Y AL BRAIAN, ¿QUIÉN ME LO CUIDA? por Adriana Cabrera Esteve

“El orador, el maestro de escuela y la otra persona que se hallaba presente se hicieron atrás un poco y pasearon la mirada por el plano inclinado en el que se ofrecían en aquel instante, bien ordenados, los pequeños recipientes, las cabecitas que esperaban que se vertiese dentro de ellas el chorro de las realidades, para llenarlas hasta los mismos bordes”. Así describe Charles Dickens, al finalizar el primer capítulo de su novela Tiempos difíciles, publicada en 1854, la escena que “tenía lugar en la sala abovedada, lisa, desnuda y monótona de una escuela”. Con sutil ironía, Dickens, ya entonces, nos ofrece una excelente descripción de la concepción “bancaria” de la educación. Una concepción que supone que siempre es el educador quien educa, disciplina, habla, prescribe y decide qué conocimientos brindar, mientras que el educando es el que escucha, es disciplinado/educado, no puede elegir temas de su interés porque no está “preparado” para ello, ya que simplemente es un receptáculo vacío, una cabeza hueca.

Menos de un siglo después, el brasileño Paulo Freire nos dijo que no había educadores ni educandos, sino educadores-educandos y educandos-educadores; nos habló del hombre-mundo; de la necesidad de una relación dialógica entre las partes; de que no había cerebros vacíos, sino personas con diferentes experiencias y conocimientos, y sus propuestas, en vez de llenarla, nos dieron vuelta la cabeza. Freire había enseñado a escribir y a leer en 45 días a 300 trabajadores de la caña de azúcar con métodos alternativos. A partir de ese éxito se crearon círculos culturales en todo Brasil, y ese mismo éxito le valió ir a prisión cuando en 1964 los militares dieron un golpe de Estado en su país. Porque la educación que proponía era eminentemente liberadora y se enraizaba en las necesidades y saberes de su gente y de su tiempo.

¿Quiénes son los educandos-educadores de nuestro tiempo? Una niñez en la que se concentran las mayores cifras de pobreza de nuestra sociedad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2016, seis de cada 1.000 niños menores de seis años son indigentes, es decir, viven en hogares sin ingresos suficientes para cubrir las necesidades alimentarias básicas; en criollo, no tienen para comer. Según la misma fuente, 20% de los niños menores de seis años, la quinta parte de nuestra niñez, son pobres, o sea, viven en hogares en los que no es posible cubrir las necesidades alimentarias y no alimentarias básicas.

Niños y adolescentes son la mitad de los pobres

En menores de tres años la situación es peor: según el Monitoreo y análisis de los procesos de cambio de la Organización Panamericana de Salud, de 2015, 32% son pobres, es decir, la tercera parte. Este dato es importante cuando abordamos los temas vinculados a la educación, no sólo por la magnitud del problema, sino por las implicancias que tienen en el desarrollo de niños y niñas en sus primeros tres años de vida los estímulos, la motivación y los afectos. En especial, a la hora de crear las sinapsis y el desarrollo neuronal necesarios para aprender a pensar.

Según la misma fuente, niños y adolescentes son la mitad de las personas en condición de pobreza, 49,6%, en Uruguay. Esta situación, por crítica que sea, es sustancialmente mejor que la que teníamos hace diez años, en 2006, cuando 53,4% de los niños menores de seis años eran pobres.

Por otra parte, la incidencia de la pobreza está altamente correlacionada con las Necesidades Básicas Insatisfechas. Por eso, cuando hablamos de pobreza hablamos también de anemias, parasitosis, desnutrición, viviendas sin baño, sin saneamiento, sin heladera, sin cocina, sin agua corriente, sin mesa donde hacer los deberes, sin sillas. Madres que crecieron con iguales o peores carencias, y muchas veces, padres ausentes.

Si además de las familias en condiciones de pobreza miramos a las familias trabajadoras, nos encontramos con ingresos que obligan a la madre (por la división sexual del trabajo, patriarcado mediante) a “elegir” entre dejar a sus hijos menores a cargo de los hijos mayores o no tener forma de alimentarlos. La escuela y los CAIF vienen a resolver el problema durante cuatro horas, pero los padres deben resolver el cuidado de sus hijos durante el resto del horario en que se encuentran en su trabajo. Esta situación obliga a la madre, a veces, a “elegir”, ya que no le conviene salir a trabajar si debe gastar lo que gana en resolver el cuidado de sus hijos. Tampoco está previsto que los trabajadores interrumpan su jornada laboral para ir a buscar a sus hijos a los centros educativos. Esta situación exige que los padres hagan malabarismos con horarios de abuelas, tías o vecinas, o que los dejen volver solos, con los riesgos que eso implica. El transporte escolar tiene como criterio -acertado, por cierto- que debe haber en el domicilio un adulto esperando al menor de edad. O sea que si bien resuelve el traslado, no resuelve, y no sería lógico que lo hiciera, el posterior cuidado de los niños. Si la madre tiene grandes motivaciones para salir a trabajar o los beneficios económicos lo justifican, se desencadena una colección de llamadas telefónicas al menor que queda solo, para asegurarse de que esté bien en ausencia de sus padres.

El ingreso a la educación preescolar de los niños desde los tres años, si bien garantiza la universalidad del acceso a la educación, deja abierto el interrogante de cómo cubrir las horas de cuidado mientras los padres trabajan.

Las escuelas y los CAIF de tiempo completo, en cantidad muy insuficiente aún, vendrían a resolver ese problema. Sin embargo, se encuentran a veces con las resistencias que emanan de una falsa dicotomía entre educación y cuidado. Dicotomía que resuelven bien los colegios privados. Entonces, mientras los estudiantes del Crandon permanecen ocho horas en el instituto, reciben una educación integral en artes, deportes e idiomas, y apoyo escolar si lo requieren, los de la escuela pública vuelven a sus hogares luego de sus cuatro horas de clases, para estar encerrados, y destinan un tiempo riquísimo de su vida frente a una pantalla mientras consumen toneladas de farináceos.

Multidisciplinariedad e interinstitucionalidad

La idea de que los centros educativos no pueden extenderse por más de cuatro horas ignora el hecho de que la educación, como la salud, es mejor cuando es multidisciplinaria y asumida por diferentes actores, porque los educandos-educadores son unidades biopsicosociales indisolubles e inseparables a los que no podemos acercarnos por partes. Existen experiencias exitosas de abordajes interinstitucionales como la de Promotores de Meriendas Saludables, impulsada en conjunto entre la Intendencia de Montevideo, la Administración de los Servicios de Salud del Estado, la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas y la Administración Nacional de Educación Pública; o más reciente aún, el Proyecto Microorganismos Eficientes Nativos, llevado adelante en la escuela 319 del barrio Casavalle, en colaboración con la Universidad de la República; o el proyecto educativo, integral e inclusivo Sacude (Salud, Cultura y Deporte) en el barrio Municipal, en el Municipio D. El camino de la interinstitucionalidad y la multidisciplinariedad podría ser una solución a la hora de brindar a nuestra infancia y adolescencia cuidados, estímulo, afectos y formación permanentes el tiempo que lo requieran. Muchas instituciones pueden sumar fuerzas en esa dirección.

En cualquier marco, cuidar-educar constituye un binomio inseparable, y en situaciones de contexto crítico se transforma en un binomio imprescindible. Los padres cuidamos-educamos cuando al enseñarles a nuestros hijos a lavarse las manos o cepillarse los dientes les hablamos de bacterias, diarreas o caries; o hablamos del agujero en la capa de ozono cuando les aplicamos protector solar y sombrero para salir a la calle; o les enseñamos a observar el entorno y algunas reglas básicas de tránsito al cruzar la calle. En la salud cuidamos-educamos cuando le informamos a un paciente de las precauciones que tendrá que encarar luego del alta, o cuando damos información sobre cómo prevenir la enfermedad, o cuando promovemos su salud, o cuando en la sala de parto invitamos al padre a ser el primero en vestir a su hijo y lo estimulamos a asumir corresponsablemente el cuidado del recién nacido. Las instituciones de gobierno y la prensa cuidan-educan cuando nos dicen cómo actuar en situaciones de emergencia o cómo lograr una mayor eficiencia energética. Porque la comunidad educativa no son sólo los estudiantes y los docentes, o a veces los padres en escuálidas comisiones de fomento; la comunidad educativa son todos los implicados en procesos educativos de la sociedad, y el rol proactivo de los padres puede estimularse con políticas inclusivas.

Si partimos de esta base, cómo entender, entonces, las disquisiciones entre horarios destinados a la educación y horarios destinados al cuidado, o instituciones destinadas a la educación y otras al cuidado. Salvo como un mecanismo de defensa ante demandas o expectativas desmedidas a las que solamente los docentes no pueden dar respuesta, aunque los colocan, con frecuencia, en el ojo de la tormenta.

¿Cuidados u oportunidades educativas?

Hace poco, dirigentes sindicales señalaban que “los niveles más bajos en los aprendizajes y los altos índices de repetición” se presentaban en las “escuelas cuyos alumnos pertenecen a hogares pobres o de extrema pobreza”, y al mismo tiempo marcaban sus reticencias ante las escuelas de tiempo completo como forma de mejorar los aprendizajes porque “no es cierto que supongan más horas de enseñanza”. “Los tiempos que insumen las ingestas diarias (desayuno, almuerzo y merienda) dejan casi la misma cantidad de horas que en una escuela común”, afirmaban. Lo que no parece estar en la ecuación es que las instancias de cuidados abren posibilidades infinitas de intercambio de saberes.

Otras reticencias podrían encontrarse en el hecho de que cuidar ha sido un trabajo tradicionalmente no remunerado y femenino. Aun hoy, el último Mapa de Género de Uruguay elaborado por el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Uruguay, a partir de datos del INE, señala que mientras que la mujer trabaja 36 horas semanales no remuneradas y un promedio de 37 remuneradas, el hombre trabaja 19 horas semanales no remuneradas (casi la mitad que la mujer) y 44 remuneradas. O sea, mientras que la mujer adquiere maestrías en el ámbito de lo doméstico, el hombre las adquiere en el mundo de las interrelaciones sociales. Esa cultura patriarcal del trabajo posiblemente tenga como consecuencia una subvaloración de las tareas para las que antes “no se precisaba formación”, vinculadas a la reproducción de la vida. La invisibilidad del trabajo no remunerado de la mujer posiblemente esté también en la base de la lentitud con que nuestra sociedad se mueve hacia un camino de soluciones para las mujeres y, fundamentalmente, para la infancia y la adolescencia.

Estamos en un período de cambios importantes vinculados a la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Sería bueno tener en cuenta la cotidianidad de los uruguayos a la hora de diseñar su articulación con el sistema educativo.

Publicado en La Diaria 19-4-17

¿Te preocupan las desigualdades? Te invitamos a conversar sobre ellas

¿Te preocupan las desigualdades de género, de étnia, de generaciones, económicas o simplemente por ser diferentes? Vení a conversar sobre ellas. Te invitamos a una mesa redonda sobre desigualdades con Mauricio Da Rosa, Soledad Salvador, Beatriz Ramírez, María José Bagnato y  Cecilia Rossell. Moderará Pablo Anzalone. Es el miércoles 15 de marzo a las 19 hs en el local de la Coordinadora B, Juan Paullier 1087 esq. Maldonado.

Te esperamos

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PRIMERA INFANCIA, VERGÜENZA NACIONAL (II): POR IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Por Jorge Bentancur
La principal riqueza que tiene un país es su gente. En el Cerro y Municipio A nacen 4000 niños por año, somos la cuna del país. El 57,2 % nacen en hogares pobres, es decir que 2300 niños por año de nuestro barrio están en riesgo de tener un retraso mental.
Uno piensa que un pobre es simplemente una persona que no tiene plata pero no es así. El pobre que no tiene para alimentarse es también pobre en amigos, en afectos, en historia, en entusiasmo, en lenguaje.
Hace unos años con un concejal y amigo estábamos haciendo un trabajo social en el Cerro Norte,llegó el día de cumpleaños de uno de los líderes de ese barrio y nos invita a comer asado para festejar. El era una de las llaves que nos permitía el ingreso sin problemas en determinados territorios. Una vez en su casa, comienzan a desfilar compinches del lugar que no estaban invitados al cumpleaños, el les había dicho que vinieran para mostrarles que tenía amigos. Así que tengamos en cuenta: tener amigos es una riqueza incalculable.
Una familia pobre utiliza en promedio 180 palabras para comunicarse, mientras que normalmente se usa entre 2000 y 3000 palabras de promedio.
En una ocasión que fuimos a Maracaná Sur para realizar un taller de salud, los anfitriones eran una familia muy numerosa y conocida del lugar. Resultó que los que vivían en la precaria vivienda que nos recibió con puertas abiertas al resto del barrio, no existían, no tenían ni cédula, ni partida de nacimiento, con carencias de todo tipo y sin acogerse a ningún plan. Logramos coordinar con un funcionario que fue al lugar para registrar su existencia y así pudieran acceder a los derechos que les corresponde. Cuando vamos a constatar las cédulas tenían como apellido el sobrenombre. El funcionario se hizo un entreveró porque no había podido entenderles debido a que el vocabulario utilizado era muy limitado y no tenían idea de nada. Estamos hablando a pocos metros de Cibils y la Ruta 1. Es que la desnutrición y la malnutrición provocan dificultades en el desarrollo de las personas, son , un problema tremendamente complejo.
LAS DIFERENCIAS SON NATURALES, LAS DESIGUALDADES SON SOCIALES
La desigualdad comienza en el vientre de la madre. Depende del medio ambiente adecuado donde nacen, de la alimentación. La etapa del embarazo y los primeros años de vida son fundamentales.
El 80% del cerebro crece el 1º año de vida. Cada uno al nacer tiene una información o programa genético que es nuestro DNA. La idea de un concepto de igualdad de oportunidades radica en que todos puedan expresar este programa genético. Una buena nutrición y estimulaciones afectivas y medioambiente correcto van a permitir que se exprese al máximo ese potencial de desarrollo genético.
El cerebro de un bebé cuando nace pesa 300 gramos, al año anda por 800 y a los 2 años alcanza al peso máximo de 1000 gramos. Es el órgano que se desarrolla más rápidamente si le damos nutrientes, seguridad afectiva y estímulos. De lo contrario tendremos muchos niños con retardo mental en primaria que no podrán comprender, con problemas de conducta y retrasarán al resto de la clase, toda esa historia que bien sabe un maestro del oeste.
Hace 10 años que en el Cerro existe la Red de Primera Infancia planteando esta problemática y parece que a los gobiernos no les interesa actuar seriamente sobre la raíz de esta problemática. Hablan de los índices de repetición y no visualizan que los niños tienen dificultades intelectuales por la falta de desarrollo de su cerebro. Plantean los problemas de seguridad y no se vincula a jóvenes nunca recibieron amor sino violencia y agresión.
En los últimos años se han incorporado gradualmente los programas: Uruguay Crece Contigo, Jóvenes en Red y Cercanías del MIDES que seguramente se suman positivamente a los Centros CAIF(Centro de Atención a la Infancia y a la Familia).Pero los CAIF que hay en la zona son insuficientes para contener los niños que crecen en la calle, y estamos aburridos de promesas incumplidas: en 2005 prometieron 23 nuevos y no hicieron ninguno, en 2010 prometieron 15 nuevos y nos hicieron 2, ahora prometen 27 CAIF nuevos para municipio A en este quinquenio ¿cumplirán? En 2012 la organización de usuarios de salud del Cerro consiguió un terreno donado de 1000 metros cuadrados en Camino de las Tropas y Ruta 1 porque dijeron que les faltaban terreno, entonces la Arquitecta de Plan CAIF dijo: “si quieren que les haga uno en ese lugar no les hago el otro”, una verdadera tomadura de pelo. Después nos enteramos que para cumplir la cuota de 100 en todo el país habían hecho donde era más fácil conseguir el terreno y la personería jurídica que se hiciera cargo, fue así que en un lugar que tenía capacidad ociosa terminó concurriendo hasta el hijo del intendente. Los CAIF es una respuesta a partir de 2 años, que ahora se piensa bajar a partir de 1 año. Lo cual es insuficiente para revertir la situación.
No alcanzan los programas muy focalizados, necesitamos políticas generales y además planes territoriales que actúen sobre los problemas comunes. Hay que reconocer, como hizo el INE en estos días, que la segregación territorial, la concentración de la pobreza en la infancia y en determinados barrios sigue. Se hizo mucho pero no alcanza. Revertir la pobreza infantil y actuar sobre la fractura social que separa unos barrios de otros, no es una cuestión que pueda esperar.
Un problema grave de la infancia es todo lo vinculado al neurodesarrollo. Las capacidades intelectuales de gran parte de nuestros niños están comprometidas y esto tiene pocas posibilidades de ser revertidas sino actuamos de 0 a 3 años.
Todos los niños de la zona tiene dificultades a ser vistos por especialistas. En el programa SERENAR para recién nacidos de alto riesgo, existe gran preocupación, como nos hacen saber los médicos que allí trabajan, porque han derivado muchos casos y la espera es hasta de 2 años sin tener una respuesta, lo cual resulta ridículo o totalmente inhumano.
Los bebés pobres no tienen sindicato y no reclaman, tampoco hacen ganar dinero a los que se preocupan por ellos, y no votan.
La clase política, los que toman las decisiones y los que las ejecutan deberían entender que invertir en los niños no nos da dinero pero nos dará en el futuro un país de primera. No hay desarrollo sin el desarrollo de nuestra gente. Todos debemos sumarnos a esta justa causa.

Primera infancia, vergüenza nacional

Por Jorge Bentancur
Corrían los años 50, el país se había enriquecido gracias a la guerra mundial. Mientras Europa atravesaba una de las mayores hambrunas, Uruguay aumentaba las arcas del tesoro nacional vendiendo alimentos a los países en guerra. Un rol fundamental había desempeñado la industria de la carne. El Frigorífico Nacional en el cual mi padre trabajó 40 años, enlataba todos los productos derivados de la carne, además de dulces, frutas y legumbres. En los frigoríficos emplazados en la barriada Cerro-Teja, llegaban a trabajar 12.000 vecinos. Cada trabajador recibía dos kilos de carne por día como beneficio social, lo cual equivalía a un consumo aproximado de medio kilo por persona.
La calle Grecia era una romería, las familias paseaban mirando vidrieras de comercios de todo tipo que también eran fruto de la prosperidad. El punto culminante era la heladería “Esteban” que con su fórmula secreta preparaba exquisitos helados para paladear no solo los cerrenses sino los visitantes de distintos barrios que venían a confirmar lo que la fama alcanzada difundía por Montevideo.
El Duna Hotel alojaba turistas, sobre todo en el verano, casi sobre la playa más destacada del Oeste con zona de pesca incluida.
En setiembre de 1950 surge una Comisión de Vecinos que patrocina ante la población cerrense la instalación de un hospital, una escuela industrial, un liceo de Enseñanza Secundaria, un mercado vecinal, oficinas públicas, parques de recreo y deportivos, alumbrados, viviendas económicas, etc…
Se considera oportuno realizar una exposición demostrativa sobre las necesidades locales.
Bajo el lema “El Cerro merece tener en obras algo de lo mucho que con su aporte dio al tesoro nacional”, tiene lugar la exposición organizada en la parte ejecutiva por Luis Vaia, el 7 de marzo de 1951 en la sede de la Sociedad Filantrópica “Cristóbal Colón”, ubicada en Grecia y República Argentina.
A partir de allí la Comisión de Fomento Edilicia y Social del Cerro se propone fundar un liceo para los hijos de los trabajadores. Algunos Consejeros de Secundaria opinan “¿para qué quieren estudiar los hijos de los obreros?”, se llega a decir que eran material de descarte. Luego sucedió que entre los primeros egresados del Liceo 11, el Dr. Tabaré Vázquez sería dos veces Presidente de la República, para los contras que decían que los hijos de los trabajadores no podían llegar.
Con muchas idas y venidas la Comisión Pro Liceo, logra comprar el Duna Hotel y transformarlo en un liceo. La comisión de vecinos logra acceder a un crédito bancario por la garantía que firmarían el Dr. Harretche y el boticario Etchesarre, dos célebres vecinos de nuestra barriada.
No solo la comisión pagó el préstamo con riguroso cumplimiento sino que trabajaron arduamente todo un caluroso verano para poner en condiciones el hotel y que pudiera abrir sus puertas para comenzar a dictar clases el 2 de mayo de 1953. Luego que el proyecto se transformó en una hermosa realidad, en la década del 60, los mejores profesores elegían el Cerro para enseñar a los hijos de los trabajadores.
Nosotros fuimos los privilegiados que recibíamos educación en un liceo de primera que cada año se mejoraba con el aporte de padres, alumnos, profesores y la comunidad toda.
Fue así hasta que llegan los años tristes de la dictadura y la mayoría de los profesores fueron destituidos. Eso significaba que ya no podrían impartir clases en liceos públicos, pero sí se les permitiría dar clases en los liceos privados para instruir a las clases dominantes.
En esa triste época cierran los frigoríficos, desaparecen las fuentes de trabajo y el barrio se transforma en una ciudad dormitorio. También comienza la época en que la carne se exportará desde los mataderos solo como materia prima y no como producto industrializado. Nada fue por casualidad.
A la esposa del dictador de turno se le ocurre traer cantegriles enteros para los núcleos de vivienda evolutiva construidos en Cerro Norte. Casas prefabricadas de techo liviano, muchísimo más caras que las viviendas dignas de ladrillo que construían las cooperativas. Vaya a saber quién se quedó con la diferencia.
Vecinos organizados en un grupo pre cooperativo necesitado de vivienda (COVICENOVA), deciden ocupar las casas apoyados por el Comité Vecinal del Cerro. Días después serían desalojados brutalmente y concretado el traslado del cantegril con el objetivo de romper la identidad de una barriada solidaria.
Mucha agua ha pasado bajo el puente, hoy nuestros nietos reciben en los mismos lugares que fuimos nosotros, una baja calidad de educación.
El barrio más rico socialmente de Montevideo es una de las zonas más marginadas.
Somos la cuna del país, nacen 4.000 niños por año en el Municipio A. La mitad corre riesgo de que no le crezca el cerebro como corresponde en el primer año de vida por falta de alimentación adecuada y de estímulos afectivos. Sus madres muchas veces tienen trece o catorce años y son niñas de hogares muy marginados en todos los sentidos de la vida.
Estos niños no solo serán víctimas de la desigualdad de oportunidades, sino que con esa gran discapacidad intelectual y afectiva, pronto se le cerraran muchas puertas de la vida y perderán la libertad, porque serán esclavos de otros que sí tuvieron todas las oportunidades o la suerte de nacer en otros barrios. Porque no es lo mismo una escuela pública en el Cerro que en Punta Carretas. La mejor escuela privada del Cerro no se podrá igualar a la escuela pública de otras localidades del este de Montevideo.
La comunidad cerrense ha desempeñado un rol activo que no solo se ha quedado en la denuncia y el reclamo de estas situaciones. Por mandato de los vecinos organizados, hace diez años que la Organización de Usuarios de Salud del Cerro fundó la Red de la Primera Infancia para buscar solución a estos problemas a través de la interdependencia.
En el 2006 se realizaba la primera feria de los bajitos en el Hogar del INAU de la Boyada, allí las autoridades de la época se comprometían con 25 CAIF nuevos para la zona. Al final de ese quinquenio no se había concretado ninguno. En el 2010 se prometieron quince CAIF nuevos, solo se concretaron dos.
Este año 2015, nos prometen 27, pero ya nos avisaron que de los 180 proyectados en todo el país para el quinquenio, el Ministerio de Economía dijo que sobre ese total se recortaran 20.
Yo me pregunto: ¿si fueran los nietos de las autoridades del gobierno los que corrieran el riesgo de no poder desarrollarse adecuadamente qué harían?
Los CAIF son una escuela para padres, un lugar para contener a los niños a partir de un año para realizar políticas integrales de desarrollo. Este es un problema complejo que no se soluciona con la varita mágica de los CAIF ¡Es lo que hay hoy! Pero de cero a un año, el período fundamental para el crecimiento de las neuronas y el cerebro, ¡no se les ha ocurrido nada!
Hoy, anuncian que con el Sistema de Cuidados está previsto el aumento de la licencia por maternidad. ¿De qué estamos hablando? ¿No se dan cuenta de que la mayoría de las jóvenes madres no tienen trabajo? ¡Basta de mirar para el costado! Nosotros tenemos una mesa de trabajo permanente por este tema, el Ministerio de Salud, el de Desarrollo Social y el de Educación deben participar y hacerse cargo.
Si la sociedad sigue reponiendo la población con bebés que no tendrán la oportunidad de desarrollarse física y afectivamente ¿De qué Uruguay 2030 estamos hablando?
Señor Presidente, Usted ha manifestado que la primera infancia es prioridad nacional, lo cual celebramos positivamente. Pero esta manifestación debe tener una concreción. Instamos a Ud. a poner las cosas en su lugar. No hay política pública que pueda desarrollarse si no tiene un reflejo acorde en el presupuesto y está claro que no lograremos un Uruguay equitativo, si no comenzamos a solucionar, aquí y ahora, las profundas desigualdades que se producen desde la cuna.