¿DÓNDE SE DISCUTE LA REFORMA DE LA SALUD? por Pablo Anzalone

La falta de ámbitos para analizar la marcha de la reforma de la salud no es un hecho menor. Por varios motivos. En primer lugar porque como todo proceso complejo de transformación social está lejos de haber culminado con sus objetivos de fondo. En tal sentido requiere un análisis crítico de sus avances y dificultades para construir una agenda u hoja de ruta de las transformaciones. En segundo lugar  porque este tipo de procesos no funciona con lógicas de ordeno y mando sino que son  imprescindibles  análisis y planificación situacional donde se tengan en cuenta los diferentes actores. En tercer lugar porque  construir una alianza del cambio es una tarea de enorme importancia estratégica, que precisa de ámbitos democráticos. No sólo de ámbitos sino de propuestas que construyan la agenda del cambio en la salud.

Hay quienes afirman que el programa del FA se agotó, tras haber cumplido con los grandes pasos previstos y ahora se trata de elaborar un nuevo rumbo que defina las transformaciones del próximo período. En mi opinión los ocho ejes del programa de gobierno en salud aprobado por la ciudadanía no se han alcanzado plenamente en ningún caso. Sin embargo comparto sustantivamente la necesidad de crear una agenda renovada, donde los capítulos pendientes se unan a los nuevos desafíos.

Está claro que el actual escenario de enlentecimiento económico agrega problemas por varios lados a la reforma de la salud. El recorte de inversiones y gastos en salud y educación es una receta clásica ante situaciones de déficit fiscal y también un punto de confrontación política. Los actuales debates presupuestales son un ejemplo. Y al mismo tiempo los años de bonanza generaron una lógica de “ganar/ganar” que no agudizó las contradicciones con algunos sectores del sistema de salud  conectados a los mecanismos de lucro. En el mismo sentido hay que valorar las dificultades para impulsar cambios sustantivos en un modelo de atención caracterizado por un crecimiento de costos  permanente sin mejoras acordes en la calidad. Actuar sobre las “gorduras” del sistema requiere asumir el costo político del conflicto con los grupos de poder que usufructúan del lucro en la salud. Frente al reclamo de incremento de las cápitas por parte de las direcciones mutuales, son importantes las afirmaciones del MSP  en el Parlamento  cuando el Ministro sostiene que no todos los gastos pueden validarse y en particular aquellos que ni siquiera refieren a la atención a la salud. La publicación en la página web del MSP de las tablas de sueldos del sector salud donde figuran salarios exorbitantes que superan los dos millones de pesos mensuales en algunos cargos gerenciales, puede ser un indicador de disposición gubernamental a encarar ese conflicto. Pero aun cuando no fuera así (porque la lógica del piloto automático es muy fuerte) los estudios de economía de la salud que muestran la apropiación de los recursos en el sector apuntan a un aspecto clave del futuro de la reforma: la distribución de esos recursos.

En el sector público están en riesgo la equiparación del gasto por usuario con el sector privado (hoy el primero equivale a 85% del segundo), el “fonaseamiento” de todos los usuarios ASSE, inversiones importantes y la articulación estratégica en la Red Pública (RIEPS). También es imprescindible el análisis sobre la eficiencia del gasto y el cumplimiento de las metas.

    La oposición de derecha, tan proclive a los recortes en políticas sociales cuando están en el gobierno, hace demagogia defendiendo la compra de más medicación de alto costo, a sabiendas que ningún sistema de salud puede sostener esa carrera tecnológica que alimenta el lucro de las grandes multinacionales del medicamento. Pretenden alarmar con el “déficit” del Fonasa, cuando el diseño mismo del seguro incluía la financiación por Rentas Generales, o se solidarizan con el déficit operativo de algunas mutualistas, cuando toda la vida dejaron caer sectores económicos enteros por falta de competitividad.

Hay un componente cultural en las transformaciones de la salud. Si la población entiende que calidad en atención es recibir mucha medicación y tecnología será más difícil que el sistema de salud cambie su modelo en este plano. Y viceversa, si el sistema no promueve ese cambio no habrá una cultura de salud diferente.

Ninguno de los principales problemas de salud puede encararse solo desde el sector salud, y tampoco sin su participación. Sin una alianza fuerte de la salud, la educación y la comunidad no es posible desarrollar la Atención Primaria en Salud.

¿Estamos en un campo donde la política juega un rol trascendente?  Si por política entendemos las prácticas colectivas sobre problemas generales de nuestra sociedad, creo que sí. El MSP tiene una responsabilidad de rectoría irrenunciable. Pero la participación social puede ser un protagonista y un acicate. Superar la mera atención a demanda para crear una actitud proactiva del sector salud implica tres elementos fundamentales: diagnóstico de problemas de salud prioritarios, definición de objetivos sanitarios sobre esos problemas y planes de salud con las líneas de acción para alcanzar dichos objetivos. Los tres pasos requieren una sólida tarea técnica pero también dimensiones y voluntad política.

 Ámbitos democráticos donde se pueda discutir la reforma de la salud son el oxígeno necesario para estos procesos.

Artículo publicado en La Diaria  13 setiembre 2016

LA POLÍTICA EN CLAVE DE RESISTENCIA CULTURAL por Milton Romani Gerner

Cuando leí el email VOCES TE RECLAMA, tipo sonido surround, evocó en mí, el famoso afiche del Tío Sam ordenando “I want you for U.S. Army”.

Cambio de perspectiva: ¿será una nueva alusión sobre mis buenas dotes de panadero? No muchachos, esta vez no hay panes. Exijo un desagravio (Ver Voces)

Sigo. La enumeración de problemas al que nos invitan a escribir, es en rigor una sarta de problemas de diverso calibre y tenor que terminan todas en una forzada conclusión global, del tipo “sinarquía internacional”. Además se hace mención a lo anárquico. Imposible aceptarlo. Mi herencia paterna me lo impide. No puedo admitir una burda satanización de la heroica tradición libertaria.

Para encarar errores, burradas, corrupciones de baja y alta intensidad en la que pueden estar inmersos muchos actores de riesgo (algunos que pertenecen a mi gobierno) deben ser tratados en forma discriminada.

Asumo uno: la corrupción como fenómeno humano, riesgo siempre presente, ese sí, de alto contenido ideológico, cultural y político. En mi opinión: el único antídoto es la política en clave de resistencia cultural a los valores dominantes. Y la autocrítica siempre. Que no daña a nadie, y siempre tiene un efecto reparador. “Sabe una cosa, me equivoque, pido disculpas”.  Bien lo saben los cristianos que postulan el arrepentimiento como base del perdón. Pero el ejercicio del poder es necio. Se nutre del narcicismo de las pequeñas diferencias.

Reitero lo que afirmé en reportaje de Voces: para una administración de izquierda, es muy peligroso depender estructuralmente y en todos sus ordenes, de los cargos del Estado. Veneno letal. No dije que es nocivo ocupar y ejercer cargos. Asumí durante doce años cargos que me honran. No es eso. Digo que una fuerza política de izquierda, tiene que conservar identidad, acción y cabeza propia desde lo social, desde fuera del Estado. Para hacer temblar hasta las raíces de los árboles no se puede ser un paisajista neutro. Hay que además ser, jardineros, leñadores,  zapadores…

El proceso de estatización del Partido Colorado es elocuente. Se envenenaron de estado y cuando perdieron el control, no son nada. Se castró de su componente liberal y popular. No pudieron siquiera, conservar el patrimonio histórico del edificio emblemático de El Dia. Hoy es una timba.

Es necesario pensamiento y acción política que abarquen dimensiones que un elenco de gobierno no puede resolver. Paradoja: es una necesidad para gobernar. Es también un reaseguro (no una garantía) de control político y social. También para la corrupción. El gobierno trabaja, por definición, con lo instituido, es conservador necesariamente. Lo instituyente solo lo pueden aportar las fuerzas políticas y las sociales que tienen otra lógica de cambio. El poder NO es una plataforma a tomar y desde allí operar. Es una red de relaciones. La macro y la micro fenomenología del poder se nutre con: a quién recurrir, qué resortes manejar, qué fiestas concurrir, qué apellidos enunciar, qué equilibrios fiscales cubrir, qué consensos inevitables concretar. Sumemos la fila de oportunistas que recorren, incansables, los pasillos de todos los gobiernos.

El capital tampoco es dinero acumulado. Son relaciones de poder. Eso hace necesario la política en clave de resistencia cultural. Para modificar relaciones. A su medida y armoniosamente…

“Los compañeros son buenos… pero si se los controla son mejores”

Sí. Es una frase de Perón. Ya sé, no es el mejor referente del tema. Pero el concepto es excelente. Marca una realidad y un desafío. La corrupción forma parte no sólo de las actividades de riesgo en el nivel del aparato del gobierno. Es un componente cultural extendido, a todo nivel.  Hacé la tuya, sucedáneo de una sociedad que promueve consumo, éxito y ganancias. Sea con una SAFI, o una boca de pasta base, o una escribanía lavando dinero. “Pará… que le voy a pedir a mi primo, que ahora está en el gobierno… un carguito, un acomodo”. “Ahora llegaste, me tenés que tirar algo, estoy en la mala y yo los vote”. Presión social, clientelismo de nuevo tipo. Favores, piernas, gauchadas como justificaba Magurno. ¿Baja intensidad? Hasta que se desmadra y son de Alta Intensidad. Como La Piñata. Arrebato de bienes ocurrido cuando se perdió el gobierno ante el triunfo de Violeta Chamorro.

Nadie está libre. Tampoco se soluciona con linchamientos. Lo de Dilma es una gran embestida de la derecha. Hipocresía e irresponsabilidad de Temer y Cía., que ni siquiera repararon en la inestabilidad (incluso económica) que se deviene de lo ilegítimo. Como el alacrán, no pudieron con su naturaleza. Voracidad de plusvalía, voracidad de cargos. Fueron con todo. Siendo esto abominable, no explica la derrota. ¿Qué pasó con las bases sociales inmovilizadas por intentos de ajuste que promovió Dilma?  Los esquemas de corrupción son un dato político central. Sí, con la oposición y los ex aliados incluidos.  ¡¡Pero el PT!! Surgido de las entrañas de la clase obrera. Es muy aleccionador y debe formar parte de una reflexión a fondo de la política, el poder y la batalla cultural que necesitamos para reconstruir.

Recurro a Lula como para no dejar solo a Perón. Salvando las distancias, en sus aciertos y sus errores:

“El verdadero problema del PT es que se transformó en un partido igual que los demás. Dejó de ser un partido de las bases y se transformó en un partido de gabinetes. La estructura de los cargos de gobierno también. Con el paso del tiempo, eso alteró la vida interna del partido. Hay mucho más preocupación en ganar las elecciones, en mantener y reproducir mandatos, que en vitalizar al partido. (…)Hablando francamente: muchos de nosotros están más preocupados en mantener – mantenerse – en estas estructuras de poder que en hacer la militancia partidaria, que estaba en el origen del PT. Ese es el origen de los vicios como la militancia rentada, la disputa por cargos en gabinetes, la inversión de grandes recursos en campañas electorales, en fin: vicios que nosotros siempre criticamos a la política tradicional”  (Discurso en 35 aniversario del PT, febrero 2015).

Esteban Morales, combativo economista cubano, crítico, tiene una actitud política beligerante con el tema corrupción:

“La lucha contra la corrupción, no es en principio, ni primeramente, una batalla contra los corruptos solamente. Se trata de una batalla cultural. Estos últimos pueden desaparecer o ser reducidos a su mínima expresión con relativa rapidez.  La lucha contra la corrupción es, en primer lugar, una batalla por el desarrollo integral, cultural  de la sociedad.

La batalla contra la corrupción exige además una fuerte actividad de todo el aparato represivo institucional, que no dé cuartel a los corruptos,  donde quiera que estos se encuentren;  desde los niveles más altos de dirección hasta los más bajos; porque todos los burócratas no son corruptos, pero la burocracia como tal es corrupta por su propia naturaleza. Se protegen unos a otros, intercambian favores y tienden a no mirar hacia arriba. Por tanto, no es el aparato burocrático el que en mejores condiciones está para combatir la corrupción, ni responderle ampliamente a las masas trabajadoras  y a toda la sociedad por su control y erradicación”

(http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com.uy/2016/09/una-vez-mas-sobre-la-corrupcion.html)

A ELLA LE GUSTA por Adriana Cabrera Esteve

“Cada vez que el tipo llega a la casa, se oyen los golpes a través de las paredes. La oigo rebotar contra las cosas”, me cuenta mi compañera. “¡Denuncialo!”, le digo. “¿Y si se la agarra conmigo o con mis hijos?”, contesta. Reconozco la onda expansiva del miedo, la misma que se extiende en el espacio y en el tiempo y sostiene a las dictaduras primero y a la impunidad después. Un poder que se ejerce contra unos, pero les llega a todos. Por eso, no me sorprende cuando oigo a Boaventura de Sousa Santos hablar del fascismo que viven algunas mujeres al volver a sus casas. Pueden ejercer sus derechos civiles, pueden votar, dice, pero viven bajo el poder patriarcal en sus hogares. No se pueden comparar los dramas, pero las cifras también traen a nuestra mente analogías.

Se cuentan por centenas las muertes en una década. Es un hecho que las mujeres están subrepresentadas en la política uruguaya, algo que interpela nuestro sistema democrático. Pero también la violencia de género debe interpelarlo.

Pensar la calidad de la democracia analizando los datos de violencia de género y generaciones es obligatorio para quienes pensamos que la justicia social no es sólo una cuestión entre los que venden su fuerza de trabajo y los que detentan los medios de producción. Eliminar las desigualdades no supone sólo eliminar las económicas, sino también no considerar como subalterna o de segunda a la mitad femenina de la población y a todo el que no sea blanco ni adulto heterosexual.

La democracia no es un estado, es un proceso. De los actores políticos y sociales depende hacia dónde transitamos. Fue gracias a las organizaciones feministas que en la última década se cuantificaron los feminicidios y el problema comenzó a tener dimensión pública. Hasta entonces, la violencia intrafamiliar estaba naturalizada y el imaginario colectivo estaba plagado de frases como “a ella le gusta”, “algo habrá hecho”, “arrimale la ropa al cuerpo que se le terminan las pavadas”, “que se joda por infeliz”. El problema, siempre de “otras”, pertenecía al ámbito de lo privado. Les sucedía a las infelices, a las ignorantes, a las sumisas y, por tanto, a las despreciables. Las víctimas quedaban así bajo sospecha, revictimizadas, no generaban solidaridades ni políticas de gobierno destinadas a respetar sus derechos humanos.

Fue necesario estudiar los datos para visualizar que la violencia atravesaba a toda la sociedad y que el lugar más inseguro para muchas y muchos era el propio hogar. Sí, muchos, porque nuestra sociedad no sólo es androcéntrica, sino también adultocéntrica. Sobre los niños, las niñas y los adultos mayores suelen también reproducirse prácticas de violencia doméstica naturalizadas en nuestra cultura, entre otras cosas porque suelen ser colectivos sin voz, con nulas o escasas posibilidades de convertirse en grupos de poder. Recordemos aquello de que la letra con sangre entra.

La violencia doméstica tiene características propias, se produce la mayoría de las veces en el ámbito familiar o en el marco de una relación de pareja. En la víctima suele predominar un deseo de transformar al victimario, no de alejarse, mediado por sentimientos de vergüenza, culpa, apego o amor, acompañado por un creciente aislamiento o la destrucción de otros vínculos. Se produce como resultado de un mandato cultural que impone la idea de que la mujer es propiedad del hombre y establece roles a cumplir, una idea de lo femenino y lo masculino basada en las inequidades con fuertes raíces en nuestra cultura. De esto surge que la obligación de denunciar no debe recaer en la víctima solamente. Compete al Estado acompañar las luchas de las organizaciones sociales y reconocer en la violencia doméstica un grave problema de seguridad ciudadana, garantizar los derechos de las víctimas y educar a la población en vínculos no violentos. Ni físicos, ni psicológicos, ni sexuales, ni patrimoniales.

En Uruguay, los esfuerzos realizados para concretar una estrategia contra la violencia basada en género y generaciones, unida a la mayor visibilización del problema que han logrado organizaciones como la Coordinadora de Feminismos, que al grito de “Ni una menos” toman las calles a cada nuevo crimen, han tenido como resultado una mejor caracterización del problema, el aumento del número de denuncias, una mayor formación de funcionarios públicos y privados, una mayor capacidad de respuesta, una creciente alerta ante casos de violencia y un Plan de Acción del Gobierno. Sin embargo, estamos lejos de generar una contracultura capaz de revertir el número de víctimas.

El informe 2015 del Ministerio del Interior registra un aumento sostenido de las denuncias por violencia doméstica. Mientras que en 2005 se registraron 5.612 denuncias, en 2015 se llegó a 31.184. Un promedio de 85 denuncias por día. Si se suman los asesinatos de mujeres a las tentativas de homicidio, resulta que el año pasado cada 11 días se mató o se intentó matar a una mujer mediante violencia doméstica. La mitad de los homicidios de mujeres se da en el ámbito doméstico. Sin morbo, que 35% de las muertes se dieran por golpes con pies y manos o estrangulación denota la brutalidad de la situación. En los últimos tres años, según la misma fuente, suman 61 las mujeres asesinadas por su pareja o ex pareja (22 en 2013, 13 en 2014 y 26 en 2015).

Hay una disputa hacia más o menos democracia. Coexisten autoritarismos normativos, sociales y culturales, como el racismo y el patriarcado. En ese marco, la eliminación de la violencia doméstica es ir contra la cultura hegemónica. Tratar de detener un flagelo que promedia las dos muertes mensuales supone una agenda común de organizaciones sociales, partidos políticos y el gobierno.

 Publicado en “Dínamo”, La Diaria, el 12 de setiembre de 2016

Entrevista a Milton Romani: La dependencia del militante del cargo del gobierno es un veneno letal*

*Publicada en VOCES

Dejó su puesto en la OEA, dejó su cargo  en la Junta de Drogas,  dejó a su grupo, el PVP, pero sigue activo desde el llano. Nos arrimamos hasta su casa en el barrio Capurro para  entrevistar a este veterano luchador y joven abuelo.  Nos recibió con pancitos amasados por él para ablandarnos, pero no le dio resultado. Que siga haciendo política, de panadero se moriría de hambre. Con ustedes, la charla  íntegra que tuvimos con Milton.

 POR Jorge Lauro y Alfredo García / Fotos Rodrigo López

PERFIL: Tiene sesenta y seis años y es jubilado. Dos hijos: Yamila, de cuarenta y dos, y Yamandú, de treinta y nueve. Y cinco nietos: Delmira, de diecinueve; Luna, de dieciséis; Anatole, de nueve; Violeta, de ocho y León, de cuatro años. Vive en Capurro.

¿Tu familia está en Montevideo?

Está en Montevideo. Mi nieto el otro día me preguntó: “Che, abuelo, es verdad que te jubilaste por nosotros” (risas).

Le dijiste que sí, lógicamente.

Sí, claro. Me volví de Washington por ellos, yo me podría haber quedado un rato más. Pero estoy para estar acá con mis nietos, soy familiero. Allá  estuve en el trabajo de lanzamiento de Luis Almagro a la secretaría general, la cocina de eso la hice yo.

¿Vos sos el responsable?

Yo soy el responsable de eso y estoy muy orgulloso, y el compañero Luis Almagro está equivocado pero es un compañero. No es ni un topo ni un traidor. Se equivocó en algunas cosas, pero para mí es un compañero. No puede ser que cualquiera de nosotros tenga un punto de vista o una actitud que disienta y enseguida se lo mande a la Siberia. Pará un poquito, loco. Podés discrepar, y yo le dije que a mí me parecía que se le había ido la moto —como también se les fue la moto a los venezolanos, que están fuera de control, como están los sandinistas, y esto yo lo escribí en un artículo y lo vuelvo a decir, y no tengo ningún problema—, pero no me parece correcto que se lo acuse de topo, de agente de la CIA encubierto. No, pará un poco.

Huele a Guerra Fría eso. Stalin ya pasó.

Ya pasó. Y a mí me pareció que fue una gran oportunidad promover a Luis Almagro. Fue un gran prestigio para Uruguay.

¿La OEA sirve para algo?

Lo digo acá y lo dije en los discursos de la OEA: yo me crié en contra de la OEA como departamento de colonias, y lo dicen actualmente muchos embajadores de la República Dominicana, que fue invadida bajo bandera de la OEA. En el lugar de la OEA donde yo estuve sentado se sentaron los embajadores de las dictaduras. Ahora, yo estaba en la Argentina en el año 79 cuando hizo su primera visita la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde el más radical de todos era el gringo. Y para la lucha del movimiento de familiares y de Derechos Humanos, la presencia del sistema interamericano de Derechos Humanos fue una gran cosa que les pasó a América Latina y a nuestros pueblos. Hay una parte de la izquierda latinoamericana que no ha comprendido esto, y que no ha incorporado lo que es la plataforma de los Derechos Humanos como lucha por una democracia radical, más allá de los valores humanitarios que tiene. Se equivoca el compañero Rafael Correa en atacar al sistema interamericano de Derechos Humanos, y se equivoca Venezuela, y en Uruguay hay compañeros que este tema de los Derechos Humanos y los desaparecidos no lo han comprendido y siguen pensando en la lógica de la teoría de los dos demonios.

¿No se utilizan los Derechos Humanos como herramienta para combatir determinados gobiernos?

También. Pero es una responsabilidad de la izquierda dejar una bandera.

Sin dejar la bandera, pero sí la denuncia frontal cuando se pone el énfasis en determinadas situaciones porque el gobierno no nos gusta.

¿La OEA sirve para algo? Sirve en la medida en que vos tengas una política que rescate las oportunidades y el campo de batalla que puede darte. Ahora, si vas a la OEA a decir que todo eso es una mierda que no sirve para nada, me parece que no sirve. En esto hay un problema. Yo lo aprendí con el secretario ejecutivo anterior de la OEA, Emilio Álvarez Icasa, que para mí es un principio. Uno de los prestigios que tenía el Uruguay en esta última etapa de la OEA es que Uruguay pagó una condena de la Corte Interamericana para hacernos cumplir el caso Gelman, y Uruguay dijo que tenían razón y que íbamos a cumplir. Y yo lo dije el en Consejo: al que le toca le toca, como dicen en mi barrio. Si vos acordaste un sistema interamericano y te están señalando, jodete y asumí. Y como decía Emilio Álvarez Icasa: los gobernantes y los funcionarios, y más en la izquierda, tienen que liderar la indignación. Si a vos te señalan una cosa, liderá la indignación, ponete al frente de lo que te están diciendo y remové las cosas. Porque los Derechos Humanos se violan en todos los países, incluso en los más democráticos. Y en Estados Unidos. Ahora, ¿Estados Unidos se pone a protestar? No, lo guarda bien en bolsa. Y México mismo.

Es que México es tremendo.

Pero Perú, Colombia, Venezuela. En Argentina ahora tienen a esta mujer, Milagro Sala. Los sistemas como el Interamericano o el de Naciones Unidas funcionan porque no hay justicia en nuestros países. Si los sistemas judiciales de nuestros países funcionaran, no tendríamos que recurrir a una cesión de soberanía. Porque después de todo cuando vos aceptás la Comisión, la Corte o el Comité de Derechos Humanos, estás cediendo soberanía. Y es un acuerdo internacional, cedemos soberanía porque es un mecanismo de protección de los derechos y garantías de los individuos. Y está bien. ¿Eso quiere decir que las decisiones de la Comisión, de la Corte o del Comité de Derechos Humanos son bulas papales? No, no son. Pueden ser controvertidas, puede ser que no tengan razón, pero la primera obligación que tiene el gobernante es decir que sí, que tienen razón, que se va a revisar eso para ver cómo se puede remover. Y yo creo que en ese sentido la OEA tiene un buen sistema interamericano. Desgraciadamente, se está fundiendo. Ese es otro de los problemas. Resulta que en determinado momento, cuando estaba yo, los representantes de los gobiernos progresistas en la OEA eran lo suficientemente fuertes como para desbancar a Estados Unidos, que sigue aportando el 59% del presupuesto de la OEA. Entonces vos te quejás de que el gringo te manda, pero el gringo pone los chanchos. ¿Y me vas a decir que entre Brasil, Venezuela, Argentina y México no podrían decir: “No, la OEA es nuestra”? Pero tenés que poner los chanchos, ¿no? Tiene sus complicaciones, y obviamente la OEA tiene una leyenda negra que difícilmente la va a remontar, pero también tiene esto. Y yo sigo opinando que, como en cualquier foro internacional, siempre hay un lugar para luchar por las ideas de izquierda. Creo que en la OEA se puede luchar por las ideas de izquierda. Y el sistema interamericano de Derechos Humanos es una posibilidad, como lo es la Comisión de Mujeres. Hay varias cosas en la OEA. Tiene una riqueza desde el punto de vista de los instrumentos jurídicos que no la tiene la UNASUR, porque no se lo propuso, y tampoco la tiene el MERCOSUR. Tiene una ingeniería en materia de Derechos Humanos que yo creo que es muy importante. En el tema drogas también tuvo aportes importantes. Creo que la OEA, a pesar de su leyenda, tiene posibilidades para un trabajo de izquierda, siempre que te lo propongas.

La UNASUR, por ejemplo, es un nuevo intento de sacar a los yanquis.

Estuvo y creo que está muy bien. No necesariamente es sustitutivo, sino que es complementario. Y en materia de una política exterior de izquierda, en un gobierno progresista, hay que estar en todos lados.

¿Hasta en el TISA?

No, yo estoy hablando de… digo que hay que participar en todos lados pero no sé si en el TISA, que es un tratado por el cual vos te comprometés a determinadas obligaciones. En cuanto a los tratados de libre comercio, puede ser que algunos sí y algunos no. Pero te hablo de jugarse, porque lo que hagas por un solo lado me parece un error para un país chico. Y además creo que en política exterior Uruguay tiene que explotar su imagen. Es decir, nosotros no somos potencia económica ni militar, por más que queramos que la Unión Europea haga negocios con nosotros o con el MERCOSUR, las reglas no las ponemos nosotros, y el hecho está en que esto que era una expresión de deseo, de flexibilizar el MERCOSUR para negociar con la Unión Europea. Hace veinte años que estamos tratando de flexibilizar con la Unión Europea. Y en la Organización Mundial de Comercio se la están pasando por todos lados. Es una opinión muy personal y modesta, y no pretendo con ella resolver la política exterior, pero me parece que nosotros tenemos que potenciar nuestros prestigios institucionales. Fuimos el primer país que reconoció la autoridad palestina, y ese es un prestigio, de la misma manera que fuimos uno de los primeros países que apoyó la creación del Estado de Israel. Es uno de los países que tiene firmados todos los convenios internacionales sobre Derechos Humanos. La agenda de derechos que tuvo Uruguay es muy importante. Y esto es un patrimonio común, pero me atrevo de decir que lo tiene aportado por la cultura de izquierda: el principio de la unidad en la diversidad, que nosotros repetimos en los congresos. En materia de política internacional me di cuenta cuánto me había servido lo que había aprendido en los congresos sindicales y del Frente Amplio, donde había que negociar y mantener una posición y saber que tenés que ceder en esto y en lo otro, y ese concepto de unidad en la diversidad, que es lo que ahora está en cuestión en el tema MECOSUR. Más allá de lo que digan, ¿qué es lo que pretenden Brasil y Argentina? ¿Que seamos todos igualitos? No, los organismos internacionales se nutren de países que tienen regímenes diferentes. Si es por eso nos vamos de las Naciones Unidas, porque Indonesia fusiló a ocho tipos por temas menores de drogas. Está bien, se discute la presidencia pro tempore, pero bueno, macho…

Se discute una cosa que es más formal que otra cosa, porque el poder del presidente pro tempore es muy relativo.

Es más laburo (risas).

Por eso lo largó Uruguay, entonces.

No sé si fue por eso, pero te puedo asegurar que tuve la presidencia pro tempore en el Consejo Sudamericano de Drogas de la UNASUR y es un laburo de la gran siete. Tenés que atender a todos los Estados, es un trabajo muy delicado.

Tenés una visión de América Latina bastante clara. ¿Hay un reflujo de la ola progresista?

Y sí, es evidente.

¿Va el péndulo hacia la derecha?

No sé si va hacia la derecha, pero es evidente que hay problemas en varios países, incluyendo los problemas a partir de errores de los gobiernos y las fuerzas políticas de izquierda en muchos terrenos. Yo estoy dispuesto a defender el proceso chavista, y llamo a hacerlo, pero no con esa dirección mayoritaria. Porque es una fracción mayoritaria del PSUV. Y estoy dispuesto a batirme a duelo por Lula y todo el PT, a condición de que reconozcamos que hubo un proceso de corrupción que hay que analizar seriamente. En el PT y en todas las izquierdas. No estoy dispuesto a bancarme el proceso del sandinismo, que por cuarta vez Ortega va y nomina a su mujer como la vicepresidenta y disuelve la asamblea y suspende a los diputados. Las tentaciones autoritarias de la izquierda ya las conocimos en el estalinismo, con Pol Pot en Camboya, es decir, las sabemos en la izquierda los que venimos del anarquismo, del levantamiento del Kronstadt cuando fusilaron a los marinos. Es el problema de la democracia obrera y revolucionaria, y de la democracia como concepto vital, y si no lo tenemos en cuenta, marchamos. Y esto no es ninguna concesión a la democracia liberal burguesa. Hay, me parece, una forma de radicalidad de la democracia. Justicia social, justicia política, democracia llevada a sus últimas instancias.

Como Cuba, por ejemplo.

“Me duele Cuba”, como escribió Galeano en algún momento. Pero los cubanos han sido más inteligentes, porque de alguna manera están gestionando su revolución, y estamos viendo cambios que no los vemos en otros lados.

¿Fidel por Raúl?

Hay una apertura innegable desde el punto de vista económico.

China la tuvo y mirá lo que hizo.

Yo no convalido ninguna cosa.

La izquierda uruguaya tiene problemas para hablar de Cuba. Hay cosas que nosotros acá no aceptaríamos, pero las justificamos en Cuba.

Yo no justifico nada en materia de radicalidad democrática. Uno puede relativizar, porque son procesos y circunstancias diferentes. Yo estoy dispuesto a seguir batiéndome por los principios de la revolución cubana y a darle un crédito muy grande, como también se lo doy al chavismo, porque a Chávez durante el conflicto con Colombia le vi una flexibilidad negociadora que no la veo en la actual dirección. Yo no condeno in totum, pero digo que los procesos hay que saberlos gestionar, y hay un momento en que, si se te va la moto, no la arreglás con nada. No veo que a los cubanos se les haya ido la moto, sino al contrario, veo una actitud diferente. Cada uno tiene su tiempo y sus procesos.

También hay una oposición distinta. La venezolana…

También. Como dijo el Pepe, en Venezuela nadie quiere negociar.

Las motos chocaron lejos, todas.

Pero cuando vos tenés el poder, tenés responsabilidad. Y ya hubo varias oportunidades en que se podrían haber sentado a dialogar con la oposición.

¿Pero la oposición quiere diálogo? Quiere el poder.

Hubo un momento en que se dio esa situación. ¿Por qué te creés que Almagro está enojado? En octubre de 2014 Panamá se presentó ante el consejo permanente con un planteo de prácticamente liquidar a Venezuela. En ese momento yo era embajador. Articulamos una unidad de acción entre Brasil y Argentina, a la que después se sumaron los compañeros del ALBA. Después se sumaron los caribeños, para salvarle la petisa a Venezuela, bajo el principio de que Venezuela era un país democrático con elecciones democráticas y por el principio de autodeterminación. Hay una resolución del consejo permanente, en la que Panamá fue derrotado veintinueve a tres. Los únicos que votaron con Panamá fueron Estados Unidos y Canadá. En esa declaración había un compromiso por el cual el gobierno de Maduro se sentaba en una mesa de negociación. Maduro se sorprendió de que en la OEA saliese una declaración a favor. Hubo una misión de la UNASUR, que integraron Luis y los ex cancilleres brasileño, boliviano y argentino. Ese fue el momento en que Luis se enojó, porque si vas en una misión de conciliación y negociación, venís a hablar con la oposición, y no lo dejaron. Le hicieron la vida imposible. Ese fue el momento de rompimiento. No estoy justificando nada. Esto que hizo para mí lo hizo mal, sin consulta, sin negociación con los países. Él es el secretario general, es el empleado de los embajadores.

En ese momento hubo un inicio de diálogo al que fue Capriles, y todo el resto de la oposición le cayó con las dos patas y lo acusó de traidor y entreguista. ¿En ese clima es posible?

Depende de lo que vos quieras. Yo tengo la impresión de que la fracción mayoritaria del PSUV tiende a unificar su campo a partir de un planteo: “Que vengan, los estamos esperando, les vamos a romper el culo a patadas.” Y no me parece que sea algo bueno.

Hay declaraciones fortísimas. “Si vienen por un golpe, la reacción de Erdogan va a ser un chiste al lado de lo que va a pasar acá”, dijo Maduro. Y la oposición llama a tomar Caracas.

En Venezuela estamos frente al riesgo de que haya un baño de sangre. Es una posibilidad. Hay que preguntarse si los actores que están allí quieren evitar la explosión o si están contribuyendo a ella, y si están tentados a resolver el conflicto mediante la anulación de uno por el otro, cualquiera de los dos.

¿Cómo juega el ejército?

Si juega el ejército, ya sabemos cómo. Salís con los fierros a la calle.

El ejército lo maneja el PSUV, se supone.

Sí. Ahora también me consta que las posiciones dentro del PSUV no son unánimes. Claro, el hecho de que tengas el ejército… pero hay un aspecto que lo tienen que resolver los venezolanos. Pero creo que, como fuerzas de izquierda hermanas, el deber nuestro es advertirles: “Nicolás, vas por un mal camino, vas a una confrontación que lo único que va a hacer es deslegitimizar el proceso chavista, y vas a hundir a un país en una situación de la que después es muy difícil retroceder.” Todos los presos políticos de la oposición en todo el mundo siempre cometieron algún delito. Ese no es un argumento, no me rompas las bolas. Son presos políticos, vamos. Cometieron un delito, sí, fenómeno.

Hay motivación política atrás.

Hay motivación ideológica y política. Si no, ¿para qué están las amnistías? No están para liberar a los presos de opinión. Los presos de opinión no tienen que estar presos. Las amnistías son para quienes cometen delitos asociados a sus ideas políticas.

¿Sería un gesto de pacificación liberar a Leopoldo López?

Yo qué sé, no sé. También hay que tener cuidado, porque desde acá yo no puedo opinar mucho, pero también es verdad que hay que decirle, como decía Mendieta: “Negociemos, don Inodoro.” Hay un problema de correlación de fuerzas.

Argentina, que está cerquita y la conocés bien, ¿cómo la ves hoy?

Horrible. Lloro por ti, Argentina.

Te duele Cuba, llorás por Argentina… Estás deprimido.

La verdad es que estamos en una situación…

El proceso kirchnerista, ¿era progresista?

Sí.

Pino Solanas no dice lo mismo.

Ah, bueno, Pino Solanas está loco. Viví dos años en la Argentina. Tuve la excelente idea de ir a buscar asilo en la Argentina en el año 73. Un vivo bárbaro. Quizás el mayor pecado mío fue que, cuando en el 76 se vino la maroma, me quedé. Pero había algunas circunstancias personales que me hicieron quedar. Yo había hecho un curso en la Comisión Nacional de Energía Atómica, que me había dado el título de técnico en radioisótopos, que después me sirvió muy poco. Cuando vine acá tenía un trabajo estable, había sacado todos los papeles y estaba legal en la Argentina, y bueno, en un tema que más allá de todo algún día me lo recriminaron mis hijos. Bueno, yo qué sé. Ahora, con el diario del martes y el del miércoles… En el momento no pensábamos que la maroma se iba a venir como se vino. Bueno, cuando mataron a Michelini y a Gutiérrez Ruiz y después cuando la caída del PVP en julio. No, pero yo llegué a la Argentina en plena primavera camporista.

Que era una viña.

Era el empuje del peronismo de izquierda, que tenía mucha fuerza. Después lo dilapidaron. La Argentina se caracteriza por eso. Yo viví el rodrigazo, que fue una devaluación machaza, y viví la hiperinflación de Alfonsín. La Argentina es bipolar, pasa de la riqueza más grande a la crisis más brutal. Y el peronismo también. Hugo Cores era argentino, ¿se acuerdan? Porque yo le tengo cariño al peronismo. En Uruguay es muy difícil trasladar esto, pero hay que vivir en la Argentina un tiempito. El bloque conservador es tan conservador, tan oligarca, tan racista, que hay un momento en que vos decís que con esos tipos nunca vas a poder estar.

Gorila.

Gorilas de los que sacaron los aviones y bombardearon Plaza de Mayo. Y acá los refugiamos. Además el peronismo fue un movimiento político que utilizó todos los métodos y estrategias de acción, desde el voto en blanco y anulado hasta la coparticipación y la guerrilla. De todo. Y el peronismo expresa lo mejor y lo peor del movimiento popular argentino. Y la izquierda va a tener siempre el pecado de que cuando la opción era entre Braden y Perón eligieron a Braden. Eso fue así. Yo pienso que sí, que el kirchnerismo era progresista, claro que sí, por supuesto. Y las conquistas sociales que hubo en el 45 con Perón y ahora con el kirchnerismo son inigualables. Vos vas hoy en día a los barrios pobres en la Argentina y siguen teniendo a Santa Evita y hablan bien de Néstor y de Cristina. ¿Por qué? Porque llevó las asignaciones universales. Todo el mundo se acuerda cuando Néstor le dijo al comandante en jefe: “Me baja ese retrato.” La historia también se comporta de símbolos que marcan una época. Y eso no quiere decir que no hayan hecho una torta de cagadas una atrás de la otra. No consolidaron una dirección política, no consolidaron un partido, se pelearon entre ellos. ¿Cómo, con todo el periodo que tuvieron, no pudieron generar un nuevo liderazgo? Bueno, nosotros parece que tampoco (risas).

¿Votaste en la elección del Frente Amplio?

Sí, voté por el Pacha. Con gran dolor en el alma de no apoyar a mi gran amigo y compañero Roberto Conde, con el cual trabajé siendo el subsecretario. Me parecía que la opción de Pacha  era una opción de apertura juvenil, de ruptura generacional, de ruptura hacia otros frentes. Para mí es un drama que Conde y Pacha hayan ido separados.

Ahí estaba la lucha de aparatos. El Partido Comunista no estaba de acuerdo con algunas de las cosas que el Pacha proponía.

Saben que yo soy docente de psicopatología. Mucho tiempo di clases en el Hospital Vilardebó. Hay algunos síndromes en las izquierdas, yo esto hoy en día en el Frente Amplio lo llamo la enfermedad del narcisismo de las pequeñas diferencias. No puede ser que la pequeña diferencia sirva para fortalecer tu perfil, tu narciso, tu identidad. Andamos mal. El tema fue Casa Grande y el PVP. Sale una muy buena votación, veníamos para la elección de intendente, y se rompe todo. ¿A qué estamos jugando? Sinceramente no lo puedo entender. Y puedo hablar con propiedad de que hay un narcisismo de las pequeñas diferencias que es brutal. Y no es solamente de aparato contra aparato, sino que en la interna de cada sector y de cada aparato tenemos un desbole muy grande. No voy a nombrarlos, pero todos sabemos que en todas las tiendas se cuecen habas, a la interna.

Y guerras fratricidas, igual se matan.

De la misma manera —y lo voy a decir —que en los cambios de administración de gobierno tenemos lo que Cristian Mirza me dijo un día: “¿Sabés lo que pasa, Milton? Acá lo que hay es el síndrome del Big Bang: el que llega, piensa que empezó el universo y que hay que empezar de cero.” No lo hicimos con Jorge Vázquez en una excelente transición que hicimos con Leonardo Costa, pro secretario de Jorge Batlle. Hicimos una transición impecable y ni Jorge ni yo entramos a decir: “Este es colorado, se va para allá, este es frenteamplista, se queda conmigo.” Es mentira eso. Es falso de toda falsedad. Un día con Jorge dijimos: “Acá la única la diferencia, a la interna en la administración, está entre los que trabajan y los que no trabajan.” Como pasa en la administración pública y en los trabajos privados. Yo trabajé 20 años en el SMI y están los que trabajábamos y los otros, a los que no les gusta laburar. Y el arte de un gestor o de un gerente de recursos humanos es encontrar los mecanismos de motivación para que todos laburen. Y no es motivación económica, es otro tipo de motivación. Ahí me voy a los estímulos morales del Che, y eso significa, por ejemplo, decirle a alguien: “Loco, estás sacando unas excelentes fotos.” No abunda eso. Bueno, cuando llegás a recontra viejo y te tenés que morir ahí sí te hacen un homenaje. No abunda. Y esto, desde mi punto de vista de militante político, tiene un nombre: es el castramiento total de la política como el factor fundamental de la dinámica de una fuerza política y de un gobierno. Falta de discusión política, de guías de acción. Y estamos en la pequeña cosa.

Castramiento. Narcisismo. Todo lleva a una patología que tiene un final claro: el descenso.

Ah, vamos a la paliza, sí. A pesar de no haberlo votado, me alegro de escuchar las primeras declaraciones y designaciones que está haciendo Javier Miranda. Me parece que en principio son señales positivas, porque ahí tenemos otro riesgo: que el que es electo presidente piense que la cosa empieza con él. Por lo que he escuchado me parece que Javier es consciente de esta situación. Con otras palabras, no lo dice así, Gerardo Caetano dice que esta fue una campaña medio pedorra. Bueno, pero yo escuché cosas interesantes. No hubo polémica, no hubo debate. A lo mejor nos pasamos dándonos besos unos a otros.

Eran los cuatros hermanitos, parecían las Rivarola.

En el medio de eso escuché algunas cosas del Pacha y de Javier, y por supuesto de José también.

Vamos a hablar de Javier. ¿Le ves uña para guitarrero?

Sí.

¿Va a cambiar algo o va a ser un nuevo Brovetto?

¿Por qué Brovetto, pobre? Le tengo una gran consideración.

Personalmente me parece un tipo muy sano, muy inteligente y muy buena gente, pero como dirigente político del Frente Amplio flotó.

Creo que Javier, por su trayectoria y por ser un hombre más joven, y por la situación delicada en que está el Frente, me da la sensación de que en esto de cuidar la diversidad va a sacar algunos aspectos del Frente para adelante. Tengo esa esperanza.

¿Qué trayectoria tiene?

Hizo lo de Derechos Humanos. Es una trayectoria interesante.

Es difícil la tarea.

Es difícil siempre y cuando no la quiera hacer el solo. Si reparte el juego y empieza a generar usinas de debates y de discusión, y una pequeña guía de acción, con esos tres puntos la gente se moviliza. Lo que no podemos es estar estáticos y ser solamente furgón de cola, esto no marcha. Yo no estoy de acuerdo con el concepto de gobierno en disputa, nunca estuve. Este es mi gobierno, y es como los hijos y los pedos, son feos pero son míos. Lo voy a defender, lo voy a criticar. Pero como fuerza política tenés una dinámica propia. Yo escribí un artículo que se llamaba “Es la política, no la economía”. La clave de esto es que nos pasamos rompiendo las pelotas con que ahora estamos en recesión y no tenemos el viento de cola, y nosotros mismos le estamos dando el changüí. Pero siempre es un problema político. Cuando en una familia hay menores entradas, hay una forma de salirse de esa situación que no es lamentándose de que tenés el problema. Hay una periodista muy joven que se dedica a la economía y que me pasó algunos autores que yo no los tenía; hay un economista gringo que fue Premio Nobel, Robert Fischer, que está diciendo que los economistas son bárbaros para analizar el pasado pero que son un desastre para analizar el futuro.

Peor que la meteorología.

¡Sí! Hay un problema: la meteorología no es una ciencia exacta, es una ciencia probabilística. La economía no es una ciencia exacta, porque entre otras cosas está atravesada por la psicología, por las narraciones. Fischer lo hace muy bien. Analiza cómo no se pudo predecir la gran depresión y la gran recesión. Analiza cómo se desencadenan las crisis, que son crisis en base a las narraciones y a cómo se interpreta cada cosa. A mí me parece que nuestro gobierno cometió un pecado capital con el síndrome ANTEL Arena. Claro, está bien, a lo mejor no se podía hacer, ¿pero qué necesidad de anunciarlo de esa manera? ¿Por qué no se le buscó la vuelta? Eso es a lo que me refiero con gestionar la crisis con la política, y no con la aseveración asertiva de la ciencia supuestamente exacta que es la economía, que no lo es. La ciencia económica…

Es la profecía auto cumplida.

Exacto. Y nadie dice que no tenga que haber juicios fiscales y todo eso, pero también de riesgos y de valorar, que en cierta medida todo eso lo hace Tabaré, ¿no? A Tabaré se le podrá endilgar cualquier cosa, pero en determinado momento es el tipo que ha tenido el olfato. Lo hacía Pepe, también. El olfato de decir: “No, vamos a arreglar con las pautas salariales porque acá hay un problema que no es económico, es político y social.” No sé si se dan cuenta que estoy medio peleado con los economistas.

Un poquito, se nota. Salvo con Fischer.

¡No, y el otro, Stiglitz, que dice que la gran brecha es el tema de la desigualdad! Pero no lo dice por un principio moral, sino por una lógica del capitalismo. La lógica del mercado capitalista. Se da cuenta que si seguimos profundizamos la brecha… en Estados Unidos las diferencias son brutales.

Escabrosas.

El 1% y el 99%. Ese sistema no camina. No es un problema de distribución, es un problema de crecimiento, porque de esta manera tampoco se va a crecer. De la misma manera que han empezado a regular la evasión fiscal, el lavado de dinero, porque dicen: “No, pará, esto le hace mal al sistema.” La regulación de la marihuana, ya que hablamos de regulación de mercado, también tiene esa lógica. ¿Por qué le vamos a dejar ese negocio al narcotráfico? No, querido. Esto es un commodity que bien lo pueden manejar las empresas capitalistas, y en Washington y en Colorado se abrió el mercado para todos y están recaudando.

En los años 70 las tabacaleras tenían marcas registradas para cuando se legalizara la marihuana.

Lo que quiero significar es que no tenemos que quedarnos atados al gobierno y tampoco a la lógica económica pura y dura que nos hace lamentarnos permanentemente. Los economistas nunca te dan una buena noticia, siempre es alarma, nunca te dicen que vamos a tener un momento de gran esplendor y que vamos a repartir. No existe eso.

Vivimos doce años. La Argentina en eso es sintomática, con el anuncio permanente de una explosión que nunca llegó. Y acá tenemos tres o cuatro gurúes catastrofistas. El dólar a cuarenta pesos a fin de año lo pronosticaron todos.

Todos. Y ahora está bajando. Y teníamos un peligro de inflación que el PIT-CNT salió a decir que iban a salir a controlar. Yo dije que el Frente Amplio también podría movilizar a su gente para el control de precios y unirse al PIT-CNT, y así empezás a movilizar a las viejas del barrio, para poner un ejemplo.

Lo hacía el kirchnerismo.

¿Pero por qué no? ¿Por qué no un comité de base, y una aplicación para los jóvenes? Ya fue, porque evidentemente el dólar no se disparó. La fuerza política tiene que elegir el tema, no sé si se llama reforma constitucional, podría ser. Bueno, la ley de medios, con la que insiste Gustavo Gómez, que es un batallador, y que ya se demostró que no son tales los niveles de inconstitucionalidad que preveían. Hay que aplicarla. ¿Vamos a esperar a que la aplique el gobierno, o como fuerza política vamos a generar debates y pasiones? Propuestas, iniciativas jurídicas, yo qué sé. La reforma constitucional está trancada, a lo mejor algunos dicen que este no es el momento.

Entre ellos Bonomi y Miranda.

La reforma de la Caja Militar. ¿Ese es un tema solo para el gobierno o es un tema de la fuerza política? Es para la fuerza política. El tema de Derechos Humanos, ¿es solamente para el gobierno? Es para la fuerza política. Y además muchas veces el agitar, el movilizar y el generar debate es una ayuda al gobierno, porque el gobierno está en un conjunto de problemas, algunos de los cuales no puede resolver, y si la fuerza política desata demonios por otro lado —en el buen sentido— es una forma de ayudar porque entonces vos no tenés centrado el ataque contra la acción de gobierno, sino que abrís el frente de combate político a otras cosas. Creo que muchas veces existe el temor de que si se le da mucha autonomía e independencia al Frente Amplio, podamos estar cuestionando a nuestro gobierno. Vamos a dejarnos de pavadas, ya somos gente grande. Resulta que no hacemos eso por temor, y tenemos gente que está malhumorada con el Frente y el gobierno. ¿Eso lo vamos a dejar así? Eso también es unidad en la diversidad. Tenemos que incorporar la diversidad. Y hay alguno que te va a romper las pelotas. Y bueno, aguantátela, loco. Es como la descentralización, vas a la asamblea de vecinos y van a venir vecinos a putearte. Bueno, esa es la lógica de la participación, de la democracia y de la política. La política es así. Ahora, si no tenemos capacidad de pensamiento crítico, no vamos a remontar este reflujo de la izquierda. La izquierda latinoamericana y la uruguaya tienen que replantearse muchos temas.

¿Nos quedamos sin estrategia?

Creo que por lo menos nos quedamos sin norte estratégico. Sí. Bueno, la izquierda latinoamericana se ha quedado sin estrategia. Pablo Anzalone lo escribió en Voces y yo estoy de acuerdo, hay que rescatar las banderas del socialismo, pero siendo profundamente críticos, porque, como decía antes, el socialismo es justicia social y política, democracia y libertades, hasta sus últimas consecuencias.

¿Y esto hoy qué es? ¿Flotar? ¿Ir hacia donde nos lleve la corriente?

No creo que esa sea la situación del Frente Amplio y del gobierno en Uruguay. Es pelear en una tormenta y a veces dejándose llevar por una marea y no poniéndose de pie.

¿Adónde apunta el timón?

Bueno, pero lo que pasa es que el timón vamos a tener que construirlo entre todos. Mirá que nadie tiene la precisa, tampoco. ¿Para dónde vamos? Esa podría ser una buena pregunta. Está bien, estos gobiernos tienen logros, ¿pero adónde vamos? Es una pregunta lícita. ¿Las izquierdas nos estamos haciendo esa pregunta o nos conformamos con la receta de que somos socialistas y que vamos a la revolución socialista? La administración no es el único peligro. Las respuestas esquemáticas y dogmáticas que me dicen que el camino es el de Cuba tampoco me sirven. ¿Entendés lo que te digo? Por supuesto que administrar esto no nos lleva a ningún lado. Ahora, la receta dogmática que me resuelve los problemas con esquemas y dogmas tampoco me sirve. ¿Cuál es la revolución? ¿Cómo la hacemos?

¿Dónde se está planteando eso?

Ah, no, creo que es una tarea. Creo que estamos en una crisis de pensamiento profunda.

¿Valieron la pena estos doce años?

Siempre valen la pena estos doce años y los cien años de lucha del socialismo internacional. Siempre han valido la pena. En eso no soy pesimista ni depresivo. Hoy es el día de la empleada doméstica. Eso es un capital social a favor, nadie te lo quita. Vos me podés decir que con eso no resolvemos el problema de la explotación. Bueno, sí. O los derechos adquiridos, o los consejos de salarios, que ahora Macri se los va a pasar por el orto. Creo que hay conquistas. El gobierno del BPS, que es un gobierno colegiado con participación de los trabajadores. Lo que pasa es que la humanidad avanza y retrocede. ¿La socialdemocracia fue un avance? Fue un avance, después se fue al carajo, pero las conquistas sociales que se lograron en los países europeos quedaron.

Quedan cuando hacen carne en la conciencia social. Si ahora Macri se va a pasar por el traste las paritarias es porque no se lograron instalar con fuerza. Y si Macri es una avant premier de lo que se viene acá… ¿Se van a levantar acá los consejos de salarios?

No creo. También decíamos que Macri era una mascarada, que no iba a salir. Acá también hay una responsabilidad de la oposición al Frente Amplio, ¿no? Porque entre otras cosas no sabe ejercer la lógica de una oposición de ideas.

Tampoco lo hicimos nosotros cuando éramos oposición, no seas malo. Era darle y darle tratando de sacarlos.

Había propuestas.

Pero no perdonabas una, porque era parte de la acumulación. Cada uno hace su partido.

A mí me gustaría escuchar una idea partida a la mitad de lo que está en el debate político nacional. No lo veo. Me dirás que del Frente Amplio no aparece, pero bueno, yo qué sé, iniciativas hay.

Doce años de gobierno y veinticinco en la Intendencia de Montevideo. Llegamos al 50% de los votos y no avanzamos más de eso. Y con bonanza económica. Si uno mira además la calidad, se desacumuló profundamente,

¿Te parece? Es decir, los valores electorales no sé si son representativos de la acumulación que hay a nivel social. Ahora, vamos a entendernos, que no estamos en las mejores condiciones es así, y que entre otras cosas lo primero que tenemos que revisar es lo que dicen ustedes. No para llegar al 75% de los votos, pero…

Que no baje, por lo menos.

Nosotros en el 82 votamos el voto en blanco y no llegamos a ochenta y cinco mil votos, pero eso tenía una magnitud brutal. Entre otras cosas porque había corrientes dentro del Frente Amplio que votaban al sector de Wilson. Y el viejo Seregni desde la cana escribe. Yo estaba en Buenos Aires y Aníbal Collazo me hizo llegar la carta de él. Me van a decir que no puedo comparar la situación. Pero a veces la fuerza electoral no necesariamente es representativa del valor político que tienen algunas cosas. Obviamente que me preocupa la acumulación electoral, porque corremos el riesgo de perder el gobierno, y eso hay que tenerlo en cuenta. Pero me parece que más hay que tener en cuenta lo que se acumula como cultura ciudadana de izquierda. En eso hay síntomas, en materia de seguridad tenemos síntomas. El otro día Inés Bausero, que está al frente del ex patronato del liberado, decía que resulta que todo el mundo está preocupado por la seguridad pero que cuando nosotros formamos un tipo para que vaya a laburar nadie lo quiere tomar porque tienen antecedentes. Hay valores de la solidaridad y de la cultura de convivencia. Lo digo desde lo que significó el tema del microtráfico y de las SAFI. Te pongo un caso y el otro. Y Figueredo. ¿Cuál es la mía? Eso es ideología pura que tiene consecuencias de convivencia y ese es el gran tema que no hemos podido abordar desde el Frente Amplio.

¿Decís que en ese plano humano estamos mejor que hace doce años?

No. no. Eso es un desafío ideológico y cultural que tiene que pasar por lo político, que es lo más dramático de esta fase del capitalismo consumista. No me voy a salir por la coartada. Y también tiene repercusiones políticas. Escuchame una cosa, ¿el objetivo político y económico que nos proponemos con un gobierno progresista es solamente crecer y crecer y tener más consumo? Ahí me parece que hay un alerta roja, por lo menos para reflexionarlo. Hay un economista chileno magnífico que dice que la idea de crecimiento económico ilimitado es un absurdo. Y es así, si te lo ponés a pensar. ¿Lo solucionamos solamente diciendo que hay que crecer para distribuir? No sé. Me parece que no es suficiente. ¿Es necesario distribuir para crecer? Por otro lado hay algunos núcleos de convivencia que son culturales e ideológicos y que hacen a aquellas viejas ideas del socialismo, que no están presentes, que están anegadas por la lógica de ser eficientes en el control del Estado y del gobierno. Y creo que eso es un frente que tendríamos que abrir para remontar. ¿No podés remontar en algunos indicadores? Bueno, remontá por el lado de la batalla cultural que hoy en día es una hegemonía que tiene el enemigo. Y en torno a esa hegemonía te van a hacer bolsa. Otra cosa que tenemos que modificar, también, es la coordinación de las políticas sociales. Tenemos programitas para todo.

Está todo separado.

Todo separado, hay un programita para cualquier cosa. Algunos muy buenos. Es un sucedáneo del síndrome de la chacrita y del Big Bang. Llega fulano y empieza todo de vuelta. “No, Cacho, mirá que ya hay un programa en el MIDES que se llama…” ¿No? Teníamos el programa de las siete zonas en el Ministerio del Interior y se lo pasaron al MIDES, que tenía un presupuesto acotado, y no sé qué está pasando ahora. Pero eso es fundamental. El tema de la seguridad ciudadana no lo resolvemos con la Policía, y hay cosas que la Policía está haciendo muy bien. El pago es bueno, y todo el proceso de saneamiento de la Policía es muy bueno, pero el problema de seguridad no es un problema policial. Ya está demostradísimo que no funciona aumentar las penas. Lo dijo muy bien Jorge Díaz, no tenemos que aumentar las penas, tenemos que tratar de agarrar a los otros y de prevenir. El que expone con mayor claridad una idea estratégica de la seguridad ciudadana es el fiscal general Jorge Díaz, al cual sigo, y he trabajado con él cuando era juez de crimen organizado.

Hay quienes lo consideran un operador de la izquierda.

Me gustaría que los que hacen esa acusación discutan lo que expone Jorge Díaz. Nunca le pregunté de qué partido era, yo escucho lo que dice. Acá estamos poco acostumbrados a escuchar. Díaz es el que habla de cosas interesantes para discutir, y al que habría que darle un poquito más de bolilla de la que se le da en el sistema político. Creo que tiene bien ganado el respeto. Lo cierto es que el tema de seguridad ciudadana no es un problema solamente policial, como tampoco lo es el tema drogas.

La izquierda en doce años no fue capaz de sacar la violencia del fútbol.

Bueno, ahora parecería como que…

Como que hay una promesa nueva.

Bueno… independientemente de lo que hizo el Ministerio del Interior, que yo creo que mi compañero Jorge Vázquez ha tenido un gran despliegue con los señores barones del fútbol.

¿El golpismo contra Bauzá a favor de Tenfield?

No, no, eso no lo sé, lo que sé es que en el fenómeno fútbol están anudadas una cantidad de cosas que en algún momento alguien tendría que meterse en ese tema, porque Figueredo no llegó a dónde llegó…

Porque era inteligente.

No, no. No es un tema que yo domine bien, lo único que puedo decir es que me indigno como ciudadano. Yo era hincha fanático de Peñarol en un tiempo y la verdad es que desde que volví del exilio estoy totalmente desencantado del fútbol como fenómeno deportivo y cultural, porque se juegan tantas otras cosas, y nosotros los hinchas y espectadores somos unos giles que sostenemos un negocio multimillonario en el que no participamos de ninguna manera. Durante un tiempo nadie quería creer que el control del lavado de activos iba ser férreo, y tuvimos que combatir el “safismo”, como le digo yo, con centro de operaciones en un señor que se llamaba Ignacio De Posadas. Y no lo digo yo, lo dice la investigación en el fenómeno Collor de Melo, donde el estudio de este señor estaba implicado. Decían que era una cosa un poquito traída de los pelos esto de controlar el lavado. Se terminó. Como decíamos hoy, a partir de los Panamá Papers y las exigencias de la OCDE, todo el mundo tiene que entrar a controlar. Ahora con el FIFA gate en algún momento vamos a tener que empezar a controlar los gobiernos y las sociedades el negocio del fútbol, que es lucrativo y que da cabida a maniobras corruptas, como ha quedado demostrado y genera inestabilidad en materia de convivencia ciudadana. No es el deporte ni el fútbol el que genera la violencia, es la trama de intereses confrontativos. Siempre digo que hay un fenómeno insólito: antes eras de Peñarol o de Nacional, pero la lucha entre fracciones de una misma barra es un fenómeno muy parecido…

Al Frente Amplio.

Muy parecido a esto. Claro, ahí hay otro negocio.

Como también está el negocio en los cargos del Frente.

Totalmente de acuerdo. Lula desgraciadamente habló de algo que no pudo controlar: son demasiados compañeros los que viven de los cargos. Acá ya pasó con el Partido Colorado.

¿No estamos coloradizándonos?

Es un riesgo.

Antes la política era una forma de vida, hoy para muchos es un medio de vida.

Pero hay que pasar el aviso de que es una changa que la podés perder. Es un fenómeno que hay que observar. La dependencia del militante del cargo o de la renta del gobierno es un veneno letal.

¿No te dejó gusto a poco el gobierno del Pepe?

Gusto a poco, sí. Algo así.

¿Lo querías cinco años más?

No, no, por favor. Yo no soy un gran dirigente, pero sentí que a los sesenta y seis años tenía que dar un paso al costado, y vino un botija como Diego Olivera, que tiene treinta y seis años.

¿Pero el Pepe qué va a tener, ochenta y cinco?

Hay quienes quieren que sea candidato.

Y Astori.

Yo no juzgo a nadie, cada uno sabe la fuerza que tiene. Pero es un fenómeno que decís: “ya está”. Margarita Percovich se retiró diciendo que ya estaba. O lo de Mariano, que se fue como edil. Es una gestualidad. Somos una sociedad donde el predominio de lo viejo es muy fuerte, che. Yo no digo que el joven domine todos los temas; no, y también se la tienen que ganar.

Pero hay cosas en que es indispensable ser joven, como el estar adaptados al tiempo.

Yo no recomendé a nadie, lo único que le dije a Roballo fue: “Buscate una persona joven, que venga del ámbito social pero que sea joven.” Porque en el tema drogas tiene que haber un joven que entienda cómo es la cosa. Estamos llenos de viejos que están llenos de mitos, de prejuicios, que no entienden este asunto. Pepe sigue pensando que le mirás los ojos y si los tiene rojos entonces lo tenés que agarrar y meter para adentro. Yo discutí con el Pepe. Le dije que se estaba comprando un problema. Él pensaba en la internación compulsiva como la solución de todo. ¿Iba a salir a buscar drogadictos y a meterlos para adentro? ¿Dónde los metés? Volviendo a seguridad ciudadana, eso es otra cosa que no puedo entender: el pensar que siendo más duros con los pibes del Marconi vas a solucionar el problema. Los pibes del Marconi están diciendo: “Vení, yo quiero bronca, yo estoy acostumbrado a los palos.” ¿Qué les vas a proponer? ¿Rigor? Eso es profundizar la escalada de violencia por parte del Estado. Preguntales a Colombia, a México, a todos, preguntales qué lograron aumentando los niveles de violencia. A lo mejor no tengo la solución, pero lo que te puedo asegurar es que si les das palo, ellos van a decir: “Vení. ¿Me metés en cana? Me escapo”.

La lógica primaria que aflora desde el planteo de aumentar las penas es: “Neutralizo un tipo que rapiñó y en vez de cinco años lo tengo quince, que son quince años durante los cuales no va a estar rapiñando”.

Te voy a decir una cosa como profesor de psicopatología. ¿Sabés al único que calma el diagnóstico? Porque viste que en psicología y en salud mental son enloquecidos por tener un diagnóstico. Al único que calma es al diagnosticador, porque al tipo al que le hiciste el diagnóstico no lo calmaste nada. ¿A quién calman las penas? Al que pone las penas, que piensa que resolvió un problema. El fenómeno no lo resolvió. Y la prueba está. Milton Cairoli, cuando fue a la comisión de adicciones de Diputados se quejaba diciendo que lo habían convocado en el año 97 porque habían querido poner el delito de copamiento. No, no creo en un nuevo delito, porque el delito de copamiento es un delito de rapiña con privación de libertad. En esa época había dos copamientos, y ahora que existe el delito hay cuatrocientos. Milton Cairoli, que no es un tipo de izquierda, decía que no había que seguir con la inflación penal. Es un tema de debate. Ahora los muchachos de PRODERECHOS están organizando un debate y largaron unos cortos bastante interesantes. Es un tema para debatir permanentemente, el tema de seguridad ciudadana.

Vos te has vuelto un anarco new age, porque estás mucho en la nueva agenda de derechos.

Estoy.

Te comiste todos los versos y te olvidaste de la base fundamental.

(Risas) De ninguna manera.

Que la revolución pasa por el matrimonio igualitario, la marihuana y el aborto legal.

No, pero creo que eso tiene un lugar en la agenda que hay que privilegiarlo, al igual que medio ambiente.

Todas cosas que no modifiquen el sistema, en definitiva: maquillaje.

Depende. Con el matrimonio igualitario no pienso cambiar las bases económicas, pero sí puede ser que cambiemos las culturales. No, no, eso es una cosa que es justo que se haya incorporado y que tenga un lugar en la agenda, sin lugar a dudas.

Qué habrás hecho, viejo Romani, que Soros y Rockefeller te aplauden.

No solamente me aplauden. Cuando fui como jefe de la delegación de Uruguay a las Naciones Unidas, Soros me invitó a su casa.

¿No te cuestiona eso?

No. No me cuestiona. Hay una parte del liberalismo político de cuño francés e inglés, igual que el republicanismo, que tiene un emparentamiento con el pensamiento libertario. La declaratoria de la independencia de Estados Unidos habla de derechos inherentes. Esto me lo hizo saber otro viejo anarco, Joaquín Rodríguez. Jefferson y Franklin parece que fumaban cáñamo. Incorporan una cosa que para mí es muy novedosa: dentro de los derechos está el derecho a buscar la felicidad. Es muy fuerte, es un derecho natural que tienen los hombres y mujeres. Hay una parte de la radicalidad de las revoluciones francesa y norteamericana, con su republicanismo, que están inconclusas, que no se completaron, y una parte del socialismo recoge eso. Lo mejor del republicanismo norteamericano, que es la descentralización, la fuerza de los municipios, esa libertad que tienen los estados, que fue la base del pensamiento artiguista. Artigas no fue francés, fue norteamericano. Y la radicalidad de la revolución norteamericana no la tuvo la francesa. Soros de alguna manera es un liberal consecuente, además de ser multimillonario y pertenecer al 1% de plutócratas del que se queja Joseph Stiglitz. La primera gran corriente de pensamiento que propugnó no solamente la liberación de la marihuana sino de todas las drogas fue la de Milton Friedman y Gary Becker, bajo una lógica de que el mercado no lo podés controlar aunque en el tema drogas ellos llegan a la conclusión de que estos son commodities un poco especiales porque alteran la consciencia y tienen que tener algún tipo de control. Pero los primeros en hacer punta en eso fueron los de la escuela liberal de Chicago.

¿Cuáles son las tareas que tendría que encarar la izquierda uruguaya desde el punto de vista del pensamiento? ¿Hacia dónde tiene que ir?

Hacia una valorización crítica de las banderas históricas del socialismo. Hay que recrear y refundar las ideas básicas del socialismo. Y también hacer un balance muy crítico de las experiencias de gobierno. Eso se impone urgentemente. Qué nos pasó en todos los gobiernos. Aún los anarcos y los trotskos todavía no hemos explicado bien qué pasó en la Unión Soviética y por qué se cayó eso, ¿no? Y tampoco explicamos lo de China. Es decir, creo que hay una variedad de temas en los que debemos…

Para empezar a construir es importantísimo saber qué pasó.

Y para hacer la primera tarea, que es reconstruir las banderas del socialismo, a las que no renuncio. Después, creo que las modalidades de organización política, sindical y social son un desafío, y no está todo dicho. Obviamente que la estructura del partido leninista respondía a otra realidad. La estructura del foco guerrillero está perimida. También los movimientos de base con un programa tan amplio y diverso solucionan algunos problemas pero parecería como que falta una centralidad que te permita coordinar las cosas hacia un lado, porque no tener una organización altamente centralizada no significa que vos juegues todo al movimiento de base lo más amplio posible. Estamos asistiendo al festival de la tumba de los cracks. Hemos desfilado todos. Me parece que hay experiencias de organización de todo tipo, las autogestionarias, las cooperativas, los emprendimientos obreros y estatales. Hay un análisis de la organización política de los trabajadores, de los explotados, de las organizaciones populares, que habría que revisarla, también. Y dentro del socialismo, socialismo y libertad.

¿Por qué se fueron del PVP?

Nos fuimos porque se consolidó una organización muy sectaria que se expresó en lo interno y hacia afuera, y un empobrecimiento de la discusión y del trabajo teórico y político muy grande. Es un gran dolor. Porque el PVP fue una comunidad de ideas y de afectos muy tonificada por la cantidad de compañeros desaparecidos, en especial para mí que estuve en la Argentina y que estuve buscando niños y que en algún caso los encontré, como a Mariana. Eso te genera lazos muy fuertes. Pero me parece que en el PVP se desarrolló una mezquindad de los narcisismos de las pequeñas diferencias. Y se tomaron medidas muy elocuentes de eso. Pablo Anzalone no debe ser un dirigente del PVP, debe ser un dirigente de la izquierda, creo que habría que tenerlo en una especial consideración, y se lo maltraró de una manera muy mala. Ese fue el desencadenante. Pero en realidad un desprecio de corrientes que no pensaban igual, siendo que nuestro origen era federativo y que durante mucho tiempo, con Hugo a la cabeza, fuimos un partido que estuvo repartido en dieciséis ciudades durante el exilio, y sin embargo funcionábamos. La pérdida de Hugo fue muy importante.

“LA RENOVACIÓN IDEOLÓGICA ES UNA NECESIDAD” Entrevista a M.Fernández Galeano*

Fernández Galeano apoya la candidatura de Pacha Sánchez

Nos recibió en su oficina de la Organización Panamericana de la Salud y como siempre se mostró dispuesto a hablar de política. Le preguntamos sobre el juicio de Philip Morris, sobre el Frente Amplio (FA) y sus elecciones internas. Hablamos con Miguel Fernández Galeano, un militante frenteamplista de todos los tiempos, un ser político que dice lo que piensa, sin guardarse nada.

Rolando W. Sasso

El ex subsecretario de Salud Pública, actual frenteamplista independiente, reflexionó que habrá que trabajar mucho para recuperar a la fuerza política que todos queremos, para que siga siendo la herramienta de cambio que requiere el pueblo uruguayo.

¿Qué puede rescatar del período en que fue edil de la Junta Departamental de Montevideo?
Fui edil suplente por el MPP de Tota Quinteros y Graciela Possamay, donde tuve varias veces la oportunidad de ser coordinador de bancada. Fue un momento muy interesante porque en ese período instalamos la idea de que más allá del peso que tuvieran los distintos sectores, era importante que en el primer gobierno progresista que tenía el país, estuvieran expresadas todas las fuerzas y la síntesis política que era el FA.
Participamos de un momento muy importante del Frente, porque a diferencia de muchos problemas que tenemos hoy, importaba por encima de todo, el proyecto político. Había una preeminencia del proyecto por sobre lo sectorial y más aún sobre el destino personal de los que estábamos militando allí. Eso es una cosa que el Frente tiene que recuperar y espero que la instancia de las internas, coloque de nuevo esa idea de trascender lo sectorial –sin negarlo– y que los sectores mayoritarios permitan que todos los puntos de vista se expresen.

Pero había diferencias entre los sectores…
Sí, había diferencias, no era una cosa idílica, pero esas diferencias eran superadas por la idea de que nada era más potente que incorporar el punto de vista de todos. Y eso no era un acto de mera generosidad ingenua, porque la unidad es una necesidad política y no un tema de buenos modales. Hay que entender la unidad como factor de síntesis; se insiste mucho con que Seregni matrizó la idea del consenso (que lo pronunciaba de manera particular) pero el FA siempre tuvo grupos hegemónicos y grupos minoritarios, y el mejor desempeño del Frente fue cuando el grupo hegemónico incorporaba el punto de vista de las minorías. Ese es el FA que hay que rescatar.

El Frente ha cambiado, ya no es el mismo del 71, ni el del 85, ni el del 90…
No lo es, tampoco es el del 2000 o el del 2005 cuando ganamos el gobierno nacional. Porque entre otras cosas se agotó el proyecto político. No quiere decir que no haya más nada que hacer, quiere decir que –como en el amor– cuando se agota hay que buscar nuevas maneras de recrear la razón de ser del FA, que es que la gente viva mejor. Y todavía hay mucha gente que vive muy mal y todavía hay mucha desigualdad.
Entonces lo que hay que hacer ahora es pensar cuál es la agenda política de la fuerza –no sólo del gobierno– para seguir transformando la situación social, política, económica y cultural del Uruguay.
Esa agenda hay que elaborarla no haciendo más de lo mismo, ni haciendo igual lo que se ha demostrado que no funciona. Si en materia económica hacemos lo que históricamente se ha hecho, es decir, vienen los períodos contracíclicos y yo me retraigo, en lugar de pensar una política proactiva, sería no tomar en cuenta que nosotros rompimos muchos mitos. La crisis no empezó ahora sino en el 2008 y nosotros dijimos que el contexto externo no es el que explica la existencia de políticas transformadoras, sino que lo explica la voluntad política de trabajar para resolver el problema de la desigualdad, del salario de los trabajadores que es un elemento central.
Esto rompe con todas las teorías económicas y sin embargo estuvimos siete años haciéndolo, pero ahora volvemos al miedo de que el salario traiga inflación. Nadie dice que el salario tenga que mantener el nivel de crecimiento que tenía, pero que no pierda su poder adquisitivo.

La agenda del FA tiene que construirse en contacto con la gente, pero ¿se ha perdido el contacto con la gente?
Se ha perdido en términos reales, lo cual es muy grave, y se puede perder la sensibilidad política de que es con el movimiento social que se construyen las transformaciones. El FA es una condición necesaria, pero no suficiente para los cambios. Los cambios solo se pueden producir si hay un bloque social y político para sostenerlos. Esto es muy obvio, pero cuando llegamos al gobierno, parece que eso puede olvidarse y no hay nada peor que el gobierno fagocite al partido, que el gobierno se coma la política y terminemos teniendo una nomenclatura de cargos en el gobierno, sin diálogo con la gente.

¿Y dónde está la clave?
La clave es el modo de hacer y de construir pensamiento y acción política, en diálogo muy directo con la gente y desarrollando respaldos para las transformaciones con niveles de autonomía importantes. Como siempre decían los viejos anarquistas, el movimiento sindical y social tienen que tener un grado importante de autonomía de los partidos y del Estado. Y yo siempre pensé que la fuerza política tiene que tener autonomía del gobierno y el gobierno su autonomía de la fuerza política.
Una cosa es que el gobierno deba mantenerse fiel a las grandes carreteras del programa y otra es que el gobierno tenga que responder miméticamente a lo que diga la fuerza política. Ahora bien, la fuerza política tiene que tener capacidad de crítica, capacidad de reacción frente a lo que el gobierno hace y dice. Por eso me pareció bien cuando al Pacha Sánchez le preguntaron por el aumento de $ 200 a los jubilados, dijo “es un error político”. Nosotros tenemos que recuperar la capacidad de pensar críticamente como fuerza política, lo cual no significa ponerse a tirarle piedras al gobierno.
Todo esto tiene que ver con una idea gramsciana de hegemonía cultural que yo la sintetizo así: cuando vi la encuesta donde le preguntaban a los uruguayos por la razón de la pobreza y el 70% respondió (después de dos gobiernos nuestros) que era por la gente que no quiere laburar, entendí que estábamos perdiendo la batalla ideológica. Si la gente que nos vota entiende que el pobre es producto de la holgazanería, es porque estamos perdiendo la batalla cultural. Entonces esa es la batalla que tiene que dar el Frente.

¿Cómo recuperar el ida y vuelta con la gente? Porque los Comités de Base no funcionan…
Es una herramienta que hay que rescatar, pero hay que generar otras. Mirá, la primera cosa es laburando mucho. Hay que tener la capacidad de trabajar muchas horas para que la gente se movilice y te crea. Yo recuerdo en la campaña del 71, cuando iba al Comité que estaba a cuatro cuadras de mi casa, que ahí estaba la gente. Era la herramienta del momento y la edad media entonces era de 25 años.

Pero ahí se discutía de política, lo cual no sucede hoy…
Porque ahí no llegaba el orden del día oxidado de la Mesa Política. Ahí no había senadores barriales –con todo respeto a los compañeros que son delegados– porque el problema es cuando los que representan a un organismo se conforman con ser los representantes y no se preguntan a quién representan. Porque para saber lo que piensan los frenteamplistas tenés que fajarte en discusiones políticas con los frenteamplistas.
¿Cómo recuperar las dinámicas participativas? Yo creo que, con creatividad, con audacia y trabajo y para eso se precisa gente joven.

¿Qué papel debe cumplir la ideología en ese rescate del Frente?
Tiene que jugar un papel muy importante sin partir de un modelo ideológico totalmente acabado por el cual haya que caminar. Yo pienso hoy –a través de mi experiencia política– que la construcción de la ideología es un proceso muy dinámico, interactivo y que no es una fórmula cerrada. Hay que saber que la renovación ideológica es una necesidad muy importante, que hay que trabajar en ese plano, pero para que eso acontezca, hay que abordar el tema de la formación. No con esquemas viejos, sino creando foros ciudadanos para construir ideología y pensamiento. Aprovechando lo que haya del tema acumulado, reconstruir, renovar y recrear un marco ideológico amplio para un frente y una coalición como el FA, cuidando de no matar los múltiples sectores que tiene, en términos de proyectos estratégicos.

Yo voto al Pacha
Esto no lo dije en ningún lado, lo digo acá por primera vez. A mí me hablaron para ser un eventual candidato de consenso a la Presidencia del Frente Amplio y aunque es algo que me halaga, yo pensé que estaba manejándose el nombre de un tipo que podría ser mi hijo. Todavía no había sido nominado, pero me di cuenta que para dinamizar el Frente se precisa energía, entrega y una cuota de riesgo – que te guste o no, después de los 50 tenés menos y después de los 60 tenés menos aún– y Pacha tiene casi treinta años menos que yo. Para construir en el Frente hay que recorrer y buscar la realidad incansablemente, eso es imprescindible. Hay que estar con la gente, generar herramientas de diálogo, escuchar y lograr credibilidad. Correr el riesgo de equivocarse, reconociéndolo y rectificar el rumbo. Dar lugar a la emancipación de las cabezas y a que la gente se sienta construyendo políticas.
Por todo eso voto al Pacha sin importarme el sector político al que pertenece.

La demanda de Philip Morris
Se ganó el juicio y fue un triunfo para el país, pero si Uruguay hubiera sido pusilánime cuando la tabacalera amenazó con llevarnos a juicio, si no hubiéramos tenido la decisión política de seguir el camino trazado, aunque la multinacional se opusiera, hubiéramos seguido una política antitabaco tibia. Hubiéramos retrocedido en el tema perdiendo soberanía, aun sabiendo que el tema era justo. Acá lo que hubo fue voluntad política de pisar cayos para seguir transformando, porque si no tenés voluntad de tocar intereses no cambiás nada.

*Entrevista publicada en El cambio.uy. 23/7/16

El Colorado Fernández Galeano
Le dicen el Colorado y es del barrio La Mondiola, de toda la vida. Nació en 26 de Marzo y Luis Alberto de Herrera y sigue viviendo allí, “donde estaba el boliche de mi abuelo Galeano, que se vino de España y con mucho sacrificio puso almacén, bar y cancha de bochas”, dice. En ese tiempo La Mondiola era barrio, barrio. Fue al liceo Nº 7 Joaquín Suárez y a partir de las movilizaciones por el boleto estudiantil, comenzó su militancia. Después pasó al Iava y estuvo en la formación del FER (Frente Estudiantil Revolucionario). Militó en el Comité de Base del FA, dentro de las tendencias más de izquierda. Luego participó en la discusión que dio paso a la fundación del PVP en Buenos Aires. Después vino el exilio en España y el retorno al país donde se graduó de médico en 1990.
Fue edil de la Junta Departamental de Montevideo: 1990-95; director general de la División Salud de la Intendencia capitalina: 1995-2000; director general de Salud y Programas Sociales de la Intendencia de Montevideo: 2000-2005; subsecretario del Ministerio de Salud Pública: 2005-10; presidente de la Comisión Honoraria Administrativa del Fondo Nacional de Recursos: 2005-10; presidente de la Comisión Nacional de Lucha contra el Sida: 2008-13; actualmente es consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sistemas y servicios de salud.

TENGO RAZONES por Adriana Cabrera Esteve

Ante las elecciones internas que se avecinan debo decir que también yo soy parte del club de los desmoralizados. Luego de militar cuarenta años en un partido y de estar junto a otros compañeros a cargo de su medio de prensa, un grupo de integrantes de la dirección decidió interrumpir su impresión. Así, sin más. Pensé que la censura no era una actitud de izquierdistas y me fui junto a otros compañeros y lo hicimos público. Como todas las rupturas fue dolorosa y los relatos que circularon sobre ella aún más. Está claro que no somos los únicos. Otros compañeros tendrán otras razones para haber abandonado sus partidos o sus comités o las organizaciones sociales a las que habrán dedicado su vida. Seguramente los maestros estarán desencantados después de oír a la Ministra de Educación menospreciarlos; lo mismo que los militantes de organizaciones de derechos humanos al oír al Ministro de Defensa estigmatizarlos gratuitamente. Y la lista de errores de quienes se constituyen en personajes, sigue. Sin embargo, los desencantados tenemos que reconocer que la lista de aciertos es tan larga que resulta difícil enumerarla. Porque el FA es eso, un espacio heterogéneo de corrientes que confluyen en la necesidad de cambiar la sociedad para más justicia social con diferentes ideas sobre cómo hacerlo. Y mientras unos meten la pata, otros tiran y tiran para adelante. Impulsan la transformación del Sistema de Salud; la disminución de la pobreza; la eliminación de la indigencia; planes de vivienda; el cambio de matriz energética; entran a los cuarteles a buscar los restos de los desaparecidos; eliminan con un solo decreto todas las decisiones de los gobiernos blancos y colorados que ampararon a los criminales de lesa humanidad en la impunidad; reconocen derechos de género; impulsan leyes contra el monopolio mediático que tanto mal ha hecho en otros países de AL; impulsan un sistema nacional de cuidados y no puedo seguir enumerando porque necesitaría mucho más espacio.

Al mismo tiempo, estas elecciones internas del Frente Amplio se dan en un marco de avance regional de los partidos conservadores. Pero en Uruguay no está dicha la última palabra. Estamos en condiciones de mirar las experiencias de nuestros vecinos y aprender de ellas y en eso se juega, no sólo el destino de los uruguayos más necesitados sino las perspectivas regionales en un momento de crisis de expectativas y de una fuerte desmemoria construida a través de los medios masivos de comunicación y de la globalización de la desinformación. Es así, que cuando se habla de corrupción en la región, la derecha intenta mostrarla como si se diera en Uruguay en la misma dimensión. Cuando asistimos a un linchamiento político de la Presidenta de Brasil sin pruebas y con un relato falaz creado por los grandes medios, la derecha uruguaya se frota las manos y juega a la confusión y al “fin de ciclo”. Se suben a las redes fotografías tomadas en otros países. Se intenta confundir a la ciudadanía.

En ese marco, la desmoralización y la perplejidad de los frenteamplistas son enormes. No aparecen entre los candidatos liderazgos indiscutibles, lo que es bueno. Porque como ha afirmado el Pacha Sánchez, a quien apoyo, nadie puede revertir sólo la desmoralización y el descreimiento. Tiene que haber un impulso colectivo por recuperar la herramienta de cambios y ponerla a pelear la hegemonía política y cultural con la derecha.

Pensar en crear un acuerdo estratégico es válido y hacia él habrá que caminar pero así pelada, la idea deja en blanco a los frenteamplistas y el voto se convierte en un acto de confianza. Las correlaciones de fuerza son, existen, y se actúa sobre ellas, no convocando a un gran acuerdo sino gestándolo desde las prácticas y miniacuerdos cotidianos. Entre otras cosas porque el Frente Amplio es unidad en la diversidad, y es bueno que lo sea. No queremos un frente homogéneo, alineado con líderes indiscutibles. Queremos un Frente que haga política con dimensiones humanas.

Y aquí cabe recordar las palabras del inspector Guarteche cuando parafraseaba a un amigo afirmaba que era sorprendente todo lo que se puede avanzar cuando deja de preocuparte quién se lleva los premios.

Hoy la gran batalla es pelear la hegemonía cultural con la derecha y para eso hay que opinar y votar desde adentro de la herramienta política que ha forjado el pueblo en décadas de historia y que condensó las luchas por derechos y libertades de otras tantas décadas anteriores.

Años de autoritarismo nos enseñaron a valorar las instancias democráticas. En un mundo en el que las corrientes populares deben llevar adelante sus campañas electorales a contrapelo de la inversión que hacen las grandes corporaciones para construir las candidaturas que les son afines, el FA da un ejemplo al elegir democráticamente sus direcciones. No la desperdiciemos en el escepticismo.

UNA OPORTUNIDAD PARA REACCIONAR por Pablo Anzalone

El 24 el Frente Amplio da un ejemplo de democracia política para el país, eligiendo su presidente y todas sus autoridades representando bases y sectores, a nivel nacional y departamental, a través del voto de sus adherentes. En un sistema político que corre el riesgo de alejarse de la población, este tipo de consultas son oxígeno para sus protagonistas. Aunque voten menos que las elecciones anteriores, serán una apuesta a encarar los problemas con la gente y no lejos de ella.

Desde que asumió el gobierno nacional el Frente Amplio no ha podido definir una estrategia propia que no reduzca la política a la gestión de gobierno. Tampoco ha buscado con tenacidad e iniciativa formas de relación con las organizaciones sociales para sumar fuerzas en pos de los procesos de cambio. Le ha costado dar la lucha ideológica contra las ofensivas de la derecha y muchas veces son sus propios debates los que ocupan la escena política.

En mi opinión, el problema principal es la dificultad para rescatar la política como práctica colectiva para transformar la realidad en cada plano donde hay desigualdades y falta de derechos.

Como ya se ha demostrado no alcanza una presidencia con buenas intenciones, aún si tiene disposición a movilizar la vida interna y el accionar externo. Se precisan muchas voluntades y debate político fraterno, que formulen la estrategia y la pongan en práctica con planes de trabajo, campañas movilizadoras, mojones claros para la población.

Lo primero para cambiar al FA es darse cuenta que nos jugamos el destino político como izquierda y como país. Este es el tiempo político para reaccionar. Luego puede ser tarde.

El contexto regional nos muestra que los procesos de izquierda pueden ser derrotados por derechas neoliberales por elecciones o por golpes. Pero aún los golpes como en Brasil son posibles por las debilidades y los errores de la izquierda.

El gobierno frenteamplista ha dado algunos pasos que lo distancian de su base social y política. Por ejemplo, las pautas salariales que comprometen el salario real y motivaron un enorme paro general. Está a tiempo de corregirlos, como hizo con la detención del Antel Arena. Hay un debate sustantivo sobre las estrategias de desarrollo y sobre  las políticas de acumulación de fuerzas.

Reconstruir la agenda de cambios profundos implica retomar la iniciativa. Pero esos temas no deben concebirse sólo como políticas de gobierno, sino también como acciones de la sociedad civil, de los movimientos sociales o iniciativas partidarias. El Frente Amplio tiene una oportunidad para salir del letargo y la inercia, para poner prioridades en la agenda y transformarlas en acción, dinamizando una confluencia social y cultural amplia.

Este proceso eleccionario comenzó sin debate político. Sin embargo hoy los candidatos han desplegado opiniones interesantes sobre varios temas, con una posición crítica y autocrítica hacia la fuerza política. En particular quiero señalar mi coincidencia profunda con Roberto Conde cuando plantea la necesidad de lograr un acuerdo en la estrategia de la izquierda ante la crisis del capitalismo. Defender lo logrado es lo primero y que la crisis no la paguen los sectores populares. ¿Cómo seguir? Requiere pensamiento crítico y respuestas innovadoras. Y también mi acuerdo  sustancial con Pacha Sánchez sobre “transitar una nueva etapa en la vida del Frente Amplio, en la cual será necesario escuchar mucho, hacer más y seguir soñando con una sociedad sin excluidos”. Comparto su énfasis en que todos los que quieran aportar al FA puedan hacerlo de múltiples formas, combinando acciones presenciales y participación en redes. Acuerdo que precisamos romper el statu quo que existe en el FA dando los debates que definan al proyecto político de la izquierda y sus valores. Y lo conviertan en acción política, en protagonismo popular, en prácticas colectivas transformadoras.

Es una lástima que el Pacha y Roberto no hayan logrado sumar fuerzas en esta consulta.

Renuncia de Milton Romani a la JND

Estimados compañeros y compañeras,
Como Uds. deben estar enterados, he tomado la decisión de alejarme del cargo de Secretario General de la Secretaría Nacional de Drogas de la Junta Nacional de Drogas.
Lo comuniqué a nuestro Presidente Dr. Tabaré Vázquez y al Prosecretario de la Presidencia Dr. Juan Andrés Roballo con suficiente anterioridad para procesar una transicion de cargo, tareas y equipos en terminos de responsabilidad política e institucional. Asegurar nuevamente, la continuidad de las políticas públicas en drogas, promoviendo a su vez, los cambios necesarios para una renovación saludable. A partir del 1o de Julio asumió el cargo el Lic. en Trabajo Social Diego Olivera.
Ha constituído un privilegio haber formado parte del primer gobierno de la izquierda, del Frente Amplio, luego de varios años de lucha social y política. De integrar una institución del prestigio de la Junta Nacional de Drogas y armar equipo con compañeros y compañeras de la talla de Jorge Vázquez, Miguel Fernández Galeano, Ana Olivera, Juan Faroppa, José Bayardi, Jorge Bruni, Belela Herrera y Ricardo Gil.
Privilegio, poder dirigir la Secretaría Nacional de Drogas con funcionarios y funcionarias que se incorporaron desde la primera hora a este desafío.
Nunca les pregunté su filiación política y no fue ese el criterio de asignacion de responsabilidades. Promoví y recibí una actitud de compromiso, servicio público y trabajo sobre la base de los estímulos morales, guiados por la Estrategia Nacional para el Abordaje del Problema Drogas. Que se fue construyendo conceptual y en la práctica. Haciéndose carne en todos los equipos, a partir de un enfoque humano y vincular que es la base del abordaje del problema, pero es también coherente con la concepción de gestión humana y que termina siendo constitutiva de esta forma peculiar de comunidad.
Esto fue así a nivel de salud, investigación, acción policial, con Jueces y Fiscales, en trabajo comunitario, con las Juntas Departamentales de Drogas. En nuestra presencia en todos los foros y organismos multilaterales de la región y del mundo.
Tuve el privilegio también de ejercer un cargo de gobierno que me permitió, en lo personal,
poder hacer coincidir trabajo, profesión y compromiso militante.
Compartir y sentirme muy apoyado por mi familia, compañera, hijos y nietos en el ejercicio de este desafío.
Continué en el cargo cuando asumió como Presidente, José Mujica, quien luego, me designó en el cargo de Embajador, primero para los temas de Drogas y DDHH y luego como Representante Permanente de Uruguay ante la OEA.
Me sucedió en el cargo el compañero Soc. Julio Calzada, con quien me unen lazos de amistad y compañerismo y que le dió continuidad en las líneas y enfoques fundamentales y profundizó en temas sustanciales de la problemática.
El 19 de abril de este año, como Jefe de Delegacion de Uruguay me dirigí a la Asamblea General de Naciones Unidas que celebró una Sesión Especial sobre el Problema Mundial de las Drogas. Fue la culminación de un ciclo de liderazgo de Uruguay en la comunidad internacional, defendiendo la debida integración de los instrumentos de Derechos Humanos con las políticas internacionales de fiscalización de drogas y la necesidad de abrir un debate amplio, abierto e inclusivo sobre las estrategias hegemónicas para el control de drogas, hegemonizadas por un pensamiento único y dogmático, rigidamente prohibicionista.
Terminé expresando un llamado a la paz. Estoy convencido de ello. Luego de tanta absurda elocuencia y panegírico de la denominada ¨guerra contra las drogas¨ de tanto fracaso evidente, con su dosis de violencia, de muertos y prisiones atestadas, hay que darle una oportunidad a la paz. A nuevos y renovados enfoques que pretenden eficacia, eficiencia y humanidad en el tratamiento de un tema tan complejo. Fue una sesión polémica, pero muy importante. En mi opinión, se quebró el pensamiento único y comenzó, ahora sí realmente, ese debate tan necesario a lo largo y ancho del mundo.
Que habilitó la diversidad de opciones en el marco de la unidad en la coooperación y coherentes con el fin último de las Convenciones (que son salvaguardar la salud y el bienestar de la humanidad). Que admitió la flexibilidad suficiente que las mismas tienen, para avanzar en los nuevos desafíos y enfoques que surgen a nivel regional o nacional. Que definitivamente ha consagrado el respeto irrestricto a los derechos humanos en el marco de las políticas de drogas.
En estos quince meses de nuevo ejercicio del cargo de Secretario General, he podido cooperar y trabajar con nuevos y viejos compañeros y compañeras, contribuyendo al fortalecimiento de todas las líneas más importantes de una renovada Estrategia Nacional para el abordaje del problema drogas.
Encaminar y garantizar el cumplimiento total de la Ley de Regulacion y Control del Mercado de Cannabis ha sido un desafío colectivo que fue abordado con energía, por varios compañeros en diferentes campos y organismos. No ha sido facil, porque las inercias de resistencia al cambio han trabajado en forma pasiva y activa encabezada, la mayoria de las veces, por mitos y prejuicios, mas que por evidencia cientifica. El debate y la libertad de opinión forma parte de la democracia. Pero como afirmó nuestro Presidente el Dr. Tabaré Vázquez, hacer cumplir las leyes es parte sustancial del funcionamiento democrático.
En mi opinión, Ley que se ampara en un marco de derechos y en un enfoque de salud pública que incorpora la gestión de riesgos y la reducción de daños, como una nueva herramienta; a la educación y a la prevención indicada y selectiva. La regulación de mercados ha constituído un rasgo distintivo de nuestras políticas, principalmente en drogas, pero sólo pueden entenderse a la luz del enfoque de integralidad de las mismas que hemos construido pacientemente en estos doce últimos años.
Las políticas de drogas en nuestro país, desde el 2005, son integrales porque incorporan en forma equilibrada y complementaria todas las fases que atacan a un problema social complejo. Desde la aplicación de la ley con sentido de propocionalidad y equidad, la lucha contra el crimen organizado y el lavado de dinero (con la creación de la Secretaría Antilavado, los Juzgados y Fiscalías de Crimen Organizado y la creación y desarrollo del Fondo de Bienes Decomisados) y también en la protección de derechos fundamentales: el derecho a estar informados, el derecho a la educación, el derecho a la salud. Que en el caso del abordaje de drogas lo hemos extendido desde el primer nivel de atención hasta los centros especializados. Y más allá con los dispositivos de cercanía de tipo comunitario que es necesario fortalecer. De los Dispositivos que denominamos Intermedios como los Centros Ciudadela de información, abordaje primario y derivación. Todos integrados en una Red de Atención en Drogas interinstitución (RENADRO) compartida con ASSE, INAU, MSP y MIDES. Desafío renovado que hay que fortalecer aún más. Derecho a la salud integral que incorpora la inserción social educativa y laboral. Que incluye la investigación científica que hemos desarrollado con el Instituto Clemente Estable, con el Polo Tecnológico de la Facultad de Química, con el Hospital de Clínicas, con el Hospital de Sanidad Policial, con el Observatorio Uruguayo de Drogas y que nos ha colocado en la avanzada del tema a nivel regional y hemisférico.
Esto es un logro del esfuerzo de hombres y mujeres con una sola ideologia: servir al pueblo. Por lo tanto es un patrimonio de nuestro pueblo. Me siento satisfecho de haber colaborado en este logro y dejar ahora mi puesto en inmejorables manos.

La del compañero Diego Olivera, Licenciado en Trabajo Social, que viene del Ministerio de Desarrollo Social de dirigir el Programa Jóvenes en Red. Quizás y sin quizas, el penúltimo de mis privilegios, dejar en manos de tan distinguido compañero esta ruta.

Saben todos y todas que tengo una pasión militante que aún late y me genera, siempre, inquietudes. Todo tiene su tiempo y para mí, hoy es el tiempo de dar un paso al costado y habilitar que otros ocupen nuevos espacios y responsabilidades.
Sin embargo, yo no me voy. Siempre estoy. Estaré en estos y otros temas que nos interpelan, hasta que las fuerzas me den, y en lo que pueda aportar. Ya lo sabían, pero se los recuerdo a todos: pueden contar conmigo.
Milton Romani Gerner
*Fotografía La República

Formas de hacer política en el ciclo progresista. Autocríticas de la izquierda. Por Pablo Anzalone

Los actuales triunfos de la derecha en Brasil, Argentina y Venezuela, son el resultado de un conjunto de factores que requieren un análisis en profundidad. Algunos surgen de la nueva situación internacional. La crisis del capitalismo central iniciada en el 2008 y la  reorganización del escenario mundial en curso, tuvo como consecuencias el fin del boom de los comodities (materias primas y alimentos), la retracción de las inversiones ,el aumento del poder del sector financiero y el comienzo de un período de recesión en América Latina.

La derecha económica, social, religiosa y mediática que siempre retuvo y en algunos casos aumentó su poder, se rearmó políticamente. Antes con Piñera  y ahora con Macri ensayó la idea del gobierno como gerenciamiento tecnocrático y empresarial para obtener el voto popular. En otros casos como Paraguay aplicó un golpe empleando sus mayorías parlamentarias con argumentos insostenibles utilizando abusivamente artículos de la Constitución. Ese modelo fue el que ahora se aplicó en Brasil. Desestabilizar, agravar la crisis política y económica y una violenta polarización, forzar  las normas democráticas, no fue un obstáculo con tal de volver al gobierno. Esa falta de límites es parte del escenario actual. Pero sobre todo la derecha se embanderó con el cambio, luchó y muchas veces logró aparecer como la alternativa de cambio ante la población. Ocultando su verdadero programa de gobierno, tomando algunas de las políticas sociales exitosas de los gobiernos progresistas y “representando” un abanico heterógeneo de demandas de la sociedad. En esa construcción de una nueva hegemonía (o en el resurgimiento de la hegemonía neoliberal, tan profunda y duradera), utilizó eficamente la concentración del poder de los medios de comunicación.

Al mismo tiempo en estos procesos  jugaron un papel clave los errores de la izquierda en el gobierno, en algunos casos graves errores. Por eso es imprescindible una reflexión crítica y autocrítica, de gobiernos, de partidos y también de movimientos sociales progresistas. No hay un solo actor sino por lo menos esos tres grupos de protagonistas  en los procesos populares de cambio. Reivindicamos esa perspectiva que dejan de lado  las visiones estadocéntricas, vanguardistas o el reduccionismo al rol de líderes carismáticos como Lula, Chavez, Cristina, Evo, Tabaré o Pepe.  Un  análisis autocrítico y propositivo, en profundidad, sin tirar el niño con el agua y sin arrogancia teórica o política. Sin generalizar rápido tampoco, porque los procesos han sido muy heterogéneos. Allí también ha estado su riqueza,en un mundo donde los paradigmas totalizadores han fracasado.

Hay muchos aspectos a analizar. El vínculo con los movimientos sociales, la relación con la población y la capacidad para movilizarla, el rol de los medios de comunicación, la lucha por nuevos valores o la adaptación a los predominantes, el modelo productivo extractivista, la redistribución de los ingresos  y la riqueza, los cambios estructurales en salud,educación, protección social, la actitud hacia formas económicas no capitalistas, entre otros puntos críticos, que podrían acercarse a un concepto muy abarcador como es la capacidad para generar una nueva hegemonía.

En este artículo nos centraremos en un punto: las formas de hacer política (y en particular la política como actividad de masas), que se desarrollaron en el ciclo progresista latinoamericano.

La reducción de la política a la acción de gobierno debilitó el rol propio de los partidos, restringiéndolos al Estado, empobreciendo su vida interna, afectando su vínculo con la población, su papel en el debate ideológico, su capacidad de iniciativa política. Hay una larga historia de como la cooptación de los partidos por el Estado tiene efectos muy negativos  sobre los primeros. El estalinismo y la socialdemocracia europea son ejemplos claros.

El tipo de organización y de democracia interna en los partidos progresistas es muy distinto de un proceso a otro, pero se puede  reflexionar si  el tipo de política predominante  debilitó la participación mayor de militantes, adherentes, y sobre todo de la población, en las formaciones politicas. Si la política la hace solo el gobierno, el accionar y las discusiones de la fuerza política, se verán como peligros y no como posibilidades fermentales. En un momento donde la vinculación por la web gana terreno en todos los órdenes de la vida, las organizaciones progresistas no utilizaron con creatividad este nuevo campo para democratizar sus debates, sus resoluciones y su capacidad de escucha a la población. El ejemplo de Podemos muestra que es eso es posible y también  que esa es una condición necesaria, pero no suficiente, para democratizar el poder interno.

Para enfrentar los desafíos actuales, la democracia interna  debe ir junto con la unidad. La unidad es otro duro aprendizaje, muchas veces fallido, en los procesos de la izquierda. Una larga historia de sectarismos, dogmatismos y luchas fraccionales pesa todavía. Las discrepancias legítimas sobre las estrategias muchas veces no logran procesarse en un debate enriquecedor que construya  síntesis política y unidad de acción. El FA tiene una experiencia rica en ese plano, pero le ha costado oxigenar su funcionamiento con nuevos instrumentos democratizadores, para pasar de algunos miles de participantes a cientos de miles. Sin contraponer militantes y votantes, generando la categoría de participantes.

La izquierda se convirtió en opción de gobierno cuando sumó todos los descontentos con el neoliberalismo de los 90, responsable de altísimos niveles de sufrimiento social. En un momento  mundial de retroceso  frente al neoliberalismo arrollador  América Latina  mostró que otro modelo de país era posible y disputó esa hegemonía. Sin marco teórico ni ideológico común, retomando las mejores tradiciones de cada país, integrando en algunos casos a la población indígena, reivindicando la dignidad y los derechos de los postergados sociales y políticos.

Se puede hablar como dice Ernesto Laclau de la construcción del sujeto “pueblo”, para analizar estos procesos sociales. Laclau  propone el concepto de hegemonía como la herramienta fermental para pensar esa diversidad de luchas y para replantear una nueva política  para la izquierda. Ante  la crisis del pensamiento crítico plantea  refundar el proyecto finalista sobre la idea fuerza  de  una democratización radical de la sociedad. Frente al proyecto de una sociedad jerárquica y cada vez más desigual  la izquierda debe promover una radicalización de la revolución democrática.

Los avances en democratización son variopintos, heterogéneos y con grandes capítulos pendientes en nuestros procesos. En Uruguay la existencia de Consejos de Salarios, las políticas hacia trabajadores rurales y domésticas generaron derechos nunca antes respetados. La legalización del matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo, la regulación de la marihuana, fueron pasos hacia una sociedad menos discriminadora. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un ejemplo en América Latina con una perspectiva garantista de las libertades y disposiciones que eviten la concentración de poder en pocos medios. Por algo hubo tantos ataques y resistencias para su implementación.

Una reforma política que llegue a la financiación de las campañas electorales y los partidos todavía  brilla por su ausencia. Ese es un capítulo pendiente de gran trascendencia. El poder económico tiene hoy muchos privilegios para actuar en política, solventar costosas campañas electorales, asegurar desigualdades. Alcanza ver y escuchar al parlamento brasileño. Venimos de países signados por la corrupción de sus élites políticas y si la izquierda en el gobierno no rompió con ella, y pretendió utilizarla para sus fines, los resultados fueron catastróficos. Entre ellos la ruptura de la coherencia ética entre discurso y acción, desmoralización de los militantes, ajenidad u hostilidad de la población, descrédito. La derecha utiliza eficazmente esos errores/horrores, mientras hacen la vista gorda o defienden a los millionarios implicados en los Panamá Papers. Garantizar publicidad electoral gratuita, restringir el resto, prohibir grandes donaciones y donaciones empresariales para los partidos, efectuar controles efectivos sobre la financiación, publicar las declaraciones patrimoniales de  gobernantes y legisladores, dar transparencia a estos aspectos, son algunas medidas básicas .

Como dice Perry Anderson sobre Brasil “  una vez que se acepta el precio de entrar en un sistema político enfermo la puerta se cierra detrás y el partido se reseca  convirtiéndose en un enclave del Estado” . Por eso democratizar el sistema político en sus nudos críticos se vuelve una tarea principal. Conquistar la democracia contra las dictaduras fue un cambio histórico para América Latina y  para la izquierda. Se aprendió a valorar la democracia y los derechos humanos y a entender la necesidad de ampliarlos cada vez más.

Una cuestión fundamental, en mi opinión, es qué rol le da la política a las personas, ya sea como ciudadanos o agrupados en fuerzas sociales. Si la política la hace sólo el gobierno, entonces, el papel del ciudadano se reduce a elegir cada cinco años y el de las fuerzas sociales a defender sus reivindicaciones particulares. Esta forma de hacer política es la tradicional, la que viene matrizada en el Estado capitalista y tiene mucho arraigo. En las democracias de baja intensidad que relata Boaventura de Souza  hasta allí se llegó y el resto está fuera del sistema, con la marginación o criminalización correspondiente.  Contraponer este modelo  a una situación de gran efervescencia, supone pensar que los períodos de auge de las movilizaciones de masas se pueden eternizar, lo que notoriamente no es así. Pero hay que aprender una lección de esos momentos en que la gente se siente protagonista: allí es donde se generan los cambios culturales más profundos.

Al proyecto progresista le ha faltado una democratización mayor de la política. Ninguna de las transformaciones estructurales en salud, educación o protección social es posible sólo desde el gobierno, sin participación activa de la sociedad, sin nuevos actores cuya voz se pueda expresar y puedan incidir en las decisiones. Esa participación  no es una resolución institucional, ni solo abrir o cerrar puertas, requiere una construcción amplia donde los actores sociales se fortalezcan a través de prácticas que los vinculen con la población. Es acción social y cultural sobre problemas existentes. No hay que desconocer  pasos significativos en esa dirección, como la participación social en el BPS, en el  SNIS, en la Anep, en la descentralización participativa territorial y otros. Con luces y sombras son caminos que van en una buena dirección. Cabe señalar, sin embargo, que no alcanza con poner representantes sociales si no hay más prácticas colectivas que involucren a la población en los cambios. Acción de masas y no solo representación social.

La creación de la  agenda  es una de las claves para luchar por la hegemonía. Si la derecha marca la agenda y el gobierno se defiende, este último llevará las de perder. Crear nuevos derechos como los  cuidados, a través del Sistema Nacional de Cuidados es romper con la lógica del ajuste y establecer desafíos para seguir avanzando en lo social. Lo mismo con el tema de la violencia doméstica. Si el modelo de política deja a la gente como espectadora, crítica o conforme, empezamos a perder la batalla cultural. De allí a la derrota política es un paso.

 

Entrevista a Gabriel Kaplún sobre Ley de Medios

Tres tipos de medios, los comunitarios, los públicos y los privados. ¿Qué rol juega cada uno en las transformaciones democráticas? A esto responde Gabriel Kaplún, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UDELAR

Víctor Abelando comenta las intervenciones sobre los desafíos de la izquierda

Víctor Abelando fue el moderador de la última mesa del ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda, destinada a intercambiar sobre los desafìos de la izquierda. Participaron en la misma Carmen Beramendi, Pablo Anzalone, Rodrigo Arocena, Alejandro “Pacha” Sánchez y Alvaro Portillo. La mesa redonda tuvo lugar en la Huella de Seregni el 10 de diciembre de 2015.

Segunda parte de la intervención de Pablo Anzalone

Segunda parte de la intervención de Pablo Anzalone durante la mesa redonda destinada a los desafíos de la izquierda. En la misma participaron también Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo y Alejandro “Pacha” Sánchez. Moderó Vìctor Abelando. La misma se realizó el 10 de diciembre de 2015 en la Huella de Seregni

Pablo Anzalone habla sobre qué izquierda necesitamos

Pablo Anzalone, Director de la Salud, 2005-2007 y 2010-2015, y Director de RRHH, 2007-2010, de la Intendencia de Montevideo durante su intervención en la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Esta vez sobre el tema “Los desafìos de la izquierda”. Con Alejandro Sánchez participaron Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo y el actual Presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez. Moderó Víctor Abelando. La misma tuvo lugar el 10 de diciembre de 2015 en La Huella de Seregni.