IZQUIERDAS DEL MUNDO, LEAN AL MAESTRO BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS Y DÉJENSE DE TONTERÍAS Por Miguel Guillén Burguillos*

Hace pocas semanas la editorial Icaria publicó un libro del maestro Boaventura de Sousa Santos (1) que debería leer toda persona que se considere de izquierdas, particularmente si forma parte de la dirección de un partido político o ejerce algún tipo de liderazgo en los llamados movimientos sociales. La razón es simple: en tan sólo 150 páginas el maestro, a quien tenemos el privilegio de leer a menudo aquí en Público, da algunas claves para que la izquierda deje de mirarse el ombligo y vuelva a ser una herramienta útil para la gente común, para la mayoría social.

Aquí en España, pero también en Portugal, Brasil, Colombia o México, países cuya realidad política analiza de Sousa Santos a lo largo del texto. Países donde la trayectoria y el papel de las izquierdas en los últimos años ha seguido pasos diferentes, pero hoy se enfrentan a un reto común: ser útil para la vida de las personas ante la multitud de desafíos que la situación política internacional nos arroja.

Porque las fuerzas de izquierdas deberían ser útiles para mejorar realmente la vida de las personas, a pesar de que a veces, en algunos casos, parezca que solamente sirven para que sus miembros alimenten su ego, se sientan realizados y se erijan en portadores de la verdad absoluta, cómodamente desde su atalaya. Es decir, ocurre que a veces todo queda en un discurso muy interesante pero poco más que eso, y ahora hacen falta fuerzas de izquierdas que se arremanguen, que se mojen y que busquen la manera de llegar a acuerdos para mejorar las condiciones de vida de la gente común.

Ensuciándose si hace falta. Aquello que Weber explicaba de la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Porque sí, la ética de la convicción es importante, pero sin la ética de la responsabilidad no es posible cambiar la sociedad. Jordi Évole ha explicado en más de una ocasión que su abuelo siempre le decía que las izquierdas solamente están unidas en la cárcel. Algo parecido me decía a mí el mío. Y ya va siendo hora de que las izquierdas del mundo, como pide Boaventura en el título de su nuevo volumen, se unan. De una vez por todas.

Lo primero que deben tener claro las izquierdas, siguiendo a de Sousa Santos, es que tienen que trabajar con la convicción de que puede y debe existir un futuro postcapitalista, una sociedad alternativa que satisfaga las necesidades reales de los pueblos, donde el ejercicio de la libertad sea efectivo. Dice Boaventura que nos hallamos en un momento reaccionario global que exige la convivencia entre diferentes fuerzas de izquierdas.

Habla de un interregno surgido de la caída del Muro de Berlín, donde el nuevo mundo en el que nos tocará vivir aún no se ha definido. Y explica que, con el colapso de la URSS, surgió una agenda explícita que supuso el fin definitivo del socialismo como sistema social, económico y político liderado por el Estado. Pero apunta que la agenda implícita, que constituyó el fin de cualquier sistema social, económico y político liderado por el Estado, fue la que contó verdaderamente. There is no alternative, que dijo Margaret Thatcher, porque el mercado se basta y se sobra para hacernos felices. El mercado, el capitalismo, el imperio. Porque Boaventura no se acompleja a la hora de hablar claramente de imperialismo y anticapitalismo, porque en estos tiempos que nos ha tocado vivir no está el patio para eufemismos ni edulcorantes del lenguaje.

De Sousa Santos realiza un análisis comparado, como he apuntado al inicio de este artículo, de los casos de Portugal, Brasil, Colombia, México y España, centrándose en el papel que las izquierdas han venido desarrollando en los últimos tiempos. El primero, que conoce a la perfección, puede servirnos para albergar una esperanza de que la unidad de las diferentes fuerzas de izquierdas puede ser útil para las clases populares, y por qué no, sirva de guía en España, algo que tímidamente ya se han atrevido a apuntar tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias, si bien a medida que se acerque la inevitable convocatoria de elecciones generales los poderes fácticos apretarán fuerte para que el PSOE regrese a principios de 2016 y mire a la derecha y no hacia la izquierda. Al tiempo.

El maestro Boaventura explica que nos encontramos en un momento de luchas defensivas en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre el serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes. Supongo que no hace falta recordar los casos de Trump, Salvini o Bolsonaro. Por todo ello, el entendimiento de las fuerzas de izquierdas, incluidas lógicamente las de raíz socialdemócrata, deben aunar esfuerzos para crear un cordón sanitario y defender los intereses de las clases populares.

Puede sonar derrotista y poco ambicioso, pero opino que hay que ser conscientes de la situación en que nos encontramos. A veces los problemas domésticos que vivimos en nuestro país, y bien importantes que son, no nos permiten prestar atención a lo que pasa en el mundo. Y la situación que tenemos delante requiere de una unidad de acción a nivel internacional que debe pasar por el entendimiento entre las izquierdas, si no queremos ser arrollados. Boaventura de Sousa Santos reclama la construcción de coaliciones que hagan posibles gobiernos de izquierdas en diferentes países, para conseguir una idea de conjunto de los obstáculos que se deben superar y de los caminos para hacerlo. Habla incluso de una nueva internacional de izquierdas. Palabras mayores.

Como no podía ser de otra forma, de Sousa Santos habla de la necesidad de tener un pie en la institución y otro en la calle, en las luchas sociales. Algo que puede sonar a perogrullada, pero lo cierto es que cuando las fuerzas de izquierdas entran en las instituciones la burocracia y la moqueta pueden llegar a absorber, y de qué forma, la mayor parte de sus energías. Y se corre el riesgo de abandonar la calle y surge el peligro de que fuerzas de extrema derecha seduzcan a quienes se hayan podido sentir abandonados por quienes pensaban que eran los que tenían que defenderlos.

¿Les suena? ¿Por qué hay barrios enteros donde antes arrasaba el PCF y ahora gana el Frente Nacional de Le Pen? ¿Cómo se entiende que Salvini lidere el gobierno del país del PCI? ¿Por qué en Brasil Bolsonaro ha ganado las presidenciales? ¿Y Trump? ¿Por qué ha crecido tanto en los últimos tiempos Alternativa para Alemania? ¡En Alemania! ¿Seguimos? Si las izquierdas no se ponen, no nos ponemos, las pilas, el camino hacia la irrelevancia es llano y muy corto. Y si nuestra gente no es capaz de sentirse identificada con las izquierdas, otros vendrán a ocupar su espacio, con todos los riesgos que ello supone.

Porque parece que nunca aprendemos de las enseñanzas de la historia. En las próximas elecciones al Parlamento Europeo se nos situará interesadamente ante el dilema de elegir entre el neoliberalismo de Macron o la barbarie de la extrema derecha. Susto o muerte. Pues bien, aquí las izquierdas deben presentar una alternativa clara, unitaria y salir a la ofensiva, planteando que mucho tienen que cambiar las instituciones de la Unión Europea para que la gente común las perciba como algo útil en sus vidas.

El ciclo reaccionario global del que habla Boaventura de Sousa Santos en su libro ha supuesto unos graves retrocesos en las conquistas populares. A medida que la derecha se vaya consolidando en el poder, la democracia irá perdiendo su carácter hasta que se convierta en un nuevo régimen dictatorial disfrazado con una fachada democrática. Y como las fuerzas de izquierdas siempre han tenido claro que es imprescindible la unidad de acción en la lucha antifascista, por ello el maestro les pide que sean humildes y se articulen de manera pragmática para resistir con los mínimos daños posibles este período (provisional) de luchas defensivas alrededor del planeta. Si se es capaz de conseguir este primer objetivo, preservando cada fuerza su identidad y autonomía, se estará en disposición de lograr en el futuro otras articulaciones más avanzadas.

¿Pesimismo de la razón? Seguramente, pero es que quizá no nos queda otra. Por eso coincido con el maestro y digo: izquierdas del mundo, lean al maestro Boaventura de Sousa Santos y déjense de tonterías. 29/11/2018

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(1)  Nota del editor de Other News : El profesor Boaventura de Sousa Santos es un académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo  y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

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* Politólogo español. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y diplomado en Ciencias Empresariales por la Universitat Oberta de Catalunya

Publicado en Voces en contra de la corriente el 29/11/2018

http://www.other-news.info/noticias/2018/11/izquierdas-del-mundo-lean-al-maestro-boaventura-de-sousa-santos-y-dejense-de-tonterias/

Fotografía de David Fernández en El Salto – https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-tragedia-nuestro-tiempo-dominacion-unida-resistencia-fragmentada

FRANCOTIRADORES EN LAS REDES por Ignacio Martínez

Muy variada es la oferta de francotiradores encaramados entre los arbustos de las redes sociales. Apuntan contra el Frente Amplio. Están los blanco-colorados que sólo publican mentiras. Están los desencantados que sólo hacen críticas ciertas sí, pero sin mencionar jamás los aciertos y, además, no proponen nada o se limitan a decir “habría que hacer” sin anotarse en primer lugar para hacer lo que proponen. Están los pretendidos de izquierda que se amparan en principios y en consignas últimas que defiendo, pero no  bajan jamás al llano del trabajo cotidiano y sólo buscan marcar sus perfiles.

Yo afirmo: el gobierno del FA es y ha sido mucho mejor que todos los demás gobiernos que lo precedieron.

Que gobierne el FA o que lo haga el PN, no es lo mismo, porque no somos todos lo mismo. Esa distinción es lo que nos hace avanzar o retroceder.

No debemos volver atrás. Tenemos que avanzar hacia un Uruguay más de izquierda, más popular, más participativo en las decisiones y en la gestión, profundizando la democracia, las conquistas y la distribución de las riquezas.

¿Por qué? Enumero algo de todo lo hecho hasta ahora.

No debemos destruir el Plan Ceibal ni el FONASA ni los Consejos de Salario ni la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.

Debemos avanzar en los planes del MIDES, en el fortalecimiento de la DGI y en la eficiencia del BPS y en el crecimiento de las jubilaciones y pasividades.

No podemos retroceder ni un paso en el Matrimonio Igualitario, en el Aborto Legal y la asistencia a la Mujer embarazada.

Debemos profundizar los cambios en la matriz energética y en los reconocimientos internacionales obtenidos por las políticas anti tabaco y la legalización de la marihuana y la estabilidad macroeconómica protegida de los avatares de los países vecinos.

Debemos abatir definitivamente la pobreza que ha caído mucho, pero no lo suficiente.

Debemos disminuir la mortalidad infantil, segunda en el continente después de Cuba, pero que aún puede disminuirse más.

Hay que incrementar los salarios que han crecido significativamente, sobre todo en la educación, la salud y la policía, pero deben tener más poder adquisitivo para una vida mejor.

Además del Antel Arena, se construyeron 118 escuelas de Tiempo Completo, 37 liceos nuevos, una decena de Polideportivos, varias Utu y se fortaleció la UdelaR en 10 departamentos, pero tenemos que construir más hasta satisfacer plenamente toda la Educación.

Se reacondicionaron los hospitales Pasteur, Pereira Rossell, Maciel, etc. equipándolos con la mejor tecnología y el mejor mobiliario.

Debemos mantener el Hospital de Ojos, Traumatología e Imagenología, con  más policlínicas y médicos en los lugares más apartados.

Se restauró el Teatro Solis, el Auditorio del Sodre y el Mercado Agrícola. Se culminó el edificio abandonado donde funciona hoy Presidencia.  Los planes de vivienda y el Plan Juntos y las cientos de viviendas entregadas deberán extenderse.

Las Políticas de Género, de Discapacidad y la Junta Anticorrupción debemos incentivarlas.

Hay que defender los CAIF, las 8 horas rurales, las conquistas de las trabajadoras doméstica, el Sistema de Cuidados, el FONDES y la Ley de responsabilidad empresarial.

Debemos defender la Patente única y fortalecer el Congreso de Intendentes y el Tercer Nivel de Gobierno en el territorio.

¿Tenemos que ser durísimos con la corrupción? Sí. ¿Tenemos que ser austeros en el gasto público? Sí. ¿Tenemos que seguir avanzando en la reformulación de las FFAA y en la justicia con el pasado reciente? Sí. ¿Tenemos que fortalecer la seguridad ciudadana y la convivencia en paz? Sí. Todo eso sólo será posible con un 4to Gobierno del Frente Amplio. Bajate del árbol. Salí de las redes. Dejate de apuntarnos que acá, en el FA y en las organizaciones sociales, se lucha por el mejor Uruguay y hay un lugar para vos. He dicho.

Publicado en el semanario VOCES el jueves 22.11.2018

Y CUANDO LOS DE ABAJO DESPERTARON, EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ por Jorge Majfud*

Quienes hace veinte años estaban en el gobierno en Uruguay y en Argentina, antes y durante una de las mayores crisis económicas y sociales nunca vista por generaciones, dicen que, en realidad, ellos “lo hicieron bien” aunque “les tocó” un mal momento.

La brutal crisis económica y social fue consecuencia de un fenómeno climático o producto de la caída de un asteroide en la cuenca del Plata. Sin embargo, esta catástrofe no extinguió los dinosaurios. Ahora dicen que a los gobiernos que les siguieron “les tocó” un buen momento (el famoso viento en popa, otro fenómeno climático), pese a lo cual estos gobiernos irresponsables, en realidad, “lo hicieron mal”. (Durante esos años dorados, personalmente escribí mucho en contra de la euforia de Lula, de su Deus é brasileiro, o de los Kirchner, lo mismo sobre Uruguay y Chile, sin dejar de reconocer sus logros, que no fueron pocos ni fueron pequeños).

Es verdad que quedan temas muy pendientes, como la educación y la criminalidad callejera, dos problemas que no le son propios en el contexto internacional. En cuanto a la disminución de los desequilibrios sociales no se fue lo suficientemente radical como se debió, pero recordemos que en las democracias liberales también existe una oposición, y es siempre un elemento necesario en cualquier dinámica social saludable.

Pero es interesante detenerse en la omnipresente narrativa actual.

Ahora resulta que quince años de ininterrumpido crecimiento, de mayor independencia internacional, del pago de deudas impagables, de millones de menos pobres, fueron calamidades que deben ser corregidas.

Por eso ahora, en Uruguay, esos mismos grupos, con las mismas recetas ideológicas y las mismas promesas de los años 90, con algunos rostros más viejos y otros más jóvenes que no por casualidad se parecen mucho, aseguran que ellos “lo harán bien”.

Lo que es para preocuparse.

Obviamente, hay algo que lo hacen muy bien, porque de otra forma no se explicaría la insistente recurrencia de los déjà vu sociales: con los medios de prensa más fuertes de sus países, como siempre fue la regla en América Latina desde el siglo XIX, medios que nunca dejaron de serles funcionales durante la excepción de los últimos quince años, todo lo declaran con obviedad, convicción y elocuencia contagiosa.

Hay, sin embargo, dos novedades: (1) una fuerte dosis de furia tribal que en las redes sociales explota hasta por una simple mirada y produce el milagro de terminar culpando siempre a las víctimas de todos los males de una sociedad y (2) la sutil y efectiva estrategia de la judicialización de la política (que debería llamarse politización de la justicia) por la cual, como es de esperar según la lógica de los ideoléxicos, la persecución y encarcelación selectiva de los políticos más populares (sean corruptos o no) es calificada como “una muestra de la independencia de la justicia” y “una prueba de la salud democrática de un país”. Ideoléxicos en su estado más hipócrita.

En Argentina están mucho más adelantados que en Uruguay. Con las mismas promesas y con las mismas recetas ideológicas de los años noventa, lograron reconquistar el gobierno y, después de casi tres años, “ya lo están haciendo bien”, pese a la “pesada herencia” de quince años de insincero crecimiento económico interrumpido y de una prolongada e irresponsable reducción de la pobreza.

Lograron “hacerlo bien”, pese a que otra vez “les tocó” un mal momento. Casi no queda un indicador económico y social que no se haya degradado hasta límites impensables, ni siquiera por esos mismos “hombres de negocios”, esos genios que, a diferencia del resto de los mortales “saben cómo funciona el mundo” y cuya radical ideología se esconde en otro ideoléxico: “pragmatismo económico”. Es decir, ajustar hacia abajo y no hacia arriba, estrangular a la clase media, a los trabajadores, a los pequeños y medianos empresarios es un acto de responsabilidad que, por si fuese poco, por una lógica muy elemental, inevitablemente conduce a la recesión y a más injusticia social.

Pocas ideologías son tan radicales como la ideología de la no-ideología de los Grandes Negocios. Luego no se explican cómo siendo tan exitosos Super Hombres de negocios, fracasan vergonzosamente en los gobiernos, ya no sólo en lo social sino hasta en lo económico, porque nunca entendieron que las montañas de dinero que ellos llaman éxito propio y beneficio social se deben a que existe un Estado y una sociedad que cada día, de forma directa (corrupta) o indirecta (legal) trabaja para ellos.

Ningún partido político en el mundo (males necesarios, todavía) tiene el monopolio de hacerlo bien o de equivocarse, pero es siempre recomendable considerar los antecedentes de cada individuo, de cada grupo político y de cada receta, así como hace cualquier empleador cuando lee el currículo vitae de un candidato a un modesto puesto. Mucho más cuando estamos hablando de grupos y de individuos que aspiran a hacerse con el poder político de todo un país porque sólo con el abrumador poder económico y financiero que ostentan, o representan, no es suficiente para aprobar las leyes que necesitan para establecer las reglas de juego y formular, a su imagen y semejanza, la diferencia entre el bien y el mal que consumirán y reproducirán unos cuantos de los de abajo.

Publicado el 3 de setiembre de 2018.

*Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis otras novelas.

DESEQUILIBRIOS MACRIECONÓMICOS por Milton Romani Gerner*

En esta orilla, el líder de “Peguemos”, Lacalle junior, necesita vender mucho más. Para espejito está Macri. Acá ya lo hicieron. “Vivir sin miedo”, promete Larrañaga, y hace campaña electoral con ello. En un corte antiwilsonista, propone sumar al esquema represivo a las Fuerzas Armadas, sin reparar en que ha sido el estamento que más miedo ha inoculado a nuestra sociedad. Abusa de una irracional tentación punitiva de la sociedad y propone, otra vez, las herramientas del castigo, cuando los castigos son como la riqueza: nunca son iguales para todos. Los fracturados sociales son los que pagan el pato. Otros fabrican sociedades anónimas.

Ya lo intentaron. Querían bajar la edad de imputabilidad penal. Fracasaron. El formidable movimiento juvenil de No a la Baja lo impidió. Lo que bajó fue la cifra de “menores recluidos”. Ahora son 358, frente a una media histórica de 700. En pocos años, la cifra se redujo casi a la mitad. Se prevé que siga descendiendo. Ningún comunicador ha considerado interesante investigar esto, que –vaya– es una noticia. La Universidad del Miedo, como bien la bautizó el profesor Roque Faraone, no está para eso. Hay una genealogía de los mecanismos que han invadido nuestra convivencia y otros fenómenos violentos de la vida cotidiana que no se solucionan con castigos.

El escritor uruguayo estadounidense Jorge Majfud acaba de publicar en varios medios del exterior un excelente artículo, “La generación del 2001 y la violencia en el Cono Sur”, en el que sostiene: “En medio de la crisis del Cono Sur que se inició en el año 2001 y se profundizó en el 2002, todos se horrorizaban, con cierta dosis de inevitable acostumbramiento, por los niños que comían basura o se drogaban con pegamento debajo de los puentes. No eran casos aislados. Fue una epidemia súbita que arrojó a casi un 20% de los hijos de la clase media a la miseria y el abandono, debido al descalabro de la economía, al desempleo masivo y de los ya debilitados planes sociales de los gobiernos anteriores que, tanto en Uruguay como, sobre todo, en Argentina, se habían alineado a las recetas privatizadoras del FMI. ¿Dónde están hoy esos niños? ¿Desaparecieron? No. Todo presente tiene un pasado, y aunque la gran mayoría de ellos haya salido a flote, hacia una vida digna de lucha y trabajo, basta con un pequeño porcentaje para crear un fuerte estado de inseguridad debido a delitos crecientes en número y crueldad. Como solución, no pocos miran los tiempos de la dictadura militar con nostalgia, por el simple hecho de que, por entonces, crímenes y violaciones de todo tipo, física, moral y económica, simplemente no salían en las noticias y quienes las denunciaban desaparecían o perdían sus trabajos, en el mejor caso”.

La Cantera de los Presos

Este era el nombre del que hasta ahora fue el cantegril más antiguo de Montevideo. Desde 1940, a cinco cuadras de Avenida Italia y Comercio, entre basura, ranchos de lata, perros y caballos, vivieron cuatro generaciones de más de 250 familias, las que hoy fueron realojadas a viviendas dignas en un nuevo barrio digno. Coincidieron para ello la movilización y la pujanza de los vecinos, liderados por una mujer, y un convenio con la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Fue un proceso. Su planificación llevó algunos años, esfuerzo, discusión, porfiadas y atrevidas insistencias. El nombre del asentamiento parece venir de la época en que los presos iban a picar piedra en las canteras allí ubicadas.

No se necesita un giro literario muy rebuscado para arriesgar una metáfora: como otros territorios, ha sido cantera de presos a futuro. O no. Porque entre otras indignidades, el estigma uniformiza y evade admitir que el trabajo, formal e informal, ha sido también forjador de ciudadanía en Isla de Gaspar.

En realidad, este realojo ha sido un formidable modelo de intervención urbana que marca un camino para políticas de convivencia y para asegurar el derecho a la seguridad ciudadana. Prevención universal, que le dicen. Con efecto inmediato en estas 250 familias, ahora sí, seguras, conviviendo felices y con un plus: la dignidad.

Prevención universal, selectiva, indicada

Habrá que repetir una vez más que, en términos de políticas de seguridad ciudadana, hay que desplegar todo el arco preventivo antes que lo punitivo. En todo caso, este realojo de quienes vivían en Isla de Gaspar parece preferible a intervenciones en crisis como la de los Palomares de Casavalle. Es una opción política. Además de prevenir, hay que prever. ¿Restituir el principio de legalidad y responsabilidad? Sí. Pero ese, lícitamente, podría ser el reclamo de los vecinos: restablecimiento de la legalidad de derechos y llamar a responsabilidad a todos los sectores del Estado. La aplicación de la ley es sólo un componente de este combo, necesario pero sólo como un recurso de una política criminal con varios componentes. Debe aplicarse, además, sin tanto aspaviento, ya que la manija de los medios produce subjetividad punitiva.

El castigo, en sus diversas formas, termina siendo caro, ineficiente en términos de costo-beneficio. Segrega aun más a las familias y la sociedad. Sin enfoque político integral, se recarga y se deposita todo, y de mala manera, en la tarea policial, que debe tener también herramientas selectivas e indicadas en lo preventivo. Pero las responsabilidades sobre seguridad y la convivencia ciudadana son de varias agencias, que necesitan coordinación y dirección política estratégica. La tentación narcisista de cualquier ministerio con pretensiones exclusivistas, además de censurable, constituye un grave error político.

El momento punitivo

Como bien afirma el antropólogo, médico y sociólogo francés Didier Fassin, quien recientemente nos visitó: “La combinación de la intolerancia y el populismo penal hace que pueda haber una desconexión entre el aumento de los presos y la realidad de la criminalidad. Eso caracteriza al momento punitivo y es el punto de partida de mi reflexión. En realidad, mi trabajo no es explicar eso en detalle, sino tomarlo como un pretexto para reflexionar de manera más general sobre el castigo, tratando de plantear tres preguntas que pueden caracterizar la razón punitiva: ¿qué es el castigo?, ¿por qué se castiga? y ¿quién es castigado?”.

La población carcelaria ha aumentado ocho veces en Estados Unidos. Dos veces y media en Francia. 180% en Brasil. En Uruguay, en 1997 (cuando comenzaron las reformas del Código Penal para aumentar las penas) había 2.700 presos. Hoy superan los 11.000. Multiplicamos por cuatro la población carcelaria. La voracidad y tentación punitivista no se sacia nunca. Lejos de resolver, se transforma, ahora sí, en el problema. Estamos en deuda con esto.

Plan Siete Zonas y Mesas de Convivencia

El denominado Plan Siete Zonas, de intervenciones urbanas, fue un buen ensayo general. No era pertinente que lo ejecutara solo el Ministerio del Interior. Asumido por el Ministerio de Desarrollo Social, se dijo, no hay presupuesto. Error grave. Lo lógico sería que lo reintentáramos en clave de gestión y presupuesto compartido desde varios ministerios. Hay ejemplos institucionales que indican que eso funciona. La Junta Nacional de Drogas es un buen ejemplo. Menos entendible fue el trancazo que se hizo con el funcionamiento de las Mesas de Convivencia y Seguridad. Tampoco son un asunto del Ministerio del Interior. Hay buenas prácticas que demuestran que es posible darles dirección política para garantizar una gestión local planificada y con el concurso de varios actores. La participación de la comunidad tiene sus características especiales, pero hay que abordarlas en su complejidad y con docencia ciudadana. Insisto: experiencias como las desarrolladas en el Centro Comunal Zonal 3 (Goes) junto con el Mercado Agrícola y otros actores relevantes pusieron fin al imperio de los tumanes, en forma progresiva y sin violencia. Los planes que hoy se desarrollan en la cuenca del arroyo Casavalle y en el barrio Marconi tienen esa impronta.

Ahora el desafío para el Frente Amplio y su futuro gobierno es abordar el tema de la seguridad junto al de la convivencia ciudadana en clave de derechos. Avanzar sobre los logros pero rectificando los errores constatados. Es posible una gestión interministerial, conducida al más alto nivel, que aborde, con un programa transversal, la globalidad y complejidad del fenómeno social de la criminalidad y del conjunto de violencias sociales que vulneran nuestro derecho a la seguridad y la convivencia.

Los equilibrios macroeconómicos, de los que podemos hacer gala frente al incendio de Macri, son necesarios mas no suficientes. Hemos superado el “síndrome Antel Arena”, que pretendió frenar iniciativas desde un enfoque economicista algo dogmático. Se sobrepuso la política. Hoy, gracias a la acción conjunta y decidida de varios organismos (Antel, Ministerio de Industria, Energía y Minería, Intendencia de Montevideo) y a la movilización de vecinos y vecinas, tenemos otro panorama. Intervención urbana con prevención universal. Por añadidura, allí levantaremos un sitio de memoria (ex campo de detención masiva Cilindro Municipal).

Tendremos complejo Antel Arena. Con nuestros artistas y con Joan Manuel Serrat. Un lujo. Sí. “Vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta”. Pero también para que, en clave de derechos y convivencia ciudadana, “el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailen y se den la mano sin importarles la facha”.

*Milton Romani es licenciado en Psicología y fue secretario de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 13 de septiembre de 2018

LAS IMÁGENES DE DIOS DE BOLSONARO por Antonio Coelho

La imagen de Dios de Bolsonaro es la del Antiguo Testamento, la convicción del pueblo judío, el Dios Pantocrátor, el Todopoderoso que realizó una alianza con el pueblo de Israel.

Toda la historia de Israel se explica como el camino del Pueblo Elegido, guiado por Dios.

La referencia al poder de Dios lleva consigo dos elementos.

El poder de Dios repercute en el poder de Israel, esto genera un racismo religioso.

El poder de Dios repercute en el poder de Israel, esto genera un complejo de superioridad.

Como consecuencia, la violencia se pone al servicio de Israel. Cuando partimos de la omnipotencia desgraciadamente se saca lo peor y la religión se vuelve muy peligrosa.

Porque Dios no es capaz de ser integrado en ningún sistema de pensamiento, en ninguna religión, en ninguna sociedad ni en ninguna geografía.

Según la imagen del hombre que tenemos, será la imagen de Dios que aceptaremos.

La imagen de Dios de Bolsonaro es la del Libro de Los Reyes, del Libro de Los Jueces, del Dios de los Ejércitos, del Dios que mata a los niños en Egipto, que viola las mujeres, que arrasa con pestes.

Ese no es el Dios de Jesús, el crucificado en la cruz, que era para el Imperio romano el signo donde terminaban los criminales, las personas despreciadas. Ese Jesús desnudo, sin poder que muere en la cruz a consecuencia  de su entrega por los más débiles,  los leprosos,  las prostitutas, que reconoce como personas  a las mujeres,  a los niños, invisibles en la sociedad judía, no tiene nada que ver con la imagen de Dios de  Bolsonaro.

En un pueblo como el brasilero, es terrible una imagen de Dios racista.

SN 394/18

Publicado en  PRENSA ECUMÉNICA – ECUPRES 

IDEAS RECTORAS DE LOS SECTORES REACCIONARIOS por Ignacio Martínez

  1. Ellos (léase, Macri, Bolsonaro, Novick, Lacalle Pou, Trump a modo de ejemplos) vienen a“salvar”sus países los cuales “nunca estuvieron peor que ahora”. Ellos se exoneran de toda responsabilidad y se erigen como Mesías.
  2. Los gastos militares obedecen, entre otras cosas, a que se encuentran “siempre amenazados” de ser atacados, invadidos, blancos de armas nucleares, biológicas y de destrucción masiva. La seguridad nacional es cuestión principal en EEUU, en los miembros de la OTAN y en la industria armamentista, la primera del mundo, la que más recursos invierte en investigación, fabricación y comercialización.
  3. La “culpa siempre la tiene el otro”, si estamos como estamos es por los gobiernos anteriores”. Hay una voluntad expresa de desmemoria de la vida de nuestros países en tiempos en que ellos gobernaban antes de la etapa progresista de América Latina. Toman distancia de datos inequívocos donde la pobreza ha crecido en el mundo, que hay más hambre en el mundo, que la riqueza está cada vez más concentrada en menos manos, las de ellos, y que han aumentado las diferencias sociales en los países pobres del mundo que son la mayoría.
  4. Desde ellos surge con fuerza la afirmación de que “los pobres son pobres porque no han sabido salir adelante”. No hay ni un atisbo de afirmación de que es el sistema que los condena y los expulsa y los somete.
  5. Desde la señora Margaret Thatcher, predomina en los sectores del poder la idea de que en la sociedad “no hay clases sociales” sino “sumatoria de individuos” que deberán resolver individualmente sus asuntos. De ahí provienen ideas como las de “negociaciones individuales” contra los Consejos de Salarios o las “microempresas” y las empresas como reguladoras de las relaciones sociales.
  6. Amenazan permanentemente. Se repiten voceros que afirman que “las dictaduras debieron ser más duras”, que “nunca hubo terrorismo de Estado” y que “jamás hubo presos políticos” y que “pueden volver en cualquier momento”.
  7. De manera más o menos solapada predomina la idea de que ellos, “los de raza blanca, de estirpe europea, poderosos y ricos, dominadores del conocimiento y de la información, son los elegidos para dirigir el mundo”. Algo así como la raza superior o el pueblo de dios.
  8. Y hablando de dios, el que ellos han fabricado, aparece como el supremo responsable de todas las cosas y si el mundo está así es porque Él así lo ha querido. Él justifica todo y también perdona. Quien roba para comer será acusado, penado, encarcelado. El cura que viola niños o adolescentes no irá jamás a la cárcel.
  9. Las minorías deben desaparecer o quedarse en el molde que les impongan (léase homosexuales, negros, viejos, discapacitados, entre otros). Las mayorías deben acatar sin demasiados derechos sociales; y si los adquirieron, les serán cercenados. El poder agroexportador, financiero, científico-tecnológico, mediático, militar y religioso procurará fundirse en uno sólo para gobernar el mundo desde las mega corporaciones y desde sus versiones locales en cada país. Este es un nuevo giro de tuerca del capitalismo voraz que busca perpetuarse por los siglos de los siglos (sin amén).

Publicado en el semanario VOCES el jueves 25 de octubre de 2018 

LA MEMORIA NO ES SÓLO RECUERDO por Ignacio Martínez 

La memoria de nuestro pasado reciente debe transcender el recuerdo simbólico y evocativo de lo sucedido. Es válido, sí, pero no alcanza con denunciar el terrorismo de Estado y los crímenes de Lesa Humanidad cometidos por la barbarie.

Se impone incorporar el estudio de las razones de lo sucedido. Es necesario que nos pongamos de acuerdo en los motivos que hicieron posible esas atrocidades. Tenemos que analizar y ponernos de acuerdo en las razones sociales, políticas, ideológicas, regionales e internacionales que pregonaron esa movida político-militar en el continente y en nuestro país.

Un aspecto muy importante es asumir el análisis autocrítico, esa práctica poco usual en nuestros tiempos, para ver la cuota que nos toca de todo aquello.

La memoria también es aprender de lo ocurrido. Deberíamos plantearnos de manera permanente instancias o foros en esa dirección. Incluso autocrítica de nuestra práctica cotidiana hoy, donde las condiciones son diferentes y tenemos más fuerza y estamos en resortes de decisiones claves para la transformación del país que anhelamos.

Propongo algunos temas:

1-¿Es hoy el mañana que soñamos ayer?

2-Todos los esfuerzos realizados, las vidas ofrendadas para que se terminara la miseria, para que no existiera más violencia de ningún tipo, para que pudiéramos vivir en paz, con las necesidades humanas resueltas ¿se están verificando en este momento?

3-¿Estamos haciendo lo correcto para asegurar esas conquistas y lograr las que faltan?

Este momento se vuelve crucial. Estamos rodeados de avanzadas oscurantistas, hipócritas, decididas a destruir las conquistas sociales y jurídicas alcanzadas. Los voceros de esas cruzadas medioevales son los mismos de antaño o sus descendientes.

Se vuelve imprescindible hoy más que nunca coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

La campaña electoral va a estar centrada en una ofensiva plagada de moralina, mentiras y tergiversaciones con la marca Alonso, Lacalle, Bordaberry, Larrañaga, Sanguinetti y Novick entre otros. Para ellos también debemos tener memoria y decir con todas las letras quienes son, qué han hecho, qué piensan hacer con las conquistas sociales que conseguimos hasta ahora y que ya han adelantado destruir.

Nosotros deberemos responder con el Programa sin dejar de mostrar la autocrítica sincera en todos los órdenes. Y si de algo debemos estar bien firmes y seguros es de no parecernos nunca, en lo más mínimo, a ellos con rencillas partidarias y avaricias de cargos y candidaturas.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 16 . 8 . 2018

PROPUESTAS SOBRE ÉNFASIS Y CONTENIDOS DE CAMPAÑA POLÍTICA DEL FRENTE AMPLIO por Colectivo El Taller

Estamos viviendo un período de cambios bruscos en la región. Hay una ofensiva terrible de la derecha que avanza y destruye las conquistas de los gobiernos progresistas. En un clima de odio, revanchismo y virulencia, se utilizan todos los medios y mecanismos para voltear o desplazar gobiernos encarando rápidamente reformas antipopulares de insólitas repercusiones. Inimaginables hasta hace poco tiempo.

Es obvio que hay una parte importante de este sorprendente avance de la derecha económica y política que se hace sobre la base de graves errores que hemos         cometido las fuerzas políticas y sociales de izquierda en todo el continente.

En ese contexto, nuestro país se aproxima a una campaña político electoral, en una situación muy peculiar, donde se juegan los destinos de una acumulación y de logros muy importantes. También nosotros debemos tener una revisión autocrítica, ya que estamos a tiempo de rectificar y relanzar una movilización política desde ahora. Ganar es crucial. Pero la pregunta que debemos hacernos los frenteamplistas es el ¨para que ganar¨ Eso determina los contenidos para los cambios que proponemos hacia el futuro.

Lo que sigue son algunas reflexiones que, como militantes de izquierda,    frenteamplistas con experiencias compartidas en el movimiento popular, en la participación social territorial y en gestión de gobierno, proponemos para intercambiar y dialogar con   todos los compañeros y compañeras con quienes nos unen compromisos, afectos y desafíos.

                                                                          Colectivo El Taller

 1.Otra política posible

Somos distintos, diferentes, de los partidos del sistema. Por lo que ha sido nuestra historia, y nuestra épica. Por forma de ser y actuar. Recuperar la credibilidad en base a que somos diferentes, es crucial. No solo respecto al programa y las ideas, sino a las formas de hacer política. Vivimos en un país que no es el mismo que el del 2004 y nosotros hicimos mucho por cambiarlo.

Para muchos, el desencanto se expresa en tomar distancia, en estar en actitud de espera o en formas crecientes de desprecio de la política (“todos son iguales”). Necesitamos dar señales claras para volver a ser creíbles en temas éticos, de transparencia, de programa, de renovación de equipos. De continuidad, pero más que nada en cambio.

Cierto acostumbramiento, la inevitable introyección de los cambios como hechos naturales, algunos errores cometidos y cierto nivel de burocratización nos colocan ante ciertos sectores dentro de la bolsa del ¨son todos iguales¨.

En cosas sustantivas, no fuimos suficientemente diferentes a los ojos de la gente. Este lío no lo arreglamos para ganar una elección, pero tiene que haber un punto desde el cual hay que empezar a rectificar. En muchos lugares hubo prácticas clientelísiticas y prebendarias. Podemos buscar muchas explicaciones, pero tenemos un problema serio. La estatización de una fuerza politica de cambio es un veneno letal que carcome a la fuerza, a sus militantes y le quita credibilidad como herramienta de cambio.

  1. Instalar la verdad, combatir la estrategia de acoso y derribo

 La tarea que el Frente Amplio tiene por delante es trabajar inteligentemente y por todos los medios en instalar la verdad. Hoy es una tarea. En los países de la región la estrategia de distorsionar la realidad, recurrir a las postverdades, le permitió a la derecha obtener importantes logros electorales. Si bien las realidades son diferentes los resultados son ciertamente alentadores para la oposición en nuestro país.

Esta situación encuentra al FA y al gobierno con un relativo agotamiento de su agenda, sin relacionamiento positivo fuerza política gobierno organizaciones sociales. Se suma que hemos sido afectados por situaciones comprometedoras en el plano ético.

Hay desencanto de una parte significativa de la militancia a la que se le cayeron los que constituían verdaderos símbolos de identidad. Cuando la izquierda cuestiona a la izquierda lo hace siguiendo acríticamente el clima generado por la oposición ante diversos temas por ejemplo salud, educación y seguridad. Ese es un discurso que confunde, no pudiendo identificar que la disconformidad tiene causas diferentes y que, en medio de errores graves, también hay logros importantes. En eso, la verdad. Y todas sus consecuencias.

  1. Fortalecer todos los mecanismos de transparencia y combate contra la corrupción.

No se puede postergar la planificación y despegue de batallas ideológicas y culturales. No se arregla con palabras o apelando a los mecanismos de control existentes que, por otra parte, en el plano institucional siguen siendo débiles y sin presupuesto.

Sin negar los errores propios, se puede afirmar que hay una corrupción estructural, que funcionó y funciona desde todos los mecanismos del estado, que forman parte de la lógica empresarial en esta etapa del mundo globalizado.

La izquierda nunca debió ceder esta bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aún cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

  1. Liderar la indignación.

Cuando están en juego derechos de las personas, hay que colocarse al frente del reclamo, es decir, el Frente Amplio, el Gobierno lidera la indignación. Las falencias que se señalan deben ser un punto de apoyo para nuevos desafíos.

Los errores, omisiones y faltas al cumplimiento de nuestro programa y metas de gobierno deben ser asumidas desde la perspectiva de CAMBIAR EN EL CAMBIO. Aceptadas como palanca para revisar y rectificar rumbos. Y sobre todo hablar nosotros de los problemas y desafíos que sigue teniendo la sociedad uruguaya y convocar a su abordaje colectivo.

La plataforma de derechos es el eje de acción que guía nuestro objetivo y el carácter    de la democracia. Radicalizar la democracia significa la conquista de derechos sociales, económicos y políticos en un grado de igualdad y desarrollo justo. Es el horizonte desde donde desplegamos los consensos, alianzas y contradicciones.

  1. Continuidad y cambio. Quedarse sólo en los logros es insuficiente.

El Frente Amplio fue el partido político que realizó los cambios más importantes de fin y principio de siglo. Llegamos al gobierno porque convencimos que éramos el CAMBIO, como un otro posible.

Seguimos lo de Sartre: ¨La decisión de cambio procede del cambio del punto de vista, de una apertura conceptual e imaginaria sobre un otro posible. No es porque se tenga conciencia que una situación es insoportable que se decide cambiar. Es el día que se concibe que una situación puede cambiar que nos damos cuenta que ella es insoportable¨.

Se trata de generar, nuevamente y sobre lo hecho una nueva apertura conceptual, afectiva, a un nuevo otro posible.

Decir que los otros eran peores es infantil, hoy no genera voluntad de seguir los cambios. Porque la memoria actual no los registra, y los réditos que de ello se pueden sacar alcanzan a una parte de la militancia. Ni siquiera a los sectores con malestar, que en el acierto o en el error, sienten que lo hecho es insuficiente. Que desde la izquierda podríamos haber hecho mucho más. Tampoco ordena y moviliza a estos, para conquistar un electorado que va a ser exigente. Que tendrá nuevas promesas de cambio.

Hay que reafirmar que seguimos siendo agentes de cambio.

  1. ¨Profundizar¨ ¨Ir a más,¨ ¨Giro a la izquierda¨, no parecen convincentes.

Son conceptos que no alcanzan para movilizar, para emocionar, para salir a pelear. Son vacuos. Mucho menos, insistimos, para ese 10 o 12 % del electorado de izquierda que está enojado, molesto y puede votar en blanco o anular y con eso perdemos. Ya pasó.

La ofensiva de la derecha en la región y en nuestro propio país obliga a reafirmar las ideas centrales de izquierda, movilizando al primer y segundo círculo de gente politizada, incorporando el entusiasmo por otros cambios.

Reafirmar y solidificar las alianzas con las organizaciones sociales es estratégico.  Se trata de ser coherentes, diferenciarse y generar el clima para nuevos cambios. Buscar el centro, como recomiendan siempre los politólogos de las encuestas, y que basta con eso para ganar electores, es un error. Máxime en el contexto regional y en la ofensiva de la derecha económica y política de los auto convocados & Cía. Cuando la derecha aparece como opción de cambio y la izquierda defensora del statu quo, la batalla es perdidosa para la             izquierda. No se trata de buscar una radicalización verbal sino hablar de los problemas,             analizarlos desde la óptica de izquierda y levantar propuestas claras e innovadoras.

Es necesario defender la política y la ética como herramientas para las transformaciones y la resolución de los disensos. Fundamentalmente defender la democracia como el sistema que ampara los derechos cíviles y democráticos amenazados en la      región. Nuestra propuesta es radicalizar la democracia, extender, garantizar y promocionar los derechos civiles, sociales y económicos, con justicia social y desarrollo sustentable, a través de políticas medioambientales claras y contundentes.

Transparencia, ética y política sólo son posibles en sistemas profundamente democráticos. Por eso, la defensa de la democracia es vital en este período y debe permear a las nuevas generaciones que no vivieron la dictadura y no tuvieron la oportunidad de aprender de esas experiencias.    

  1. Ratificar y fortalecer la identidad de izquierda.

Incluso en los temas candentes y polémicos. Precisamente en ellos. La experiencia en Costa Rica y también en Brasil demuestran que la dilución hacia el centro del espectro, cuando no el coqueteo con la derecha, son suicidas. Dilma eligió a un Ministro de Economía de derecha, destituyó al Secretario de Drogas, se apartó de la CUT, el MTS y toda la tradición de izquierda. Alvarado fue el único que insistió en mantener a la Corte IDH frente al arrugue de todos los demás y llevó de vice a una mujer negra y combativa.

  1. Participación ciudadana. Un debe.

Es un debe y un desafío. El SNIS sigue teniendo carencias para, efectivamente, hacer          participar a los usuarios. En la Enseñanza no se han convocado a los Consejos de Participación social previstos por la ley. Las Mesas de Convivencia sobre el tema Seguridad dejaron de funcionar. Son herramientas que además de necesarias para la gestión desde el gobierno, deben generar lazos de acción con todas las organizaciones sociales. Tarea política para el Frente Amplio. En el discurso y en las propuestas es fundamental plantear los cambios como un emprendimiento donde todos tienen un rol, no se trata de esperar a que el gobierno los lleve adelante sino asumir todos los planos a desarrollar para que se concreten, sean duraderos y contribuyan a mayores transformaciones. Ahí lo cultural es siempre un plano decisivo.

  1. La fórmula electoral y listas del FA serán paritarias.

La prédica de la campaña debe ser feminista, y en defensa de TODAS las conquistas en materia de derechos (IVE, Matrimonio igualitario, LGTBI, Regulación de marihuana, etc.). Colocar los instrumentos de DDHH en el centro de la política de izquierda es una clave y un compromiso para respetarlo, sin doble rasero. Las enormes marchas del 8 de marzo son una demostración de que nuestra sociedad no puede seguir aceptando la violencia contra la mujer, ni las desigualdades que están en su génesis.

  1. La batalla contra TODAS las desigualdades

De género, étnicas, económicas, sociales, políticas. Como diferenciación y como identidad de izquierda. ¿Cómo construir y llevar adelante nuevas y mayores propuestas para avanzar en la distribución de la riqueza, la reducción estructural de las desigualdades y la erradicación total de la pobreza? Y darles sentido para la gente. Porque se puede.

Hay que contagiar el que si podemos. ¿No será que no queremos ser peligrosos porque queremos seguir siendo respetables? Hay que revisar los conceptos de equidad, de justicia, en un contexto económico mucho más adverso.

El debate respecto a la Renta Básica Universal o el impuesto a la herencia, forman parte de un paquete a ser analizado para igualar las capacidades de todos y todas. No pueden ser temas tabúes para no irritar sectores de poder. La fractura socio territorial es un tema de fondo a abordar en el próximo período. No nos podemos resignar a desigualdades tan grandes, cuando sabemos que los sectores de mayor pobreza y vulnerabilidad son las mujeres, las niñas y los niños. Necesitamos poner el énfasis en las transformaciones en cada territorio, en cada zona, en lo local y en la comunidad. Son aspectos decisivos para alcanzar mayor calidad de vida y garantizar derechos a cada vez más gente.

Falta mucho en la equidad de género, sobre todo en participación política y cargos de responsabilidad. Hemos estado omisos en una política clara de desarrollo productivo e inversiones, orientada a la preservación de los recursos naturales y del medio ambiente.

  1. Ningún candidato está puesto.

Nada ni nadie está seguro. Ni en la interna, ni en la general. Se puede ganar, se puede perder. Las encuestas, habida cuenta del análisis crítico, desde lo matemático y político, que señala Daniel Mordecki, siempre tienen sesgos y ponderaciones muy cuestionables. Ya lo supimos. Es absurdo negar el rol que juegan, lo relativo de sus mediciones y sus intencionalidades. Pero no podemos quedarnos en eso. Es absurdo negar el trabajo en las redes y la fuerza que pueden tener, pero tampoco quedarse en eso. El relato que hacen los responsables de campaña de Alvarado en Costa Rica, también son elocuentes e instructivos. Las campañas requieren del pienso específico y profesional, y de diversas técnicas. Pero sin ideas fuerza y/o candidatos que las expresen con énfasis y tonalidades afectivas, de impacto, no hay victoria. Y lo que sería aún más grave: se puede ganar y no saber luego qué hacer, qué rumbos tomar y con quienes llevar adelante los renovadores vientos de cambios radicales que necesitamos para seguir avanzando.

 

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL DEDO por Mílton Romani Gerner

Gerardo Caetano afirmó recientemente con justeza: “Si volvemos a tener una campaña de ochentosos, el país está en problemas”. Fue después de que se conociera la cumbre Danilo Astori-Pepe Mujica y se dejara trascender que uno de ellos, o los dos, podían apoyarse mutuamente como precandidatos del Frente Amplio. Esto fue coincidente también con la reaparición en escena de la lucha electoral de don Julio María Sanguinetti.

Para los frenteamplistas es totalmente lícito que cada quien se reúna con quien quiera. Obvio. Que cualquiera postule a quien sea, incluso a sí mismo. Sin embargo, hay que recordar que también en este caso “el medio es el mensaje”. Es necesario someter a escrutinio este tipo de procedimientos. Porque el desafío de la campaña electoral es de suma importancia para el Frente Amplio, y necesitamos movilizar todas nuestras filas, que están un poco alicaídas. Sustraer ciertas decisiones agrega malestares a los que ya existen.

Sería preferible abordar los ejes políticos de la movilización que se avecina. Pues no. Para reiterar una nada académica expresión: algunos estamos medio podridos de dedocracia y mangoneo. Porque desmoviliza y desanima. Vaya hallazgo: porque no es participativo. Hace uso y abuso del rol y poder que todos les hemos cedido a nuestros dirigentes. Porque es un acto de soberbia que coarta la posibilidad de ampliar oportunidades a candidaturas más novedosas, más jóvenes, con experiencia en varios campos de la gestión y de la militancia. Porque conspira contra una renovación necesaria desde el vamos.

Importa debatir el perfil de la campaña y sus puntos centrales: ¿vamos a desplegar una línea de autocomplacencia con todo lo que hicimos? ¿Seremos capaces de tener el coraje de liderar la indignación por lo que no hicimos y está por hacerse? ¿Seremos capaces de agitar banderas de cambio, autocriticarnos en lo que corresponde, señalando los nuevos objetivos de justicia social y quiebre de la fracturas sociales que todavía existen? ¿O lo nuestro será defender el statu quo, la lógica que impone el mundo tal cual es, los márgenes inevitables que fijan otros? ¿Será posible, con todo lo que hicimos, y más imaginación, crear un nuevo sentido esperanzador?

Es necesario mostrar todo lo que hicimos y los avances del país. Pero no alcanza. Sería de coraje cívico y republicano de buen recibo por la ciudadanía ser totalmente transparentes con lo que no pudimos o no supimos hacer. Asumir los errores. Porque sobre esos debes están nuestras propuestas más radicales a futuro, que pueden entusiasmar a los más jóvenes y conquistar nuevas esperanzas de los más viejos. Levantar el ánimo de los más vulnerables. Las credenciales para un nuevo cambio están en lo realizado, pero mucho más en renovar la vieja promesa de hacer “temblar hasta las raíces de los árboles”.

Definir los y las candidatas es muy importante. No es cierto ese discurso que intenta disimular esto con falsa humildad. Es un tema recurrente en todos los ámbitos. Lícitamente.

Porque una campaña política de corte electoral tiene una exigencia de comunicación referida a las sensibilidades, entonaciones, atributos, trayectorias, resumidas en la singularidad del candidato o candidata. Es una síntesis humana de 100 programas. Decidir cuál es el candidato o candidata no es un acto de inspiración o intuición. Si pretendemos que nos represente a todos, necesitamos recorrer los caminos de la más amplia participación.

Suponer que esos atributos son transitivos por decisión de uno o dos dedos, sean de quien sean, es un grave error político.

Ser joven no es necesariamente un atributo de renovación. Como ser mujer tampoco asegura un enfoque igualitario de género. Pero parece una desmesura que no alienta cambios que dos dirigentes pretendan influir para decidir ellos y ante ellos. Hay un momento para todo. También para sumar a la edad sabiduría, y comprender cuándo hay que dejar que pasen otros adelante.

Las elecciones pasadas mostraron, incluso al Frente Amplio, la fuerza de la movilización juvenil expresada en la movilización del No a la Baja. Nadie daba dos mangos en un tema que supuestamente, se decía, iba a contrapelo del clamor popular punitivista. Insólitamente, el Frente Amplio fue torpe, lento y conservador. Temor político mal calculado por muchos que pensaban (y siguen pensando) que hay que someterse al “sentido común”. Sin embargo, se demostró que hay que atreverse a desplegar el “buen sentido” basado en convicciones. Imaginación y propuestas. Como sólo saben ser atrevidos e imaginativos los jóvenes, que convierten convicciones en realidad política.

Los veteranos –y más que veteranos– tienen el derecho y la responsabilidad de orientar, aportar sabiduría, mostrar caminos. Pero nunca sustraer decisiones.

La tentación de abusar de la autoridad desde la cima ejerciendo el dedazo puede ser paradojal. Volverse en contra. Su levedad se puede convertir en un dolor de cabeza a la interna de cada sector. Ya lo vivimos. Puede llegar a demostrar, una vez más, que muchos jóvenes “matarán” a sus padres, se rebelarán y tomarán un camino propio (“Matar al padre”: http://ladiaria.com.uy/USI.

Tabaré Vázquez, Pepe Mujica y Danilo Astori son distinguidísimos compañeros que constituyen un formidable patrimonio frenteamplista. Ellos han acumulado prestigio, popularidad, reconocimiento, experiencias intransferibles… y años. Pueden y deben seguir aportando al colectivo. El Frente Amplio debe buscar los espacios institucionales para que sigan incidiendo en nuestro accionar político. Incidiendo y aportando, desde otro lugar.

Hay una larga lista de compañeros y compañeras, de las más diversas tiendas, con capacidad, liderazgo, experiencias propias. Destaco el nombre de Daniel Martínez porque su gestión tiene una gran adhesión y popularidad creciente. No parece sensato que se insinúe que hay que asegurar la victoria y se soslaye este dato fuerte, omitiéndolo así como así. Pero hay más nombres.

Sería saludable que todos y todas quienes se sientan candidateables, se anoten. Debatir en competencia interna, donde todo el colectivo frenteamplista participe de la discusión sobre las virtudes de cada uno. Sin las manipulaciones de quienes se sienten tentados de abusar de su autoridad y prestigio, del cariño y respeto que les prodigamos. Y que como buenos ochentosos, cierran las puertas del boliche bien temprano e impiden gozar de la fiesta de la diversidad y la discusión.

Publicado en La Diaria el 7 de julio de 2018

ESPIONAJE EN DEMOCRACIA por Ignacio Martínez

Los servicios de inteligencia de cualquier organismo policial o militar son parte esencial de su propia labor. Las tareas especiales y reservadas para obtener información de los estamentos que se vigilan, son tan importantes en las tareas policíacas, que a nadie escapa que gran parte del éxito de las mismas depende, precisamente, de la obtención de esa información.

Así entendida la represión a las actividades delictivas o la prevención para que no se realicen, solo serán posibles si, en efecto, los servicios de inteligencia brindan datos concretos acerca del tráfico de drogas, del contrabando, del abigeato, del lavado de dinero, de la trata de blancas, del tráfico de órganos, de la pornografía infantil o cuanta actividad humana sea considerada ilegal y esté reñida con la justicia y atente contra la esencia misma de la sociedad.

Nadie puede ser tan ingenuo y no reconocer que, entonces, efectivamente, esas labores de inteligencia e información se deben instrumentar desde los organismos del estado específicamente conformados para reprimir los delitos que se cometen o más aún, para evitar que se cometan y desactivarlos antes de que se produzcan.

El asunto aparece como objeto de estudio y alarma social, cuando esas labores de inteligencia se operan desde los mismos organismos públicos que las efectúan, pero esta vez dirigidas a ámbitos, organizaciones, actividades y personas perfectamente admitidas por la legislación vigente, es decir, son legales y en democracia, particularmente en ámbitos de la sociedad civil.

Podemos afirmar que a la salida de la dictadura continuaron operando los servicios de información de las FFAA y de la Policía. Con mayor o menor sujeción a los mandos orgánicos, bien sabemos que se vigilaban sindicatos, gremios estudiantiles, organizaciones de Derechos Humanos, dirigentes políticos y hasta a la misma iglesia, sobre todo en sus sectores más relacionados con las cuestiones sociales. ¿Qué tendrían para decir los ministros del Interior Manini Ríos o Marchesano o Forteza o Buscasso, todos colorados? ¿Qué tendrían para decir Ramírez o Iturra o Gianola, todos herreristas? ¿Qué tendrían para decir los ministros de Defensa Chiarino, Medina, Brito?

Las denuncias realizadas públicamente en la prensa y la conformación en noviembre de 2016 de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados en relación al conocido “archivo del coronel Castiglioni”, dan prueba de la total impunidad con que se realizaban tareas de espionaje hasta bien entrada la democracia. Es evidente que decenas de agentes ocupaban sus jornadas de trabajo en vigilar, infiltrar e informar a sus superiores de las actividades que realizaban sectores de nuestra sociedad civil.

¿Se puede decir, como afirma Sanguinetti, que lo que está claro es que ni la Presidencia, ni nuestros ministros -todos de acrisolada calidad democrática-, jamás ordenaron ningún episodio ilegal 

Cuesta creer que no hayan ordenado nada porque de algún lado debió salir la orden y los recursos para que se hicieran esos trabajos.

Pero, en todo caso, lo peor es suponer que el Presidente y sus ministros debían estar enterados o ¿acaso se espió delante de sus narices sin que nadie se enterara? Concluyamos que si se espió sin que nadie del gobierno lo supiera, flaco favor le hicieron los ministros y el Presidente a la democracia y a su propia eficiencia en sus cargos, a sus propias fuentes de información de lo que sucedía a su lado. Más bien dieron pruebas de su absoluta incapacidad para sus cargos.

Si, por el contrario, sabían de ese espionaje, ¿cómo no desmantelaron esos organismos ni dieron de baja a quienes realizaron esos episodios de espionaje, violaciones a la ley o intervenciones lesivas para la ley. (sic, Sanguinetti).

Si no sabían, vergüenza. Si sabían y nada hicieron, doble vergüenza. Hoy cabe preguntarnos ¿se terminaron esas actividades de espionaje? ¿Por qué tuvieron que pasar más de 30 años para que el expresidente accediera a decir algo sobre este tema?

Las investigaciones deben continuar. La democracia se fortalecerá si todos estos asuntos toman el mayor estado público y, por supuesto, se somete a la justicia a quien deba rendir cuentas por estos hechos delictivos perpetrados desde las esferas del gobierno desde 1985.

Publicado en el Semanario uruguayo VOCES el 28.6.2018

PROGRESISMOS LATINOAMERICANOS DEL SIGLO XXI por Pablo Anzalone

Balance y perspectivas de los progresismos

Avances sociales, reformas estructurales, cambios culturales. Fin de ciclo, derrotas, parates, fracasos puntuales, continuidades. Se puede caracterizar de muchas maneras la suerte de los progresismos de la región en el siglo XXI. El propio término “progresismo” no tiene una definición unívoca, como tampoco es clara su relación con las izquierdas. Este mes, en Dínamo, nos abocaremos a realizar balances del período que sirvan de base a nuevas concepciones y propuestas de transformación social.

***

Los gobiernos progresistas del siglo XXI en América Latina surgen de la derrota de los neoliberalismos en los años 90. Pero también traen en su mochila la debacle de la URSS, la disolución del mundo bipolar y la conversión de la socialdemocracia europea en derecha neoliberal. Surgen cuando el pensamiento crítico y emancipador retrocede en el mundo, sin lograr saldar la pesada herencia de los socialismos del siglo XX. Y más atrás todavía, los procesos latinoamericanos tienen las marcas de las derrotas de los movimientos revolucionarios de los 60 y 70 y el arrasamiento de las libertades democráticas que significó el terrorismo de Estado.

El neoliberalismo de los 90 fracasó en su soberbia de constituir el fin de la historia, pero logró una penetración profunda en nuestras sociedades en el plano económico, social e ideológico.

Las izquierdas latinoamericanas lograron triunfos electorales por virtudes de sus formaciones políticas y sus liderazgos carismáticos, pero también, y fundamentalmente, porque se apoyaron en grandes y polifacéticas movilizaciones sociales. Estos gobiernos vienen de la resistencia social a las privatizaciones, al desmantelamiento de la protección social y al incremento de las fracturas. Frente a las teorías del Estado mínimo, los progresismos latinoamericanos levantaron la concepción de un Estado preocupado por la cuestión social, por la pobreza y la indigencia. Y sus logros en esta materia son relevantes, en el continente más desigual del planeta.

Con una mirada regional vemos surgir elementos originales. En algunos de sus procesos,América Latina incorpora las identidades y luchas de los pueblos originarios y levanta la idea de la plurinacionalidad dentro de los estados. Las asambleas constituyentes fueron en varios países una forma de debate sobre los fundamentos de la sociedad, y alcanzaron textos constitucionales muy avanzados en materia de derechos. En otros procesos, como el uruguayo, una nueva agenda de derechos generó logros importantes en la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación de la marihuana.

Necesitamos estudios más amplios sobre lo ocurrido en América Latina en este período. No pueden dejar de valorarse los avances sociales alcanzados, ni tampoco sus límites y contradicciones. Cabe preguntarse cuáles son los cambios estructurales que se produjeron y hasta dónde llegaron. No son pocos. En Uruguay destacan por ejemplo la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma de la salud. Al mismo tiempo, ninguna de ellas es algo concluido, y todas enfrentan los dilemas de cómo y con quiénes generar mayores pasos de profundización.

No se trata sólo de medir los resultados en cada campo de la acción gubernamental, sino también de considerar en qué medida se generaron nuevas relaciones de poder que sostengan los cambios y los impulsen hacia adelante. En los vínculos con los movimientos sociales está uno de los anudamientos principales de los progresismos. Recordemos que movilización no es sinónimo de izquierda. La derecha como ideología y las clases o fuerzas sociales dominantes retuvieron un poder muy significativo en las estructuras económicas, en los medios de comunicación, en las Fuerzas Armadas, en el Poder Judicial. En determinado momento y en algunos países se rearmaron políticamente y reasumieron el gobierno, por vía electoral o por “golpes de Estado” parlamentarios o judiciales.

En el plano de los valores se desarrolló una lucha por la hegemonía, con resultados diversos. Mientras que las percepciones sobre la pobreza en Uruguay mostraron un incremento de los enfoques conservadores, en otros campos, como el matrimonio igualitario, los valores homofóbicos retrocedieron. En temas como la violencia patriarcal crecen la movilización y el rechazo, pero también existe una gran campaña orquestada internacionalmente contra la “ideología de género”.

El debate cultural e ideológico es un tema trascendente. Hace un tiempo Hugo Burel, en la página editorial de El País, alertaba a los partidos tradicionales sobre la necesidad de derrotar a Antonio Gramsci para poder vencer a la izquierda. “Los que quieran encarar en serio la disputa tienen que enfrentar la hegemonía cultural y proponer algo distinto… Por si muchos todavía no se dieron cuenta, este es el verdadero escenario en el que se juega”.

Desde la izquierda, Juan Carlos Monedero afirmaba en Montevideo, en el Congreso Latinoamericano de Sociología, que “el neoliberalismo es una manera de estar en el mundo, donde todos nos sentimos empresarios de nosotros mismos, compitiendo en un mundo mercantilizado como en ningún otro momento de la historia. Todo es mercancía: el ocio, la enseñanza, el deporte, el hábitat, el sexo; todas nuestras acciones cotidianas. Tenemos que ser rentables en todo y hemos interiorizado que si nos va mal, es pura y exclusivamente por nuestra culpa”. También autocriticaba: “La izquierda falló al crear consumidores y no ciudadanos”.

Cuando las formas de hacer política quedaron absorbidas por la gestión del Estado se debilitó esa batalla ideológica, perdieron protagonismo los partidos y los movimientos sociales. Si el mensaje y las prácticas de los progresismos apuntan a que la política la hace el gobierno y la participación ciudadana se limita a elegirlo cada cinco años, una parte de esa contienda se perdió.

La democratización de la sociedad y del Estado es el nudo crítico más importante de los procesos progresistas. La transparencia, el control ciudadano en el Estado y la lucha contra la corrupción son aspectos relevantes, pero la democratización va más allá. Romper las estructuras de poder tradicionales, excluyentes y elitistas, para construir mecanismos más democráticos y participativos, es la única forma de dar sustentabilidad a los procesos de cambio. Estos sólo son posibles con actores sociales vigorosos en el campo popular, sin subordinación al Estado o el gobierno, sino participando en la construcción de políticas públicas hacia mayor igualdad. En esas luchas múltiples hay que reconocer a distintos actores sociales, institucionales y políticos, y procurar su fortalecimiento y su unidad. Las clases sociales y las fuerzas sociales relacionadas con el género, las generaciones, la diversidad sexual, las etnias, los temas ambientales y socioterritoriales, son protagonistas y no mera base de apoyo político o electoral. El empoderamiento requiere estructuras más democráticas y actores con disposición y condiciones para llenarlas de prácticas removedoras. La forja de “relatos”, es decir, una explicación sentipensante que les dé sentido para la gente, es parte ineludible de estos procesos. Cuando Ernesto Laclau hablaba de cadena de equivalencias se refería a esa articulación entre demandas distintas y acción política para desplegar la lucha por hegemonía.

Las dificultades para promover la política como acción colectiva sobre los problemas que sigue teniendo la población es el gran talón de Aquiles de los progresismos. No hay mejor manera de defenderlos que bregar por la profundización de los cambios y construir soportes sólidos desde la participación social y política.

Pablo Anzalone es licenciado en Ciencias de la Educación; fue director de la División Salud  y del Departamento de Recursos Humanos de la Intendencia de Montevideo entre 2005 y 2015.

Publicado en La Diaria el 25 de junio de 2018

SANGUINETTI EN EL RODEO por Ignacio Martínez

Si bien podemos afirmar que este profesional de la política nunca dejó de estar en esos asuntos, está claro que en los últimos meses ha iniciado un trabajo sostenido de contactos, conferencias, entrevistas y reuniones que confirman su intención de proyectarse como un activo partícipe de la próxima contienda electoral.

Si va a ser candidato a la presidencia o al senado por ahora poco importa, aunque la segunda alternativa pareciera ser la más creíble. Su intención es la de sumarse a las críticas más agudas contra el Frente Amplio y el actual gobierno. Al mismo tiempo procura liderar una fuerza nueva (¿nueva?) dentro del malogrado Partido Colorado. Lo hace desde un discurso socialdemócrata tratando de embanderarse con postulados e historias batllistas que también puedan presentar ciertos matices izquierdistas para ganar a los sectores centristas que votaron al FA, a posibles votantes de Novick, quitar fuerza a algún sector dentro de filas e incluso captar para el 2019 a los indecisos y unificar a su propio partido.

Pero no se queda allí. Ha comenzado a construir puentes con el Partido Nacional. Ya lo hará con otros que también esperan ser invitados. Su estrategia es unificar la oposición lo más posible y lograr que el FA no gane en la primera vuelta, cosa bastante probable, y que en un balotaje se pueda repetir lo sucedido en 1999 con Jorge Batlle como aglutinador de los partidos tradicionales, cosa difícil, o bien seguir a un candidato blanco, pero con apoyos suyos de tal índole, que le permitan negociar un papel decisivo en la gestión del nuevo gobierno y del parlamento.

Él mismo lo ha señalado: “No se trata del viejo Foro Batllista, ni de la clásica Lista 15, ni de Vamos Uruguay, sino de una confluencia que se nuclea en torno al concepto que nos identifica ideológica y políticamente”

La identificación ideológica es la de seguir apostando al Uruguay monoproductor, benefactor de los sectores financieros, agro exportadores y del control de los medios de comunicación, con efectos mediáticos sobre el pueblo. Su identificación política es la de someter el movimiento sindical y popular (“Nunca perdí ningún conflicto frente a las fuerzas sindicales”), terminando con al negociación colectiva, acortando al máximo los planes sociales de salud, previsión social, vivienda y educación, procurando las privatizaciones como clásica receta del neoliberalismo del cual es absoluto representante.

Sanguinetti, incluso, sueña con la fractura de la izquierda y el corrimiento de algún grupo hacia formas de confluencia de diversos sectores, llegando, si así se pudiera, a reproducir el fenómeno de Batalla en 1994, aspecto éste bastante improbable porque es más que elocuente aseverar que quien se excluya del FA no contará con significativos caudales electorales.

Sanguinetti quiere imponer la idea de que “el país necesita un cambio”. El verbo cambiarda resultado. Ya lo dio para la izquierda (cambia, todo cambia) y también lo dio en el otro extremo para Macri en Argentina (Cambiemos). Sanguinetti aplica esa receta. Él es favorable a impulsar una nueva Concertación esta vez según cada realidad departamental, no solo para sumar a las elecciones nacionales, sino para proyectarlas luego en las elecciones de cada intendencia.

El ruedo se ha echado a andar. La lidia electoral tomará vigor luego del Mundial. El expresidente estará en la contienda. La izquierda también, a la altura del mejor debate ideológico y político de dos proyectos de país.

Publicado en el semanario uruguayo VOCES el jueves 14 de junio

CÓMO SE PUEDE MANCAR UN “BURRO” por Mílton Romani Gerner

Miserias de una cuadrera.

¨Apostar por el favorito rinde poco. En las carreras de caballos si el pingo favorito es el ganador, su apostador volverá a casa con unos pocos pesos. Los conocedores dicen que el caballo ganador más festejado es el que viene de atrás: “por los palos”. Ese al que le queda la chapa de la sorpresa. El senador blanco Jorge Larrañaga sabe de caballos. Y también sabe de llegar de favorito o dar el batacazo cuando no está en los cálculos de nadie¨

Estas afirmaciones aparecieron en El País del domingo, firmada por Pablo Fernández bajo el titulo: La vieja historia de los blancos: ¨Larrañaga retoma impulso en la interna con campaña por seguridad¨ y agrega: el líder de Alianza logró protagonismo y colocó a Lacalle Pou en una posición incómoda¨

Visto así quizás se entienda un poco más, la absurda propuesta. Pretende ganar la interna y posicionarse en el juego político. Tirando la mosqueta y dejando en orsai a los otros. Parece más mezquina, pero al menos tiene una lógica que no tiene el contenido de la misma. También decir que todo ¨burro¨, hasta el mejor potrillo, se puede mancar. Cosas de la política timbera.

La ´vieja historia de los blancos´ nos dice otras cosas. Wílson Ferreira Aldunate y Carlos Julio Pereyra en gesto que los honró, reconocieron que votar en 1972 el Estado de Guerra Interno y la Ley de Seguridad del Estado no fue cosa buena. Eso que la situación de aquella época era realmente crítica.

Afirmaba Wílson por entonces: “No hay ninguna causa, que no se destruya, que no pierda validez moral, que no se transforme en una porquería, si para defenderla hay que hacer estas cosas.¨  Años después diría: :”No fue un pecado votar la Ley de Seguridad del Estado, fue un error. Nunca debimos autorizar a militares a juzgar civiles. Era doloroso, pero para el uruguayo medio la tranquilidad se había transformado en algo más importante que la libertad.¨

Paradoja: estas citas las extraje de un excelente trabajo que firma un militar, el Capitán de Navío (R)Tabaré Fernando Patrón en un ensayo: ¨Los valores de Wílson Ferreira Aldunate en la conducción política del poder militar¨.

Los militares ya estuvieron al frente de la seguridad del Estado y les fue, nos fue, muy mal. Al frente, al costado, abajo y arriba de la seguridad de todos nosotros.

Alguien debería decirle al insigne burrero, que tampoco los militares están conformes en salir a la calle para trabajar de policías. Ellos también se preguntan:  ¿como sería la cosa?¿pedirían documentos, harían pinzas, detendrían gente? ¿como Larrañaga? Apoyar a la policía bajo sus órdenes. ¿Órdenes civiles para un militar? Al mismo precio. El Estado de Guerra les permitió cobrar el doble. Las misiones al Congo tienen otro precio. ¿Como Larrañaga, cómo sería esto? Una inteligente pregunta que se lanzó en las redes: en caso de hacer fuego o cometer algún delito ¿quién los juzga? Se me dirá la justicia civil. No podría sostenerse en serio, habida cuenta de la historia en este país. Pero mas allá de la historia ¿los militares aceptarán salir a la calle, recibir ordenes de civiles, actuar y eventualmente ser juzgados por civiles? Reitero: ¿todo por la misma plata?

Debatir en serio con esta propuesta implica una base mínima de seriedad. No los hay. Ni la misión fundamental de las FFAA definidas en sus leyes, ni la formación, ni el despliegue, ni las características propias de las fuerzas, ni su presupuesto, pueden cumplir funciones de seguridad interna. A propósito: ¿se piensa que con la carga de impunidad que conllevan los uniformes militares, la existencia brutal de cementerios clandestinos en los cuarteles de la patria, se podría salir a la calle con prestigio?

A medida que escribo me vuelvo medio wilsonista: “Nosotros queremos un país donde un soldado salga a la calle y se ponga el uniforme, no tenga que sacárselo porque pasa vergüenza. Nosotros queremos un país donde los soldados exhiban su condición militar con orgullo.” (Wílson Ferreira Aldunate, en Buenos Aires el 30 de abril de 1984)

Sobre la moda de seguir aumentando penas solo decir lo que criminólogos y especialistas que estudian el tema afirman: no parece lógico poner el acento y las penas luego que agarraste al delincuente. El tema es como evitar el crimen. En sus causas, que son muchas y diferentes, y en una aplicación racional de la fuerza de la ley. La respuesta punitiva solo convoca más violencia. No lo queremos para Uruguay. Tenemos otros recursos y otros valores. La seguridad es un derecho que se garantiza no solo con la policía y la ley penal. Poner a articular todo esto con perspectiva de futuro es también una responsabilidad de la oposición.

Es una responsabilidad compartida. De varias instancias del Estado. También de la conducta de los líderes políticos. De los medios de difusión como canales de comunicación social. Una pregunta al paso: ¿porque los medios se inhiben de dar noticias sobre suicidios, siendo una de las causas violentas de muerte más altas que tenemos?

Se me dirá que para evitar el efecto contagio. Bien. ¿No hay efecto contagio cuando se propala hasta el hartazgo todo tipo de crimen, rapiña, asalto, y copamiento? Informar es un derecho. Viralizar haciendo uso insensato de las facetas de espectáculo es una manera de alimentar el circuito del crimen. Igual que aquellos ¨ciudadanos¨ que compran objetos robados. O los lideres políticos que usando el miedo e inseguridad de la gente intentan avanzar un par de cuadros en el tablero partidario.

La violencia no se combate con más violencia. Fui testigo en mi condición de Secretario Nacional de Drogas y de Embajador ante la OEA, de los desastres que ha ocasionado el enfoque de la guerra contra las drogas y la incorporación de las FFAA a esa lucha. Están las pruebas ahí, no se necesita ninguna especulación. América Latina y el Caribe son testimonios dramáticos de esta realidad. Colombia, México, Guatemala. Lo han afirmado los analistas y políticos más encumbrados. Origen de Los Zetas, principal cartel mexicano:  La organización se formó a partir de un grupo de militares de élite que desertaron del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP) del Ejército Mexicano. No se necesita ir a informes muy secretos, esto es de Wikipedia, Larrañaga. Como afirma el estudioso de estos temas Luis Moras: si no queremos ser El Salvador, no apliquemos políticas salvadoreñas.

Estuve preso por primera vez en 1968, en el 5o de Artillería, bajo Medidas Prontas de Seguridad. Triste debut de las FFAA en seguridad interna. Junté firmas muchas veces. La principal de todas contra la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado. No basta con olfato burrero, ni con picardía de stud o pretendidas dotes de gurú populista. Se precisa mucha militancia y mucha organización para reunir firmas. Creáme Larrañaga: no las va a conseguir. Es un ¨dato¨ posta.

 

Publicado en “Voces”.

 

 

 

 

 

 

 

 

MODERNIZACIÓN Y CLASES SOCIALES EN BRASIL por Pablo Anzalone

En varios de sus trabajos académicos, pero en particular en su último libro, A elite do atraso. Da excravidao a Lava Jato,1 Jessé Souza, uno de los teóricos e investigadores más relevantes de Brasil, se plantea un ambicioso propósito teórico: generar una nueva concepción del Brasil moderno y de sus raíces. Retomando ideas de Gilberto Freyre, Florestan Fernandes y otros autores, criticándolas y reconstruyéndolas, cuestiona duramente la idea de continuidad con Portugal y la corrupción heredada como problema central del Brasil. Ese lugar clave lo ocupa en cambio la esclavitud y sus efectos, el abandono sistemático de las clases humilladas, estigmatizadas y perseguidas, las relaciones de dominación entre clases sociales, la lucha de clases. Polemizando con enfoques economicistas (tanto liberales como marxistas) de las clases sociales, Souza afirma que la dinámica de las clases, sus intereses y luchas son la clave para entender lo más importante que sucede en la sociedad, pero ellas no son meras relaciones económicas ni la única motivación del comportamiento humano es, en última instancia, económica.

Mientras el liberalismo define las clases por la renta de los individuos, el marxismo lo hace por el lugar en la producción. Sin embargo, esos enfoques son limitados, funcionan hasta cierto punto cuando se trata de adultos, pero no cuando nos referimos a adolescentes o niños. En la percepción de las clases y sus luchas, la socialización familiar diferencial es un aspecto clave. Para Souza, en el capitalismo se procura explicar las cosas en base exclusivamente al intercambio de mercancías, al poder y el dinero. Pero esa relación no es verdadera. Por detrás del dinero y el poder opera la jerarquía moral que determina las conductas. Toda dominación necesita de justificación social y política. En un momento fue la iglesia cristiana, que, tomando ideas de Platón sobre la virtud como dominio del espíritu sobre el cuerpo, las matrizó en la sociedad durante siglos. Eso condujo a la idea de que los latinoamericanos (y los brasileños en particular) son seres moralmente inferiores.

Con la modernización capitalista el rol de legitimación de las relaciones fácticas de dominación pasó al “prestigio científico”. Esa nueva jerarquía moral funciona en forma más eficiente aún porque no aparece claramente su origen. Tampoco percibimos la eficacia de las ideas. Toda la dimensión simbólica tiende a ser olvidada en su rol determinante de la acción social. La ciencia moderna se basa en un pre-supuesto, que es falso y racista, pero influye sobre las ideas y los comportamientos. La teoría de la modernización es una especie de “sentido común mundial” que se basa en la imitación acrítica de los modelos europeos y norteamericano, fijando una jerarquía moral entre los países, entre espíritu y cuerpo, entre personas de primera clase y de segunda clase. Esa teoría justifica la pobreza como algo transitorio, atrasos en el camino hacia el destino manifiesto que es la sociedad europea o norteamericana.

Las clases sociales son para Souza un fenómeno sociocultural y no sólo económico. Hay un aprendizaje que determina la pertenencia a una u otra clase, y por lo tanto el éxito o el fracaso social. En el proceso de modernización de Brasil, un elemento fundamental es la creación de una “ralea de nuevos esclavos” como continuidad de la esclavitud. La conformación de esta clase explica de manera significativa la situación social, económica y política brasileña. Las investigaciones empíricas de Souza en 2009 muestran que la situación de la “ralea de nuevos esclavos” no cambió mucho desde la esclavitud. La constitución del “negro” como “enemigo del orden”, la propiedad y la seguridad pública justifica la represión sistematizada por la Policía, que opera como intimidación y control de los sectores más pobres. Estos excluidos de hoy, la “ralea de los nuevos esclavos”, recibieron una pesada herencia de odio y desprecio contra los más débiles; dicha herencia viene de la humillación propia de la esclavitud, ya que no hubo quiebre sino continuidad, a pesar de su abolición formal. Esas clases populares en Brasil no fueron solamente abandonadas a su suerte luego de la abolición de la esclavitud, sino también “humilladas, engañadas, tuvieron su formación familiar conscientemente perjudicada y fueron víctimas de todo tipo de preconcepto, sea en la esclavitud como hoy en día” (Souza, 2017).

A diferencia de lo que postulan las concepciones liberales, la inclusión de sectores sociales postergados no es nunca un resultado “natural” del crecimiento económico y la expansión del mercado. Por el contrario, surge de un proceso político colectivo, un “aprendizaje”. El mercado, por sí solo, tiende a utilizar esa marginación en beneficio de las clases superiores; este no es un estado transitorio sino una herencia que se reproduce de generación en generación.

Sin embargo, el capitalismo se diferencia del orden esclavista porque en este último las posiciones sociales son visibles claramente por el fenotipo y el estatus de origen. En cambio, en el capitalismo las desigualdades son producidas de una forma que no es transparente para las personas.

Para sostener sus privilegios, las clases dominantes deben poseer alguna forma de capital: económico, social (relaciones personales) y cultural. Los tres tipos más importantes de capital operan juntos y esa conjunción determina la posición relativa de poder y prestigio de las distintas clases. No obstante, por debajo de la élite económica la lucha mayor es por el acceso al capital cultural. Mientras el capital económico se concentra cada vez más y se transmite por herencia, el capital cultural, entendido como posesión de conocimiento útil y reconocido, es el único que el capitalismo se planteó democratizar, aunque en grados muy desiguales. Además de la contienda por los distintos capitales mencionados, la lucha de clases incluye y requiere una justificación de los privilegios, y en ese sentido es también una lucha por las interpretaciones y legitimaciones de las posiciones de clase.

Las clases son mecanismos de reproducción de privilegios. La élite está en la cima y domina a la clase media por las ideas. Los medios de comunicación juegan un rol importante en esa construcción, pero la prensa distribuye las ideas, no las crea. Quienes las crean son los intelectuales, sustitutos modernos de los profetas religiosos. Por esos motivos la élite crea la Universidad del Estado de San Pablo (USP) y luego más universidades. Se forja una ideología dominante en Brasil en los años 20 y 30 que tiene su punto de apoyo inicial en la obra de Gilberto Freyre, luego en Sérgio Buarque y más adelante en otros teóricos. Se generan un conjunto de instituciones de enorme influencia en la sociedad.

Brasil es la mayor sociedad esclavista de la historia de la humanidad. Sin embargo, las concepciones dominantes consideran el esclavismo como un aspecto secundario y ponen el acento en la herencia de Portugal y en la corrupción de la política. Esas concepciones hegemónicas son las teorías del culturalismo que se van a presentar como si fueran una ruptura con el racismo, con la idea de que el stock cultural sustituye al racismo. La concepción hegemónica es culturalista y racista. Distorsiona el conflicto de clases colocando en su lugar una contradicción falsa entre Estado patrimonial corrupto y mercado virtuoso. Orienta así el pensamiento sobre los problemas brasileños desde las ideas claves de patrimonialismo y populismo, dos invenciones que son funcionales a la alianza antipopular en Brasil desde 1930. Construyen la oposición binaria moderno/tradicional, que se vincula a la dualidad espíritu/cuerpo. Todas las relaciones actuales están marcadas por la relación del espíritu y el cuerpo. Incluso la relación de hombre y mujer, asignando al hombre el carácter racional y a la mujer lo afectivo. Las clases superiores se dedican a trabajar con el espíritu y las clases subalternas al trabajo manual.

La generalización del racismo culturalista norteamericano y de la teoría de la modernización fue una política de Estado desde el presidente Truman en la posguerra, que invirtió mucho dinero para convertirla en un paradigma universal; muchos trabajos académicos fueron financiados para convencer de que Estados Unidos era el modelo universal y los demás países simplemente avances incompletos hacia él.

Souza reivindica que sólo un pensamiento totalizador puede dar sentido a estos procesos y respuesta convincente a las tres grandes cuestiones que desafían a individuos y sociedades: ¿de dónde venimos?, ¿quiénes somos?, ¿para dónde vamos? Sérgio Buarque construye una narrativa totalizadora del Brasil y de su historia que no deja lagunas, produciendo una legitimación completa para la dominación oligárquica y antipopular con la apariencia de estar haciendo crítica social. Mientras estas ideas conciben la corrupción dentro del Estado y la política, omiten y ocultan la verdadera corrupción, legitimada e invisibilizada, que consiste en traspasar las empresas estatales y las riquezas del país a capitales extranjeros y nacionales. Ese es el sentido último de la Operación Lava Jato.

Para Souza, períodos de crisis como el que vive Brasil hoy son una oportunidad única, porque en las crisis la legitimación pierde su “naturalidad” y es susceptible de ser deconstruida.

Sin embargo, la crítica no basta sin la elaboración de una nueva concepción global que sea mejor que el paradigma anterior. Para eso define tres ejes conceptuales: a) tomar la experiencia de la esclavitud como elemento explicativo central de la sociedad brasileña en lugar de la continuidad con Portugal y su patrimonialismo. La sociabilidad que surge de la esclavitud es excluyente y perversa. Continúa porque no fue comprendida y criticada a fondo. b) Un segundo eje es la percepción de que el patrón histórico de las luchas políticas del Brasil moderno puede ser analizado en función de la lucha de clases y por las alianzas y preconceptos que esta lucha genera, más que por cualquier otro factor explicativo, con la salvedad de que no deben concebirse las clases de un modo economicista sino como construcciones socioculturales donde la socialización familiar juega un rol fundamental. c) El tercer eje es la necesidad de un diagnóstico más profundo del momento actual, que demuestren la eficacia de esta nueva concepción frente al paradigma “racista culturalista”.

Es un enfoque innovador y polémico, que enriquece el análisis de los procesos recientes en Brasil desde una mirada que recoloca la importancia de los aspectos simbólicos en la lucha política y social. La capacidad de la élite de hegemonizar a la clase media y movilizarla contra el Partido de los Trabajadores, y los errores de este para fortalecer una alianza entre la clase trabajadora y la ralea, aparecen como dos conceptos fuertes en la coyuntura brasileña, tanto pasada como futura.

Publicado en La Diaria el 30 de mayo de 2018 |

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