Errores y alternativas*

Escribe Pablo Anzalone
Llegamos al 2016 con derrotas en Venezuela y Argentina que sembraron alertas de todos los colores para la izquierda latinoamericana. El debilitamiento del gobierno de Dilma y la arremetida para derribarlo, junto a las denuncias de corrupción, agregan elementos de alarma. Sin embargo, está claro que cada proceso es distinto, los problemas, las derrotas y los saldos actuales también. Lo que es similar es la euforia de la derecha en todo el continente que aspira a retomar el gobierno.
Hay un debate imprescindible sobre los errores cometidos. Tal vez los más graves han sido los de Brasil utilizando formas de corrupción para lograr gobernabilidad o implementando un plan de ajuste distante del programa votado por la ciudadanía. Es importante analizar las limitaciones del modelo neodesarrollista, su apuesta central a la inversión extranjera directa, el énfasis en la extracción de materias primas y considerar si las contradicciones de este modelo no requieren cambios más de fondo en ese plano. La reducción de la pobreza, la persistencia de las desigualdades y la concentración de la riqueza son aspectos que no pueden soslayarse. Las modificaciones de la situación internacional fruto de la crisis capitalista y los nuevos mega-tratados que promueven las grandes corporaciones crean escenarios diferentes para los proyectos progresistas.
Pero esta reflexión no puede ser económica. La agenda de derechos, los cambios democratizadores, no son aspectos menores, subsidiarios, antes al contrario, seguramente serán las principales ideas-fuerza para avanzar en el próximo período. Es calidad de democracia y de vida para todos lo que está en juego.
Debemos revisar críticamente la jerarquía que se le da al pragmatismo, así como la debilidad en los cambios culturales y el debate ideológico. Esas concepciones han diluido los proyectos estratégicos. Resalta la ausencia de una perspectiva que incorpore formas distintas al capitalismo.
Es una crítica y autocrítica sin complacencias pero que no tire el niño con el agua, que no pontifique desde algún sitial con verdades autoproclamadas, que desconozca las condiciones concretas, las debilidades y las derrotas. Es necesaria una reflexión que abra nuevas preguntas y busque respuestas para este nuevo período.
En Uruguay también hay síntomas preocupantes. El descenso en las encuestas es uno. Los enfrentamientos entre gobierno y gremios docentes no solo lesionaron el vínculo con el movimiento social sino con una parte de la opinión pública de izquierda. La actitud beligerante de la derecha, apunta al desgaste temprano del gobierno. Mientras tanto el Frente Amplio se embarcó en una pugna interna por su presidencia, con una significativa falta de debate político sobre las estrategias y las tácticas. En estos días, la gestión en Ancap está dando pie a una discusión que atraviesa al Frente Amplio en un tema que los partidos tradicionales han elegido como buque insignia para atacar al gobierno, a falta de mejores propuestas de su parte. En esta predica altisonante mezclan zapallos con zanahorias, debates serios con caricaturas.
El Frente Amplio enfrenta problemas que vienen de antes. Algunos han sido autocriticados pero no superados. Esta fuerza política se quedó sin estrategia propia cuando llegó al gobierno. Hegemonizó la concepción de que el gobierno era quien transformaba la realidad (en el mejor de los casos) o la administraba (en el peor de los casos). Esta última opción se reprodujo en reiteración real. La cooptación de la fuerza política por parte del gobierno la debilitó como protagonista de los cambios. La elección interna de mayo del 2016 podrá resolver el tema de la presidencia del FA (un contexto poco claro hasta el momento) pero sin un debate político enriquecedor difícilmente surgirá un impulso diferente que cambie estrategias y prácticas.
La absorción del “partido” por el Estado es un problema histórico de gran parte de las izquierdas a nivel mundial y está en la base de muchas de sus derrotas. Esa concepción lleva asimismo a la subestimación del rol de los movimientos sociales, en ocasiones a su estigmatización. Sin embargo muchas veces han sido coaliciones de movimientos sociales quienes han promovido los avances en materia de derechos, les han puesto color y fuerza. O cuando se trató de enfrentar una ofensiva de la derecha como la reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad.
Encontraremos muchas claves para analizar este período si pensamos en tres grandes grupos de actores: gobiernos (nacional, departamentales y municipales), fuerza política y movimientos sociales, con sus debilidades y fortalezas, para crear una agenda nueva y convocante.
Definir una agenda clara, una plataforma, una hoja de ruta, las grandes prioridades acompañadas de un discurso que les dé sentido, es un elemento fundamental. La razón de ser de la izquierda no puede ser solo defender lo ya logrado. Si no vincula con las aspiraciones de cambios de gran parte de la población, ese rol lo ocuparán las propuestas de la derecha. No es que falte un discurso elocuente, una información más detallada, comunicar mejor lo realizado, sino acción social, política y cultural de masas, de eso se trata. Avanzar en las transformaciones estructurales iniciadas o comenzar las que faltan requiere iniciativas, propuestas y alianzas intersectoriales.
El peor escenario para la izquierda es quedar a la defensiva, poner el piloto automático, hacer el discurso anestesiante de que confíen en el gobierno y esperen para volver a votar en cinco años. Dejar que la política se reduzca al funcionamiento del Estado es una lógica que debilita los procesos de cambio. Si la izquierda deja de señalar los problemas está cediendo un espacio político fundamental: ser la primera en realizar el diagnóstico, proponer las líneas transformadoras, convocar a participar. Se trata de seguir levantando la bandera del cambio. Ejemplos recientes son la denuncia de la pobreza infantil que persiste y la priorización de la situación de la primera infancia que hizo Tabaré Vázquez o las luchas para erradicar la violencia hacia la mujer. ¿Por qué no desarrollar campañas intersectoriales sobre ambos temas?
Estos son desafíos que requieren de un pensamiento más crítico y propositivo, más amplio, más fecundo e innovador.

*Artículo publicado en Semanario Brecha del 15 de enero 2016

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