TODOS SON NUESTROS HIJOS Un recuerdo de Olga Ramos por Adriana Cabrera

Todos la identificamos como “la abuela de Soledad” porque junto a la búsqueda de su hija Ileana García, y su yerno, Edmundo Dossetti, detenidos desaparecidos el 21 de diciembre de 1977, en Buenos Aires, Olga tuvo que enfrentar, con éxito, la recuperación y educación de su nieta. También tuvo que darle respuestas. Soledad preguntaba y sus preguntas fueron adquiriendo profundidad a través de los años. Así se fue enterando de lo que, muy dentro de ella, ya sabía. “Nunca le mentimos”, me cuenta, “porque si nosotros le mentíamos, ¿en quién iba a confiar? Le decíamos que sus padres querían estar con ella pero que no los dejaban”. Alguna vez manifestó temor. Cuando su abuela viajaba a Buenos Aires, una vez a los cuatro años, le pidió que no fuera. “Tengo que ir a buscar a papá y a mamá, le decía, porque yo tenía esperanza. ¿Cómo iba a pensar que alguien fuera capaz de matarlos?” “Y si te llevan a vos ¿con quién me quedo yo?”, le preguntó su nieta.

Recuperarla había sido “muy arduo”. “Esa noche cuando los militares le hicieron abrir al portero ellos estaban por cenar”, nos cuenta, “eran las once u once y media. Entraron con violencia, los bajaron por la escalera a golpes, empujones y patadas. Ileana empezó a gritar: qué van a hacer con mi hija. Se ve que se aferraba a ella. Los vecinos vichaban por los visillos como podían. Oyeron las cachetadas y los golpes hasta que la arrastraron al ascensor desvanecida. A Soledad se la dieron al portero. Dijeron que le iban a avisar a los abuelos para que la vinieran a buscar. Pero nadie nos avisó. Cuando pasaron tres días, el vicepresidente del consorcio le escribió una carta al padre de mi yerno. Enseguida vino mi consuegra a avisarme y nos fuimos a Buenos Aires. Soledad ya no estaba. Fuimos al juzgado. Gasté en abogados y escribanos porque no sabía qué pasos dar. Después me acordé que Ileana me había dicho: mami si nos pasa algo andá a Suipacha 280. Era el ACNUR. Pero en ese momento no me acordé. Primero fuimos al juzgado y la jueza nos dijo que la nena estaba en la Brigada Femenina de San Martín. Era una bebé de siete meses y no tuvieron la sensibilidad de ponerla en una casa-cuna, la pusieron en una cárcel de mujeres. Cuando fui allí, Soledad ya no estaba. Las milicas me hicieron el cuento, y me dolía cuando entraban y se persignaban ante la virgen y después hacían las cosas que hacían. Me dijeron que se la habían dado a una familia y después no me la traían. Recién la recuperé el nueve de enero. Me seguían. Yo nunca presté atención porque no tenía miedo de nada. Pensarían que me conectaría con alguien. Yo estaba simplemente desesperada y desorientada. En el hotel me habían dicho que me seguían unos Ford Falcon cuando salía. Pero yo no veía a nadie. Iba a las embajadas como me decían. Los muchachos de los juzgados de San Isidro me daban trencitos con alguna indicación. Pobrecitos, vaya acá, vaya allá, me decían arriesgándose. Un día vinieron a buscarme los milicos aunque yo no les había dado la dirección y me dijeron que ya tenían a la nena que podía ir a verla. Fue en vísperas de Reyes, yo le había comprado un juguete. Cuando la vi, le dije: Soledita, que era como la llamaban sus padres,¿me das un besito? Porque Ileana, ese mes que yo estuve, le estaba enseñando a dar un besito. No sabés lo que fue, el salto que dio. Reconoció la voz, reconoció su nombre. Uno cree que no se acuerda de nada, pero dentro de ella está todo ese daño que le hicieron, la violencia con que golpearon a su madre, la violencia con que irrumpieron en la casa, la violencia de separarla de todo, de estar quién sabe con quién, de ni siquiera darle su verdadero nombre. Ella ya decía papá y mamá. El padre como trabajaba todo el día, cuando llegaba a la casa le decía a la madre: dejame que la baño yo, si no, no se va a enterar de que tiene padre, el flaco era muy alto y la ponía en el antebrazo, le cantaba canciones y le echaba agua. Ileana le tomaba el pelo diciendo que no tenía tono, de mañana se levantaba temprano a prepararle la mema y se la llevaba a Ileana para que se la diera”.

Olga tuvo que esperar al diez de febrero para tener a su nieta. Tenía una fotocopia del DNI de Soledad, fotos y además, los vecinos atestiguaron que se trataba de su abuela. “Todo eso me ayudó”, continúa, “la jueza decía que las autoridades declaraban que los padres no estaban requeridos”. Olga podía tenerla pero no sacarla del país. “Estábamos viviendo en el altillo de una pensión. Un día fui al juzgado y había otra jueza, mi lucha en ese momento era por restituir a sus padres a Soledad, nunca pensé que alguien los hubiera matado. Me costó años convencerme. Ella me dio un papel que me daba la guarda, yo no sabía que era dentro de Buenos Aires solamente. Ahí me ayudó la ignorancia, ella me dijo ¿se anima a irse a Montevideo con Soledad? Cuando fui a comprar los pasajes el señor de la agencia me dijo, usted con esto no puede sacar a un menor del país, y yo le dije: la jueza me dijo que sí. Y él me dijo, yo no tengo inconveniente en venderle el pasaje, pero la van a hacer volver de Montevideo. Y cuando llegué acá le pasé a Soledad a mi marido por arriba de la barandita para yo ir más fácil al mostrador a hacer los trámites, y ahí salimos. No teníamos plata para un taxi y nos vinimos en ómnibus con la nena. Después cuando fui a ver al cónsul, él me dijo que lo que yo había hecho era un secuestro”. Olga volvió a Buenos Aires para hacer los trámites pero nunca más con Soledad.

Ella y su esposo habían sido blancos de Erro. Un día, sin ponerse de acuerdo, ambos se hicieron frenteamplistas. Quizá por eso entendieron que su hija luchara contra la dictadura. “Ileana tenía diecisiete años cuando conoció al Flaco. Un 25 de abril, lo conoció en el parque. Cuando vino la democracia supimos que eran del GAU. No sé si por suerte, pero no sabíamos nada. Yo veía que hacían cosas, veía a los compañeros en su casa, pero qué les iba a reprochar si estaban haciendo lo más digno. Ellos estaban siempre pensando en volver. Aunque él tenía un buen trabajo. Yo estuve con ellos todo el mes de noviembre del 77 porque Soledad cumplía seis meses y el Flaco, cumplía 25. Quise estar con ellos y me tomé las vacaciones en noviembre”. “Cuando regresé, Iliana todos los días nos escribía un poquito porque no quería que nos perdiéramos los adelantos y las gracias de Soledad. Él siempre escribía algo al final. La última carta fue el 21 de diciembre del 77.”

Cuando le hablo de su participación en Familiares me cuenta que fueron Luz Ibarburu, María Esther Gatti y Violeta Malugani las que los contactaron. La decisión de buscar juntos a los desaparecidos fue algo que Olga y su esposo tuvieron que pensar unos días. No tenían miedo por ellos, tenían miedo por lo que le pudiera suceder a Ileana y su compañero en caso de estar vivos. Sin embargo se integraron y fueron fundadores de la agrupación. Luego de recuperada la democracia recibió algo de información sobre el destino de su hija. “Adriana Chamorro, una detenida política, cuando terminó la dictadura argentina nos llamó por teléfono desde Canadá y nos dijo que había estado con Ileana en un calabozo cuatro o cinco meses hasta el 28 de junio cuando se la llevaron. Después vino a Uruguay e hicimos la denuncia ante la comisión investigadora del Parlamento. Volvió también hace un tiempo cuando pretendíamos la extradición de (ex marino Jorge) Tróccoli porque sabíamos que era el responsable de la desaparición de mi hija y mi yerno. Pero alguien lo ayudó. No sé quién”. Olga es una de los familiares que denunciaron cinco o seis traslados clandestinos a Uruguay de cerca de cuarenta uruguayos detenidos en Argentina entre 1977 y 1978 ante el juez Luis Charles. La causa tuvo como resultado la condena de Gregorio Álvarez y Juan Carlos Larcebeau. “Hubo condenados, pero Tróccoli que era el responsable directo huyó” me dice. Una investigación administrativa atribuyó la responsabilidad al ex embajador en Italia, Carlos Abín quien fue por esto separado del cargo.

Conversando sobre la situación actual, Olga afirma que “el Estado tiene que hacerse cargo. Me dio fastidio cuando Mujica dijo que no quería que esos pobres viejitos murieran presos. ¿Y de estos pobres viejitos?”, pregunta y se señala a sí misma, “que nunca le tiraron una piedra con una honda a nadie, que lo único que han hecho fue luchar por restituir la democracia y por sacarlos a ellos del aljibe donde estaban bebiendo orines, ¿no merecen la compasión de él? El gobierno tiene obligaciones con nosotros. Mi esposo murió llamando a su hija y confundiendo todo el tiempo a Soledad con Ileana. En esta casa no se dejó de nombrar un día a mi hija. Estoy sentada aquí y me parece verla entrar. Tendrían que haber tenido más respeto. El otro día, (en el Batallón 14), para mí fue horrible ver aquel cuerpito tirado boca abajo. Porque todos los que encuentren son nuestros hijos”.

Publicado en No te olvides

¿HASTA CUANDO DEBEMOS BUSCAR LA VERDAD?

Sr. Guido Manini
Que hermoso es nuestro País Uruguay, que nos gusta y practicamos la CERCANIA. En estos días, muestras claras de ese valor fue lo de Victoria, esa niña que donó sus ahorros para el fondo de ayuda contra el coronavirus. Luis, el presidente actual, tuvo el gesto de invitarla a la torre ejecutiva, para agradecerle personalmente. Ese mismo presidente que cuando Virginia, una maestra de escuela rural, le escribió una carta dando sus razones, de por qué ella cree, “que no están dadas las condiciones para el comienzo de las clases en las escuelas rurales”, el presidente la llamó por teléfono para dialogar.


Desde el distanciamiento social que me toca vivir en estos días, cuidándome para cuidar a Dora, mi mamá de 90 años con la que vivo, y cuidar a aquellos con quienes me toca compartir la cotidianeidad. Apoyando en lo que puedo, y rezando por las personas que, por su trabajo, están sirviendo arriesgando el contagio, como los trabajadores de la salud, los recolectores y recolectoras de la basura y muchos funcionarios públicos. Al igual rezo por los demás trabajadores y trabajadoras, particularmente aquellos que tendrían que estar en casa, pero las injusticias en nuestra sociedad no les permiten hacer lo que hay que hacer, porque hay que traer el pan a casa, y por los que andan a la vuelta de las ollas populares.
Manini, desde el distanciamiento físico, busco la cercanía en la comunicación.

Me llaman y me llamo Nacho. No soy político como lo es usted, pero si nos une este país de cercanía y la misma fe cristiana católica. Como sus expresiones fueron públicas, y su participación en unas cuantas misas también han salido en la prensa y las redes sociales, me comunico públicamente. ¿Con que fin? Compartir con usted mi experiencia de vida y de fe. Quizás pueda servir para usted o para alguien.
Me presento desde qué zapatos le hablo. Soy del departamento fronterizo de Cerro Largo. Donde la mayoría hemos contrabandeado algo o, al menos, nos hemos beneficiado con las diferencias de precios y de productos en la frontera. Mis padres me criaron con los dos negocios, el formal que paga impuestos y es la cara del otro negocio de “exportaciones” ja ja ja.


Como decía Walter, mi papá, “los comerciantes generalmente no es bueno que tengan una visibilidad política, porque necesitan de clientes de todos los colores”. Cuando toca colaborar, dentro de las posibilidades, sin prensa, es bueno colaborar con todas las agrupaciones políticas que pidan algo. Algún día se puede necesitar algo de ellos… Esta fue la educación laboral y política que me tocó vivir en casa. Sabiendo que en la familia el 99% votaba al Partido Nacional. Y unos cuantos tíos y primos fueron soldados. Uno llego a ser cabo. Y Richard, que fue uno de esos amigos como hermano de la juventud, llegó a tener estudios superiores en el ejército. Le digo su apellido Lence, de Melo, que falleció hace unos años, sepultado en Tacuarembó. Quizás usted fue a su velorio, en el cual su hijo, con el que somos tocayos, fue inspirado a decir lo que pensaba sobre “la muerte de su padre en los cuarteles”.


Tengo 55 años, para seguir presentándome desde donde me comunico. También como ciclista que fui, sentí una pena una vez que “el Goyo Álvarez” vino a inaugurar una obra pública, en mi ciudad, y entregaba el primer premio al mejor ciclista. En esa carrera me sacaron dos vueltas y no me quedó foto alguna con el “presidente”, de un campeonato de barrios que ganamos.
Sí tuve la gracia de ser vecino de cuadra con Jorge, hasta hoy, un diputado del Partido Nacional, y a la vuelta de la manzana vivía Tito, del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro y la familia Larrosa del Partido Colorado. Digo gracia, porque, si bien, mi familia era blanca, nunca hubo fanatismo y siempre nos educaron en el respeto al que piensa distinto. Y es exigente y bueno, cuando el que piensa distinto es un amigo, un vecino o un familiar.
Bueno, pero le quería contar que mi papá fue preso hace como 50 años. En esos tiempos yo era niño y no es fácil olvidar. Y ahí aparecen las diferencias que tengo con usted por calzar zapatos diferentes. Le cuento que mi papá siendo blanco de corazón, sin manifestarse públicamente, por su teoría de comerciante “que había que estar bien con todos”, fue preso porque lo agarraron con un cargamento de cuero de nutrias.


De Río Branco lo trasladaron a Melo y ahí lo recibieron los que recibían a los presos políticos. Y querían que mi padre “cantará”, según ellos, para el bien del país. Y mi padre no podía cantar “porque no sabía nada de la música que ellos querían escuchar”. Y pasó lo que hacían que pasara los directores de la orquesta, que quería hacer “cantar”; ellos tenían sus métodos de escucha, y a mí papá, que era un varón muy activo sexualmente, los maestros de música le cambiaron la vida… lo que con los años lo llevo al suicidio. Nunca el habló de ese tema, y murió votando al Partido Nacional. Teniendo la gran alegría cuando Luis, padre, fue presidente.


En la noche más oscura puede encenderse una luz. La luz es siempre verdad. Le cuento que una de las experiencias más profundas de mi vida fue un encuentro de reconocimiento y perdón. Después de la muerte de mi padre, se acercó un hombre y me dijo: “Quiero que me escuches no como cura que sos, porque no soy de tu iglesia. Quiero que me escuches como hijo de Walter. Nunca le pude pedir perdón a él y yo sé bien, por qué se quitó la vida. Ahora tengo un cáncer y me dieron pocos meses de vida”. Se puso a llorar y me abrazo por un largo rato. No dijo más nada, y a mí no me salió palabra alguna. Pero creo que mi silencio, abrazo y mirada, le hicieron llegar lo que él buscaba. Es lo más hermoso en la vida liberarse o ser parte de la liberación de alguien. 

Este soldado no fue director de orquesta, porque creo que los directores estaban en Montevideo, pero, por ser sargento, “hacía cantar” al servicio de sus jefes, y sentía el gozo de usar algún instrumento como su fusta o botas y más…

Manini, por eso de esta carta a usted que se pregunta: ¿hasta cuándo? Desde esa experiencia vivida, podría responder HASTA QUE TODOS SEAMOS LIBRES. Y es la VERDAD la que nos hace libre. No son palabras de este pobre hombre que se ata y desata, son palabra de ése que nos une en la misma fe a todos los cristianos (Juan 8, 32). Ese Jesús al cual recordamos en este tiempo Pascual central de nuestra Fe “desatándose, corriendo la piedra, saliendo del sepulcro, apareciendo resucitado, para que creamos en la resurrección”. Y que hagamos de esa fe, una práctica de liberación. ¿Hasta cuándo? Hace unos dos mil años que Dios mismo nos viene diciendo esto, y será hasta el fin de los tiempos. La liberación de nuestras faltas y la liberación de quienes nos perjudicaron es lo que más humaniza. Es la experiencia más liberadora, la del perdón, pero el perdón comienza con la verdad, con el reconocimiento de nuestros errores y enmendar lo que es posible.

Cualquier abuso, nos deshumaniza y debe ser puesto a la luz.
Y aquí también podemos “sacar los trapitos al sol” de nuestra misma institución Iglesia Católica. Que doloroso es cargar con la mochila histórica de los horrores, que se han hecho juntando la cruz con la espada o con los poderes políticos… Y más recientemente, lo públicamente conocido de los abusos a menores y de manejo corrupto de donaciones y de poder. Continuamente nos hacen tener la humildad de pedir perdón y de no condenar eternamente a nadie, ni a ningún movimiento o institución. Es una mochila pesada la de nuestros errores personales e institucionales, pero que llevada en verdad, nos puede acercar a todo el que busque vivir en verdad. La Verdad nos hace humildes y libres. Algunas de esa cosas que salen a luz son de hace 500 años, y otras desde hace 50 años… Abusos que, a veces, son tan horribles que son árboles podridos, trozados, que tapan el bosque que también creció y dio sus buenos frutos en silencio.
Escucho con usted la Palabra Bíblica de este día: Jesús se aparece resucitado y le ofrece la Paz. Ellos los discípulos, no lo reconocen, sienten miedo… ellos habían traicionado a Jesús. Creen que la paz es algo espiritual solamente. Y él se presenta muy humano mostrando sus estigmas de la tortura y crucifixión vivida. La paz de Jesús no borra ni olvida, la paz se vive con memoria, verdad y liberación. Les pide un pez, quiere compartir su mesa. Que significaba reconocerse como amigos. Ellos lo aceptaron y creyeron en este nuevo modo de presencia de Dios, y se trasformaron en los testigos. (Lucas 24, 35-48)

Manini, a eso somos invitados los que hemos sido llamados por Jesús, y con humildad queremos seguir sus pasos. “Ustedes serán mis verdaderos discípulos, si escuchan mi palabra, y la ponen en práctica. Entonces conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Juan 8, 31).
Tenemos que salir de nuestros sepulcros, de nuestras programaciones familiares y culturales, salir de nuestros uniformes de trabajo o religiosos y poner, sobre todo, la VERDAD como comienzo de todo auténtico encuentro. Tenemos que, unos a otros, ayudarnos a liberarnos. Hasta que aparezca el último desaparecido, hasta que los abusos de todo tipo, escondiendo la verdad, sean destapados. Creo que se puede llegar a ser elegido como presidente de un país, habiendo matado al que piensa diferente, habiendo robado bancos… Creo se puede llegar a ser Santo, como San Pablo, que persiguió y mató a mucha gente inocente por una creencia diferente…y luego, reconociendo sus horrores y viviendo una vida liberadora, incluso libre de la muerte de los que quieren imponer lo que piensan y creen.
Como dice Francisco, el papa, “los humanos perdonamos un poco, pero Dios lo perdona todo…” 

A ese Dios, le gusta dar unos “batacazos”, sorprendiendo a los incrédulos, derramando su gracia en proporción al pecado, “cuanto más pecado más gracia”, y por lo tanto, es capaz de elevar muy alto a quien cayó o eligió estar bien abajo. Por supuesto que tiene que haber la voluntad personal, que es un SI, que da el primer Paso Pascual, reconociendo la Verdad.
Me despido con las palabras de Nelson Mandela: “Cuando dejamos que nuestra propia luz ya no brille, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo”. Yo diría ahora: “cuando hacemos brillar la luz de la verdad, estamos dando la posibilidad a que otros enciendan su propia luz”. Por eso comparto mi testimonio de fe con usted, sobre lo antievangélico que es “pasar la página, sin la verdad”.

Nacho
Melo, 16 de abril de 2020

“EL LOCO” DUARTE por Ignacio Martínez

“¡Qué vida de locos, ésta”- dijo LEON DUARTE una vez, en la clandestinidad, buscado por todo el país. Y agregó “pero que linda vida, ¿no?”.

En la década del 50 eran pocos los que soñaban en formar un sindicato en FUNSA, el feudo de Pedro Saénz, donde el despotismo, la prepotencia y la humillación del obrero eran pan de cada día. Uno de aquellos soñadores era Duarte, “el loco”, como le decíamos desde nuestro inmenso cariño.

Primero fue luchar contra el patrón de revólver a la cintura, que se paseaba a caballo por la fábrica, como capanga. Después fue la lucha contra los amarillos y alcahuetes. Finalmente se trató de poner en la raya al directorio de los hampones, parándole el carro a Fernández Lladó, Einoder y Cambón.

Larga fue aquella lucha. Pero en los años 60 ya el sindicato había logrado unir en torno suyo a todos los trabajadores, incluyendo a los supervisores; había logrado importantes conquistas de viejas reivindicaciones y era ya un punto de referencia de dignidad y de lucha para los gremios de Maroñas, de Montevideo y de todo el país. Duarte fue principal animador de esa paciente, obstinada, difícil y victoriosa construcción.

En 1964-66 nace la CNT que también tiene a León Duarte como uno de sus principales constructores, sobre los principios de unidad, de lucha y defensa de la clase obrera, como orientadora de los humildes en todo el país.

Por eso hablar del movimiento sindical en Uruguay es también hablar de “el loco” que, sin embargo, nacido de las clases humildes, dedicado al sindicato, dedicado a la unidad nacional en una sola central, comprendió también la necesidad de construir las herramientas políticas.

El 13 de julio de 1976 es secuestrado y desaparece en Buenos Aires en plena resistencia contra la dictadura.

Antes de su última caída, Duarte conoce la prisión. Varias veces fue detenido y otras tantas salvajemente torturado. Tal vez el mejor testimonio de la dignidad de “el loco” sea la histeria de sus propios captores ante la conducta entera de este hombre integro. Es que para Duarte nada era imposible. Desde su llanura, desde su condición humilde, con modos y costumbres de hombre rural, gustoso de las canciones de

Favio o el Tango Malena, dispuesto a sanar contracturas o empachos, casi como un sabio curandero consultado seriamente por todos, Duarte creció y mucho, como crece la gente sencilla que toma conciencia y, como él, es capaz de tomar el cielo por asalto. Cuando los historiadores del futuro estudien estas décadas podrán hacer la triste historia de las hipocresías y de los absurdos y de las mediocridades, pero por suerte, para suerte de nuestro propio tiempo, también harán la historia de la dignidad, de la grandeza cotidiana, de la solidaridad y de los más caros valores humanos que se siguen procreando como las hormigas o como las abejas. Y podrán saber, porque nosotros somos memoria para que todo se sepa, que hubo hombres como Duarte. Entonces a la historia universal del deterioro se le podrá oponer la historia universal de la entereza. A la historia nacional, acartonada y fría, se le podrá oponer la cálida historia de la vida de un pueblo que tiene entre sus hombres a Duarte, que supo ser docente de hombres libres.

Varios son los testimonios que dan cuenta de las condiciones de su detención. Todos coinciden que para “el loco” su propia vida no importaba demasiado, por eso él le decía a Gavazzo que dejara ir a los demás prisioneros y se quedara con él ¡Demasiado botín eran los compañeros como para dejar libre a ninguno! Entonces después de una brutal tortura, cuando era devuelto al salón de los presos, Duarte le dijo a los demás secuestrados: “a resistir, compañeros, que aquí nos graduamos de revolucionarios”. “El loco” tenía 48 años cuando fue secuestrado. 

*(Extracto de mi libro “Avisa a todos los compañero, pronto”, 1991)

Homenaje publicado en VOCES el 19 . 7 . 2019

HASTA SIEMPRE, MARTA por Pablo Anzalone

Marta Harnecker (1937-2019)

La muerte de Marta Harnecker nos llena de tristeza. La historia del marxismo en América Latina tiene un capítulo importante en su labor. Durante el siglo XX, el marxismo ortodoxo, reproducido o respaldado por la URSS, tuvo un gran predicamento. La idea de modelos acabados, transferibles a todas las realidades, bendecidos por una autoridad superior, sea esta “el rumbo de la historia”, “el marxismo-leninismo”, “la ideología del proletariado”, “el socialismo científico” o “el socialismo real”, dio como resultado un pensamiento dogmático. Harnecker, en cambio, buscó desarrollar y divulgar herramientas teóricas heterodoxas desde un marxismo crítico y creativo, para construir los caminos propios de cada realidad y aprender de las luchas diversas. Estudió con Louis Althusser y tomó de él una concepción que rompía con el mecanicismo economicista para fundamentar una determinación “en última instancia” de lo económico sobre el conjunto social y, al mismo tiempo, la “sobredeterminación” de la política sobre la economía y el rol fundamental de la ideología como mecanismo de cohesión social.

Si hiciéramos una recopilación de anécdotas sobre cómo distintas personas, miles de latinoamericanos, descubrimos o utilizamos su texto Conceptos elementales del materialismo histórico y el rol que eso jugó en nuestras vidas/luchas, tendríamos una mirada muy interesante de los procesos, del aporte de Marta y de nosotros mismos. Más de 60 ediciones tuvo ese libro, aunque ese es sólo un aspecto. Hay historias personales y colectivas entrelazadas, que no se miden por cantidades de ejemplares.

Marta tuvo un contacto estrecho con una gran diversidad de luchas en el continente y dedicó mucho trabajo a relevar las opiniones de los protagonistas para sistematizarlas y extraer enseñanzas de ellas. En especial recogió las reflexiones de dirigentes centroamericanos y venezolanos a lo largo del tiempo, en distintos períodos de inflexión de sus procesos nacionales y regionales. Son muchos libros, artículos, entrevistas, cursos y conferencias que plasman esa labor.

Estuvo varias veces en Uruguay, y su libro sobre el Frente Amplio, Los desafíos de una izquierda legal, en sus dos tomos, incorporó extensamente opiniones de Tabaré Vázquez, Hugo Cores, Danilo Astori, Enrique Rubio, Esteban Valenti, Eleuterio Fernández Huidobro y José Korzeniak, entre otros. Decía así Marta en 1991: “El Frente Amplio, la experiencia unitaria más prolongada de la izquierda de América Latina, iniciada en 1971, en pleno auge del movimiento popular, fue capaz de sobrevivir los embates de una cruenta dictadura militar que hizo todo por hacerlo desaparecer persiguiendo, encarcelando y asesinando tanto a sus cuadros políticos más destacados como a los dirigentes del movimiento sindical y estudiantil, buscando, al mismo tiempo, destruir la memoria histórica de ese pueblo. Enraizado en profundas tradiciones nacionales, la izquierda uruguaya ha conquistado el gobierno departamental en las últimas elecciones. Ahora discute cómo encarar la lucha por el gobierno nacional. En este trabajo abordaremos algunos de los grandes desafíos que se le plantean”. Detallaba luego que el trabajo tenía tres partes: una primera sobre el contexto histórico en el que nace el Frente Amplio, sus características de coalición y movimiento y su estructura organizativa. Luego, en una segunda parte, desarrolla una discusión sobre el valor que puede tener el examen crítico del pasado para construir el futuro, deteniéndose en los principales hitos históricos, y termina con una entrevista a Tabaré Vázquez, intendente de Montevideo en ese período. “La tercera parte reúne los principales temas polémicos”, informaba, y así era efectivamente.

Fue una gran pedagoga. La formación en los movimientos populares fue su preocupación central durante décadas, y a ella dedicó muchísimos esfuerzos y promovió iniciativas de todo tipo.

El Centro de Investigaciones Memoria Popular Latinoamericana (Mepla) que Marta creó y presidió es uno de sus logros más apreciados. El programa de estudios Socialismo en el Siglo XXI fue una de sus preocupaciones hasta el final, donde redactó, corrigió, organizó actividades. En noviembre de 2018, Marta me envió la convocatoria a la presentación en Mepla del último libro de la colección Socialismo del Siglo XXI, Autogestión yugoslava, de Michael Lebowitz. Comparto con ustedes un texto significativo que acompañaba la convocatoria: “En la actividad se exhibirá el documental Buscando el camino. Método de trabajo comunitario, del cineasta Luis Acevedo Fals, director de Mepla. En este audiovisual podemos encontrar imágenes de cómo la gente, orientada a no depender del Estado para comenzar a resolver sus problemas, toma una serie de iniciativas que favorecen a la comunidad. Estamos convencidos de que las personas involucradas en el proceso, al participar activamente en él, crecen humanamente, se dignifican, aumentan su autoestima, amplían sus conocimientos en aspectos políticos, culturales, sociales, económicos, ambientales. Y lo más importante, se sienten constructoras de su propio destino”.

Hace pocos meses, en setiembre de 2018, escribió un artículo polémico como muchos de los suyos, titulado “ Prácticas de la izquierda que contribuyen al desencanto”. Sistematizó allí un conjunto de críticas a los esquemas conceptuales que obran de anteojeras, a los estilos autoritarios de dirección, a no saber escuchar y a las actitudes sectarias. Cuestionó también la reducción de la acción política a lo institucional, que lleva a delegar progresivamente el trabajo de la militancia en las personas que detentan cargos públicos y administrativos. “El esfuerzo prioritario deja de ser la acción colectiva para convertirse en la acción parlamentaria o en la presencia mediática”, señala. Critica asimismo las concepciones que actúan sin tener en cuenta las diferencias, sin pensar en términos de unidad en la diversidad, respetando las diferencias étnicas, culturales y de género.

En 2010 se publicó el libro Marta Harnecker: un tesoro internacional, en el que cientos de personas aportaron sus percepciones sobre su labor, entre ellos Samir Amin, Emir Sader, João Pedro Stedile, Theotônio dos Santos, Pablo González Casanova, Juan Carlos Monedero, François Houtart, Michael Lebowitz, Raúl Pont, Diana Raby y muchos otros. De Uruguay escribimos Gustavo González, Walter Cortazzo, Raúl Olivera y yo. Decíamos en aquel momento que en el texto Conceptos elementales del materialismo histórico Marta desarrolló una enorme capacidad didáctica, desmenuzando conceptos complejos en forma sencilla y accesible, sin hacerles perder su profundidad. Por eso fue una herramienta valiosa para la formación de los militantes, algo que sentíamos como una necesidad imperiosa en aquellos tiempos (y en los actuales).

En Uruguay el libro circuló mucho en esos años complejos que se iniciaron en el 68. La investigación de François Graña sobre esa generación muestra las características y las sensibilidades que se pusieron en marcha, para las cuales el libro de Marta fue un punto de apoyo teórico y una herramienta de lucha. Cuando la dictadura comenzó su reinado de terror, tener un libro marxista era motivo de allanamiento, requisa y cárcel. El texto fue, entonces, escondido para resguardarlo. Así fue que logramos ingresarlo camuflado a las cárceles y, utilizando una sofisticada serie de traducciones y escondites, pudimos estudiarlo con detenimiento. En la batalla para mantener la integridad personal y política en la prisión y para ganarle a la dictadura el tiempo de reclusión, el libro de Marta fue uno de los instrumentos de esa resistencia.

En los tiempos actuales el pensamiento crítico sigue siendo una necesidad teórica, política y ética. Marta contribuyó mucho a esa tarea y lo seguirá haciendo.

Pablo Anzalone es licenciado en Ciencias de la Educación, Mg en Sociología, fue director de Salud de la Intendencia de Montevideo.