FRANCOTIRADORES EN LAS REDES por Ignacio Martínez

Muy variada es la oferta de francotiradores encaramados entre los arbustos de las redes sociales. Apuntan contra el Frente Amplio. Están los blanco-colorados que sólo publican mentiras. Están los desencantados que sólo hacen críticas ciertas sí, pero sin mencionar jamás los aciertos y, además, no proponen nada o se limitan a decir “habría que hacer” sin anotarse en primer lugar para hacer lo que proponen. Están los pretendidos de izquierda que se amparan en principios y en consignas últimas que defiendo, pero no  bajan jamás al llano del trabajo cotidiano y sólo buscan marcar sus perfiles.

Yo afirmo: el gobierno del FA es y ha sido mucho mejor que todos los demás gobiernos que lo precedieron.

Que gobierne el FA o que lo haga el PN, no es lo mismo, porque no somos todos lo mismo. Esa distinción es lo que nos hace avanzar o retroceder.

No debemos volver atrás. Tenemos que avanzar hacia un Uruguay más de izquierda, más popular, más participativo en las decisiones y en la gestión, profundizando la democracia, las conquistas y la distribución de las riquezas.

¿Por qué? Enumero algo de todo lo hecho hasta ahora.

No debemos destruir el Plan Ceibal ni el FONASA ni los Consejos de Salario ni la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.

Debemos avanzar en los planes del MIDES, en el fortalecimiento de la DGI y en la eficiencia del BPS y en el crecimiento de las jubilaciones y pasividades.

No podemos retroceder ni un paso en el Matrimonio Igualitario, en el Aborto Legal y la asistencia a la Mujer embarazada.

Debemos profundizar los cambios en la matriz energética y en los reconocimientos internacionales obtenidos por las políticas anti tabaco y la legalización de la marihuana y la estabilidad macroeconómica protegida de los avatares de los países vecinos.

Debemos abatir definitivamente la pobreza que ha caído mucho, pero no lo suficiente.

Debemos disminuir la mortalidad infantil, segunda en el continente después de Cuba, pero que aún puede disminuirse más.

Hay que incrementar los salarios que han crecido significativamente, sobre todo en la educación, la salud y la policía, pero deben tener más poder adquisitivo para una vida mejor.

Además del Antel Arena, se construyeron 118 escuelas de Tiempo Completo, 37 liceos nuevos, una decena de Polideportivos, varias Utu y se fortaleció la UdelaR en 10 departamentos, pero tenemos que construir más hasta satisfacer plenamente toda la Educación.

Se reacondicionaron los hospitales Pasteur, Pereira Rossell, Maciel, etc. equipándolos con la mejor tecnología y el mejor mobiliario.

Debemos mantener el Hospital de Ojos, Traumatología e Imagenología, con  más policlínicas y médicos en los lugares más apartados.

Se restauró el Teatro Solis, el Auditorio del Sodre y el Mercado Agrícola. Se culminó el edificio abandonado donde funciona hoy Presidencia.  Los planes de vivienda y el Plan Juntos y las cientos de viviendas entregadas deberán extenderse.

Las Políticas de Género, de Discapacidad y la Junta Anticorrupción debemos incentivarlas.

Hay que defender los CAIF, las 8 horas rurales, las conquistas de las trabajadoras doméstica, el Sistema de Cuidados, el FONDES y la Ley de responsabilidad empresarial.

Debemos defender la Patente única y fortalecer el Congreso de Intendentes y el Tercer Nivel de Gobierno en el territorio.

¿Tenemos que ser durísimos con la corrupción? Sí. ¿Tenemos que ser austeros en el gasto público? Sí. ¿Tenemos que seguir avanzando en la reformulación de las FFAA y en la justicia con el pasado reciente? Sí. ¿Tenemos que fortalecer la seguridad ciudadana y la convivencia en paz? Sí. Todo eso sólo será posible con un 4to Gobierno del Frente Amplio. Bajate del árbol. Salí de las redes. Dejate de apuntarnos que acá, en el FA y en las organizaciones sociales, se lucha por el mejor Uruguay y hay un lugar para vos. He dicho.

Publicado en el semanario VOCES el jueves 22.11.2018

CONSTRUYENDO SALUD. UNA MOVILIZACIÓN QUE  RECORRE EL PAIS por Pablo Anzalone

El lanzamiento de la campaña “ConstruyendoSalud”  el 25 de octubre en LaHuelladeSeregni fue el inicio de una movilización nacional del Frente Amplio con  19 Jornadas Departamentales en menos de un mes. Maldonado, Rocha, Cerro Largo, 33, Lavalleja, Colonia, Soriano, Flores, San Jose, Montevideo, Durazno, Rivera, Tacuarembó, Canelones ya realizaron estas jornadas a la fecha de hoy y en los próximos días se completará todo el territorio nacional. Agreguemos también las reuniones preparatorias en las 18 coordinadoras frenteamplistas de Montevideo.

Las exposiciones, talleres, puesta en común, e intercambios en plenaria, de las Jornadas Departamentales tuvieron tres grandes ejes: los avances de la salud en la última década, los pendientes y desafíos que seguimos teniendo y las formas de involucrar más a la sociedad en este proceso de cambios.

La segunda generación de reformas del SNIS inició su gestación con una fuerte impronta participativa y movilizadora. Escuchando, informando, aportando, discutiendo, proponiendo. Entre muchas otras opciones se  eligió esta estrategia y la respuesta fue muy importante. Cientos de participantes,  protagonistas en ámbitos variados y con responsabilidades distintas, militantes sociales y políticos, técnicos, usuarios, integrantes de la Unidad Programática y las Departamentales, legisladores, intercambiaron sobre los rumbos a imprimir a la salud en el país. El interés en participar de este proceso, se tradujo en la creación de comisiones de salud en varias de las Departamentales que quedaron trabajando  en forma permanente. Algunas se adelantaron a elaborar documentos que reflejan los avances y dificultades en su departamento. El diseño de las actividades puso el énfasis en la participación y el intercambio entre los concurrentes, recogiendo los aportes que se fueron volcando.

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En todos los casos el posicionamiento que surge de las Jornadas Departamentales es de defensa y profundización del proceso de reforma de la salud.

Los  documentos que circularon como insumos para esta discusión fueron  el programa de gobierno en salud, 10 Desafíos del SNIS del MSP y la plataforma programática común del Frente Social de la Salud acordada por el PITCNT, FUS, FFSP, SMU, ONAJPU y movimientos de usuarios. A estos documentos se agregó el texto de la convocatoria de la campaña y una presentación elaborada para las jornadas. Mucha reflexión acumulada, múltiples propuestas. Sin embargo lo más rico fue el intercambio.

Esa forma de hacer salud  conversando y discutiendo en cada lugar del país, incorpora a las personas que han estudiado más los temas, pero también a quienes en el día a día hacen posible las cosas o se enfrentan con los obstáculos que todo cambio genera y a los destinatarios de todas las políticas, que deberían ser protagonistas. Rompe con la idea que la política se hace solo desde el Estado y suma a una rica tradición de las luchas populares en nuestro país.

¿Cuales fueron los grandes temas que surgieron en la campaña “ConstruyendoSalud” ?

El SNIS es un antes y después en la salud del país. Un salto en calidad enorme en relación con el pasado y también con el presente de la región. Un gran esfuerzo para defender a la salud como un derecho y no una mercancía, un objeto de lucro de unos pocos. Ese es el punto de partida para encarar los nuevos desafíos que este proceso nos plantea.

Mientras algunos utilizan sistemáticamente los medios que tienen,  para denigrar a ASSE y al SNIS, sin la más mínima propuesta ni mirada a futuro, “ConstruyendoSalud” hace cuestión de rescatar los avances, elaborar respuestas a los problemas y  comprometerse con ellas. Algunas para el ámbito nacional, para que se traduzcan en nuevas leyes, en mejores políticas y planes, en acciones de mayor impacto, y otras para cada realidad departamental y local. No se trata solo de ver qué tienen que hacer mejor otros, sino también qué debemos hacer cada uno de nosotros como personas y como colectivos, para cambiar más profundamente la realidad de la salud en el país.

Si tuvieramos que resumir las ideas-fuerza principales de esta segunda etapa del SNIS serían:

*Más Participación

*Más Complementación

*Más Rectoría, Más Descentralización

*Más herramientas de gestión y

*Más Personal formado y distribuido adecuadamente.

Saber para dónde vamos, construir juntos ese rumbo, es clave para luchar contra las miles de dificultades que siempre aparecen cuando se trabaja para  hacer realidad los cambios. No es solo bajar a tierra un conjunto de ideas generales porque ellas surgieron desde planteos muy concretos a partir de las vivencias cotidianas. Hay que afinar la pluma para las propuestas tengan toda la solidez necesaria y al mismo tiempo miren hacia adelante, piensen lejos.

No es poca cosa plantearnos una segunda generación de reformas en la salud. Cerramos toda la discusión que se dió sobre la agenda de unos y otros, con el listón bien alto.

Para mencionar sólo uno de estos capítulos,  la participación y descentralización, podemos señalar como medidas posibles:

  1. a) Fortalecer los ámbitos de participación social territorial,JUDESAS y JULOSAS, como órganos de conducción local del SNIS, estableciendo legalmente sus nuevas responsabilidades.
  2. b) Creación de ámbitos amplios de análisis y reflexión sobre los rumbos de la reforma, sus avances y dificultades, sus desafíos.
  3. c) Fortalecimiento de los Consejos Asesores y Consultivos por institución, como órganos de gestión del SNIS y sus efectores.
  4. d) Jerarquizar los componentes de participación social y comunitaria en las políticas de salud a través de campañas  y acciones  que prioricen el involucramiento de la población y de sus organizaciones  en las mismas, en consonancia con los problemas críticos y los Objetivos Sanitarios Nacionales.
  5. e) Divulgar e incentivar las mejores experiencias en participación social en salud, promoviendo también la investigación al respecto para discernir sus causas y consecuencias, sus actores, acciones y sinergias, las enseñanzas y aprendizajes que pueden obtenerse de ellas.

 

Dice el actual  programa de gobierno :

El SNIS tiene como uno de sus ejes estratégicos consolidar espacios de participación social a efectos de que las organizaciones sociales y la comunidad puedan ejercer sus derechos e incidir en el proceso de salud-enfermedad y en la orientación del sistema de salud. Forjar sistemas de poder progresivamente más democráticos y democratizadores del entramado social es una clave también en materia de estrategias sanitarias. La transformación de un sector salud mercantilizado y sometido a lógicas de poder concentradas sólo puede asegurarse sobre la participación más amplia y democrática de los usuarios y de la comunidad.

Entendemos la participación  social   en un   sentido amplio que va mucho más allá de los espacios abiertos en la JUNASA y en el directorio de ASSE, potenciando la participación  e incidencia en la planificación territorial, esto es; identificación de problemas y potencialidades positivas de salud, su priorización y las líneas de acción a desarrollar      hacia   el cambio de   modelo de atención.

En esa dirección van estos esfuerzos.

Publicado La Diaria del Fin de Semana – 18-11-17

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DEL MALESTAR A LA ACCIÓN por Mílton Romani Gerner

“Todos cometemos errores. Y tenemos ese derecho. Lo que no podemos es endosarle esos errores a un proyecto colectivo. No hay derecho”. Breve, contundente y elocuente mensaje del maestro Yamandú Orsi. Muestra un camino. No callarse, decir con prudencia y hacer. Ser crítico, sin tirar el niño con el agua. Convertir malestares en caminos proactivos de acción frenteamplista.

Porque sus dichos, además, tienen la elocuencia de una gestión exitosa. Como también parece indicar, refrendado por exigentes encuestas (que muestran otras realidades patéticas) la de su par de Montevideo, el compañero Daniel Martínez, y su equipo. Esto no borra errores, ni faltas, ni yerros, sino que, reconociéndolos, va para adelante. Las gestiones departamentales de ambos compañeros se destacan por la acción política permanente, buenos equipos y una comunicación social destacada.

El peor enemigo, como afirma Miguel Fernández Galeano, es el piloto automático. Fue a propósito de las iniciativas para profundizar la reforma del Sistema Nacional Integrado de Salud que ha encontrado en el Diálogo por la Salud al Ministerio de Salud Pública con las organizaciones sociales (como la Federación Uruguaya de la Salud, la Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay, el Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, la Federación de Funcionarios de la Salud Pública y el Sindicato Médico del Uruguay) y sus aportes. ¿Polémicos? Obvio, pero que lanzan la acción. Subrayo estos ejemplos, como podrían ser muchos otros, que deberían sacudir la modorra y lanzarnos a la acción. Claro, se necesita Frente Amplio, gobierno y organizaciones sociales en diálogo, pero en acción. Cito este para trascender lo que puede interpretarse como postulaciones. Como también dijo Orsi, tenemos destacadísimos compañeros que podrían, en su momento, encabezar la campaña política electoral (Mario Bergara, Constanza Moreira, Mónica Xavier, Carolina Cosse, Alejandro Pacha Sánchez). El tema no son los nombres. Son los contenidos y el estado del alma frenteamplista, que contagie con imaginación y acciones concretas a la ciudadanía. Lo que haremos en base a lo que ya hacemos.

Un malestar recorre las filas frenteamplistas. Desconformes, críticos, desilusionados, alarmados, preocupados. Compañeros y compañeras que claman por volver a poner la política en los centros de mando. La situación en la región aporta componentes de alarma. Algunos gurúes aprovechan para festejar el fin del ciclo progresista. El regreso de la derecha no es el equilibrio ni la anticorrupción. La reforma laboral de Michel Temer y todas las medidas de Mauricio Macri muestran que las elites económicas vuelven con sed de venganza. No sólo para recobrar plusvalía, sino poder.

La queja. Con ese título, hace ya mucho tiempo, el querido compañero Joaquín Rodríguez Nebot escribió un sabroso análisis de este fenómeno psicosocial típicamente uruguayo: “Lo primero que salta a la vista es que el contenido del enunciado de la queja funciona como un objeto frustrante: el tema revela una carencia, una falta; o, dicho en otros términos, por allí circula un anhelo, un deseo que no es correspondido. Lo que aparece, entonces, es una actitud de espera, reflejando una cierta pasividad. Se espera que un tercero accione ante una demanda”. Es útil releerlo, aun cuando fue escrito, antes del ciclo frenteamplista, que pensábamos que podría remontar esta pasividad. Lo hizo durante un tiempo. Hay que recobrar la primavera de iniciativas.

No podemos “sentarnos a la puerta de la casa, como Job, a ver pasar el cadáver del imperialismo”. O ver pasar el cortejo donde la iniciativa y la hegemonía política cultural caigan en manos de la derecha. Perder la elección no sería lo peor. La fragmentación social y política que representaría, y el sufrimiento social y afectivo que supondría, serían demoledores. Unido a la pérdida de los derechos, beneficios, conquistas sociales, y con las desigualdades e inseguridad que nos traería un nuevo viejo gobierno de las elites.

Trascender el malestar implica superar la queja y dejar de esperar que lo haga un tercero. Está en nosotros mismos. Hay que potenciar lo bueno que hay, por aquello de que más vale un paso efectivo en la lucha que 100 programas. Algunos ilusos piensan que el posfrentismo, en sus infinitas variantes, es una salida factible. Sumando desilusiones y desesperanzas lo único que se acumula son derrotas. ¡Si lo sabremos! Nunca cuanto peor, mejor. Nunca. Rescatar los valores y acciones positivas que seguimos teniendo es la única razón del artillero. No se trata de barrer bajo la alfombra, donde la suegra no ve, sino de buscar puntos de apoyo para producir otros efectos. Se trata de pasar de un circuito vicioso a un circuito virtuoso; del malestar a la acción política permanente. Sobre el tema de la corrupción no puede haber dudas y deben recorrerse los caminos que den las garantías del debido proceso. Cobrar al grito o linchar no es bueno, precisamente, para combatir esta corrupción. Pero luego también hay que actuar en consecuencia, caiga quien caiga.

El derecho a equivocarse. Parecería que los políticos no podemos admitir nunca una equivocación. ¡Qué equivocados estamos! Porque aquel que admite un yerro, una falta, quien reconoce a viva voz su equivocación seguramente no recibirá la absolución ni la redención, pero sí el reconocimiento de la ciudadanía por el coraje de admitirlo. De igual manera, habrá que insistir en que comunicar es siempre preferible al hermetismo. Todo a su medida y adecuadamente. Pero si callamos, la agenda la hacen los otros.

La estupidez. Fernando Isabella tiene razón (ver http://ladiaria.com.uy/UOo). Nos equivocamos y cometemos estupideces. En este caso, por seguir un paradigma economicocentrista. No es hablando de economía que generaremos hegemonía. Es haciendo política. El síndrome antelarena lo demostró terminantemente. La racionalidad contable tiene repercusiones demoledoras en otros planos. Algunos economistas no han incorporado el principio de indeterminación de las ciencias duras. Siguen sin admitir que como observadores estamos inmersos en el campo, y eso nos implica. Es más, el pensamiento económico de avanzada revisa esta pretensión absolutista que ha caracterizado los desastrosos pronósticos en las últimas crisis. Dicen que las previsiones están atravesadas (¡vaya!) por deseos, emociones, presiones varias e improntas psicológicas propias de humanos. Basta de pronósticos económicos y de encerrar todo, absolutamente todo, en la lógica economista, comercial e inversionista.

Los hombres y mujeres vivimos de otras cosas, ilusiones y deseos. Nos gusta que nos traten bien y que se reconozcan nuestros méritos. Que nos digan: “Qué bien lo suyo, siga así”. La prolijidad económica del gobierno de Montevideo no fue el mascarón de proa de la gestión de Daniel Martínez, más bien tuvo bajo perfil. Sólo se trata de recentrar la política con otros temas, otros logros que no siempre pasan por las cuentas. Es necesario admitir que los hombres y mujeres nos equivocamos, nos entusiasmamos, cometemos estupideces, adoptamos conductas de riesgo y hasta consumimos drogas. Somos falibles, pero también tenemos mucho paño para dar si nos embalan en empresas épicas y en agendas seductoras. Esa es la historia del Frente Amplio.

Publicado en La Diaria el 18 de julio de 2017

MATAR AL PADRE por Milton Romani

Freud era duro en el uso de las metáforas. Refiere a un proceso sobre un hecho cultural: matar simbólicamente a nuestros padres. Los todopoderosos de la niñez.

No se mueren solos. Tenemos que ser nosotros los que los bajamos del pedestal, para acceder a la adultez, para ser autónomos y libres. Lo sigue un momento depresivo inevitable.

“Sin los jóvenes no hay garantías a futuro”, titulaba Jorge Irisity una excelente nota de 2013 que difundimos días atrás, como tributo al gran compañero que se nos fue.

Somos un país y una izquierda poblada de “padres” viejos, con inevitables reflejos conservadores, que se resisten. Los jóvenes generan, siempre, alarma. Pero la renovación es un tema de todos, y muchos jóvenes movilizados en varios órdenes no deben esperar una cita amable.

Un artiguista del siglo XX*

El 5 de febrero de 1996, el general Líber Seregni comunicó en el acto de aniversario del Frente Amplio (FA) su renuncia indeclinable a la presidencia del FA. Lloramos, puteamos, rogamos, negociamos. Porque el general argüía que, en las conversaciones con los partidos tradicionales, el FA lo había desautorizado. Estaba convencido de acordar un proyecto de reforma constitucional que modificara el sistema electoral antiguo, sustituyéndolo por el actual, con elecciones primarias, y balotaje para definir la presidencia.

Había quedado en franca minoría. La mayoría estábamos convencidos de que era una maniobra blanco-colorada para impedir el acceso del FA en las próximas elecciones. El plebiscito se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1996. Se impuso la reforma (apoyada por todos los partidos menos el FA) por apenas 0,5%. Surgía un nuevo liderazgo: Tabaré Vázquez, intendente de Montevideo, que había triunfado luego de una carrera política muy corta. Había integrado la Comisión Nacional que promovió la recolección de firmas y luego el Voto Verde.

En un tema confrontativo, altamente sensible como el de los derechos humanos, fuimos capaces de mantener una amplia y permanente movilización por dos años. Fue el FA con aliados importantes, y con todas las organizaciones sociales. A esa alianza aportaron fracciones blancas y coloradas (Rodolfo Nin Novoa, Víctor Vaillant). Perdimos a nivel nacional en abril de 1989. Siete meses después, Tabaré Vázquez ganó la Intendencia de Montevideo, el único departamento donde el Voto Verde había triunfado.

La movilización que no es contradictoria ni con las alianzas ni con el diálogo. Ahora tenemos mucho diálogo y pocas nueces movilizadoras.

Cito otro ejemplo de coraje político del general Seregni. De cuando nos aliamos y cuando conviene marcar identidades.

“A un lado los bagres y a otro las tarariras”

Así hablaba Seregni en una carta desde la cárcel, marcando su punto de vista de votar en blanco en las elecciones internas de 1982, cuando muchos grupos ya habían definido su apoyo a los sectores progresistas de blancos y colorados.

El desafío que tenemos sobre la reforma constitucional está un poquitín demorado.

Las reformas constitucionales siempre son polémicas. ¿Deben ser apoyadas por la gran mayoría del sistema político? No. Siempre fueron polémicas y democráticamente marcan un gran momento de debate de la sociedad. Si se quiere mayores reaseguros, vayamos a la elección de una constituyente, en la que estemos representados todos, se abra un debate franco e incluso se puedan presentar otros proyectos.

La mayoría de las reformas se han limitado a aspectos electorales, salvo la de 1966 (naranja) que impuso una centralidad autoritaria de nuestra institucionalidad. Tampoco es de recibo que nos distrae y amenaza nuestra tarea de gobernar. No interrumpe ni obstruye la acción de gobierno. Muy por el contrario, la fortalece. Renueva y mueve la modorra.

Gobernar, gobierna el gobierno. La fuerza política moviliza conciencias para remover los bloques culturales e institucionales que frenan los cambios. Diferentes y complementarias.

Se puede entender que en un momentos de crisis regional, de signos de incertidumbre económica, se establezcan diálogos que garanticen la gobernabilidad.

Pero no es menos cierto que si se nos va la moto en una inercia de no pelearse con nadie, no queda claro dónde están los bagres y dónde están las tarariras. La confrontación con la derecha económica y política no es incompatible con el diálogo. Se puede hacer lo uno y lo otro. Y viceversa.

El bagre ARU

No tuvimos una respuesta firme como FA a las impertinencias y majaderías que nos dispensó Ricardo Reilly en nombre de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, correcto y educado, respondió lo que podía desde su lugar. En estos diez años, la producción se multiplicó en todos los rubros. Nunca se produjo tanto. El valor de la tierra se multiplicó por cinco. Nunca tan pocos ganaron tanto. Políticas y promoción del Estado estuvieron ahí. ¿Qué es lo que dio el sector para toda la sociedad? Es verdad que hay sectores afectados por la situación cambiante. Los reclamos estentóreos son de una voracidad que sólo se asemeja a una desmesura de The Pig Law, la ley del cerdo. Hambre voraz que no sacia nunca al suino.

“Los impuestos, según el orador, atentan contra la producción. No le vino bien el ICIR, ni el Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), ni el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ni el Impuesto al Patrimonio, ni el de Primaria, ni la Contribución Agraria Rural, ni el de las herencias, ni los Consejos de Salarios, ni las ocho horas. Los impuestos y las tarifas públicas, para los oligarcas de la ARU caen sobre el lomo de las vacas, contra la producción de terneros y la cadena productiva de la carne. Obvio, el gran Reilly sueña con un país ideal en donde cuando nace un bebé el país es más pobre y cuando nace un carnero el país es más rico” (“Tanta prosperidad me abruma”, Alberto Grille, Caras y Caretas, 23/09/16).

Todo depende del punto de vista del observador

“[…] El de Ricardo y Gonzalo Reilly Arrarte, que concentran 4.684 hectáreas en Cerro Largo; ambos dirigen una empresa ganadera agrícola que incluye dos establecimientos y la cabaña de Hereford La Alborada. Ricardo fue directivo de la Sociedad Criadores de Hereford. A las posesiones de los Reilly habría que sumar las 4.068 hectáreas, también en Cerro Largo, de su madre, Isabel Arrarte Haro; las 5.600 hectáreas propiedad de Martha Irene Arrarte Haro y Edgar Hampe Vilaró; y las 3.724 de Sebastián Hampe Arrarte y Federica Hampe Arrarte. El complejo familiar Reilly-Arrarte-Hampe-Haro concentra en Cerro Largo unas 18.600 hectáreas” (“El poder de la concentración”, Samuel Blixen, Brecha, 15/02/13).

Veamos. Una hectárea es igual a 10.000 metros cuadrados. Un poco más que una cancha de fútbol. Es al menos ofensivo que el lamento de esta gente no tenga siquiera la caridad cristiana de mirar a tantos que la pelean sin alcanzar, no digamos una manzana, un alquiler, una vivienda precaria, sino unos escasos 15.000 pesos mensuales.

Fue un discurso cargado de ideología. Tiene el tupé de criticar al gobierno del FA por ideológico. Letanía: limitar el papel del Estado en materia de intervención económica, realizar una apertura económica hacia el exterior, jerarquizar el papel del empresario privado y promover el ingreso de capitales extranjeros. Aquellos viejos tiempos en los que Benito Mederos era un ministro de ellos y en los cónclaves de San Miguel y Nirvana de la dictadura se encaminaba la desregulación permanente ya no vuelven. ¿O quizá sí, de otra manera?

Ahora que digo cónclave cívico-militar y ajustes. No vendría mal que la ARU adhiriera al reclamo de ajustar la Caja de Pensiones y Retiros Militares, que le cuesta al Estado 400 millones de dólares anuales y sigue introduciendo en la sociedad un malestar respecto de otro rasgo de la impunidad y la desigualdad. De eso, nada. La oposición tampoco dijo nada. De la denuncia de espionaje en democracia, tampoco.

*Título del libro de Gerardo Caetano y Salvador Neves.

Publicado en La Diaria,  30/9/2016

¿DÓNDE SE DISCUTE LA REFORMA DE LA SALUD? por Pablo Anzalone

La falta de ámbitos para analizar la marcha de la reforma de la salud no es un hecho menor. Por varios motivos. En primer lugar porque como todo proceso complejo de transformación social está lejos de haber culminado con sus objetivos de fondo. En tal sentido requiere un análisis crítico de sus avances y dificultades para construir una agenda u hoja de ruta de las transformaciones. En segundo lugar  porque este tipo de procesos no funciona con lógicas de ordeno y mando sino que son  imprescindibles  análisis y planificación situacional donde se tengan en cuenta los diferentes actores. En tercer lugar porque  construir una alianza del cambio es una tarea de enorme importancia estratégica, que precisa de ámbitos democráticos. No sólo de ámbitos sino de propuestas que construyan la agenda del cambio en la salud.

Hay quienes afirman que el programa del FA se agotó, tras haber cumplido con los grandes pasos previstos y ahora se trata de elaborar un nuevo rumbo que defina las transformaciones del próximo período. En mi opinión los ocho ejes del programa de gobierno en salud aprobado por la ciudadanía no se han alcanzado plenamente en ningún caso. Sin embargo comparto sustantivamente la necesidad de crear una agenda renovada, donde los capítulos pendientes se unan a los nuevos desafíos.

Está claro que el actual escenario de enlentecimiento económico agrega problemas por varios lados a la reforma de la salud. El recorte de inversiones y gastos en salud y educación es una receta clásica ante situaciones de déficit fiscal y también un punto de confrontación política. Los actuales debates presupuestales son un ejemplo. Y al mismo tiempo los años de bonanza generaron una lógica de “ganar/ganar” que no agudizó las contradicciones con algunos sectores del sistema de salud  conectados a los mecanismos de lucro. En el mismo sentido hay que valorar las dificultades para impulsar cambios sustantivos en un modelo de atención caracterizado por un crecimiento de costos  permanente sin mejoras acordes en la calidad. Actuar sobre las “gorduras” del sistema requiere asumir el costo político del conflicto con los grupos de poder que usufructúan del lucro en la salud. Frente al reclamo de incremento de las cápitas por parte de las direcciones mutuales, son importantes las afirmaciones del MSP  en el Parlamento  cuando el Ministro sostiene que no todos los gastos pueden validarse y en particular aquellos que ni siquiera refieren a la atención a la salud. La publicación en la página web del MSP de las tablas de sueldos del sector salud donde figuran salarios exorbitantes que superan los dos millones de pesos mensuales en algunos cargos gerenciales, puede ser un indicador de disposición gubernamental a encarar ese conflicto. Pero aun cuando no fuera así (porque la lógica del piloto automático es muy fuerte) los estudios de economía de la salud que muestran la apropiación de los recursos en el sector apuntan a un aspecto clave del futuro de la reforma: la distribución de esos recursos.

En el sector público están en riesgo la equiparación del gasto por usuario con el sector privado (hoy el primero equivale a 85% del segundo), el “fonaseamiento” de todos los usuarios ASSE, inversiones importantes y la articulación estratégica en la Red Pública (RIEPS). También es imprescindible el análisis sobre la eficiencia del gasto y el cumplimiento de las metas.

    La oposición de derecha, tan proclive a los recortes en políticas sociales cuando están en el gobierno, hace demagogia defendiendo la compra de más medicación de alto costo, a sabiendas que ningún sistema de salud puede sostener esa carrera tecnológica que alimenta el lucro de las grandes multinacionales del medicamento. Pretenden alarmar con el “déficit” del Fonasa, cuando el diseño mismo del seguro incluía la financiación por Rentas Generales, o se solidarizan con el déficit operativo de algunas mutualistas, cuando toda la vida dejaron caer sectores económicos enteros por falta de competitividad.

Hay un componente cultural en las transformaciones de la salud. Si la población entiende que calidad en atención es recibir mucha medicación y tecnología será más difícil que el sistema de salud cambie su modelo en este plano. Y viceversa, si el sistema no promueve ese cambio no habrá una cultura de salud diferente.

Ninguno de los principales problemas de salud puede encararse solo desde el sector salud, y tampoco sin su participación. Sin una alianza fuerte de la salud, la educación y la comunidad no es posible desarrollar la Atención Primaria en Salud.

¿Estamos en un campo donde la política juega un rol trascendente?  Si por política entendemos las prácticas colectivas sobre problemas generales de nuestra sociedad, creo que sí. El MSP tiene una responsabilidad de rectoría irrenunciable. Pero la participación social puede ser un protagonista y un acicate. Superar la mera atención a demanda para crear una actitud proactiva del sector salud implica tres elementos fundamentales: diagnóstico de problemas de salud prioritarios, definición de objetivos sanitarios sobre esos problemas y planes de salud con las líneas de acción para alcanzar dichos objetivos. Los tres pasos requieren una sólida tarea técnica pero también dimensiones y voluntad política.

 Ámbitos democráticos donde se pueda discutir la reforma de la salud son el oxígeno necesario para estos procesos.

Artículo publicado en La Diaria  13 setiembre 2016

¿VOLVERÁ LA ALEGRÍA? por Pablo Anzalone

Leí con mucha atención los artículos de Martín Couto y la respuesta de Juan Pablo Pío en La Diaria de estos días. Porque siempre me interesan sus opiniones y por los temas planteados. Comparto con Martín que el domingo el Frente Amplio se juega muchas cosas.

Dos precisiones. Una que comparto con Juan Pablo es que lo que está en juego no es sólo el compromiso ético (y no tanto diría yo aunque todo se enlaza), sino la estrategia política a llevar adelante. Tampoco creo que el gobierno salga  indemne si la fuerza política no reacciona y rompe con su letargo. Porque tenemos tres grandes grupos de protagonistas: los gobiernos, las fuerzas sociales y el Frente Amplio. Si una de estas patas renguea, o si esta alianza termina en divorcio, no hay ninguna que salga bien. Hay un debate de fondo para que la política no quede reducida a la acción de gobierno. Y los errores del gobierno o las politicas de ajuste no ayudan a fortalecer esos vínculos.

La otra es que el desafío principal es el escenario pos elección, cuando haya que dar una discusión franca sobre estrategia y luego ponerla en práctica. Porque hemos hecho muchos avances manuscritos en el FA que luego quedaron en los cajones (o en los pdf) y a veces ni siquiera eso. Las interesantes resoluciones de los Plenarios Nacionales sobre autocrítica en dic. 2010 y de estrategia en 2011, tuvieron ese destino. Sería tonto no temer una derrota en 2019 a manos de la derecha porque eso tendría consecuencias enormes para los sectores populares. Pero más que temor hay que asumir la responsabilidad de pelear ahora para que la sociedad construya procesos de cambio más profundos y duraderos. Sin resignación ninguna ante las desigualdades que persisten.

Me encantó la canción de Rumbo, que tanto significó en la lucha contra la dictadura. Pero la verdad no tengo ninguna nostalgia por los tiempos pasados y espero que no vuelvan. Y sobre todo, no creo que ninguna alegría se genere inexorablemente. No existe un destino predeterminado que las acciones humanas solo pueden adelantar o atrasar. Esa idea lineal de la historia nos hizo mucho daño, teórica y políticamente. Es más, las alegrías presentes hay que valorarlas y pelear para que se profundicen, y las futuras dependerán de las acciones que podamos desarrollar en este tiempo. Con determinaciones sí, pero múltiples, entrecruzadas, contradictorias, no lineales.

Me alegra que militantes jóvenes larguen debates sustantivos con posiciones claras, las comparta o no. Porque creo que las generaciones se constituyen y ganan su espacio en las luchas y los debates o desaparecen sin pena ni gloria con el transcurrir de los años. La izquierda necesita nuevas generaciones con pensamiento crítico y voluntad de actuar.

La unidad del FA, como la del movimiento obrero, son conquistas históricas del pueblo uruguayo, pero no son un fin en sí mismo sino instrumentos para realizar las transformaciones. Hay que cuidarlas pero sobre todo recrearlas para que den respuestas adecuadas a estos tiempos, que son muy distintos de los anteriores (por suerte).  La comparación entre los distintos gobiernos frenteamplistas no debe simplificarse, todos han tenido luces y sombras, grandes avances y muchas inercias, aciertos importantes y errores también. Aprendamos de ellos para lo que se viene.

Comparto totalmente la afirmación final de Juan Pablo Pío: la alternativa de izquierda debe ser más política, más ideología, más radicalización de la Democracia. Pero no coincido con él cuando dice que la agenda de derechos no es un fín en sí mismo. Esos avances democratizadores son reformas estructurales también. No son contradictorias las luchas por una mayor justicia social, por más redistribución de la riqueza, con el combate a la violencia de género, a la dominación patriarcal, al deterioro ambiental, a las desigualdades por razones de orientación sexual, edad o color de la piel. Esas formas de discriminación y opresión se suman a las de clase y territorio. La radicalización de la democracia es una estrategia que enfrenta estas realidades, en lo táctico- porque cada paso tiene valor- y en el largo plazo, porque un modelo de sociedad diferente debe sustantivamente eliminar esas desigualdades y construir lógicas de poder más participativas y democráticas.

La creación de la agenda política es parte sustancial de la lucha por la hegemonía. Reformas como la de la salud, la tributaria o la del Estado, están lejos de haber alcanzado todos sus objetivos, y requieren nuevas iniciativas, sin nada que se parezca a un piloto automático.Lo mismo que la llamada “nueva agenda de derechos”. Para todo eso necesitamos un Frente Amplio protagonista.

Publicado en La Diaria

“LA RENOVACIÓN IDEOLÓGICA ES UNA NECESIDAD” Entrevista a M.Fernández Galeano*

Fernández Galeano apoya la candidatura de Pacha Sánchez

Nos recibió en su oficina de la Organización Panamericana de la Salud y como siempre se mostró dispuesto a hablar de política. Le preguntamos sobre el juicio de Philip Morris, sobre el Frente Amplio (FA) y sus elecciones internas. Hablamos con Miguel Fernández Galeano, un militante frenteamplista de todos los tiempos, un ser político que dice lo que piensa, sin guardarse nada.

Rolando W. Sasso

El ex subsecretario de Salud Pública, actual frenteamplista independiente, reflexionó que habrá que trabajar mucho para recuperar a la fuerza política que todos queremos, para que siga siendo la herramienta de cambio que requiere el pueblo uruguayo.

¿Qué puede rescatar del período en que fue edil de la Junta Departamental de Montevideo?
Fui edil suplente por el MPP de Tota Quinteros y Graciela Possamay, donde tuve varias veces la oportunidad de ser coordinador de bancada. Fue un momento muy interesante porque en ese período instalamos la idea de que más allá del peso que tuvieran los distintos sectores, era importante que en el primer gobierno progresista que tenía el país, estuvieran expresadas todas las fuerzas y la síntesis política que era el FA.
Participamos de un momento muy importante del Frente, porque a diferencia de muchos problemas que tenemos hoy, importaba por encima de todo, el proyecto político. Había una preeminencia del proyecto por sobre lo sectorial y más aún sobre el destino personal de los que estábamos militando allí. Eso es una cosa que el Frente tiene que recuperar y espero que la instancia de las internas, coloque de nuevo esa idea de trascender lo sectorial –sin negarlo– y que los sectores mayoritarios permitan que todos los puntos de vista se expresen.

Pero había diferencias entre los sectores…
Sí, había diferencias, no era una cosa idílica, pero esas diferencias eran superadas por la idea de que nada era más potente que incorporar el punto de vista de todos. Y eso no era un acto de mera generosidad ingenua, porque la unidad es una necesidad política y no un tema de buenos modales. Hay que entender la unidad como factor de síntesis; se insiste mucho con que Seregni matrizó la idea del consenso (que lo pronunciaba de manera particular) pero el FA siempre tuvo grupos hegemónicos y grupos minoritarios, y el mejor desempeño del Frente fue cuando el grupo hegemónico incorporaba el punto de vista de las minorías. Ese es el FA que hay que rescatar.

El Frente ha cambiado, ya no es el mismo del 71, ni el del 85, ni el del 90…
No lo es, tampoco es el del 2000 o el del 2005 cuando ganamos el gobierno nacional. Porque entre otras cosas se agotó el proyecto político. No quiere decir que no haya más nada que hacer, quiere decir que –como en el amor– cuando se agota hay que buscar nuevas maneras de recrear la razón de ser del FA, que es que la gente viva mejor. Y todavía hay mucha gente que vive muy mal y todavía hay mucha desigualdad.
Entonces lo que hay que hacer ahora es pensar cuál es la agenda política de la fuerza –no sólo del gobierno– para seguir transformando la situación social, política, económica y cultural del Uruguay.
Esa agenda hay que elaborarla no haciendo más de lo mismo, ni haciendo igual lo que se ha demostrado que no funciona. Si en materia económica hacemos lo que históricamente se ha hecho, es decir, vienen los períodos contracíclicos y yo me retraigo, en lugar de pensar una política proactiva, sería no tomar en cuenta que nosotros rompimos muchos mitos. La crisis no empezó ahora sino en el 2008 y nosotros dijimos que el contexto externo no es el que explica la existencia de políticas transformadoras, sino que lo explica la voluntad política de trabajar para resolver el problema de la desigualdad, del salario de los trabajadores que es un elemento central.
Esto rompe con todas las teorías económicas y sin embargo estuvimos siete años haciéndolo, pero ahora volvemos al miedo de que el salario traiga inflación. Nadie dice que el salario tenga que mantener el nivel de crecimiento que tenía, pero que no pierda su poder adquisitivo.

La agenda del FA tiene que construirse en contacto con la gente, pero ¿se ha perdido el contacto con la gente?
Se ha perdido en términos reales, lo cual es muy grave, y se puede perder la sensibilidad política de que es con el movimiento social que se construyen las transformaciones. El FA es una condición necesaria, pero no suficiente para los cambios. Los cambios solo se pueden producir si hay un bloque social y político para sostenerlos. Esto es muy obvio, pero cuando llegamos al gobierno, parece que eso puede olvidarse y no hay nada peor que el gobierno fagocite al partido, que el gobierno se coma la política y terminemos teniendo una nomenclatura de cargos en el gobierno, sin diálogo con la gente.

¿Y dónde está la clave?
La clave es el modo de hacer y de construir pensamiento y acción política, en diálogo muy directo con la gente y desarrollando respaldos para las transformaciones con niveles de autonomía importantes. Como siempre decían los viejos anarquistas, el movimiento sindical y social tienen que tener un grado importante de autonomía de los partidos y del Estado. Y yo siempre pensé que la fuerza política tiene que tener autonomía del gobierno y el gobierno su autonomía de la fuerza política.
Una cosa es que el gobierno deba mantenerse fiel a las grandes carreteras del programa y otra es que el gobierno tenga que responder miméticamente a lo que diga la fuerza política. Ahora bien, la fuerza política tiene que tener capacidad de crítica, capacidad de reacción frente a lo que el gobierno hace y dice. Por eso me pareció bien cuando al Pacha Sánchez le preguntaron por el aumento de $ 200 a los jubilados, dijo “es un error político”. Nosotros tenemos que recuperar la capacidad de pensar críticamente como fuerza política, lo cual no significa ponerse a tirarle piedras al gobierno.
Todo esto tiene que ver con una idea gramsciana de hegemonía cultural que yo la sintetizo así: cuando vi la encuesta donde le preguntaban a los uruguayos por la razón de la pobreza y el 70% respondió (después de dos gobiernos nuestros) que era por la gente que no quiere laburar, entendí que estábamos perdiendo la batalla ideológica. Si la gente que nos vota entiende que el pobre es producto de la holgazanería, es porque estamos perdiendo la batalla cultural. Entonces esa es la batalla que tiene que dar el Frente.

¿Cómo recuperar el ida y vuelta con la gente? Porque los Comités de Base no funcionan…
Es una herramienta que hay que rescatar, pero hay que generar otras. Mirá, la primera cosa es laburando mucho. Hay que tener la capacidad de trabajar muchas horas para que la gente se movilice y te crea. Yo recuerdo en la campaña del 71, cuando iba al Comité que estaba a cuatro cuadras de mi casa, que ahí estaba la gente. Era la herramienta del momento y la edad media entonces era de 25 años.

Pero ahí se discutía de política, lo cual no sucede hoy…
Porque ahí no llegaba el orden del día oxidado de la Mesa Política. Ahí no había senadores barriales –con todo respeto a los compañeros que son delegados– porque el problema es cuando los que representan a un organismo se conforman con ser los representantes y no se preguntan a quién representan. Porque para saber lo que piensan los frenteamplistas tenés que fajarte en discusiones políticas con los frenteamplistas.
¿Cómo recuperar las dinámicas participativas? Yo creo que, con creatividad, con audacia y trabajo y para eso se precisa gente joven.

¿Qué papel debe cumplir la ideología en ese rescate del Frente?
Tiene que jugar un papel muy importante sin partir de un modelo ideológico totalmente acabado por el cual haya que caminar. Yo pienso hoy –a través de mi experiencia política– que la construcción de la ideología es un proceso muy dinámico, interactivo y que no es una fórmula cerrada. Hay que saber que la renovación ideológica es una necesidad muy importante, que hay que trabajar en ese plano, pero para que eso acontezca, hay que abordar el tema de la formación. No con esquemas viejos, sino creando foros ciudadanos para construir ideología y pensamiento. Aprovechando lo que haya del tema acumulado, reconstruir, renovar y recrear un marco ideológico amplio para un frente y una coalición como el FA, cuidando de no matar los múltiples sectores que tiene, en términos de proyectos estratégicos.

Yo voto al Pacha
Esto no lo dije en ningún lado, lo digo acá por primera vez. A mí me hablaron para ser un eventual candidato de consenso a la Presidencia del Frente Amplio y aunque es algo que me halaga, yo pensé que estaba manejándose el nombre de un tipo que podría ser mi hijo. Todavía no había sido nominado, pero me di cuenta que para dinamizar el Frente se precisa energía, entrega y una cuota de riesgo – que te guste o no, después de los 50 tenés menos y después de los 60 tenés menos aún– y Pacha tiene casi treinta años menos que yo. Para construir en el Frente hay que recorrer y buscar la realidad incansablemente, eso es imprescindible. Hay que estar con la gente, generar herramientas de diálogo, escuchar y lograr credibilidad. Correr el riesgo de equivocarse, reconociéndolo y rectificar el rumbo. Dar lugar a la emancipación de las cabezas y a que la gente se sienta construyendo políticas.
Por todo eso voto al Pacha sin importarme el sector político al que pertenece.

La demanda de Philip Morris
Se ganó el juicio y fue un triunfo para el país, pero si Uruguay hubiera sido pusilánime cuando la tabacalera amenazó con llevarnos a juicio, si no hubiéramos tenido la decisión política de seguir el camino trazado, aunque la multinacional se opusiera, hubiéramos seguido una política antitabaco tibia. Hubiéramos retrocedido en el tema perdiendo soberanía, aun sabiendo que el tema era justo. Acá lo que hubo fue voluntad política de pisar cayos para seguir transformando, porque si no tenés voluntad de tocar intereses no cambiás nada.

*Entrevista publicada en El cambio.uy. 23/7/16

El Colorado Fernández Galeano
Le dicen el Colorado y es del barrio La Mondiola, de toda la vida. Nació en 26 de Marzo y Luis Alberto de Herrera y sigue viviendo allí, “donde estaba el boliche de mi abuelo Galeano, que se vino de España y con mucho sacrificio puso almacén, bar y cancha de bochas”, dice. En ese tiempo La Mondiola era barrio, barrio. Fue al liceo Nº 7 Joaquín Suárez y a partir de las movilizaciones por el boleto estudiantil, comenzó su militancia. Después pasó al Iava y estuvo en la formación del FER (Frente Estudiantil Revolucionario). Militó en el Comité de Base del FA, dentro de las tendencias más de izquierda. Luego participó en la discusión que dio paso a la fundación del PVP en Buenos Aires. Después vino el exilio en España y el retorno al país donde se graduó de médico en 1990.
Fue edil de la Junta Departamental de Montevideo: 1990-95; director general de la División Salud de la Intendencia capitalina: 1995-2000; director general de Salud y Programas Sociales de la Intendencia de Montevideo: 2000-2005; subsecretario del Ministerio de Salud Pública: 2005-10; presidente de la Comisión Honoraria Administrativa del Fondo Nacional de Recursos: 2005-10; presidente de la Comisión Nacional de Lucha contra el Sida: 2008-13; actualmente es consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sistemas y servicios de salud.

TENGO RAZONES por Adriana Cabrera Esteve

Ante las elecciones internas que se avecinan debo decir que también yo soy parte del club de los desmoralizados. Luego de militar cuarenta años en un partido y de estar junto a otros compañeros a cargo de su medio de prensa, un grupo de integrantes de la dirección decidió interrumpir su impresión. Así, sin más. Pensé que la censura no era una actitud de izquierdistas y me fui junto a otros compañeros y lo hicimos público. Como todas las rupturas fue dolorosa y los relatos que circularon sobre ella aún más. Está claro que no somos los únicos. Otros compañeros tendrán otras razones para haber abandonado sus partidos o sus comités o las organizaciones sociales a las que habrán dedicado su vida. Seguramente los maestros estarán desencantados después de oír a la Ministra de Educación menospreciarlos; lo mismo que los militantes de organizaciones de derechos humanos al oír al Ministro de Defensa estigmatizarlos gratuitamente. Y la lista de errores de quienes se constituyen en personajes, sigue. Sin embargo, los desencantados tenemos que reconocer que la lista de aciertos es tan larga que resulta difícil enumerarla. Porque el FA es eso, un espacio heterogéneo de corrientes que confluyen en la necesidad de cambiar la sociedad para más justicia social con diferentes ideas sobre cómo hacerlo. Y mientras unos meten la pata, otros tiran y tiran para adelante. Impulsan la transformación del Sistema de Salud; la disminución de la pobreza; la eliminación de la indigencia; planes de vivienda; el cambio de matriz energética; entran a los cuarteles a buscar los restos de los desaparecidos; eliminan con un solo decreto todas las decisiones de los gobiernos blancos y colorados que ampararon a los criminales de lesa humanidad en la impunidad; reconocen derechos de género; impulsan leyes contra el monopolio mediático que tanto mal ha hecho en otros países de AL; impulsan un sistema nacional de cuidados y no puedo seguir enumerando porque necesitaría mucho más espacio.

Al mismo tiempo, estas elecciones internas del Frente Amplio se dan en un marco de avance regional de los partidos conservadores. Pero en Uruguay no está dicha la última palabra. Estamos en condiciones de mirar las experiencias de nuestros vecinos y aprender de ellas y en eso se juega, no sólo el destino de los uruguayos más necesitados sino las perspectivas regionales en un momento de crisis de expectativas y de una fuerte desmemoria construida a través de los medios masivos de comunicación y de la globalización de la desinformación. Es así, que cuando se habla de corrupción en la región, la derecha intenta mostrarla como si se diera en Uruguay en la misma dimensión. Cuando asistimos a un linchamiento político de la Presidenta de Brasil sin pruebas y con un relato falaz creado por los grandes medios, la derecha uruguaya se frota las manos y juega a la confusión y al “fin de ciclo”. Se suben a las redes fotografías tomadas en otros países. Se intenta confundir a la ciudadanía.

En ese marco, la desmoralización y la perplejidad de los frenteamplistas son enormes. No aparecen entre los candidatos liderazgos indiscutibles, lo que es bueno. Porque como ha afirmado el Pacha Sánchez, a quien apoyo, nadie puede revertir sólo la desmoralización y el descreimiento. Tiene que haber un impulso colectivo por recuperar la herramienta de cambios y ponerla a pelear la hegemonía política y cultural con la derecha.

Pensar en crear un acuerdo estratégico es válido y hacia él habrá que caminar pero así pelada, la idea deja en blanco a los frenteamplistas y el voto se convierte en un acto de confianza. Las correlaciones de fuerza son, existen, y se actúa sobre ellas, no convocando a un gran acuerdo sino gestándolo desde las prácticas y miniacuerdos cotidianos. Entre otras cosas porque el Frente Amplio es unidad en la diversidad, y es bueno que lo sea. No queremos un frente homogéneo, alineado con líderes indiscutibles. Queremos un Frente que haga política con dimensiones humanas.

Y aquí cabe recordar las palabras del inspector Guarteche cuando parafraseaba a un amigo afirmaba que era sorprendente todo lo que se puede avanzar cuando deja de preocuparte quién se lleva los premios.

Hoy la gran batalla es pelear la hegemonía cultural con la derecha y para eso hay que opinar y votar desde adentro de la herramienta política que ha forjado el pueblo en décadas de historia y que condensó las luchas por derechos y libertades de otras tantas décadas anteriores.

Años de autoritarismo nos enseñaron a valorar las instancias democráticas. En un mundo en el que las corrientes populares deben llevar adelante sus campañas electorales a contrapelo de la inversión que hacen las grandes corporaciones para construir las candidaturas que les son afines, el FA da un ejemplo al elegir democráticamente sus direcciones. No la desperdiciemos en el escepticismo.

UNA OPORTUNIDAD PARA REACCIONAR por Pablo Anzalone

El 24 el Frente Amplio da un ejemplo de democracia política para el país, eligiendo su presidente y todas sus autoridades representando bases y sectores, a nivel nacional y departamental, a través del voto de sus adherentes. En un sistema político que corre el riesgo de alejarse de la población, este tipo de consultas son oxígeno para sus protagonistas. Aunque voten menos que las elecciones anteriores, serán una apuesta a encarar los problemas con la gente y no lejos de ella.

Desde que asumió el gobierno nacional el Frente Amplio no ha podido definir una estrategia propia que no reduzca la política a la gestión de gobierno. Tampoco ha buscado con tenacidad e iniciativa formas de relación con las organizaciones sociales para sumar fuerzas en pos de los procesos de cambio. Le ha costado dar la lucha ideológica contra las ofensivas de la derecha y muchas veces son sus propios debates los que ocupan la escena política.

En mi opinión, el problema principal es la dificultad para rescatar la política como práctica colectiva para transformar la realidad en cada plano donde hay desigualdades y falta de derechos.

Como ya se ha demostrado no alcanza una presidencia con buenas intenciones, aún si tiene disposición a movilizar la vida interna y el accionar externo. Se precisan muchas voluntades y debate político fraterno, que formulen la estrategia y la pongan en práctica con planes de trabajo, campañas movilizadoras, mojones claros para la población.

Lo primero para cambiar al FA es darse cuenta que nos jugamos el destino político como izquierda y como país. Este es el tiempo político para reaccionar. Luego puede ser tarde.

El contexto regional nos muestra que los procesos de izquierda pueden ser derrotados por derechas neoliberales por elecciones o por golpes. Pero aún los golpes como en Brasil son posibles por las debilidades y los errores de la izquierda.

El gobierno frenteamplista ha dado algunos pasos que lo distancian de su base social y política. Por ejemplo, las pautas salariales que comprometen el salario real y motivaron un enorme paro general. Está a tiempo de corregirlos, como hizo con la detención del Antel Arena. Hay un debate sustantivo sobre las estrategias de desarrollo y sobre  las políticas de acumulación de fuerzas.

Reconstruir la agenda de cambios profundos implica retomar la iniciativa. Pero esos temas no deben concebirse sólo como políticas de gobierno, sino también como acciones de la sociedad civil, de los movimientos sociales o iniciativas partidarias. El Frente Amplio tiene una oportunidad para salir del letargo y la inercia, para poner prioridades en la agenda y transformarlas en acción, dinamizando una confluencia social y cultural amplia.

Este proceso eleccionario comenzó sin debate político. Sin embargo hoy los candidatos han desplegado opiniones interesantes sobre varios temas, con una posición crítica y autocrítica hacia la fuerza política. En particular quiero señalar mi coincidencia profunda con Roberto Conde cuando plantea la necesidad de lograr un acuerdo en la estrategia de la izquierda ante la crisis del capitalismo. Defender lo logrado es lo primero y que la crisis no la paguen los sectores populares. ¿Cómo seguir? Requiere pensamiento crítico y respuestas innovadoras. Y también mi acuerdo  sustancial con Pacha Sánchez sobre “transitar una nueva etapa en la vida del Frente Amplio, en la cual será necesario escuchar mucho, hacer más y seguir soñando con una sociedad sin excluidos”. Comparto su énfasis en que todos los que quieran aportar al FA puedan hacerlo de múltiples formas, combinando acciones presenciales y participación en redes. Acuerdo que precisamos romper el statu quo que existe en el FA dando los debates que definan al proyecto político de la izquierda y sus valores. Y lo conviertan en acción política, en protagonismo popular, en prácticas colectivas transformadoras.

Es una lástima que el Pacha y Roberto no hayan logrado sumar fuerzas en esta consulta.