos, ponen en evidencia una gran falta de sensibilidad hacia el sufrimiento de los demás. No son cifras, no son números, son personas. Las familias golpeadas por estas muertes han retomado algo que hicieron desde hace muchos años los familiares de detenidos desaparecidos: poner nombre y apellido a las víctimas, trayectorias y circunstancias, vínculos e historias de vida. Dejan de estar ausentes para mantener esa presencia que nos permite hacer el duelo y reivindicar su memoria. Cuando se trata de muertes tempranas, que podrían haberse evitado, el sentimiento de injusticia y de indignación se vuelve muy legítimo.

El discurso que pretende reducir los problemas de salud a la responsabilidad individual, es insostenible en términos científicos y éticos. Desde hace varios siglos la humanidad aprendió que actuar sobre las enfermedades y la salud requiere de políticas, de acciones del Estado en conjunto con la sociedad civil para construir condiciones de vida que prevengan unas y protejan la otra. En otros tiempos cuando millones de personas enfermaban y morían de “peste” se pensaba que era un castigo divino o un mal inexplicable frente al cual solo cabía la resignación. Pero eso no es así hoy en día. Si se fracasa de manera estrepitosa en reducir la mortalidad es por malas decisiones humanas, responsabilidades indelegables de quienes deben desarrollar las políticas necesarias para proteger la salud.

La construcción de políticas de salud requiere de la participación social, del compromiso de la sociedad y sus organizaciones, para que sean más democráticas y más eficaces. Esta concepción de la salud como un derecho humano y una construcción social no refiere solo a la crisis actual por la Covid sino a todos los problemas de salud. Debemos ser conscientes, además, que el aumento de la pobreza y la miseria, el desempleo, la crisis alimentaria, originan mayor deterioro de la salud.

Enfrentar integralmente la pandemia implica abordar todas sus dimensiones incluyendo la afectación de la salud mental, la salud en los vínculos y el conjunto de problemas no Covid que siguen estando y se han agravado en este periodo. Es imprescindible un plan de acción inmediato para responder a esta situación de emergencia sanitaria que abarca la Covid, el contexto pos-Covid así como las enfermedades crónicas que no se controlaron en este tiempo, los embarazos y nacimientos que no fueron cuidados adecuadamente, las acciones de prevención y promoción que dejaron de hacerse. Sin un plan de contingencia andaremos a los tumbos y costará mucho más recuperar salud y calidad de vida.

Al mismo tiempo es imprescindible pensar en el mediano y largo plazo donde el envejecimiento saludable y las políticas de cuidados confluyen. Uruguay inició un camino muy positivo con el SNIS y con el Sistema Nacional de Cuidados. Ninguno de esos procesos ha culminado y todos requieren nuevas acciones que contemplen el escenario cambiante y crítico que vivimos hoy.

La ley del Sistema Nacional de Cuidados (ley 19.353 de 2015) establece en su artículo 9 inciso G la necesidad de “impulsar la descentralización territorial, buscando contemplar las necesidades específicas de cada comunidad y territorio, estableciendo acuerdos y acciones conjuntas con Gobiernos Departamentales y Municipales cuando correspondiere.

En una mirada similar los programas de prevención y reducción de las situaciones de dependencia están previstos por el Decreto 427 / 2016 de aplicación de la Ley N° 19.353.

La Organización Panamericana de la Salud, define a la promoción de la salud como «el proceso que permite a las personas incrementar el control sobre su salud«; aclarando que “este concepto se pone en práctica usando enfoques participativos; los individuos, las organizaciones, las comunidades y las instituciones colaboran para crear condiciones que garanticen la salud y el bienestar para todos”.

El enfoque de “entornos saludables” y la estrategia de “Municipios y Comunidades Saludables” implican cambios en el entorno local, espacios públicos, barrios, municipios y ciudades que sean amigables con las personas mayores, con los niños , con las personas discapacitadas .

Consolidar la autonomía de las personas y evitar o retrasar la dependencia pasa por factores psicológicos, emocionales y sociales donde se reconoce la participación activa de los involucrados. De ahí la importancia de las asociaciones, las organizaciones sociales y las redes territoriales.

Como ha sido destacado por muchos actores la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (2015) es una referencia ineludible. Esta convención da un soporte jurídico para asegurar el ejercicio pleno, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas adultas mayores en la región. En ese sentido la Convención establece principios fundamentales de valorización de la persona mayor, su papel en la sociedad y contribución al desarrollo, la dignidad, independencia, protagonismo y autonomía, así como la igualdad y no discriminación. El concepto de “envejecimiento activo y saludable” es uno de los ejes de la Convención.

Uruguay fue el segundo país de América Latina en ratificar esta Convención en diciembre de 2016 mediante la ley 19.439, a través de un proceso participativo donde aportaron muchos actores sociales. La Convención fue el marco del Segundo Plan Nacional de Envejecimiento y Vejez 2016-2019 que incluyó también a los gobiernos locales y la participación de la sociedad civil. El Segundo Plan Nacional de Envejecimiento y Vejez comprende 171 líneas de acción, agrupadas en tres áreas: sensibilización y capacitación , fortalecimiento institucional y ejercicio efectivo de derechos. Evaluar los avances y los pendientes para definir nuevos planes estratégicos es una tarea imprescindible en la actualidad. En un sentido confluyente es necesaria la elaboración con criterios participativos de Objetivos Sanitarios Nacionales al 2030 identificando los problemas críticos priorizados y definiendo líneas de acción y metas concretas en cada uno de ellos .

La Red de Municipios y Comunidades Saludables organiza hoy un Espacio de Formación de Promotores Socio Sanitarios que pretende generar más formación para la acción comunitaria. Es una oportunidad para profundizar en el conocimiento de los problemas urgentes y al mismo tiempo pensar y trabajar para el mediano y largo plazo. Véase la página web www. redmunicipioscomunidadesaludables.com para inscribirse. Es una forma de adquirir herramientas que nos permitan mejorar la labor comunitaria, avanzar como personas y como colectivos. Rescatando y apoyándonos en una larga trayectoria de promotores y agentes comunitarios que construyeron experiencias valiosas en lo sanitario y social.

La solidaridad fue la respuesta más importante de la sociedad uruguaya ante la pandemia. Estamos en el punto más crítico de la emergencia y necesitamos pensar hacia adelante.

COVID-19 – Para Abril y para Mayo de 2021 RECONOCER LA REALIDAD PARA TRANSFORMARLA por Miguel Fernández Galeano

«Solo las lecciones de la realidad pueden enseñarnos a transformar la realidad»

Bertolt Brecht

Artículo publicado en EL DIARIO MEDICO Mayo 2021

La situación sigue siendo muy grave. Necesitamos hacer una lectura objetiva y un relato honrado, sensato y desapasionado de lo que nos está pasando. Apegarse a una estrategia para enfrentar la pandemia que ha fracasado estrepitosamente en abril y que va por el mismo camino en mayo no resulta en ese contexto la mejor opción.

“Blindar abril” o “blindar mayo” no debería convertirse en bloquear la posibilidad de analizar críticamente la evolución de la epidemia y las causas que están en el origen de un crecimiento alarmante de casos, con su correlato inexorable en el aumento exponencial en el número de ingresos a cuidados críticos y en el número inaceptable de fallecimientos evitables.

Cifras que representan dramas personales y familiares que en las últimas semanas nos colocaron en el primer lugar del mundo (Gráfica 1).

Nada nos debería impedir cambiar lo que venimos haciendo para intentar tener otros resultados. Las vacunas terminarán teniendo impacto que se irá produciendo progresivamente y en ese proceso se producirán pérdidas evitables de vidas valiosas.

Efectivamente, Uruguay paso en tres meses de ser un país que era ejemplo en la respuesta a la pandemia a vivir una crisis sanitaria que nos tiene asombrados, atónitos, anestesiados y aparentemente sin capacidad de respuesta. O definitivamente acantonados en nuestros pronósticos y convicciones que niegan o reescriben lo que verdaderamente está pasando. Una verdad que se construye y reconstruye para explicar lo inexplicable.

El ser nacional uruguayo no tiene una cultura de aceptación y naturalización de la muerte, menos aún nunca podría asumir como costos colaterales aceptables la realidad que estamos viviendo.

En los hechos puros y duros que marca la realidad, como lo han señalado los titulares de la prensa internacional, estamos ante país que paso “de ser el mejor a ser el peor de la clase sin que mediara mucho tiempo en el medio”. Salvo en la cobertura de las vacunas el país esta en los peores lugares en el mundo y de no producirse cambios también lo terminará estando a la hora del balance global desde el inicio de la pandemia (Tabla 1).

Todo por no haber asumido la necesidad de tomar medidas de reducción drástica de la movilidad, especialmente en el escenario promisorio que genera un avance sostenido en el proceso de vacunación. Sin duda un capítulo donde la gestión de gobierno fue globalmente positiva. Aun teniendo en cuenta que empezó tarde, que tuvo dificultades para establecer prioridades al disponer de vacunas de diferentes plataformas tecnológicas y de las limitaciones que genera el acceso a cantidades limitadas en cada entrega.

Ello se produce cuando como sociedad acusamos una gran fatiga individual y también social. Cuando todos queremos apoyarnos en buenas noticias y mensajes esperanzadores. No es intención de esta columna ingresar en las explicaciones sobre los resultados de las encuestas y el apoyo a la conducción del gobierno sobre la pandemia y sobre los deseos de libertad de la gente y carácter netamente disruptivo de las medidas de confinamiento.

Esta en juego el valor esencial de la vida, las interpretaciones desde la sociología o la politología no deberían eclipsar la realidad que estamos viviendo y de lo que entendemos como una necesidad imperiosa de cambiar el rumbo.

A continuación, vamos a exponer algunos elementos informativos y de análisis orientados a contribuir a tender puentes y habilitar diálogos que estén centrados en que lo primero a cuidar y conservar es la vida. Sin ella, que es un componente esencial de la humanidad, nada tiene sentido.

No elegimos el camino de responsabilizar a las personas, menos aún de atribuirles intenciones que no corresponde. Pero entendemos desde la ética de la responsabilidad y desde una perspectiva de pensar la mañana siguiente estamos comprometidos a señalar cuales son, a nuestro entender, los mejores caminos para construir rutas de salida a una situación tan compleja como incierta.

Una situación en la que los discursos de esperanza, no pueden ser efímeros y para ello los debemos basar en la realidad, una condición imprescindible para transformarla.

El número de casos debe preocuparnos, deberían bajar mucho, no debemos conformarnos con lograr mesetas o esperar descensos milagrosos

El último informe del GACH del lunes 26 de abril de 2021 es muy claro al respecto “La perspectiva más firme es que harán falta uno o dos meses más y la extensión mayor de la vacunación, para que la misma pueda asegurar el control al que todos aspiramos. La epidemia en Uruguay aún se encuentra en una situación muy grave”

¿Qué podemos esperar hacia adelante? Se pregunta el informe. No podemos desconocer que un factor de preocupación es que los indicadores de movilidad han repuntado luego de semana de turismo. De ocurrir una meseta con estos valores de movilidad, debe pensarse en la cantidad de fallecidos de mayo, la cual difícilmente será menor que la de abril. Si finalmente lo es, igualmente el número de fallecidos será muy grande, especialmente cuando un gran número de ellos es prevenible.

La tendencia actual plantea no descartar una tendencia exponencial de casos. Esto llevaría a una situación de una gravedad extrema, dado que el sistema de salud ya no tiene reserva. No importa mucho si se produce saturación en los CTI. El sistema en su conjunto está colapsando y los equipos de salud que ponen la vida en ellos están desmoralizados y desgastados por el esfuerzo de la tarea y especialmente por no ser escuchados.

La tasa o número de reproducción (R0) al 9 de mayo está en el entorno de 1, una cifra inferior al valor de 1.30 que se había alcanzado 4 semanas atrás. Pero es bueno tener presente que, de crecer, incluso mínimamente, se pondrá en cuestión la posibilidad de iniciar un descenso sostenido. Cuando se supera el valor uno, cada caso positivo tiene la posibilidad de producir más contagios y generar el temido crecimiento exponencial (que ya sufrimos en distintos momentos en diciembre, enero, marzo y abril)

Los valores de P7 – Harvard están nivel de riesgo rojo en Uruguay a nivel global y en 18 departamentos (mayor a 25 casos diarios por 1000.000.) En dos departamentos están en valores superiores a 100 casos diarios por 100.000 habitantes (Salto y Tacuarembó). Solo Flores con 23 casos de promedio por 100.000 habitantes está en la categoría naranja de riesgo según la escala de la Universidad de Harvard.

Los valores de IA14 – UE, Uruguay globalmente y todos los departamentos están en nivel de riesgo rojo (mayor a 50 casos de incidencia acumulada por 100.000 habitantes y mayor al 4% de positividad). Tanto a nivel nacional como siete de ellos en valores superiores a 1.000 de incidencia acumulada en 14 días por 100.000 habitantes (Montevideo, Artigas, Canelones, Soriano, Tacuarembó, San José, Treinta y Tres, Florida, Colonia y Cerro Largo)

La tasa de positividad promedio en siete días móviles (PP7) se mantiene en los mayores valores registrados en toda la epidemia 20.41 % en la última semana. Los atrasos en la entrega de los resultados de laboratorio, el cambio en la modalidad de test (pasando de realizar los test de RT/PCR a los test rápidos de antígenos que tiene un alto peso de falsos negativos particularmente para el diagnóstico en pacientes asintomáticos) y la ausencia de información de tasas de positividad discriminada por departamento y localidades, dificultan la evaluación de este indicador sensible para estimar el nivel y la intensidad de la transmisión viral. En ese contexto, no terminamos conociendo con certeza suficiente y consolidada en que realidad epidemiológica estamos parados.

Los casos activos, personas que están padeciendo la enfermedad, si bien han bajado en los últimos días, se mantienen valores muy elevados llegando 25.500 personas con la infección en curso. Vale recordar que el informe de GACH del 7 de febrero de 2021, había establecido como registros a alcanzar para recuperar la capacidad de control de la epidemia llegar a 800 casos activos y un promedio de casos diarios inferior a 200.

El porcentaje de casos sin nexo epidemiológico en la actualidad y desde hace varias semanas estaría superando el 60 % (lejos de la zona de control por vigilancia epidemiológica activa que se estima en un 15% (rastreo-testeo-aislamiento, el llamado Tetris por su nombre en inglés).

Corresponde volver a señalar entonces, que el descenso en el promedio diario de casos en las próximas semanas, no debería ser interpretado como un “quiebre” de la curva y sigue muy vigente la necesidad de establecer medidas de reducción de la movilidad que permitan volver a recuperar la capacidad de vigilancia epidemiológica por un período considerable de tiempo hasta avanzar en la inmunidad colectiva cuando se complete plenamente el proceso de vacunación.

Por su parte, la aparente estabilización en la tasa de ocupación de las camas de CTI se debe al dramático incremento en el número de fallecidos, superior a las altas de pacientes recuperados y a la apertura de nuevas camas, que en muchos casos no tienen la capacidad resolutiva ni los recursos humanos necesarios y capacitados en el caso de que fuera necesario utilizarlas.

La vacunación no frenará las curvas por sí sola

Es fundamental tener presente que es necesario incrementar las medidas restrictivas de la movilidad, las medidas de protección individual y colectiva, así como implementar acciones de salud pública de manera intensificada y sostenida.

Siguen, en ese sentido, absolutamente vigentes las intervenciones precisas y concretas que señalaba el informe del 7 de febrero del 2021 del GACH en el cual para un escenario de transmisión comunitaria en el nivel extremo 4 (TC4). Un escenario que queda absolutamente definido por los indicadores que referimos en el apartado anterior.

Tenemos la firme convicción la que la vacunación va a tener un impacto muy positivo en la reducción de casos severos, hospitalización y fallecimientos, pero también entendemos que va a demorar en impactar sobre los contagios y eso genera un inconveniente escenario de transmisión viral, sin descartar la aparición de variantes que puedan incluso escapar a la cobertura inmunológica que ofrecen las vacunas disponibles.

Ese es un escenario complejo si tenemos en cuenta que todavía hay una parte de la población que manifiesta resistencias a vacunarse (700.000 personas) y que la inmunidad completa requiere de dos dosis, más 14 días y promediando mayo solo el 16.5 % de la población se encuentra en esa situación.

Mantener la vigilancia epidemiológica para diagnosticar y aislar asintomáticos positivos e intentar reducir la transmisión comunitaria

En la situación actual de la epidemia llama poderosamente la atención que desde la autoridad sanitarios se haya decido suspender el rastreo de casos, se hayan debilitado la confiabilidad de las pruebas diagnósticas en un momento en el que deberíamos seguir adelante con ellas, ligadas a un diagnóstico precoz, a un rastreo exhaustivo y retrospectivo de los contactos de los contagios identificados, llegando a un aislamiento efectivo de casos asintomáticos positivos.

No nos parece adecuado, ni tampoco razonable, bajar la guardia en esta línea de actuación, que por otra parte fue muy exitosa en los primeros ocho meses de epidemia.

La vigilancia epidemiológica, aunque la situación se haya desbordado grandemente con la consiguiente pérdida de control de la epidemia, debería mantenerse lo más posible, hacer todo lo que esté a nuestro alcance apelando al papel de los equipos de salud en el territorio y a la participación activa y solidaria de las comunidades. Siempre se podrán evitar contagios, enfermedad y muerte. Cualquier esfuerzo, cualquier resultado, en ese sentido siempre será oportuno y valioso.

Evitar que se incremente la presión sobre el sistema y los servicios de salud

A medida que se ha hecho dominante la P1, ha disminuido la edad promedio de las personas hospitalizadas e ingresadas en UCI hacia perfiles más jóvenes. A ello también ha contribuido el menor número de ingresos de personas mayores y de residentes en centros de larga estadía para adultos mayores, que solían sufrir episodios más severos y letales de la enfermedad. Sin embargo, tenemos estancias más prolongadas, lo que ha llevado a una tasa promedio de ocupación de UCI por pacientes COVID del 57 %.

Representa una amenaza tanto para la atención de enfermos de COVID-19 como para la atención de otras patologías que se ven diferidas o tratadas inadecuadamente.  Todo ello, sin tomar en cuenta el riesgo que supone la potencial expansión de las otras variantes.

En las últimas semanas aparece como elemento central de controversia cual es el nivel de saturación de los CTI y cuando se llegaría al colapso asistencial. El problema central no es la saturación del sistema, el problema prioritario y perentorio como ya dijimos en más de una oportunidad, es prevenir fallecimientos evitables.

Se admite que el objetivo es “mesetear” los casos y las muertes hasta que las vacunas tengan impacto e implícitamente se termina aceptando que se produzcan 50 muertes evitables diarias en nombre de mantener en funcionamiento de la actividad económica. No puede existir en salud pública, el concepto de costos colaterales asumidos.

Asimismo, no se tienen en cuenta los notorios signos de colapso en todos los niveles y actividades involucradas en el proceso de atención.

Hay sobrecarga laboral, fatiga y desgaste emocional, la incorporación de personal sin formación suficiente y con muy poco entrenamiento es algo que todos los CTI del Uruguay están empezando a sentir.

En efecto, incrementar el número de camas que el país tenía en marzo 2020 está teniendo impactos negativos visibles sobre la calidad de la respuesta (COVID y NO COVID).

El 12 de mayo con 538 pacientes COVID-19, se consolida la situación en el rango de riesgo alto (rojo > 35 %) con 52.70 % de ocupación de las camas específicas para COVID-19 y el 76,30 % del total de camas CTI.

Por otro parte, también existe una enorme dificultad en la reposición de medicamentos básicos y los recursos humanos no son suficientes para dar soporte efectivo de calidad a la ampliación de la dotación de camas.

Asimismo, se vienen verificando situaciones de extrema tensión en la capacidad de respuesta en las salas de cuidados intermedios, en la atención en domicilio y la vigilancia epidemiológica, como ya lo señalamos, está absolutamente superada.

En suma, la saturación, el colapso, o el estrés de sistema (y todos los sinónimos que se han buscado para evitar reconocer la verdadera magnitud del problema), no es solo de los CTI, se trata de una afectación muy grave del sistema de salud en su conjunto que tiene implicancias concretas y duraderas para la atención de la COVID-19 y para el resto de los problemas prevalentes de salud NO COVID-19, que también existen y se han visto seriamente afectados en el contexto de la pandemia.

La pandemia no va a concluir por arte de magia y el triunfalismo puede ser un mal consejero

Ya lo deberíamos haber aprendido con los errores cometidos después de varios meses de éxito en el control de la epidemia. El gobierno debería asumir que para ejercer el liderazgo eficaz e incluyente en la gestión de la pandemia se requiere también, un esfuerzo sostenido de explicación a la ciudadanía, la búsqueda de acuerdos y consensos sanitarios, sociales y políticos que sean capaces de dar respuestas de unidad y entonación nacional, que se alejen de un clima de crispación y polarización y sean capaces de encontrar salidas compartidas en las que ganemos todos y sobre todo gane el país.

Solo una lectura realista, tanto de la evolución de la pandemia como de las medidas para enfrentarla en el conjunto del país y en cada departamento y de las expectativas de lo que cabe esperar de la vacunación durante las próximas semanas, nos permitirá afrontar con éxito los enormes retos que tenemos por delante.

La relación entre movilidad social y contagios está más que demostrada. A mediados de mayo, con la expectativa de que con las vacunas ya estamos protegidos, el nivel de actividad vuelve a los niveles de principios de marzo, cabe preguntarse: ¿vale la pena jugar toda la estrategia solo a las vacunas?

Es lo que el gobierno decidió y no lo mueve nada, ni nadie. Ni siquiera 50 fallecidos diarios en el último mes.

Como me dijo un amigo, en una metáfora deportiva de las que tanto funcionan “la maratón se gana con la vacuna, los 100 metros solo con vacunas se pierden”. El problema de fondo es que en estos 100 metros no se pierde una competencia deportiva, en esos 100 metros mal corridos se produce una perdida evitable e injusta de muchas vidas.

¿CÓMO DEBE SER LA ATENCIÓN A LA SALUD EN 2021? por Pablo Anzalone

Artìculo publicado en NUESTRA VOZ de ONAJPU 26 de mayo 2021

El primero de los Talleres Abiertos de la Red de Municipios y Comunidades Saludables en 2021 fue la continuidad de los 16 talleres realizados en 2020. El 6 de abril por vía zoom con 240 personas inscriptas se abordó de la atención a la salud en el 2021. Se realizó un homenaje a la Dra Beatriz Fernández Castrillo, docente de Facultad de Psicología y activa participante de la Red MCS prematuramente fallecida.

A pesar de la pandemia las organizaciones sociales, gobiernos locales y academia han trabajado juntos en muchas instancias de reflexiòn-acción sobre temas priorizados colectivamente.

El impacto de la Covid sobre las enfermedades crónicas (ENT) fue desarrollado por la Dra Lucía Delgado profesora de Oncología en Facultad de Medicina. Si bien la primera ola de Covid ha generado una situación gravísima en el país hay otras enfermedades responsables de muertes evitables y prematuras. Luego de la pandemia habrá un aumento de estos problemas por la falta de prevención y por los controles que no se hicieron en este período. En todo el mundo esto se estudió y se exhortó a los gobiernos para, sin desatender la pandemia, evitar el descontrol de otras enfermedades. Más de 40 millones de personas fallecieron en 2018 por ENT. En Uruguay son 3 de cada 4 muertes. Un tercio de ellas son muertes prematuras, de personas menores de 70 años. Mas del 80% de las muertes evitables se deben a enfermedades cardiovasculares, cánceres, enfermedades respiratorias y diabetes. Si hay detección temprana son curables.

El profesor Luis Gimenez de Facultad de Psicología destacó que la Covid es un hecho social total, que conmueve todas las dimensiones de la vida humana y en pocas semanas ha cambiado la vida de modo comparable a las ficciones apocalípticas. Estamos en medio de la incertidumbre. El conocimiento es lo que nos permite navegar en ese mar de incertidumbres, que se ha encabritado como nunca. Hay tres certezas que no se han tenido en cuenta adecuadamente:

a) la salud como proceso integral. Las respuestas parcializadas se contraponen al carácter total de la “sindemia”.

b) La determinación social de la salud. Se ha colocado una falsa contradicción entre salud y economía. Hay políticas que apuntan exclusivamente a la responsabilización individual de las personas.

c) Las desigualdades sociales y su expresión en las inequidades de la salud. La crisis golpea a toda la sociedad pero no afecta a todos por igual .Incluso hay algunos están incrementando su riqueza.

Está amenazado el derecho a la salud. Es fundamental asegurar las condiciones sociales, psicológicas, culturales y económicas para tener salud. Este hecho social total que es la pandemia está afectando ese derecho. Proyectándonos en el 2021, se espera que triunfe la inmunización pero hay enormes riesgos. Muchas problemáticas se harán evidentes en los próximos meses. Toda la población será afectada pero habrá grupos muy vulnerables.

El sistema de salud y el de protección social no están preparados para responder a estos desafios. El cambio del modelo de atención en el SNIS está incompleto. Los servicios de salud mental en particular presentan debilidades en recursos y tienen modos de intervención insuficientes.

¿Dónde depositar el optimismo de la voluntad? No puede ser en seguir haciendo lo mismo. Por lo tanto es necesario reafirmar las transformaciones en el modelo de atención.

¿En qué basarse? : en la capacidad de organización y movilización desde los territorios. Esa solidaridad histórica de las comunidades es un capital a preservar y desarrollar.

Las organizaciones sociales han aportado mucho en este período. Mario Bentancor de la Organización de Usuarios del Oeste refiere las propuestas que han realizado y enfatiza que las mismas son mejoradas siempre en el entramado de organizaciones participantes. Hay preguntas básicas en la reflexión- acción que llevan adelante . “¿Debemos solo recibir las consecuencias de las decisiones de otros?”. Por eso están comprometidos con la participación de la comunidad . Para que no se llegue a la enfermedad ponen el énfasis en la promoción de la salud. La pandemia se suma a otros problemas ya existentes. Resaltan el debilitamiento de los vínculos educativos y los cuidados necesarios para la salud de niños y adolescentes. Hay mucha enfermedad acumulada. Los sentimientos de impotencia y parálisis social agravan la situación y los mensajes del gobierno van en esa dirección. “ Quedate en casa” es una burla para quien no tiene una casa. Ante esta situación hay personas y colectivos que no aceptan la pasividad. Desde la organización de usuarios actúan en multiples redes. Trabajan con lógica de red, para que los distintos colectivos se reconozcan y coordinen. Promueven una dinámica de acción-reflexión-acción. Algunos ejemplos de esta forma de trabajo son actividades con motivo del día de prevención del suicidio, la Mesa Local de Salud Mental, la coordinacion de ollas que agrupa 23 ollas en el Cerro, las Huertas colectivas y familiares que se extienden. Hoy las ollas están tensionadas por la necesidad de responder al hambre y al mismo tiempo cuidarse de los contagios.

Las líneas actuales de la organización de usuarios apuntan a que todas las acciones busquen sostenibilidad, generar espacios colectivos, promuevan inclusión en un entramado de redes y fortalezcan los vínculos con las Redes MCS y otras . Sus ejes pasan por crear posibilidades accesibles para los reclamos de las personas, por acciones interinstitucionales que amplíen los recursos comunitarios, avanzar en la articulación con los prestadores de salud. Le asignan gran importancia a impulsar la formación de agentes de promoción socio-sanitaria.

Los embarazos y nacimientos se han visto afectados por la pandemia, sostiene Leonel Briozzo profesor de la Cátedra de Ginecología en el Hospital Pereira Rossell. Estamos en el inicio de una era de pansindemia global. La Pan Sindemia fue propuesta como concepto en 2019. Es la suma de tres epidemias: la obesidad, la malnutrición y el cambio climático. El modelo agroindustrial genera estas epidemias. Y eso es lo que está en la base de la Covid.

Esta situación incrementa el riesgo de los dos sindromes prenatales :a) restricción de crecimiento, por el cual el bebé nace a término pero no creció adecuadamente. b) prematurez, nacimiento antes de término. Las causas son variadas. Se sabe que la prevalencia es mucho mayor en los paises subdesarrollados, hay un elemento socio económico y de discriminación de la mujer que es determinante.

A escala país la pandemia no cambió mucho esos dos factores. Pero en el Hospital Pereira Rossell entre 2019 y 2020 aumentaron los nacimientos, aumentó la prematurez significativamente y también hubo un incremento muy notorio del bajo peso al nacer y la restricción de crecimiento. El grueso de causas que pueden explicar este fenómeno está en las condiciones socioeconómicas, los aspectos nutricionales, el estrés materno, Las enfermedades crónicas son transmisibles desde el embarazo. Son socialmente transmisibles. Son necesarias políticas de discriminación positiva desde el embarazo. Si se piensa en actuar recién en la primera infancia, llegamos tarde.

El estado actual de la pandemia fue analizado por Miguel Fernández Galeano. La pandemia no es un hecho casual sino que es un fenómeno estructurado en la etapa que viven nuestras naciones. Estos procesos comenzaron antes de que el Sars cov 2 llegara a la escena. Hay una crisis ambiental, climática y una crisis de la desigualdad. El gran tema es la resignificación de las relaciones entre el Estado, la comunidad y el mercado. La salud como derecho humano esencial, como bien público y no mercancía, como responsabilidad de Estado y de gobierno.

En el abordaje de la pandemia hay un elemento clave : mientras no haya vacunación a la gran mayoría de la población la única manera de manejar la pandemia, es la estricta aplicación de medidas no farmacologicas que reduzcan la movilidad. Todos los actores nacionales tenían el diario de lunes con lo que pasó en Europa. En Uruguay no hubo primera ola en 2020 porque se aplicaron de manera drástica, las medidas que estaba haciendo el mundo. El confinamiento creó muchos problemas porque se hizo tarde y mal. Pero acá se creyó el cuento del éxito propio. Uruguay tiene hoy un 50% de las muertes por Covid 19. Más de la mitad de las muertes que se producen diariamente por todo tipo de causas. Se trata de vidas a proteger y de muertes evitables. Para pensar en el año 2021 hay que salir del modelo hospitalo-céntrico, del mercado, de la salud como fenómeno aislado, reducido a la asistencia y la Red MCS es una forma de hacerlo, sostuvo Fernández Galeano.

Entre los aportes de los participantes se observó que el sistema de salud está centrado en los espacios físicos de la consulta pero sigue costando salir a la comunidad para construir redes. Otras opiniones reafirmaron que no se pueden perder derechos fundamentales como el trabajo, la salud, la alimentación. También hubo planteos de cambiar la metodología, salir de la burbuja, no desatender el contacto con las personas. Hay que lograr que el trabajo en Red entre en todas las comunidades. Elizabeth Meizoso de Onajpu consideró que el taller fue muy satisfactorio y dejó planteadas perspectivas, a partir de tres puntos fundamentales: “profundizar en el diagnóstico”, “conocer más de cada territorio, características y necesidades de sus habitantes” y “realizar valores civilizatorios”.

VIOLENCIA DIGITAL Y PANDEMIA por Adriana Cabrera Esteve

La generación de los Baby Boomer conoció formas de comunicación por las que se debía pagar bastante más que ahora. A muchas y muchos se nos advertía sobre el uso prolongado del teléfono para que las cuentas de ANTEL fueran accesibles para el núcleo familiar, no se nos permitía realizar llamadas de larga distancia, y más acá en el tiempo, ya adultes, no podíamos abusar del uso de Internet ya que la cuenta se sumaba a la del teléfono. Las redes sociales, los smartphones, las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) y las políticas de conectividad impulsadas por el gobierno anterior fueron resolviendo ese problema. En la actualidad podemos realizar videoconferencias y las conversaciones de larga distancia dejaron de ser un problema. Estamos hipercomunicades sin grandes costos extras. La masividad del uso de las redes sociales ha irrumpido en nuestras vidas sin que tuviéramos tiempo de analizar sus posibles consecuencias. Permitieron en un principio la democratización de la información, la fluidez en la organización, mayores convocatorias y obraron como caja de resonancia de las denuncias y demandas. Al tiempo que espacios como Wikipedia han democratizado el acceso y la producción del conocimiento.

No habíamos terminado de disfrutar el proceso de democratización que ofrecían las redes cuando ya tuvimos que enfrentar el proceso de manipulación.

Sabemos que lo que se comercializa son nuestros datos, nuestra sensibilidad, nuestras percepciones, nuestros gustos, nuestras opiniones. Cuántos clics hacemos en una u otra historia o imagen es lo que operacionalizan las grandes compañías que poseen las redes. Mientras, aceptamos como natural que Facebook nos pregunte todo el tiempo qué estamos pensando y que Twitter nos pregunte qué está pasando. Brindamos al mundo información sobre nuestra vida privada al tiempo que nutrimos de datos el conjunto de algoritmos que nos hacen interactuar con los que piensan parecido a nosotros y nos aíslan de los que piensan diferente. Es un fenómeno nuevo. A las lógicas algorítmicas de la comunicación debemos sumarle las estrategias de manipulación de algunas asociaciones a través de la contratación de trolls o perfiles falsos, verdaderos mercenarios de la comunicación, que han ido cambiando las formas de relacionamiento en las redes, minando la información de fake news o noticias falsas, difundiendo una publicidad paralela en la que desde el anonimato se puede agredir y acosar a los y las que piensan diferente, sumiendo en la desinformación e incentivando el odio en una parte de la sociedad e intentando el aislamiento de la otra. El bloqueo es la nueva forma de invisibilización. Como afirma Rita Segato, la gran malla de conectividad está dividida por un muro de Berlín, y no sabemos qué sucede del otro lado del muro y no podemos llegar allí con un debate abierto. Al mismo tiempo, los usuarios de las redes adquieren una sensación de omnipotencia y el trato difiere por lejos del que podrían tener en un diálogo cara a cara. Se tiende al narcisismo, a no aceptar el disenso, a querer arrebañar en base a la construcción de un enemigo. Esa cultura de la enemistad tiende al fascismo.

Las redes son un espejo de los clivajes existentes en la sociedad.

Por un lado entre los efectos de la manipulación y la intimidación está el de perpetuar los roles de género tradicionales por el convencimiento o por las diferentes formas de violencia, moral, simbólica, psicológica. En la actualidad, las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) ofrecen un nuevo espacio de violencia basada en género y generaciones.

El acoso por ejemplo, es una de las formas que adquiere la violencia digital de género en el espacio público con un perpetrador desconocido. Han sido estudiadas otras. El sexting o intercambio de fotos y videos de tipo sexual que pueden ser usados por segundas o terceras personas sin el consentimiento de la primera. El grooming o establecer vínculos entre una persona adulta y un menor con consecuencias de abuso por parte de la primera. El cyberbullying o acoso psicológico a través de internet. El cyberacoso sexual puede ser esparcir rumores mediante la utilización de perfiles falsos, teléfonos descartables o correos electrónicos. Riesgos de privacidad como usurpación de contraseñas, geolocalización, control de publicaciones y amistades.

  Otro de los efectos de la manipulación, lo estamos viviendo ahora en este momento de crisis. Es el del accionar, cual un ejército de espías dormidos, de un conjunto de opinólogos destinados a ocupar las redes e intentar desacreditar la información brindada por mujeres y hombres de ciencia o por los medios de prensa que reproducen los datos, la mayoría de las veces brindados por el mismo Estado. Se construye así una posverdad, una “plataforma de pensamiento irracional” al decir de un amigo, con el que deberemos lidiar para construir una cultura de cuidados en la que el derecho a la vida humana prevalezca.

Publicado el 15-4-2021 en El Diario Médico

LA URGENCIA: DEFENDER EL DERECHO A LA VIDA por Milton Romani

Vivimos uno de los momentos más trágicos en la vida de nuestro pueblo. Ahora no sólo los números diarios generan miedo, pánico, incertidumbre, encierro. También la incomprensión. Actitudes dogmáticas, soberbias e inflexibles que no permiten siquiera un diálogo de intercambio. Nada.

“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles, sino importantes”, dicen que dijo Winston Churchill, ahora que se puso de moda por un ministro desubicado.

El Frente Amplio, el PIT-CNT, las sociedades médicas y científicas, las organizaciones sociales insistieron en abrir un diálogo constructivo con el gobierno, que involucre a toda la sociedad, superando pujas absurdas, frente a la emergencia que hoy nos arrebata la vida de hombres y mujeres. Hemos tenido el silencio por respuesta, cuando no la arrogancia y la violencia verbal.

Thomas Jefferson fue más elocuente que Churchill: “Quien recibe una idea de mí recibe instrucción sin disminuir la mía, igual que quien enciende su vela con la mía recibe luz sin que yo quede a oscuras”.

En situación de emergencia la ciudadanía toda corre el riesgo, y obviamente hemos cometido errores. Superemos esto, por favor.

Las víctimas ahora tienen rostros de gente cercana y querida. Los contagiados y la zozobra que generan también tienen cercanía inquietante. Las ollas populares no dan abasto y la pobreza cunde en los barrios sin saber dónde, cuándo ni cómo vamos a salir de esto.

Se necesita movilizar a toda la ciudadanía, cerrar filas para defender el derecho humano primordial: el derecho a la vida. Esto impone priorizar tareas políticas y sociales.

Lo urgente

Es urgente y necesario reordenar y abordar el tema de los derechos humanos con espíritu de integralidad. Los derechos conculcados infamemente por la ley de urgente consideración (LUC) son un acto irresponsable del protomonarca y nos han exigido a recurrir al instrumento del referéndum.

Las condiciones inhóspitas que genera la pandemia a nivel comunitario ponen obstáculos muy graves  para el ejercicio de nuestros derechos de democracia directa. Hemos nuevamente recurrido al diálogo para extender el plazo y nos cerraron la puerta, a pesar de que para otros eventos electorales sí funcionó esa postergación. Someter a referéndum una ley de estas características apelando a la decisión ciudadana es un derecho que debería preservarse pese a todo, y para ello deberían dar nuevos plazos.

Sin renunciar a nada, ahora lo prioritario

El Frente Amplio es oposición. También es gobierno en tres departamentos y en varios municipios.

Cuenta con una magnífica estructura organizativa a nivel territorial, sus comités y coordinadoras; sus agrupaciones municipales son excelentes para el cumplimiento de tareas en defensa de la vida.

La clave sigue siendo que la comunidad deje de ser receptáculo de órdenes y recomendaciones, de información a veces contradictoria, y empiece a ser protagonista de su propio destino.

Es la principal fuerza política, con arraigo popular y presencia en todos los barrios de Montevideo y en el interior. Puede movilizar y tiene experiencia, junto con otros actores, de acción social y comunitaria. Tomando los recaudos de cuidados sanitarios y planificando paso a paso, es posible desplegar la solidaridad activa:

  • Prevención a nivel de los barrios. Detección de los puntos calientes de contagio o aglomeraciones. Disuasión amigable y preventiva de actitudes no sanitarias.
  • Promoción de salud, cooperando y ayudando a los profesionales, técnicos y personal del primer nivel de salud, junto a la comunidad organizada.
  • Convertir el apoyo a las ollas y comedores populares en una sostenida red de emergencia alimentaria. Cada comité, cada coordinadora, debe hacer un relevamiento y tener un contacto, no esporádico, sino permanente, con cada una de estas iniciativas.
  • Creación de redes de ayuda a las víctimas y contagiados como ya se hace en barrios solidarios. Se trata de darles un apoyo sostenido y organizado.
  • Redes de apoyo a los adultos mayores en su soledad para generar, con los protocolos sanitarios, un apoyo efectivo a quienes viven solos y padecen este encierro y aislamiento.
  • Redes de apoyo a los niños y jóvenes en materia educativa mediante el relevamiento de las herramientas informáticas, y acercar lo que se pueda para ayudar al personal docente y a las familias, promoviendo su participación.

Desde el punto de vista de la salud pública, la clave sigue siendo que la comunidad deje de ser receptáculo de órdenes y recomendaciones, de información a veces contradictoria, y empiece a ser protagonista de su propio destino. Es una tarea política.

El Frente Amplio puede y debe redoblar su presencia organizada en esta pandemia y reclamar, junto con la Intersocial, con el PIT-CNT, con las sociedades médicas y científicas, su derecho a participar en las decisiones de un gobierno que ha perdido el rumbo, desde una perspectiva de integralidad de los derechos humanos, conculcados incluso en la LUC.

La movilización de todo su potencial social y organizativo para defender la vida como derecho humano es una clave para intervenir positivamente en esta crisis y aportar lo mejor de lo nuestro. También para ejercer una política real de cercanía con los padecimientos de nuestro pueblo, abandonado por este gobierno.

EL PECADO DE SOBERBIA LOS DEJÓ AL DESCUBIERTO por Daniel Parada

El editorial del diario El País del 22.3.21 dice:

La mayoría de la comunidad científica es simpatizante de la izquierda, particularmente del FA, pero importa dejar en claro que aquí no gobiernan los científicos. Aquí gobiernan los políticos, votados por la gente, en elecciones justas y libres.

Esta afirmación sin dudas trae implícita varias verdades ocultas, verdades para la coalición de derecha no para el pueblo uruguayo que ya está cerca de las 800 muertes.

Cuáles son estas verdades ocultas que al desnudarlas vemos el pensamiento real de la coalición y sus voceros dentro del cual el diario que apoyó al golpe de estado de 1973, hoy sale a marcar la cancha con la posición del gobierno.

Dicen que gobiernan los políticos y no los científicos y es correcto. Lo que no es correcto es que el gobierno lo haga tomando decisiones contrarias a las recomendaciones que hacen los científicos para detener la pandemia. Estos, independientemente a qué partido simpaticen, son quienes tienen el conocimiento y la experticia para asesorar en la toma de decisiones. El no hacerlo conduce a nuevas bombas atómicas.

¿Porque el gobierno toma esas decisiones?, simplemente porque cuando tiene que elegir entre salud de los uruguayos y proteger el capital, elige este último, a costa de la salud de los trabajadores. El diario El País como lo hizo con la dictadura desde 1973, también ahora justifica cualquier acción y decisión del gobierno, porque son y defienden los mismos intereses.

También lleva implícito que entonces nombrar al GACH fue una estrategia para ganar la simpatía de la población, una operación de marketing y eso lo deja muy claro el diario El País, al enunciar, casi en forma despectiva, que la comunidad científica simpatiza con el Frente Amplio.

Negar la ciencia en la actualidad, como lo hace el diario El País, no es más ni menos que posicionarnos en el medioevo como Nación. Sabemos que esparcir la ignorancia, las verdades a medias, desprestigiar a la Universidad, a la comunidad científica y al Frente Amplio es su misión.

Desenmascararlos es una responsabilidad democrática, un deber ciudadano.

Esa premisa de no escuchar a los científicos para enfrentar a la pandemia, no solo muestra su grado de soberbia, sino que además nos llevó a esta catástrofe sanitaria que vivimos hoy. Sabemos cuántas muertes podrían haber sido evitadas.

Gracias diario El País por contribuir con esta lamentable situación sanitaria.

Daniel Parada