42 AÑOS DEL ASESINATO DEL OBISPO DON OSCAR ROMERO por Antonio Coelho Pereira

En el día de ayer se cumplieron 42 años del asesinato del Obispo de El Salvador Don Oscar Romero. El momento de su ejecución fue muy simbólico los sicarios lo balearon mientras celebraba la eucaristía matinal en una capilla de monjas que atendían un hospital y su sangre se mezcló con la de la Eucaristía. Prefiero llamarlo de Don Oscar Romero y no de santo, porque siendo Don sigue perteneciendo a los mártires del continente, mientras el santo lo coloca en los altares de la Curia Romana. Seré muy breve en su historia, fue colocado como un conservador de Obispo por Roma en 1968 en El Salvador para dialogar con la dictadura militar y luchar contra la “infiltración comunista de la teología de la liberación naciente”. La primera celebración que realiza en una parroquia popular, manda cambiar todos los cantos por ser “música revolucionaria” no litúrgica. Ya al año conociendo los dolores y sufrimiento de su pueblo vuelve a la misma parroquia y luego de la bendición inicial dice “yo quiero delante de todos arrodillarme y pedir perdón por interferir autoritariamente en la celebración, con criterio errado y de una manera equivocada”. Ante el asesinato del Padre Rutilio Grande y otro sacerdote, fue convirtiéndose en un hombre que dio su vida para salvar la vida de su pueblo de labradores, mujeres, indios. En la misa de los domingos de las nueve de la mañana en la Catedral él reunía a todas las comunidades para denunciar las injusticias y ataques a los DDHH por parte de la dictadura. Fue así que cambió la comodidad del poder por el servicio al pueblo y el martirio.

Su ejemplo no es el único. América Latina tiene una larga historia de persecuciones, asesinatos y desapariciones de personas vinculadas a las iglesias y comprometidas con las luchas populares. Todavía hoy en Colombia asesinaron 40 líderes comunitarios en enero y febrero de 2022. En memoria de Don Oscar Romero debemos decir basta a estas violencias y a la represión como forma de abordar las grandes injusticias de nuestro tiempo.

Antonio Coelho Pereira

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