CORONAVIRUS: una mirada desde la Salud Mental Colectiva y el Buen Vivir (I) por José León Uzcátegui*

El coronavirus: síntoma macabro de una crisis civilizatoria, la crisis de una manera de vivir

“La peor enfermedad es la vida que llevamos” G. R. Ochoa

José León Uzcátegui*

Un mundo asombrado, desconcertado. Una ciencia perpleja, una sociedad- mercado descalabrada, gobiernos sin brújula, poblaciones encarceladas voluntariamente o amenazadas por el Estado con medidas obligantes de distanciamiento, aislamiento, o cuarentena. Una pandemia con amenazas de miedo y de muerte, en la cual reina la incertidumbre. El culpable: una nano partícula invisible, el coronavirus. Receta universal para derrotarlo: quedarse en casa, lavarse las manos, usar mascarilla. Los análisis e interpretaciones, abonados por el encierro involuntario, pululan y dan lugar a todo tipo de especulaciones o de presunciones, la mayoría de ellas sin fundamento. La omnipotencia y el narcisismo humano puestos en duda. Pareciera que la tierra no nos pertenece, que nosotros le pertenecemos a la tierra y estamos violando sus leyes. La salud mental individual y colectiva luce en grave peligro.

Desde la Medicina Social y la Salud Colectiva se han hecho aportes valiosos para entender el significado y las consecuencias de lo que los medios masivos de información presentan como la mayor catástrofe sanitaria en los últimos 100 años (estamos condenados a una pandemia cada 100 años?), y hasta grupos religiosos la muestran como el castigo divino por culpa de una humanidad pecadora.

En estas líneas presentamos algunas reflexiones sobre la pandemia desde la perspectiva de la Salud Mental Colectiva y el Buen Vivir.

El origen del mal

Nada claro sobre el origen de esta minúscula partícula mortífera que aterroriza el planeta, sin distinguir clases, ni sexos, ni razas. Es probable que pasen muchos años antes de saber a ciencia cierta cómo fue el comienzo de este virus, o algunos documentos secretos desclasificados lo develen, o quizás nunca se sepa. Para algunos se trata de un hecho natural, como sucede con cualquier otro germen, una nueva mutación de un virus (en este caso del coronavirus) que provoca una enfermedad (esta vez el COVID-19). Para otros es la consecuencia de una relación hombre-naturaleza, que regida por intereses mercantiles está desencadenando demonios de la madre tierra. Otros aseguran, y muestran pruebas de ello, que se trata de una pandemia advertida por organismos técnicos (OMS) o por políticos y gobernantes (Bush, Obama) y hasta por empresarios (Bill Gates, Rotshild) que desde antes de aparecer este virus ya lo habían anunciado; amén de la predicción hecha por algunos videntes y astrólogos, o las profecías de Nostradamus que se estarían cumpliendo, sin faltar la posibilidad de la mano perversa de algún extra-terrestre en el asunto. Se añade también la guerra bacteriológica, afirmando que fueron laboratorios del imperio norteamericano que generaron el virus ante el peligro de una nueva potencia amenazante como lo es China y lo ”sembraron” en ese país para provocar el descalabro de esa economía pujante; o viceversa, se trata del virus “chino”, creado en laboratorios de Wuhan (ciudad donde apareció inicialmente) para provocar la enfermedad, con sacrificio de algunas vidas perfectamente tolerable para un país de 1.400 millones de personas, y luego diseminarlo por el mundo, particularmente hacia los EEUU y así salir gananciosos en términos mercantiles, técnicos y políticos. En fin, una situación en la cual lo único que parece claro es la confusión,…. y la insanía mental de unos pocos amenazando con propagarse. He allí nuestro primer tema de Salud Mental Colectiva.

Otra mirada sobre las pandemias

No es la primera ni va a ser la última. Las cinco pandemias más letales a lo largo de la historia moderna han sido: Viruela, Sarampión, la mal llamada ‘gripe española’ de 1918, la peste negra, y el VIH. La Viruela se calcula que mató a 300 millones de humanos; el sarampión, otro virus que ya ha cobrado la vida de unos 200 millones de personas; la ‘gripe española’ de 1918 que mató en apenas dos años unos 80 millones; la epidemia de peste negra que asoló a Europa a mediados del siglo XIV matando unos 50 millones de seres; el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) que si no se trata mata al 80% de los infectados , a finales de 2016 había en el mundo unos 36,7 millones de personas infectadas por el VIH; todo esto según cifras de la OMS. Más recientemente, en 2009 con la gripe H1N1, en 2014 y 2019 con los brotes de Ébola en África Occidental y en la República Democrática del Congo, y en 2016 por el virus Zika, sin ser declaradas pandemias, estos virus provocaron miles de miles de muertes. Ninguna ameritó estados de emergencia o cuarentenas. No menos significativos, los decesos por enfermedades como tuberculosis, paludismo, diarreas (shigellosis), influenza, sarampión, cáncer, las muertes evitables por desnutrición, muertes maternas, los decesos por accidentes de tránsito, por violencia y por consumo de drogas, lícitas o ilícitas, las cuales forman parte de una morbi-mortalidad que produce millones de muertes prevenibles y/o evitables cada año. Para ello ninguna alarma, ningún estado de alerta. Las cifras son aterradoras. Mueren DIARIAMENTE en todo el mundo por cáncer: 26.300; tabaquismo: 22.191; aire contaminado: 13.700; alcoholismo: 7.671; neumonía: 7.623; diarrea: 4.383; VIH: 2.739 (ALAMES, 2020). Solo la malaria afecta entre 230 a 250 millones de personas al año y, de ellas, mueren 1.375 al día. Más de 800 millones de personas padecen de desnutrición crónica en el mundo. Y ningún titular en los medios ni en las redes generando miedos por ello….

Ni que hablar de las amenazas y daños que se producen impunemente día a día contra la Naturaleza y contra los animales en todo el planeta, sin que se declaren alarmas de ningún tipo. Las emisiones recientes de gases de efecto invernadero son las más altas de la historia; muchos de los cambios observados que provoca no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios. Se han alcanzado unas concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso sin parangón en por lo menos los últimos 800.000 años. Los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida han ido perdiendo masa, los glaciares han continuado menguando en casi todo el mundo. El derretimiento de los glaciares pone en riesgo la vida de la sexta parte de la humanidad que depende de ríos que se originan en glaciares. Se han observado cambios en muchos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos. Es muy probable que las olas de calor ocurran con mayor frecuencia y duren más, y que los episodios de precipitación extrema sean más intensos y frecuentes en muchas regiones. El océano se seguirá calentando y acidificando, y el nivel medio global del mar continuará elevándose. Nuestro clima ha cambiado a mayor velocidad, los océanos se han acidificado y han desaparecido biomas enteros. Entre los años 1970 y 2012, sólo 42 años, la abundancia poblacional de vertebrados sufrió una disminución de 58%. Se están extinguiendo 150 especies animales al día, la mayor pérdida de diversidad biológica desde que desaparecieron los dinosaurios. Hay una mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos: huracanes, inundaciones, olas de calor, incendios forestales, sequías prolongadas, procesos de desertificación y pérdida extendida de tierras agrícolas y pecuarias. Desde mediados del siglo XIX, el ritmo de la elevación del nivel del mar ha sido superior a la media de los dos milenios anteriores, lo cual está conduciendo a la desaparición de islas habitadas. Las ciudades costeras en todo el planeta están en riesgo severo. Sistemas ecológicos completos pueden colapsar. Hay una pérdida de la variedad de semillas de alimentos básicos como trigo, maíz, soja, papa y el control que sobre éstas tienen en forma oligopólica unas pocas transnacionales. Existe un masivo colapso de la población de insectos en el planeta, causado por la acción humana. Se ha provocado una contaminación en gran escala de tierras y aguas por el uso de agrotóxicos en la agricultura. La elevación de la temperatura de los mares y su acidificación está deteriorando los arrecifes de coral con sus dañinas consecuencias. El uso de fertilizantes, pesticidas, maquinarias y la destrucción de los suelos provocan algo más de la décima parte de los gases invernadero (Lander, 2020). Todo esto no es producto de ninguna maldición ni castigo divino. Los responsables están identificados, tienen nombre y apellido, convictos y confesos. Psicópatas y sociópatas, gobernantes y amos del mercado mundial ponen en peligro la vida. Una verdadera pandemia ecocida planetaria. Quién amenaza con poner fin a la vida sobre el planeta?. Un segundo tema fundamental de Salud Mental Colectiva.

El momento histórico-político, el advenimiento de una crisis civilizatoria y el coronavirus

Si algo caracteriza este momento histórico es la pugna EEUU-China. EEUU, un imperio en decadencia, como lo muestran múltiples indicadores: es el país con la deuda externa más grande del mundo, deuda impagable; el poderoso dólar, gracias al acuerdo de Breton Woods de la post-guerra, es la única moneda que no tiene respaldo alguno y se imprime por billones alimentando la fantasía de riqueza de millones de seres; el costo de la mano de obra en EEUU es muy superior a la de cualquier país asiático, donde se radica hoy el capital transnacional, mientras la mercadería china invade el mercado norteamericano; el balance comercial de los últimos dos años, por primera vez después de la post-guerra es favorable a China. Y del otro lado, China que se asoma como la nueva potencia mundial…capitalista. A su lado Rusia y la India.

El coronavirus no provoca la crisis económica que estamos observando, esta ya se venía incubando y expresando en la última década. En el mundo post-pandemia un nuevo orden económico mundial encabezado por China se avizora.

Sin embargo, la crisis no es solo ésta, va mucho más allá. El coronavirus vino a develar elementos que desnudan el carácter novedoso, dramático y profundo de la situación que vive la humanidad.

Cualquiera haya sido el origen de esta pandemia, lo que no hay duda es que estamos asistiendo a la más grave crisis del mundo moderno. Además de, y más que una crisis económica, social, política, estamos en presencia de una crisis ética, una crisis de valores. Pero, por encima y relacionado con todo ello, se trata de una crisis civilizatoria, la crisis de una manera de vivir. Es la crisis de la modernidad, de los mitos del crecimiento, del desarrollo, del progreso. Los amos del mundo, los dueños del gran capital, de manera demencial están poniendo en peligro la vida de la especie humana sobre el planeta. Un ejemplo nos ilustra con claridad. Mientras esta crisis, la generada por el coronavirus, pone en peligro la vida de millones de personas los empresarios de la enfermedad y la muerte incrementan exponencialmente sus ganancias. Porque las crisis no son buenas o malas; para unos, los más, esta crisis puede ser mala o muy mala, pero para otros, los menos, resulta buena, hasta muy buena. El complejo médico-industrial no duda en afirmar que es así.

Pero, mientras nos ocupamos del coronavirus y nos encerramos en casa para derrotarlo, continúa la crisis civilizatoria que nos acontece: se sigue fortaleciendo el modelo antropocéntrico, patriarcal, colonial, clasista, racista que reina en el mundo y cuyos patrones hegemónicos de conocimiento, su ciencia y su tecnología, lejos de ofrecer respuestas de salida a la crisis, contribuyen a profundizarla (Lander, 2010).

El coronavirus, entonces, resulta el síntoma macabro de una crisis civilizatoria, la crisis de una manera de vivir, de organizarse, de producir, de relacionarse consigo mismo, con el otro, con los otros y con la naturaleza; la crisis de una manera de alimentarnos, de curar las enfermedades, y hasta de la manera de jugar, de trabajar, de pensar, de amar. Después de estos días aciagos el mundo ya no será el mismo. Las crisis son eso, significan que las cosas no pueden seguir como venían, que tienen que cambiar. Claro está, nadie garantiza que cambien necesariamente para bien, menos aún para el bien de las mayorías. Pero, esta vez lo que está en juego es la supervivencia misma de la humanidad. Estos días de encierro a nivel planetario pueden alimentar el ocio estéril, la soledad y las angustias existenciales, en medio de carencias materiales básicas, pero también pueden favorecer la reflexión, la toma de conciencia sobre la gravedad de la crisis y gatillar la necesidad y posibilidad de plantearse UNA NUEVA MANERA DE VIVIR individual y colectiva.

En palabras de Leonardo Boff, hablando de ese ser vivo que es la Tierra (Gaia): “….nosotros, hombres y mujeres, somos Tierra…..somos Tierra pensante. Y tan lejos ha llegado la codicia de ese pequeño grupo voraz (los amos del mundo), que, actualmente, la Tierra se siente agotada, hasta el punto de haber sido afectados sus límites infranqueables…….sacamos de ella más de lo que puede dar. Actualmente ya no consigue reponer lo que le quitamos. Entonces, da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, recalentándose, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones devastadoras. Y más aún: ha liberado microorganismos como el sars, el ébola, el dengue, la chikungunya y ahora el coronavirus. Son formas de vida de las más primitivas, casi al nivel de nanopartículas, sólo detectables bajo potentes microscopios electrónicos. Y pueden diezmar al ser más complejo que la Tierra ha producido y que es parte de ella misma, el ser humano, hombre y mujer, poco importa su nivel social.”

La respuesta a la pandemia

Como es de esperar las respuestas a sucesos catastróficos son múltiples y es vista desde diferentes ángulos, respondiendo a los intereses de cada uno de los actores en juego. En esta oportunidad ante la pandemia del coronavirus las reacciones son demostrativas. Consideraremos brevemente algunas, en nuestra opinión los más significativas.

Desde los gobiernos, en general, hay desconcierto e impotencia. La pandemia develó que la mayoría de los sistemas de salud en el mundo ni son sistemas ni son de salud. Son agregados de servicios, de atención a la enfermedad, privatizados o en proceso de privatización, lo que les dificulta y hasta les impide atender la salud como un derecho individual y social, responsabilidad del Estado. La salud es vista como una mercancía y al igual que la seguridad social son un campo más de inversión, de ganancias, de acumulación de capital. Para muestra un gran botón, EEUU en el campo de la salud está completamente privatizada, con el mayor gasto per cápita y con el sistema de salud más ineficaz e ineficiente del mundo. O los casos de Italia, España en Europa, o Chile y Colombia en Latinoamérica donde las políticas neo-liberales desmantelaron la salud pública, y los efectos están a la vista con una alta morbi-mortalidad por la pandemia. En otro sentido, los gobiernos con fuerte presencia del Estado, con sistemas de salud públicos logran un mayor y mejor control de la enfermedad (China o Cuba son ejemplo).

Otro actor relevante es el complejo médico-industrial, la industria farmacéutica y tecno-médica, una de las transnacionales más rentables del planeta, que aparece como la gran beneficiaria de la pandemia. Gracias a la venta de medicamentos, material médico-quirúrgico, tecnología, equipos,….ganancias por donde se le mire. Financian las investigaciones, las medicinas, las vacunas; son la gran industria de la enfermedad y la muerte.

Los medios de comunicación masivos y redes sociales que en un mundo globalizadocumplen un papel fundamental, pero puede ser para el bien o para el mal. Una cosa es información y otra es comunicación. La comunicación requiere retroalimentación, posibilidad de enviar y recibir información, es bidireccional. La información es unidireccional, emisor a receptor, permitiendo transmitir información de acuerdo a los fines e intereses de quien es el dueño del recurso mediático. El extraordinario papel que pueden cumplir en labor educativa de masas, de información oportuna y veraz, en la actividad escolar o de trabajo a tele-distancia, son extraordinarias; pero con frecuencia son utilizados por intereses mercantiles o gubernamentales como instrumentos de información sesgada o de manipulación de la opinión pública, que intencionalmente o no, planificado o formando parte de su dinámica de generar noticias o preservar intereses, han convertido el COVID-19 en la pandemia del miedo o en instrumento de control social. Tanto o más daño provoca el psico-terror que provocan como la enfermedad misma. Su efecto sobre la salud mental de la población puede ser aterrador.

La gente, los ciudadanos, la población, actores y principales víctimas de la pandemia. Cuentan para las cuentas de enfermos y de muertes, sobre todo los más débiles, los más frágiles, los ancianos, quienes padecen enfermedades crónicas, los pobres, quienes no tienen casa o no tienen comida en la cuarentena. Aunque no faltan llamados a la participación social, en la gran mayoría de los casos tal participación es escasa, pasiva, manipulada, o formal. En ésta, y cualquier otra enfermedad se requiere una participación ciudadana activa, autónoma, y organizada de la población. La ausencia o poca participación ciudadana puede convertir la pandemia, a partir de ahora, en un pretexto peligroso en un instrumento de control social.

Salud Mental Colectiva y el COVID-19

No hay duda que la crisis provocada por la pandemia, inscrita en la crisis civilizatoria que venimos comentando, provoca trastornos psicológicos, reactiva alteraciones psíquicas ya existentes o complica cuadros psiquiátricos, por diversas razones. Una larga lista de asuntos pudiéramos incluir en esta consideración. El encierro, la cuarentena, el distanciamiento social, el sentimiento de pérdidas, de vulnerabilidad y finitud, la amenaza de enfermar y morir, la incertidumbre generalizada por una amenaza invisible, microscópica, con una matemática minuto a minuto de enfermos y muertes ampliamente divulgada por las redes en una sociedad globalizada, son todos elementos que favorecen, desencadenan o agudizan cualquier tipo de síntomas o cuadros de trastornos psíquicos. De la experiencia y estudios sobre situaciones parecidas como lo son desastres naturales, eventos traumáticos masivos, stress sostenido en colectividades, hay una abundante literatura. Al cabo de tres o cuatro semanas de aislamiento, cuarentena o distanciamiento social, los individuos, el grupo familiar, y la comunidad se resienten y aparecen conflictos diversos, bien sea en la pareja, en los hijos, con los familiares y vecinos. Además, no es lo mismo el aislamiento en una casa amplia con comodidades que aloja 3 o 4 personas, que en una vivienda estrecha, con escasez de agua, con servicios públicos deficientes, donde habitan 5 o más personas, regularmente con poco contacto entre ellos porque estudian o trabajan y ahora se ven obligados a permanecer en tan estrecho recinto todo el día juntos. Se añaden las dificultades para obtener alimentos, los temores por la amenaza de perder el empleo, la gran cantidad de personas y familias cuyo único ingreso es el trabajo no formal, que se ve interrumpido y los obliga a romper con las medidas sanitarias indicadas. Es cierto que puede ser una oportunidad estelar para compartir, para el reencuentro familiar, hacer cosas diferidas o no habituales, placenteras, practicar juegos o actividad física. Es indudable que debemos promover este tipo de conductas en aras de un equilibrado estado de salud mental. Pero, aunque saludable no idealicemos esta respuesta. Es inevitable que al pasar de los días, y con la incertidumbre y los temores alimentadas por la información mediática, los rumores, las noticias que traen familiares, amigos y vecinos, las alteraciones y trastornos psicológicos es muy probable que se puedan presentar. Van apareciendo síntomas característicos de estas situaciones como lo son el insomnio, inapetencia, ansiedad, tristeza, miedo, elementos fóbicos y paranoides. En muchos casos se complica por la dificultad para obtener psicotrópicos y/o por su carestía. Particular atención y demanda se presenta con algunos sectores vulnerables: asilos o casas de ancianos, cárceles, indigentes, retenes de niños y de adolescentes.

Hacer frente a esta variada gama de asuntos requiere diversos mecanismos e instrumentos de ayuda no siempre disponibles. No se trata solo, ni fundamentalmente, de contar con especialistas en salud mental, tales como orientadores, terapeutas, psicólogos y psiquiatras. Es una vasta operación donde la información oportuna y pertinente, canales de comunicación adecuados, prácticas de solidaridad, cooperación, apoyo mutuo, por parte de familiares, amigos, vecinos, pueden jugar un papel fundamental.

Este tipo de situaciones puede generar un doble tipo de reacciones. En unos casos en la conducta individual y grupal puede privar el individualismo, el egoísmo, la competencia, el sálvese quien pueda, que cada quien haga y resuelva como mejor le parezca; es en buena medida la cultura en la cual nos hemos formado. Sin embargo, en otros casos puede prevalecer lo contrario, y esta situación de amenaza individual y colectiva lo favorece; puede predominar entonces la solidaridad, la cooperación, el altruismo, la generosidad, que favorecen múltiples mecanismos para hacer frente a la adversidad. Se despierta y fortalece la resiliencia, la capacidad humana de hacer frente de manera exitosa a las peores adversidades en las más difíciles circunstancias, por cierto echando mano a dos de las principales herramientas de la resiliencia: el humor y el amor. Las tareas de prevención, atención y cuidado, y sobre todo las de promoción de Salud Mental son fundamentales durante y después de la pandemia. Las llamadas gratuitas a líneas telefónicas que ofrecen ayuda profesional pueden conformar un valioso apoyo.

A manera de conclusión

Sin duda un panorama sombrío. Son tiempos difíciles. Pero después de la noche, el día. De la muerte nace vida. La incertidumbre y lo inesperado nos dan las grandes sorpresas y abren posibilidades. Las crisis son un reto, un estímulo. Nos dicen que las cosas no pueden seguir como venían, que tienen que cambiar. Son una amenaza y una oportunidad. Esta crisis está provocando también una reacción individual y colectiva de optimismo, de confianza, de esperanza, de cooperación y solidaridad. Sus manifestaciones se multiplican en todas las latitudes, desde la familia y el vecindario hasta en el nivel regional, nacional e internacional. Surgen modalidades de trabajo a distancia, experiencias cooperativas, grupos de ayuda múltiples, cooperación entre sectores gubernamentales, políticos, sectoriales y nacionales. La incertidumbre y el miedo encuentran respuesta en la solidaridad y la esperanza. Otro mundo es posible, otra manera de vivir es necesaria, parecen ser consignas del nuevo mundo que se asoma. Allí inscribimos nuestros modestos esfuerzos.

En próximas entregas trataremos asuntos como: las acciones en Salud Mental Colectiva, sobre todo a nivel comunicacional y en el primer nivel de atención en el marco de la Atención Primaria en Salud (Cuidado Integral), el mundo post-pandemia, las lecciones que vamos obteniendo, ¿hacia donde ir? ¿Qué hacer?.

*José León Uzcátegui. Venezolano. Médico-psiquiatra. Doctor en Ciencias Sociales. Especialización en epidemiología psiquiátrica

EL APRENDIZ DE BRUJO por Milton Romani

Folha de Sao Paulo informó sobre una cifra creciente de ¨casos de muerte por enfermedad respiratoria no identificada¨. Es un toque de atención. Las cifras, esas tan idolatradas, no solo deben ser claras y transparentes. Deben buscarse con un sentido político sanitario y un plan. Una estrategia consistente y multifactorial para enfrentar la crisis sanitaria, social y económica exige algo mas que la metáfora del grifo o las perillas. Mucho menos la de la vuelta ciclista para amparar a los mallas oro del capital y exonerarlos de aportar en esta crisis. Si hay una imagen que hay que recuperar (incluso de su banalización) es el de red. Como dice Denisse Najmanovich: ¨ Vivimos entramados, la metáfora de la guerra no es la adecuada. No es un invasor bárbaro¨ Citando a Pasteur ¨hay microrganismos virulentos, pero la enfermedad es una relación entre virus y huésped en un terreno entramado que incluye las condiciones sociales en que vivimos y la naturaleza que la hemos usado como recurso productivo y no como hábitat¨

Construir redes es una oportunidad.

El Frente Amplio llevó sus propuestas incluida la de Acuerdo Nacional para la Emergencia. El PIT CNT elevó las suyas. Bien gracias. ¨Aquí el que gobierna soy yo¨ .

En el mundo se caen todos los dogmatismos. Sr. Presidente: ya que está leyendo a Keynes, le convendría confiar mas en una oposición leal. Es un socio mas confiable. Hasta le podría servir de contrafuerte contra la inestabilidad que le producen alguno de sus socios. Que parecen estar mas preocupados por su propio perfil que por su gobierno.

El Dr. Miguel Angel Asqueta expresó, sin ingenuidad y con crudeza, algo que de admitirse, solo debería ser una premisa de un escenario posible. Apenas un peldaño para una estrategia y un plan serio de regulación. No basta con decir que se trata de abrir y cerrar un grifo o de manejar perillas. Advertimos que, dicho como se dijo, parece mas la resignación a que la inmunización de rebaño (como se ha acuñado en una frase deshumanizada) resuelva el tema, que a una gestión de regulación responsable de TODAS las medidas. El Sr. Presidente ha formado un comité de vigilancia de carácter técnico y político. Bien. Sería una oportunidad para incluir a todos y todas las que puedan aportar. La exclusión en esto, es un toque de arrogancia y no de grandeza.

La tumba de los cracks. Testeo comunitario para regular la apertura de la cuarentena.

La OMS decía hasta hace muy poco tiempo que el uso de mascarillas no era una medida preventiva.Acá se repitió como loros. Como me dijo un compañero: era de sentido común. Ahora, hay varios que afirman algo también razonable: no sabemos cual es la prevalencia del contagio viral en la población. Solo tenemos pruebas de personas con síntomas. Testeo clínico que introduce un sesgo. No hay testeo aleatorio de poblaciones que sería lo deseable para ir regulando en serio. Quienes se reintegran a la actividad productiva o son sostén para todos los servicios no deberían tener algún tipo de testeo? La construcción volvió al trabajo: no es oportuno hacer un muestreo ? Con los trabajadores del transporte? Con los de la salud? Es probable que la logística sea compleja. Máximo cuando los empresarios de la salud siguen haciendo cálculos y cobrando sueldos astronómicos sin aporte al Fondo. Pero si queremos regular responsablemente toda la estrategia es imperioso tener una rectoría firme en esto.

La vuelta ciclista. Fondo de solidaridad equitativo. Renta básica.

La metáfora usada por el Sr. Presidente sobre la vuelta ciclista solo ha demostrado que de surf sabe montones. Lo dijeron los que saben: el malla oro no es el que tira del pelotón. Son otros. Las rentas de capital y sector financiero, un aporte verdadero del agro, no se pueden dejar para el sprint final mientras rezagados y pelotón siguen ¨tirando¨ en la carrera. Como siempre. Me extraña. Es ahora !!

La renta básica o salario de emergencia como reclama el PIT CNT y el Frente Amplio, no es un acto de beneficencia para los rezagados. Es una inversión básica para sostener a los cuentapropistas o laburantes independientes que no están cubiertos por la seguridad social y de alguna manera sostienen los motores encendidos. Resulta mucho mas práctico, sanitario y beneficioso establecer un salario básico de emergencia para todos los sectores populares que garantice la sobre vivencia en tiempos de epidemia.

Red de Municipios y Comunidades saludables.

Dice Pablo Anzalone en Diario Médico : El cierre de policlínicas zonales no es una buena estrategia global no solo en relación con el COVID 19. El sistema de salud no puede retraerse sino por el contrario debe fortalecer un Primer Nivel de Atención resolutivo, evitando la concentración de personas en las puertas de urgencia. (…)

¨En los últimos meses se llevaron adelante una serie de intercambios entre distintos municipios y organizaciones sociales: Movimiento Nacional de Usuarios de Salud, Organización Usuarios del Cerro, División Salud de la IM, Comisión de Salud de Onajpu, Proyecto Udelar CSIC (Facultad de Medicina, Ciencias Sociales y Enfermería). Surgió el interés en crear una Red entre gobiernos municipales, movimientos sociales, instituciones académicas y otros actores en el territorio en el marco de la estrategia de RED DE MUNICIPIOS Y COMUNIDADES SALUDABLES ¨

Fantasía.

Esta crisis global nos enfrenta con nuestros miedos e incertidumbres. No hay soluciones únicas y probadas. Al mundo científico le cuesta reconocer los limites de su saber. El mundo político balbucea. Admitamoslo: no sabemos. La gran enseñanza será aceptar los límites de nuestra omnipotencia. En su globalización depredatoria e injusta. Creímos posible un desarrollo continuo y sin fin. De la mano del sacrosanto mercado violentamos y usamos la naturaleza solo como recurso y no como hábitat. Nos creímos sus amos. Hemos sido incapaces de ser mas iguales, repartir mejor y ser mas humanos. 1% de la población mundial acapara todo. Todo está entramado, desatamos los demonios y ahora no atinamos a abjurarlos. Es un reto. Para usar metáfora, nada mejor que refugiarnos en una imagen querible de nuestra infancia. Atempera un poco. Es de la película Fantasía de Disney, cuando Mickey anima magistralmente la obertura de Dukas El aprendiz de brujo.

  1. https://www1.folha.uol.com.br/colunas/painel/2020/04/casos-de-morte-por-doenca-respiratoria-sem-causa-identificada-disparam-em-sp.shtml
  2. Videoconferencia Del control al enuentro. https://www.youtube.com/watch?v=CQldtK3rlaw&feature=youtu.be
  3. https://cuadernosdeltaller.com/2020/04/18/un-tornado-se-abatio-sobre-el-mundo-y-nos-interpela-por-pablo-anzalone/

El significado, la pertinencia y el alcance de la democracia energética

Fiona Dove conversa con Daniel Chavez*

¿Qué aporta el concepto de la democracia energética a la lucha contra el cambio climático y la pobreza energética?

El concepto de democracia energética ha sido integrado al lenguaje, las propuestas y las demandas de diversos movimientos sociales, políticos y ambientales de distintos países del mundo. Existe un consenso creciente de que para detener el cambio climático y asegurar el acceso a la energía a toda la humanidad es imprescindible quebrar la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales y democratizar el sector público. La Directora Ejecutiva del TNI, Fiona Dove, conversa con uno de nuestros investigadores, Daniel Chavez, sobre el significado, la relevancia y el alcance de las alternativas de democracia energética en Europa y en el Sur.

¿Cuál es el significado del concepto de “democracia energética”?

En los últimos cinco años el concepto de democracia energética ha sido adoptado por muchas organizaciones sociales, principalmente en Europa, preocupadas por el creciente dominio de las grandes corporaciones sobre la generación y la distribución de la energía.

Varias definiciones concretas han sido propuestas por diversos investigadores y activistas, pero en general todas ellas convergen al referirse a sistemas de energía más descentralizados y bajo control social. En aquellos lugares donde existen condiciones políticas más favorables el concepto también se aplica a la democratización de empresas públicas nacionales, regionales o locales, o incluso a la reversión de servicios públicos de energía que habían sido privatizados, a través de procesos de renacionalización o remunicipalización.

También es frecuente utilizar el concepto de democracia energética para referirnos a la expansión de iniciativas locales de generación y distribución de la energía a partir de fuentes renovables, tales como las cooperativas eléctricas sustentables que se han desarrollado en Europa y en otras regiones del mundo.

Muchas personas tienden a pensar en sistemas locales, descentralizados y de escala reducida como la única expresión “auténtica” de la democracia energética, pero tu también aludes a empresas públicas, las que suelen ser bastante grandes, verticales y no siempre democráticas.

Sí, tienes razón; las empresas del Estado no siempre se ajustan al modelo ideal de empresa pública. Pero en países donde la población ya tiene acceso a un acceso extendido y confiable a la energía a través de empresas públicas de propiedad estatal, regional o municipal no tendría sentido económico, social o ambiental apostar exclusivamente a alternativas desconectadas de la red eléctrica ya existente o desmantelar lo construido con mucho esfuerzo, tiempo y recursos en épocas previas.

Lo que necesitamos en estos casos es la democratización del sector público, estableciendo canales institucionales que posibiliten la participación genuina de los ciudadanos en la gestión de los servicios públicos para asegurar que la producción y la distribución de la energía se oriente a satisfacer las necesidades sociales (en particular de los pobres y otros grupos sociales marginalizados) y no los intereses de las grandes empresas privadas. En algunos casos, ésta puede llegar a ser una tarea extremadamente difícil.

Hace unas semanas fui invitado por el sindicato de trabajadores metalúrgicos de Sudáfrica, NUMSA, como panelista en un seminario sobre la gravísima crisis eléctrica que afecta al país. Uno de los principales temas de discusión fue como recuperar la gestión de Eskom, el conglomerado sudafricano de electricidad que constituye una de las mayores empresas del mundo. Muchos de los participantes en el seminario argumentaban que la compañía está ya tan “corporatizada” (el Estado sigue siendo el propietario, pero la empresa está siendo gestionada como cualquier otra corporación transnacional) que democratizar Eskom sería una utopía, y que tal vez la alternativa más sensata sería la creación o la revitalización de empresas eléctricas municipales o provinciales.

Pero yo no estoy convencido de que la fragmentación de Eskom sea una solución, ya que esta opción podría abrir la puerta a la privatización. Y por otro lado no hay ninguna garantía de que las empresas públicas resultantes, más allá de su menor tamaño, puedan ser más democráticas, más eficientes o más transparentes en su gestión.

¿El concepto de democracia de energía puede ser aplicado a otras áreas de la energía más allá del segmento de la electricidad?

Sí, es posible. Entre muchos investigadores y militantes sociales y ambientales que operan en el campo de los hidrocarburos la idea clave sigue siendo la de soberanía energética, ya que han estado luchando durante décadas contra multinacionales extranjeras y privadas dedicadas a la extracción de los recursos petroleros o gasíferos. Hemos sido testigos de este tipo de luchas en lugares tan diversos como Colombia, Nigeria o Canadá. Pero la idea de soberanía está intrínsecamente integrada al concepto de democracia energética.

En el contexto del proceso acelerado de cambio climático es urgente erradicar la industria de los combustibles fósiles; en eso estamos todos de acuerdo. Pero también necesitamos un plan de transición que permita a los países ricos en yacimientos de petróleo o de gas utilizar los recursos disponibles durante un tiempo para financiar la transformación de la matriz energética invirtiendo en fuentes renovables.

Los activistas que luchan por la democracia energética en Europa ya están utilizando este argumentación: no podemos dejar que las grandes corporaciones transnacionales privaticen nuestros recursos renovables colectivos, como ha ocurrido antes con la explotación de las reservas de petróleo y gas en el Mar del Norte.

Esta discusión también es muy actual en países que todavía dependen del carbón para la generación de energía, como Grecia. La plataforma electoral de Syriza (la original, antes de la reciente capitulación ante la troika) había incluido referencias concretas a una transición planificada hacia energías renovables, en base a una disminución gradual de la actual dependencia del país del lignito para avanzar hacia un sistema energético más ecológico en un periodo de no más de dos décadas.

¿Cuál es el significado de la remunicipalización en el sector de la energía?

La municipalización (o la remunicipalización, para ser más precisos) no es realmente una nueva tendencia. En el marco de nuestro proyecto de Alternativas en el Agua desde el TNI hemos estado monitoreando varios procesos de remunicipalización, tanto en países del Norte como del Sur, incluyendo a grandes ciudades como Buenos Aires, París, Accra o Kuala Lumpur. De esta manera hemos registrado más de 230 casos en los que los gobiernos locales han recuperado el control de los servicios de agua y saneamiento entre los años 2000 y 2015.

En el sector de la energía, los servicios públicos municipales y regionales han estado a cargo de la provisión de energía eléctrica desde hace ya muchas décadas. Entre finales del siglo XIX y principios del XX muchas ciudades de todo el mundo municipalizaron una amplia gama de servicios públicos, en muchísimos casos en respuesta al fracaso de los proveedores privados para extender el suministro de agua o electricidad más allá de las zonas más ricas.

Hoy en día, incluso en el corazón mismo del sistema capitalista, en los Estados Unidos, funcionan más de 2.000 empresas eléctricas municipales o de propiedad comunitaria, las que en conjunto dan servicios a más de 46 millones de personas, según cifras dadas a conocer por la American Public Power Association. Estas empresas operan en grandes ciudades como Los Ángeles, Seattle y Orlando, así como en pequeñas ciudades dispersas por todo el país. Por desgracia, no todas estas empresas locales de electricidad son verdaderamente públicas, democráticas o ambientalmente sostenibles.

En Europa, la tendencia hacia la remunicipalización de la energía también es muy evidente. La nueva alcaldesa de Barcelona –Ada Colau, una ex dirigente de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en España, quién lideró una amplia coalición de partidos progresistas y movimientos– anunció hace unas semanas que el gobierno municipal va a empezar a trabajar en la creación de una nueva empresa eléctrica local, en respuesta a la creciente pobreza energética que ya afecta a alrededor del 10% de los hogares de la ciudad.

Otra experiencia europea muy interesante es la de la Berliner Energietisch (la Mesa de la Energía de Berlín). Esta es una alianza creada por más de 50 organizaciones sociales y ambientales en el año 2011, con el objetivo de recuperar la provisión pública de los servicios de energía en la capital de Alemania. Se trata de establecer un nuevo tipo de empresa municipal basado en los principios de sostenibilidad ambiental, la propiedad social y la gestión democrática.

La campaña incluyó un referéndum, celebrado en noviembre de 2013, en el que alrededor de 600.000 ciudadanos votaron a favor de la remunicipalización. Por desgracia, aunque más del 80 por ciento de los votantes respaldó la opción del “sí”, no fue suficiente, ya que el referéndum no alcanzó el requisito legal de participación mínima por apenas 21.000 votos. Sin embargo, la lucha hacia la creación de una empresa de energía de propiedad pública continúa. La Mesa de la Energía de Berlín permanece activa y sigue inspirando iniciativas similares en toda Europa.

Fuera de Europa podemos apreciar una tendencia aún más ambicioso de “republicisación”. Estoy usando una palabra (republicisation, en su versión original en inglés) acuñada por Massimo Florio, un investigador de la Universidad de Milán que dirige un equipo de investigadores que está mapeando la reversión de acuerdos de privatización alrededor del mundo. En América Latina han habido muchos y extensos procesos de renacionalización en varias áreas de la economía, de forma más visible en Venezuela y Bolivia. Centrándonos en el sector de la energía, podemos ver que este proceso comenzó en Bolivia en el año 2006, cuando el gobierno de izquierda del presidente Evo Morales anunció la nacionalización de la industria del gas natural. Poco después, en 2010, el Estado asumió el control de la generación de electricidad, culminando en la nacionalización de la red eléctrica en el año 2012. En Venezuela, la renacionalización de la electricidad ya se había completado en el año 2007, bajo el gobierno de Hugo Chávez.

En general, podemos referirnos a los procesos latinoamericanos de recuperación de lo público como noticias positivas, pero tendríamos mucho para discutir acerca de la forma en la que las nacionalizaciones fueron ejecutadas, los beneficios económicos que se otorgaron a las empresas privadas cuando transfirieron sus activos al sector estatal, el alcance real de las nacionalizaciones, o la calidad actual de la gestión al interior de las empresas públicas nacionalizadas. También debemos ser conscientes de que el Estado no en todos los casos es eficiente, como las padecimientos actuales del sistema nacional de electricidad de Venezuela así lo demuestran.

Estas experiencias no sólo indican que es posible revertir la privatización, sino también que después de la renacionalización los gobiernos tienen la responsabilidad de mejorar la calidad de sus servicios. Afortunadamente, en América Latina tenemos otras empresas eléctricas estatales, como la UTE en Uruguay o el ICE en Costa Rica, que demuestran cómo el Estado puede ser muy eficiente en el sector energético si se desarrollan las condiciones políticas adecuadas.

El uso del concepto de democracia energética parecería ser más común en Europa que en otras regiones del mundo. ¿Es así en la realidad?

El concepto de democracia energética ya está siendo ampliamente utilizado por activistas europeos, pero no tanto por militantes de las regiones del Sur. En América Latina o en África tendemos a usar más la noción de soberanía energética, por lo general en paralelo a otras luchas sociales en torno a la alimentación, el agua o la tenencia de la tierra. Pero no estamos hablando de luchas diferentes. La noción de soberanía implica el control social sobre la producción, la distribución y consumo de bienes y servicios, ya sean alimentos, el agua o la electricidad. Significa reducir el poder de las corporaciones y las instituciones de mercado actualmente hegemónicas en la economía globalizada.

Y también podemos ver que las luchas son muy similares en el Norte y en el Sur. En Grecia, por ejemplo, la idea de la democracia energética está fuertemente enraizada en las ideas de soberanía y de autodeterminación, con énfasis en el derecho a planificar y ejecutar una política energética nacional y autónoma, sin las restricciones impuestas por el memorándum de la troika.

En otros países, por ejemplo en el mío, Uruguay, la soberanía significa una transición hacia fuentes renovables no convencionales con el fin de reducir la dependencia de la energía importada y la vulnerabilidad antes las fluctuaciones periódicas de los mercados energéticos a escalas regional o global.

En México, en el contexto de la reforma energética implementada por el actual gobierno neoliberal, la soberanía significa resistir el proceso de liberalización y eventual privatización de los sectores del petróleo y de la electricidad, con el fin de asegurar las necesidades del pueblo mexicano y no los intereses de las multinacionales privada y extranjera.

¿Podrías describir con más detalle las experiencias de México y Uruguay?

El sector energético mexicano ha sido a menudo presentado en la prensa internacional de negocios como el ejemplo de un sistema fallido que sólo podría ser salvado por una reforma neoliberal radical. La revista The Economist incluso se refirió de forma irónica la supuesta necesidad de “una nueva revolución mexicana”. En los últimos dos años el país ha cambiado su constitución y ha aprobado nuevas leyes para terminar con ocho décadas de monopolio de Pemex –el conglomerado estatal– en la producción de gas y petróleo. El sector eléctrico también ha sido liberalizado, amenazando la supervivencia de la Comisión Federal de Electricidad, CFE, la otra empresa estatal de gran tamaño.

La argumentación de la reforma neoliberal se basa en una supuesta explotación más eficiente de los yacimientos de gas y petróleo de esquisto que todavía no han sido explotados en el país –incluyendo extensas reservas de esquisto que podrían superar las de su vecino del norte y principal socio comercial, Estados Unidos– y un supuesto abaratamiento el precio de la electricidad. En realidad, la transferencia del control de los recursos de combustibles fósiles mexicanos a las corporaciones privadas representa no sólo una mala noticia para el planeta, sino también para sus habitantes, ya que una gran parte de la economía nacional y del presupuesto público depende del sector de la energía. La evidencia empírica de muchos países del Sur señala que abrir la puerta a las empresas privadas y extranjeras en los sectores extractivos y de servicios a menudo se traduce en ganancias rápidas y sustanciales para los inversores privados y pérdidas permanentes y pesadas para los ciudadanos.

La experiencia de Uruguay es más bien la opuesta. La actual transición hacia las energías renovables no convencionales también ha sido caracterizada por la prensa internacional como una “revolución” energética. A diferencia de muchos otros países del Sur, el acceso no era un problema en Uruguay, porque desde hace ya unos años la cobertura de la red eléctrica nacional había alcanzado un nivel prácticamente universal, en torno al 99%. La cuestión era más bien como generar la energía consumida por el país.

El caso uruguayo es muy relevante a nivel internacional porque no estamos hablando de una pequeña isla o de una pequeña nación con una economía muy básica, sino más bien de un país de tamaño similar al doble del Benelux y con un ingreso per cápita superior al de Polonia, Hungría, Croacia y muchos otros países europeos. También es interesante destacar que una sola empresa nacional –la UTE, una empresa pública muy eficiente– ha liderado la transición hacia un modelo energético sostenible, fundamentalmente en base a inversiones rápidas y masivas en energía eólica.

El objetivo del actual gobierno (la coalición de izquierdas Frente Amplio ha ocupado el gobierno desde el año 2005) es que hacia finales del año 2017 el 38 por ciento de la energía consumida por Uruguay sea generada en parques eólicos, frente a alrededor del 13 por ciento actual. Eso significa que Uruguay jugará en la misma liga que Dinamarca, el líder mundial en energía eólica, que genera alrededor de 43 por ciento de su energía a partir del viento.

Durante años lluviosos, Uruguay puede depender de tres plantas hidroeléctricas para generar alrededor del 75 por ciento de la electricidad que necesita, pero durante épocas de sequías del país se ve obligado a gastar un montón de dinero quemando combustibles fósiles. La oferta creciente de energía eólica convertirá a Uruguay en un país autosuficiente en energía eléctrica, y también generará energía excedente que podría ser exportada a los vecinos Argentina y Brasil. Pero debemos asegurarnos que la energía producida por las fuentes renovables se destine a potenciar el desarrollo social y no a satisfacer las demandas de grandes empresas privadas –como podría ser suceder si se concreta la posible instalación en el país de una empresa minera extranjera interesada en explotar los yacimientos nacionales de hierro, con un previsible fuerte impacto en la demanda futura de energía.

A propósito, ya que estamos hablando de Uruguay, en TNI estamos muy orgullosos de haber contribuido a la campaña contra el Acuerdo en Comercio de Servicios (Trade in Services Agreement, TISA) que llevaron adelante el PIT-CNT (la central sindical) y Redes-Amigos de la Tierra Uruguay. Recientemente celebramos la noticia de que Uruguay se ha convertido en el primer país en abandonar la mesa de negociación del TISA. Este y varios otros tratados comerciales y de inversión que están siendo negociados actualmente, como el TPP en la Cuenca del Pacífico o el TTIP en Europa, constituyen graves amenazas para la supervivencia de las empresas públicas encargadas del suministro de la electricidad, el agua, las telecomunicaciones y otros servicios esenciales.

¿Cómo se percibe al Estado en los debates actuales sobre la democracia energética?

Tu pregunta es muy importante, porque ya me he referido muchas veces a empresas estatales, gobiernos y municipios sin explicar el significado de las instituciones estatales en los debates actuales y en las luchas concretas por la democracia energética.

Soy consciente de que muchos de nuestros amigos y aliados en Europa y América Latina tienen una visión muy crítica del Estado, apuntando a muchos ejemplos históricos y actuales de provisión de servicios de energía de tipo verticalista y que no han sido ni democráticos, ni participativos ni eficientes. Algunos críticos también se refieren a la extensa neoliberalización del Estado, incluyendo la expansión de empresas de propiedad estatal en el sector energético (tanto en el segmento de la electricidad como en las áreas del gas y el petróleo) que se comportan como cualquier corporación transnacional privada, por ejemplo Vattenfall en Suecia o Petrobras en Brasil.

Yo comparto la mayor parte de estas críticas, pero no siempre estoy de acuerdo con la visión política subyacente: no creo que las iniciativas de propiedad comunitaria o las cooperativas de energía sostenible puedan ser la única alternativa viable, o que ya estemos listos para patear al Estado. Parafraseando el título de un uno de mis libros preferidos, escrito por otra TNI Fellow, mi querida amiga Hilary Wainwright, creo que en todo caso deberíamos “recuperar el Estado” (“reclaim the state”). Aquellos de nosotros que venimos de la tradición marxista estamos familiarizados con la teorización del Estado como un instrumento de dominación de clase, pero el pasado reciente de América Latina y otras regiones del mundo nos ha enseñado que el Estado no es una entidad autónoma o una institución internamente homogénea, y también que se puede transformar el Estado en base a la presión ejercida por las luchas sociales y políticas contrahegemónicas.

Creo que es hora de que los progresistas superemos una vieja dicotomía que ha caracterizado a la izquierda, la que enfrenta a quienes se centran en el fortalecimientos de fuentes autónomas de poder de base social y comunitaria con aquellos que todavía creen en la necesidad de conquistar (y administrar) el poder de base estatal. No podemos ignorar la ya larga lista de experimentos políticos recientes y diversos que han demostrado la viabilidad de conexiones innovadoras entre el poder que surge desde la base social y los procesos de transformación del Estado impulsados por partidos políticos y gobiernos de izquierda. Me refiero al rico y creciente repertorio de iniciativas del tipo que Erik Olin Wright ha caracterizado como “utopías reales” (“real utopías”).

En su último libro, Naomi Klein nos recuerda que la única manera de detener el cambio climático es acabar con el capitalismo, y que por lo tanto el cambio climático puede ser visto como una oportunidad excepcional para resolver muchos otros problemas sociales. Esto no implica que la única manera de deshacernos del capitalismo sea asaltar el palacio de invierno como los bolcheviques del año 1917. De hecho, yo ya no creo en la viabilidad de revoluciones violentas en el actual contexto mundial. En lugar de ello debemos avanzar desarrollando “reformas no reformistas” que erosionen significativamente las estructuras que sostienen la explotación y la opresión, incluyendo la construcción de alternativas contrahegemónicas para la provisión estatal de bienes y servicios públicos. Pero eso implica la creación de instituciones no capitalistas, capaces de detener o bloquear la expansión del capitalismo, al interior de los actuales Estados capitalistas. En ese sentido, tanto una cooperativa local de energía renovable como una empresa pública democrática y bien gestionada podrían ser consideradas “utopías reales”.

Mi foco de la investigación durante los últimos tres años ha sido el sector público en general y las empresas públicas en particular, pero yo no idealizo al Estado. Soy muy consciente de que las empresas públicas no deben ser entendidas como instituciones inherentemente “progresistas”, o que deban ser defendidas sólo porque no son de propiedad privada. He estudiado el caso de Empresa Públicas de Medellín, EPM, que en su origen era una empresa muy eficiente y muy responsable en la prestación de servicios de electricidad, agua y telecomunicaciones a nivel local y con una clara orientación social. Pero desde hace una década EPM ha puesto en marcha un proceso de expansión nacional e internacional, apropiándose de empresas privatizadas en otras partes de Colombia y en otros países de América Latina, al tiempo que en su ciudad natal pasaba a comportarse como cualquier empresa privada, incluyendo la instalación de medidores de prepago y corte de servicios a las familias que no pueden pagar la tarifa.

EPM es un claro ejemplo de lo que en el marco del Municipal Services Project (MSP, una red global de investigación de la que TNI forma parte) definimos como corporatización: una empresa que sigue siendo formalmente “pública” pero que en la práctica funciona con criterios de gestión neoliberales que conciben a la eficiencia desde un punto de vista exclusivamente de rentabilidad financiera. Pero mi propia investigación sobre las empresas estatales también revela que sin duda es posible democratizar y mejorar el sector público y que la propiedad pública sigue siendo importante para la construcción de alternativas.

¿Por qué crees que es importante que TNI se involucre en estos temas?

Como el nombre de nuestro instituto lo indica, el TNI trabaja sobre temas “transnacionales”, y claramente la energía pertenece a esta categoría. Hace unos días la Asamblea de las Naciones Unidas acordó formalmente un nuevo conjunto de metas conocidas como los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, ODS, uno de los cuales se refiere explícitamente a la energía sostenible: ODS 7. Esto es parte de un proceso que incluye la declaración de 2012 como el Año Internacional de la Energía Sostenible Para Todos, y la iniciativa SE4ALL de Ban Ki-Moon.

En TNI somos bastante escépticos sobre las perspectivas y los impactos de estas iniciativas globales, caracterizadas por un montón de discursos grandilocuentes pero estériles y la subordinación de las necesidades sociales a los intereses de las empresas transnacionales. Pero aun sí celebramos el hecho de que la llamada “comunidad internacional” haya identificado a la energía como un tema vital. Por lo menos en el nivel discursivo parecería haber un acuerdo sobre la necesidad de alcanzar un modelo energético sostenible antes del año 2030, que incluya el acceso universal, un aumento sustancial de la cuota de participación de las fuentes renovables en la matriz energética, y la duplicación de los valores de la eficiencia energética.

Los agentes del cambio, los contenidos y las características específicas de la transición conforman el eje de muchas luchas sociales, políticas y ambientales en la actualidad. Las ideas defendidas por quienes priorizamos el concepto de democracia energética son radicalmente diferentes a las ideas presentadas en publicaciones brillantes por las grandes empresas transnacionales que hacen lobby ante la ONU en Nueva York o ante la UE en Bruselas. Por lo tanto, en natural que desde el TNI estemos motivados a participar en los procesos internacionales sobre la transición energética, brindando nuestro aporte para que el cambio de modelo sea realmente sostenible y democrático, en conjunto con diversas organizaciones progresistas de todo el mundo que comparten nuestras ideas, nuestras preocupaciones y nuestras propuestas.

Para finalizar esta conversación, te has referido en varias ocasiones a las luchas en el sector del agua. ¿Crees posible desarrollar movimientos sociales similares en el sector energético?

En el TNI hemos estado trabajando con movimientos opuestos a la privatización y apoyando la gestión pública de los servicios de agua durante más de una década y hemos aprendido mucho de sus luchas. En un reciente taller organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo en Bruselas algunos participantes se refirieron a los “guerreros del agua” como el modelo que deberíamos estudiar con más detalle si queremos construir un movimiento internacional en el sector energético.

En este momento podemos ver muchas organizaciones en diferentes partes del mundo activas en diversas luchas en torno a la energía, pero nada similar al movimiento del agua en términos de coordinación de acciones o la definición de una plataforma común. También tenemos que construir vínculos más fuertes con otros actores, como la Iniciativa de Sindicatos por la Democracia Energética.

Susan Spronk, una profesora de la Universidad de Ottawa que también integra el MSP, ha escrito un artículo breve pero muy útil sobre las potencialidades del intercambio de experiencias, con el título pegadizo de “Agua con gas: Luchas ciudadanas en el ámbito del agua y la energía”. Susan explica como los movimientos sociales del Sur y del Norte han logrado importantes victorias en la lucha contra la privatización del agua, y argumenta que los sindicatos, los investigadores comprometidos y otras fuerzas sociales pueden ciertamente aprender de estas luchas para desarrollar coaliciones regionales e internacionales a favor de democracia energética.

Somos conscientes de que las determinantes políticas y económicas de los sectores agua y energía son diferentes en muchos aspectos, pero podemos extraer lecciones útiles de los militantes por el agua pública sobre la mejor manera de enmarcar nuestras demandas, la importancia de trabajar en conjunto con aliados que podrían no compartir del todo nuestras puntos de vista políticos, y sobre como fortalecer la democracia interna al interior de nuestras propias organizaciones.

*Artículo publicado el 14 Octubre 2015para TNI

Momento de preguntas en el ciclo de debates: Uruguay, la región y el mundo

Momento de preguntas durante la mesa redonda integrada por Milton Romani, Constanza Moreira y Roberto Conde en la Huella de Seregni, iniciando el Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. Aquí, Constanza Moreira sobre el medio ambiente.

Medio ambiente y Recursos Naturales

Escribe Julio Camargo Majfud
El desarrollo sostenible y la capacidad futura de sustentabilidad de la economía humana, en fin de la vida es un pre condición para el crecimiento y el desarrollo
económico. De conservar la biodiversidad depende el crecimiento futuro y la distribución de ese crecimiento depende en gran medida del capital natural de recursos escasos no finitos que exista.
Si consumimos indiscriminadamente, contaminando y generando impacto ambiental sobre el territorio y las especies no llegaremos nunca “al socialismo” porque no habrá que compartir.
Los planes de desarrollo social y económico del país; y su inserción internacional deben asegurar un adecuado funcionamiento de los sistemas naturales, consolidando la política de ordenamiento territorial para ir hacia la planificación territorial estratégica del hábitat con un objetivo de equidad.
La discusión de los proyectos futuros que impactaran la vida de los ecosistemas está centrada en la tasa de descuento a futuro que empresas extractivas de recursos pagaran hoy por la destrucción de la biodiversidad. Solo nos preguntamos sobre ¿cuánto pagaran para eliminar a futuro los desechos de su actividad? o ¿qué cantidad de dinero están dispuestos a disponer para las futuras generaciones? y ¿de qué manera los estados lo conservaran o multiplicaran? No podrán gastarlos en pagar hoy deuda externa volviendo el dinero a las naciones capitalistas dominantes, generando un suicidio ambiental y humano futuro.
Loa sectores vulnerables son los más afectados por la contaminación ambiental y los que tienen menor acceso a los bienes naturales. La injusticia ambiental se manifiesta en una creciente negación de derechos a la tierra, al territorio, al agua, a los medios de sustento, a la salud, a disfrutar de un ambiente sano. Allí donde prima una visión economicista del desarrollo no se respetan ni la vida humana, ni la cultura de los pueblos, ni los ecosistemas, ya que se imponen los intereses de las grandes inversiones.
El principal desafío para el país en el futuro será lograr la incorporación temprana de la dimensión ambiental en los planes de inversión y producción, y en las políticas y planes sectoriales. Las iniciativas de inversión que se presenten deben ser seleccionadas, diseñadas y adaptadas para asegurar la protección de los elementos que componen nuestros sistemas naturales sobre la base de tres pilares:
1) el Estado tiene un rol importante a jugar en los procesos de desarrollo; 2)la planificación es relevante para una buena gestión;3)la participación ciudadana es una garantía de transparencia y favorece la democratización de los procesos de toma de decisiones.

Existen instancias de audiencias públicas previstas por la Ley General de Protección del Medio Ambiente, pero están al final de los procesos, en momentos en que el clima se vuelve bastante tenso.
Participan en ellas los más activos actores del sistema pero se pierde un montón de gente por el camino que podría aportar su visión; en particular las comunidades donde se pretendan desarrollar proyectos que impacten en el territorio.
Interpelar al capitalismo y su modelo de consumo para construir en democracia la capacidad política para enfrentar y cambiar el estilo de desarrollo económico y social que genera y sustenta la destrucción del capital natural, el individualismo, la competencia y la desconexión de los sistemas es un objetivo estratégico de la izquierda en el presente siglo. Porque si continuamos con este nivel de crecimiento económico generador de desechos y extracción de recursos agotables no habrá mercado de la abundancia sino de la escasez, la desigualdad y decrecimiento en el horizonte de las generaciones que nos precederán.
Desde nuestra izquierda latinoamericana la redistribución de riquezas, el cambio en las relaciones de intercambio hacia la igualdad en la diversidad son necesarios para quienes queremos un modelo de desarrollo integral que cuestione el crecimiento sin redistribución. La tesis de Brundtland y el informe del banco mundial (entidad monetaria que maneja los “fondos verdes) sobre el medio ambiente recomendaron que el crecimiento de las economías ricas no supere el 3% hace más de 20 años. Hoy los países ricos contaminan y crean desechos no degradables inmanejables, si no cambiamos el estilo de vida de la sociedad de consumo la premisa socialdemócrata es una hipótesis errónea.
El crecimiento económico de las sociedades ricas no es ecológicamente sustentable. Hasta que no desarrollemos desde la política una forma de economía que tienda al uso de los recursos renovables ( agua, pesca, leña, producción agrícola) con un ritmo que no exceda la tasa de renovación y que use los recursos agotables (mineral, hidrocarburos, nutrientes del suelo) con un ritmo no superior al de su sustitución por recursos renovables; estaremos en problemas.
Hasta que no generemos residuos solo en la cantidad que el ecosistema los pueda asimilar o reciclar; estaremos perdidos porque los sueños libertarios serán grandes cantidades de basura y contaminación.
Nuestro compromiso es contra el poder de la mano burocrática que firma decretos y se olvida que costos sociales y de capital natural tendrán en el futuro. Quienes gobiernan deberían recordar que “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” ( Marx; 18 brumario Luis Bonaparte ).
Plantear la redistribución de recursos y de la producción en las generaciones actuales y las que vendrán es revolucionario, porque si no hay equidad los conflictos de redistribución de lo que quede de capital natural en el futuro impedirán la existencia.
El funcionamiento de la economía exige un suministro adecuado de energía y materiales que debe además poder disponer de los residuos generados y buscar ejecutar un plan para revalorizarlos, reutilizar los, reciclarlos, redistribuyendo y reduciendo el impacto económico, social y ambiental futuro.
El Uruguay debe desarrollar un plan para triplicar el reciclaje de residuos con un mercado potencial de 150 millones de dólares anuales para la gestión social de residuos y centenares de puestos de trabajo en Centros de Compactado y Reciclaje Comunitarios, en diferentes zonas del país para llegar a construir aéreas de Disposición Final de Residuos, Centros de Reciclaje con transformación de residuos sólidos y líquidos que incentiven la industrialización de plástico, neumáticos, cartón y vidrio recuperados. Además de reutilizar bienes secundarios y terciarios que las clases medias y ricas dejan de usar pero pueden servir para mejorar las condiciones de vida de los más pobres (mobiliario, electrodomésticos, aberturas, chapas, tirantearía, grifería y materiales de construcción. Los residuos orgánicos son un elemento generador de articulaciones para tener también en cada hogar árboles frutales y una huerta orgánica incentivando la soberanía alimentaria; esto permite recuperar los suelos; involucrar a través de las huertas familiares, invernáculos en centros educativos, cárceles y padrones productivos comunitarias a través del compostaje hacia la agroecología, la producción orgánica y sustentable e incluso ser un bien de exportación para países sin tierra de calidad que adquieren abono orgánico.

Existen experiencias de utilización de materiales reutilizados para la construcción de viviendas e infraestructura que deberíamos combinar con la biocontruccion sustentable.
Reconocemos logros de los dos últimos gobiernos Frenteamplistas en materia de normativa ambiental, en particular las leyes de ordenamiento territorial y de descentralización, así como los planes de uso y manejo del suelo, las aéreas protegidas biodiversas, las directrices departamentales de gestión ambiental sostenida en Maldonado y Rocha que intentan darle un marco para comenzar a caminar. Es necesario formular políticas públicas que desarrollen la sustentabilidad ambiental en todas sus dimensiones. Planificar una empresa pública para la Gestión Social de los Residuos que cuente con una Agencia nacional para la gestión ambiental que fiscalice, construya directrices estratégicas y legislación, articulando los mecanismos de evaluación y monitoreo ambiental estatal con participación de los ciudadanos e información publicada de todos los proyectos en ejecución en Uruguay que tengan evaluación ambiental. El capital nacional y la tecnocracia estatal juegan a favor de las trasnacionales que continúan construyendo poder y aumentando su tasa de retorno o ganancia sin importar que pasara con las generaciones futuras. Transformar la clasificación en reciclaje poniéndole innovación y tecnología aplicada para que la basura la veamos como productos reutilizables y reciclables.
Investigando métodos para sistematizar a bajo costo nuevas prácticas de gestión; allí la universidad diseminada en el interior debe articular con todas las cadenas productivas para aportar y aprender en este camino.
A través del Fondo de desarrollo (Fondes) crear fondos de inversión, investigación y gestión para la inclusión social de clasificadores, investigación aplicada, formación permanente de recursos humanos y fideicomisos para la generación de energía a través de la basura articulándolo con el Congreso de Intendentes.
Debemos consolidar la política energética en cada casa del país y dotar al sistema de insumos fabricados en el Uruguay para que las fuentes de energías renovables y limpias comiencen a ser utilizadas en todas las actividades humanas (autos y motos eléctricas, motores eléctricos) con generación de energía fotovoltaica y eólica en cada hogar y en cada oficina pública. La crisis energética que el país tenía en el 2005 comprometía el desarrollo futuro, pero el Frente Amplio lo transformo en una nueva política de estado que cambio la dependencia tan fuerte a los hidrocarburos; produciendo energías renovables a través de la biomasa, la generación eólica y la energía solar. Este es un cambio revolucionario en la matriz socio, económico, ambiental del Uruguay. Hoy las grandes empresas se benefician de esta nueva forma de construcción de política energética pudiendo comprar y vender electricidad. El próximo gobierno debe llegar a todos los hogares posibles del país a través de un sistema de micro generadores de energía y dando el ejemplo en cada oficina pública. Probar que es y económicamente sustentable disminuir la dependencia a los hidrocarburos y ser parte de esta revolución verde. Ancap está prospectando y explorando reservas de petróleo y gas, debemos saber cuáles son los métodos de extracción propuestos, que impacto ambiental tendrán y que normas degestión ambiental sostenida debemos tener para no contaminar los acuífero Raigón y Guaraní. No podemos darnos el lujo de experimentar el Fracking solo por rentabilidad económica actual, porque condenaremos a las generaciones futuras a perder la reserva de agua dulce. Ahora están esperando el momento para vendernos esta técnica como rentable y conveniente para el crecimiento económico pero sabemos que al igual que la energía nuclear son altamente contaminantes si existe un error el desarrollos sustentable será fractura hidráulica de nuestro porvenir porque este procedimiento gasta millones de litros de agua contaminándola con químicos que luego van a parar a la tierra.
Los marginados son los que tienen menor acceso a los bienes naturales por tanto la injusticia ambiental se manifiesta en una creciente negación de derechos a la tierra, al agua, a los medios de sustento y a disfrutar de un ambiente sano. Allí donde prima una visión economicista del desarrollo no se respetan ni la vida humana, ni los ecosistemas, ya que se imponen los intereses de las grandes inversiones por encima de la soberanía de los ecosistemas vivos y la cultura de los pueblos. Para el mercado y sus economistas hay una ausencia de las generaciones futuras y de las demás especies (flora, fauna,mineral). Es por eso que los precios de los recursos ambientales formados y extraídos entre humanos que viven en el presente son un ingreso generado al interior de nuestra generación pero la asignación de derechos de propiedad sobre el capital natural deberá tener en cuenta a los que están por nacer y le dejaremos el ecosistema destruido hoy.
Por todo esto el pago de externalidades por parte de las empresas que destruyen y descapitalizan el ecosistema debe ser tomando como base en la productividad del capital y los costos de oportunidad de la biodiversidad en un horizonte temporal futuro. ¿Cómo amortizar el capital ambiental no renovable?

¿Cómo medir la tasa de descuento inter generacional?El impacto ambiental futuro en términos económicos aumenta con la extracción de recursos no renovables tu PBI pero deprecia tu PNI ( “producto interno neto”). La venta de un activo que es agotable es una descapitalización tal que no debería ser contemplada como un ingreso, no es producción y además no genera valor agregado; deberíamos contemplarla como perdida de patrimonio. Los ingresos de capital por la venta del recurso que se perdió a un ritmo determinado de extracción debe ser convertida en una serie infinita de ingresos reales a futuro para compensar e igualar las perdidas. Pero cuidado si nos equivocamos y no dividimos la utilidad por el recurso extraído en la cuota parte que corresponde a ingreso y la cuota parte que es descapitalización o agotamiento del recurso a futuro tendremos menos riqueza para todos. Por eso definir ingreso y capital del recurso no renovable extraído es fundamental.
Esa parte que es capital debe ser separada de la economía de consumo e invertirla para crear un flujo perpetuo de ingresos intergeneracionales futuros. Esto hoy no se hace; porque la sociedad de consumo que los dueños del poder económico imponen no les sirve, pero esta discusión como naciones soberanas al sur del planeta que contamos con recursos excepcionales hoy tenemos que levantarla por la vida en el futuro. El valor económico de los bienes y servicios ambientales y de las externalidades depende de quién tiene el derecho de propiedad y la distribución del ingreso. Por eso investigar, discutir y gestionar los recursos del capital natural como un tesoro de nuestros hijos, nietos, bisnietos; es tan necesario como decirle a las trasnacionales que los recursos naturales son parte de nuestro patrimonio como naciones y los defenderemos soberanamente para que entender que somos en tanto los demás sean también y que es tiempo de para todos todo.