DEL MALESTAR A LA ACCIÓN por Mílton Romani Gerner

“Todos cometemos errores. Y tenemos ese derecho. Lo que no podemos es endosarle esos errores a un proyecto colectivo. No hay derecho”. Breve, contundente y elocuente mensaje del maestro Yamandú Orsi. Muestra un camino. No callarse, decir con prudencia y hacer. Ser crítico, sin tirar el niño con el agua. Convertir malestares en caminos proactivos de acción frenteamplista.

Porque sus dichos, además, tienen la elocuencia de una gestión exitosa. Como también parece indicar, refrendado por exigentes encuestas (que muestran otras realidades patéticas) la de su par de Montevideo, el compañero Daniel Martínez, y su equipo. Esto no borra errores, ni faltas, ni yerros, sino que, reconociéndolos, va para adelante. Las gestiones departamentales de ambos compañeros se destacan por la acción política permanente, buenos equipos y una comunicación social destacada.

El peor enemigo, como afirma Miguel Fernández Galeano, es el piloto automático. Fue a propósito de las iniciativas para profundizar la reforma del Sistema Nacional Integrado de Salud que ha encontrado en el Diálogo por la Salud al Ministerio de Salud Pública con las organizaciones sociales (como la Federación Uruguaya de la Salud, la Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay, el Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, la Federación de Funcionarios de la Salud Pública y el Sindicato Médico del Uruguay) y sus aportes. ¿Polémicos? Obvio, pero que lanzan la acción. Subrayo estos ejemplos, como podrían ser muchos otros, que deberían sacudir la modorra y lanzarnos a la acción. Claro, se necesita Frente Amplio, gobierno y organizaciones sociales en diálogo, pero en acción. Cito este para trascender lo que puede interpretarse como postulaciones. Como también dijo Orsi, tenemos destacadísimos compañeros que podrían, en su momento, encabezar la campaña política electoral (Mario Bergara, Constanza Moreira, Mónica Xavier, Carolina Cosse, Alejandro Pacha Sánchez). El tema no son los nombres. Son los contenidos y el estado del alma frenteamplista, que contagie con imaginación y acciones concretas a la ciudadanía. Lo que haremos en base a lo que ya hacemos.

Un malestar recorre las filas frenteamplistas. Desconformes, críticos, desilusionados, alarmados, preocupados. Compañeros y compañeras que claman por volver a poner la política en los centros de mando. La situación en la región aporta componentes de alarma. Algunos gurúes aprovechan para festejar el fin del ciclo progresista. El regreso de la derecha no es el equilibrio ni la anticorrupción. La reforma laboral de Michel Temer y todas las medidas de Mauricio Macri muestran que las elites económicas vuelven con sed de venganza. No sólo para recobrar plusvalía, sino poder.

La queja. Con ese título, hace ya mucho tiempo, el querido compañero Joaquín Rodríguez Nebot escribió un sabroso análisis de este fenómeno psicosocial típicamente uruguayo: “Lo primero que salta a la vista es que el contenido del enunciado de la queja funciona como un objeto frustrante: el tema revela una carencia, una falta; o, dicho en otros términos, por allí circula un anhelo, un deseo que no es correspondido. Lo que aparece, entonces, es una actitud de espera, reflejando una cierta pasividad. Se espera que un tercero accione ante una demanda”. Es útil releerlo, aun cuando fue escrito, antes del ciclo frenteamplista, que pensábamos que podría remontar esta pasividad. Lo hizo durante un tiempo. Hay que recobrar la primavera de iniciativas.

No podemos “sentarnos a la puerta de la casa, como Job, a ver pasar el cadáver del imperialismo”. O ver pasar el cortejo donde la iniciativa y la hegemonía política cultural caigan en manos de la derecha. Perder la elección no sería lo peor. La fragmentación social y política que representaría, y el sufrimiento social y afectivo que supondría, serían demoledores. Unido a la pérdida de los derechos, beneficios, conquistas sociales, y con las desigualdades e inseguridad que nos traería un nuevo viejo gobierno de las elites.

Trascender el malestar implica superar la queja y dejar de esperar que lo haga un tercero. Está en nosotros mismos. Hay que potenciar lo bueno que hay, por aquello de que más vale un paso efectivo en la lucha que 100 programas. Algunos ilusos piensan que el posfrentismo, en sus infinitas variantes, es una salida factible. Sumando desilusiones y desesperanzas lo único que se acumula son derrotas. ¡Si lo sabremos! Nunca cuanto peor, mejor. Nunca. Rescatar los valores y acciones positivas que seguimos teniendo es la única razón del artillero. No se trata de barrer bajo la alfombra, donde la suegra no ve, sino de buscar puntos de apoyo para producir otros efectos. Se trata de pasar de un circuito vicioso a un circuito virtuoso; del malestar a la acción política permanente. Sobre el tema de la corrupción no puede haber dudas y deben recorrerse los caminos que den las garantías del debido proceso. Cobrar al grito o linchar no es bueno, precisamente, para combatir esta corrupción. Pero luego también hay que actuar en consecuencia, caiga quien caiga.

El derecho a equivocarse. Parecería que los políticos no podemos admitir nunca una equivocación. ¡Qué equivocados estamos! Porque aquel que admite un yerro, una falta, quien reconoce a viva voz su equivocación seguramente no recibirá la absolución ni la redención, pero sí el reconocimiento de la ciudadanía por el coraje de admitirlo. De igual manera, habrá que insistir en que comunicar es siempre preferible al hermetismo. Todo a su medida y adecuadamente. Pero si callamos, la agenda la hacen los otros.

La estupidez. Fernando Isabella tiene razón (ver http://ladiaria.com.uy/UOo). Nos equivocamos y cometemos estupideces. En este caso, por seguir un paradigma economicocentrista. No es hablando de economía que generaremos hegemonía. Es haciendo política. El síndrome antelarena lo demostró terminantemente. La racionalidad contable tiene repercusiones demoledoras en otros planos. Algunos economistas no han incorporado el principio de indeterminación de las ciencias duras. Siguen sin admitir que como observadores estamos inmersos en el campo, y eso nos implica. Es más, el pensamiento económico de avanzada revisa esta pretensión absolutista que ha caracterizado los desastrosos pronósticos en las últimas crisis. Dicen que las previsiones están atravesadas (¡vaya!) por deseos, emociones, presiones varias e improntas psicológicas propias de humanos. Basta de pronósticos económicos y de encerrar todo, absolutamente todo, en la lógica economista, comercial e inversionista.

Los hombres y mujeres vivimos de otras cosas, ilusiones y deseos. Nos gusta que nos traten bien y que se reconozcan nuestros méritos. Que nos digan: “Qué bien lo suyo, siga así”. La prolijidad económica del gobierno de Montevideo no fue el mascarón de proa de la gestión de Daniel Martínez, más bien tuvo bajo perfil. Sólo se trata de recentrar la política con otros temas, otros logros que no siempre pasan por las cuentas. Es necesario admitir que los hombres y mujeres nos equivocamos, nos entusiasmamos, cometemos estupideces, adoptamos conductas de riesgo y hasta consumimos drogas. Somos falibles, pero también tenemos mucho paño para dar si nos embalan en empresas épicas y en agendas seductoras. Esa es la historia del Frente Amplio.

Publicado en La Diaria el 18 de julio de 2017

MATAR AL PADRE por Milton Romani

Freud era duro en el uso de las metáforas. Refiere a un proceso sobre un hecho cultural: matar simbólicamente a nuestros padres. Los todopoderosos de la niñez.

No se mueren solos. Tenemos que ser nosotros los que los bajamos del pedestal, para acceder a la adultez, para ser autónomos y libres. Lo sigue un momento depresivo inevitable.

“Sin los jóvenes no hay garantías a futuro”, titulaba Jorge Irisity una excelente nota de 2013 que difundimos días atrás, como tributo al gran compañero que se nos fue.

Somos un país y una izquierda poblada de “padres” viejos, con inevitables reflejos conservadores, que se resisten. Los jóvenes generan, siempre, alarma. Pero la renovación es un tema de todos, y muchos jóvenes movilizados en varios órdenes no deben esperar una cita amable.

Un artiguista del siglo XX*

El 5 de febrero de 1996, el general Líber Seregni comunicó en el acto de aniversario del Frente Amplio (FA) su renuncia indeclinable a la presidencia del FA. Lloramos, puteamos, rogamos, negociamos. Porque el general argüía que, en las conversaciones con los partidos tradicionales, el FA lo había desautorizado. Estaba convencido de acordar un proyecto de reforma constitucional que modificara el sistema electoral antiguo, sustituyéndolo por el actual, con elecciones primarias, y balotaje para definir la presidencia.

Había quedado en franca minoría. La mayoría estábamos convencidos de que era una maniobra blanco-colorada para impedir el acceso del FA en las próximas elecciones. El plebiscito se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1996. Se impuso la reforma (apoyada por todos los partidos menos el FA) por apenas 0,5%. Surgía un nuevo liderazgo: Tabaré Vázquez, intendente de Montevideo, que había triunfado luego de una carrera política muy corta. Había integrado la Comisión Nacional que promovió la recolección de firmas y luego el Voto Verde.

En un tema confrontativo, altamente sensible como el de los derechos humanos, fuimos capaces de mantener una amplia y permanente movilización por dos años. Fue el FA con aliados importantes, y con todas las organizaciones sociales. A esa alianza aportaron fracciones blancas y coloradas (Rodolfo Nin Novoa, Víctor Vaillant). Perdimos a nivel nacional en abril de 1989. Siete meses después, Tabaré Vázquez ganó la Intendencia de Montevideo, el único departamento donde el Voto Verde había triunfado.

La movilización que no es contradictoria ni con las alianzas ni con el diálogo. Ahora tenemos mucho diálogo y pocas nueces movilizadoras.

Cito otro ejemplo de coraje político del general Seregni. De cuando nos aliamos y cuando conviene marcar identidades.

“A un lado los bagres y a otro las tarariras”

Así hablaba Seregni en una carta desde la cárcel, marcando su punto de vista de votar en blanco en las elecciones internas de 1982, cuando muchos grupos ya habían definido su apoyo a los sectores progresistas de blancos y colorados.

El desafío que tenemos sobre la reforma constitucional está un poquitín demorado.

Las reformas constitucionales siempre son polémicas. ¿Deben ser apoyadas por la gran mayoría del sistema político? No. Siempre fueron polémicas y democráticamente marcan un gran momento de debate de la sociedad. Si se quiere mayores reaseguros, vayamos a la elección de una constituyente, en la que estemos representados todos, se abra un debate franco e incluso se puedan presentar otros proyectos.

La mayoría de las reformas se han limitado a aspectos electorales, salvo la de 1966 (naranja) que impuso una centralidad autoritaria de nuestra institucionalidad. Tampoco es de recibo que nos distrae y amenaza nuestra tarea de gobernar. No interrumpe ni obstruye la acción de gobierno. Muy por el contrario, la fortalece. Renueva y mueve la modorra.

Gobernar, gobierna el gobierno. La fuerza política moviliza conciencias para remover los bloques culturales e institucionales que frenan los cambios. Diferentes y complementarias.

Se puede entender que en un momentos de crisis regional, de signos de incertidumbre económica, se establezcan diálogos que garanticen la gobernabilidad.

Pero no es menos cierto que si se nos va la moto en una inercia de no pelearse con nadie, no queda claro dónde están los bagres y dónde están las tarariras. La confrontación con la derecha económica y política no es incompatible con el diálogo. Se puede hacer lo uno y lo otro. Y viceversa.

El bagre ARU

No tuvimos una respuesta firme como FA a las impertinencias y majaderías que nos dispensó Ricardo Reilly en nombre de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, correcto y educado, respondió lo que podía desde su lugar. En estos diez años, la producción se multiplicó en todos los rubros. Nunca se produjo tanto. El valor de la tierra se multiplicó por cinco. Nunca tan pocos ganaron tanto. Políticas y promoción del Estado estuvieron ahí. ¿Qué es lo que dio el sector para toda la sociedad? Es verdad que hay sectores afectados por la situación cambiante. Los reclamos estentóreos son de una voracidad que sólo se asemeja a una desmesura de The Pig Law, la ley del cerdo. Hambre voraz que no sacia nunca al suino.

“Los impuestos, según el orador, atentan contra la producción. No le vino bien el ICIR, ni el Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), ni el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ni el Impuesto al Patrimonio, ni el de Primaria, ni la Contribución Agraria Rural, ni el de las herencias, ni los Consejos de Salarios, ni las ocho horas. Los impuestos y las tarifas públicas, para los oligarcas de la ARU caen sobre el lomo de las vacas, contra la producción de terneros y la cadena productiva de la carne. Obvio, el gran Reilly sueña con un país ideal en donde cuando nace un bebé el país es más pobre y cuando nace un carnero el país es más rico” (“Tanta prosperidad me abruma”, Alberto Grille, Caras y Caretas, 23/09/16).

Todo depende del punto de vista del observador

“[…] El de Ricardo y Gonzalo Reilly Arrarte, que concentran 4.684 hectáreas en Cerro Largo; ambos dirigen una empresa ganadera agrícola que incluye dos establecimientos y la cabaña de Hereford La Alborada. Ricardo fue directivo de la Sociedad Criadores de Hereford. A las posesiones de los Reilly habría que sumar las 4.068 hectáreas, también en Cerro Largo, de su madre, Isabel Arrarte Haro; las 5.600 hectáreas propiedad de Martha Irene Arrarte Haro y Edgar Hampe Vilaró; y las 3.724 de Sebastián Hampe Arrarte y Federica Hampe Arrarte. El complejo familiar Reilly-Arrarte-Hampe-Haro concentra en Cerro Largo unas 18.600 hectáreas” (“El poder de la concentración”, Samuel Blixen, Brecha, 15/02/13).

Veamos. Una hectárea es igual a 10.000 metros cuadrados. Un poco más que una cancha de fútbol. Es al menos ofensivo que el lamento de esta gente no tenga siquiera la caridad cristiana de mirar a tantos que la pelean sin alcanzar, no digamos una manzana, un alquiler, una vivienda precaria, sino unos escasos 15.000 pesos mensuales.

Fue un discurso cargado de ideología. Tiene el tupé de criticar al gobierno del FA por ideológico. Letanía: limitar el papel del Estado en materia de intervención económica, realizar una apertura económica hacia el exterior, jerarquizar el papel del empresario privado y promover el ingreso de capitales extranjeros. Aquellos viejos tiempos en los que Benito Mederos era un ministro de ellos y en los cónclaves de San Miguel y Nirvana de la dictadura se encaminaba la desregulación permanente ya no vuelven. ¿O quizá sí, de otra manera?

Ahora que digo cónclave cívico-militar y ajustes. No vendría mal que la ARU adhiriera al reclamo de ajustar la Caja de Pensiones y Retiros Militares, que le cuesta al Estado 400 millones de dólares anuales y sigue introduciendo en la sociedad un malestar respecto de otro rasgo de la impunidad y la desigualdad. De eso, nada. La oposición tampoco dijo nada. De la denuncia de espionaje en democracia, tampoco.

*Título del libro de Gerardo Caetano y Salvador Neves.

Publicado en La Diaria,  30/9/2016

¿DÓNDE SE DISCUTE LA REFORMA DE LA SALUD? por Pablo Anzalone

La falta de ámbitos para analizar la marcha de la reforma de la salud no es un hecho menor. Por varios motivos. En primer lugar porque como todo proceso complejo de transformación social está lejos de haber culminado con sus objetivos de fondo. En tal sentido requiere un análisis crítico de sus avances y dificultades para construir una agenda u hoja de ruta de las transformaciones. En segundo lugar  porque este tipo de procesos no funciona con lógicas de ordeno y mando sino que son  imprescindibles  análisis y planificación situacional donde se tengan en cuenta los diferentes actores. En tercer lugar porque  construir una alianza del cambio es una tarea de enorme importancia estratégica, que precisa de ámbitos democráticos. No sólo de ámbitos sino de propuestas que construyan la agenda del cambio en la salud.

Hay quienes afirman que el programa del FA se agotó, tras haber cumplido con los grandes pasos previstos y ahora se trata de elaborar un nuevo rumbo que defina las transformaciones del próximo período. En mi opinión los ocho ejes del programa de gobierno en salud aprobado por la ciudadanía no se han alcanzado plenamente en ningún caso. Sin embargo comparto sustantivamente la necesidad de crear una agenda renovada, donde los capítulos pendientes se unan a los nuevos desafíos.

Está claro que el actual escenario de enlentecimiento económico agrega problemas por varios lados a la reforma de la salud. El recorte de inversiones y gastos en salud y educación es una receta clásica ante situaciones de déficit fiscal y también un punto de confrontación política. Los actuales debates presupuestales son un ejemplo. Y al mismo tiempo los años de bonanza generaron una lógica de “ganar/ganar” que no agudizó las contradicciones con algunos sectores del sistema de salud  conectados a los mecanismos de lucro. En el mismo sentido hay que valorar las dificultades para impulsar cambios sustantivos en un modelo de atención caracterizado por un crecimiento de costos  permanente sin mejoras acordes en la calidad. Actuar sobre las “gorduras” del sistema requiere asumir el costo político del conflicto con los grupos de poder que usufructúan del lucro en la salud. Frente al reclamo de incremento de las cápitas por parte de las direcciones mutuales, son importantes las afirmaciones del MSP  en el Parlamento  cuando el Ministro sostiene que no todos los gastos pueden validarse y en particular aquellos que ni siquiera refieren a la atención a la salud. La publicación en la página web del MSP de las tablas de sueldos del sector salud donde figuran salarios exorbitantes que superan los dos millones de pesos mensuales en algunos cargos gerenciales, puede ser un indicador de disposición gubernamental a encarar ese conflicto. Pero aun cuando no fuera así (porque la lógica del piloto automático es muy fuerte) los estudios de economía de la salud que muestran la apropiación de los recursos en el sector apuntan a un aspecto clave del futuro de la reforma: la distribución de esos recursos.

En el sector público están en riesgo la equiparación del gasto por usuario con el sector privado (hoy el primero equivale a 85% del segundo), el “fonaseamiento” de todos los usuarios ASSE, inversiones importantes y la articulación estratégica en la Red Pública (RIEPS). También es imprescindible el análisis sobre la eficiencia del gasto y el cumplimiento de las metas.

    La oposición de derecha, tan proclive a los recortes en políticas sociales cuando están en el gobierno, hace demagogia defendiendo la compra de más medicación de alto costo, a sabiendas que ningún sistema de salud puede sostener esa carrera tecnológica que alimenta el lucro de las grandes multinacionales del medicamento. Pretenden alarmar con el “déficit” del Fonasa, cuando el diseño mismo del seguro incluía la financiación por Rentas Generales, o se solidarizan con el déficit operativo de algunas mutualistas, cuando toda la vida dejaron caer sectores económicos enteros por falta de competitividad.

Hay un componente cultural en las transformaciones de la salud. Si la población entiende que calidad en atención es recibir mucha medicación y tecnología será más difícil que el sistema de salud cambie su modelo en este plano. Y viceversa, si el sistema no promueve ese cambio no habrá una cultura de salud diferente.

Ninguno de los principales problemas de salud puede encararse solo desde el sector salud, y tampoco sin su participación. Sin una alianza fuerte de la salud, la educación y la comunidad no es posible desarrollar la Atención Primaria en Salud.

¿Estamos en un campo donde la política juega un rol trascendente?  Si por política entendemos las prácticas colectivas sobre problemas generales de nuestra sociedad, creo que sí. El MSP tiene una responsabilidad de rectoría irrenunciable. Pero la participación social puede ser un protagonista y un acicate. Superar la mera atención a demanda para crear una actitud proactiva del sector salud implica tres elementos fundamentales: diagnóstico de problemas de salud prioritarios, definición de objetivos sanitarios sobre esos problemas y planes de salud con las líneas de acción para alcanzar dichos objetivos. Los tres pasos requieren una sólida tarea técnica pero también dimensiones y voluntad política.

 Ámbitos democráticos donde se pueda discutir la reforma de la salud son el oxígeno necesario para estos procesos.

Artículo publicado en La Diaria  13 setiembre 2016

“LA RENOVACIÓN IDEOLÓGICA ES UNA NECESIDAD” Entrevista a M.Fernández Galeano*

Fernández Galeano apoya la candidatura de Pacha Sánchez

Nos recibió en su oficina de la Organización Panamericana de la Salud y como siempre se mostró dispuesto a hablar de política. Le preguntamos sobre el juicio de Philip Morris, sobre el Frente Amplio (FA) y sus elecciones internas. Hablamos con Miguel Fernández Galeano, un militante frenteamplista de todos los tiempos, un ser político que dice lo que piensa, sin guardarse nada.

Rolando W. Sasso

El ex subsecretario de Salud Pública, actual frenteamplista independiente, reflexionó que habrá que trabajar mucho para recuperar a la fuerza política que todos queremos, para que siga siendo la herramienta de cambio que requiere el pueblo uruguayo.

¿Qué puede rescatar del período en que fue edil de la Junta Departamental de Montevideo?
Fui edil suplente por el MPP de Tota Quinteros y Graciela Possamay, donde tuve varias veces la oportunidad de ser coordinador de bancada. Fue un momento muy interesante porque en ese período instalamos la idea de que más allá del peso que tuvieran los distintos sectores, era importante que en el primer gobierno progresista que tenía el país, estuvieran expresadas todas las fuerzas y la síntesis política que era el FA.
Participamos de un momento muy importante del Frente, porque a diferencia de muchos problemas que tenemos hoy, importaba por encima de todo, el proyecto político. Había una preeminencia del proyecto por sobre lo sectorial y más aún sobre el destino personal de los que estábamos militando allí. Eso es una cosa que el Frente tiene que recuperar y espero que la instancia de las internas, coloque de nuevo esa idea de trascender lo sectorial –sin negarlo– y que los sectores mayoritarios permitan que todos los puntos de vista se expresen.

Pero había diferencias entre los sectores…
Sí, había diferencias, no era una cosa idílica, pero esas diferencias eran superadas por la idea de que nada era más potente que incorporar el punto de vista de todos. Y eso no era un acto de mera generosidad ingenua, porque la unidad es una necesidad política y no un tema de buenos modales. Hay que entender la unidad como factor de síntesis; se insiste mucho con que Seregni matrizó la idea del consenso (que lo pronunciaba de manera particular) pero el FA siempre tuvo grupos hegemónicos y grupos minoritarios, y el mejor desempeño del Frente fue cuando el grupo hegemónico incorporaba el punto de vista de las minorías. Ese es el FA que hay que rescatar.

El Frente ha cambiado, ya no es el mismo del 71, ni el del 85, ni el del 90…
No lo es, tampoco es el del 2000 o el del 2005 cuando ganamos el gobierno nacional. Porque entre otras cosas se agotó el proyecto político. No quiere decir que no haya más nada que hacer, quiere decir que –como en el amor– cuando se agota hay que buscar nuevas maneras de recrear la razón de ser del FA, que es que la gente viva mejor. Y todavía hay mucha gente que vive muy mal y todavía hay mucha desigualdad.
Entonces lo que hay que hacer ahora es pensar cuál es la agenda política de la fuerza –no sólo del gobierno– para seguir transformando la situación social, política, económica y cultural del Uruguay.
Esa agenda hay que elaborarla no haciendo más de lo mismo, ni haciendo igual lo que se ha demostrado que no funciona. Si en materia económica hacemos lo que históricamente se ha hecho, es decir, vienen los períodos contracíclicos y yo me retraigo, en lugar de pensar una política proactiva, sería no tomar en cuenta que nosotros rompimos muchos mitos. La crisis no empezó ahora sino en el 2008 y nosotros dijimos que el contexto externo no es el que explica la existencia de políticas transformadoras, sino que lo explica la voluntad política de trabajar para resolver el problema de la desigualdad, del salario de los trabajadores que es un elemento central.
Esto rompe con todas las teorías económicas y sin embargo estuvimos siete años haciéndolo, pero ahora volvemos al miedo de que el salario traiga inflación. Nadie dice que el salario tenga que mantener el nivel de crecimiento que tenía, pero que no pierda su poder adquisitivo.

La agenda del FA tiene que construirse en contacto con la gente, pero ¿se ha perdido el contacto con la gente?
Se ha perdido en términos reales, lo cual es muy grave, y se puede perder la sensibilidad política de que es con el movimiento social que se construyen las transformaciones. El FA es una condición necesaria, pero no suficiente para los cambios. Los cambios solo se pueden producir si hay un bloque social y político para sostenerlos. Esto es muy obvio, pero cuando llegamos al gobierno, parece que eso puede olvidarse y no hay nada peor que el gobierno fagocite al partido, que el gobierno se coma la política y terminemos teniendo una nomenclatura de cargos en el gobierno, sin diálogo con la gente.

¿Y dónde está la clave?
La clave es el modo de hacer y de construir pensamiento y acción política, en diálogo muy directo con la gente y desarrollando respaldos para las transformaciones con niveles de autonomía importantes. Como siempre decían los viejos anarquistas, el movimiento sindical y social tienen que tener un grado importante de autonomía de los partidos y del Estado. Y yo siempre pensé que la fuerza política tiene que tener autonomía del gobierno y el gobierno su autonomía de la fuerza política.
Una cosa es que el gobierno deba mantenerse fiel a las grandes carreteras del programa y otra es que el gobierno tenga que responder miméticamente a lo que diga la fuerza política. Ahora bien, la fuerza política tiene que tener capacidad de crítica, capacidad de reacción frente a lo que el gobierno hace y dice. Por eso me pareció bien cuando al Pacha Sánchez le preguntaron por el aumento de $ 200 a los jubilados, dijo “es un error político”. Nosotros tenemos que recuperar la capacidad de pensar críticamente como fuerza política, lo cual no significa ponerse a tirarle piedras al gobierno.
Todo esto tiene que ver con una idea gramsciana de hegemonía cultural que yo la sintetizo así: cuando vi la encuesta donde le preguntaban a los uruguayos por la razón de la pobreza y el 70% respondió (después de dos gobiernos nuestros) que era por la gente que no quiere laburar, entendí que estábamos perdiendo la batalla ideológica. Si la gente que nos vota entiende que el pobre es producto de la holgazanería, es porque estamos perdiendo la batalla cultural. Entonces esa es la batalla que tiene que dar el Frente.

¿Cómo recuperar el ida y vuelta con la gente? Porque los Comités de Base no funcionan…
Es una herramienta que hay que rescatar, pero hay que generar otras. Mirá, la primera cosa es laburando mucho. Hay que tener la capacidad de trabajar muchas horas para que la gente se movilice y te crea. Yo recuerdo en la campaña del 71, cuando iba al Comité que estaba a cuatro cuadras de mi casa, que ahí estaba la gente. Era la herramienta del momento y la edad media entonces era de 25 años.

Pero ahí se discutía de política, lo cual no sucede hoy…
Porque ahí no llegaba el orden del día oxidado de la Mesa Política. Ahí no había senadores barriales –con todo respeto a los compañeros que son delegados– porque el problema es cuando los que representan a un organismo se conforman con ser los representantes y no se preguntan a quién representan. Porque para saber lo que piensan los frenteamplistas tenés que fajarte en discusiones políticas con los frenteamplistas.
¿Cómo recuperar las dinámicas participativas? Yo creo que, con creatividad, con audacia y trabajo y para eso se precisa gente joven.

¿Qué papel debe cumplir la ideología en ese rescate del Frente?
Tiene que jugar un papel muy importante sin partir de un modelo ideológico totalmente acabado por el cual haya que caminar. Yo pienso hoy –a través de mi experiencia política– que la construcción de la ideología es un proceso muy dinámico, interactivo y que no es una fórmula cerrada. Hay que saber que la renovación ideológica es una necesidad muy importante, que hay que trabajar en ese plano, pero para que eso acontezca, hay que abordar el tema de la formación. No con esquemas viejos, sino creando foros ciudadanos para construir ideología y pensamiento. Aprovechando lo que haya del tema acumulado, reconstruir, renovar y recrear un marco ideológico amplio para un frente y una coalición como el FA, cuidando de no matar los múltiples sectores que tiene, en términos de proyectos estratégicos.

Yo voto al Pacha
Esto no lo dije en ningún lado, lo digo acá por primera vez. A mí me hablaron para ser un eventual candidato de consenso a la Presidencia del Frente Amplio y aunque es algo que me halaga, yo pensé que estaba manejándose el nombre de un tipo que podría ser mi hijo. Todavía no había sido nominado, pero me di cuenta que para dinamizar el Frente se precisa energía, entrega y una cuota de riesgo – que te guste o no, después de los 50 tenés menos y después de los 60 tenés menos aún– y Pacha tiene casi treinta años menos que yo. Para construir en el Frente hay que recorrer y buscar la realidad incansablemente, eso es imprescindible. Hay que estar con la gente, generar herramientas de diálogo, escuchar y lograr credibilidad. Correr el riesgo de equivocarse, reconociéndolo y rectificar el rumbo. Dar lugar a la emancipación de las cabezas y a que la gente se sienta construyendo políticas.
Por todo eso voto al Pacha sin importarme el sector político al que pertenece.

La demanda de Philip Morris
Se ganó el juicio y fue un triunfo para el país, pero si Uruguay hubiera sido pusilánime cuando la tabacalera amenazó con llevarnos a juicio, si no hubiéramos tenido la decisión política de seguir el camino trazado, aunque la multinacional se opusiera, hubiéramos seguido una política antitabaco tibia. Hubiéramos retrocedido en el tema perdiendo soberanía, aun sabiendo que el tema era justo. Acá lo que hubo fue voluntad política de pisar cayos para seguir transformando, porque si no tenés voluntad de tocar intereses no cambiás nada.

*Entrevista publicada en El cambio.uy. 23/7/16

El Colorado Fernández Galeano
Le dicen el Colorado y es del barrio La Mondiola, de toda la vida. Nació en 26 de Marzo y Luis Alberto de Herrera y sigue viviendo allí, “donde estaba el boliche de mi abuelo Galeano, que se vino de España y con mucho sacrificio puso almacén, bar y cancha de bochas”, dice. En ese tiempo La Mondiola era barrio, barrio. Fue al liceo Nº 7 Joaquín Suárez y a partir de las movilizaciones por el boleto estudiantil, comenzó su militancia. Después pasó al Iava y estuvo en la formación del FER (Frente Estudiantil Revolucionario). Militó en el Comité de Base del FA, dentro de las tendencias más de izquierda. Luego participó en la discusión que dio paso a la fundación del PVP en Buenos Aires. Después vino el exilio en España y el retorno al país donde se graduó de médico en 1990.
Fue edil de la Junta Departamental de Montevideo: 1990-95; director general de la División Salud de la Intendencia capitalina: 1995-2000; director general de Salud y Programas Sociales de la Intendencia de Montevideo: 2000-2005; subsecretario del Ministerio de Salud Pública: 2005-10; presidente de la Comisión Honoraria Administrativa del Fondo Nacional de Recursos: 2005-10; presidente de la Comisión Nacional de Lucha contra el Sida: 2008-13; actualmente es consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sistemas y servicios de salud.

TENGO RAZONES por Adriana Cabrera Esteve

Ante las elecciones internas que se avecinan debo decir que también yo soy parte del club de los desmoralizados. Luego de militar cuarenta años en un partido y de estar junto a otros compañeros a cargo de su medio de prensa, un grupo de integrantes de la dirección decidió interrumpir su impresión. Así, sin más. Pensé que la censura no era una actitud de izquierdistas y me fui junto a otros compañeros y lo hicimos público. Como todas las rupturas fue dolorosa y los relatos que circularon sobre ella aún más. Está claro que no somos los únicos. Otros compañeros tendrán otras razones para haber abandonado sus partidos o sus comités o las organizaciones sociales a las que habrán dedicado su vida. Seguramente los maestros estarán desencantados después de oír a la Ministra de Educación menospreciarlos; lo mismo que los militantes de organizaciones de derechos humanos al oír al Ministro de Defensa estigmatizarlos gratuitamente. Y la lista de errores de quienes se constituyen en personajes, sigue. Sin embargo, los desencantados tenemos que reconocer que la lista de aciertos es tan larga que resulta difícil enumerarla. Porque el FA es eso, un espacio heterogéneo de corrientes que confluyen en la necesidad de cambiar la sociedad para más justicia social con diferentes ideas sobre cómo hacerlo. Y mientras unos meten la pata, otros tiran y tiran para adelante. Impulsan la transformación del Sistema de Salud; la disminución de la pobreza; la eliminación de la indigencia; planes de vivienda; el cambio de matriz energética; entran a los cuarteles a buscar los restos de los desaparecidos; eliminan con un solo decreto todas las decisiones de los gobiernos blancos y colorados que ampararon a los criminales de lesa humanidad en la impunidad; reconocen derechos de género; impulsan leyes contra el monopolio mediático que tanto mal ha hecho en otros países de AL; impulsan un sistema nacional de cuidados y no puedo seguir enumerando porque necesitaría mucho más espacio.

Al mismo tiempo, estas elecciones internas del Frente Amplio se dan en un marco de avance regional de los partidos conservadores. Pero en Uruguay no está dicha la última palabra. Estamos en condiciones de mirar las experiencias de nuestros vecinos y aprender de ellas y en eso se juega, no sólo el destino de los uruguayos más necesitados sino las perspectivas regionales en un momento de crisis de expectativas y de una fuerte desmemoria construida a través de los medios masivos de comunicación y de la globalización de la desinformación. Es así, que cuando se habla de corrupción en la región, la derecha intenta mostrarla como si se diera en Uruguay en la misma dimensión. Cuando asistimos a un linchamiento político de la Presidenta de Brasil sin pruebas y con un relato falaz creado por los grandes medios, la derecha uruguaya se frota las manos y juega a la confusión y al “fin de ciclo”. Se suben a las redes fotografías tomadas en otros países. Se intenta confundir a la ciudadanía.

En ese marco, la desmoralización y la perplejidad de los frenteamplistas son enormes. No aparecen entre los candidatos liderazgos indiscutibles, lo que es bueno. Porque como ha afirmado el Pacha Sánchez, a quien apoyo, nadie puede revertir sólo la desmoralización y el descreimiento. Tiene que haber un impulso colectivo por recuperar la herramienta de cambios y ponerla a pelear la hegemonía política y cultural con la derecha.

Pensar en crear un acuerdo estratégico es válido y hacia él habrá que caminar pero así pelada, la idea deja en blanco a los frenteamplistas y el voto se convierte en un acto de confianza. Las correlaciones de fuerza son, existen, y se actúa sobre ellas, no convocando a un gran acuerdo sino gestándolo desde las prácticas y miniacuerdos cotidianos. Entre otras cosas porque el Frente Amplio es unidad en la diversidad, y es bueno que lo sea. No queremos un frente homogéneo, alineado con líderes indiscutibles. Queremos un Frente que haga política con dimensiones humanas.

Y aquí cabe recordar las palabras del inspector Guarteche cuando parafraseaba a un amigo afirmaba que era sorprendente todo lo que se puede avanzar cuando deja de preocuparte quién se lleva los premios.

Hoy la gran batalla es pelear la hegemonía cultural con la derecha y para eso hay que opinar y votar desde adentro de la herramienta política que ha forjado el pueblo en décadas de historia y que condensó las luchas por derechos y libertades de otras tantas décadas anteriores.

Años de autoritarismo nos enseñaron a valorar las instancias democráticas. En un mundo en el que las corrientes populares deben llevar adelante sus campañas electorales a contrapelo de la inversión que hacen las grandes corporaciones para construir las candidaturas que les son afines, el FA da un ejemplo al elegir democráticamente sus direcciones. No la desperdiciemos en el escepticismo.

UNA OPORTUNIDAD PARA REACCIONAR por Pablo Anzalone

El 24 el Frente Amplio da un ejemplo de democracia política para el país, eligiendo su presidente y todas sus autoridades representando bases y sectores, a nivel nacional y departamental, a través del voto de sus adherentes. En un sistema político que corre el riesgo de alejarse de la población, este tipo de consultas son oxígeno para sus protagonistas. Aunque voten menos que las elecciones anteriores, serán una apuesta a encarar los problemas con la gente y no lejos de ella.

Desde que asumió el gobierno nacional el Frente Amplio no ha podido definir una estrategia propia que no reduzca la política a la gestión de gobierno. Tampoco ha buscado con tenacidad e iniciativa formas de relación con las organizaciones sociales para sumar fuerzas en pos de los procesos de cambio. Le ha costado dar la lucha ideológica contra las ofensivas de la derecha y muchas veces son sus propios debates los que ocupan la escena política.

En mi opinión, el problema principal es la dificultad para rescatar la política como práctica colectiva para transformar la realidad en cada plano donde hay desigualdades y falta de derechos.

Como ya se ha demostrado no alcanza una presidencia con buenas intenciones, aún si tiene disposición a movilizar la vida interna y el accionar externo. Se precisan muchas voluntades y debate político fraterno, que formulen la estrategia y la pongan en práctica con planes de trabajo, campañas movilizadoras, mojones claros para la población.

Lo primero para cambiar al FA es darse cuenta que nos jugamos el destino político como izquierda y como país. Este es el tiempo político para reaccionar. Luego puede ser tarde.

El contexto regional nos muestra que los procesos de izquierda pueden ser derrotados por derechas neoliberales por elecciones o por golpes. Pero aún los golpes como en Brasil son posibles por las debilidades y los errores de la izquierda.

El gobierno frenteamplista ha dado algunos pasos que lo distancian de su base social y política. Por ejemplo, las pautas salariales que comprometen el salario real y motivaron un enorme paro general. Está a tiempo de corregirlos, como hizo con la detención del Antel Arena. Hay un debate sustantivo sobre las estrategias de desarrollo y sobre  las políticas de acumulación de fuerzas.

Reconstruir la agenda de cambios profundos implica retomar la iniciativa. Pero esos temas no deben concebirse sólo como políticas de gobierno, sino también como acciones de la sociedad civil, de los movimientos sociales o iniciativas partidarias. El Frente Amplio tiene una oportunidad para salir del letargo y la inercia, para poner prioridades en la agenda y transformarlas en acción, dinamizando una confluencia social y cultural amplia.

Este proceso eleccionario comenzó sin debate político. Sin embargo hoy los candidatos han desplegado opiniones interesantes sobre varios temas, con una posición crítica y autocrítica hacia la fuerza política. En particular quiero señalar mi coincidencia profunda con Roberto Conde cuando plantea la necesidad de lograr un acuerdo en la estrategia de la izquierda ante la crisis del capitalismo. Defender lo logrado es lo primero y que la crisis no la paguen los sectores populares. ¿Cómo seguir? Requiere pensamiento crítico y respuestas innovadoras. Y también mi acuerdo  sustancial con Pacha Sánchez sobre “transitar una nueva etapa en la vida del Frente Amplio, en la cual será necesario escuchar mucho, hacer más y seguir soñando con una sociedad sin excluidos”. Comparto su énfasis en que todos los que quieran aportar al FA puedan hacerlo de múltiples formas, combinando acciones presenciales y participación en redes. Acuerdo que precisamos romper el statu quo que existe en el FA dando los debates que definan al proyecto político de la izquierda y sus valores. Y lo conviertan en acción política, en protagonismo popular, en prácticas colectivas transformadoras.

Es una lástima que el Pacha y Roberto no hayan logrado sumar fuerzas en esta consulta.

Renuncia de Milton Romani a la JND

Estimados compañeros y compañeras,
Como Uds. deben estar enterados, he tomado la decisión de alejarme del cargo de Secretario General de la Secretaría Nacional de Drogas de la Junta Nacional de Drogas.
Lo comuniqué a nuestro Presidente Dr. Tabaré Vázquez y al Prosecretario de la Presidencia Dr. Juan Andrés Roballo con suficiente anterioridad para procesar una transicion de cargo, tareas y equipos en terminos de responsabilidad política e institucional. Asegurar nuevamente, la continuidad de las políticas públicas en drogas, promoviendo a su vez, los cambios necesarios para una renovación saludable. A partir del 1o de Julio asumió el cargo el Lic. en Trabajo Social Diego Olivera.
Ha constituído un privilegio haber formado parte del primer gobierno de la izquierda, del Frente Amplio, luego de varios años de lucha social y política. De integrar una institución del prestigio de la Junta Nacional de Drogas y armar equipo con compañeros y compañeras de la talla de Jorge Vázquez, Miguel Fernández Galeano, Ana Olivera, Juan Faroppa, José Bayardi, Jorge Bruni, Belela Herrera y Ricardo Gil.
Privilegio, poder dirigir la Secretaría Nacional de Drogas con funcionarios y funcionarias que se incorporaron desde la primera hora a este desafío.
Nunca les pregunté su filiación política y no fue ese el criterio de asignacion de responsabilidades. Promoví y recibí una actitud de compromiso, servicio público y trabajo sobre la base de los estímulos morales, guiados por la Estrategia Nacional para el Abordaje del Problema Drogas. Que se fue construyendo conceptual y en la práctica. Haciéndose carne en todos los equipos, a partir de un enfoque humano y vincular que es la base del abordaje del problema, pero es también coherente con la concepción de gestión humana y que termina siendo constitutiva de esta forma peculiar de comunidad.
Esto fue así a nivel de salud, investigación, acción policial, con Jueces y Fiscales, en trabajo comunitario, con las Juntas Departamentales de Drogas. En nuestra presencia en todos los foros y organismos multilaterales de la región y del mundo.
Tuve el privilegio también de ejercer un cargo de gobierno que me permitió, en lo personal,
poder hacer coincidir trabajo, profesión y compromiso militante.
Compartir y sentirme muy apoyado por mi familia, compañera, hijos y nietos en el ejercicio de este desafío.
Continué en el cargo cuando asumió como Presidente, José Mujica, quien luego, me designó en el cargo de Embajador, primero para los temas de Drogas y DDHH y luego como Representante Permanente de Uruguay ante la OEA.
Me sucedió en el cargo el compañero Soc. Julio Calzada, con quien me unen lazos de amistad y compañerismo y que le dió continuidad en las líneas y enfoques fundamentales y profundizó en temas sustanciales de la problemática.
El 19 de abril de este año, como Jefe de Delegacion de Uruguay me dirigí a la Asamblea General de Naciones Unidas que celebró una Sesión Especial sobre el Problema Mundial de las Drogas. Fue la culminación de un ciclo de liderazgo de Uruguay en la comunidad internacional, defendiendo la debida integración de los instrumentos de Derechos Humanos con las políticas internacionales de fiscalización de drogas y la necesidad de abrir un debate amplio, abierto e inclusivo sobre las estrategias hegemónicas para el control de drogas, hegemonizadas por un pensamiento único y dogmático, rigidamente prohibicionista.
Terminé expresando un llamado a la paz. Estoy convencido de ello. Luego de tanta absurda elocuencia y panegírico de la denominada ¨guerra contra las drogas¨ de tanto fracaso evidente, con su dosis de violencia, de muertos y prisiones atestadas, hay que darle una oportunidad a la paz. A nuevos y renovados enfoques que pretenden eficacia, eficiencia y humanidad en el tratamiento de un tema tan complejo. Fue una sesión polémica, pero muy importante. En mi opinión, se quebró el pensamiento único y comenzó, ahora sí realmente, ese debate tan necesario a lo largo y ancho del mundo.
Que habilitó la diversidad de opciones en el marco de la unidad en la coooperación y coherentes con el fin último de las Convenciones (que son salvaguardar la salud y el bienestar de la humanidad). Que admitió la flexibilidad suficiente que las mismas tienen, para avanzar en los nuevos desafíos y enfoques que surgen a nivel regional o nacional. Que definitivamente ha consagrado el respeto irrestricto a los derechos humanos en el marco de las políticas de drogas.
En estos quince meses de nuevo ejercicio del cargo de Secretario General, he podido cooperar y trabajar con nuevos y viejos compañeros y compañeras, contribuyendo al fortalecimiento de todas las líneas más importantes de una renovada Estrategia Nacional para el abordaje del problema drogas.
Encaminar y garantizar el cumplimiento total de la Ley de Regulacion y Control del Mercado de Cannabis ha sido un desafío colectivo que fue abordado con energía, por varios compañeros en diferentes campos y organismos. No ha sido facil, porque las inercias de resistencia al cambio han trabajado en forma pasiva y activa encabezada, la mayoria de las veces, por mitos y prejuicios, mas que por evidencia cientifica. El debate y la libertad de opinión forma parte de la democracia. Pero como afirmó nuestro Presidente el Dr. Tabaré Vázquez, hacer cumplir las leyes es parte sustancial del funcionamiento democrático.
En mi opinión, Ley que se ampara en un marco de derechos y en un enfoque de salud pública que incorpora la gestión de riesgos y la reducción de daños, como una nueva herramienta; a la educación y a la prevención indicada y selectiva. La regulación de mercados ha constituído un rasgo distintivo de nuestras políticas, principalmente en drogas, pero sólo pueden entenderse a la luz del enfoque de integralidad de las mismas que hemos construido pacientemente en estos doce últimos años.
Las políticas de drogas en nuestro país, desde el 2005, son integrales porque incorporan en forma equilibrada y complementaria todas las fases que atacan a un problema social complejo. Desde la aplicación de la ley con sentido de propocionalidad y equidad, la lucha contra el crimen organizado y el lavado de dinero (con la creación de la Secretaría Antilavado, los Juzgados y Fiscalías de Crimen Organizado y la creación y desarrollo del Fondo de Bienes Decomisados) y también en la protección de derechos fundamentales: el derecho a estar informados, el derecho a la educación, el derecho a la salud. Que en el caso del abordaje de drogas lo hemos extendido desde el primer nivel de atención hasta los centros especializados. Y más allá con los dispositivos de cercanía de tipo comunitario que es necesario fortalecer. De los Dispositivos que denominamos Intermedios como los Centros Ciudadela de información, abordaje primario y derivación. Todos integrados en una Red de Atención en Drogas interinstitución (RENADRO) compartida con ASSE, INAU, MSP y MIDES. Desafío renovado que hay que fortalecer aún más. Derecho a la salud integral que incorpora la inserción social educativa y laboral. Que incluye la investigación científica que hemos desarrollado con el Instituto Clemente Estable, con el Polo Tecnológico de la Facultad de Química, con el Hospital de Clínicas, con el Hospital de Sanidad Policial, con el Observatorio Uruguayo de Drogas y que nos ha colocado en la avanzada del tema a nivel regional y hemisférico.
Esto es un logro del esfuerzo de hombres y mujeres con una sola ideologia: servir al pueblo. Por lo tanto es un patrimonio de nuestro pueblo. Me siento satisfecho de haber colaborado en este logro y dejar ahora mi puesto en inmejorables manos.

La del compañero Diego Olivera, Licenciado en Trabajo Social, que viene del Ministerio de Desarrollo Social de dirigir el Programa Jóvenes en Red. Quizás y sin quizas, el penúltimo de mis privilegios, dejar en manos de tan distinguido compañero esta ruta.

Saben todos y todas que tengo una pasión militante que aún late y me genera, siempre, inquietudes. Todo tiene su tiempo y para mí, hoy es el tiempo de dar un paso al costado y habilitar que otros ocupen nuevos espacios y responsabilidades.
Sin embargo, yo no me voy. Siempre estoy. Estaré en estos y otros temas que nos interpelan, hasta que las fuerzas me den, y en lo que pueda aportar. Ya lo sabían, pero se los recuerdo a todos: pueden contar conmigo.
Milton Romani Gerner
*Fotografía La República

LIDERAR LA INDIGNACIÓN Y AGENDA DE CERCANÍA por Milton Romani*

Síntomas: malestar, desencanto, abulia, bronca. Signos: alta burocratización del ser frenteamplista, demasiado apego a los cargos de gobierno, dependencia de la acción de gobierno. Diagnóstico: falta de aliento político para retomar la iniciativa de los cambios. Terapéutica: hay que descartar la homeopatía de algunos posfrentistas de diverso signo. La parafernalia ultraizquierdista que sólo ve traiciones y conjuras también; sólo alienta la impotencia.

El rezongo y la queja son inevitables. Restituir la política, su acción, el debate, la movilización independiente, es el antídoto.

Las elecciones para elegir autoridades del Frente Amplio (FA), no sólo presidente, pueden ser una buena oportunidad para mover la retaguardia de ideas, sentimientos y motivaciones. El presidente que se elija es muy importante, pero es condición necesaria, mas no suficiente, para retomar la acción política permanente. Un nuevo buen síntoma: todos los candidatos han adoptado una sana autocrítica. Algunos incluso con iniciativas inmediatas, muy positivas.

Parece que en todos los estamentos de dirección y activismo frenteamplista hay un (mal) convencimiento de que todo el programa se aplica exclusivamente desde los aparatos de gobierno. Hay una dinámica de estatización de la política que en este país ya recorrió el Partido Colorado; o sea que ya existe evidencia científica de lo que sucede con este tipo de procesos. Eso para no citar todos los ejemplos de las experiencias socialistas o revolucionarias que han fracasado como consecuencia de esta mimetización.

Hay que reinstalar la política en los centros de mando, superar el síndrome del achiquehacemolde antelarenas, sacudir la modorra, eliminar algunas cuantas mezquindades narcisistas y relanzar la movilización. Recordar que Dilma Rousseff se tentó con un ajuste fiscal y cortó los lazos con el movimiento social. La derecha económica y política no perdona. De vuelta, lo dicho: es la política, estúpido (ver artículo en Cuadernos del Taller, http://ladiaria.com.uy/UK9).

El FA es más que nuestros gobiernos. Es más que los sectores. Es más que las elecciones. La derecha no duerme, está alerta y ha comenzado con su soberbia voraz. Porque lo que se ve en Argentina y Brasil es la voracidad neoliberal instalada y con pretensión de aplicar todo ahora, ya.

Que la derecha en Uruguay no tenga pocos puntos de referencia de acumulación no es la cuestión. Sobre el vacío siempre se construye. Además, ya lo vimos en nuestros vecinos: hay un odio, desprecio y rencor de sectores pitucos por los avances sociales logrados (aunque insuficientes). Algo muy bien desarrollado por Guillermo Lamolle en la columna “Una cuestión de educación”, publicada en la diaria, en la que afirma que habrá que dedicar también, ahora, planes educativos para esos sectores sobre valores y cultura.

Tabaré Vázquez ha desplegado una buena herramienta de vínculo con la ciudadanía: los Consejos de Ministros abiertos. Herramienta simbólica y concreta que habría que incorporar como un santo y seña de la agenda política del FA.

Gobierno de cercanía. FA de cercanía. Una fuerza política de cambios que lidere la indignación encabezando la lucha por las injusticias y por los desafíos aún pendientes. Dejarse estar es regalarles las banderas a otros.

¿Por qué no impulsar asambleas de frenteamplistas por municipio, con parlamentarios y ediles? La comunicación es diálogo, apertura, actitud. Hay que compartir con la ciudadanía inquietudes, críticas, lo que falta. Hay que colocar la agenda de derechos, con una pata en la acción de gobierno, pero con otra afuera. Con cercanía y liderando la indignación. Indignados por las inequidades que persisten y los abusos del poder que todavía tenemos como desafío. Comunicación no es propaganda.

¿Con qué agenda política? No basta con el programa de gobierno. Lo incluye, pero no basta. Hay que responder a una agenda de derechos, valores, cultura e ideologías que hay que promover en la sociedad y junto a otros actores. Condena y movilización contra la violencia doméstica. Basta de feminicidios y de violencia machista. Regulación y control social de la inflación. Acción articulada con el PIT-CNT, organizaciones barriales y de defensa del consumidor. La denuncia de abusos, orientando a los consumidores, educando a la gente en sus derechos. Otra: la batalla por el derecho a la información. Después de todo, somos consumidores sumisos, aburridos, atomizados de la chatarra de los grandes medios. Reconstruir redes y generar canales renovados de comunicación, organizar la resistencia cultural a los adefesios que pretenden obligarnos a consumir. Luchar para que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual democratice los medios, asegure una producción cultural nacional relevante. Se puede.

Hay más: la pobreza, fundamentalmente en niños, el medioambiente y el modelo de desarrollo, la violencia doméstica y los factores socioculturales de la seguridad ciudadana, los desafíos de una verdadera descentralización, el derecho a la convivencia, reforma del Poder Judicial, reforma de la Constitución.

Es tiempo de dar vuelta una página: la fría e inmovilizante costumbre de discutir larguísimos y aburridos informes de la Mesa Política o del Plenario en los comités. Comités sí, comités no; no es una discusión interesante. Hay que promover que todo espacio donde se encuentren y comuniquen los frenteamplistas debe estar al servicio de la acción y el pensamiento crítico. Asambleas barriales, redes formales e informales, web, blogs, encuentros informales, unidades temáticas, comités funcionales.

La acción de los gobiernos no alcanza. Y conduce al inmovilismo, a una actitud poco republicana y nada democrática. Hay que esperar la voz del gobierno. Una fuerza política aspira al gobierno, pero nunca renuncia a sus bases sociales y a la creación de alianzas más amplias y fuertes que desplieguen una agenda más democrática y más radical. Sólo un ejemplo: las finanzas del FA son un problema. ¿En qué porcentaje dependemos de los aportes parlamentarios y de gobierno? La fuerza de un partido la da el aporte creciente de todos sus adherentes, además de que eso es en sí mismo una movilización. Un tema que crece en importancia es reducir drásticamente el peso del dinero en la política, en las campañas electorales y los partidos. Eliminar la publicidad paga en televisión y radio y asegurar espacios gratuitos como establece la ley de medios, eliminar las donaciones, hacer transparentes las finanzas partidarias, con control efectivo del Tribunal de Cuentas de la República, la Dirección General Impositiva y la Corte Electoral.

El FA nació como un gran esfuerzo histórico para un cambio social “que hiciera temblar las raíces” de nuestra estructura injusta. Eso todavía es posible. Hay que salir a la calle, abrir espacios de consulta y participación, agitar banderas y propuestas. Estamos frente a un momento de reencuentro, y no sólo de disputa -válida y necesaria- por un cargo relevante como la presidencia del FA. Sólo se puede presidir una fuerza viva y activa si se logra una movilización efectiva de nuestras ideas y valores. La campaña de los cuatro candidatos ha recorrido un buen trecho. Profundicemos lo que tiene de autocrítica, lo de renovador y de pensamiento crítico. Levantemos los temas e iniciativas que surgen para transformarnos en actores políticos.

Unidad en la diversidad, principio que hay que alimentar. No es una conquista para siempre. Necesita acción política, pensamiento crítico y sostener los consensos que alberguen las diversas posiciones, tendencias, puntos de vista. El FA lo ha hecho posible, y eso lo ha convertido en un ejemplo para la región y el mundo. Pero en las nuevas circunstancias hay que renovarlo, reactualizarlo y garantizarlo. Muchas veces los frenteamplistas sienten que hay demasiada competencia interna, envidia y mezquindades absurdas; son cosas que hacen mucho daño. Algunas expresiones desubicadas parecen indicar que hay algunos tentados en el posfrentismo. Ya fue, ya sabemos qué es eso. La derecha va a aprovechar toda fisura, toda debilidad para accionar. No hay que tener ninguna duda al respecto: unidad en la diversidad.

*Publicado en La Diaria el 14 de junio de 2016

ALGUNOS INTERROGANTES PARA LOS FRENTEAMPLISTAS

Escribe Pablo Anzalone

La situación actual del Frente Amplio  exige una reflexión  sobre un conjunto de temas decisivos para la izquierda. Roberto Conde, Pacha Sanchez, Jose Bayardi, Javier Miranda están propuestos para presidir al FA y los frenteamplistas decidirán. Lo que está en juego no son sólo las capacidades o las dificultades  de estos compañeros para conducir al FA, sino las ideas fuerza que proponen. ¿Para qué elegir un presidente del FA? ¿Para hacer qué?

 – ¿Autocríticas o conformismos?  Rumbos  y estrategias del FA para el período.  El Frente Amplio desarrolló un proceso de autocritica interesante en los años 2010-2011 y se adoptaron resoluciones  sobre estrategia para el período. Hay  conceptos fuertes en las autocríticas y en las estrategias acordadas. La experiencia posterior demostró que no se transformaron  en planes de acción y eso merece análisis. Los ejes de acción 2016- 2020 deberían tener en cuenta aquellas definiciones.

 – ¿Hay acción política del FA hacia la población en la actualidad? La política no puede reducirse al funcionamiento del Estado y las campañas electorales cada cinco años. La historia de las luchas populares en Uruguay tiene sus puntos altos  en campañas de masas como los plebiscitos contra las privatizaciones, o  el “Noalabaja”. Hacer política con la gente exige una actitud de escucha y  propuestas que contribuyan a que la población  se involucre en procesos de cambio. De ahí la posibilidad de campañas políticas sobre temas priorizados.

Por ejemplo, una campaña por más igualdades. Es decir por una plataforma democratizadora. Una campaña por los derechos de la infancia y adolescencia (miremos experiencias como el “Noalabaja”, “Serjovennoesdelito”, etc.). Una campaña contra la violencia hacia la mujer, hay que decir “basta de feminicidios”, por un cambio en la sociedad patriarcal. O una campaña por el medio ambiente , por un mundo menos contaminado para nuestros hijos. Sumarse a iniciativas como el Plan Nacional de Agroecología. Apoyar  la política sobre drogas. Promover una política pública de alimentación saludable. Volver a levantar la estrategia por la vida y la convivencia, enriquecerla con iniciativas.  Construir planes de salud con la comunidad basados en objetivos sanitarios y acciones acordes. Replantear la educación como una tarea de muchos, incluyendo las familias, el entramado barrial. Una gran batalla es la democratización de los medios de comunicación, implementando la ley de medios aprobada. También la financiación de los partidos políticos y las campañas electorales son  un tema ineludible para democratizar el sistema político. Todos estos temas  hacen a cuestiones centrales de la sociedad, a sus valores, a la calidad de vida.  El FA puede ser un promotor de estas luchas, sin afan de control, sumando con otros. “Crear agenda” a nivel nacional con estos temas, es un tipo de política activa, que nos ha faltado como FA.

Tiene mucha razón Conde cuando señala que hay una actitud de izquierda ante la crisis del capitalismo mundial, que pasa por defender los avances logrados y profundizarlos, ampliando la agenda.

– ¿Podemos darnos el lujo de desestimar las alianzas sociales, de lesionarlas profundamente?  El FA  creció como fuerza política con un concepto estratégico central: la creación del bloque social de los cambios. Las ultimas décadas han modificado ese entramado social, debilitándolo en ciertos casos, fortaleciéndolo en otros. Existen  fracturas y contradicciones dentro de ese conjunto social.  Hay resistencias a los cambios y también apoyos. Pero de ninguna manera la estrategia de construir esas alianzas sociales ha perdido vigencia. Por el contrario las expectativas de que una opinión pública conservadora  pueda sustituir el respaldo popular han demostrado su fracaso. La tentación de contribuir a la estigmatización de los actores sociales populares es un camino suicida para la izquierda.

 – ¿Por qué seguimos teniendo  fracturas y desigualdades en tantos planos de la sociedad?  La reducción sustantiva de la pobreza y la indigencia, el descenso de la desocupación, la mejora del empleo,del salario real, de las jubilaciones, del salario mínimo, el incremento de la inversión social, son grandes logros a destacar. Al  mismo tiempo  hay graves  desigualdades por razones de clase, de edad, de género, de orientación sexual, de territorio y de etnia. No podemos resignarnos a ellas, ni dejar de señalarlas públicamente.  La pobreza infantil  continúa siendo un gran problema social  y  generar otras posibilidades para la infancia y la adolescencia es un desafío insoslayable. Hemos llegado a un punto en que la violencia de género (y las relaciones patriarcales), deben cambiar. El Sistema Nacional de Cuidados avanza hacia una protección social superior. En estas cuestiones el Frente Amplio debe   actuar políticamente.

 -¿Qué ha pasado en la vida interna del  FA ? ¿Es posible una revitalizacion? Un funcionamiento  basado en la recepción vertical de informes, solo conduce a la pasividad.  Por el contrario una estrategia  de movilización política necesita que la información circule informáticamente y el centro de la vida interna sea la discusión política y la acción hacia el barrio. Las instancias presenciales y los vinculos via web son complementarios y deben potenciarse unos a otros. Cursos, talleres, consultas e intercambios amplios, por via web, pueden aprovecharse mucho en este tiempo donde la conectividad se masifica.

No solo la estructura común se ha debilitado.Hay una crisis de participación y de producción de ideas en los sectores. Hay menos participación porque no hay nuevas ideas y formas de hacer política que convoquen y le den un lugar a la militancia.

Cuando se debilitan las ideas y la acción, crecen los sectarismos, las pugnas de poder sectorial o personal. Si la estrategia es esperar a que el gobierno haga las cosas, los militantes solo pueden  aplaudir o por el contrario enojarse, pero no   figura en esas opciones el “hacer” para que la sociedad  cambie.

 – Reivindicación de la política.  Frente el descreimiento cabe reivindicar la política como acción colectiva para transformar la realidad. No solo los partidos  hacen política, hay muchos otros actores. Pero los partidos no son sustituibles. Tiene un rol propio y articulado con el gobierno que va mas allá de elegirlo cada cinco años, es de seguimiento del programa y de debate de las encrucijadas estratégicas como el TLC o el TISA (como puso a consideración Tabaré). Son un grave error las afirmaciones de Javier Miranda que ponen al FA  en el casillero de “lo privado” y comparan el vínculo con su gobierno con el que puedan tener la Cámara de Comercio, la Unión de Bancos o la Asociación Rural con gobiernos de derecha.

Gobiernos, fuerzas sociales y partidos son los grandes protagonistas de los procesos de cambio en América Latina.

Miremos a los países vecinos, lo que haga el FA en los próximos años será definitorio por un largo período, creará avances o derrotas.

Entrevista a Roberto Conde: Reiniciar el Frente Amplio

Tenemos que reiniciar el Frente Amplio” afirma Roberto Conde, uno de los cuatro candidatos a ocupar la presidencia del FA, “es un término informático pero es válido”. No por eso deja de resaltar que los logros del gobierno frenteamplista son lo más avanzado que se ha logrado en el último medio siglo. “Sólo nosotros podíamos haberlo hecho y sólo nosotros podemos continuarlo”. Con él nos entrevistamos con miras a formar opinión hacia las elecciones internas del 29 de mayo del corriente.

¿Cómo ve la situación actual del Frente Amplio?

La cuestión fundamental es el hecho de que el Frente Amplio ha instaurado un conjunto de avances en todos los órdenes de la vida del Uruguay. Es lo más progresista, lo más tendiente a la justicia social, lo más avanzado que el país ha logrado hacer en los últimos 50 o 60 años.

Todo tipo de campaña que queramos encarar ahora tiene que partir de valorar esos avances y entender que son el resultado de la lucha de un pueblo entero. Que han cristalizado en realizaciones, que están incompletas pero existen. Sólo nosotros podíamos haberlo hecho. Y sólo nosotros podemos continuarlos. Ese es el gran referente del proceso histórico en que estamos.

A partir de allí no se puede dejar de reconocer que estamos en una coyuntura difícil, que nos plantea límites en el alcance de nuestros objetivos, contradicciones, que está dificultando los consensos internos para actuar, está generando desmoralización en algunos compañeros, está generando disconformidad. Y sobre todo está generando una pérdida gradual del compromiso militante.

No se concibe un proceso histórico liderado por la izquierda que no esté basado en el protagonismo social, en la presencia activa y permanente de las fuerzas sociales y de la militancia política. Aunque las fortalezas de base son enormes hoy hay un debilitamiento a nivel de la confianza, del compromiso y de la militancia práctica. Es necesario ponerle remedio en forma rápida.

Es un proyecto político que ha logrado concretarse en un proceso histórico real y si no lo sostiene el Frente Amplio las fuerzas conservadoras lo van a desmontar como anuncian todos los días.

De hecho ya  hubieran desmantelado todas las políticas sociales si hubieran llegado al gobierno. Están requiriendo un día y otro también que hay que bajar el gasto. Eso tiene un solo nombre: políticas  sociales, inversión social. Pondrían en el filo de la navaja al patrimonio público como han hecho siempre. Hubieran cortado por lo más fino como han hecho siempre. Es lo que hacen en otros países donde siguen o han logrado recuperar el gobierno.

Yo comprendo que hay motivos para la desmoralización y la desmovilización. Por otro lado es el momento en que la derecha ha logrado confrontar de manera más fuerte nuestro proyecto y amenazarlo. Si uno se ve reflejado en las encuestas, y la prensa lo menciona todos los días, si hubiera elecciones hoy, el Frente Amplio podría perder.

– En otros países de América Latina hay procesos similares.

En otros países de América Latina la estrategia es muchísimo más violenta, más inmoral, conspiran  con mentiras y acusaciones falsas de toda naturaleza a través de la prensa. Acá la vida política pública  conserva todavía una integridad y una cierta salud que en otros países no existe. Yo  he podido ver en Bolivia como los agravios y mentiras contra el presidente han sido de una desvergüenza increíble y sin embargo lo hacen tan campantes. Hay que reconocer que estas campañas pueden asumir mayor intensidad y lograr que se vaya instalando en la opinión pública la idea de que el Frente Amplio puede perder. Es el momento de hablar claro.

Cuando nos planteamos una autocrítica no podemos dejarnos consumir por el internismo porque este no es un problema interno, es estratégico. El problema es que no tenemos un consenso suficientemente claro de lo que queremos hacer en los próximos cuatro años.

Falta una línea clara, aceptada, consensuada, entre el gobierno, la fuerza política y los actores sociales de que estamos en una situación difícil pero vamos para allá. Eso está en debate. No tenemos muy claro que es lo que se puede hacer, hasta dónde podemos llegar. ¿Por qué? Porque hay una crisis capitalista mundial que no desatamos nosotros sino el capitalismo central  dirigido por la derecha.

Esa es la paradoja terrible. La derecha en su centro capitalista desata una crisis fenomenal que ya lleva ocho años. Ahora quieren hacernos  pagar el precio a nosotros que estamos enfrentándola.

En ese enfrentamiento no tenemos claro las líneas fundamentales de la estrategia. Tenemos que alcanzar un acuerdo contundente entre el gobierno, la fuerza política, la militancia, las fuerzas sociales progresistas, de cuál es la línea de no retroceso. La crisis nos está poniendo dificultades y hostigando, pero de aquí no se retrocede. Estas conquistas que el pueblo ya ganó no se van a perder. Ese es el primer consenso.

El segundo, es que aún en medio de esta crisis y estas limitantes, tenemos una serie de reformas en curso y objetivos. Debemos definir  hasta dónde queremos y podemos llegar en ese campo.

Hay que establecer claramente qué es lo que no vamos a perder de lo ya conquistado y qué es lo que vamos a hacer en los próximos años en los cambios estructurales que tenemos sobre la mesa.

Estamos en una batalla fenomenal porque somos de los pocos países que están enfrentando la crisis sin pagar un precio de retroceso social monumental.

Cuando lleguemos a esos consensos creo que los compañeros van a ir cohesionándose, se irán reagrupando en torno a esta lucha común en condiciones que obviamente son más hostiles en términos económicos y cada vez más hostiles en lo político.

– ¿Pensás que hay que innovar en la organización y el funcionamiento del Frente Amplio?

Sí, el segundo capítulo es lo que hay que revisar e innovar en la organización y el funcionamiento del Frente Amplio. Pero debe haber un orden. De nada sirve tratar de trabajar en la organización si no hay acuerdo estratégico en lo que queremos hacer y para adónde vamos. Ese es el debate que hay que dar en los próximos meses aprovechando los intercambios de esta campaña.

Hay todavía un tercer capítulo que es la relación del Frente Amplio con la sociedad.

Esto no supone ninguna concepción paternalista. No estoy diciendo que la fuerza política tenga que tener alguna forma de paternidad política sobre el movimiento social. El movimiento social es autónomo, tiene vida propia y debe llevar adelante sus plataformas cualquiera sea el gobierno.

Está toda la nueva e inmensa plataforma de derechos que tenemos sobre la mesa, a la que se agregan los de igualdad de género, la igualdad de la mujer en los más diversos campos. Los derechos ambientales, toda esa enorme agenda.

Esa es la sociedad progresista. La sociedad progresista no está en los partidos, ni sometida a los partidos.

La fuerza política debe estar permanentemente leyendo esa sociedad, generando hechos, en diálogo con esa sociedad. Una sociedad que es autónoma, no tiene que estar sometida a la fuerza política.

Ese diálogo no está roto pero está absolutamente debilitado. Eso va a exigir una dinamización y un cambio para el Frente Amplio.

Con todos estos temas debemos agrupar las prioridades a encarar en el 2016. Tenemos que reiniciar el Frente Amplio, es un término informático, pero es válido.

No lo planteo en este orden arbitrariamente. Lo primero y fundamental es la claridad y el consenso estratégico. Atrás de ello vienen los temas de la organización, del funcionamiento de la fuerza política y el relacionamiento con la sociedad.

El tiempo es el segundo semestre de 2016.  Ya 2017 y 2018 serán años con un alto voltaje político que no nos van a encontrar preparados para responder a esas necesidades.

Miguel Fernández Galeano: “Evitar que el veneno letal del Frente que es el no debate, la no autocrítica, el no pensamiento crítico, te mate”

Entrevista publicada en el Semanario Voces

Por Jorge Lauro y Alfredo García

En medio de la debacle interna y la confusión imperante en el Frente Amplio pensamos que era importante buscar a un frentista histórico que pudiera analizar la situación por fuera de la estructura partidaria o gubernamental, sin estar casado con nadie más allá de sus propias convicciones.  Surgió entonces el nombre del “Colorado” y el hombre se entusiasmó con la propuesta. Vale la pena leer su razonamientos que van más allá de los problemas coyunturales del Frente.

 PERFIL:

Sesenta y tres años. Es de la generación del 68 de pura cepa. Fue al liceo Suárez porque vivió toda su vida en el barrio La Mondiola. Es médico. Fue director de Salud de la Intendencia de Montevideo y subsecretario de Salud Pública. Hincha de Nacional a muerte. Cholulo de Suárez. Tiene la tenencia  de dos niños del INAU, un varón de once y una niña de siete.

¿Viviste la época de Líber Arce?

Yo empecé a militar tempranamente en el liceo, cercano a la Juventud Comunista. Empecé con la movilización por el boleto. Y vino el proceso de radicalización y estuve en la conformación del FER, el Frente Estudiantil Revolucionario. Ahí continúo en todo el proceso de coordinación con la ROE, hasta el congreso fundacional del PVP en el año 1975. Me quedé en Argentina hasta noviembre del ’76 y salí para España. Estuve en el proceso de autocrítica que hizo el PVP, entre otras cosas el no haber estado en el Frente. Paradójicamente la mayoría de los que éramos FER estábamos en los comités de base del Frente Amplio. Nosotros éramos frentistas sociológicos. Si querías transformar la realidad, lo que se vivía en el Frente en el ’71 era inevitable, en el Frente estaba la gente.

Aparte, era una movilización fermental fuerte.

Yo estaba en el Comité 26 de Marzo, uno de los primeros comités que tuvo el Frente,  en la verdulería de Maguila, el viejo  del Pepe Bayardi. O sea que esto crece desde el pie. El Frente es una fuerza que tiene en su argamasa mucha construcción desde abajo. Eso es una de las claves de que el Frente haya llegado a donde llegó. Y la alianza con los movimientos sindicales y sociales. Quizás sea muy difícil pensar lo que le pasa al Frente hoy y cuáles son las claves de salida, que yo creo que las tiene y sigo siendo optimista, aunque es un momento de mucha crisis. Y el relato es fundamental. Les voy a contar otra cosa más de mi relación con el Frente. Yo venía de militar en el exterior, había estado en España todos los años del exilio. Había tenido contacto con el Partido Socialista, con todas las fuerzas de izquierda democrática españolas en el post franquismo. Cuando vuelvo, yo había enviudado —mi compañera Liliana había estado presa y muere en el momento de la apertura democrática— me vuelvo con los restos de ella, la enterramos en Durazno. Y me voy a la sede del PVP, en la calle Madrid, recién adquirida. La primera tarea que me da Hugo Cores, porque yo venía del exterior y de haber estado en contacto con la izquierda histórica, es ir al Frente. Un 22 de marzo del año 1985 yo caigo en el Frente, y me presento. Y me dicen: “Te toca presidir el plenario”.

¿Así nomás, de una?

El Frente era capaz de tener ese grado de horizontalidad. Yo llegaba al Frente para representar el PVP y me dan la tarea, porque la presidencia del plenario rotaba. Era un plenario muy parecido a la mesa de hoy, solo con los partidos, y no había representación de base. A mí me tocó junto con Francis y Federico Martínez ser un poco los que articulamos el proceso de restructura del Frente Amplio, con la idea del Congreso, de consolidar el Frente Amplio como coalición y movimiento. Nos tocó esa cuestión maravillosa en un momento de crisis, como también lo era el del ’89. Nos tocó la candidatura de Tabaré, y las cosas increíbles que nos pasaron ahí. Las caravanas y los actos estaban gastados, ¿qué podíamos hacer? Inventamos las caminatas de Tabaré. Era un momento muy fermental en el Frente. Había muchas diferencias, tanto que algunos se fueron y ahí hubo un primer post frentismo, de los tantos que va a haber siempre. El problema es que son operaciones fracasadas por definición: en el momento en que hay post frentismo, hay destrucción del post frentismo. Lo cual no quiere decir que no haya que preocuparse de que el Frente no se vaya desestructurando y perdiendo peso, y la preocupación no solamente debe ser el post frentismo sino el cómo sostener el Frente. Pero bueno, mi peripecia en el Frente no voy a decir que es de base, pero sí es de la alquimia particular que tiene el Frente Amplio. La génesis del Frente Amplio, construido por distintos actores, por partidos grandes y chicos, y la igualdad de oportunidades de la opinión chica frente a la opinión grande, son un signo distintivo del Frente y una clave de existencia. Incorpora el elemento unidad, lucha ideológica y aceptación de la mayoría. El Frente no siempre fue consenso, porque el consenso es aplastador. Muchas veces había mayoría y minoría, y se acataba la minoría, y en el debate había respeto mutuo. Ahí era muy importante la figura del frenteamplista independiente. O sea, del líder por encima de los partidos. De la única manera en que vos podías conjuntar proyectos estratégicos tan diferentes como lo eran el Partido Comunista, el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Socialista o las corrientes más de izquierda, era si vos tenías, por encima de eso, una articulación que habilitaba no al mínimo común múltiplo sino a la síntesis política. El Frente no era de aplastar la diferencia, era de buscar una síntesis, la posible en el marco de definiciones que tenía cada una de las partes.

Igual que ahora, ¿no?

Creo que con el tiempo eso se ha confundido, y se ha ido de la síntesis política al progreso manuscrito, que es una cosa totalmente distinta. Una cosa es buscar la síntesis, y de hecho la hemos tenido en muchas cosas. La discusión sobre el TLC es un ejemplo de síntesis política. O, si querés, de imposición de una mayoría sobre la otra, pero en función de una síntesis política. Para tomar hechos recientes: el hecho de que Tabaré recurra a la opinión del Frente para el tema del TISA, tiene que ver con eso, con respetar y escuchar al Frente Amplio social, al Frente Amplio en la sociedad. Claro, no solo se debilitó el Frente y su forma de participación, también se debilitaron los partidos. Y también se perdió mucha enjundia en la calidad de la política, y de la construcción política. Tiene que ver con mucha cosas. Probablemente “llegar al poder” muchas veces fagocita la política.

Hay una especie de lucha de relatos. Muchos le recriminan a los tupas —que han sido mayoría en el Frente con el MPP— que no eran frentistas.

Falso de solemnidad. La organización político-militar del MLN estaba en un lugar, pero la masa social, política, el colectivo que movía el MLN, el 26 de Marzo, era frentista desde el pique, y tenía mucho que ver en la resolución del perfil del Frente Amplio. El 26 tuvo mucho que ver en la conformación, porque era el que traía —conjuntamente con una parte del Partido Comunista— parte de la inteligencia y de la intelectualidad al Frente. La hegemonía cultural de la que tanto se habla ahora, gramsciana o no, se construye en base a tener esos actores. No era solo Mario Benedetti.

Mario, Daniel Vidart.

Ni siquiera solamente los que estaban como dirigentes. Había mucha gente en la universidad. En la conformación del Frente yo entré a la Facultad de Medicina, y ahí en la universidad éramos el Frente expresándose sindicalmente, con elementos que creo que hay que seguir rescatando: la autonomía de lo sindical y gremial de lo político. O sea, lo peor que le puede pasar al Frente es una suerte de mimetización de lo social con lo político. Un proceso que termina metiendo todo en el gobierno, en definitiva. Desaparece lo social porque se mete en el gobierno. Yo soy crítico de que muchos dirigentes sindicales no hayan seguido sosteniendo, con autonomía, el movimiento sindical, y que hayan sido cooptados para el aparato político de gobierno. Lo mismo pasa con el movimiento social, con el movimiento estudiantil. El relato debe incluir que el Frente tuvo la capacidad de no dejar afuera ninguna expresión nacional, popular y democrática de las que había en el escenario político de su fundación. Y en su continuidad, su fuerza estuvo en seguir representando eso. Cuando hubo una escisión, que fue una escisión en la búsqueda de “el Frente está superado, hay que buscar una política de los que son socialdemócratas pero no pueden estar condicionados por la izquierda comunista, clasista”, etcétera, eso fracasó. Eso tiene una explicación sociológica. Nuestro concepto es la unidad sin exclusiones, cosas que parecen viejas. Pero haber levantado la idea de unidad sin exclusiones…

Fue una lucha durísima durante décadas.

El día que se comprendió, experiencia del movimiento sindical mediante, que no podías excluir, que un bloque social de cambio debía incluir a todos. Después sí, se puede salir por izquierda o por derecha, o, si vos querés, por izquierda radical y consecuente o por socialdemocracia. El corpus ideológico, axiológico, conceptual que conforma el Frente, está en un lugar. Lo podemos perder si empezamos a hacer  ciertas cosas.

Ahora, el corpus está un poco debilitado y esquelético.

Empieza a anemizarse, de la mano de una permanencia en el gobierno y en no darse cuenta que el gobierno precisa de una fuerza política autónoma, con autonomía de criterio. Una fuerza política que no sea el sidecar que va atado al gobierno. Precisa una estructura con gran autonomía. Y precisa acción política más allá del gobierno. Yo voy a poner cuatro ejemplos de acción política más allá del gobierno. ¿Cuál es el impedimento que puede tener el Frente para levantar la bandera en contra de la violencia de género? Esa revolución cultural, ¿no es mucho más importante que dieciocho decisiones que tome el gobierno sobre el tema? Tomo un tema de las nuevas luchas. Arriba los que luchan todas las luchas. Bueno, en “todas las luchas” metemos la violencia de género, porque no es un tema de la academia o de las mujeres, es un tema social. Tomado como una herramienta política por la fuerza política, como un tema que la gente toma y le exige al gobierno con autonomía. El tema de la educación. A mí me pidió Mónica Xavier, que hizo una buena presidencia del Frente, de las que yo aspiraría a que el Frente siga teniendo, porque tuvo la capacidad, quizás no toda la que se podía haber desplegado, porque el Frente es complejo…

En el país de los ciegos, el tuerto es rey, ¿no?

No creo que tenga que ver solamente con los términos relativos que son muy discutibles. Ni cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo que hay es más complejidad, porque no es lo mismo dirigir al Frente teniendo el gobierno que no teniéndolo. No es lo mismo construir Frente después de quince años de gobierno que construirlo desde la oposición.

Volvamos a los temas que querías mencionar.

Educación, seguridad ciudadana, violencia de género. Temas que están en el gobierno, que son de la agenda del gobierno, pero que podrían ser un factor de movilización. No solamente de la marcha y la pancarta, sino de la movilización cultural, del agite de neuronas que se necesita para dar respuesta a algunos temas. No pensadas desde la acción de gobierno, sino desde la acción política. La acción política como acción transformadora. No reducir el Frente a las cañerías oxidadas que tiene el informe de gobierno. Si vos ordenás tu vida política y tus debates en función de lo que le pasa al gobierno, tenés dos caminos: ser obsecuente con el gobierno o enfrentarlo radicalmente. Los dos caminos son malos. Si tu único foco de intervención en política es referenciado al gobierno, repito: obsecuencia y seguidismo u oposición. Y así no vas a ningún lado. Hay temas en los que el Frente no podría entrar en su discusión.

¿Por ejemplo?

La designación de algunos cargos, salvo que quien ejerza ese cargo viole principios, valores y programas definidos por el Frente. Como por ejemplo lo que está haciendo el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. Estuve muy cercano al Ñato, fundamos el MPP en el ‘89. Formé parte de ese proceso, y es un tipo muy inteligente, pero creo que hoy está planteando una cantidad de definiciones, respecto al papel de los militares en la sociedad y a las armas, que no me representan. Creo que se puede elegir a cualquier ministro, porque es una potestad del gobierno, pero cuando hay un gobernante que la fuerza política no acepta… Creo que hay cosas que hay que empezar a marcar. Se habla de que hay desencanto, descreimiento, hastío. Nosotros no podemos quedarnos con los síntomas. Permítaseme la metáfora médica: si analizamos por los síntomas y no sabemos cuál es la etiología, la causa, vamos a seguir errando. Y la causa principal es la despolitización, la pérdida del valor de la política. Yo digo que lo fundamental es que hay una ausencia de debate y de autocrítica. Hay una idea de que la autocrítica es un animal carnívoro que te va a comer. Se instala lo que la izquierda no tuvo nunca: “mejor dejá quietito”, “mejor barré para para abajo de la alfombra”. Lo que yo digo es que para ser de izquierda un requisito absolutamente imprescindible es ser ético. La verdad es siempre revolucionaria, la transparencia y la moral son fundamentales. Volviendo a lo que decía hoy, el problema nodal que tenemos en el Frente Amplio hoy es la pérdida de iniciativa en el debate político. El Frente agotó agenda.

¿Se quedó sin estrategia?

Se quedó sin estrategia.

Eso lo ha dicho el Ñato Huidobro varias veces, aceptarlo es un avance.

Creo que por lo menos es una constatación que te coloca en las puertas de pensar la necesidad de construir esa estrategia. Que el Frente se haya quedado sin estrategia no quiere decir que el gobierno no pueda tener la suya. Lo que sí precisamos es un una fuerza política de gobierno fuerte, autónoma, con capacidad de iniciativa, de impulsar temas, con capacidad de construir agenda y de tener una estrategia. Ahí vamos a tener un mejor gobierno. Esto lo dijo todo el Frente en el año 2011, donde aprobó un documento de necesidad de estrategia que es palmario en este tema: perdimos iniciativa, y capacidad de construir agenda. ¿Por qué? Entre otras cosas porque cuando vos llegás con una agenda acumulada históricamente como la que tenía la izquierda, para cumplir un conjunto de demandas políticas, sociales y de derechos, como cumplió el Frente Amplio en estos once años de gobierno, es natural que vos necesites decir: “¿Ahora a dónde vamos en la construcción de la sociedad que queremos para el Uruguay?”. De cuál es el norte que orienta y que debe guiar la acción política. Esto es como el gato en Alicia en el País de las Maravillas: si vos no sabés adónde vas, cualquier camino te sirve. Acá tenemos dos o tres líos que se repiten de forma sistemática. Uno es la gestión, la gente que no sabe que no sabe, y ese es un problema gravísimo.

Ahí la culpa es del que le rasca el lomo. Si no saben, ¿por qué los nombran?

Capaz que no sabían que no sabían. “No saber” está en la tapa del libro en un mundo donde el conocimiento tiene crecimiento exponencial. El tema es pensar que sabés y no sabés. Esto para la gestión es un tema que para mi gusto tiene consecuencias sobre los resultados de gobierno, pero no es la causa principal que está limitando este estado de crisis que prácticamente está teniendo el Frente para resolver el diálogo con la sociedad. En el tema de la comunicación, los medios siempre hicieron lo mismo, es la de los intereses que representan. ¿O acaso al primer gobierno de Tabaré no le pegaron? Y a la candidatura, antes de llegar a presidente. ¿No le decían cualquier cosa? Se le dijo toda la vida. Por eso es que es especialmente equivocada la resolución del Plenario, porque en lugar de reconocer que la estrategia de acoso y derribo es una estrategia permanente de algunos medios…

Desde que tengo memoria.

Desde que el mundo es mundo, y desde que la izquierda se para como izquierda y es opción de gobierno. Antes no nos daban ni pelota, no estábamos en la agenda cuando empezamos a militar en el ‘71. Tampoco la comunicación es un problema de medios o un problema de la capacidad técnica para comunicar. Es un problema político. Lo técnico viene subsidiariamente, pero el primer problema es político, el análisis político, el cómo leo la realidad, cómo la discuto y cómo construyo una propuesta estratégica. El segundo problema tiene que ver con lo mismo: no haber entendido que la construcción de una hegemonía política y cultural pasa por el hecho de construir con autonomía, porque acá no se trata de crear medios afines, se trata de que florezcan diversidad de opciones para que no solo estén los medios de comunicación que responden a los intereses políticos de la derecha. Que los hay, están identificados, y no solamente no lo pueden negar sino que han dejado todo el tiempo las patas en el plato. Algunos de ellos apoyando a la dictadura militar.

¿Cuánto desacumuló todos estos años el Frente? ¿Se terminó la contrapropuesta?

Si me apurás, me doy cuenta que la mejoría viene de la mano de la presión social. Creo que hay un ejemplo que no se ha analizado suficientemente, incluso por los politólogos, y que es el tema de la campaña electoral. Resumirlo en que “el susto despertó al mamado” es una manera de decir lo que voy a decir yo, pero que achica demasiado las cosas: creo que con la campaña electoral pasó que una cantidad inconmensurable de frentistas se dio cuenta que no había la construcción de una alternativa desde el “vamos bien”. Lo hizo saber de múltiples maneras, y el entonces candidato a la presidencia captó ese tema y empezamos a proyectar otra imagen. Pero no fue un  tema de la conducción publicitaria de la campaña, sino que fue un tema dela gente diciendo que precisábamos plantear por dónde iba a ir la profundización del tercer gobierno, y que no es más de lo mismo ni es un piloto automático.

Ni vamos tan bien.

Ni vamos tan bien. No podés nunca ser opción si no sos capaz de tener una visión crítica de lo que falta. Hay un viejo anarco que fundó el CASMU, Carlos María Fosalba.

¿Era anarco?

Sí, un anarco contumaz y un tipo increíble. Tiene una frase que dice: “Somos pensamiento y acción, cultura e ideología. ¿Cuándo llegaremos? Nunca, porque llegar es detenerse”. Eso es Fosalba. Pero volviendo a lo terrenal y al Frente en materia de comunicación… por ejemplo, Twitter. Yo me entusiasmé con Twitter. Twitter llega solamente a la primera fila. Pero he aquí un detalle: en esa primera fila están los que construyen opinión. No construir una opinión pujante, documentada, de intervención en Twitter, es perder la oportunidad de los dos mecanismos que vos tenés para construir discurso político: fortalecer tu agenda positiva, y matar, antes de que empiece, la agenda negativa. Ese es el equilibrio. Si vos dejás que un tema crezca, dejás que se instale un problema. Vaya si los hechos recientes no tienen algo de esto que estamos hablando. Si vos identificás bien cuál es el problema e inmediatamente metés el primer día la misma disculpa que metiste diez días después, el tema se acabó. Porque yo creo que Raúl en el fondo tiene la convicción honrada de que él tiene esa formación y que puede ostentar tener esa formación. Que la pueda demostrar y ponerla en el currículum es otro tema. ¿Él, de qué se disculpa? De haberla puesto en el currículum. El tema de la oportunidad y la claridad en la comunicación es un tema central hoy. Porque el otro va a construir sobre lo que vos dijiste. Él tiene que decir: “No lo validé en Uruguay y fue un error ponerlo en el currículum”. Punto y a la línea. No hay una mentira. Esa es la explicación que él ha hecho en todos lados. Me metí en el tema de Raúl Sendic, porque creo que es un ejemplo que hay que identificar.  En el tema de licuar la política, las derechas de América Latina descubrieron que la desacreditación personal y la destrucción de las imágenes y las personas es la principal estrategia. Ya no es el proyecto. Porque el proyecto que ellos tienen y el que Evo colocó en Bolivia o el que Correa colocó en Ecuador es inconmensurablemente tan inalcanzable para las derechas de toda la región, que no van a tener ninguna consecuencia. No tenés posibilidades de perder. Pero claro, si vos elegís el terreno de la comunicación sin ideas, si abandonás el campo de las ideas para defender tu hegemonía cultural, si en lugar de defender lo que vos pensás desde la política lo tratas de ocultar o de minimizar…

Perdés la batalla.

Perdés la batalla. Y esa batalla cultural no se está dando. ¿Cómo es que decía Gramsci? Hablaba del poder de la sociedad. Es la idea de que en definitiva la síntesis política se da en la sociedad, no se da en un gobierno y ni siquiera en un partido. Hay un nivel de síntesis que es el que se produce entre tu idea política y tu agenda política, y lo que hay que construir es adónde llegar desde los problemas que tengo. Nosotros con la reforma de salud lo que hicimos fue decir qué problema tiene el sistema de salud y cuáles son las herramientas que hay que construir, no dijimos: “El modelo ideal es este que está esperando allá”. ¿Cuándo armamos una reforma? Cuando dijimos: “Quiero llegar allá, y mis herramientas para eso son estas”.

Se ha perdido hegemonía desde el punto de vista cultural.

Sin duda, Creo que además se pierden herramientas que están ahí a la vuelta de la esquina para activarlas, por ejemplo la posibilidad de generar, no solo en el ámbito del comité de base, que también habría que ver por qué los comités de base…

Ya no funcionan más los comités de base…

Habría que preguntárselo, el problema es que lo presencial tiene problemas. Si vos convertís el comité de base en un lugar que vos —esto puede ser muy anticuado, lo aprendí de Hugo Cores— ponés una película y hacés “cine, arte y discusión”, yo quisiera saber si la gente no participa. Podés tener Netflix y todo lo que quieras, ¿pero no está lindo para verse una película y discutirla? El comité de base podría tener un conjunto de actividades realizadas con la sociedad, que no hace porque la agenda que le ofrece el temario y la forma de trabajar de la conducción del Frente es rutinaria, es la agenda de lo que pasó en la mesa. Y esos no son los grandes debates. También pueden generarse discusiones a través de las redes, y de hecho hay gente que lo está haciendo. Buscar nuevas formas de intercambio. Creo que eso no se ha dado. Creo que el programa no se tiene que discutir solamente para presentarlo cada cinco años. La discusión de los grandes desafíos que tiene la educación, la convivencia ciudadana, son discusiones que hay que darlas metiendo elementos. Yo me acuerdo que unas semanas antes de que falleciera el general Seregni, con el cual yo me había peleado mucho, empezó a pedirle a su secretaría que llamara a alguna gente. Sé que llamó a muchos, no sé a cuántos, pero a mí me llamó también. Tuve un período que estuve muy cercano a él, cuando creó el Centro de Estudios. Yo fui a varias actividades que se hicieron, trabajé y discutí en un documento de salud que se hizo. Seregni era un compañero que  seguía la gestión de cada cargo de confianza. Me llamó en 2004, yo llevaba la friolera de nueve años en la Intendencia. Me dijo: “El Frente Amplio va a llegar al gobierno, y va a tener tres grandes desafíos y yo, Colorado, te quiero advertir de esto como lo he hecho con otros compañeros. Hay tres temas que desafían al Frente. El primero es que gobierne la política, y te lo voy a explicar. Que gobierne la política quiere decir que no gobiernen los sindicatos, que no gobiernen los empresarios, que no gobiernen los grupos de poder, que gobierne la política”. Fijate si eso vale. La idea del gobierno de la política, que no sé si Seregni la tenía o no, pero es una idea fuertemente gramsciana. Es una idea fundamental. Que no gobierne ninguna corporación, ningún interés corporativo. No recuerdo si como ejemplo me dijo los militares, probablemente no, pero sin duda que yo podía seguir haciendo el ejercicio de qué quería decir que gobierne la política. Y hoy podemos hacer ese ejercicio, a la luz de cómo actúan los actores. Hay otras articulaciones que pueden intentar gobernar, que no son meramente las nombradas por el general Seregni.

¿Cuáles eran los otros puntos que mencionó Seregni?

 Segundo desafío, que es polémico pero yo lo comparto por más polémico que sea y más allá de cómo se ha discutido con el MIDES, con Marina, con Daniel en algún momento: “Nada sin contrapartidas”. Ya estaba más que caliente el tema ADEOM, venía de más de nueve años de conflicto. Si vos mejorás el salario, tiene que ser contra algo, tiene que ser contra un compromiso de desempeño, contra una meta. Lo mismo respecto al tema de la asistencia social, que es necesaria pero tiene que tener componentes de contrapartida, de evaluación del resultado. Estos dos primeros puntos me parecen importantes por cómo un tipo ya en 2004 podía estar colocando esos desafíos que siguen siendo hoy de plena vigencia. Y el tercero que colocó Seregni en esa charla conmigo: “Tenemos que encontrar, porque las hemos perdido, nuevas formas de diálogo e interlocución con la sociedad. Las que tenemos no lo están haciendo, no alcanzan, son insuficientes. Seguramente se precisen otras, y tenemos que escuchar la manera de escuchar e incidir en la gente”. Acá entra de lleno la comunicación, pero no solamente la periodística, sino en el sentido más amplio. El diagnóstico está hecho. Voy a hacer un acto de oficialismo, pero no para cubrirme de nada, porque ya estoy por fuera de concurso, como el carro de El Chaná.

Mujica decía lo mismo y salió presidente.

Hugo Cores, que era un tipo muy culto, me recomendaba lecturas, pero también usaba mucha jerga de viejo. Yo soy un poco viejo, pero además cargo con la vejez de Hugo Cores, que usaba palabras viejas. Decía botines. El problema que hay es que si vos te ponés a pensar las cuatro o cinco cosas de las cuales resurgió la política —no creo que sea la única solución, pero ayuda—, las tomó Tabaré. Si mirás las últimas cuatro o cinco cosas que un poco colocaron al Frente en una actitud de ofensiva, las tomó Tabaré.

¿Cuáles son?

Haber convocado al diálogo social. Ojalá haya energía suficiente para armarlo en serio, para que sea un diálogo social de puertas abiertas y donde florezcan mil flores, y donde el gobierno se someta a la audiencia pública. Para eso también hay que tener organizaciones civiles fuertes, y que no se queden en la protesta. La protesta es lo menos de izquierda que hay, porque la protesta, la queja, no tiene proyecto, no tiene acción. En ese tema nos vamos quedando, porque muchas de las molestias con el Frente son quejas. No son propuestas. Salvo lo que dice la gente de Redes, con lo cual he coincidido mucho. Los momentos en que salimos fue con el Frente de abajo, y esto no es populismo ni basismo, ni nada: salís con lo que la gente siente. La política en Uruguay es construir con lo que la gente siente. Para mí era más importante que me llamara Pablo Carlevaro que otra cosa, porque estaba escuchando a un intelectual, a un tipo derecho, que representaba todo para mí, y que me llamaba para decirme todo lo que no estábamos haciendo bien en el primer gobierno.

¿Cómo se cambia el inmovilismo de la izquierda?

Creo que la sociedad ha cambiado, porque la propia construcción de los mass media ha generado un “agenda setting”, que tiene que ver con cómo se arman la agendas. Lo que hay es un rescate de la participación que solamente puede generarse con pensamiento crítico. No hay posibilidades de movilizar desde el deber ser de la gestión de gobierno. O identificás los temas que hoy preocupan a la gente y los discutís abiertamente en el espacio de la sociedad, y no en el espacio exclusivo del gobierno, cuidado, que esto no tiene que ver con que para lograr las cosas se precisa ser gobierno. Esto no es negar el papel del gobierno, el papel del gobierno es central y creo que si algo ha hecho y de algo debemos autoagradecernos la fuerza política en general y sus dirigentes, es el haber demostrado que era posible transformar a la sociedad en aspectos medulares. De manera insuficiente, pero transformar al fin. El problema que hay es que si esa agenda y esas metas las tenés cumplidas, tenés que empezar a ver que más. Por ejemplo, en el tema de seguridad ciudadana vos podés tener que colocar el tema de la violencia global que tiene la sociedad moderna. Podés colocar esa complejidad y a partir de ahí leer cómo te va. Pero también tenés que ver que el tema de la seguridad y la inseguridad es una construcción. Es igual que la economía. Creo que la economía no es un fenómeno climático: acá nos han convertido a la idea de que la economía es un fenómeno climático, o sea, las cosas solamente pueden ser de una manera. Yo con esto no digo que la economía es tan amplia como vos quieras, no voy a hacer esa simplificación, pero en economía hay más de una alternativa para tomar, no es un fenómeno climático.  Hay que hacer economía política, que es un concepto muy importante para resolver los problemas, y que quiere decir qué opciones políticas tomo en función de la correlación de fuerzas que tengo, qué aliados tengo para un determinado proceso histórico y social, y qué enemigos tengo. Hacer un balance de actores. En el primer y segundo gobierno tuvimos una política económica que yo ni siquiera discuto si es ortodoxa, mejor o peor. Discuto si la economía no tiene que ser una materia, la política económica, si no tiene que ser algo que no tiene que ser discutido con la política social en conjunto, y si la economía no tiene que ser discutida con la política.

Seregni juntó a Tabaré y a Danilo y les dijo: “La política manda la economía”.

La verdad es que estaba muy preocupado, y no solamente preocupado, porque la gracia de Seregni es que estaba preocupado por el horizonte estratégico y juntó a los dos que iban a tener que poner en práctica eso. Y el cuento que dicen que existió, contado creo que hasta por el propio Danilo, fue: “Vos sos la economía, vos sos la política. La política manda la economía”. Y se lo dijo a uno de sus hijos más dilectos. Creo que estamos en un escenario donde yo no tengo la mayoría de las respuestas, tengo la mayoría de las preguntas, como casi todos los uruguayos, y en eso no innovo. Me parece que lo que se precisa, como se decía cuando se creó el Frente, es una enorme alarma.

 Si recién estamos en eso, estamos mal, ¿no?

No, porque Uruguay es un país que internaliza el paisaje, esto lo digo cuando doy mi clase de planificación. Uruguay es un país de leves ondulaciones, que hace sus cosas con leves ondulaciones. Le robo a la psicología el concepto de internalización. Leves ondulaciones para todo. Con leves ondulaciones se llega, el problema con las ondulaciones no es recorrerlas, es saber a dónde vas. Si vos recorrés ondulado pero vas para cualquier lado… Ahora, si vas onduladito, o sea, reformista de a poquito pero yendo para allá, ah, llegás. O estás más cerca de llegar.

Hablaste de cuatro temas que metió el gobierno, particularmente Tabaré.

Sigo nombrando, creo que después metió el tema internacional. Se adelantó al decir: “Que lo diga la fuerza política”.

Negoció el presupuesto, no seas malo.

Esa es una lectura. Creo que la lectura principal que tiene Tabaré es una lectura de gobernabilidad. Tabaré sabe cuáles son las opiniones que hay.

Por eso. No masca vidrio. “No voy a dar esta pelea, si tengo otra mucho más importante”.

Pero es una manera de resolver, de escuchar a la fuerza política en un tema que era un choque de trenes, como lo pudo haber sido el TLC, y Gargano y todas las fuerzas que estuvieron plantearon otra cosa. Después creo que se ha parado bien en el tema del petróleo. Elegir algunos temas para la política de Estado, que no son todos, pero colocó allí la política del petróleo. Llamó a los expresidentes. Colocó la idea de generar expectativas de gobernabilidad. Pero no alcanza con eso. En el primer gobierno, con una agenda pendiente muy larga a cumplir, capacidad de mando, gobernabilidad, destreza política, buena capacidad de comunicación, reflejos para la comunicación, elegir bien los momentos en los cuales hablar y los que no, era una herramienta suficiente. Hoy se precisa fuerza política, porque entre otras cosas lo que se precisa es demostrar la prueba de gobernar en aguas turbulentas.

Uno de los grandes demoledores de la fuerza política fue Tabaré.

No, no. Tabaré planteó una cosa que yo me acuerdo: separación del gobierno y la fuerza política. Yo estoy del otro lado, en la fuerza política, no en el gobierno. Creo que sí, que está muy bien la separación, que quiere decir que “de la administración me voy a ocupar yo”. Volviendo a la metáfora del sidecar, a Tabaré no se le puede pedir que maneje la moto y le ponga ruedas al sidecar. Esa es una responsabilidad de la fuerza política. Tabaré puede facilitarlo u obturarlo. Y si vos me preguntas: “¿Y lo obtura o lo facilita?”, yo te digo que no lo facilita lo suficiente, pero no es el responsable.

No lo facilita. Tiene un estilo de dirección que no tiene nada que ver con lo que era la práctica frentista.

Porque él fue lo mejor que nos pudo haber pasado para llegar como izquierda a gobernar. Nosotros precisábamos alguien con capacidad de conducir, de trabajar con la gente, y sobre todo con capacidad de armar equipos. Ya que hablamos de Tabaré, hablemos de todo. Eso Tabaré lo armó con capacidad de ser respetuoso con la política. Tabaré lo hizo, y Tabaré aprendió mucho en estos años. Yo te conté hoy que yo salí con Tabaré a las caminatas. De ese Tabaré que era un tipo brillante, inteligente, insigne profesor de la Facultad de Medicina, al presidente y al político y estadista que tenemos hoy, hay una acumulación histórica muy importante. Ahora, Tabaré no puede estar en la misa y en la procesión. Creo que la fuerza política tiene que tener un liderazgo respetado. No hay treinta y cinco perfiles políticos en el Frente Amplio. ¿Ahora cuántos son?

Veintisiete más dos que entraron, son veintinueve grupos políticos.

Más cuatro que quieren entrar son casi treinta y cinco. Vamos a llegar a treinta y tres, que es un número más histórico. Yo he escuchado mucho el tema de una responsabilización a Tabaré por este tema. Al tipo al que le pediste que sea candidato a presidente no le pidamos que maneje el Frente. La responsabilidad está en todos los otros. Hay una cantidad enorme de gente que de lo único que está preocupada es del poder soberano del sillón, y eso es jodido.

Eso cambió en el Frente. ¿En qué joroba el ejercicio del gobierno a la izquierda uruguaya?

No creo que lo jorobe. Lo que lo joroba es no tener capacidad de haber aprendido de la historia. El tema de querer superponer una intersección de conjuntos casi plena: gobierno, partido y sindicatos. Creo que en esa tríada, la central sindical ha actuado con un grado de autonomía importante. No sé si un problema principal del movimiento sindical ha sido el de no haber tenido, en todo momento, una conducción más apegada al interés general. Creo que a veces el movimiento sindical quedó muy atrapado de lógicas pseudo o proto o corporativas. Pero creo que se ha separado. La fuerza política se anemizó, y se quedó en esa dinámica perversa de ponerse de punta —lo hizo pocas veces—, hacer seguidismo acrítico o no pronunciarse, el peor de los papeles. Creo que la fuerza política aparece cuando hay quilombo, cuando hay diferencias, y es la peor manera de aparecer. Creo que no es un buen esquema la cooptación de cuadros del movimiento social, se ha hecho…

De forma permanente.

Tiene que ver con una primera etapa en el gobierno municipal, donde se avaló a la gente que tenía experiencia, y una primera etapa en el gobierno nacional donde se apeló a contar con los líderes de los partidos para garantizar la unidad de la fuerza política. Creo que ahora llegó la hora de salir del gerencialismo en el gobierno, de la tentación tecnocrático gerencialista en el gobierno. Eso es un camino que no nos lleva a ningún lado. La gestión per se, no te lleva a ningún lado. Tiene que haber gestión política.

Pero con gente idónea, no me metas al pegatinero de ministro.

Creo que lo que hay que hacer es construir inteligencia, que es tecnopolítica, no es solamente técnica. Le metés tecnolopolítica para las grandes rutas, para las grandes opciones, porque a ver, no hay evidencia, las opciones son siempre políticas, esencialmente. Lo que hace en política es agarrar la evidencia que le sirve más. Y esto no está mal, y hay que decirlo con todas las letras, y yo lo digo como técnico. Yo tengo que construir evidencia o comprobación, y después tomar la que sirve más a mis principios y valores.

Los economistas hacen eso, y alguna otra profesión también.

¿Por qué no lo van a hacer los políticos? Como decía el viejo Hugo Cores, que tenía esa cosa de boliche, prosaica, que del rioba venimos y al rioba volvemos: “Decime una cosa, Colorado, para ser cirujano, ¿cuánto tenés que estudiar?”. “Y bueno, si la hacés lisa la terminás en ocho años, seis de carrera y dos de internado obligatorio, y después tres de cirujano”. “Si un tipo para operar, que después de todo no debe ser tan complejo, precisa estudiar once años, ¿cómo para hacer política hay gente que no tiene que estudiar nada?”. Y es una verdad. Un día con Pepe Mujica lo hablamos mucho. Le dije que él estaba haciendo una estigmatización de lo técnico, y que él tenía que decir otra cosa, tenía que dar prioridad a la política, pero que subsidiariamente tenga nivel técnico para apoyarse. Buscar la famosa línea de base, de dónde estamos, buscar el metaanálisis de lo que piensa la sociedad, lo que anda en la vuelta, escuchar, hacer un análisis de lo que se opina en las redes. Porque ahí está el análisis de lo que pasa en la sociedad. Y está el que después va a ir a crear opinión. Yo escucho cosas en Twitter que después repite la gente que almuerza conmigo. Todas. A veces es una intoxicación, a veces es una pajería, lo que fuera, pero ahí está en la vuelta. Caramba, tenés que estar analizando. Si querés hacer política, tenés que analizar lo que va a estar. No te vuelvas Maquiavelo ni Goebbels, pero sabé lo que está en el aire.

¿El Frente Amplio hoy puede funcionar con la estructura que tiene?

Hay una fragmentación de la política que es hija de cómo se va construyendo la propia conformación de los espacios de gobierno y poder. No ayuda, porque obliga a colectivos que no representan propiamente cuerpos de ideas diferenciados. Porque si hubiera treinta y cinco miradas de un problema, bienvenidas. Ahora, si las treinta y cinco opciones son productos de un fenómeno que no tiene nada que ver con las ideas, estamos frente a un problema. Tengo esperanzas de que la política tenga que llegar al Frente como tabla de salvación. O sea, para decirlo como puse en un tweet el otro día, que nos una el amor y no el espanto. Mejor dicho, que el espanto nos avive y que después venga el amor, porque si no… Yo les voy a decir una cosa: mañana se van a decidir los candidatos, y en esta entrevista he dicho cosas que no son necesariamente cómodas ni de zona de confort. O capaz que para que lo que hay que decir, todavía son de confort. Pero bueno, son las cosas que pienso. No quiero decir cosas que no pienso para dejar algo dicho. Con franqueza, claramente pienso que la cosa va a estar entre el Pacha y Conde, y no tengo nada contra los otros, Pepe Bayardi es un amigo de toda la vida.

Y Javier Miranda.

Perdón, sabía que me faltaba uno. Y Javier. Sobre todo va a estar entre uno de los dos con Javier, para ser todavía más claro. Pero salgamos de la casuística electoral. Creo que todos, y capaz que alguno más que otro según su conocimiento del Frente y su desempeño, podrían —lo harán o no, será problema de ellos y de quienes los acompañen— ponerse por arriba de los sectores. Dos de ellos no representan a un sector, pero el Pacha hasta por un desafío generacional podría ponerse por encima del sector que representa, clara y explícitamente, y traer una fuerte andanada de democratización, dinamización y apertura de puertas y ventanas en el Frente. Y evitar que el veneno letal del Frente que es el no debate, la no autocrítica, el no pensamiento crítico, te mate. Creo que estos candidatos a presidentes pueden ser una llave de eso. Conde, sin duda, porque es un tipo abierto y de pensamiento crítico. Vamos a ver cómo se desenvuelve la cosa. Al día de hoy todavía no tengo ni pensado solo ni con el grupo de compañeros con los que pienso la política, no formando parte de un partido, porque yo me fui del PVP en el 2000, porque pensé que se había agotado. Tanto pienso que el Frente está muy fragmentado que en el 2000 pensé que el PVP, que había sido una herramienta importante para muchas cosas, estaba agotado como proyecto. Es un tema opinable, respeto a los compañeros que están ahí. Sigo siendo leal a esa historia y a los compañeros que están ahí. Y ahora sigo discutiendo con otros que también se terminaron yendo.

¿A quién vas a votar?

No sé a quién voy a terminar apoyando, creo que lo que precisa el Frente es una presidencia que se ponga como gran tarea que vuelva la política al Frente más allá del gobierno, y que construya política con independencia absoluta del gobierno. Lo cual no quiere decir que no atienda al gobierno, quiere decir que construya una política propia de la fuerza política, no una política espejada en el gobierno, no una policía armada en función de las respuestas del gobierno, sino una política que mire los problemas de la sociedad, lo que es la política, la polis. Me da miedo la puja, que el hecho de que sean candidatos diferentes reproduzca una puja sectorial y cosifique la cosa, una puja que deje vencidos y vencedores y una polarización fragmentada. Espero que no. No por la calidad del debate, porque creo que está bueno que se discuta. Y si discrepan, bienvenido sea. Va a ser un desafío muy grande, porque es muy particular el perfil de los que quedaron como candidatos. Mirá, viene un tipo joven del sector pero que quiere superar al sector, y que tiene muchas ganas.

Tiene una fuerza bárbara.

Para empezar, ya ganó la primera: le impuso a los viejos lo que él quería. Él y su colectivo. No es chica cosa. Todo parece indicar que no lo querían, habían dicho otra cosa. Habían hablado de Conde. Tenés un tipo que se sobrepone a ese tema, y lo logra. Acompañado por un grupo de inteligentes jóvenes, algunos muy valiosos. Hay cabeza ahí. Después tenés a Conde, que es un tipo que se va del Partido Socialista justamente por discrepar con la lógica del statu quo, del no te metás, con una cabeza de izquierda.

Nunca se animó a dar el paso al Partido Comunista.

Es un socialista de pura cepa, un garganista puro y duro. Gargano tampoco nunca se fue, y pudo haberse ido.

Hay una idealización de Gargano.

No tengo idealización, todo lo contrario. No sabés lo poco que nos queríamos. Lo vi en el exilio trabajando con el PSOE, era insoportable, el Pato Donald.

Pero lo idealizan por el TLC.

No, pero era un socialista, era un tipo que defendía un perfil del Partido Socialista a la izquierda y no comunista. Como José.

El padre de la criatura es José Díaz.

Sigue siendo José, estamos de acuerdo. Con José también tuve diferencias, es mi amigo, pero tuve diferencias. Pero volvemos. Conde es eso. Los seres humanos somos lo que somos. Yo soy un hijo total de Hugo Cores, y no soy Hugo. Lejos, ni intelectualmente, ni políticamente. Pero soy un hijo político de Hugo y no reniego. Y algunas cosas que Hugo no hacía, hice, en el sentido de que yo me animé —ojalá Hugo lo hubiera hecho, y por algo me mandaban a mí al frente— más promiscuo con la política. Ser más amigo, menos odioso con los otros. Entonces me quiere más gente. A Hugo no lo quería tanta gente, aunque lo terminaron queriendo, ya al final. Y después tenés a este botija, (Javier Miranda) que creo que es un ícono, porque quién lo va a negar, no es un tipo tan joven pero sigue siendo un icono del resumen que es el Frente, y no mucho más, porque no es laburante, porque no conoce el Frente de adentro. Va a ser un problema, y sin embargo es el que va a representar a todo un ala poderosa que quiere disputar la hegemonía del Frente. Es rara la elección, porque va a competir una persona que capaz que gana porque lo ponen y hace una buena campaña, pero no por mucho más, porque él no tiene… es muy inteligente…

No conoce al Frente.

Conocer no es solamente haber ido al comité, es conocer la construcción cultural, política e ideológica que es la izquierda. No la vivió. El Pacha tampoco la vivió, pero la ha mamado, y ha estado preocupado por el relato.

¿Te parece que el Frente tiene salvación con esta estructura, o hay que cambiar?

El problema del Frente no es la estructura organizativa. Puede tener modificaciones, puede ampliarse. El problema es la conducción, el problema es de los partidos, de la gente. El problema casi siempre es la gente, no lo organizativo. La organización la pone la gente. No es un fenómeno climático la estructura del Frente.

De acuerdo, pero es casi un bastión inamovible. No seas malo.

No, porque si hay una buena conducción y vos oxigenás, se te acabó el problema de quién da opiniones en el Frente. Creás una dinámica en la cual las opiniones no son las de los seis que van al comité sino las de las decenas de miles que lograste motivar para que te dieran una opinión de para dónde ir en un tema. Si cambiás la masa crítica con la que estás trabajando. Eso no quiere decir que la estructura no tenga que tener sus aggiornamientos, sus adaptaciones, su reingeniería o el nombre que se le quiera poner. Pero eso es una cosa y otra cosa es el tema de la necesidad de la conducción política. El problema que tiene el Frente es un problema de conducción política. Tú colocaste que era un problema de la conducción desde los presidentes, y yo te digo que no, que no son los presidentes los que lo tienen que hacer, lo tienen que hacer los líderes de los partidos, los emergentes de adentro de los partidos, y lo tienen que hacer los partidos o la gente de los partidos que se anime a arriesgarse para que la política pase a ser la que comande en el Frente y no la aspiración de tener un cargo o seguir en el poder. Es muy genérico, pero alguien que se anime. Y creo que hay gente que lo ha hecho. El Pacha lo hizo. Yo lo conozco poco, lo vi dos veces y hablé cuatro. Somos tan viejos que uno no se da cuenta que cuando yo me formé con el Ñato, con Hugo, con Coitinho…

No había nacido.

Había nacido, pero iba a la escuela. Tiene treinta y siete, y estamos hablando del ’89. Tenía nueve años, estaba a punto de ser preadolescente. Cuando formamos el MPP.

¿No hay que empezar a pensar en la nueva forma de manejarse cuando se pierda el poder?

De verdad yo hoy no puedo intelectualmente pensar, como me pasó en Argentina, porque yo me impacté con lo de Argentina, pensar en que se pierda un rumbo histórico a la mejoría de la gente. Yo tengo muy claro lo que significaría que pierda el Frente en este país. Significaría una debacle y un retroceso para la izquierda mucho mayor, pero mucho mayor, que decir simplemente que en la otra voy a estar, o hablar de la alternancia. Acá hay un tema de bloque histórico, de continuidad histórica. Uno mira los gobiernos de Batlle y Ordóñez, con los que tantos paralelismos se hacen, y tuvo un primer gobierno, luego otro en el medio que fue de transición, y tuvo un segundo gobierno. Esto lo explica muy bien un análisis de Caetano. Es en el segundo gobierno donde vos tenés que profundizar las reformas. Creo, para contestar concretamente, que hay que sacar del escenario la salida del Frente. Hoy la preocupación del Frente no es ganar la próxima elección. La preocupación del Frente hoy tiene que ser recuperar su historia, recuperar su potencialidad. Esa es la preocupación central hoy, y es una preocupación para la cual estamos a tiempo. Aunque parezca que no. El Frente tiene, en aquella metáfora del general Seregni de la ida de los caballos hasta el precipicio, esa cuestión de la parada que tiene que ver con no seguir cortando el cordón entre el gobierno y la fuerza política, pero el cordón umbilical que se empieza a romper y que sin duda está debilitado y fraccionado, es el cordón umbilical entre el partido y la sociedad.

Y la gente.

Y la gente. El día que lo cortás, el oxígeno te deja de llegar y andá a buscarlo. Es lo de menos no tener el gobierno. No tenés fuerza política por una cantidad enorme de años. Yo no soy catastrofista, pero si perdés, es porque perdés el contacto con la gente. Mirá qué categórico voy a ser: en un contacto eficaz con la gente nadie puede votar las opciones de derecha en Uruguay.

Por supuesto, pero no existe el contacto…

No, hay que construirlo. Y yo no tengo respuestas para eso. Dije un montón de generalidades, y ustedes las puedes borrar todas y que esta sea una entrevista de dos respuestas. Pero de verdad hay que pensar en eso. Aspiro a que el presidente que surja de esta cuestión lo haga. Creo que la cosa va por ahí.

Izquierda y corrupción

Escribe Pablo Anzalone

La izquierda uruguaya forjó una ética a partir de muchas décadas de luchas. En sus distintas vertientes existieron gestas y figuras que fueron referentes éticos muy fuertes. La revolución rusa, la guerra civil española, la revolución cubana, influyeron mucho también en ese plano. Desde el 68 en adelante nuestras propias luchas construyeron nuevos ejemplos, mártires, grandes dirigentes y también heroicidades colectivas, anónimas. En esos cinco años hasta el golpe de Estado el Uruguay cambió y la izquierda también. La experiencia de participación de muchos miles de hombres y mujeres, la represión sistemática como forma de gobierno, las resistencias múltiples y al mismo tiempo los sueños de un mundo distinto,crearon una situación nueva en el plano de los valores. Para muchos de nosotros la apelación del Che al “hombre nuevo” y los valores ideológicos, en contraposición con las concepciones economicistas, eran una guía. No sólo una parte esencial de un proyecto finalista sino una referencia de vida, más fuerte que la posibilidad de perderla. Siempre la asocié a los viejos anarquistas, a la frase de Buenaventura Durruti “Crearemos un mundo nuevo porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”, que tantas veces le escuché a León Duarte.
Digo esto sin perjuicio de los graves errores políticos, teóricos y aún humanos que cometimos todas las vertientes de la izquierda en aquellos tiempos. Estamos hablando de ética y de valores ideológicos.
La dictadura marcó a fuego la década siguiente. La dignidad estuvo en la resistencia ante el autoritarismo en todos lados, en la cárcel y la tortura, en los lugares de trabajo, los centros de estudio, los barrios. El Frente Amplio creó una mística y una ética colectivas más allá de los sectores. Figuras como Seregni, Licandro y otros, jugaron un rol clave en ella.
La llegada al gobierno primero en Montevideo, luego a nivel nacional y en varias intendencias y sobre todo la práctica de gobernar estos 12 años generó una situación distinta.
Los valores no están separados de las luchas, se forjan en ellas como fenómenos colectivos. Y la reducción de la política a la labor de gobierno debilitó ese componente. Detentar una posición de poder tiende a cambiar a las personas y también a los colectivos. Aunque eso no llegue a ser corrupción estimula una lógica de conformismo, de pérdida del impulso transformador y de defensa de los espacios de poder o de micropoder. No siempre es así pero esas tendencias existen en muchas experiencias. Es una contradicción, porque cambiar la realidad requiere la gestación de poderes acordes a los desafíos, llegar al gobierno es el resultado de muchas luchas y los gobiernos (nacional, departamental o municipal) detentan una parte de esos poderes.

Pero también la sociedad cambió en Uruguay y en el mundo. Han perdido fuerza o incluso desaparecieron las conformaciones ideológicas fuertes, sólidas. Existe una desideologización que viene de la mano de la modernidad, el consumismo y la lógica hegemónica del mercado.

Zygmunt Bauman sostiene que “en el mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza. Cualquier juramento de lealtad, cualquier compromiso a largo plazo (y mucho más un compromiso eterno) auguran un futuro cargado de obligaciones que (inevitablemente) restringiría la libertad de movimiento y reduciría la capacidad de aprovechar las nuevas y todavía desconocidas oportunidades en el momento en que (inevitablemente) se presenten”. La modernidad actual es “un estado de cosas en el que los individuos, convertidos en consumidores, han perdido contacto con todas las referencias ideológicas, sociales y de comportamiento que habían determinado su actuación en siglos anteriores”. Otros autores como Dany-Robert Dufour, sostienen que «el capitalismo sueña no sólo con ampliar [… ] el territorio en el que todo objeto es una mercancía (derechos sobre el agua, derechos sobre el genoma y sobre todas las especies vivas, órganos humanos […]) hasta los límites del globo; también procura expandirlo en profundidad a fin de abarcar los asuntos privados, alguna vez a cargo del individuo (subjetividad, sexualidad […]) ahora incluidos en la categoría de mercancía”.
Dice Bauman que “la “disolución de los sólidos”, el rasgo permanente de la modernidad, ha adquirido por lo tanto un nuevo significado… Los sólidos que han sido sometidos a la disolución, y que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad fluida, son los vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y las acciones colectivos ”.

La corrupción estatal en el imaginario occidental era un tema de “repúblicas bananeras” . Colocar en ese cajón al Estado Mexicano es difícil. Sin embargo allí la corrupción y el contubernio con el narcotráfico tienen como consecuencia la masacre sistemática de la población. Pagan un precio altísimo como sociedad y sin embargo continúa funcionando así. En Brasil la corrupción llegó a ser una forma de asegurar gobernabilidad. Es particularmente grave que no sólo haya alcanzado al PMDB eterno aliado del gobierno que sea o a la derecha organizada en el PSDB, sino también al PT, el partido de izquierda más grande e importante de América, una esperanza para millones. La corrupción del Partido Popular en Valencia muestra como la derecha europea abrazada al neoliberalismo y capaz de imponer los mayores sacrificios a la población en función de reducir el déficit fiscal, es permeable y cómplice. En este mismo período asistimos al desvelamiento de la corrupción enorme, brutal, en la FIFA, un imperio sin controles, que maneja el deporte más popular del mundo. El caso de Figueredo muestra, a su vez, la complicidad de un conjunto de instituciones financieras, inmobiliarias, jurídicas para que se “lavara” ese dinero de la corrupción.
En otros tiempos la corrupción era Somoza, Stroessner, Batista, y luego en los años 90 fue Menem o Color de Mello.
Hace tiempo que apareció también en fuerzas de izquierda, aunque debe diferenciarse la identificación de casos aislados, de la conformación de sistemas y prácticas donde la corrupción hegemoniza. Un clima ideológico muy fuerte en los valores puede ser una vacuna que reduzca la posibilidad de aparición aunque no la pueda evitar completamente. Entonces un elemento clave son los antídotos a ese veneno. Es decir la forma como las organizaciones políticas reaccionan ante la existencia de hechos de corrupción, su capacidad de sancionarlos.

En esta “sociedad de la modernidad líquida” hay anclas que nos permiten pararnos en política y en la vida. El pensamiento crítico, la rebelión ante las desigualdades, la ética política, son las más importantes.
La ética es una cuestión fundamental para gobernar y una de las condiciones para la credibilidad de los gobernantes. Transparencia y ética van juntas en estos tiempos. El rol de los organismos de contralor como el Tribunal de Cuentas, la Auditoría General de la Nación, el Tribunal de lo Contencioso, la Junta de Transparencia, es importante, pero podría mejorarse. Al mismo tiempo campos tan relevantes como la financiación de los partidos y las campañas electorales no tienen la regulación y el control necesarios. Faltan leyes e instituciones capaces de controlar (la Corte Electoral no tiene condiciones para ello). Las comisiones parlamentarias o la participación de la oposición en los directorios de los entes han tenido resultados dispares. Aunque muchas veces se mezclan, asociar ética y transparencia con debates partidarios (externos o internos) genera distorsiones. En los debates partidarios demasiadas veces el objetivo es desprestigiar al otro. Cuando se ponen en marcha verdaderos operativos políticos como en el caso de la investigadora de Ancap, se mezclan argumentos completamente infundados con críticas que pueden ser válidas a aspectos de la gestión, y el aderezo son discursos grandilocuentes e insultos sin pruebas.
El Frente Amplio ha tenido durante muchos años un Tribunal de Conducta Política integrado por referentes intachables que han cumplido un rol trascendente en este plano.
Mirando la situación de las concepciones críticas en el mundo, observando el contexto regional, la ética política es un elemento fundamental. Sin caza de brujas, pero sin indulgencia ni permisividad, reafirmando valores colectivamente.

Una versión resumida de este artículo fue publicado en Voces.

Errores y alternativas*

Escribe Pablo Anzalone
Llegamos al 2016 con derrotas en Venezuela y Argentina que sembraron alertas de todos los colores para la izquierda latinoamericana. El debilitamiento del gobierno de Dilma y la arremetida para derribarlo, junto a las denuncias de corrupción, agregan elementos de alarma. Sin embargo, está claro que cada proceso es distinto, los problemas, las derrotas y los saldos actuales también. Lo que es similar es la euforia de la derecha en todo el continente que aspira a retomar el gobierno.
Hay un debate imprescindible sobre los errores cometidos. Tal vez los más graves han sido los de Brasil utilizando formas de corrupción para lograr gobernabilidad o implementando un plan de ajuste distante del programa votado por la ciudadanía. Es importante analizar las limitaciones del modelo neodesarrollista, su apuesta central a la inversión extranjera directa, el énfasis en la extracción de materias primas y considerar si las contradicciones de este modelo no requieren cambios más de fondo en ese plano. La reducción de la pobreza, la persistencia de las desigualdades y la concentración de la riqueza son aspectos que no pueden soslayarse. Las modificaciones de la situación internacional fruto de la crisis capitalista y los nuevos mega-tratados que promueven las grandes corporaciones crean escenarios diferentes para los proyectos progresistas.
Pero esta reflexión no puede ser económica. La agenda de derechos, los cambios democratizadores, no son aspectos menores, subsidiarios, antes al contrario, seguramente serán las principales ideas-fuerza para avanzar en el próximo período. Es calidad de democracia y de vida para todos lo que está en juego.
Debemos revisar críticamente la jerarquía que se le da al pragmatismo, así como la debilidad en los cambios culturales y el debate ideológico. Esas concepciones han diluido los proyectos estratégicos. Resalta la ausencia de una perspectiva que incorpore formas distintas al capitalismo.
Es una crítica y autocrítica sin complacencias pero que no tire el niño con el agua, que no pontifique desde algún sitial con verdades autoproclamadas, que desconozca las condiciones concretas, las debilidades y las derrotas. Es necesaria una reflexión que abra nuevas preguntas y busque respuestas para este nuevo período.
En Uruguay también hay síntomas preocupantes. El descenso en las encuestas es uno. Los enfrentamientos entre gobierno y gremios docentes no solo lesionaron el vínculo con el movimiento social sino con una parte de la opinión pública de izquierda. La actitud beligerante de la derecha, apunta al desgaste temprano del gobierno. Mientras tanto el Frente Amplio se embarcó en una pugna interna por su presidencia, con una significativa falta de debate político sobre las estrategias y las tácticas. En estos días, la gestión en Ancap está dando pie a una discusión que atraviesa al Frente Amplio en un tema que los partidos tradicionales han elegido como buque insignia para atacar al gobierno, a falta de mejores propuestas de su parte. En esta predica altisonante mezclan zapallos con zanahorias, debates serios con caricaturas.
El Frente Amplio enfrenta problemas que vienen de antes. Algunos han sido autocriticados pero no superados. Esta fuerza política se quedó sin estrategia propia cuando llegó al gobierno. Hegemonizó la concepción de que el gobierno era quien transformaba la realidad (en el mejor de los casos) o la administraba (en el peor de los casos). Esta última opción se reprodujo en reiteración real. La cooptación de la fuerza política por parte del gobierno la debilitó como protagonista de los cambios. La elección interna de mayo del 2016 podrá resolver el tema de la presidencia del FA (un contexto poco claro hasta el momento) pero sin un debate político enriquecedor difícilmente surgirá un impulso diferente que cambie estrategias y prácticas.
La absorción del “partido” por el Estado es un problema histórico de gran parte de las izquierdas a nivel mundial y está en la base de muchas de sus derrotas. Esa concepción lleva asimismo a la subestimación del rol de los movimientos sociales, en ocasiones a su estigmatización. Sin embargo muchas veces han sido coaliciones de movimientos sociales quienes han promovido los avances en materia de derechos, les han puesto color y fuerza. O cuando se trató de enfrentar una ofensiva de la derecha como la reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad.
Encontraremos muchas claves para analizar este período si pensamos en tres grandes grupos de actores: gobiernos (nacional, departamentales y municipales), fuerza política y movimientos sociales, con sus debilidades y fortalezas, para crear una agenda nueva y convocante.
Definir una agenda clara, una plataforma, una hoja de ruta, las grandes prioridades acompañadas de un discurso que les dé sentido, es un elemento fundamental. La razón de ser de la izquierda no puede ser solo defender lo ya logrado. Si no vincula con las aspiraciones de cambios de gran parte de la población, ese rol lo ocuparán las propuestas de la derecha. No es que falte un discurso elocuente, una información más detallada, comunicar mejor lo realizado, sino acción social, política y cultural de masas, de eso se trata. Avanzar en las transformaciones estructurales iniciadas o comenzar las que faltan requiere iniciativas, propuestas y alianzas intersectoriales.
El peor escenario para la izquierda es quedar a la defensiva, poner el piloto automático, hacer el discurso anestesiante de que confíen en el gobierno y esperen para volver a votar en cinco años. Dejar que la política se reduzca al funcionamiento del Estado es una lógica que debilita los procesos de cambio. Si la izquierda deja de señalar los problemas está cediendo un espacio político fundamental: ser la primera en realizar el diagnóstico, proponer las líneas transformadoras, convocar a participar. Se trata de seguir levantando la bandera del cambio. Ejemplos recientes son la denuncia de la pobreza infantil que persiste y la priorización de la situación de la primera infancia que hizo Tabaré Vázquez o las luchas para erradicar la violencia hacia la mujer. ¿Por qué no desarrollar campañas intersectoriales sobre ambos temas?
Estos son desafíos que requieren de un pensamiento más crítico y propositivo, más amplio, más fecundo e innovador.

*Artículo publicado en Semanario Brecha del 15 de enero 2016

Un año complicado para el gobierno frenteamplista

Escribe Pablo Anzalone

El primer año de gobierno fue complicado. Un gabinete signado por la reiteración del 2005, un estilo de liderazgo más prolijo, una oposición “por la positiva”, un escenario latinoamericano donde la izquierda renovaba triunfos electorales, auguraban cierta tranquilidad. Las preocupaciones venían por el riesgo del piloto automático, de la falta de audacia para ir más a fondo en los cambios. Sin embargo la realidad se apartó de ese libreto.
En latinoamerica la izquierda empezó a perder batallas y no menores. Nada menos que en Argentina, Venezuela y Brasil. Y la derecha se lanzó a una ofensiva extremista, sin escrúpulos ni moderación. También en Uruguay desapareció “la positiva” y se inició una “embestida baguala” contra la “década perdida” (???) frenteamplista . No se ha brindado ninguna explicación política a tal cambio de estrategia. No cambiaron los sectores ni los liderazgos, no hay propuestas renovadas pero esas han sido las nuevas reglas de juego partidario . No hubo luna de miel. En Ancap encontraron un filón y lograron buenos réditos políticos. Al mismo tiempo silenciaron hechos como los resultados de la auditoría en la Intendencia de Paysandú que exponían su mala gestión y sus fantasmas.
Al gobierno le ha costado definir una agenda acumuladora. Inició su gestión con un discurso contractivo, podríamos llamarlo síndrome “Antel Arena” que marcó la cancha. A diferencia del 2008 cuando se enfrentó la crisis internacional con el dinamismo del mercado interno, ahora la apuesta fue ajustar el gasto público. También las pautas salariales. Tan fuertes fueron los efectos de este discurso que desde la presidencia hubo que corregir y enfatizar las inversiones públicas previstas. Aunque no conformó, el presupuesto no respondió a la lógica recesiva y definió prioridades políticas con incrementos. Un mal manejo del aumento de tarifas tuvo un impacto negativo, silenciado por el incremento sideral en Argentina.

Los vínculos con los movimientos sociales sufrieron graves tensiones y terminaron lesionados en áreas claves. La esencialidad en el conflicto de la educación fue de las mas sensibles y con mayores costos políticos y hasta ideológicos. En lugar de fortalecer una alianza social y popular amplia, quedó un saldo amargo.
Al mismo tiempo el FA como fuerza política no tuvo un accionar propio, se omitió en procurar marcar temas en una agenda que complemente a la del gobierno y sobre todo promueva con tenacidad una movilización política de masas. Por el contrario se embarcó en una lucha interna por la presidencia desprovista de cualquier debate político . Las polarizaciones en el FA no son novedad pero la incapacidad para traducirlas en buenos debates y aprendizajes le hizo el campo orégano a la oposición.

Por otro lado hay que destacar positivamente la denuncia y priorización que Tabaré Vazquez hizo sobre la situación de la primera infancia, el problema social más grave que tenemos. Allí las desigualdades y la fractura social, se evidencian con más fuerza. También son pasos positivos los avances en el Sistema Nacional de Cuidados, la propuesta de Objetivos Sanitarios Nacionales, la convocatoria al Diálogo Social. Al mismo tiempo si no hay continuidad en estas iniciativas y se convierten en anuncios aislados, o quedan en movimientos institucionales sin involucramiento social, sin cambios culturales, sin hitos ni metas claras, se perderán oportunidades claves para definir el signo político y social del período.

Más allá de errores (algunos importantes) y de aciertos en este año y de los cambios en el escenario nacional y mundial, lo que aparece con fuerza son problemas estratégicos que venimos padeciendo en la izquierda uruguaya y latinoamericana desde hace años. Hay temas que revisten un carácter ideológico, otros que refieren a las formas de organización,comunicación y movilización, otros a las imprescindibles alianzas sociales, pero sobre todo hay una cuestión central que es política, replanteando las formas de hacer y la estrategia política. La identificación con el Estado ha dificultado un pensamiento más crítico, propositivo e innovador.

Publicado en Voces