LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA POLITICA por Pablo Anzalone*

Que las izquierdas alcanzaran el gobierno en muchos países de América Latina y lo mantuvieran  durante más de una década a través de varias consultas electorales, es un hecho histórico sin precedentes en el continente. Casi sesenta millones de personas dejaron la pobreza y 28 millones la indigencia, medidas por ingresos. Todos los razonamientos que hagamos para entender los avances, los errores, las limitaciones de las políticas llevadas adelante, no deben perder de vista ese hecho trascendente en sociedades profundamente desiguales.

Olin Wright propone dos preguntas a toda propuesta de transformación de las instituciones existentes: a) ¿mejora la vida de las personas ahora? b) ¿nos mueve en dirección a una sociedad más justa y humana? No por evidentes pueden dejarse de lado estos parámetros para iniciar una reflexión crítica.

Las recientes derrotas de la izquierda en Brasil, Argentina y en las elecciones parlamentarias de Venezuela, hacen imprescindible un análisis crítico y autocrítico.

Las visiones lineales de la historia hace tiempo demostraron su escasa eficacia para analizar los hechos. Ni la idea del desarrollo incesante de las fuerzas productivas y su contradicción inevitable y superadora con las relaciones de producción como motor de la historia, ni las concepciones instrumentalistas del poder como un objeto a tomar, resolviendo “mágicamente” desde esa acción el conjunto de contradicciones y desafíos de la transformación social. Por el contrario un análisis de procesos complejos requiere ver los escenarios globales y nacionales, las transformaciones en las estructuras, tanto económicas como culturales y políticas y también las fuerzas en pugna, las prácticas sociales que son condicionadas por dichas estructuras pero a su vez pueden influir sobre ellas y transformarlas.

Para el análisis de los “progresismos” en América Latina resulta necesario incorporar tres tipos de protagonistas: los gobiernos, los partidos y las fuerzas sociales. ¿Se fortalecieron, se debilitaron, se dividieron, se unieron, ampliaron su base de apoyo, lograron objetivos específicos que se planteaban, generaron procesos nuevos de acumulación de fuerzas? Las visiones que reducen las respuestas de estas preguntas a sí o no, blanco o negro, amputan la riqueza de estos procesos y dificultan una autocrítica seria.

Un plano a considerar es el debate ideológico, la lucha por la hegemonía en materia cultural. Vivimos en sociedades conservadoras, donde los proyectos revolucionarios fueron derrotados muchas veces, con largas dictaduras que dejaron su huella y un neoliberalismo avasallante ideológicamente. El triunfo electoral de la izquierda coexistió con esa influencia cultural conservadora. Muchas veces, la subestimación de las batallas ideológicas en aras de un pragmatismo o una visión tecnocrática, termina reafirmando muchos valores del neoliberalismo y debilitando “el espíritu de los cambios”. La subjetividad no es un aspecto menor de los procesos sociales, ni una consecuencia más o menos directa de las mejoras en la condición socioeconómica.

Boaventura de Sousa Santos en el primer número de Dínamo lanzaba una afirmación fuerte “Es verdad que el progresismo fue hecho con las maneras antiguas de hacer política y por eso los resultados están ahí. Y facilitaron realmente la entrada de la derecha”.

Tal vez lo más interesante es desmenuzar cuales fueron las formas nuevas o antiguas de la política en estos procesos, qué tanto dejaron incólumnes las estructuras políticas tradicionales y cuánto lograron cambiarlas.

La democracia debe ser reinventada, dice Boaventura, con creatividad, desarrollando nuevas formas de hacer política donde las organizaciones sociales participen activamente en consultas e implementación de las políticas públicas. Esta democratización de la política  debe alcanzar también a los partidos. “Es una manera totalmente distinta de hacer política y además la única que puede impedir que el dinero domine las decisiones  político-partidarias y lograr que la corrupción deje de ser endémica”. De esta forma se abre una articulación posible entre democracia representativa y democracia participativa.

Otros pensadores importantes como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe proponen la radicalización de la democracia como estrategia finalista retomando a Gramsci para replantear la lucha por la hegemonía, sin “leyes necesarias de la historia”, ni sujetos esenciales a priori. Este enfoque incluye  las batallas tácticas y va más allá para “redefinir el proyecto socialista en términos de una radicalización de la democracia; es decir, como articulación de las luchas contra las diferentes formas de subordinación —de clase, de sexo, de raza, así como de aquellas otras a las que se oponen los movimientos  ecológicos, antinucleares y antiinstitucionales”.

Un artículo interesante de Franciso Panizza señalaba hace ya unos años que la profundización de la democracia es uno de los nudos centrales de los procesos latinoamericanos bajo gobierno de las izquierdas. De su análisis de las lógicas democráticas de representación surge una clasificación en partidistas, societarias y personalistas. No son excluyentes dice Panizza y todas ellas aisladamente tienen peligros para la democracia. Sin duda la lógica partidista es dominante en la democracia liberal. Pero el monopolio partidista de la representación puede conducir a la colonización del Estado por los partidos bloqueando la integración de otros actores al sistema político, creando verdaderas partidocracias o tecnocracias distanciadas de la población. No olvidemos la influencia de las desigualdades estructurales en el ejercicio de los derechos políticos incluyendo los mecanismos no democráticos en la financiación de partidos y campañas electorales. Por otro, lado la lógica de representación  societaria pone el énfasis en la sociedad civil como ámbito privilegiado de la democracia y la lógica de representación personalista se apoya en el liderazgo donde juegan componentes afectivos e identitarios. Panizza sitúa una gran tarea común a los gobiernos de izquierda latinoamericanos, la “democratización de la democracia”  cuya implementación sea diferente en cada país.

Democratizar el Estado y la sociedad son cuestiones interdependientes.

Democratizar la política incluye ambas dimensiones, porque ella no puede reducirse al Estado, sino que también abarca una buena parte del accionar de las organizaciones sociales y a los partidos. Si los partidos son organizaciones sujetas al poder unipersonal u oligopólico de un puñado de dirigentes, si sus militantes, adherentes o votantes no tienen opciones para participar de sus discusiones y decisiones, si las distancias entre dirección y bases son muy grandes, si los colectivos no tienen formas de contralor ético y político sobre sus representantes, hay grandes posibilidades de que las estrategias que lleven adelante no contribuyan a la democratización profunda de la sociedad. Algo similar aunque con características propias puede suceder con los movimientos sociales. Las políticas públicas pueden ser mucho más que decisiones gubernamentales, sino construcciones compartidas por distintos actores.

Romper con el patriarcado, con el racismo, con la discriminación etaria y por orientaciones sexuales, con la estigmatización de los adictos, con la violencia cotidiana en el hogar, en el deporte, en la sociedad, construir una convivencia distinta, no son aspectos menores,  secundarios frente a las cuestiones económicas. No son cuestiones privadas, separadas de la política y el Estado. Forman parte esencial de la agenda política a gestar, tanto en sus dimensiones tácticas, en las luchas actuales, como también en el horizonte de proyectos societarios distintos al capitalismo tardío que vivimos hoy.

Pensar la economía es otro capítulo de las reflexiones sobre democratización. Como decía hace poco Richard Wolff “los adultos pasan la vida en el trabajo y en el trabajo no hay democracia” reivindicando un modelo cooperativo y autogestionario.

Democratizar el Estado significa problematizar la distancia con la población, abrir nuevos y múltiples canales de participación, romper con el “autismo estatal” y con las lógicas clientelísticas de captura del Estado por los partidos. En este campo están  las iniciativas para aumentar la transparencia, garantizar  el acceso a la información, utilizar los medios electrónicos de acceso y participación, el Gobierno electrónico y más aún el Gobierno Abierto.

En Uruguay la participación de los usuarios de la salud tanto en la base como en la conducción del SNIS es una de las claves de la reforma sanitaria, con muchas más luces que sombras. En cambio la creación de Comisiones de Participación por centro educativo, un instrumento fermental para construir procesos pedagógicos más amplios, ha sido resistido desde los ámbitos gremiales y recibió escaso impulso desde las autoridades. Vale insistir que la participación social no puede reducirse a la elección de representantes. Un punto central es el desarrollo de prácticas colectivas, de procesos amplios donde la población participe como protagonista de las transformaciones.

Mucho antes de acceder al gobierno nacional la izquierda promovió estrategias de  Descentralización  Participativa, con base territorial. Existe  una larga experiencia en este sentido y constituye un grave error desestimarla  desde la política nacional en estas nuevas etapas. La descentralización participativa implica nuevas formas de distribución del poder y la construcción de nuevos poderes, la gestación y/o fortalecimiento de actores comunitarios, la consulta a la población y su involucramiento en las decisiones, la cogestión entre la comunidad y el Estado de emprendimientos y servicios. Acotarla a los temas locales es una forma de impedir su profundización. Por el contrario lo local, lo departamental y lo nacional deben articularse para responder a los problemas de la población en cada territorio y eso incluye las posibilidades de participación democratizadora. El Presupuesto Participativo, las Asambleas de Salud, las Redes de salud, de infancia, de adultos mayores, de medio ambiente, son ejemplos muy ricos sobre los cuales hay que reflexionar críticamente e innovar creativamente. Desarrollos teóricos como los de Planificación Participativa y Gestión Asociada constituyen aportes a integrar en estos debates.

La financiación de los partidos y las campañas electorales es uno de los nudos que pone en evidencia los mecanismos por los cuales el dinero, el poder económico, incide en la política. La corrupción se vuelve estructural en algunos contextos, afectando al conjunto del sistema político. Pero aún en los casos en que no alcanza esas dimensiones,  el dinero es un gran factor de poder antidemocrático en la política. En Uruguay vemos las financiaciones anónimas que tuvo el Partido Colorado, las donaciones empresariales que predominaron en las finanzas del Partido Nacional pero que también llegaron al FA, las donaciones encubiertas por el cobro de tarifas diferenciadas por parte del oligopolio de la TV, la incapacidad de la Corte Electoral para realizar los controles mínimos sobre lo declarado por los partidos. Son aspectos que afectan la calidad de la democracia. Los principios de transparencia y rendición de cuentas han tenido muchas dificultades para implementarse efectivamente.

La reducción de la política a la gestión de gobierno es un grave problema para la izquierda. Las distancias y los sistemas de relaciones que el Estado genera en relación con la población encasillan la política adjudicando roles bien acotados: elegir los gobernantes cada 5 años. Durante el resto del tiempo los ciudadanos son espectadores conformes o críticos y las fuerzas sociales desarrollan sus reivindicaciones específicas.

La política como acción colectiva y de masas sobre problemas de la sociedad no puede perder relevancia por el hecho de que la izquierda llegue al gobierno. Por el contrario debería dar un salto en calidad. Ni encerrados entre las cuatro paredes de la institucionalidad, ni anémicos apéndices del gobierno, las organizaciones políticas pueden  ser un centro de prácticas políticas hacia y con la población, con capacidad de iniciativa y movilización ciudadana, un dinamizador de ciudadanía activa y a la vez estructuras democráticas y participativas a su interna. Las fuerzas sociales son parte central de la lucha por una hegemonía antineoliberal, integrando demandas distintas en proyectos comunes, defendiendo sus intereses particulares pero desplegando también propuestas y acciones sobre los problemas generales.

Los gobiernos, los partidos y las fuerzas sociales pueden, desde sus roles, características y contradicciones, pero en alianzas, sumando fuerzas, promover formas de hacer política que salgan de los moldes tradicionales, que los superen o los complementen. Ese tipo de prácticas requiere cambios en las estructuras políticas del Estado y a la vez son condición para esas transformaciones.

*Publicado en DÍNAMO/La Diaria

http://ladiaria.com.uy/media/editions/20160613/la_diaria-20160613-dinamo_2.pdf

Gabriel Delacoste comparte su visión sobre el futuro

Gabriel Delacoste en el espacio de preguntas y respuestas da su visión del futuro. La mesa redonda, dedicada a la democratización de la sociedad estaba integrada también por Gustavo Gómez y Adriana Cabrera y moderada por Virginia Martínez. Organizada por un grupo de frenteamplistas independientes se realizó en la Huella de Seregni en el marco del ciclo de debates La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda.

Gabriel Delacoste durante el espacio de preguntas y respuestas

Gabriel Delacoste en el espacio de preguntas responde sobre el futuro del Frente Amplio y la izquierda en el Ciclo de Debates, La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. La mesa redonda, dedicada a la democratización de la sociedad estaba integrada también por Adriana Cabrera y Gustavo Gómez y moderada por Virginia Martínez. Se realizó el 26 de noviembre de 2015 en la Huella de Seregni.

Gabriel Delacoste en la mesa redonda sobre democracia

La quinta mesa redonda del Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda estuvo dedicada a La democratización de la sociedad. Frente a la pregunta ¿qué cambios políticos y jurídicos son necesarios para profundizar la democracia? intervinieron como panelistas Adriana Cabrera, Gustavo Gómez y Gabriel Delacoste. Moderó el panel Virginia Martínez. La actividad tuvo lugar en La Huella de Seregni el jueves 26 de noviembre de 2015.

Andrés Dean responde sobre la aplicación del modelo de Roemer en las empresas públicas

Momento de respuestas durante la mesa redonda destinada al modelo económico del ciclo de debates, “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. En la misma intervinieron los economistas Andrés Dean, Andrea Vigorito, Alberto Couriel y Carlos Viera. Se realizó el 5 de noviembre de 2015 en La Huella de Seregni.

El economista Andrés Dean responde sobre el monto que implicaría una renta básica universal

Momento de respuestas durante la mesa redonda destinada al modelo económico del ciclo de debates, “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. En la misma intervinieron los economistas Andrés Dean, Andrea Vigorito, Alberto Couriel y Carlos Viera. Se realizó el 5 de noviembre de 2015 en La Huella de Seregni.

Carlos Viera en momento de preguntas

Mesa redonda sobre modelo económico durante el ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda.
Como panelistas participaron los economistas Andrea Vigorito, Andrés Dean, Alberto Couriel y Carlos Viera.

Andrea Vigorito responde a Lucía Lago sobre el rol de la economía y la política

Momento de preguntas y respuestas durante la mesa redonda destinada al modelo económico en el ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. En la huella de Seregni, el 5 de noviembre de 2015.

Alberto Couriel responde durante la mesa redonda dedicada al modelo productivo

Momento de preguntas durante la mesa redonda destinada a modelo económico del ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. En la misma participaron los economistas Andrea Vigorito, Andrés Dean, Carlos Viera y Alberto Couriel.

Carlos Viera sobre modelo económico

Intervención del economista Carlos Viera en la mesa redonda sobre modelo económico durante el ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda el 5 de noviembre de 2015 en la Huella de Seregni. Particiaron también Andrea Vigorito, Alberto Couriel y Andrés Dean. Moderó Lucía Lago.

Intervención de Andrés Dean durante la mesa sobre modelo económico

Intervención de Andrés Dean durante la mesa sobre modelo económico en el marco del ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. La misma tuvo lugar en la Huella de Seregni el 5 de noviembre de 2015. Participaron también Andrea Vigorito, Alberto Couriel y Carlos Viera. Moderó el debate Lucía Lago.

Intervención de Andrea Vigorito durante la mesa redonda sobre modelo económico

Mesa redonda del 5 de noviembre de 2015, en el marco del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda” en la que intervinieron junto a Andrea Vigorito, Andrés Dean, Alberto Couriel y Carlos Viera. Fue moderado por Lucía Lago y tuvo lugar en La Huella de Seregni.

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Jueves 5 de noviembre, continuando con el ciclo de debates, trataremos El Modelo Económico

Cuarta mesa redonda del ciclo “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Hablarán sobre el modelo económico: Alberto Couriel, Andrea Vigorito, Carlos Viera y Andrés Dean. Modera: Lucía Lago. El jueves 5 de noviembre a las 19.30hs en la Huella de Seregni.

Tradición de asilo. Agenda de derechos de nuestra política exterior

Por Milton Romani Gerner

Soy de los convencidos que la política exterior va mas allá del reduccionismo comercialista que pretende posicionarse en el mundo solo desde un razonamiento economicista. Un país como el nuestro se posiciona en el mundo y abre puertas también y fundamentalmente con bienes intangibles. La agenda de derechos es una de ellas. Al despedirme como Embajador, del Consejo Permanente de la OEA (agosto del 2014) subrayé este pilar de nuestra política exterior.

¨Uruguay avanza en derechos pero lo hace sobre las tradiciones progresistas. Como la de asilo y refugio que tuvo acciones ejemplares como la del diplomático Florencio Ribas que en 1938 siendo Cónsul en Hamburgo, al otro día de la Noche de los Cristales Rotos, encontró 150 judíos en su jardín y enfrentó a la GESTAPO envuelto con una bandera uruguaya. Les dijo que a su casa, territorio uruguayo, solo entraban con el permiso de su gobierno o de él. Esos refugiados se salvaron y viajaron a Uruguay. Como la del Embajador Carlos María Gurmendez, que salvó en Holanda a 20 hombres y mujeres, incorporándolos como funcionarios y viajando hacia Suiza primero y luego a Lisboa. Las vicisitudes de este grupo, recopiladas en un relato escrito Reminiscencias, hasta ahora no conocidas, me han sido entregadas por la familia de Kurt Ibson (Israel) que insólitamente viven enfrente de lo que fue mi hogar en Maryland. Las circunstancias mágicas de este encuentro con la Sra. Susan Baron y Violeta, una de mis nietas, merecería un discurso entero.¨
Efectivamente, a pocos días de haberme instalado en Chevy Chase, barrio paquete de Maryland veo a mi nieta Violeta, hablando con una amable vecina que le estaba enseñando algunas palabras en ingles. Me presenté, y como era nuevo en la vecindad (todavía no estaba la bandera en mi residencia) le dije que era Embajador de Uruguay ante la OEA. La mujer abrió sus ojos, se tomó el pecho con las dos manos y me dijo ¨Oh my god, are you an ambassador of iuruguay? No es corriente que Uruguay sea conocido así, con tanta facilidad. Mucho menos encontrar a una norteamericana que casi colapsa de la emoción, de tal magnitud que ese día no pudo explicarse bien, o yo no entendí suficientemente. Susan Baron, tenía guardado hacia años el manuscrito de “Reminiscences” de su ex suegro Kurt Ibson que había huido de Alemania hacia Holanda y cuando los nazis avanzan sobre los Países Bajos, junto con otros 20 judíos buscó refugio en nuestra misión encabezada por el Emb. Carlos María Gurmendez. Hice llegar todos los manuscritos a la Cancilleria, hablé con la familia Gurmendez y los puse en contacto. Porque toda la familia Ibson, que terminó en EEUU, tenía un agradecimiento inconmensurable al Uruguay y un altísimo concepto de nuestros embajadores.

En un excelente trabajo de investigación de la Lic. Cristina Mansilla, Tercer Secretario de nuestro Servicio Exterior, ¨La tradición de Asilo en Uruguay¨, http://segib.org/colaboraciones/files/2010/09/Uruguay-La-tradicion-de-asilo-en-el-Uruguay.pdf cita un trabajo de Hugo Cores:

“Uruguay tiene desde el siglo pasado [XIX] una rica tradición de receptividad y acogimiento a gente perseguida por razones políticas, aún por razones políticas altamente conflictivas y que tiene que ver con acontecimientos dramáticos y que fueron recibidos en nuestra patria, se incorporaron a la vida cultural, social, artística, deportiva, sindical y política y que contribuyeron a darle al Uruguay prestigio internacional y en el plano interno enriquecer su vida. (…) Lejos de ser un factor de perturbación o de distorsión de las relaciones internacionales, prestigia a un país ser consecuente con ese principio de derecho internacional, es principio de avance en la concepción de los derechos humanos.” H Cores, Reseña histórica del Asilo Político y Extradición, Centro de Estudiantes de Derecho – FCU 1993.

La recordada y querida Luce Fabbri relataba su llegada a Uruguay, junto a su padre Luigi y su familia, perseguidos por el fascismo italiano y la gran cantidad de luchadores antifascistas que recibieron refugio y asilo, naturalmente. Relata también, como lo harían todos los anarquistas de la FORU, la acogida y refugio que recibió en el año 30 Simon Radowitzky, que luego de 20 años preso y torturado en el Penal de Ushuaia. Radowitzky, sentenciado por el atentado contra el Cnel. Ramon Falcón, Jefe de Policia responsable de la represión contra la manifestación del 1 de mayo de 1909 que dejó el saldo de varios muertos, fue indultado por Irigoyen y expulsado de Argentina. Viajó sin documentos a Montevideo y allí vivió hasta que la dictadura de Terra lo recluyó en Isla de Flores. Dictadura que expulsó como indeseables a Hugo Treni (Ugo Fedelli), Antonio Destro, Barca Giacomo y Julio Stepani militantes anarquistas de origen italiano acusados de subversión. Ugo Fedelli junto a su esposa Clelia y su pequeño hijo morirían en la isla de Elba donde fueron concentrados por Mussolini.
La tradición de asilo y refugio en el Rio de la Plata solo fue quebrada y envilecida por las dictaduras que desplegaron la coordinación represiva que hoy se conoce como Operación Cóndor. En momentos trágicos, Wilson Ferreira Aldunate decía: ¨Hace casi tres años, a consecuencia de los acontecimientos políticos ocurridos en el Uruguay, Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini y yo confiamos, como multitud de otros compatriotas, nuestra seguridad y la de nuestras familias a la protección de la bandera argentina (…)Así había sido siempre.

“Cuando nosotros –hablo también en nombre de mis compatriotas asesinados– integramos el gobierno uruguayo, acogimos en nuestra tierra a los perseguidos que llegaban a ella, procedentes de todos los sectores políticos y sociales, sin preguntar siquiera a cuáles pertenecían: eran argentinos y eso bastaba. Cristianos y marxistas, civiles y soldados; radicales en 1930; antiperonistas en la década del 50; peronistas desde 1955; antiperonistas luego, fueron recibidos y protegidos con fraterna solidaridad. Procedimos así, no sólo obedeciendo los dictados de nuestro honor, sino también porque, de haber querido hacer lo contrario, nos lo hubiera impedido el país entero, aferrado a una nunca desmentida tradición nacional. ¨
Era la Carta abierta a Jorge Rafael Videla que culminaba así: ¨Cuando llegue la hora de su propio exilio –que llegará, no lo dude, General Videla– si busca refugio en el Uruguay, un Uruguay cuyo destino estará nuevamente en manos de su propio pueblo, lo recibiremos sin cordialidad ni afecto, pero le otorgaremos la protección que usted no dió a aquellos cuya muerte hoy estamos llorando”.

Publicado en “Voces”