EMPATADOS por Adriana Cabrera Esteve*

Además del triunfo de la coalición de derechas el domingo 24, es importante resaltar el final con empate técnico que abrió una coyuntura diferente a la temida por unos y esperada por otros. Los fenómenos son multifactoriales. Por eso no hay que buscar las razones de ese empate solamente en el video de Guido Manini Ríos, ni exclusivamente en el enorme crecimiento de la militancia, ni en la fórmula; fueron más y muchas las causas.

El contexto internacional conformó, sin duda, el escenario electoral más difícil de los últimos años. La avanzada coordinada de la derecha a nivel internacional, las movilizaciones populares con saldos de muertes y lesiones graves en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, la cacería de dirigentes en Bolivia, el tiro al blanco practicado por los carabineros chilenos, con el resultado de cientos de militantes con lesiones oculares graves, fueron algunos de los sucesos que enmarcaron el proceso electoral uruguayo. Al mismo tiempo, hay que agregarle el uso generalizado de las redes, no ya como un ágora de intercambio de ideas, sino como el conjunto de herramientas para manipular la opinión de la gente. Estos recursos fueron utilizados por los partidos de derecha a lo largo y ancho del globo, junto al control de los grandes medios de comunicación, que machacaron su versión de la vida y el mundo. Y por último, los golpes de Estado a presidentes democráticamente electos como Dilma Rousseff o Evo Morales imprimieron a la coyuntura una sensación de destino insoslayable. Aun ahora, con los resultados a la vista, lo que sucede en otros países sigue siendo percibido como un plan orquestado para la destrucción de los progresismos del continente.

En ese sentido es necesario enriquecer el nivel de los debates. Las críticas a la coalición multicolor deben ser en lo que corresponde, sin sumarnos a la banalización que llevaría a una oposición superficial. De hecho, nosotros también somos una coalición, y lo que la derecha hizo fue aprender de nosotros. En la estructuración y en las estrategias. Critiquemos sus políticas y evitemos la superficialidad.

La incursión de Cabildo Abierto en la política nacional es uno de los componentes más riesgosos del nuevo período, que puede tener como consecuencia la derechización del proceso en base a lógicas militares y con consecuencias militares. Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, nuestro papel es evitar la continuación de viejas oposiciones militaristas por medio de la política.

El rol de las encuestadoras fue un factor activo para la desmoralización de la militancia toda, tanto de la dirigencia como de la militancia de base. No es la primera vez que sucede; sin embargo, la escasa diferencia entre uno y otro candidato deja planteada la duda de qué hubiera pasado si las agencias no nos hubieran convencido de que perdíamos. Es muy probable que hubiéramos podido repechar un poco más.

Simultáneamente, la militancia frenteamplista deconstruyó los prejuicios de su dirigencia en lo que refiere a la participación. Una vez más demostró madurez para evaluar la coyuntura y actuar en consecuencia. El conjunto del Frente Amplio (FA) debe reconocer este fenómeno y aprender de él para reconformar una fuerza política capaz de encarar los nuevos tiempos con unidad. Los colectivos recientemente creados, los comités, las redes, viejas y nuevas formas de organización se potenciaron mostrando una capacidad de delinear estrategias electorales. Hubo a lo largo de estos 15 años un traslado de saberes y compromisos a los trabajadores que implementaron los programas del FA en cada una de sus áreas. Nadie mejor que las y los arquitectos para enumerar todas las obras edilicias que se habían realizado, nada mejor que las y los trabajadores de la salud para relatar cómo se había implementado el Sistema Nacional de Salud, nada más elocuente que las y los trabajadores de la cultura para reconocer la recuperación de teatros en todo el país y las políticas impulsadas por el Ministerio de Educación y Cultura, que permitieron a cientos de artistas, por primera vez, vivir de su trabajo.

Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Los avances programáticos en estos 15 años han creado, en algunos aspectos, una nueva cultura en el pueblo uruguayo, a tal punto que la coalición de derechas se vio obligada a prometer que no habría retroceso en la agenda de derechos. Lejos de pensar que sólo hubo mejoras económicas, debemos reconocer que se hizo un proceso de enseñanza-aprendizaje en materia de derechos reclamados por la sociedad, por ejemplo, por el feminismo y la comunidad LGTBI, y reconocidos y legislados por los gobiernos frenteamplistas, que implicó un cambio cualitativo de relevancia para la sociedad uruguaya actual. En ese plano, logramos, en parte, lo que nos propusimos: que los valores impulsados se convirtieran en cultura. En otros campos, por el contrario, el FA no logró evitar que la derecha reconstruyera un relato en el que ella no aparecía como responsable de la crisis del 2002 y las percepciones de grandes sectores de la población evolucionaron hacia valores más conservadores. No pueden subestimarse a futuro las campañas orquestadas, con muchos recursos y respaldos internacionales, para promover el miedo, la xenofobia, la aporofobia, el odio al feminismo y a la izquierda.

Hubo errores de la presentación electoral, básicamente porque se pensó que el quid era ganar votos de centro y que para eso se debía empatizar con el ciudadano medio que valora a la persona trabajadora, exitosa incluso a contracorriente, y buena gestora. Ofrecer certezas fue el leiv motiv de la presentación electoral. Y tener un candidato que pudiera hacerlo. Una de las debilidades de esa estrategia fue que no generaba empatía con las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras, que son, por lo general, poco o nada exitosos, aunque se rompan el alma trabajando.

Los cambios en los comandos de las campañas dieron la imagen de una campaña errática. Sin embargo, hay que reconocer puntos altos: la Ola Esperanza consiguió levantar el estado de ánimo de los frenteamplistas, logrando niveles de movilización no previstos hasta ese momento, y el Voto a Voto supo dar en el clavo con las necesidades del discurrir de la campaña en el último período.

El desgaste de 15 años de gobierno, con escasa participación de la fuerza política en su rol pedagógico, como promotor de nuevas políticas y como agente de los cambios, se puso en tensión en este último período. Recordemos que las grandes convocatorias a la movilización popular durante estos años no provinieron del FA sino de las iniciativas populares: voto rosado, el No a la Baja y el No a la Reforma, las marchas del 8 de marzo y el 25 de noviembre, del 20 de mayo y la Marcha de la Diversidad. Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Es necesario incorporar al análisis el rol que jugó la renovación generacional. Con los tres principales líderes en edad de no renovar su mandato, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países de la región, el FA puso en la escena política a varios líderes y liderezas capaces de disputar la centralidad de la conducción política. Sin embargo, hay que reconocer que la construcción de nuevos dirigentes no es un proceso que se pueda realizar de un día para otro. Los liderazgos se cocinan a fuego lento y requieren tiempo. Nuestra militancia estuvo a la altura del desafío.

La cercanía entre militantes, ya sea de dirigentes como de las bases, y la población en su conjunto fueron las claves para lograr la votación del 24 de noviembre. Miles de mujeres y hombres y un enorme conjunto de jóvenes lucharon por el FA, por su proyecto de cambios, y pusieron en valor lo mucho que se había avanzado. El hipercriticismo idiosincrático uruguayo tuvo que rescindir su estoicismo y dejó lugar a una mirada más profunda y abarcadora de nuestra realidad, conscientes de que la fuerza política está conformada por personas diversas que quieren un mundo mejor.

*Adriana Cabrera es escritora y fotógrafa.

Publicado en La Diaria el 5 de diciembre de 2019 

LECCIONES APRENDIDAS por Daniel Parada*

Sin dudas, la del 24 de noviembre fue una derrota con sabor a triunfo. Si bien tuvimos una derrota electoral, obtuvimos una victoria política; se juntaron cinco partidos de todas las ideologías (del centro a la ultraderecha) con un fin común: sacar al Frente Amplio (FA) del gobierno e imponer nuevamente el modelo neoliberal en nuestro país. Su campaña comenzó apenas ganadas las elecciones de 2014, llena de mentiras e imprecisiones. En comunión con los grandes medios de comunicación, lograron imponer la idea de un país en crisis, de caos, desorganización, instalando la alarma pública y la percepción de la necesidad urgente de un cambio.

El FA logró remontar una diferencia de 15 puntos, para perder sólo por un punto y poquito, pero considero, sin embargo, que realizar el análisis desde el sentimiento de derrota con sabor a triunfo es un error. Porque sin duda es una derrota, démosle el color que le demos.

Esta derrota electoral nos da la oportunidad de profundizar en el análisis de las causas por las cual se produce. Las victorias tienden a ocultar debilidades. Y algunas de las causas de la derrota ya estaban presentes en los triunfos de 2009 y 2014.

Es fundamental encontrar cuáles fueron la causas, porque el futuro nos obliga a corregirlas. Para ello creo pertinente aclarar dos cosas. Una, que no podemos analizar sólo la campaña electoral o las condiciones del candidato, sino que debemos analizar todo el período, los últimos diez años, por lo menos, y ver qué nos pasó. Y la otra es que como militante frenteamplista asumo cada uno y todos los errores como propios, no quedando por fuera de ninguno de ellos.

Aclarado esto vemos que existieron causas internas y externas, pero sólo nos ocuparemos por ahora de las primeras. Se cometieron errores en el gobierno porque muchas veces se puso piloto automático. En salud, si bien hubo importantes y sustantivas mejoras en materia de infraestructura a lo largo y ancho del país, seguimos estancados en otros aspectos, como no “fonasear” la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), demoramos en la instalación de concursos, mantuvimos el corralito, hablamos del cambio de modelo de atención y en las propuestas económicas seguimos favoreciendo a los médicos, sobre todo cedimos ante el Sindicato Anestésico Quirúrgico (SAQ) en detrimento de los no médicos, lo que hizo muy difícil cambiar el modelo. En educación no logramos avanzar en nuevas propuestas pedagógicas y nos centramos en problemas didácticos. No logramos profundizar sobre el problema de la tenencia de la tierra y su extranjerización. Manejamos mal temas de naturaleza ética que implicaron a algunos compañeros. El caso Pluna que no fue bien transmitido y no le quedó claro a nadie. Tuvimos dificultades claras en comunicar las políticas en seguridad y desgastamos al ministro con diez largos años en el cargo, habiendo hecho una muy buena gestión.

Podríamos dar muchos ejemplos más. Esto no invalida los excelentes logros que sí tuvo el gobierno, mérito de sus políticas: bajó la pobreza a 8,4%, la indigencia a 0,17%, hubo un incremento en promedio del salario real del orden de 56%. Se evitaron los impactos recesivos de una crisis económica global y regional. El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) desarrolló excelentes planes. La reforma tributaria, la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), el seguro de salud (Fonasa), la cobertura de salud a más de 2.500.000 de usuarios, la disminución del IVA, el cambio de la matriz energética, el desarrollo de la infraestructura productiva, entre otros, son inmensos logros del FA en su gestión.

No fuimos capaces de construir el relato del cambio social y de defender en la calle día a día los logros del gobierno.

Pero entonces cometimos otro error y es que el FA ni desde el gobierno, ni como partido, fue capaz de dar la batalla ideológica en territorio para que la gente fuese comprendiendo estos logros y enamorándose de la propuesta de un Uruguay más solidario, equitativo y humano. No fuimos capaces de construir el relato del cambio social y de defender en la calle día a día los logros del gobierno. La disociación gobierno-partido fue un grave error, porque llevó a que fuera quedando solo el gobierno, sin darnos cuenta del papel que tiene que cumplir el partido. Por supuesto que existieron acciones de respaldo, pero no fueron metódicamente planificadas y mantenidas en el tiempo.

En determinados momentos confundimos los roles y los objetivos; estábamos más preocupados por la distribución de los cargos de gobierno de acuerdo a los votos que habíamos obtenido, que de ocupar los cargos con los más capaces, en los lugares de mayor responsabilidad, para poder cumplir con una excelente gestión y la adecuada aplicación del programa. Yo sé que muchas voces se levantarán contra esta postura; sobre todo, dirán que no es el momento, pero así venimos, nunca es el momento. Por el contrario, pienso que es el momento de empezar la autocrítica, sin buscar culpables individuales, haciéndonos cargo cada cual de la cuota parte del fracaso, de acuerdo a nuestras responsabilidades. Digno fracaso, sí, pero fracaso al fin. Seguir discutiendo, con el objetivo de superar debilidades, con espíritu constructivo y, en paralelo, organizarnos para dar una fiera batalla para ganar la mayor cantidad de intendencias posibles en mayo.

Recuperar la calle debe ser un objetivo, fortalecer los comités de base, las coordinadoras, analizar por qué se vaciaron, cómo se da la dinámica de poder entre los grupos, abrir otros espacios de integración para el trabajo político permanente, crear unidades de trabajo por temas que funcionen todo el período y que puedan hacer el seguimiento de lo que va a hacer el gobierno multicolor, que se integren los profesionales en diferentes áreas de la estructura. Comité funcional por área con voz y sin voto. Implementar talleres de formación general y de temas específicos para la formación de nuestros militantes. Se debe asegurar la participación de las bases militantes y los canales que garanticen la toma de decisiones. Facilitar la horizontalidad y el intercambio de propuestas e ideas.

Debemos también abocarnos a pensar en un nuevo modelo productivo, no basado en las reglas del libre mercado, que vaya cambiando la estructura social, debemos ser audaces sin dejar de reconocer lo difícil de la tarea. Es necesario, si queremos el cambio social, cambiar las cabezas y no seguir reproduciendo el mismo modelo de sociedad y de comportamiento social.

Estoy convencido de que autocriticarnos con propuestas de cambio, y no simplemente haciendo catarsis, fortalecerá la militancia para mayo, porque mostraremos que somos capaces de mirar adentro con fraternidad y sinceridad, buscando siempre la unidad en la diversidad y pensando un proyecto de sociedad que nos enamore a todos para pelear por él, hasta dar nuestro último aliento.

*Daniel Parada fue profesor agregado de Medicina de la Universidad de la República.

Publicado en La Diaria el 5 de diciembre de 2019 

LOS COALIGADOS Y LA SALUD por Miguel Fernández Galeano y Pablo Anzalone

Las propuestas sobre salud de los coaligados que han trascendido recientemente son un texto bien escrito que se basa, sin reconocerlo, en los grandes avances realizados por el Frente Amplio (FA) en este campo. El texto transita hábilmente por el camino de una “falsa aproximación” sin brindar garantías de avanzar sobre lo construido en materia de salud en los últimos 15 años.

Para empezar, se queda en el plano de enunciados generales, y cuando habla del gasto en salud no se detiene en el punto central en esta materia, que es la importancia del gasto público, tanto en lo que refiere a los fondos mancomunados en el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) como al incremento sustantivo del presupuesto de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). En ambos casos hay aportes de rentas generales que impactan sobre el espacio fiscal y sobre los cuales resulta decisiva la voluntad política de garantizar el derecho a una salud de calidad para toda la población.

El gasto público es central para definir la equidad, la calidad y la sostenibilidad de los sistemas de salud. Ese compromiso con el gasto público no aparece en el documento, y la referencia a gastar mejor no da garantía de mantener su jerarquización en el contexto de grandes recortes anunciados.

¿Es gastar mal el Hospital de Ojos, el Maciel, el de Tacuarembó, el Pereira, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca), la emergencia del Pasteur, la red de centros de primer nivel de atención en todo el país, la incorporación de equipamientos de alto porte?

¿Es gastar mal un completo plan universal de beneficios con la incorporación de medicación de alto costo como existe en pocos países del mundo?

¿Es gastar mal tener las tasas de mortalidad infantil y materna más bajas de la historia y las menores en Latinoamérica?

Podríamos seguir con una larga lista de inversiones que cambiaron radicalmente la atención a la salud. ¿O acaso gastar bien es el célebre préstamo de Focoex gestionado en el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera, plagado de irregularidades e ineficiencias?

Levantan como iniciativas propias a políticas y dispositivos que se iniciaron hace años por los gobiernos del FA. Por ejemplo, las Rondas Rurales, que son un programa de ASSE desde 2010. Se puede hablar de una auténtica “cleptomanía programática” que no hace otra cosa que reconocer los aciertos y el alineamiento del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) con las mejores prácticas internacionales de salud pública.

Ese compromiso con el gasto público no aparece en el documento, y la referencia a gastar mejor no da garantía de mantener su jerarquización en el contexto de grandes recortes anunciados.

La referencia al uso intensivo de las tecnologías de la información resulta sorprendente en momentos en que el país se apresta a la universalización de la Historia Clínica Electrónica Nacional en marzo de 2020 y existen múltiples emprendimientos, como telemedicina y teleclínicas, que permiten acercar la medicina de calidad a lo largo y lo ancho del país.

En resumen, hay en este texto concepciones preocupantes, omisiones muy significativas que abren grandes incertidumbres y propuestas que ya se están haciendo desde hace años, sin admitirlo claramente.

  1. Al contrario de lo que afirma el documento, entre los principios del SNIS no está la canasta mínima de prestaciones ni el subsidio a la demanda. El SNIS levanta un Plan Integral de Prestaciones y la atención de salud como un derecho en lugar de como una mercancía. Son concepciones contrapuestas. Mientras que una hace cuestión de la integralidad de las prestaciones obligatorias, en la idea de canasta mínima está el enorme riesgo de convertirla en un paquete básico, como ya se vio en otras experiencias. En esos procesos las prestaciones mínimas son garantizadas, pero todo el resto depende de los recursos económicos de cada persona, con una enorme desigualdad en el acceso y en los resultados sanitarios. La idea del subsidio a la demanda reduce la salud a un problema de oferta y demanda, tiene implícitas las relaciones de mercado y niega la condición fundamental del seguro de salud de brindar aseguramiento y cobertura mediante un fondo público común. Si se refiriera al necesario aporte del Estado a esa financiación, estarían dando la razón al FA y deberían autocriticar toda la alharaca realizada en relación al “déficit Fonasa”, que no es tal. Pero nada de esto se aclara.
  2. Existen omisiones graves, como la salud bucal, que ni siquiera es mencionada en el texto, cuando está claro que es un problema de salud pública, en el que el acceso está fuertemente condicionado por el poder adquisitivo de las personas. El FA se ha comprometido a avanzar en la inclusión de la atención integral de salud bucal en las prestaciones obligatorias del SNIS. Nada de eso implementaría la coalición opositora.
  3. No hace ninguna referencia a la implementación de la Ley 19.529, de reorganización de la atención a la salud mental en el país. Es un cambio sustantivo de la salud mental, cuya omisión es llamativa, a la luz de la repercusión social que tuvo la aprobación de una ley de ese porte.
  4. Tampoco hay ninguna referencia a la atención en el Hospital de Ojos ni a la continuidad de los programas de salud visual que permitieron atender a 700.000 personas y realizar más de 94.000 cirugías, asegurando un derecho postergado por las administraciones anteriores. ¿Se mantendrán, serán objeto de recortes o se eliminarán, lisa y llanamente, en caso de que los coaligados accedan al poder?
  5. No hay ninguna mención a la principal causa de enfermedad y muerte en el país, que son las enfermedades no transmisibles como cardiovasculares, cerebrovasculares, cáncer, diabetes. Ni aparece, por lo tanto, qué va a pasar con las políticas hacia el tabaquismo, o el imprescindible impulso a un plan de alimentación, reducción del sedentarismo, entre otras.
  6. No hay referencia alguna a las perspectivas demográficas y epidemiológicas del país y sus consecuencias para las políticas de salud. Este texto no habla de la salud de la población, sino sólo de algunos aspectos del sistema y sus servicios de salud. No hay objetivos hacia los problemas de salud de la población. Falta una visión de largo plazo, así como la definición de prioridades sanitarias y planes específicos por medio de Objetivos Sanitarios Nacionales.
  7. No es mencionada en ningún momento la rehabilitación como un elemento a jerarquizar en el proceso salud-enfermedad. Tampoco se propone nada para prevenir la dependencia en adultos mayores, promoviendo su envejecimiento activo y saludable, elemento central para la calidad de vida y la sustentabilidad del sistema de salud.
  8. No hay referencias al precio de los tickets de medicamentos y tratamientos ni a la continuidad de la reducción progresiva que se ha estado implementando. Si recordamos el aumento drástico de tickets que financió el pago por acto médico durante el gobierno de Lacalle, no mencionar en absoluto este aspecto abre una incertidumbre para el acceso de las personas a medicación y tratamientos. No se habla de ninguno de esos aspectos.
  9. No se menciona la necesidad de aumentar la capacidad de resolver problemas a nivel de policlínicas y disminuir tiempos de espera y dificultades para acceder a especialistas, o hacer interconsultas en forma ágil utilizando nuevas herramientas tecnológicas, ni la imprescindible descentralización territorial de la red de servicios.
  10. Los usuarios son mencionados en un solo punto (su libertad de elección de la institución de salud), pero no hay referencias a cuestiones fundamentales de sus derechos, de su participación en la definición de prioridades, planes y objetivos, de su rol en la transparencia en las instituciones y el sistema.
  11. Está bien fortalecer el rol del Ministerio de Salud Pública (MSP) que el texto pone en primer lugar –ya lo viene haciendo el FA, y su profundización es una de las propuestas de Daniel Martínez–, pero se omite aquí toda referencia a instrumentos claves para ello, como los contratos de gestión, las metas asistenciales, los Objetivos Sanitarios Nacionales, los programas y guías clínicas, el fortalecimiento de los equipos técnicos del MSP.
  12. No hay políticas de personal para el SNIS con respecto a la cantidad y calidad de técnicos a formar, a la falta de licenciadas en Enfermería y otros perfiles técnicos, a la necesidad de adecuar los regímenes laborales a los requerimientos de trabajo en equipo, interdisciplina, formación continua, en un sector fuertemente feminizado. No hablan del multiempleo, ni de la salud de los trabajadores de la salud.
  13. Eliminar de ASSE las responsabilidades de atención que no están incluidas en el PIAS (Sistema de Atención Integral a Personas Privadas de Libertad, Centros de Atención de Consumos Problemáticos de Drogas, Servicio Nacional de Sangre, Laboratorio de Especialidades Farmacéuticas, Hogar de Ancianos, entre otras) deja una enorme duda sobre si se quiere eliminar la responsabilidad del Estado de estas prestaciones o se propone formar otra institución que las sostenga o derivarlas a otra institución ya existente. Muchas prestaciones del Hospital de Ojos están incluidas en este conjunto, cuyo destino para los coaligados estaría sujeto a un estudio caso a caso sin que se expliciten criterios.
  14. No hay referencias a completar el Seguro Nacional de Salud integrando progresivamente al Fonasa a toda la población. Para los coaligados, los jóvenes de hasta 23 años no serán una población que se incluya en el Fonasa, como ha comprometido Martínez.

En definitiva, las omisiones son, ciertamente, demasiadas. El abordaje superficial de temas centrales da lugar para preguntarnos: ¿no preocupan estos temas? Si es así, se podrían causar retrocesos en lugar de nuevos avances en estos puntos, sobre los que existen necesidades sentidas. Sobre ellas el programa del FA y la candidatura de Martínez han establecido con claridad instrumentos de política pública para seguir avanzando.

¿O existen concepciones distintas, como surgen de los principios reivindicados al inicio del texto, que van hacia la salud como mercancía, y paquetes mínimos en los que los mecanismos de mercado sólo producirán más desigualdades?

En ese caso, no son omisiones, sino orientaciones contrarias al SNIS cuyos resultados sanitarios son todavía más peligrosos.

Miguel Fernández Galeano y Pablo Anzalone son integrantes del equipo asesor en temas de salud del candidato frenteamplista Daniel Martínez.

Publicado en La Diaria el 8 de noviembre de 2019 

HACIA EL 24 DE NOVIEMBRE: ¡A REDOBLAR! por Pablo Anzalone

Los  resultados de la jornada del 27 de octubre generaron un cambio importante en el escenario político. No hay mayorías parlamentarias definidas. Cualquiera que aspire a tenerlas deberá construirlas. Dentro y fuera del Parlamento.

La Presidencia de la República se dilucidará en un mes y es una confrontación disputada.

El Frente Amplio alcanzó un 40,7%  casi un millón de votantes. Fue la fuerza más votada del país por un margen importante, ganó en los departamentos de Montevideo, Canelones, San José, Colonia, Soriano,  Rio Negro, Paysandú, Salto y Rocha.

Si el sistema electoral exigiera, como otros países, más del 40% y 10% por encima del siguiente, no tendríamos que esperar al 24 de noviembre y ya habría obtenido la presidencia.

Desde el año pasado quedó claro que ésta iba a ser una contienda difícil para el FA. Al desgaste de gobernar durante varios períodos se sumó una coyuntura económica internacional compleja, la crisis en los países vecinos y un impulso orquestado de ultraderecha en el continente. Problemas reales de empleo o inseguridad se han transformado en objetos de campañas que manipulan la disconformidad sin propuestas o con propuestas que agravan la situación. El resultado de la reforma de Larrañaga es una muestra clara. Que 46% de los votantes haya apoyado un paquete tan burdo, autoritario e ineficaz es una señal política que no puede dejarse de lado. Que 54% de la población se haya pronunciado en contra, con una gigantesca y joven movilización de rechazo, también. Hay batallas culturales que tienen que ver con lograr que la población se sienta escuchada, participe de los avances sociales, los reconozca como propios y empuje su profundización. Conquistar, defender y ampliar  los derechos.  De todo eso habrá que hablar después del 24 de noviembre. Ahora tenemos el escenario del balotaje como cruz de los caminos.

En las encuestas, el FA registró una línea ascendente casi constante a lo largo del último período. Más allá de las encuestas, que esta vez no se equivocaron tanto, hubo un cambio significativo de la situación política, un nuevo hecho relevante con múltiples efectos: la movilización frenteamplista.

El crecimiento de la movilización frenteamplista fue extraordinario en estas semanas. El acto final en Montevideo, los actos en el interior, las caravanas, mostraron  un cuerpo militante enorme con un entusiasmo contagiante. La propia jornada del 27 tuvo una presencia desbordante del Frente Amplio  con miles y miles de personas, autos, casas, carros, bicicletas, con banderas tricolores, que recorrían y se reconocían en la calle.

Ningún otro partido tuvo algo siquiera parecido. Ni los que se autoconsideraron triunfadores a pesar de tener solo el 30% de los votos, ni un alicaído Partido Colorado, ni la “gran novedad”, el partido militar ( no son novedad:  gobernaron 13 años durante la dictadura cívico militar, ya vimos lo que son).

Aunque es un margen escaso, la diferencia entre el 40%  que se obtuvo y el 42 o 44% que estuvo en las expectativas de muchos de nosotros, ha tenido un impacto anímico adverso para los frenteamplistas. Pero la militancia del Frente Amplio se recupera rápido. Lo ha demostrado en muchas décadas de lucha en las peores condiciones.

El gran argumento a favor del triunfo de Lacalle en el balotaje es que todos se van a unir contra el Frente Amplio, acatando los acuerdos tejidos en las cúpulas partidarias. Y que el casi 4% de votos en blanco y anulados no se inclinan hacia ningún candidato. Son suposiciones discutibles, que recogen muchas evidencias contrarias.

La  mayor debilidad de Lacalle es la falta de propuestas claras sobre los problemas del país, y que además, éstas sean comunes a la coalición que pretende crear. Salvo, “recortar y ajustar”; “ajustar y recortar”. Propuestas que vayan más allá de ese genérico “hacerse cargo”.  Que tengan equipos de gestión creíbles. Y que el propio candidato logre parecer algo más que un estanciero que no ha trabajado en su vida.

Los grandes argumentos para el triunfo de Daniel Martínez son que ha desarrollado propuestas fuertes, que se apoya en hechos y no sólo en palabras, que reconoce errores e insuficiencias, pero se afirma sólidamente en un rumbo de crecimiento con justicia social y más democracia. Hay certezas, previsibilidad y también disposición autocrítica. Daniel tiene capacidad de gestión y empatía con la gente.

Por sobre todas estas cosas representa un sentir popular, un sentir democrático, un proyecto de sociedad más libre y justa. Ese sentimiento es el que se evidencia en la presencia masiva y creciente del pueblo frenteamplista en las últimas semanas. Esa movilización impresionante es clave para ganar el balotaje el próximo 24.

Publicado en Voces

PARA VIVIR SIN MIEDO NO VOTES LA REFORMA por Ignacio Martínez

¿Por qué?

1.     Porque las políticas violentas aplicadas por diversos gobiernos del mundo, esencialmente represivas, de mano dura, de gatillo fácil y endurecimiento de penas, no han servido para reducir los delitos.

2.     El estado de ocupación o de sitio de ciudades, por parte de policías parecidas a ejércitos, o directamente ocupadas por el ejército, tampoco dieron  resultados. Al contrario. Hecha la ley, hecha la trampa. La delincuencia se adapta para actuar. Adquieren armamento de mayor capacidad de fuego y extreman los métodos operativos para sus robos, rapiñas, secuestros, tráfico de drogas, asesinatos, entre otros tantos delitos. Ejemplos cercanos: Brasil, Colombia, México, EEUU.

¿Qué hacer?

3.     Los grupos delictivos se combaten con prevención, que necesita de mucha inteligencia policial, aplicada contra las personas que controlan la droga, el abigeato, el contrabando, los hurtos, las rapiñas, los secuestros, el sicariato, la prostitución, la trata de personas, etc. Debemos apoyar a la policía, profesionalizarla al máximo, convertir parte de ella en los ojos y oídos que conozcan el mundo del delito para desarticularlo con habilidad, creatividad, innovación y audacia.

4.     La persuasión se logrará con la efectividad  policial categórica en sus funciones, tanto en su visibilidad pública como en sus operativos encubiertos.

5.     Debemos cambiar radicalmente el actual modelo carcelario. Todo preso debe trabajar, debe prepararse para salir, debe estudiar, donde los educadores sociales trabajen cabeza a cabeza con cada detenido y su familia, y cuando salgan no vuelvan al territorio que los vio formarse como delincuentes. Debemos generalizar en todo el país la buena experiencia hoy de la U. Penitenciaria N° 1, UPPP, de Punta de Rieles.  

6.     Debemos reprimir la comercialización de armas y reducir al máximo que las mismas estén en manos civiles.

7.     Los temas de la violencia de género, los del entorno familiar y los referidos a todas las formas de delincuencia, deben ser tratados permanente en todos los niveles educativos. El diálogo, la convivencia, la importancia y el valor de la vida del otro como la propia, el significado de la vida en sociedad, deben ser tratados y reflexionados también con los niños y los jóvenes de manera periódica.  

8.     La cultura de paz y la educación para la paz deben prevalecer sobre la cultura de la guerra y de la violencia. Debemos comenzar por lo más simple, analizando y reflexionando sobre las formas de violencia que nos rodean. Desde un locutor deportivo que dice que “los delanteros deben lastimar al contrario” o “debemos jugar para hacerle daño al otro equipo”, hasta la presencia de violencia en los video juegos, en las películas, en los informativos, en los programas de entretenimiento denigrantes, ofensivos y violentos.

9.     Cada niño, niña y joven debería convertirse en un vocero, en un mensajero, en un embajador de la Paz. Debemos promover programaciones en los medios masivos de comunicación y en los centros de estudio que  alienten conductas de paz, de convivencia, de tolerancia y del irrestricto respeto por el prójimo.

10.   Votar la Reforma de la Constitución NO traerá la paz, sino que seguirá alentando la violencia. El cambio se hará sólo eliminando las causas sociales y culturales que provocan la violencia y los delitos.

Publicado en VOCES el jueves 4 de julio de 2019

AÑO 2019: UNA ENCRUCIJADA PARA URUGUAY por Pablo Anzalone

La coyuntura electoral nos concierne a todos de una u otra forma, ya sea por convicciones políticas o ideológicas, por vínculos, por la ocupación o el territorio donde vivimos. Que un millón de personas haya ido a votar en las elecciones internas es solo un indicador de ese involucramiento.

Fenómenos destacables de la coyuntura electoral

  1. La influencia del dinero en las campañas electorales y los partidos políticos

Este es un punto crítico de la democracia representativa, que no fue transformado en el período progresista, y muestra sus garras primero con Edgardo Novick y luego con Juan Sartori. Además de sus efectos políticos y electorales, hay componentes culturales que cambian. Ser muy rico siempre fue mal visto en Uruguay. Si se pueden comprar apoyos políticos es porque hay quienes están dispuestos a venderse, pero si eso no produce un gran costo, hablamos de la cultura política del país. El crecimiento de Sartori en pocos meses evidencia un fenómeno nuevo.

Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías internacionales de manipulación, de posverdades que operan eficazmente, también llegaron a Uruguay. Esto, en un contexto marcado por el “fin de las grandes utopías” y las crisis del pensamiento crítico para construir alternativas societarias y unirlas a la acción.

2. La reorganización política del “factor militar”

La ideología de la Seguridad Nacional, y el rol de las FF.AA. como salvaguarda de un proyecto de país autoritario y antidemocrático, han sido muy persistentes, por sus respaldos sociales y por la debilidad de las estrategias de cambio desde el poder político civil. Hasta ahora esa corriente se canalizaba a través de los partidos tradicionales. El buen desempeño electoral de Manini abre un panorama diferente. El “bolsonarismo” es un ejemplo inspirador para los nostálgicos de la dictadura. Eso, sumado al mismo tiempo con la amplia coalición contra el Frente Amplio (FA) en el balotaje.

Los episodios de los Tribunales de Honor, de José Nino Gavazzo, Guido Manini Ríos, la cúpula militar y la oposición, generaron también una gran indignación, elevando las luchas por memoria, verdad y justicia.

3. El Partido Colorado (PC) resurge con nuevos liderazgos

Esto ocurre luego de un período de hegemonía “bordaberrista” y cuasi desaparición de las corrientes batllistas. De ser el gran partido de gobierno del Siglo XX, quedó reducido a un lejano tercer lugar, del cual no ha salido. Sin embargo, la reaparición de Julio María Sanguinetti y el triunfo de Ernesto Talvi lo dejan parado en condiciones electorales distintas, aunque los perfiles tecnocráticos y neoliberales ya fueron hegemónicos con Jorge Batlle y tuvieron efectos catastróficos para su partido y para el país.

4. El Partido Nacional (PN) sale fortalecido de las internas

El PN votó bien, consolidando el liderazgo de Lacalle Pou. Sus propuestas programáticas son más densas y matizadas que en períodos anteriores, más allá de que el candidato no las conozca mucho y no existan las del PN como un todo. Logra distanciarse de la “motosierra”, aunque hay hechos que evidencian la intención de desmantelar la protección social. Por ejemplo, el “shock de austeridad” que propone y la estrategia de juntar todos los cambios en una ley de urgencia para imponerla como paquete al comienzo del mandato. El proyecto es una coalición con el PC y Cabildo Abierto que apunta a una amplia gama de votantes descontentos, pero también es una gran interrogante como gobernabilidad.

Los desafíos del FA

  1. Presentarse como una opción renovada con una agenda nueva de transformaciones sin dejar de apoyarse y defender los grandes logros de sus 15 años de gobierno, asumiendo, naturalmente, una actitud crítica, autocrítica y propositiva.
  2. Volver a movilizar a su militancia e incorporar nuevas generaciones, luego de un largo período que, por vía de no asignar a la acción militante un rol importante en la política, generó actitudes de desencanto, disconformidad o de respaldo pasivo.
  3. Recomponer su vínculo con los movimientos sociales tanto los históricos como los asociados con la nueva agenda de derechos y los que tienen una base territorial y comunitaria. Jugaron un rol importante para el triunfo de la izquierda pero esa relación se ha hecho más compleja y contradictoria. La campaña contra la reforma Vivir Sin Miedo puede ser una instancia de confluencia relevante.

El distanciamiento de la política con la gente y su concentración en la gestión estatal subestimó la acción colectiva para producir transformaciones. Un modelo de política muy institucionalizado debilita el activismo y tiene efectos en lo ideológico y los valores de cambio.

El desempeño del FA hasta las internas

Las cuatro precandidaturas fueron una buena salida. Se logró una campaña unitaria, con precandidatos de perfiles diferentes, que resolvió bien la incorporación de nuevas figuras y generó inicialmente un incremento de la movilización frentista.

  1. La ausencia de formas de movilización innovadoras y propuestas convocantes sobre los principales problemas de la población operaron para poner un techo. Se pagaron precios por la desacumulación pasada y el resultado es una votación que sigue la línea descendente anterior. Las campañas de propaganda centrales del FA y de Daniel Martínez deberán innovar mucho para contribuir a los desafíos actuales.
  2. La campaña a junio dejó distintas acumulaciones. Carolina Cosse recogió una parte de la influencia del movimiento feminista. Óscar Andrade logró generar un discurso de izquierda convocante. Mario Bergara abrió un espacio nuevo. Y Daniel Martínez jerarquizó la construcción de un vínculo empático con la gente, haciendo jugar el componente emotivo, con buenos resultados. Los tres “Impulsos Programáticos” de su campaña fueron una forma interesante de introducir propuestas y dar señales significativas que todavía no operaron con fuerza.
  3. La designación de Graciela Villar como candidata a la Vicepresidencia es una muy buena elección para promover la movilización frenteamplista, afirmar los vínculos con los movimientos sociales y debatir con la derecha.
  4. El panorama para el FA requiere crecer por todas sus vertientes, desplegar sus propuestas y ampliar su llegada con sectores con quienes ha debilitado el vínculo. El peligro de un gobierno de coalición entre Lacalle, Talvi y Manini, y el ejemplo de Argentina y Brasil, pueden mover a mucha gente. Ideas claras y propuestas concretas referidas a los problemas del país son un factor clave para construir una movilización amplia, con esperanzas y convicciones.

(*) Lic. en Educación-Diplomado en Políticas Públicas e Innovación. Magister en Sociología. Doctorando en Ciencias Sociales. Director Div. Salud IMM 2005-2015. Colectivo El Taller.

Publicado en Crónicas el 12 julio, 2019

USTEDES Y NOSOTROS II por Ignacio Martínez

Señor Julio María Sanguinetti:

Escribo para decirle por qué hago campaña para que votemos al FA y por qué digo a viva voz que nadie le dé el voto a Usted y su proyecto.

**Sus dos administraciones han sido las peores desde el retorno a la democracia. Hubo más desempleados, empleados precarios y subempleados que nunca. Los  salarios no mejoraron. Los productores se endeudaron a límites insoportables y el déficit fiscal llegó a techos inauditos. Al comienzo de su gestión había 118 mil desocupados y lejos de mejorarse, al final de su gestión aumentaron a 165 mil. Si sumamos empleos precarios y subempleos, en su gobierno se llegó a 645 mil problemas laborales severos, casi la mitad de la población activa del país.

**Su segundo Gobierno no convocó a los Consejos de Salario siguiendo la nefasta política de Lacalle. ¿Resultado? El salario real privado descendió.

**Usted facilitó el ingreso de mercadería importada barata, desprotegiendo a límites insostenible la producción nacional textil, de la granja y la madera, entre otros.

**En sus dos gobiernos los que se beneficiaron fueron los sectores financieros y agroexportadores. No se alentó la industria nacional ni el ahorro en el Estado que, a pesar de su discurso reduccionista del gasto público, aumentó enormemente. El déficit fiscal de 1999 fue sustancialmente superior al de 1994. En 1994 fue de 436 millones. En 1995, Usted recién asumido, aplicó un brutal ajuste fiscal, pero en 1999 el déficit público fue de 815 millones.

**Su “Batllismo moderno” nada tiene que ver con el Batllismo. Usted y su partido fueron promotores de las privatizaciones, por suerte detenidas en el plebiscito de 1992. Usted cerró AFE. Bajo sus mandatos cerraron muchas mutualistas y otras empresas. Usted colocó personas de su confianza que han sido altamente cuestionados en sus conductas éticas. Un solo ejemplo. La señora Milka Barbato, conocida como “la topadora” de Sanguinetti, miembro de su Foro Batllista, fue cuestionada en la prensa y en el Parlamento por enriquecimiento ilegal en plena gestión pública en el BPS, en la Corporación para el Desarrollo y en el BROU.

**Apenas asumió en 1985 no atendió prácticamente ningún planteo emanado de la CONAPRO (Concertación Nacional Programática) desconociendo toda negociación entre los sectores sociales y políticos del país para construir una salida democrática participativa y acordada.

**Usted miente, Señor Sanguinetti. Ha dicho que las bandas narcos entraron con el FA cuando sabe perfectamente que ingresaron mucho antes con la pasta base y otros horrores. Ha dicho que nunca estuvimos peor en materia de seguridad cuando sabe que hubo un techo veinte años antes cuando ya no se soportaba más la delincuencia callejera y de guante blanco, la corrupción y otros delitos.

**Usted es el ideólogo de la Ley de Caducidad, no aplicó el artículo 4to que permite investigar y puso mil trabas para la verdad y la justicia.

**Su liberalismo es una máscara para que prevalezcan los intereses de los minúsculos sectores poderosos que Usted representa. Su libre mercado es el menos libre de los mercados que se digita y se conduce desde el poder que Usted defiende.

Señor Sanguinetti, Usted habla de lo que va a hacer, porque poco y mal puede hablar de lo que hizo en sus dos Gobiernos que fueron muy malos para el país y para la pública felicidad. Por eso nadie lo debe votar.

Publicado en el Semanario VOCES el jueves 6 de junio de 2019

EN JUNIO VOTARÉ AL FRENTE AMPLIO por Pablo Anzalone

El 30 de junio voy a votar al Frente Amplio. Ya conocemos lo que es la derecha en el gobierno. Lo sufrimos en nuestro país antes de 2005 con décadas de gobiernos blanquicolorados. Lo vemos hoy en la región. No queremos para Uruguay  el desastre económico de Macri ni su aumento de la pobreza. Menos aún gente como Bolsonaro y sus políticas racistas, violentistas, antifeministas y  su subordinación vergonzosa a Estados Unidos. Nos duele América Latina y queremos que Uruguay avance  mucho más en  justicia social y democratización.

Soy crítico y autocrítico de estos 15 años de gobierno. Y también estoy orgulloso de los derechos que se han conquistado, que han sido muchos durante estos años.  Ambas cosas van juntas. Las visiones autocomplacientes no son buenas ni tampoco “tirar el niño con el agua”. Siento que debemos seguir rebelándonos contra la injusticia y por la libertad. Sabiendo que es paso a paso, valorando y defendiendo cada avance. Luchando por utopías que nos ayuden a caminar, como decía Galeano.

Octubre y noviembre serán elecciones reñidas. Creo que Daniel Martínez es quien puede llevar al Frente Amplio a un nuevo gobierno en esta situación compleja, con esta ofensiva reaccionaria. Por eso lo apoyo. Lo conocí cuando era un dirigente sindical, muy querido por los trabajadores de Ancap, en tiempos de formación del PIT CNT a la salida de la dictadura.Eso también importa.  Andrade, Bergara y Cosse están aportando mucho y bien para la campaña frentista y respeto todas las opciones en junio. En nuestra opinión, este junio no es la dilucidación de correlaciones de fuerza dentro del FA sino un paso hacia octubre.  La izquierda uruguaya tiene el gran desafío de renovarse, afirmar su unidad, aprender de los errores propios y latinoamericanos, para defender los derechos alcanzados y profundizarlos, abatiendo las desigualdades que subsisten. ¿Alguien de izquierda puede resignarse a tener 17%  de los niños y jóvenes en condición de pobreza? No hablamos solo de ingresos en hogares sino de derechos. ¿Podemos aceptar  una sociedad con violencia de género y generaciones? No son tareas solo de un gobierno, cualquiera sea, sino también de múltiples actores, movimientos sociales, culturales, comunitarios. Y también fuerzas políticas. La política no puede quedar recluida en el gobierno y sus instituciones. Se precisa una sociedad movilizada y en eso nos falta mucho. Este gigantesco 20 de mayo, conmovedor, es una demostración de que hay cosas que nos mueven. Los 8 de marzo multitudinarios, las marchas de la diversidad, son ejemplos de ello.   

Estuvimos en la formación de Casagrande y hemos visto a Constanza y las compañeras y compañeros dar muchas batallas que importan. En causas vinculadas a los Derechos Humanos, a desigualdades de género y generaciones, en temas de convivencia y seguridad, ambientales, militares  y en muchos otros. Por estas razones sumaremos como independientes en la lista 3311.

Por estas razones votaremos al Frente Amplio.

Publicado en Voces

USTEDES Y NOSOTROS por Ignacio Martínez

Señor Luis Lacalle Pou:

Le escribo para decirle por qué hago campaña para que votemos al FA la mayor cantidad posible de ciudadanos y por qué digo a viva voz que su proyecto es antinacional.

**Usted habla mucho de educación pero estuvo en contra del Plan Ceibal. Su relación con los docentes, nuestros niños y nuestros jóvenes, es cero. ¿Qué sabe Usted de educación si me sobran los dedos de la mano para contar los centros educativos que ha visitado durante su senaduría?

**Usted no votó las leyes sociales para los trabajadores rurales y específicamente se negó a la jornada de 8 horas. ¡Claro que se trabaja más de 8 horas en el campo, señor! Pero todos las horas que se pasen de las 8 horas universales, ahora se deberán pagar extras.

**Usted no votó la legalización del aborto gracias a la cual hoy tenemos prácticamente muerte cero de mujeres por abortos ilegales.  

**No votó la ley de matrimonio igualitario queriendo privar de legítimos derechos a mujeres y hombres de nuestro país.

**No votó la ley de responsabilidad empresarial cuya vigencia, por suerte, ha bajado la siniestralidad en los ámbitos laborales cuyo drama seguiría intocado si no hubiese salido la ley como Usted quería.

**Usted está en contra de la negociación colectiva y ha visto con buenos ojos la inhumana reforma laboral de Bolsonaro, así como las medidas tomadas por Macri, ambos agrediendo a sus pueblos y los derechos conquistados por los trabajadores.

**Está en contra de la llamada Ley Trans que lo único que pretende es amparar un sector de la población expuesto siempre al agravio, la marginalidad y el juicio público de una cultura insana que lo único que quiere es seguir privándolos de derechos básicos.

**Usted no votó la reforma de la Caja Militar. Ni siquiera dio la cara en el Senado para el retiro de los 4 generales que participaron del Tribunal del “Deshonor” en la consideración del caso Gavazzo. Usted se fue de sala e hizo pasar a su suplente.

¿De qué libertad individual y de qué justicia social se siente Usted defensor si no ha hecho otra cosa que oponerse a todo lo que implica precisamente la libertad y la justicia social?

Usted ha dicho que su modelo de gobierno implica que “el Estado esté presente siempre” y que en “muchos lugares del país falta más Estado, más gobierno. ¿De qué habla, señor, Usted que viene de un partido esencialmente privatizador, contrario al MIDES y a todas las políticas sociales, económicas y de bienestar que ha venido realizando el FA?

Ha dicho que “vamos a respetar lo acordado”. Bien. Pero también dijo que “si nos toca ser gobierno vamos a renegociar todo lo que tengamos que renegociar” ¿Quién puede confiar en Usted con estas contradicciones que, además, desalientan las inversiones?

“Si nos toca gobernar no va a existir la obligación financiera”, dijo Usted. ¿Va a favorecer las contrataciones en negro, la evasión financiera?

Pienso distinto que Usted y defenderé que ambos tengamos la libertad de poder expresar nuestras ideas, pero en esta breve nota no sólo señalo palabras dichas por Usted, sino votos y posiciones realizadas durante su legislatura que me confirman que Usted no debe ser presidente de Uruguay porque sus propuestas de gobierno le van a hacer mucho mal a las grandes mayorías nacionales, beneficiando a un puñado de poderosos que rodean la cuna de la que Usted proviene. Si Usted mirara un poco la esencia de la cristiandad que dice profesar, tal vez sus ideas serían diferentes, su actitud frente al prójimo sería diferente y yo escribiría una nota de otro tenor.

Publicado en el Semanario VOCES el jueves 23-5-2019

ALGO DE LO QUE CAMBIÓ EN BRASIL por Pablo Anzalone

Los resultados de la primera vuelta en Brasil deben hacernos pensar. Las encuestas volvieron a equivocarse y el mejor posicionado es un candidato que no se presenta en los debates. Un candidato sin propuestas económicas ni programáticas sobre ningún tema. Un tipo cuyo discurso es la reivindicación de la dictadura, con la salvedad que se equivocó en torturar y debía haber matado a los presos políticos. Un sujeto con una actitud machista exhacerbada, que propone ametrallar las favelas y promueve un discurso de odio, racismo y misoginia. Lleva más de 25 años como diputado federal y sólo fue conocido cuando dedicó su voto favorable al impeachment contra Dilma al militar que la torturó. El desgaste del sistema político y de las opciones tradicionales determinó que salieran bien parados nuevos candidatos de derecha asociados a Bolsonaro.
En esta elección se produjo un quiebre del modelo de campaña donde la televisión juega un rol fundamental. El candidato con mas minutos de televisión y mayor estructura partidaria, Alkimin del PSDB tuvo el peor desempeño de la historia de su partido. El PMDB y el PSDB tuvieron fracasos electorales contundentes. Aunque castigado el PT pasó a segunda vuelta y tiene la mayor bancada parlamentaria. Otras izquierdas que apoyan a Haddad en la segunda vuelta como el PDT de Ciro Gomes tuvieron buena votación y el PSOL con el liderazgo de Guillerme Boulos duplicó su bancada.
Es la gran elección de los “fake news” divulgada por WhatsApp y por redes sociales, un campo que no tiene ninguna regulación ni responsabilidad. Operó para Bolsonaro el apoyo de los evangélicos, un fenómeno religioso conservador con una influencia cada vez mayor en Brasil y en la región.
Bolsonaro es un energúmeno. Su candidatura es un llamado a la violencia. En el medio de la campaña fue apuñalado. Asesinaron en Bahía a un maestro de capoeira “Moa do Katende” por cuestionar a Bolsonaro y apoyar al PT. La polarización política penetró profundamente en la sociedad brasileña, en las familias, el trabajo, las amistades. Los “bolsominions” (aquellos pequeños seres empeñados en seguir al personaje más malvado de cada momento) se sienten con la libertad de expresar su odio contra los gays, los negros y los pobres. Esa violencia que tuvo su expresión en el asesinato de Marielle Franco puede crecer en este contexto.
Pero la sociedad brasileña no está desmovilizada. La movilización contra la detención de Lula fue una recomposición de su vínculo con los sectores populares. El reciente movimiento “ele nao” de mujeres contra Bolsonaro fueron hitos masivos de rechazo político y cultural al fascismo. Cuarenta millones de brasileños no votaron en la primera vuelta. Haddad encara la segunda vuelta poniendo el énfasis en sus propuestas para los problemas del país. Una apuesta a la racionalidad del debate y a la democracia.

Publicado en Voces 9 de octubre 2018

BRASIL EN LA ENCRUCIJADA por Pablo Anzalone*

El resultado de la primera vuelta en las elecciones brasileñas es un duro golpe a la democracia en ese país. No sólo porque haya quedado en la primera posición un candidato derechista, sino porque Jair Bolsonaro se ha destacado por sus apologías a la dictadura, el asesinato, la tortura, la violencia, la desigualdad contra las mujeres. Falta en Brasil la construcción de una cultura de derechos humanos (DDHH) que rescate la memoria, la verdad y la justicia sobre los crímenes de la dictadura.

Todavía falta el balotaje y algunas semanas de movimientos políticos y campaña. Es cierto que hubo siete millones de votos anulados, tres millones de votos en blanco y casi 30 millones de abstenciones, que el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, obtuvo 31 millones de votos y Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista, más de 12 millones. Pero un tercio del electorado, 46% de los votantes, 49 millones de personas, votaron a Bolsonaro. Estos resultados nos obligan a reflexionar, crítica y autocríticamente. No sólo a los brasileños, sino a todos.

La democracia en Brasil tiene otras heridas graves y recientes, como la destitución de Dilma Rousseff sin razones válidas y con discursos extraordinariamente reaccionarios. O los procesos para impedir que Lula da Silva fuera candidato. Sin pruebas, incumpliendo con las garantías procesales en reiteradas ocasiones, con una evidente intencionalidad política, la Justicia brasileña encarceló al dirigente político más popular del país, a quien las encuestas daban como seguro ganador frente a Bolsonaro. Sérgio Moro y un puñado de jueces le dieron el triunfo a Bolsonaro. Extremaron su ensañamiento, no dejaron que Lula fuera candidato, pero tampoco lo dejaron hablar públicamente y censuraron incluso la posibilidad de que fuera entrevistado. El asesinato de Marielle Franco es un símbolo de la violencia contra los favelados, las feministas, los activistas populares, una violencia creciente –institucional y parainstitucional– que afecta la democracia como un todo.

Pero también hay restricciones a la democracia que han sido estructurales en Brasil, como la enorme concentración del poder mediático, del poder financiero, industrial y agrario, los privilegios de un Poder Judicial elitizado e impune (ningún juez va preso y tienen salarios exorbitantes). Una de las críticas que se les hacen a los gobiernos del PT es la de no haber transformado estas estructuras antidemocráticas, asumiendo que no se trata de transformaciones fáciles. Como señala Emir Sader, cuando el PT asumió el gobierno no tenía condiciones para cambiar todo eso, pero sí cabe cuestionar en qué medida trabajó para generar nuevas correlaciones de fuerzas que lo hicieran posible.

Hasta hace pocos años, todo el poder político usufructuaba de un estatus de privilegio que incluía la impunidad de las prácticas corruptas. Fue el gobierno de Dilma el que cambió esa situación y generó la posibilidad de la investigación y el juicio mediante la operación conocida como Lava Jato. Alcanza recordar el chantaje de Eduardo Cunha para ver lo que esto significó para el sistema político brasileño. Es trágico ver que para impulsar ese cambio no se recurrió a una amplia movilización ética, política y social, comenzando por las filas propias, sino al empoderamiento de algunos estamentos de la Policía Federal y el Poder Judicial, que convirtieron el Lava Jato en una operación política contra el PT, exonerando al propio presidente Michel Temer, a Aécio Neves y a otros connotados políticos de derecha. Una operación que utilizó la delación premiada sin pruebas y la difusión mediática como instrumentos de persecución política, afectando las garantías democráticas.

El apoyo a Bolsonaro es una expresión del poder de los estamentos militares y represivos, de un poder agrario extremadamente reaccionario, de la influencia creciente de iglesias conservadoras, y del peso de los prejuicios racistas y misóginos en la sociedad brasileña. Jesse Souza fundamenta con lucidez que el problema central del Brasil moderno no es la corrupción, sino la esclavitud y sus efectos, el abandono sistemático de las clases humilladas, estigmatizadas y perseguidas, las relaciones de dominación entre clases sociales, la lucha de clases. Brasil ha sido la mayor sociedad esclavista de la historia de la humanidad, dice Souza, y eso tiene efectos sociales y culturales profundos. El sentido de clase de esta ofensiva de la derecha es muy claro cuando se analiza la reforma laboral del gobierno de Temer, la prohibición constitucional de aumentar el presupuesto que se destina a la salud y a la educación públicas o la propuesta de Bolsonaro de vender las empresas estatales.

Es extraordinario que en una sociedad de este tipo hayan podido triunfar Lula y el PT y que hayan gobernado durante más de una década, desarrollando programas sociales que sacaron de la pobreza a 30 millones de brasileños, generando un gran crecimiento económico con redistribución y una política internacional que ubicó a Brasil como una potencia mundial.

Para las izquierdas, asumir el gobierno es una gran palanca de cambios pero también el peligro de estatizarse, de ser cooptadas por un Estado que las distancia de sus bases sociales y les hace perder capacidad de movilización popular. En un sistema político fragmentado, la búsqueda de gobernabilidad llevó al PT a alianzas con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, que luego significaron un altísimo precio político y múltiples traiciones. Uno de los huevos de la serpiente. Cuando la coyuntura internacional empeora, y aumenta el predicamento de las políticas de ajuste, esa ecuación se hace más compleja; la falta de mayores avances culturales, ideológicos y políticos, los problemas sin resolver, los errores, generan coyunturas nuevas, más favorables para la reacción.

En cambio, la derecha tiene enclaves de poder más antiguos y al mismo tiempo que utiliza ampliamente las modernas tecnologías de control, pudiendo incluso llegar a movilizar a grandes sectores, como sucedió en Brasil en 2013. Esa disputa por la capacidad de representar las aspiraciones de cambio de la población es un tema central. Como señalaba Frei Betto en 2016, subestimar los aspectos ideológicos de los cambios ha sido una de las causas principales de los retrocesos de los gobiernos progresistas en América Latina.

La experiencia de la última década latinoamericana no ha sido estudiada en profundidad en sus avances, sus límites y sus errores. La relación entre movimientos sociales, partidos, gobiernos progresistas y Estado es una de las claves para analizar estos procesos. En ese sentido tienen importancia las formas de democratización de la sociedad y el Estado que se produjeron en este período. La “democratización de la democracia”, como señalaba Francisco Panizza, es un nudo crítico. Una democratización mayor, con la conquista de nuevos derechos, el aumento de la transparencia, el fortalecimiento de los actores sociales y culturales del cambio, es una forma de reivindicar la política y expandirla en tiempos de crisis del pensamiento crítico y de amenazas de la ultraderecha.

Las movilizaciones populares ante la detención de Lula y el movimiento “ele não”, protagonizado por las mujeres contra Bolsonaro, son un elemento de esperanza en la difícil coyuntura brasileña. Recomponen un vínculo y construyen una actitud de lucha, de indignación ante la ultraderecha y sus planes violentistas y antipopulares.

*Lic. en Ciencias de la Educación y Mg. en Sociología

Publicado en La Diaria el 11 de octubre de 2018

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