Adriana Cabrera interviene sobre las políticas de derechos humanos

Adriana Cabrera en el espacio de preguntas y respuestas habla sobre los derechos humanos durante el segundo gobierno del Frente Amplio. La mesa redonda, dedicada a la democratización de la sociedad estaba integrada también por Gustavo Gómez y Gabriel Delacoste y moderada por Virginia Martínez.

Entre tribus urbanas y derechos universales

Por Adriana Cabrera Esteve

Hace unos meses, en medio de la campaña electoral departamental (LA REPÚBLICA 5/5/2015), escribí un artículo, La movilidad urbana y el derecho a la ciudad, en el que hablaba del derecho de los que eligen la bicicleta como medio de transporte y también de los que, potencialmente, podrían elegirlo. En ese entonces parafrasee a David Harvey quien considera, se trata del derecho de cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad.

El énfasis, entonces, radicaba en las motivaciones por las que cualquier mortal se sube a una bicicleta: para realizar ejercicio, para trasladarse y usar aquel escaso tiempo entre una obligación y otra en una actividad que le permita al mismo tiempo bajar el colesterol, obtener una mejor condición cardiovascular, incrementar su calidad de vida, eliminar el estrés, combatir la depresión segregando endorfinas, o sencillamente, mejorar los tiempos en desplazarse de un lugar a otro ya que está probado, son menores que los del transporte público y el automóvil particular.

Sin embargo, visto así, algunos podrían preguntarse por qué todos deben adaptarse a las exigencias de una minoría de ciclistas que como dicen por ahí, ni siquiera usan las escasísimas ciclovías y bicisendas existentes.

Por eso, en este artículo me gustaría no hablar sobre el derecho de los gobernados, ni sobre la solidaridad que debiera emerger de sus conciudadanos, ni sobre la obligación de dar respuesta a sus demandas por parte de los gobernantes, todas cosas que defiendo, sino de las obligaciones de estos últimos en sí. Ya que no es por tener en cuenta los derechos de una minoría que el tema de la movilidad ingresa en el campo de los derechos. Muy por el contrario, es por el derecho de las mayorías.

Algunas razones inherentes al mismo tránsito. Su enlentecimiento producto del aumento del parque automotor o la accidentabilidad. Otras, vinculados a la democratización del espacio público. Pero el más importante, a mi entender, es la sustentabilidad ambiental.

Todos aprendimos, los más jóvenes en el liceo, los más viejos en los diarios o en revistas científicas lo que supone el llamado efecto invernadero y su consecuente aumento de la temperatura de la atmósfera por la concentración de gases, muy especialmente el dióxido de carbono,que conforma una gruesa capa atrapando el calor del sol.

También todos sabemos sus consecuencias devastadoras, y si no, lo hemos oído o visto por televisión: inundaciones, nuevas plagas, picos nevados que ya no son tal, derretimiento de los glaciares, o sin ir muy lejos, los muy recientes incendios de más de miles de hectáreas luego de cuatro años de sequía en California.Y es que en los últimos cien años, la temperatura del planeta aumentó 0,8 °C, algo que no había sucedido antes en esa proporción. Esas, aparentemente pequeñas diferencias en la temperatura atmosférica, son una de las principales causas del cambio climático.

Las principales fuentes de emisión de CO2 son la actividad pecuaria y el suministro de energía a la industria y el transporte. El Frente Amplio ha impulsado un cambio en la matriz energética a favor de energías renovables como la eólica, la biomasa, o la solar o fotovoltaica. Y según el informe 2015 de Naciones Unidas se está muy cerca de cumplir la meta de llegar a un 50% de energía renovable para este año.

Sin embargo, y así también lo señala el informe “casi todo el consumo de energía del sector transporte está basado en combustibles fósiles, lo que se traduce en emisiones de gases de efecto invernadero, agotamiento de recursos no renovables y otras emisiones contaminantes” por lo que nos sugiere “considerar medidas de eficiencia energética, así como priorizar formas de movilidad que generen menos emisiones y al mismo tiempo garanticen la igualdad de oportunidades para el conjunto de la población en sus desplazamientos”.

El informe también nos alerta sobre los costos que tendría el cambio climático en curso en nuestro país.

Para “priorizar formas de movilidad que generen menos emisiones” es necesario políticas públicas destinadas a tal fin. En ese sentido, la IV Agenda Ambiental de Montevideo 2013-2019 incluye impulsar una movilidad ambientalmente saludable. Para lo que se plantea “promover hábitos de movilidad sustentable (transporte colectivo, caminata y bicicleta) que minimicen el uso ineficiente del automóvil”, “fomentar el transporte activo con infraestructura adecuada y el Sistema de Bicicleta Pública”, “desarrollar campañas tendientes a fomentar el uso del transporte colectivo sobre el transporte privado”, “crear un sistema de bicicleta pública a escala barrial”, “promover actividades cotidianas que impliquen una movilidad a nivel local, generalizando la importancia de la actividad física y la concientización en el ahorro energético” y la “implementación de un sistema de control de emisiones vehiculares”.

En estos momentos, en que nos abocamos a elaborar los presupuestos nacionales, departamentales y municipales, vale tener en cuenta esta visión a largo plazo de la movilidad urbana y el medio ambiente y, lejos de visualizarnos como diferentes tribus urbanas, asumir una mirada universal y en forma conjunta defender la calidad de vida del único planeta que tenemos.

Publicado en La República 24/9/15

Recuperar nuestra humanidad

Gobernar es también anticiparse

Toda la sociedad uruguaya ha estado fuertemente impactada por los episodios del SIRPA. A los hechos de violencia, siguió la resolución judicial que terminó procesando con y sin prisión a 26 funcionarios del INAU. Existen disquisiciones legales sobre la proporcionalidad entre los acontecimientos y las penas de dicho dictamen. Lo que debería estar fuera de discusión es que tanto las innumerables denuncias previas como el video que adquirió estado público revelan un trato cruel, inhumano y degradante a los menores privados de libertad en el CEPRILI. Es tortura, en cualquier lugar y contexto, la agresión de un agente del Estado que lesiona por su entidad la humanidad. No es necesario usar tacho y picana. Por cierto que guarda grandes diferencias de alcance y objetivos con la aplicación sistemática de la tortura por parte del terrorismo de Estado que impusieron las dictaduras de la región. Ahora, como un colmo insólito, se agrega la acción de la Guardia Republicana, que vuelve a cometer graves violaciones a los derechos humanos. Contra los mismos menores, que más allá de sus conductas (por ello están privados de libertad), merecen un trato digno.
No debería ocultarse que estas prácticas naturalizadas e institucionalizadas constituyen flagrantes violaciones a los más elementales derechos humanos. Agrava estos hechos la circunstancia de que antes y después de los mismos existiera un involucramiento directo de la organización de funcionarios del INAU. No solo no hubo el menor atisbo de autocrítica, sino que por el contrario, lejos de condenarlos se intentó explicar todo como una operación política para destruir al sindicato y acabar con sus dirigentes.
Con este escenario era bastante previsible una respuesta en la que se pusieran en marcha todos los mecanismos posibles para mostrar las vulnerabilidades institucionales del SIRPA. Al día siguiente a la difusión del video se produjeron tres fugas en el propio CEPRILI. La larga historia de fugas sistemáticas y muchas veces masivas de adolescentes que casi nunca estuvieron ajenas a situaciones de conflicto y demandas de los funcionarios a las autoridades del INAU permitía pronosticar una situación de gran conflictividad a punto de partida de los propios internos de los centros del SIRPA.
Manipular y “fogonear” el conflicto, crear un clima de inseguridad y alentar los desbordes, obligar a que actúen otros que no están preparados para intervenir adecuadamente, habilitar las fugas o impedirlas por pactos no explícitos, son formas corporativas nefastas de ejercer el poder y ganar posiciones en la negociación. Una dinámica conocida que alimenta la violencia utilizando y revictimizando a los adolescentes en una vieja fórmula a desterrar en el complejo proceso de reinsertarlos socialmente.
En ese contexto resulta inexplicable que las autoridades no hayan previsto una participación adecuada y ajustada al respeto de los derechos humanos a la hora de darle participación a efectivos de la Guardia Republicana en el traslado de un grupo de menores del CEPRILI a otro centro del SIRPA. Según han manifestado un grupo de parlamentarios se ha podido comprobar en varios internos la existencia de lesiones y la inexplicable falta de abrigo de muchos o la mayoría de ellos. Más allá de realizar de forma inexcusable una investigación a fondo de estos hechos, sorprende la incapacidad de prevenir y anticiparse por parte de los responsables del operativo de traslado. También sorprende de parte de las autoridades habida cuenta de la principalidad del tema en la agenda política y la importancia de consolidar al Estado como garante de derechos y muy especialmente de los derechos humanos.
Siendo estos nuevos hechos graves desde la perspectiva de los derechos humanos y admitiendo que aún deben ser investigados con todo el rigor que el caso amerita, estimamos que la situación deja un saldo altamente negativo que no se debería soslayar.
La intervención de la Guardia Republicana deja sobrevolando en el ambiente la idea que la única forma de controlar a estos jóvenes es ejerciendo formas violentas de intervención. El sistema actual, los funcionarios gordos y La Republicana coinciden en un punto aberrante, fuera de todo enfoque serio de integración social. Desplaza toda la responsabilidad de esta violencia institucional a las decisiones superiores desde el Estado y justifica la participación de los funcionarios en el contexto de decisiones y condiciones de trabajo de las que no son responsables. Los únicos que siguen poniendo el lomo y el cuerpo al castigo son los jóvenes nacidos entre 1997 y 2002.
La crónica de la participación de la Guardia Republicana en el marco de las tensiones existentes en el SIRPA era una situación anunciada. No es posible entender cómo no se extremaron las medidas preventivas para evitar la reiteración de estos hechos y sobre todo evitar perder terreno en el campo de reivindicar que desde el Estado se puede garantizar la seguridad en un marco de derechos sin ejercicio de ninguna forma de violencia.
Los jóvenes infractores que cometen violencia y están presos, no son unos angelitos. Precisamente conocen desde pequeños, todo tipo de violencia familiar, social y represiva. Están más allá de la fractura social y tienen mucha violencia coagulada. Pensar que más violencia sobre sus cuerpos y sus almas arregla algo es de estúpidos. Creer que con ello se reeducan es insólito y lo único que genera es más violencia. Es necesario reencontrarse y rediseñar caminos para, no desde la ingenuidad, desplegar nuevos y renovados enfoques, que no apuesten solo al encierro y sí al trabajo de reeducación firme pero que comience por resignificar su humanidad. Humanidad que comenzamos a perder con estos hechos. La de ellos, que es nuestra humanidad.
Colectivo El Taller

Tributo a Liber Arce, un 14 de agosto, con Hugo y Susana, un 20 de setiembre

Escribe Milton Romani

Un dia despues del asesinato de Liber, pase a ser un detenido a disposicion del Poder Ejecutivo en el 5o de Artilleria. Tenia 18 años. Llegue y me encontre con profesores, sindicalistas, compañeros de militancia. Habian asesinado al primero de lo que seria luego una larga lista de estudiantes y obreros que luchabamos contra el ajuste autoritario del gobierno de Pacheco que goberno con Medidas Prontas de Seguridad, mantenidas con el apoyo de todo el P Colorado y una minoria del P Nacional. La congelacion de salarios y el abordaje de todos los representantes de la oligarquia, con Peirano a la cabeza, se hizo a tiros y repression. Las FFAA intervinieron, ya en ese entoncies, como cuarteleros de los miles de sindicalistas y activistas estudiantiles que desfilaron por todos los cuarteles de la patria, a disposicion del Poder Ejecutivo. Fue un ensayo general de lo que vendria despues. En lo economico, pero tambien en la alianza civico militar que volvio a poblar los cuarteles de la patria con el tacho, la capucha y la picana. Siendo, hasta hoy, para ignominia de la patria, cementerios clandestinos de honrosos ciudadanos y ciudadanas. El honor de los uniformes solo resplandecio en militares artiguistas como el Gral. Seregni, Gral. Licandro, Gral. Zufriategui, Gral Pedro Aguerre, Gral. Pedro Montañez, Brig. Gral Geronimo Cardozo, Gral. Edison Arrarte, Gral Arturo Baliñas, Almirante Oscar Lebel, Cnel. Oscar Petrides, y otros.

Liber ArceEsto lo escribi hace unos años. Sigue siendo un tributo a todos y todas:

Ese 20 de setiembre de 1968 concurrimos a la Universidad los pocos que quedábamos sanos de la agrupación del FER del Instituto Miranda. Indignados y asustados. El día anterior en una jornada de movilización callejera, al grito de “Gobierno gorila, abajo las Medidas” el primero que cayó herido fue el gordo Ruben. Tres impactos. Uno en la cara, otro en el pecho y si mal no recuerdo el otro en una mano. Nos dijo que un milico había tirado con escopeta. Al ratito, traen en andas al flaco Luis. El sí estaba gravemente herido, en la barriga cuatro impactos y en la zona genital un charco de sangre. Fueron cayendo luego, varios. El flaco Luis fue operado varias veces con riesgo de vida.

Le sacaron un par de metros de intestino. Años más tarde, fue procesado: 9 años de Penal. El gordo Ruben, también pasó 14 años en prisión… Ambos, salvajemente torturados. Todavía conservan en sus cuerpos aquellos proyectiles. Hace un par de años, al Flaco Luis (que se recibió de médico al salir de prisión), a 30 años de aquellos episodios, debió ser nuevamente operado por bloqueos intestinales de riesgo. Secuelas; memorias del cuerpo.

Fuimos, decía, a la convocatoria de la FEUU para repudiar la represión. Era multitudinaria. Las barricadas llegaban a Tacuarembó. La policía atacó salvajemente. Usaban armas de reglamento sin ningún tipo de miramientos. Nos recluimos en la Universidad. Allí, en su casa, estaba el rector Maggiolo, tapándose la boca con un pañuelo para protegerse de los gases que habían creado una nube densa. Estaba. Ponía el cuerpo. Tarde en la noche, cercados, en la azotea, nuevamente varios compañeros cayeron heridos en la cabeza… Ahí, con mis 18 años, mordiendo la impotencia, atragantado de bronca y de dolor, resolví emocionalmente incorporarme a la lucha armada. El enfrentamiento era desigual.

Al otro día, me levanté y mi madre acongojada me dijo que habían asesinado a dos estudiantes. Susana Pintos y Hugo de los Santos. A Hugo lo conocía por ser muy amigo de mi primo Daniel. Supimos encontrarnos frecuentemente en aquellos cumpleaños de 15 que poblaron nuestra adolescencia. Gomina, sonrisa gardeliana y pilchas impecables, iban al tono con su simpatía e inteligencia. Estudiaba Ciencias Económicas. Nos habíamos conocido en el Neptuno, y él fue nuestro capitán del equipo de waterpolo. Tenía pasta de capitán. Comprensivo, dicharachero. Lo mataron cuando tenía 20 años.

Nuestro compromiso militante era muy precoz. Quizás indiscernible de las naturales rebeldías juveniles. La vivimos auténticamente. No nos engrupieron ni los “marxistas leninistas” ni la intelectualidad uruguaya que “nos mandaba al frente”. Más bien que el empuje de aquella generación produjo terremotos en alguno de ellos. Nuestro proceso constituyó un fenómeno mucho más rico, más complejo y de mayor interés democrático. De mayor interés para ver las líneas de aprendizaje y de creación de estímulos morales en una sociedad. De compromisos.

Fue un proceso de empoderamiento de ciudadanía, de conocer y ejercer derechos. Miles de hombres y mujeres jóvenes aprendimos derecho, historia, economía, literatura, sociología, sindicalismo, universidad y ley orgánica, con nuestras prácticas, que estaban indisolublemente unidas en una sed de conocimiento por la sociedad y el mundo que vivíamos. Junto a la poesía y a los amores que se tejieron. Con la emoción y los afectos de ser verdaderamente protagonistas. No sólo de un cambio social, sino de un cambio de nosotros mismos. Rasgos de un romanticismo tardío o quizás perenne de las grandes jornadas de la humanidad. El paradigma fue el Ché, no sólo por su gesta ética y política cubana, boliviana, latinoamericana, sino por sus ideas magistrales plasmadas en aquella carta dirigida a don Carlos Quijano “El socialismo y el hombre en Cuba”.

Nos rebelamos porque estábamos inscriptos en los mandatos de una sociedad mediocre, desgastada, chata y que además la empujaban a un abismo.

Fuimos protagonistas. De la producción de una nueva subjetividad.

Luego vinieron tiempos peores, con el gusto de la derrota. La dictadura.

También fueron muchos los que resistieron. Miles que anónimamente y sin beneficio de reparación simbólica tienen en sus cuerpos y sus mentes una inscripción y una historia. La sociedad y el Estado les deben algo que es muy sencillo: “gracias a vuestro sacrificio, los derechos democráticos pueden ser ejercidos”.

No es menor. Porque, agravio comparativo, tienen más prensa, más reconocimiento y están emparejados con los que callaron, miraron al costado, sobrevivieron sin siquiera la indignación, para no hablar de los culpables.. Politólogos y políticos, periodistas y comunicadores, senadores, ministros, militares y policías, gente común también, que conviven y sobresalen pública y privadamente, como violencia simbólica contra los anónimos luchadores.

Hugo de los Santos y Susana Pintos, con nombre y apellido, como otros, son parte nuestra. No es una memoria nostalgiosa. Apenas una reparación que oficia como partera de las energías que están contenidas en nuestra gente. Recuerdos que están al servicio de una ética inmanente a los compromisos sociales e institucionales de quienes formamos un “agrupamiento” político. Lo digo así, sin mayores alambiques. Agrupamos ideas, plataformas, programas. La ligazón, la argamasa y la intencionalidad que contienen esos cambios es la historia de las intencionalidades, del sentido, de la racionalidad y el sentimiento que tuvieron aquellas prácticas, esas luchas, cuya bandera trágica la llevaron miles de jóvenes como Hugo y Susana. No es un pasado remoto. Es un presente que nos habla de “un paso efectivo en la lucha” que, como dijo alguien, a veces es más importante que cien programas. O quizás, y sin quizás, es el programa. *