VIVIR BIEN: EL DISCRETO ENCANTO DE LA HOJA DE COCA por Milton Romani Gerner*

Evo Morales en Viena

“La masticación de la hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención”, estableció el artículo 49 de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. El presidente de Bolivia, Evo Morales, compareció nuevamente en Viena ante la Comisión de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas para dar cuenta, responsablemente, de la aplicación de un modelo alternativo, renovador, apegado a decisiones soberanas y a derechos humanos en políticas de drogas.

Han pasado diez años desde que la comunidad internacional lanzó una Declaración Política y Plan de Acción en la que se planteaba objetivos que en parte no se han cumplido. A pesar de los grandes esfuerzos realizados, a nivel global no se ha conseguido reducir la oferta de drogas ni su consumo o los daños asociados. Tampoco hay cifras significativas sobre reducción del lavado de activos o de la corrupción inherentes a estos fenómenos. Insólitamente, se pone más energía en atacar las alentadoras experiencias de los mercados regulados de cannabis. Es lo mismo que hicieron con Bolivia, que debió recurrir in extremis a salirse de la Convención y a volver a firmarla con reservas.

Evo Morales pone sobre la mesa la urgente perentoriedad de continuar abriendo y promoviendo un debate abierto, inclusivo y sin tabúes, asumiendo las virtudes de los enfoques regulatorios, que toman las singularidades de los estados y comunidades para diseñar sus políticas de desarrollo. En base a sus tradiciones culturales y sus desafíos sociales, amparando la salud pública, los derechos humanos y un enfoque de desarrollo humano. A la manera del “vivir bien”, como nos enseñan los y las hermanas bolivianas.

El modelo alternativo de Bolivia

Hace diez años, Evo también estuvo en Viena. Un murmullo y, luego, un aplauso coronaron la elocuencia de su intervención cuando, al finalizar, tomó una hoja de coca y comenzó a masticarla. Fue contundente.

Ahora el Estado Plurinacional de Bolivia presenta su evaluación y resultados. No es esperable que otros estados presenten responsablemente balances similares. Estados Unidos, que pobló con equipos y bases militares nuestro continente, so pretexto de la lucha contra las drogas (incluido el bombardeo de las plantaciones y cultivadores del Chapare), deberá dar cuenta de la “crisis de los opiáceos”, que sólo en un año ha significado la muerte por sobredosis de 70.000 personas.

Enfocada en erradicar una planta en origen, la “guerra” se concentró en Bolivia en la represión a la población campesina e indígena. Se la combatió, estigmatizó y criminalizó. El Plan Dignidad de Hugo Banzer, apoyado en todas sus líneas por Estados Unidos, significó el bombardeo de plantaciones y la represión a los cocaleros. Torturas y maltrato por parte de la Policía y el Ejército, encarcelamiento masivo, asesinatos extrajudiciales y detenciones arbitrarias. Ese era el modelo de erradicación de coca.

El gobierno boliviano desarrolló dos programas para la erradicación consensuada con control social y su alternativa de lucha contra el narcotráfico: Estrategia de Lucha contra el Narcotráfico y Revalorización de la Hoja de Coca (2007-2010) y Estrategia de Lucha contra el Narcotráfico y Reducción de Cultivos Excedentarios de Coca (2011-2015). Con financiación de la Unión Europea y con monitoreo de la Oficina para la Droga y el Delito de la ONU (UNODC) se llevó a cabo, no exento de discusión y ajustes, el cálculo de las hectáreas necesarias para el uso tradicional de la hoja de coca y luego la instrumentación de un enjudioso programa de control social. Fue un diálogo, por momentos fuerte, con las propias bases sociales que llevaron a Evo a la presidencia. Pero se dio con lealtad, coraje y responsabilidad.

Uruguay y Bolivia: políticas de drogas y DDHH

“Uruguay comparte la iniciativa presentada por Bolivia al secretario general de la ONU para que en la Comisión de Estupefacientes se elimine la prohibición del masticado de la hoja de coca, manifestando su apoyo a lograr que la comunidad internacional acepte adaptar los instrumentos jurídicos existentes para reconocer esta práctica tradicional”, establecía el comunicado conjunto de Tabaré Vázquez y Evo Morales en 2009, ratificado por José Mujica en 2010 en Cochabamba.

En 2008 Bolivia copatrocinó la Declaración 51/12 que promovió Uruguay en la Comisión de Estupefacientes. Lo hizo junto con Argentina, Suiza y la Unión Europea. Fue una sesión tumultuosa, que abrió caminos. Proponía “la debida integración de los instrumentos de derechos humanos a la política de fiscalización de drogas”. Hoy forma parte del discurso global sobre drogas.

Cuando Bolivia presentó por primera vez el Plan de Lucha contra el Narcotráfico y Revalorización de la Hoja de Coca, en la Comisión Interamericana contra el Abuso de Drogas (CICAD, OEA) celebrada en Santa Cruz de la Sierra en 2006, Uruguay fue el único país que defendió ese derecho. Según el acta de la sesión, el delegado de Uruguay planteó: “La posición de la delegación boliviana debe ser de recibo, en tanto Bolivia evalúa con pleno derecho (de acuerdo al punto 6 de la Introducción a la Estrategia Antidrogas en el Hemisferio, 1998) que la erradicación forzosa les ha traído más costos económicos y sociales que, lejos de resolver, han agravado el problema. Que Colombia planteó también que su forma de solucionarlo era otra y está en su derecho. Bolivia plantea que está abogando por una reconversión industrial y por una erradicación consensuada. Lo único que podemos y tenemos que hacer en base a la cooperación regional y la responsabilidad compartida es ayudar a Bolivia y, en todo caso, exigirle que estructure un programa concreto, viable, coparticipado con nuestros países, sujeto a monitoreo y evaluación, como también tendrían que monitorearse y evaluarse otros caminos ensayados en el hemisferio”.

En esa reunión agregué: “La Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos ha realizado un fallo por unanimidad que ha determinado que el uso de ayahuasca para fines religiosos no es punible. ¿Por qué? Porque entendió que la tutela del derecho a profesar un credo religioso está por encima de los eventuales daños que las agencias especializadas no pudieron demostrar ante esa corte. Reclamo este derecho para Bolivia. Lo reclamo también para Colombia. Pero, más que nada, lo reclamo para todos nuestros países. Es un tema complejo, difícil y complicado. Démonos la forma de abordarlo con seriedad y no con consignas. Mucho menos con prejuicios”.

Este desafío sigue en pie. Esperamos que haya apertura y flexibilidad para las nuevas experiencias. Si continúa el dogmatismo fundamentalista, los estados innovadores nos veremos tentados a recorrer el camino sugerido por nuestros amigos expertos de la sociedad civil: los acuerdos y modificaciones inter se. Amparados por el derecho internacional de los derechos humanos y la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados, se pueden generar acuerdos de países afines a los mercados regulados, que permitan una cooperación e intercambio (incluso comercial) sin renunciar al cumplimiento de las convenciones y de los compromisos con la comunidad internacional.1

*Milton Romani fue embajador ante la Organización de Estados Americanos y secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 15 de marzo de 2019


  1. “El equilibrio entre la estabilidad y el cambio: La modificación inter sede los tratados de fiscalización de drogas de la ONU para facilitar la regulación del cannabis”, de Martin Jelsma, Neil Boister, David Bewley-Taylor, Malgosia Fitzmaurice, John Walsh. 

USS DESTROYER ALMAGRO: LA PAZ ES YA por Milton Romani Gerner*

Delenda est Venezuela. A la manera de moderno y anfetamínico Catón, Luis Leonardo Almagro sigue gritando donde sea que “hay que destruir Venezuela”. Es como una obsesión maníaca. Lo vocifera siempre que puede, actúa con una intensidad tan destructiva como patética. Destruye todo a su paso.

Destruyó, con show mediático armado junto a Juan Guaidó, Sebastián Piñera e Iván Duque, un pretendido Día D en el que las fronteras se vulnerarían porque venía ayuda humanitaria. La propia Cruz Roja advirtió que no participaría en estas acciones porque no se cumplía con los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia que rigen su accionar. Millones de dólares y horas de medios de comunicación para disfrazar la pretendida ayuda humanitaria y Almagro va y dice: “La ayuda milit… ehhh… ayuda humanitaria”. Como docente de Psicopatología, ya guardé el video para mostrar gráficamente qué es un acto fallido, un lapsus: expresión genuina del inconsciente.

Destruye, como autodesignado presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la OEA misma. La está dinamitando. En su credibilidad, en su institucionalidad. No hay antecedentes de secretario general alguno que haya ignorado como él a los 34 embajadores que integran el Consejo Permanente, autoridad máxima luego de la Asamblea General (o reunión de ministros). Está a su servicio y no al revés. Ha procedido con soberbia y prepotencia, humillando a representantes genuinos de los estados. A pesar de ello, no ha podido congregar voluntades para emitir resoluciones del tenor que él invoca públicamente y que se emiten como si fueran de la organización.

Destruye el multilateralismo. Impedido de pronunciamientos del tenor bélico que su desvarío aconseja para Venezuela, apoyó la creación del Grupo de Lima, una práctica reñida con toda la tradición de la OEA o de cualquier organismo multilateral. El funcionamiento democrático impone mayorías o consensos. Si no se logran ciertos cometidos, es improcedente conformar grupos laterales que continúen en posiciones minoritarias. Lamentable y liquidacionista. Para los países pequeños, como los hermanos caribeños y muchos latinoamericanos, esto es un toque de alarma.

Destruye lo que él mismo afirmaba en su discurso de asunción, el 18 de febrero de 2015: “Mi norte es América. Mi sur también es América. Mi centro y el Caribe son América. Toda ella, su gente, su mezcla, sus penurias y sus oportunidades. Mi objetivo es poner a la OEA al servicio de todos los americanos, independientemente de su raza, origen, extracción social u orientación sexual. Más derechos para más americanos será nuestro lema, con la OEA cada vez más cerca de la gente. Juntos podemos darle a la OEA una credibilidad que hoy todos reclaman”.

Destruyó la confianza que depositamos en él la fuerza política que integraba, el equipo que lo acompañó en el ministerio, incluido el apoyo que le dio Pepe Mujica para que asumiera como secretario general. Como embajador ante la OEA, hice las tareas, alianzas y contactos pertinentes para que asumiera y le diera un giro de nuevo tipo al organismo. Lo hice con orgullo y pasión militante. Tarea difícil pero posible: borrar la leyenda negra de la OEA y potenciar sus aspectos más progresistas (sistema interamericano de derechos humanos, políticas de drogas, enfoques diferentes respecto del desarrollo e inclusión). Realmente se podía cambiar la OEA. Había condiciones. Almagro las destruyó todas.

Destruye toda posibilidad de generar climas y caminos de diálogo entre venezolanos. Reparte insultos de imbécil a todo el que discrepa con él y pretende abrir caminos pacíficos. Es verdad que el gobierno de Nicolás Maduro no dio muestras ni confianza de un diálogo posible. No menos cierto es que la extrema derecha que lidera hoy la oposición tampoco se ha caracterizado por tener mejor disposición. Han apostado al golpe militar interno, al bloqueo, a la injerencia de todo tipo y a preparar las condiciones para una invasión armada al suelo venezolano, alentados por un vocero como Almagro, que imposta representación. Estas medidas, lejos de resquebrajar la moral del gobierno chavista, lo han fortalecido.

Se ha generado un clima de linchamiento en el que sirve todo insulto, toda provocación, toda mentira y ninguna sensatez. Sr. Mike Pence: ¿que harían el día después de que las tropas ocuparan eventualmente suelo venezolano? Ahora que hasta el propio Grupo de Lima, liderado por Brasil y Chile, niega esa posibilidad, ¿continuará adelante? ¿Se les ocurre que los seis millones de venezolanos y venezolanas que votaron y apoyan a Maduro se irán tranquilitos a sus casas? ¿O ese es el objetivo: generar un largo conflicto desestabilizador de toda la región?

Una pregunta similar es válida también para la dirección mayoritaria del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV): ¿se piensa sensatamente que la oposición, en este clima de emergencia, volverá a sus casas resignada? ¿Se supone que no hay bronca social? ¿Son todos terroristas sus presos? ¿No sería mucho más inteligente sentarse finalmente a negociar, como promueven México, la Comunidad del Caribe y Uruguay? Negociar significa ceder en algunos puntos. Es así.

La no injerencia implica que no se establezcan condiciones. Correcto. Pero se tendrá que admitir que una de las salidas inevitables será dirimir esto en las urnas, en un clima de libertad y pacificación. Hemos leído el planteo de chavistas agrupados en una plataforma que sugieren el uso del artículo 71, referido al referendo consultivo. ¿No sería interesante al menos conversarlo?

Sería bueno recordar hoy aquella magnífica intervención del comandante Hugo Chávez en la Cumbre del Grupo de Río en 2008, convocada a raíz de las reacciones suscitadas por la incursión militar colombiana en territorio ecuatoriano, que mató a 22 guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Álvaro Uribe era el presidente y también fue a esa cumbre. A pesar de que el propio Chávez había ordenado movilizar diez batallones a la frontera y dijo que enviaría los nuevos aviones Sukho Su30 MK2 en caso de que se ordenara una incursión militar colombiana al territorio venezolano o un nuevo ataque a Ecuador, la magia de la diplomacia y la política resplandeció con una invitación a un apretón de manos de los confrontados. No sé si es comparable. Pero es verdad que siempre hay un espacio para negociar y bajar las armas.

Almagro: abstente de comprender esto, porque en tu fuga hacia adelante lo único que tienes seguro es tu autodestrucción. Es más, podrías ahorrar tiempo y colaborar renunciando ya a tu cargo y dejando que el honorable y sabio secretario general adjunto, el buen amigo Néstor Méndez, se haga cargo de la organización, seguramente con más apego a la institucionalidad y con el respeto debido a sus colegas embajadores. Sería un salvataje magnífico. Algo así como una ayuda humanitaria para la OEA.

Publicado en La Diaria el 27 de febrero de 2019

Fotografía de AFP

*Milton Romani fue embajador ante la OEA y fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas

EL DÍA DESPUÉS por Milton Romani Gerner*

Diálogo para la paz en Venezuela.

La posición de Uruguay respecto de Venezuela no es nueva. En marzo de 2014, y luego de los graves enfrentamientos que les costaron la vida a casi 70 personas en Venezuela, en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), como embajador ante la OEA promoví, junto con Argentina y Brasil, el texto de una declaración que finalmente fue aprobada. Expresaba el respeto al principio de no intervención en los asuntos internos de los estados y el compromiso con la defensa de la institucionalidad democrática y del estado de derecho. Al mismo tiempo manifestaba el “más enérgico rechazo a toda forma de violencia e intolerancia” y hacía un llamado a la paz y al respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales, “incluyendo los derechos a la libertad de expresión y reunión pacífica, circulación, salud y educación”. Remitido el texto consensuado, recibí instrucciones de quien era mi superior, el ministro de Relaciones Exteriores, Luis Almagro. Uruguay no cambió. El que cambió es Almagro.

Aquella declaración fue votada por una contundente mayoría (29 a 3). Es por ello que Estados Unidos odia el multilateralismo y ahora tiene en Almagro su líder. Porque en ese plano nunca han podido sostener posiciones ni estar dispuestos a negociar y consensuar. Ni en la OEA ni en la Organización de las Naciones Unidas han logrado triunfar con su posición intervencionista respecto de Venezuela. Fracasaron. El Grupo de Lima se arma luego de las derrotas en la OEA. Lastimoso.

Lo que ocurre actualmente en la OEA es un espurio secuestro de funciones. Hay un portavoz autoproclamado (a la manera de Juan Guaidó): el secretario general Almagro habla en nombre de toda la organización. Ni el Consejo Permanente ni la Asamblea General se han pronunciado sobre el tema. Sin embargo, él habla en forma destemplada y genera hechos consumados.

La guerra y la paz

Alguien dirá que ha pasado mucha agua bajo el puente desde 2014. Que nuevos acontecimientos han generado situaciones graves. Cierto. Ni el gobierno de Nicolás Maduro ni la oposición han mostrado hasta ahora disposición a negociar, a sentarse a debatir salidas pacíficas y de coparticipación en la institucionalidad. Lo único que reafirma esto es subrayar que la no intervención y la promoción de caminos de diálogo para la paz es más urgente, más perentoria que nunca. Lo otro es la guerra, a la que parecen ciegamente apostar muchos actores internos y externos. La pregunta política y humanitaria ineludible es la que el general Liber Seregni nos enseñaba: pensemos el día después. La digna posición asumida por México y Uruguay es la más sensata, humanitaria y apegada a derecho. Porfiadamente, la paz. No la calificaría de neutral, sino todo lo contrario.

El señor Almagro y todos los que desde diferentes intereses y puntos de vista alientan un golpe para derrocar a Maduro, promueven intervenciones militares o económicas, o pretenden generar un estado de zozobra permanente. A lo único que juegan es a eso, a la desestabilización permanente de la región. A prolongar la confrontación.

Maduro y la fracción mayoritaria del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) han cometido errores graves. Han caído en un ciego autoritarismo y han violado derechos humanos. Las fuerzas políticas de izquierda podemos, debemos criticar el proceso justiciero iniciado por Hugo Chávez y preguntarnos en términos políticos si esto es verdaderamente su continuidad. Pero eso no impide defender con gallardía la soberanía y la no intervención de Estados Unidos y demás potencias en Venezuela y en la región. Toda intromisión externa, además de violar un principio de derecho internacional, no resuelve y agrava el conflicto.

Es cierto que todos los estados ceden soberanía en temas de derechos humanos. Pero en todo caso existen organismos internacionales con potestades para juzgar e intervenir en estos casos; los otros estados no tienen potestades para intervenir. Nadie puede arrogarse ese derecho, porque, por otra parte, nadie tiene la suficiente estatura moral para ello. En el caso de Estados Unidos, podríamos hacer una larga lista de violaciones al derecho internacional y a temas internos que lo condenan en reiteración real. No creo que nadie insinúe invadir Estados Unidos por la violación de la soberanía iraquí al demostrarse que no había ningún arma química.

Los sofistas del cambio en paz

La oposición de Uruguay ha elegido el camino del acoso y el derribo. No le importa nada. Todo es útil para hostigar al gobierno, aunque sea contra esta noble iniciativa liderada por México y Uruguay, que recoge lo mejor de la tradición diplomática de nuestro país. A uno de los críticos de la iniciativa, el doctor Julio María Sanguinetti, habría que recordarle que él y su partido no midieron los prerrequisitos para dialogar con el gobierno dictatorial encabezado por el general Gregorio Álvarez. Habría que recordarle los vínculos estrechos que abonó con el general Hugo Medina, al que supo retribuir con el cargo de ministro de Defensa Nacional de su gobierno y con la ignominiosa ley de caducidad. Recordarle que admitió llevar adelante un proceso electoral con libertades cercenadas, presos políticos y, en el colmo de los colmos, con dos destacadísimas personalidades de los otros dos partidos sin poder competir. Recuerdo que intentó argumentar eso con un eslogan electoral: el cambio en paz.

Tanto más llamativa resulta la actitud política publicitada por el cardenal Daniel Sturla. En abierta contradicción con lo señalado por su superior de Roma, el papa Francisco, y en supuesta solidaridad con la Conferencia Episcopal de Venezuela, tuvo la osadía de sugerir voltear a Maduro. Podría haber matizado, adhiriendo al mismo tiempo a los caminos de diálogo y paz, como es costumbre en la iglesia católica y en todo el cristianismo. Pero no. Eligió sumarse a la guerra. Triste.

Otra luz en el camino

Una luz sensata se abre en el ambiente político de Venezuela. El portal Contrapunto informó días pasados sobre una conferencia de prensa de varios ex ministros de Chávez y dirigentes políticos que plantean: “Para parar la guerra: referéndum consultivo ya”.

Gustavo Márquez Marín, ex presidente del Banco de Comercio Exterior y ex ministro de Estado para la Integración y Comercio Exterior, dijo: “Lo que nosotros estamos planteando es la ruta de la paz. Además del rescate de la soberanía popular. Porque a fin de cuentas, es el pueblo de Venezuela, todo el pueblo”, quien debe decidir, y no una manifestación de “100, 200 o 500.000 personas”, en referencia a la autoproclamación de Guaidó.

Publicado en La Diaria el 6 de febrero de 2019

*Milton Romani Gerner fue embajador ante la OEA y fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

LA BANALIDAD DEL DELITO por Milton Romani Gerner

Rudolph William Louis Rudy Giuliani visitó Uruguay. Fue recibido y se atrevió a dar algunos consejos. Preside la consultora Giuliani Partners LLC. Fue fiscal general y alcalde de Nueva York, puestos obtenidos en campañas electorales que contaron con aportes de dinero, entre otros, de Donald Trump. Hoy, integra el equipo del presidente como su abogado. Por ahora, porque parece haber caído en desgracia.

Giuliani ha hecho asesoramientos en seguridad en México y Colombia, aunque se desconocen resultados y evaluaciones. También se dedica a otros menesteres.

The Guardian publicó en mayo un informe que titulaba: “Rudy Giuliani ganó un acuerdo para que el fabricante de Oxycontin (Purdue Pharma) continúe vendiendo esta droga, aun después de las muertes ocasionadas en crisis de los opiáceos”.1 El periódico The New York Times sostuvo: “En las últimas dos décadas, más de 200.000 personas han muerto en los Estados Unidos por sobredosis de opioides recetados […] Purdue Pharma, la compañía que sembró las semillas de la epidemia de opioides a través de su agresiva comercialización de Oxycontin, ha afirmado que desconocía el uso cada vez mayor del poderoso analgésico opioide después de su lanzamiento al mercado”.2

Giuliani Partners LLC fue contratada para su defensa y negociación con el Departamento de Justicia. Tuvieron éxito: “En 2007 Purdue Pharma se declaraba culpable de un delito de ‘etiquetado incorrecto’ de Oxycontin mientras comercializaba la droga, tergiversando su riesgo de adicción y el potencial de abuso. La compañía y los ejecutivos procesados pagaron un total de 634,5 millones de dólares en multas y se requirió que los hombres hicieran servicio comunitario”.

Una consultora que asesora sobre seguridad y defiende laboratorios con graves responsabilidades en la muerte de miles por abuso de drogas es al menos incongruente, cuando no inmoral. No es creíble. Lo llamo banalidad del delito.

Recomendacion de Rudy: identificar y catalogar a los delincuentes reincidentes. No perderles pista porque son “criminales profesionales”. Recurrir a ese catálogo para empezar todo tipo de investigación y, sobre todo, ser muy duros. Encerrarlos con doble candado y, de ser posible, que no salgan nunca.

No es novedoso. Nuestra Policía tiene buen nivel de profesionalidad. Tenemos las cárceles repletas porque agarrar delincuentes, agarran. En 2000 había 4.300 reclusos, ahora estamos en 11.000. Desde 1997 las penas se han endurecido y los resultados no se compadecen con la pretendida disuasión de la dureza.

Nuestro problema está en el antes y el después. Prevención integral, entendida como cultura y acción a nivel transversal de varios organismos, y gestión local. Política criminal que armonice prevención, intervención, investigación y reinserción social.

A qué llamo “banalidad del delito”

Llamo “banalidad del delito” a la producción de ambientes culturales y modalidades psicosociales que actúan como facilitadores y promotores de lo delictivo. Un conjunto de experiencias, creencias y valores enraizados como marcas de referencia de nuestra aldea global contemporánea.

Hannah Arendt, en Eichmann en Jerusalén, definió la banalidad del mal como lo más perverso de un crimen: su justificación por el mandato jerárquico o por la ausencia de consideración del daño ocasionado a otros.

Hay una especie de vacío ético inmanente, en el aquí y ahora, no con quienes se asemejan a mí (semejantes) sino con quienes compiten y conspiran contra mí. La “ley del cerdo” que caracteriza al actual estilo de consumo (por más que coma, el cerdo nunca se sacia) es apenas una pista. La pasión por la “marca”, la ley del éxito y poder sobre cualquier otro parámetro, la competencia por el dinero, por los poderes, o lugares de ser y estar en el mundo, cualquiera sea la posición y el barrio donde vivamos, parecen ser una clave. La violencia puede ser por cosas banales, como un club.

Ya no se hace por ordenes burocráticas, sino por la lógica interna de un sentido común que presiona para obtener dinero, éxito o poder como sea, cuando sea y a costa de quien sea. Con violencia visible o a distancia.

La receptación o compra de objetos robados se vive banalmente, circula en grandes sectores. Pequeñas corrupciones que justifican nuevamente el “hacé la tuya”.

Costó mucho persuadir a escribanos, y luego a contadores y abogados, para que aceptaran su condición de sujetos obligados a remitir al Banco Central operaciones sospechosas de lavado.

Territorios fragmentados y ventanas rotas

En algunos territorios, hace rato habría que haber ido con topadoras. Se ha comenzado a hacer operativos de gran repercusión en algunos barrios pobres. Generaron simpatía ciudadana, salvo de la oposición. Fueron mal comunicados políticamente. Siguen la ruta de tirarle todo el fardo a la Policía, promoviéndola.

Habría que resaltar y celebrar la intervención coordinada que hubo de la Intendencia de Montevideo, los ministerios de Desarrollo Social y de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, la Fiscalía, el Plan Casavalle. Compartir responsabilidades educa en que la seguridad no es sólo un tema policial. Evita tener un chivo expiatorio, reducirlo a un solo componente y asumirlo como tarea de todos.

Da mucho rating mostrar a la Policía y a las topadoras tirar abajo viviendas insalubres, y actuar contra pequeños narcos que se apoderaron de algunos barrios. El foco: estigma, otra vez en los barrios pobres. No pasa lo mismo con otras actividades delictivas.

El mes pasado, sin beneficio de noticiero, la Secretaría Antilavado comenzó a investigar a conocidos estudios por la participación en la producción de sociedades para lavado de dinero. Carlos Peláez (del programa radial Rompekabezas)3, incansable, informa: Posadas, Posadas & Vecino por Lava Jato; Juan Pedro Damiani por Helvetic Group y dinero K; Óscar Algorta por Lava Jato y el Partido Popular español; Fernando Belhot por South Capital Partners y Carlos Dentone por Odebrecht y Sabrimol Trading.

Sólo una copita

El anuncio de Luis Lacalle Pou sobre la tolerancia cero, bajo la consigna “una sola copita”, es banal, frívola, pero además es irresponsable. Ni para candidato a presidente de cantina de barrio. Más insólito es dedicarlo para el aplauso fácil de los bodegueros nacionales, que se quejan de la baja de ventas frente a los importados. Insólito: la tolerancia cero rige para ambas. En todo caso, las facilidades de bebidas importadas se fueron imponiendo a partir de la Ley de Desmonopolización de Alcoholes, de 1990. Luis era chico, pero no tonto. Fue el Partido Nacional.

Uno de cada cinco uruguayos presenta uso problemático de alcohol: abuso de ingesta, consumo de riesgo, consumo perjudicial o dependencia.

La concurrencia del abuso en los siniestros de tránsito es evidencia. Han bajado, entre otras cosas, por el 0% exigido. Es una medida que generó resistencias, pero que la sociedad la ha ido aceptando. A mí mismo, degustador de bebidas, no me resultaba simpática. Sin embargo, reconozco que ha sido efectiva. Ha salvado vidas. ¿Pocas? No sé. Pero si salvó una sola, valió la pena. Luis: si tomás no manejes. Te lo pido por favor.

Milton Romani Gerner es licenciado en Psicología y fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 3 de diciembre de 2018

DESEQUILIBRIOS MACRIECONÓMICOS por Milton Romani Gerner*

En esta orilla, el líder de “Peguemos”, Lacalle junior, necesita vender mucho más. Para espejito está Macri. Acá ya lo hicieron. “Vivir sin miedo”, promete Larrañaga, y hace campaña electoral con ello. En un corte antiwilsonista, propone sumar al esquema represivo a las Fuerzas Armadas, sin reparar en que ha sido el estamento que más miedo ha inoculado a nuestra sociedad. Abusa de una irracional tentación punitiva de la sociedad y propone, otra vez, las herramientas del castigo, cuando los castigos son como la riqueza: nunca son iguales para todos. Los fracturados sociales son los que pagan el pato. Otros fabrican sociedades anónimas.

Ya lo intentaron. Querían bajar la edad de imputabilidad penal. Fracasaron. El formidable movimiento juvenil de No a la Baja lo impidió. Lo que bajó fue la cifra de “menores recluidos”. Ahora son 358, frente a una media histórica de 700. En pocos años, la cifra se redujo casi a la mitad. Se prevé que siga descendiendo. Ningún comunicador ha considerado interesante investigar esto, que –vaya– es una noticia. La Universidad del Miedo, como bien la bautizó el profesor Roque Faraone, no está para eso. Hay una genealogía de los mecanismos que han invadido nuestra convivencia y otros fenómenos violentos de la vida cotidiana que no se solucionan con castigos.

El escritor uruguayo estadounidense Jorge Majfud acaba de publicar en varios medios del exterior un excelente artículo, “La generación del 2001 y la violencia en el Cono Sur”, en el que sostiene: “En medio de la crisis del Cono Sur que se inició en el año 2001 y se profundizó en el 2002, todos se horrorizaban, con cierta dosis de inevitable acostumbramiento, por los niños que comían basura o se drogaban con pegamento debajo de los puentes. No eran casos aislados. Fue una epidemia súbita que arrojó a casi un 20% de los hijos de la clase media a la miseria y el abandono, debido al descalabro de la economía, al desempleo masivo y de los ya debilitados planes sociales de los gobiernos anteriores que, tanto en Uruguay como, sobre todo, en Argentina, se habían alineado a las recetas privatizadoras del FMI. ¿Dónde están hoy esos niños? ¿Desaparecieron? No. Todo presente tiene un pasado, y aunque la gran mayoría de ellos haya salido a flote, hacia una vida digna de lucha y trabajo, basta con un pequeño porcentaje para crear un fuerte estado de inseguridad debido a delitos crecientes en número y crueldad. Como solución, no pocos miran los tiempos de la dictadura militar con nostalgia, por el simple hecho de que, por entonces, crímenes y violaciones de todo tipo, física, moral y económica, simplemente no salían en las noticias y quienes las denunciaban desaparecían o perdían sus trabajos, en el mejor caso”.

La Cantera de los Presos

Este era el nombre del que hasta ahora fue el cantegril más antiguo de Montevideo. Desde 1940, a cinco cuadras de Avenida Italia y Comercio, entre basura, ranchos de lata, perros y caballos, vivieron cuatro generaciones de más de 250 familias, las que hoy fueron realojadas a viviendas dignas en un nuevo barrio digno. Coincidieron para ello la movilización y la pujanza de los vecinos, liderados por una mujer, y un convenio con la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Fue un proceso. Su planificación llevó algunos años, esfuerzo, discusión, porfiadas y atrevidas insistencias. El nombre del asentamiento parece venir de la época en que los presos iban a picar piedra en las canteras allí ubicadas.

No se necesita un giro literario muy rebuscado para arriesgar una metáfora: como otros territorios, ha sido cantera de presos a futuro. O no. Porque entre otras indignidades, el estigma uniformiza y evade admitir que el trabajo, formal e informal, ha sido también forjador de ciudadanía en Isla de Gaspar.

En realidad, este realojo ha sido un formidable modelo de intervención urbana que marca un camino para políticas de convivencia y para asegurar el derecho a la seguridad ciudadana. Prevención universal, que le dicen. Con efecto inmediato en estas 250 familias, ahora sí, seguras, conviviendo felices y con un plus: la dignidad.

Prevención universal, selectiva, indicada

Habrá que repetir una vez más que, en términos de políticas de seguridad ciudadana, hay que desplegar todo el arco preventivo antes que lo punitivo. En todo caso, este realojo de quienes vivían en Isla de Gaspar parece preferible a intervenciones en crisis como la de los Palomares de Casavalle. Es una opción política. Además de prevenir, hay que prever. ¿Restituir el principio de legalidad y responsabilidad? Sí. Pero ese, lícitamente, podría ser el reclamo de los vecinos: restablecimiento de la legalidad de derechos y llamar a responsabilidad a todos los sectores del Estado. La aplicación de la ley es sólo un componente de este combo, necesario pero sólo como un recurso de una política criminal con varios componentes. Debe aplicarse, además, sin tanto aspaviento, ya que la manija de los medios produce subjetividad punitiva.

El castigo, en sus diversas formas, termina siendo caro, ineficiente en términos de costo-beneficio. Segrega aun más a las familias y la sociedad. Sin enfoque político integral, se recarga y se deposita todo, y de mala manera, en la tarea policial, que debe tener también herramientas selectivas e indicadas en lo preventivo. Pero las responsabilidades sobre seguridad y la convivencia ciudadana son de varias agencias, que necesitan coordinación y dirección política estratégica. La tentación narcisista de cualquier ministerio con pretensiones exclusivistas, además de censurable, constituye un grave error político.

El momento punitivo

Como bien afirma el antropólogo, médico y sociólogo francés Didier Fassin, quien recientemente nos visitó: “La combinación de la intolerancia y el populismo penal hace que pueda haber una desconexión entre el aumento de los presos y la realidad de la criminalidad. Eso caracteriza al momento punitivo y es el punto de partida de mi reflexión. En realidad, mi trabajo no es explicar eso en detalle, sino tomarlo como un pretexto para reflexionar de manera más general sobre el castigo, tratando de plantear tres preguntas que pueden caracterizar la razón punitiva: ¿qué es el castigo?, ¿por qué se castiga? y ¿quién es castigado?”.

La población carcelaria ha aumentado ocho veces en Estados Unidos. Dos veces y media en Francia. 180% en Brasil. En Uruguay, en 1997 (cuando comenzaron las reformas del Código Penal para aumentar las penas) había 2.700 presos. Hoy superan los 11.000. Multiplicamos por cuatro la población carcelaria. La voracidad y tentación punitivista no se sacia nunca. Lejos de resolver, se transforma, ahora sí, en el problema. Estamos en deuda con esto.

Plan Siete Zonas y Mesas de Convivencia

El denominado Plan Siete Zonas, de intervenciones urbanas, fue un buen ensayo general. No era pertinente que lo ejecutara solo el Ministerio del Interior. Asumido por el Ministerio de Desarrollo Social, se dijo, no hay presupuesto. Error grave. Lo lógico sería que lo reintentáramos en clave de gestión y presupuesto compartido desde varios ministerios. Hay ejemplos institucionales que indican que eso funciona. La Junta Nacional de Drogas es un buen ejemplo. Menos entendible fue el trancazo que se hizo con el funcionamiento de las Mesas de Convivencia y Seguridad. Tampoco son un asunto del Ministerio del Interior. Hay buenas prácticas que demuestran que es posible darles dirección política para garantizar una gestión local planificada y con el concurso de varios actores. La participación de la comunidad tiene sus características especiales, pero hay que abordarlas en su complejidad y con docencia ciudadana. Insisto: experiencias como las desarrolladas en el Centro Comunal Zonal 3 (Goes) junto con el Mercado Agrícola y otros actores relevantes pusieron fin al imperio de los tumanes, en forma progresiva y sin violencia. Los planes que hoy se desarrollan en la cuenca del arroyo Casavalle y en el barrio Marconi tienen esa impronta.

Ahora el desafío para el Frente Amplio y su futuro gobierno es abordar el tema de la seguridad junto al de la convivencia ciudadana en clave de derechos. Avanzar sobre los logros pero rectificando los errores constatados. Es posible una gestión interministerial, conducida al más alto nivel, que aborde, con un programa transversal, la globalidad y complejidad del fenómeno social de la criminalidad y del conjunto de violencias sociales que vulneran nuestro derecho a la seguridad y la convivencia.

Los equilibrios macroeconómicos, de los que podemos hacer gala frente al incendio de Macri, son necesarios mas no suficientes. Hemos superado el “síndrome Antel Arena”, que pretendió frenar iniciativas desde un enfoque economicista algo dogmático. Se sobrepuso la política. Hoy, gracias a la acción conjunta y decidida de varios organismos (Antel, Ministerio de Industria, Energía y Minería, Intendencia de Montevideo) y a la movilización de vecinos y vecinas, tenemos otro panorama. Intervención urbana con prevención universal. Por añadidura, allí levantaremos un sitio de memoria (ex campo de detención masiva Cilindro Municipal).

Tendremos complejo Antel Arena. Con nuestros artistas y con Joan Manuel Serrat. Un lujo. Sí. “Vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta”. Pero también para que, en clave de derechos y convivencia ciudadana, “el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailen y se den la mano sin importarles la facha”.

*Milton Romani es licenciado en Psicología y fue secretario de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 13 de septiembre de 2018

SOBRE LA GOLPIZA DE UN JOVEN QUE RAPIÑÓ: BREAKING BAD O EL DERECHO A CONVIVIR EN PAZ por Milton Romani Gerner

El personaje central es un tímido y humilde profesor de Química que, aprovechando su conocimiento, se convierte en fabricante de metanfetaminas. Luego, en narcotraficante. La degradación progresiva del profesor Walter White no tiene límites. Una vez en la pendiente, nada lo detiene: miente, asesina, monta una red de tráfico, comete atrocidades. Lo hace “por el bien y el futuro de su familia”. Tiene cáncer, va a morir y quiere dejarles un futuro. Además, ha sido un hombre gris y sin coraje que ahora se destapa. La serie muestra cómo personas “como nosotros” cometen pequeñas, medianas y grandes corruptelas. Es casi inevitable la identificación con esos seres: “nosotros” podemos terminar igual que “ellos”. Es complicado.

En relación con un artículo de El Observador, que oficia como defensor de la corporación de escribanos, algunos de ellos siempre reacios a colaborar con las medidas antilavado, Martín Vallcorba, coordinador de Inclusión Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas, reaccionó en Twitter: “¿Se está reclamando el “derecho” de hacer negocios simulados? ¿de documentar una donación como una venta? ¿Se está defendiendo que un escribano certifique una operación en la que se dice que se recibió cierta cantidad de dinero que sabe que no existió?”.

Vamos a ponernos de acuerdo: si se trata de combatir el crimen organizado (que gira no sólo en torno a las drogas), no se hará sólo mediante el ataque a las bocas de venta. Se corta también, y en forma más inteligente, atacando los mecanismos de lavado de activos. El mercado regulado del cannabis, tan vilipendiado y tan poco defendido, ha tenido al menos un mérito: más de 30.000 usuarios ya no concurren a las bocas. Con respecto a las rapiñas y sus productos es inevitable razonar que la receptación (compra de cosas robadas) efectuada por gente “bien”, “nosotros”, realimenta las rapiñas de “ellos”. Se podría decir que la mayoría de nosotros somos honestos y trabajadores. Promover la cultura de la paz es impedir que nos envilezcamos y asumir que el miedo no puede ser la palanca para generar más violencia. Que podemos ser protagonistas para disminuir la inseguridad.

La promoción de la cultura de la paz

Un encare serio del tema de la seguridad ciudadana debe abarcar las diversas violencias que se han desatado en nuestra sociedad. Sin renunciar a aplicar la ley, tener una mirada más equitativa sobre cómo, cuándo y por qué se extendió la sed incontrolable de hacer guita con lo que venga.

La coordinación de múltiples agencias del Estado es imprescindible. Es necesario dejar de centrar en la Policía un tema complejo que la supera. Es evidente que el fenómeno de las violencias es más abarcativo. Una política criminal (que sigue ausente, entre otras cosas, porque no se reconoce su ausencia) tiene componentes a analizar que superan la necesaria aplicación de la ley penal.

Investigar el fenómeno del crimen sigue siendo un desafío. Supone una actitud responsable. No pasarse facturas recurriendo a datos sesgados que fungen como coartadas más que como explicaciones racionales.

Nicolás Trajtemberg dijo el 5 de agosto, en entrevista con El País: “El problema de la izquierda es que no hay una comunicación clara. La delincuencia y el crimen han aumentado, de eso no hay dudas, y no hay un relato de hacia dónde se va. Por otro lado, hay una derecha, muy oportunista, que sólo plantea un camino de incremento de costos penales pero desde la deshonestidad. ¿Por qué desde la deshonestidad? Porque es un camino que no es bueno, que es costoso y [por el] que además habría que decirle a los ciudadanos: ‘Miren: queremos reducir el crimen y proponemos aumentar las penas. Pero está claro que aumentar las penas sólo en leyes no cambia nada. A lo sumo puedo acelerar los tiempos de captura y de procesos, pero para eso necesito millones de dólares destinados al Poder Judicial, millones a la Fiscalía, millones a la Policía. Y para eso le tengo que aumentar los impuestos o perjudicar a la salud, a la educación’”. Es un planteo serio y honesto. De un académico que piensa y aporta críticamente lo suyo.

Ciudad Gótica: cómo combatir bandidos en campaña electoral

En el polo opuesto, asistimos atónitos al lanzamiento de la candidatura a la diputación del ex fiscal Gustavo Zubía. Tiene ribetes góticos. De Ciudad Gótica. Pretende emular a Batman: solución rápida y furiosa ante aquello que los tontos frutillas no nos damos cuenta o no tenemos el valor de enfrentar. Recórcholis. En entrevista con Búsqueda, planteó algo de lo poco que se parece a una propuesta: “Le llevé un proyecto a [el comandante en jefe del Ejército, Guido] Manini Ríos que proponía que los formalizados sin prisión, en lugar de mandarlos a alguna escuela […] recibieran algún tipo de formación en el Ejército, no bélica, nada de armas ni otras yerbas. Formación militar en algún tipo de regimiento donde el individuo vaya a cumplir horario, realizar tareas de organización, de trabajo […] Mando. Disciplina militar”. ¿Y si los jóvenes “ni-ni” se resisten a quedar encerrados en un regimiento? ¿Si quieren fugarse? Recurrir al Ejército para sustituir cárceles de adultos y menores infractores que no han funcionado es sencillamente una burrada. Recurrir al viejo mito conservador sobre la disciplina puede juntar algún voto. No soluciona nada. Como todo enunciado, tiene efectos. Envilece las pulsiones más primarias de ciudadanos y ciudadanas que tienen miedo, y de alguna manera acumula violencia. El entrenamiento militar no incluye en sus manuales teoría y práctica de tacho, picana y plantón. Pero desgraciadamente ha sido la herencia maldita en códigos y valores que impunemente han contagiado nuestra convivencia. No es una buena base para la disciplina moral.

Hay antecedentes de entrenamiento militar a civiles por parte de las Fuerzas Armadas. En 1969 el gobierno colorado militarizó a todos los funcionarios bancarios que eran llevados desde sus trabajos a los cuarteles. El 2 de octubre de 1969 falleció a causa de un ataque cardíaco, en el Regimiento Nº 9 de Caballería, el bancario Carlos Alberto Cánepa, de 42 años.

Convivir en paz es un desafío urgente. Salvo para quienes, emulando a Primo de Rivera, fundador de la Falange, siguen creyendo que “a última hora, siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado a la civilización”. El histrionismo electoral, con alardes de porte de armas, no reúne estatuto para el debate. Aporta poco y ensucia todo. En realidad, se parece más a otro personaje de Ciudad Gótica: el Guasón. Tiempo atrás, un viejo luchador, cuando alguno alardeaba con los fierros, recomendaba sabiamente: limale la mira.

Milton Romani es licenciado en Psicología y fue secretario de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 9 de agosto de 2018.

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL DEDO por Mílton Romani Gerner

Gerardo Caetano afirmó recientemente con justeza: “Si volvemos a tener una campaña de ochentosos, el país está en problemas”. Fue después de que se conociera la cumbre Danilo Astori-Pepe Mujica y se dejara trascender que uno de ellos, o los dos, podían apoyarse mutuamente como precandidatos del Frente Amplio. Esto fue coincidente también con la reaparición en escena de la lucha electoral de don Julio María Sanguinetti.

Para los frenteamplistas es totalmente lícito que cada quien se reúna con quien quiera. Obvio. Que cualquiera postule a quien sea, incluso a sí mismo. Sin embargo, hay que recordar que también en este caso “el medio es el mensaje”. Es necesario someter a escrutinio este tipo de procedimientos. Porque el desafío de la campaña electoral es de suma importancia para el Frente Amplio, y necesitamos movilizar todas nuestras filas, que están un poco alicaídas. Sustraer ciertas decisiones agrega malestares a los que ya existen.

Sería preferible abordar los ejes políticos de la movilización que se avecina. Pues no. Para reiterar una nada académica expresión: algunos estamos medio podridos de dedocracia y mangoneo. Porque desmoviliza y desanima. Vaya hallazgo: porque no es participativo. Hace uso y abuso del rol y poder que todos les hemos cedido a nuestros dirigentes. Porque es un acto de soberbia que coarta la posibilidad de ampliar oportunidades a candidaturas más novedosas, más jóvenes, con experiencia en varios campos de la gestión y de la militancia. Porque conspira contra una renovación necesaria desde el vamos.

Importa debatir el perfil de la campaña y sus puntos centrales: ¿vamos a desplegar una línea de autocomplacencia con todo lo que hicimos? ¿Seremos capaces de tener el coraje de liderar la indignación por lo que no hicimos y está por hacerse? ¿Seremos capaces de agitar banderas de cambio, autocriticarnos en lo que corresponde, señalando los nuevos objetivos de justicia social y quiebre de la fracturas sociales que todavía existen? ¿O lo nuestro será defender el statu quo, la lógica que impone el mundo tal cual es, los márgenes inevitables que fijan otros? ¿Será posible, con todo lo que hicimos, y más imaginación, crear un nuevo sentido esperanzador?

Es necesario mostrar todo lo que hicimos y los avances del país. Pero no alcanza. Sería de coraje cívico y republicano de buen recibo por la ciudadanía ser totalmente transparentes con lo que no pudimos o no supimos hacer. Asumir los errores. Porque sobre esos debes están nuestras propuestas más radicales a futuro, que pueden entusiasmar a los más jóvenes y conquistar nuevas esperanzas de los más viejos. Levantar el ánimo de los más vulnerables. Las credenciales para un nuevo cambio están en lo realizado, pero mucho más en renovar la vieja promesa de hacer “temblar hasta las raíces de los árboles”.

Definir los y las candidatas es muy importante. No es cierto ese discurso que intenta disimular esto con falsa humildad. Es un tema recurrente en todos los ámbitos. Lícitamente.

Porque una campaña política de corte electoral tiene una exigencia de comunicación referida a las sensibilidades, entonaciones, atributos, trayectorias, resumidas en la singularidad del candidato o candidata. Es una síntesis humana de 100 programas. Decidir cuál es el candidato o candidata no es un acto de inspiración o intuición. Si pretendemos que nos represente a todos, necesitamos recorrer los caminos de la más amplia participación.

Suponer que esos atributos son transitivos por decisión de uno o dos dedos, sean de quien sean, es un grave error político.

Ser joven no es necesariamente un atributo de renovación. Como ser mujer tampoco asegura un enfoque igualitario de género. Pero parece una desmesura que no alienta cambios que dos dirigentes pretendan influir para decidir ellos y ante ellos. Hay un momento para todo. También para sumar a la edad sabiduría, y comprender cuándo hay que dejar que pasen otros adelante.

Las elecciones pasadas mostraron, incluso al Frente Amplio, la fuerza de la movilización juvenil expresada en la movilización del No a la Baja. Nadie daba dos mangos en un tema que supuestamente, se decía, iba a contrapelo del clamor popular punitivista. Insólitamente, el Frente Amplio fue torpe, lento y conservador. Temor político mal calculado por muchos que pensaban (y siguen pensando) que hay que someterse al “sentido común”. Sin embargo, se demostró que hay que atreverse a desplegar el “buen sentido” basado en convicciones. Imaginación y propuestas. Como sólo saben ser atrevidos e imaginativos los jóvenes, que convierten convicciones en realidad política.

Los veteranos –y más que veteranos– tienen el derecho y la responsabilidad de orientar, aportar sabiduría, mostrar caminos. Pero nunca sustraer decisiones.

La tentación de abusar de la autoridad desde la cima ejerciendo el dedazo puede ser paradojal. Volverse en contra. Su levedad se puede convertir en un dolor de cabeza a la interna de cada sector. Ya lo vivimos. Puede llegar a demostrar, una vez más, que muchos jóvenes “matarán” a sus padres, se rebelarán y tomarán un camino propio (“Matar al padre”: http://ladiaria.com.uy/USI.

Tabaré Vázquez, Pepe Mujica y Danilo Astori son distinguidísimos compañeros que constituyen un formidable patrimonio frenteamplista. Ellos han acumulado prestigio, popularidad, reconocimiento, experiencias intransferibles… y años. Pueden y deben seguir aportando al colectivo. El Frente Amplio debe buscar los espacios institucionales para que sigan incidiendo en nuestro accionar político. Incidiendo y aportando, desde otro lugar.

Hay una larga lista de compañeros y compañeras, de las más diversas tiendas, con capacidad, liderazgo, experiencias propias. Destaco el nombre de Daniel Martínez porque su gestión tiene una gran adhesión y popularidad creciente. No parece sensato que se insinúe que hay que asegurar la victoria y se soslaye este dato fuerte, omitiéndolo así como así. Pero hay más nombres.

Sería saludable que todos y todas quienes se sientan candidateables, se anoten. Debatir en competencia interna, donde todo el colectivo frenteamplista participe de la discusión sobre las virtudes de cada uno. Sin las manipulaciones de quienes se sienten tentados de abusar de su autoridad y prestigio, del cariño y respeto que les prodigamos. Y que como buenos ochentosos, cierran las puertas del boliche bien temprano e impiden gozar de la fiesta de la diversidad y la discusión.

Publicado en La Diaria el 7 de julio de 2018

CÓMO SE PUEDE MANCAR UN “BURRO” por Mílton Romani Gerner

Miserias de una cuadrera.

¨Apostar por el favorito rinde poco. En las carreras de caballos si el pingo favorito es el ganador, su apostador volverá a casa con unos pocos pesos. Los conocedores dicen que el caballo ganador más festejado es el que viene de atrás: “por los palos”. Ese al que le queda la chapa de la sorpresa. El senador blanco Jorge Larrañaga sabe de caballos. Y también sabe de llegar de favorito o dar el batacazo cuando no está en los cálculos de nadie¨

Estas afirmaciones aparecieron en El País del domingo, firmada por Pablo Fernández bajo el titulo: La vieja historia de los blancos: ¨Larrañaga retoma impulso en la interna con campaña por seguridad¨ y agrega: el líder de Alianza logró protagonismo y colocó a Lacalle Pou en una posición incómoda¨

Visto así quizás se entienda un poco más, la absurda propuesta. Pretende ganar la interna y posicionarse en el juego político. Tirando la mosqueta y dejando en orsai a los otros. Parece más mezquina, pero al menos tiene una lógica que no tiene el contenido de la misma. También decir que todo ¨burro¨, hasta el mejor potrillo, se puede mancar. Cosas de la política timbera.

La ´vieja historia de los blancos´ nos dice otras cosas. Wílson Ferreira Aldunate y Carlos Julio Pereyra en gesto que los honró, reconocieron que votar en 1972 el Estado de Guerra Interno y la Ley de Seguridad del Estado no fue cosa buena. Eso que la situación de aquella época era realmente crítica.

Afirmaba Wílson por entonces: “No hay ninguna causa, que no se destruya, que no pierda validez moral, que no se transforme en una porquería, si para defenderla hay que hacer estas cosas.¨  Años después diría: :”No fue un pecado votar la Ley de Seguridad del Estado, fue un error. Nunca debimos autorizar a militares a juzgar civiles. Era doloroso, pero para el uruguayo medio la tranquilidad se había transformado en algo más importante que la libertad.¨

Paradoja: estas citas las extraje de un excelente trabajo que firma un militar, el Capitán de Navío (R)Tabaré Fernando Patrón en un ensayo: ¨Los valores de Wílson Ferreira Aldunate en la conducción política del poder militar¨.

Los militares ya estuvieron al frente de la seguridad del Estado y les fue, nos fue, muy mal. Al frente, al costado, abajo y arriba de la seguridad de todos nosotros.

Alguien debería decirle al insigne burrero, que tampoco los militares están conformes en salir a la calle para trabajar de policías. Ellos también se preguntan:  ¿como sería la cosa?¿pedirían documentos, harían pinzas, detendrían gente? ¿como Larrañaga? Apoyar a la policía bajo sus órdenes. ¿Órdenes civiles para un militar? Al mismo precio. El Estado de Guerra les permitió cobrar el doble. Las misiones al Congo tienen otro precio. ¿Como Larrañaga, cómo sería esto? Una inteligente pregunta que se lanzó en las redes: en caso de hacer fuego o cometer algún delito ¿quién los juzga? Se me dirá la justicia civil. No podría sostenerse en serio, habida cuenta de la historia en este país. Pero mas allá de la historia ¿los militares aceptarán salir a la calle, recibir ordenes de civiles, actuar y eventualmente ser juzgados por civiles? Reitero: ¿todo por la misma plata?

Debatir en serio con esta propuesta implica una base mínima de seriedad. No los hay. Ni la misión fundamental de las FFAA definidas en sus leyes, ni la formación, ni el despliegue, ni las características propias de las fuerzas, ni su presupuesto, pueden cumplir funciones de seguridad interna. A propósito: ¿se piensa que con la carga de impunidad que conllevan los uniformes militares, la existencia brutal de cementerios clandestinos en los cuarteles de la patria, se podría salir a la calle con prestigio?

A medida que escribo me vuelvo medio wilsonista: “Nosotros queremos un país donde un soldado salga a la calle y se ponga el uniforme, no tenga que sacárselo porque pasa vergüenza. Nosotros queremos un país donde los soldados exhiban su condición militar con orgullo.” (Wílson Ferreira Aldunate, en Buenos Aires el 30 de abril de 1984)

Sobre la moda de seguir aumentando penas solo decir lo que criminólogos y especialistas que estudian el tema afirman: no parece lógico poner el acento y las penas luego que agarraste al delincuente. El tema es como evitar el crimen. En sus causas, que son muchas y diferentes, y en una aplicación racional de la fuerza de la ley. La respuesta punitiva solo convoca más violencia. No lo queremos para Uruguay. Tenemos otros recursos y otros valores. La seguridad es un derecho que se garantiza no solo con la policía y la ley penal. Poner a articular todo esto con perspectiva de futuro es también una responsabilidad de la oposición.

Es una responsabilidad compartida. De varias instancias del Estado. También de la conducta de los líderes políticos. De los medios de difusión como canales de comunicación social. Una pregunta al paso: ¿porque los medios se inhiben de dar noticias sobre suicidios, siendo una de las causas violentas de muerte más altas que tenemos?

Se me dirá que para evitar el efecto contagio. Bien. ¿No hay efecto contagio cuando se propala hasta el hartazgo todo tipo de crimen, rapiña, asalto, y copamiento? Informar es un derecho. Viralizar haciendo uso insensato de las facetas de espectáculo es una manera de alimentar el circuito del crimen. Igual que aquellos ¨ciudadanos¨ que compran objetos robados. O los lideres políticos que usando el miedo e inseguridad de la gente intentan avanzar un par de cuadros en el tablero partidario.

La violencia no se combate con más violencia. Fui testigo en mi condición de Secretario Nacional de Drogas y de Embajador ante la OEA, de los desastres que ha ocasionado el enfoque de la guerra contra las drogas y la incorporación de las FFAA a esa lucha. Están las pruebas ahí, no se necesita ninguna especulación. América Latina y el Caribe son testimonios dramáticos de esta realidad. Colombia, México, Guatemala. Lo han afirmado los analistas y políticos más encumbrados. Origen de Los Zetas, principal cartel mexicano:  La organización se formó a partir de un grupo de militares de élite que desertaron del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP) del Ejército Mexicano. No se necesita ir a informes muy secretos, esto es de Wikipedia, Larrañaga. Como afirma el estudioso de estos temas Luis Moras: si no queremos ser El Salvador, no apliquemos políticas salvadoreñas.

Estuve preso por primera vez en 1968, en el 5o de Artillería, bajo Medidas Prontas de Seguridad. Triste debut de las FFAA en seguridad interna. Junté firmas muchas veces. La principal de todas contra la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado. No basta con olfato burrero, ni con picardía de stud o pretendidas dotes de gurú populista. Se precisa mucha militancia y mucha organización para reunir firmas. Creáme Larrañaga: no las va a conseguir. Es un ¨dato¨ posta.

 

Publicado en “Voces”.

 

 

 

 

 

 

 

 

CON IRMA por Milton Romani Gerner

Irma Hernández de Trías

Revisaba uno por uno, cada papel, nota, carta, recorte, que me había dado María Esther Gatti, para documentar no recuerdo que libro. O quizás era para una película. O para rescatar una mínima sistematización de toda la documentación que teníamos sobre Mariana.

Lo único que sé, es que las cuatro bolsas de nylon que oficiaban como único archivo de aquel papelerío enorme,  eran sin embargo un inventario prolijo y contundente de una búsqueda incansable.

Para ese entonces, ya habíamos ubicado a Mariana, y aquel tesoro documental, estaba allí para ser escrutado en silencio.

Casi todas las cartas eran manuscritas. Cientos de petitorios a las más diversas autoridades militares, civiles, de ambos países. Organismos internacionales, periodistas. Escritas hasta con excesiva delicadeza.

Entre ellas me sorprendió, una, que no estaba firmada por María Esther Gatti. Era un petitorio, un Habeas Corpus a favor de María Emilia Islas, Jorge Zaffaroni y la pequeña Mariana, fechado a los pocos días del secuestro y presentado ante la Justicia en Buenos Aires.

El texto con una caligrafía muy peculiar, característica de una etapa de la escuela uruguaya, igualita  a la de mi mamá, denunciaba el allanamiento y la detención (de la familia Zaffaroni Islas) en la vivienda de la calle Venezuela de la Provincia de Buenos Aires.

Quedé sorprendido. María Esther por teléfono, me confirmó que así había sido.

En el fárrago de sentimientos y acontecimientos que se apretujaron durante tanto tiempo había aquilatado las virtudes de Irma Hernández de Trias, como así firmaba en ese texto. Esa mujer sencilla, de barrio, cuya figura y estampa, aun en todas las protestas callejeras, lucía con la misma sencillez de ir o venir a la feria. Cuando me pidieron hacer una semblanza de ella, lo primero que me acudió a la mente fue este acto de grandeza solidaria. Es necesario recordar que para fines de setiembre de 1976, ella estaba en Buenos Aires.

Que otra cosa sino, la virtud austera de una solidaridad infinita, de un amor inmanente pudo llevar a Irma, a realizar un habeas corpus en ausencia de María Esther, que tardaría tan solo unas horas en llegar.  Irma estaba allí, en Buenos Aires. Había quedado en la casa de su hija Cecilia, al cuidado de su nieto Marcos que era un bebé de pecho. Cecilia y Washington Cram no volvían, y no volvían, y solo cabe suponer la desesperación de esa noble mujer, que ya tenía a su otra hija Ivonne, presa en Uruguay. Fue su otro yerno Carlos Rodríguez Mercader quien llego para anunciar la noticia: habían sido secuestrados en plena calle. Él mismo sería víctima de lo mismo, días después. Irma quedó sola con su nieto Marcos. En esas circunstancias también firmó el habeas corpus por María Esther.

La vi por primera vez, en Buenos Aires, cuando viajaron un grupo de madres y algunos familiares desde Uruguay. Setiembre de 1979. Era la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA para su informe en el lugar (in loco). Una oportunidad única para denunciar las desapariciones y lograr que esas voces fueran escuchadas. En ese entonces, el silencio sobre el terrorismo de estado era total.  Ellas mismas vivían eso con una dosis muy grande de drama personal.

Es posible que la memoria me juegue mal y quizás nos hayamos visto antes. Pero recuerdo que las acompañé a ella, Luz, María Esther, Violeta y Milka que paraban en un mismo hotel. Viejo hotel con luminosidad que venia de grandes banderolas. A pesar del dolor, había entre ellas y nosotros, (Alberto Correa, Rosina Harley y Mónica Parada) un clima de camaradería, de cierto optimismo, que daba el dolor compartido. También de compartir el miedo. Porque en aquellos tiempos había mucho miedo.

La sede de la Asamblea Permanente por los DDHH en la calle Paraná, era el centro de actividad solidaria. El CELS estaba en formación. Allí hicimos una improvisada asamblea para leer el informe que presentaríamos en la audiencia que la CIDH nos daría. Por primera vez había viajado un grupo nutrido de madres y familiares, y en rigor era la primera acción colectiva.

Luego en un boliche de la esquina, se formalizaría la constitución del grupo de Madres y Familiares. Hasta esa fecha se conocían de verse en las filas: para ver a los jerarcas, de los juzgados, la sala de espera del ESMACO, o de Jefatura. así se fueron conociendo, todas. En esa esquina, Irma y otras, darían nacimiento a su grupo.

En las reuniones no era de las que más hablaba. Pero siempre lucía una sonrisa tenue, agradable. Que de alguna manera escondía dolores tremendos y mucho coraje. Sin alharacas, sin aspavientos, tranquila. La vi llorar más de una vez, a través de aquellos lentes gruesos que usaba. Caminaba con cierta dificultad, vestía sencillo a la uruguaya, discreta y austera. Se podría decir que era la misma que hacia los mandados, iba a buscar a su nieto a la escuela, y venía a Buenos Aires a reclamar por su hija, sus dos yernos y en solidaridad con los otros.

Lucía un peinado canoso, ondulado pero que uno podría adivinar que alguna vez estuvo poblado de rulos. De esos que se armaban en forma doméstica, y nuestras madres lo escondían en una de esas cofias espantosas. Usaba lentes de mucho aumento, de color verde. Era una mujer dulce, sencilla. Crió a su nieto Marcos en su vieja casa de Julián Laguna, visitó a su hija Ivonne Trías todos los años en las que estuvo en prisión; y buscó, buscó. Viajaba a Buenos Aires y estuvo en todas las marchas y protestas para reclamar por los suyos y por todos.

El grupo fundado en Buenos Aires, realizó su primera manifestación, su primer reclamo público, en Uruguay, en la Iglesia de los Vascos. No lucieron pañuelos como sus homólogas en Plaza de Mayo. Eligieron, devotas, un escapulario. O sea una cinta con la bandera uruguaya, colgada de sus cuellos, luciendo una gran foto de sus hijos e hijas. Que quedaban ubicados así, en sus pechos.

Silenciosas pero con un coraje inmenso desafiaron a los poderosos. Porque Irma, en su sencillez y hasta en su candidez, supo estar. Puso el cuerpo. No sé si en su fuero íntimo, entre mandados a la feria y su rol de ama de casa, en asumir criar a su nieto, sola, digo si alguna vez se enteró que era una pequeña heroína. Decir heroína es quizás romper una forma de ver la vida y el reclamo en una dimensión que ni ella ni ninguna de ellas, nunca pretendieron. Solo supieron protestar y reclamar para recuperar a sus hijos. Esa dimensión quizás sea la más brutal del terrorismo de estado: la que enfrentó, desde un reflejo cultural de humana cotidianeidad, velar por los hijos, a todo un plan político y militar de control absoluto.

Por eso, Irma es, simple y profundamente, una mujer protagónica de la resistencia, de una de las páginas mas bellas de la recuperación de la fibra humanista. Que en esas cosas sencillas, desmontaba, sin quererlo, el mandato patriarcal de sumisión, el cual  se rompía y se recomponía con una nueva dimensión de mujer. Porque en el reclamo también hubo reflexión política, caminos para tener un perfil u otro. Ellas supieron también, tener definiciones políticas, de alto nivel. Anotemos, que si existe una norma Convención Interamericana Contra la Desaparición Forzada, entre otras cosas fue porque en su incansable búsqueda. supieron ir más allá  y comprometerse con esta época y el futuro.

No hay reparación posible para algunas heridas que quedaran en nuestros cuerpos. Pero quizás, las semblanzas nos recuperen siempre a estas mamás que amaron y protestaron. Que surgieron para decir, ellos están, ellos son, nuestros hijos y nietos queremos saber donde están. En esto, sin quizás, hay una reparación posible. En la memoria. También como ellas lo dijeron, con la verdad de los hechos y la justicia reparadora. Porque seguiremos buscando, seguiremos reclamando justicia. Con Irma. Con el  recuerdo de mujeres como Irma Hernández de Trías, que seguirán siendo nuestras madres compañeras.

Publicado en la Revista No te Olvides No 18 Setiembre 2014

LA CULPA LA TUVO EL OTRO por Milton Romani

El título de esta columna alude a una película con Luis Sandrini, de 1950. Como la mayoría de las películas argentinas de la época, instilaba valores ingenuos, melodramáticos, coherentes con el patrón cultural de aquellos años. Fue la época también del Cacho y su banda, que tuvieron en jaque a nuestra sociedad, horrorizada por los “infantojuveniles”. El título se me impuso a partir de las declaraciones cruzadas sobre seguridad ciudadana, en un debate mal planteado.

Ahora asistimos a la película uruguaya “Los irresponsables de siempre”, rodada con los que están en campaña electoral permanente, con planteos simplistas y demagógicos de quienes en su momento no supieron, no pudieron ni aportaron para resolver esto. No es noble traficar con el sufrimiento y el miedo de la gente.

Los militares ya estuvieron al frente de nuestra seguridad. Al frente, al costado y detrás. Fueron un desastre. Tiraron para el otro lado. Ellos siguen siendo responsables del régimen simbólico y fáctico de impunidad en que vivimos. Basta.

Ir por los caminos trillados de la inflación penal es una vía muerta. ¿Alguien piensa, de verdad, que encarcelando “preventivamente” a los “reincidentes” arreglamos algo? ¿Cómo sabemos que son reincidentes si en realidad el caso se resuelve con la sentencia ejecutoriada? Aumentar las penas es una remake de 1997 y 2000. Un fracaso de taquilla. Más penas, más delitos. Aplicar la ley con rigor implica sensatez y economía de la fuerza. La fractura social no se arregla con más violencia, amén de que no todos los que, además, sufren el estigma de algunos barrios son chorros. Como afirma Luis Morás, “si aplicamos políticas salvadoreñas, seguramente llegaremos a ser El Salvador”.

Como expresó el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, no hemos logrado quebrar la fractura social después de 13 años de gobierno, y eso no es aceptable. Comparto esa opinión.

Todos los nombres

Ahora hay muchos Cacho. Su nombre, Zelacio Durán Naverias, le fue restituido gracias a un valiente reportaje de Eduardo Galeano titulado “El símbolo uruguayo del Mal”.

Es imprescindible, de una vez por todas, repasar las historias. ¿Sabemos qué piensan, qué sienten, a qué aspiran los que viven en el Marconi o en Casavalle, en Cerro Norte o en cualquier barrio? Por favor. Todos los nombres. Sin apodos.

Las hipótesis de máxima que hace la Policía son eso. Además, mal comunicadas, sólo reproducen miedo y zozobra. La alarma nunca atenúa, sino que aporta inseguridad.

Pero ¿eso es todo? No lo sabemos. Sí sabemos que las amenazas de más penas o mano dura, supermano dura o puño de fierro (todas salvadoreñas) para estos pibes no corren. Muchos de ellos esperan que se desate, no la guerra, sino mil batallas. Criados a palo y palo, no les importa. Su lenguaje es la violencia hecha carne y cultura de cuatro generaciones. ¿Vamos a agregar más?

Tampoco sirve atacar al Código de Proceso Penal, que con sólo seis meses de vida parece que ya tiene la culpa de todo. Insólito. Una gran conquista que abre las puertas de una nueva política criminal acosada por todos lados.

No necesitamos contrarreforma reaccionaria punitivista, sino otra actitud. Vocación de servicio, trabajar, ver, escuchar. Es vivienda, es trabajo, es salud, es educar. Condiciones necesarias. Llamale como quieras. Pero sin actitud, todo es en vano. No hacerse el boludo recurriendo a que la culpa la tuvo el otro. Vale para todos y todas. Cualquier duda, preguntarle al doctor Álvaro Villar, director del hospital Maciel.

Mientras escribía esta nota se conoció la noticia de la convocatoria del presidente Tabaré Vázquez a diversos actores a los que compete el tema de la seguridad ciudadana. Responsabilidad compartida. Es un paso importante. Como lo fue ir a San Luis a conversar con los vecinos, en una reedición de política de cercanía.

Hablando de políticas de cercanías, relancemos ya las Mesas Zonales de Convivencia y Seguridad Ciudadana, llamadas a ser la base de una política integral y de articulación local. ¿Qué fue del plan Siete Zonas, que iba en el mismo sentido? ¿Fueron devorados por el síndrome Antel Arena?

La convivencia y seguridad son derechos. No es la Policía, ni siquiera el Ministerio del Interior, los únicos que los salvaguardan. Varias instituciones deben articularse a nivel estratégico, de mando y, fundamentalmente, a nivel local. ¿Junta Nacional para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana? ¿Por qué no? Hay que romper la lógica del Estado con presupuestos de programas verticales, con actitud y coraje para ir a programas transversales que rompan las chacras y la burocracia.

No están sólo en los barrios “marginales”

Pobreza y marginalidad explican sólo una parte del narcotráfico. La cadena de acumulación de dinero termina en un vértice de empresarios que necesitan lavar dinero para hacerlo circulante. Como señaló el fiscal de Corte, Jorge Díaz, los hermanitos Carlos y José Röhm se alzaron con una bolsa de 1.200 millones de dólares. Muchísimo más que las miles de rapiñas de miles de pibes chorros. Ya tenían antecedentes. Están sueltos.

El “símbolo uruguayo del mal” en deporte, Eugenio Figueredo, que manejó los hilos del fútbol uruguayo, sudamericano y mundial, no era del Marconi. Y tiene tantos amigos que no los puedo contar.

Las resistencias cuando procesamos al doctor Carlos Curbelo Tammaro, símbolo uruguayo del mal abogaderil, sólo fueron comparables con la intervención de Luis Hierro López y Guillermo Stirling para remover al inspector Roberto Rivero, ex director de la Policía Nacional y de la Brigada Antidrogas en el 2000, que había osado investigar a escribanos y personas conocidas, nada menos que con compras en Punta del Este.

Se olvida rápido: fue procesada la plana mayor de la Armada, incluidos tres ex comandantes, por crimen organizado. Se desconoce domicilio. Fotos y titulares, pocos.

El lenguaje cambió no sólo en aquellos barrios. También los “buenos” abandonamos la promoción de valores humanísticos como los prodigados por Olga Lanari, mamá de Gustavo Volpe, o por Juan Carlos Patrón, ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, con su célebre “Procesado 1.040”, que también fue una película argentina, con director, guionista y actores uruguayos.

Publicado en La Diaria el 28 de mayo de 2018

ENCANTADOS: TONOS Y SEMITONOS por Milton Romani Gerner*

Escala en do bemol mayor. Las declaraciones del comandante en jefe del Ejército brasileño, general Eduardo Villas Boas, destinadas a presionar al Supremo Tribunal de Justicia previa resolución del hábeas corpus para Lula, muestran cómo se reconstituye el bloque de los poderosos, siempre. El general Villas Boas habló de “impunidad”. Por acá también algunos han empezado a usar el término, y no por el peso profundo que tuvo la caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Brasil inauguró el ciclo de las dictaduras en Sudamérica en el siglo pasado. Fue el país menos dispuesto a revisar el pasado dictatorial. Imperio de la impunidad. La izquierda debe hacerse cargo también de esto. Se dijo, y ahora es realidad: “Quien no hace justicia con el pasado está condenado a repetirlo”. ¿Pueden volver? Sí, pueden.

Fuga en re menor. Hacen gala de combate a la corrupción. Es un recurso viejo de la derecha. Acá lo usaron en la década de 1970: escándalos en la Junta Departamental (1972), prisión de Jorge Batlle, rimbombante investigación de ilícitos económicos. Así los llamaron. Plasmados en la plataforma electoral de las Fuerzas Armadas: comunicados 4 y 7. Confundieron a unos cuantos. Una maniobra para asaltar el poder.

La lucha contra la corrupción siempre fue una bandera de la izquierda. Durante años, en Uruguay el acomodo, la tarjeta para jubilarse, el puestito en el Estado vía clubes, la coima, la llamadita del te arreglo esto a vos y quedás en deuda fueron estructurales. La gauchada. Un modo uruguayo de ver, estar y sentir el mundo, los negocios, el Estado. Estoy condenado a citar a don Ignacio de Posadas: no vas a ir a pedirles a los amigos que se dediquen a la política, que no da un mango. Es más, se pierde. Por lo cual…

La izquierda nunca debió ceder esa bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aun cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

Mayor en si bemol. El triunfo de Carlos Alvarado en Costa Rica enseña cómo funciona la diferenciación como clave de triunfo. No la mimetización en aras de ganar votos y opinión. Dicho sea de paso: nuevamente se equivocaron las encuestas. Bueno, las ponderaciones que hacen los encuestadores. Y cómo. Alvarado no se dejó comer la cabeza para arrastrarse al centro y sumarse a los otros que cuestionaban a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dijo lo que pensaba, redobló sus convicciones. Su candidata a la vicepresidencia ya expresaba esas convicciones. Mujer, negra y combativa en defensa de todos los derechos: Epsy Campbell.

Escala en fa mayor sostenido. Hay que liderar la indignación. La defensa ciega de todo lo logrado es insuficiente para convocar a un nuevo cambio. Cuando se juegan derechos que todavía no son plenos o están vulnerados, lo primero es indignarse. Luego, asumir el desafío. Después, explicar lo que se hizo. Pero primero, indignarse. Desde el gobierno, desde el Frente Amplio y las organizaciones sociales.

La pobreza infantil todavía ronda el 17%. Indigna. Interpela. Claro que se hizo mucho. Pero ahora vale la pena un cuarto gobierno para lograr pobreza cero. Porque nos indigna. Hay que avanzar en el combate de todas las desigualdades y decirlo a texto expreso. Desigualdad que se expresa brutalmente también en lo territorial. Una bofetada para nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Resaltar, sí, que la pobreza bajó en 2017 a 7,9% cuando teníamos 39% en 2004. No para conformarnos, sino para reafirmar que se puede. Desconozco si formarán parte del programa del Frente Amplio, pero la Renta Básica Universal, el impuesto a la herencia, los temas de medioambiente e inversiones deben formar parte de las provocaciones necesarias. Son polémicos, sí. Pero volver a cambiar implica nuevos desafíos, nuevo campo de confrontaciones, nuevas alianzas.

Ya comenzó la campaña. Hay que salir del piloto automático. Encantar, convencer y ganar corazones. Contagiar. Luego de tres gobiernos nacionales, con muchas luces y algunas sombras, sólo es esperable que, ahora sí, hagamos temblar las raíces de los árboles.

Publicado en La Diaria el 13 de abril de 2018.

*Licenciado en Psicología. Fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas y embajador de Uruguay ante la Organización de Estados Americanos.

CORRUPCIÓN: JUTEPIZACIÓN O CATERETEADA por Milton Romani Gerner

Bajo el título “No me gusta lo de la Jutep”, don Ignacio (de Posadas) escribió en El País (10/3/18) que “no le gusta nada todo este catereté de corruptelas y moralinas”. Tuve que buscar el significado: pensé que era otra merienda. Descubrí que es una danza tupí que se baila en doble fila de hombres y mujeres. No importa. Lo cierto es que a mí tampoco me gusta un catereté en el que corrupción y moral puedan devaluarse en “corruptela” y “moralina”.

“Hay una realidad en nuestro país, no exenta de cierta ironía, […] como la política no es una actividad lucrativa […] impone serias restricciones y riesgos económicos a quienes la practican, los lleva muchas veces a recurrir a redes de salvación […]: designaciones, cargos de confianza y otras yerbas, para poder sobrevivir. No es fácil para un líder decirle a su gente: ‘larguen todo y vengan a trabajar conmigo, sabiendo que si no gano, quedan en la palmera’. No suena bien, ni queda muy pulcro y en ocasiones resbala a situaciones de acomodo y corrupción, pero tampoco es tan blanco y negro”, afirma don Ignacio.

Si fuera lucrativa, otro gallo cantaría, ¿no? Ni sobrevivir ni deslizarse. Ergo, ciertos niveles de corruptela son, como les digo, casi inevitables. Aunque tampoco es tan blanco y negro. Tan.

Discrepo con el editorial de la diaria del fin de semana del 17 de marzo, “Jutepización”. Discrepo con la columna de Ignacio de Posadas.

La Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep), como cualquier órgano de contralor en el terreno ético, no es una wikipedia de normas o leyes. No es cierto que la Jutep invoque el “sentir de la gente” en un desliz populista.

El examen ético en política, como en muchas profesiones, es un tema delicado. El Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio ha adoptado resoluciones en reiteradas ocasiones. Integra el patrimonio frenteamplista. No sé cómo funciona el catereré del tribunal ético del Partido Nacional. Parece que ha elegido no ser tan negro. Ni tan blanco.

Estoy de acuerdo con lo que señaló en 2003 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: “Se espera que los funcionarios e instituciones públicas se comporten de una forma que puedan soportar el más estrecho escrutinio público. Esta obligación no está cumplida completamente, simplemente actuando dentro de la letra de la ley; también implica el respeto de los valores de la función pública más amplios, como el desinterés, la imparcialidad y la integridad”.(1)

No todo puede estar escrito en la ley, y cuando se habla de conductas se debe ser prudente, pero no omiso. Por lo menos así debe ser si se trata de un organismo de contralor.

La Jutep ha tenido directorios honorables. Ha adquirido ahora mayor protagonismo. Bienvenido sea. Es esperable que sus resoluciones sean controvertidas. Se polemice o no, deberíamos saludar que exista y que actúe. Parecería de buen tono, además, aceptar sus resoluciones y recomendaciones. Se dice que la Jutep debería limitarse a lo que dicen las normas, sin ir más allá, porque eso sería extralimitarse. Lo hizo en el caso del intendente de Soriano, Agustín Bascou, marcando numerosas violaciones. ¿Y qué pasó? Nada.

En una resolución vinculada con el pedido del presidente Tabaré Vázquez respecto de su consuegro, la Jutep ha demostrado actuar con autonomía e independencia, no ha sido un apéndice de nadie. Eso es un mensaje fuerte y hay que valorarlo. Si otro hubiera sido el dictamen, tendríamos un catereté de críticas. ¿Se extralimita? No. Cumple sin doble rasero y con rigor las normas. Veamos.

El Decreto 30/2003 establece, en su artículo 11, que el funcionario público “debe observar una conducta honesta, recta e íntegra y desechar todo provecho o ventaja de cualquier naturaleza, obtenido por sí o por interpuesta persona, para sí o para terceros, en el desempeño de su función, con preeminencia del interés público sobre cualquier otro (artículos 20 y 21 de la Ley 17.060)”. También debe evitar cualquier acción en el ejercicio de la función pública que exteriorice la apariencia de violar las normas de conducta en la función pública.

Hay conductas que, sin ser ilegales, no son convenientes. ¿Son irrelevantes? Es posible. Pero si se consulta, la Jutep tiene la obligación de puntualizar y también la de recomendar. Todo asesor legal sabe si se está o no infringiendo la ley. No hay necesidad de consultar. Finalmente, la Jutep recomienda algo que todo vecino de a pie sabe: hay cosas que por la investidura no conviene hacer. Tanto es así, que el señor presidente, aun disintiendo y protestando, acata. Excelente mensaje republicano. De ambas partes.

El colmo de los colmos es afirmar que “la Jutep ya se autoconsagró como la intérprete auténtica (y superior) de un mandato popular implícito”. Lo dice quien fue ministro de Economía y Finanzas mientras su estudio fabricaba sociedades anónimas y financieras de inversión, y nunca creyó que estaba en falta ética. La teoría del herrero y el cuchillo no está plasmada en ninguna norma. Se llama coartada.

La corrupción es un monstruo grande y pisa fuerte. La izquierda no puede hacerse la desentendida. No es una piedrita en el zapato ni un catereré. Es una fosa que se ha hundido en los mejores procesos populares, a los que ha conducido a derrotas que son muy difíciles de remontar. Pega en la confianza, en el entusiasmo y en los valores ideológicos de un mundo justo de iguales. No es un tema más, y nos desafía desde el marco teórico hasta el tipo de sociedad que queremos.

No todos los problemas tienen la misma dimensión. No hay que olvidar la desigualdad estructural que impone la influencia de la riqueza en la política, vía financiación de partidos, campañas y candidatos. Dejarle este tema a la derecha mediática y a operadores judiciales espurios es un error. Hay que definir un programa de acción integral y consecuente. Caiga quien caiga. Con justicia y probidad.

En ambientes de corrupción anida el crimen organizado, se desarrollan pequeñas, medianas y grandes mafias. No viven en el barrio Marconi ni en Casabó. Conviven con nosotros, los “buenos”, se presentan en sociedad. A veces se visten con los beneficios sacrosantos del mercado, con privatizaciones de empresas públicas en América Latina, sazonadas por múltiples coimas. Claro, lo privado es mejor. Pero la corrupción no tiene divisa ni partido, no es pública ni privada. La divisa es el lucro personal.

“Está claro que asistimos, no sólo en Uruguay, a un fuerte despertar de la conciencia ética, asociada al rechazo a la corrupción y a las nuevas formas de participación ciudadana. Eso se traduce en demandas que deben ser escuchadas porque son legítimas, porque reflejan la fortaleza de una democracia que todos debemos defender y porque son el principal respaldo para aislar y castigar a los corruptos”. Es difícil no compartir estos conceptos de la Jutep en su comunicado del 21 de febrero. Hay que llevarlos a la acción consecuente.

PD: Esta nota fue escrita antes de que se conociera el uso que en el período 2000-2005 hicieron de las tarjetas corporativas ex directores del Banco República. Brutal. No valen argumentos como “los otros son peores” o “no es comparable comprarse un calzoncillo que robar para el partido”. El control democrático sobre hombres y mujeres que manejan fondos públicos es independiente de la ideología o programa político.

(1). Citado en dos resoluciones de la Oficina Anticorrupción argentina que merecen leerse: www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de-energia-y-mineria-aranguren y www.argentina.gob.ar/noticias/dictamen-sobre-la-situacion-del-ministro-de agroindustria-luis-etchevehere.

PENA DE MUERTE, YA EXISTIÓ EN URUGUAY por Milton Romani Gerner

Regresábamos del recreo. Escuela República Argentina. Salón de quinto año, con grandes vidrios esmerilados hacia el segundo patio abierto. Amanda Aurora Goyen, que había sido maestra rural, nos dijo mirando el reloj:  Niños, a esta hora están matando a un hombre. Quedamos helados. Ella empezó un corto pero emotivo mensaje humanista, que la llevo a sacarse sus anteojos negros que siempre usaba, y secarse las lágrimas. ¨Así es, agrego. en una cárcel de EEUU están matando a un hombre en la cámara de gas por crímenes que el dice no haber cometido. Nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie¨. En aquellos momentos el caso Caryl Chesman fue noticia mundial. Había estudiado derecho en la cárcel y hacía ejercicio de su defensa. Los medios de entonces lo titulaban El asesino de la luz roja. Quizás no era inocente. Pero no merecía morir.

La obra de teatro Procesado 1040, del celebre Juan C. Patrón, llamativamente se ha dejado de difundir, planteaba que todos podemos ser presos en algún momento.

Eso vaya si lo sabemos bien.

La gente que se transforma en turba y pide pena de muerte es impermeable a los argumentos racionales. Porque están reaccionando primariamente a un instinto salvaje. Lo que es imperdonable en términos de convivencia, es que haya políticos que siguen fogoneando este tema en forma totalmente irresponsable. Para no citar el rol de algunos medios de comunicación que son, francamente, amplificadores y grandes escuelas del crimen. Que es sino, los reiterados videos de copamiento de estaciones de servicios o de supermercados, con el detalle de como entran, como amenazan y como se fugan. ¿Esto es disuasivo? No lo es. Resulta que hay un mito que impide que se den noticias o se graban videos sobre suicidios. Fui voluntario en Prevención de Suicidios durante cuatro años. Se de lo que hablo. No hay ninguna ley que impida eso. Pero se sabe que hay un efecto imitación, y que la aparición de la noticia, ¨invita¨ por decirlo, e impulsa al acting a quienes tienen ideas de muerte. Porque no seria lo mismo en los atracos e incluso en los homicidios. Creo que hay una ética de la comunicación que tendría que estar al servicio de la prevención y la convivencia y que no colide con la libertad de expresión.

El tema es que solo quieren satisfacer, sus deseos primarios de venganza y le importan tres carajos si es o no útil. Es bastante fácil deducir que la pena de muerte, como la intensificación de todas la penas, la inflación penal, nunca ha servido para un carajo. Claro que nunca piensan en la retaliación, o como esto incrementa la violencia. Una vez declare a Voces:

¨Los pibes del Marconi están diciendo: “Vení, yo quiero bronca, yo estoy acostumbrado a los palos.” ¿Qué les vas a proponer? ¿Rigor? Eso es profundizar la escalada de violencia por parte del Estado. Preguntales a Colombia, a México, a todos, preguntales qué lograron aumentando los niveles de violencia. A lo mejor no tengo la solución, pero lo que te puedo asegurar es que si les das palo, ellos van a decir: “Vení. ¿Me metés en cana? Me escapo” Te voy a decir una cosa como profesor de psicopatología. ¿Sabés a quien es al único que calma el diagnóstico? Porque viste que en psicología y en salud mental son enloquecidos por tener un diagnóstico. Al único que calma es al diagnosticador, porque al tipo al que le hiciste el diagnóstico no lo calmaste nada. ¿A quién calman las penas? Al que pone las penas, que piensa que resolvió un problema. El fenómeno no lo resolvió. Milton Cairoli, cuando fue a la comisión de adicciones de Diputados se quejaba diciendo que ya lo habían convocado en el año 97 porque habían querido poner el delito de copamiento. ¨No, no creen un nuevo delito, porque el delito de copamiento es un delito de rapiña con privación de libertad¨ Lo crearon. En esa época había dos copamientos, y ahora que existe el delito hay cuatrocientos¨

Las sociedades necesitan cada tanto un chivo expiatorio que purgue las penas de todos y todas. El odio es un componente inevitable de los seres humanos, y para muestra está Mercedes Vigil hablando de Daniel Viglietti. Todo lo malo lo colocamos en alguien, que quizás no es un santo, pero que se lo demoniza de tal forma que no hay lugar para ningún rasgo de humanismo. Insólitamente en estos últimos hechos, el rasgo humano partió de los familiares de Florencia y de la mamá de Christian Pastorino. Que la crónica policial espectacularizada siempre le roba la identidad. Es difícil recordar el nombre de El Pelado, que fue todo un ícono criminal y al que muchos hubieran matado. Hace tiempo allá en los 60, fue la época de El Cacho. El “símbolo uruguayo del Mal¨ tituló Eduardo Galeano a una crónica y reportaje al infantojuvenil (así se lo etiquetaba) Zelacio Durán Naveiras, alias “El Cacho”.

Pena de muerte ya se practicó, y como, en Uruguay. Sin vericuetos legales. No se trata de un recurso evasivo, sino en señalar que esto ocurrió y esta impune. En materia de seguridad ciudadana, sigue siendo una amenaza.  Recordemos la tesonera investigación de Roger Rodriguez.

¨El 5 de octubre de 1976 el Vuelo 511 del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU) viajó a Argentina para trasladar a Montevideo, de forma ilegal, a 22 uruguayos que habían sido secuestrados en Buenos Aires y torturados en el “pozo” de Automotores Orletti. Fueron entregados a oficiales del Ejército y hoy permanecen desaparecidos. El C-47 de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU), tripulado por el mayor Walter Pintos (piloto), el mayor José Pedro Malquín (copiloto) y el capitán Daniel Muñoz (tripulante), arribó a la plataforma de la Brigada de Mantenimiento y Abastecimiento del Aeropuerto Internacional de Carrasco en la madrugada y era comandado por el mayor Walter Dopazzo. Los 22 uruguayos eran militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que, desde Argentina, resistían a la dictadura uruguaya. Fueron secuestrados en sus domicilios en setiembre y octubre por comandos de una coordinación represiva integrada por la Policía Federal, la banda de Aníbal Gordon y militares uruguayos. Los últimos estaban comandados por el mayor José Nino Gavazzo del Servicio de Información y Defensa (SID) y en la coordinación con Argentina operaron los oficiales Manuel Cordero, José Arab, Jorge Silveira, Gilberto Vázquez, Luis Maurente y Ernesto Ramas; con los policías lo hicieron Ricardo Medina y José Sande, además de un grupo de soldados¨

Es el mismo grupo criminal organizado estatal, que aplico la pena de muerte a Zelmar, Gutierrez Ruiz, Rosario y Whithelaw. Los mismos que trasladaron desde Buenos Aires a Floreal García, Mirtha Hernández de García, Daniel Brum, María de los Ángeles Corbo de Brum, embarazada de seis meses y medio, y Graciela Estefanell y le aplicaron pena de muerte en Soca, dejando desaparecido al niño Amaral Garcia que como otros niños solo fueron recuperados a pura militancia. Que cumplía ordenes, alguna de las cuales fueron decididas en el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) presidida por Juan María Bordaberry. Como también fue decidida la pena de muerte para Elena Quinteros según el Memorandum Secreto que condeno al ex Ministro de RREE Juan Carlos Blanco.

No hay alarma sobre estos hechos. Nos sigue indignando a muchos. La inseguridad de los mismos permanece por el cerrado secreto de las instituciones castrenses, que sí tienen información y siguen, ominosamente, guardando camposantos ilegales en los cuarteles de la patria.

Publicado en Semanario Voces 1/3/2016

OPIÁCEOS EN ESTADOS UNIDOS Y REGULACIÓN URUGUAYA por Milton Romani Gerner

• 27 millones de estadounidenses abusan de los opiáceos. Y los abusos van más allá de la heroína: casi 50% de las muertes por sobredosis en 2015 están relacionadas con analgésicos recetados para tratar dolores moderados y fuertes.

• En 1996 la farmacéutica Purdue sacó al mercado OxyContin, una pastilla de oxicodona pura que, según aseguró en ese momento, permitía aliviar el dolor durante 12 horas y representaba menor riesgo de abuso y adicción que otros fármacos. La empresa acompañó el lanzamiento con una intensa campaña de promoción entre médicos. El efecto fue tan fuerte que algunos expertos aseguran que la “epidemia” de opiáceos empezó entonces. (1)

• Durante los últimos cuatro años, el gobierno de Estados Unidos publicó los montos pagados por las compañías de medicamentos y dispositivos a doctores y hospitales docentes. En 2016 fueron más de 8.000 millones de dólares. Más de 630.000 médicos tenían registros de pago. Purdue Pharma realizó casi 80.000 transacciones en 2016, por un valor total de más de siete millones de dólares. (2)

La guerra contra las drogas consume miles de millones de dólares en presupuestos de miles de agencias policiales, aduaneras, militares y de aplicación de la ley. Hubo equipo y bases militares desplegadas en todo el hemisferio so pretexto de lucha contra el narcotráfico. La crisis de los opiáceos en Estados Unidos denuncia lo doblemente mortal de esta estrategia de guerra. No hay presupuestos y dispositivos de tratamiento. Según un informe oficial del Departamento de Salud y Servicios Humanos, “sólo 10% de los adictos a las drogas pudieron acceder a un tratamiento especial en 2016”.

La actual es una estrategia desequilibrada que sigue generando desastres. Intensificando la violencia. Llenando cárceles con ofensores menores o consumidores. Esta guerra no contiene nada. Y es una fuente permanente de corrupción.

El señor Donald Trump iba a declarar emergencia nacional pero se arrepintió. Está alarmado, pero no tanto. En el tema de la venta desregulada de armas (que con esta crisis le esta costando más vidas que las ocasionadas por terrorismo) dijo que las armas no eran el problema. Que es un problema de salud mental. Parece un insight. Incluso personal. Veamos cómo evoluciona el paciente.

El Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) –de Uruguay, un país con 3,4 millones de habitantes– tiene ya, registrados en forma voluntaria, 15.575 adquirentes en farmacias, 7.478 autocultivadores y 68 clubes de membresías (www.ircca.gub.uy), más de 25.000 hombres y mujeres que confían en el Estado y el modelo regulatorio y que no recurren hoy al mercado del narcotráfico. Consumen, sí, pero una sustancia menos dañina y bien controlada, y con advertencia e información adecuada sobre los riesgos. Este nuevo vínculo entre usuarios de drogas y Estado es revolucionario. Los efectos educativos, preventivos y de consulta temprana serán un plus de la regulación responsable de un mercado siempre complejo en contraposición con un Estado que criminaliza y aleja a los usuarios.

El creciente fenómeno de medicalización de nuestras vidas, y la voracidad y descontrol de la industria farmacéutica, replantean la vigencia del principio de regulación. Para enfrentar los mercados ilícitos de drogas, pero también, y con mucho más razón, para los de circulación lícita o semi controlada.

La regulación de los mercados, de todos los mercados, está puesta nuevamente en el tapete. La reducción de daños también. La crisis de heroína en los 80 enfrentó a varios países de la Unión Europea y a ciudades como Vancouver a tomar medidas pragmáticas y eficaces para salvar vidas. Enfoque de reducción de daños. Tuvieron éxito. Pararon la epidemia. Se dispusieron fondos para tratamientos diversos ante las sobredosis, el contagio de VIH-sida y la hepatitis C. Programas de intercambio de jeringas, salas de venopunción, dispensión de morfina legal, como en Suiza, terapia de sustitución con metadona. Siguen siendo controvertidos y son innombrables, incluso en los textos de los organismos multilaterales. Acá también se hizo un escándalo por el control de calidad que realizó Proderechos de las anfetaminas en bailes electrónicos. Pero salva vidas.

Sigue siendo una incoherencia del sistema prohibicionista que drogas como el alcohol y el tabaco nunca estén integradas a las políticas de drogas. Contradice el argumento de que las drogas se fiscalizan (y como secuela, surgen guerras en torno a ellas) porque hacen daños. En realidad se fiscalizan por opciones políticas y geopolíticas de mayor peso.

Hay que sacar al cannabis de la Lista 1 de Estupefacientes. 

El tabaco mata siete millones de seres humanos al año y las bebidas alcohólicas casi cuatro millones. Aportan cada uno 4,1% de la carga de mortimorbilidad de la humanidad. Todas las drogas de circulación ilícita no llegan ni siquiera a 1,8% de esa carga. Además, está la incongruencia de que el cannabis, que no reporta muertes por sobredosis, sigue en la Lista 1 de las Convenciones, que marca la peligrosidad de las sustancias. Al lado de la heroína. Una incoherencia que la comunidad internacional debe arreglar y que se discutirá en la Organización Mundial de la Salud. Es más: Uruguay, como cualquier otro estado miembro, tiene las potestades de cambiar y trasladarla a la Lista II, menos restrictiva y reservada para uso médico. La presidenta chilena Michelle Bachelet ya lo hizo.

“No hay que consumir drogas, salvo aquellas que indique el médico” no parece una indicación sabia. Ni por su verosimilitud, ni como prevención educativa. Es iatrogénica. Pretende ser una máxima moral que no se compadece ni con la naturaleza humana real (siempre invadida por nuestras debilidades y deseos) ni por un criterio de prevención adecuado. Todas las prácticas sanitarias de avanzada van por la senda de cogestionar los riesgos, el consentimiento informado y la reducción de daños.

La práctica médica, el marketing de los laboratorios y las drogas son un triángulo complejo, que hay que considerar dramático, o mejor dicho tragicómico, en políticas de salud pública. El entramado de intereses, el sesgo de las investigaciones y el lanzamiento de drogas médicas que pueden ocasionar daño es un desafío. Ni mercado libre de las corporaciones, ni crimen organizado transnacional del narcotráfico que termina usando los mecanismos de lavado como “legalización” de sus ganancias.

En Uruguay la política de drogas promovida por los gobiernos del Frente Amplio ha tenido un capítulo fuerte y central en la instrumentación del modelo de regulación del cannabis. Pero no es lo único. Uruguay supo construir una estrategia equilibrada y desplegar dispositivos de atención y tratamiento, de cercanía, de innovación, como el germen de los tratamientos de base comunitaria. De investigación. Promovimos regulaciones diversas: sistema financiero, tabaco, alcohol.

Todavía no se ha calibrado la trascendencia de este hecho y la línea de continuidad que tiene en materia de integralidad de la política. Ni del prestigio diplomático que a nivel internacional nos identifica con la defensa de los derechos humanos vinculada a las políticas de drogas (tampoco se valora la formación que han hecho varios jóvenes diplomáticos en el tema).

La apertura y puesta en marcha en 2006 del Portal Amarillo fue un símbolo insignia de que en este tema íbamos con todo. Con mucho esfuerzo y metiendo ganas y camiseta. A veces se extraña esa vocación. No había nada. Durante años estuvimos sin lugares de tratamiento, de investigación en la materia. Se hizo mediante el esfuerzo compartido de actores bien diversos: la Organización de los Jubilados del Banco de Previsión Social (sí, ellos cedieron el local), la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua y un equipo multiprofesional de la Administración de Servicios de Salud del Estado, el Ministerio de Salud Pública, el Instituto Nacional del Niño y Adolescente del Uruguay y la Secretaría Nacional del Deporte. La primera piedra de lo que es hoy la Red Nacional de Atención y Tratamiento en Drogas y los dispositivos Ciudadela. Fue la respuesta en términos de derechos y salud pública que daba el primer gobierno de izquierda. Necesitamos cuidar esto.

Tampoco cojeamos por ingenuos. Creamos la Secretaría Antilavado, las fiscalías y juzgados en Crimen Organizado, el Fondo de Bienes Decomisados (que sigue siendo una cenicienta desamparada que, sin embargo, es una fuente de recursos para estas políticas), se eliminaron las Sociedades Anónimas Financieras de Inversión. Dimos conducción y generamos confianza a un mando policial saneado que entendió la especialización pero también el trabajo comunitario de cercanía. Dimos relevancia institucional a la Junta Nacional de Drogas, en su funcionamiento real, en su intersectorialidad, en la gestión e iniciativa y coraje político. Pudimos construir y trazar líneas de continuidad con la excelente gestión de Julio Calzada, verdadero factotum de la regulación. Continuidad que bien nos cuidamos de tener también con algunos programas y alertas que nos dio en su momento el doctor Leonardo Costa. Deberíamos, también, cuidar esto.

Rápido y furioso

Somos noticia mundial, aunque el gobierno no se haya dado cuenta. Algunos parecen estar inmovilizados por prejuicios antediluvianos. O por aquel nocivo narcisismo de las pequeñas diferencias. La pretendida mesura en instrumentar y avanzar en el mercado regulado del cannabis muestra poco coraje político. Lo mismo que en el plano de derechos humanos. Poco coraje y decisión. En términos futbolísticos hay una expresión mas contundente: faltan ovarios. Un lugar desmerecido en la agenda, cero docencia y comunicación, desdén y lentitud. Parecen no valorar lo más importante: no se trata sólo de legalizar y regular la marihuana, que es lo más espectacular. Se trata de que en el mundo entero estamos innovando, con otra forma de controlar y fiscalizar sustancias controladas.

Estamos a la vanguardia de un relato nuevo y hemos sido, somos, referencia política y moral del cambio de paradigma. Pero no parece ser ese el espíritu y la apreciación política de los decisores. Menos del FA, que ni habla del tema. Parece vivirse en forma vergonzante. Es un absurdo. Se elude potenciar un logro que tiene impacto político y por añadidura, electoral. En los jóvenes y en los avances reales de seguridad ciudadana. Hay, ya, más de 25.000 ciudadanos que están más seguros. Además, repito; nos coloca en un sitial internacional, por nuestro apego al derecho internacional de los derechos humanos, que, además, abriría otras puertas.

El eminente científico israelí, Raphael Mechoulan, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, descubridor del THC como principio activo del cannabis, decía hace un par de semanas, en un mensaje enviado a la Conferencia Latinoamericana 17ª (celebrada en Buenos Aires en octubre) que hace 34 años generó evidencia científica sobre las aplicaciones pertinentes del cannabis medicinal. Tenía una sabia resignación sobre el tiempo que habría de esperar para que le dieran atención. Ahora sabemos, gracias a las investigaciones de su equipo multidisciplinario, que el organismo tiene receptores específicos de un sistema endocannabinoide que explica la dinámica del cannabis en nuestro cuerpo. El doctor Yosi Tam, jefe de su equipo, estuvo en Montevideo invitado a una Jornada de la Sociedad de Endocannabinología. No vi inquietud, iniciativa o presencia de nuestras autoridades sanitarias.

Tampoco vi a nadie (salvo a Augusto Vitale, que fue a título personal) en el otro seminario internacional ya mencionado, que fue organizado por la embajada de Israel en Argentina y la Universidad Hebrea. Es una pena. Porque los vínculos que se tejieron desde la Junta Nacional de Drogas con la embajada de Israel y la Universidad Hebrea de Jerusalén eran excelentes.

Las autoridades tampoco parecen estar enteradas de las excelentes investigaciones del Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre Cannabis de nuestra Universidad de la Républica, o del Instituto Clemente Estable, o de los aportes realizados por el Comité Científico Asesor que hizo seguimiento de la aplicación de la ley, y sigue (porque no se disolvió) integrado por distinguidísimas personalidades, como Luis Yarzábal, Amalia Laborde, Susana Mallo, Nilia Viscardi, Eduardo Manta, y, en su momento, María Julia Muñoz y los hoy fallecidos Pablo Carlevaro y Gonzalo Uriarte. Del aporte del Sindicato Médico del Uruguay, que es el único que ha tenido el valor de formar médicos en usos del cannabis.

(1). https://ladiaria.com.uy/ articulo/2017/11/estados-unidos-tomamedidas-para-combatir-la-crisis-de-losopiaceos-cuyo-consumo-mata-a-masde-100-personas-por-dia/

(2). Owen Amos. BBC. www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41755400.

Publicado en La Diaria, 15 • nov. • 2017

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