“LA RENOVACIÓN IDEOLÓGICA ES UNA NECESIDAD” Entrevista a M.Fernández Galeano*

Fernández Galeano apoya la candidatura de Pacha Sánchez

Nos recibió en su oficina de la Organización Panamericana de la Salud y como siempre se mostró dispuesto a hablar de política. Le preguntamos sobre el juicio de Philip Morris, sobre el Frente Amplio (FA) y sus elecciones internas. Hablamos con Miguel Fernández Galeano, un militante frenteamplista de todos los tiempos, un ser político que dice lo que piensa, sin guardarse nada.

Rolando W. Sasso

El ex subsecretario de Salud Pública, actual frenteamplista independiente, reflexionó que habrá que trabajar mucho para recuperar a la fuerza política que todos queremos, para que siga siendo la herramienta de cambio que requiere el pueblo uruguayo.

¿Qué puede rescatar del período en que fue edil de la Junta Departamental de Montevideo?
Fui edil suplente por el MPP de Tota Quinteros y Graciela Possamay, donde tuve varias veces la oportunidad de ser coordinador de bancada. Fue un momento muy interesante porque en ese período instalamos la idea de que más allá del peso que tuvieran los distintos sectores, era importante que en el primer gobierno progresista que tenía el país, estuvieran expresadas todas las fuerzas y la síntesis política que era el FA.
Participamos de un momento muy importante del Frente, porque a diferencia de muchos problemas que tenemos hoy, importaba por encima de todo, el proyecto político. Había una preeminencia del proyecto por sobre lo sectorial y más aún sobre el destino personal de los que estábamos militando allí. Eso es una cosa que el Frente tiene que recuperar y espero que la instancia de las internas, coloque de nuevo esa idea de trascender lo sectorial –sin negarlo– y que los sectores mayoritarios permitan que todos los puntos de vista se expresen.

Pero había diferencias entre los sectores…
Sí, había diferencias, no era una cosa idílica, pero esas diferencias eran superadas por la idea de que nada era más potente que incorporar el punto de vista de todos. Y eso no era un acto de mera generosidad ingenua, porque la unidad es una necesidad política y no un tema de buenos modales. Hay que entender la unidad como factor de síntesis; se insiste mucho con que Seregni matrizó la idea del consenso (que lo pronunciaba de manera particular) pero el FA siempre tuvo grupos hegemónicos y grupos minoritarios, y el mejor desempeño del Frente fue cuando el grupo hegemónico incorporaba el punto de vista de las minorías. Ese es el FA que hay que rescatar.

El Frente ha cambiado, ya no es el mismo del 71, ni el del 85, ni el del 90…
No lo es, tampoco es el del 2000 o el del 2005 cuando ganamos el gobierno nacional. Porque entre otras cosas se agotó el proyecto político. No quiere decir que no haya más nada que hacer, quiere decir que –como en el amor– cuando se agota hay que buscar nuevas maneras de recrear la razón de ser del FA, que es que la gente viva mejor. Y todavía hay mucha gente que vive muy mal y todavía hay mucha desigualdad.
Entonces lo que hay que hacer ahora es pensar cuál es la agenda política de la fuerza –no sólo del gobierno– para seguir transformando la situación social, política, económica y cultural del Uruguay.
Esa agenda hay que elaborarla no haciendo más de lo mismo, ni haciendo igual lo que se ha demostrado que no funciona. Si en materia económica hacemos lo que históricamente se ha hecho, es decir, vienen los períodos contracíclicos y yo me retraigo, en lugar de pensar una política proactiva, sería no tomar en cuenta que nosotros rompimos muchos mitos. La crisis no empezó ahora sino en el 2008 y nosotros dijimos que el contexto externo no es el que explica la existencia de políticas transformadoras, sino que lo explica la voluntad política de trabajar para resolver el problema de la desigualdad, del salario de los trabajadores que es un elemento central.
Esto rompe con todas las teorías económicas y sin embargo estuvimos siete años haciéndolo, pero ahora volvemos al miedo de que el salario traiga inflación. Nadie dice que el salario tenga que mantener el nivel de crecimiento que tenía, pero que no pierda su poder adquisitivo.

La agenda del FA tiene que construirse en contacto con la gente, pero ¿se ha perdido el contacto con la gente?
Se ha perdido en términos reales, lo cual es muy grave, y se puede perder la sensibilidad política de que es con el movimiento social que se construyen las transformaciones. El FA es una condición necesaria, pero no suficiente para los cambios. Los cambios solo se pueden producir si hay un bloque social y político para sostenerlos. Esto es muy obvio, pero cuando llegamos al gobierno, parece que eso puede olvidarse y no hay nada peor que el gobierno fagocite al partido, que el gobierno se coma la política y terminemos teniendo una nomenclatura de cargos en el gobierno, sin diálogo con la gente.

¿Y dónde está la clave?
La clave es el modo de hacer y de construir pensamiento y acción política, en diálogo muy directo con la gente y desarrollando respaldos para las transformaciones con niveles de autonomía importantes. Como siempre decían los viejos anarquistas, el movimiento sindical y social tienen que tener un grado importante de autonomía de los partidos y del Estado. Y yo siempre pensé que la fuerza política tiene que tener autonomía del gobierno y el gobierno su autonomía de la fuerza política.
Una cosa es que el gobierno deba mantenerse fiel a las grandes carreteras del programa y otra es que el gobierno tenga que responder miméticamente a lo que diga la fuerza política. Ahora bien, la fuerza política tiene que tener capacidad de crítica, capacidad de reacción frente a lo que el gobierno hace y dice. Por eso me pareció bien cuando al Pacha Sánchez le preguntaron por el aumento de $ 200 a los jubilados, dijo “es un error político”. Nosotros tenemos que recuperar la capacidad de pensar críticamente como fuerza política, lo cual no significa ponerse a tirarle piedras al gobierno.
Todo esto tiene que ver con una idea gramsciana de hegemonía cultural que yo la sintetizo así: cuando vi la encuesta donde le preguntaban a los uruguayos por la razón de la pobreza y el 70% respondió (después de dos gobiernos nuestros) que era por la gente que no quiere laburar, entendí que estábamos perdiendo la batalla ideológica. Si la gente que nos vota entiende que el pobre es producto de la holgazanería, es porque estamos perdiendo la batalla cultural. Entonces esa es la batalla que tiene que dar el Frente.

¿Cómo recuperar el ida y vuelta con la gente? Porque los Comités de Base no funcionan…
Es una herramienta que hay que rescatar, pero hay que generar otras. Mirá, la primera cosa es laburando mucho. Hay que tener la capacidad de trabajar muchas horas para que la gente se movilice y te crea. Yo recuerdo en la campaña del 71, cuando iba al Comité que estaba a cuatro cuadras de mi casa, que ahí estaba la gente. Era la herramienta del momento y la edad media entonces era de 25 años.

Pero ahí se discutía de política, lo cual no sucede hoy…
Porque ahí no llegaba el orden del día oxidado de la Mesa Política. Ahí no había senadores barriales –con todo respeto a los compañeros que son delegados– porque el problema es cuando los que representan a un organismo se conforman con ser los representantes y no se preguntan a quién representan. Porque para saber lo que piensan los frenteamplistas tenés que fajarte en discusiones políticas con los frenteamplistas.
¿Cómo recuperar las dinámicas participativas? Yo creo que, con creatividad, con audacia y trabajo y para eso se precisa gente joven.

¿Qué papel debe cumplir la ideología en ese rescate del Frente?
Tiene que jugar un papel muy importante sin partir de un modelo ideológico totalmente acabado por el cual haya que caminar. Yo pienso hoy –a través de mi experiencia política– que la construcción de la ideología es un proceso muy dinámico, interactivo y que no es una fórmula cerrada. Hay que saber que la renovación ideológica es una necesidad muy importante, que hay que trabajar en ese plano, pero para que eso acontezca, hay que abordar el tema de la formación. No con esquemas viejos, sino creando foros ciudadanos para construir ideología y pensamiento. Aprovechando lo que haya del tema acumulado, reconstruir, renovar y recrear un marco ideológico amplio para un frente y una coalición como el FA, cuidando de no matar los múltiples sectores que tiene, en términos de proyectos estratégicos.

Yo voto al Pacha
Esto no lo dije en ningún lado, lo digo acá por primera vez. A mí me hablaron para ser un eventual candidato de consenso a la Presidencia del Frente Amplio y aunque es algo que me halaga, yo pensé que estaba manejándose el nombre de un tipo que podría ser mi hijo. Todavía no había sido nominado, pero me di cuenta que para dinamizar el Frente se precisa energía, entrega y una cuota de riesgo – que te guste o no, después de los 50 tenés menos y después de los 60 tenés menos aún– y Pacha tiene casi treinta años menos que yo. Para construir en el Frente hay que recorrer y buscar la realidad incansablemente, eso es imprescindible. Hay que estar con la gente, generar herramientas de diálogo, escuchar y lograr credibilidad. Correr el riesgo de equivocarse, reconociéndolo y rectificar el rumbo. Dar lugar a la emancipación de las cabezas y a que la gente se sienta construyendo políticas.
Por todo eso voto al Pacha sin importarme el sector político al que pertenece.

La demanda de Philip Morris
Se ganó el juicio y fue un triunfo para el país, pero si Uruguay hubiera sido pusilánime cuando la tabacalera amenazó con llevarnos a juicio, si no hubiéramos tenido la decisión política de seguir el camino trazado, aunque la multinacional se opusiera, hubiéramos seguido una política antitabaco tibia. Hubiéramos retrocedido en el tema perdiendo soberanía, aun sabiendo que el tema era justo. Acá lo que hubo fue voluntad política de pisar cayos para seguir transformando, porque si no tenés voluntad de tocar intereses no cambiás nada.

*Entrevista publicada en El cambio.uy. 23/7/16

El Colorado Fernández Galeano
Le dicen el Colorado y es del barrio La Mondiola, de toda la vida. Nació en 26 de Marzo y Luis Alberto de Herrera y sigue viviendo allí, “donde estaba el boliche de mi abuelo Galeano, que se vino de España y con mucho sacrificio puso almacén, bar y cancha de bochas”, dice. En ese tiempo La Mondiola era barrio, barrio. Fue al liceo Nº 7 Joaquín Suárez y a partir de las movilizaciones por el boleto estudiantil, comenzó su militancia. Después pasó al Iava y estuvo en la formación del FER (Frente Estudiantil Revolucionario). Militó en el Comité de Base del FA, dentro de las tendencias más de izquierda. Luego participó en la discusión que dio paso a la fundación del PVP en Buenos Aires. Después vino el exilio en España y el retorno al país donde se graduó de médico en 1990.
Fue edil de la Junta Departamental de Montevideo: 1990-95; director general de la División Salud de la Intendencia capitalina: 1995-2000; director general de Salud y Programas Sociales de la Intendencia de Montevideo: 2000-2005; subsecretario del Ministerio de Salud Pública: 2005-10; presidente de la Comisión Honoraria Administrativa del Fondo Nacional de Recursos: 2005-10; presidente de la Comisión Nacional de Lucha contra el Sida: 2008-13; actualmente es consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en sistemas y servicios de salud.

TENGO RAZONES por Adriana Cabrera Esteve

Ante las elecciones internas que se avecinan debo decir que también yo soy parte del club de los desmoralizados. Luego de militar cuarenta años en un partido y de estar junto a otros compañeros a cargo de su medio de prensa, un grupo de integrantes de la dirección decidió interrumpir su impresión. Así, sin más. Pensé que la censura no era una actitud de izquierdistas y me fui junto a otros compañeros y lo hicimos público. Como todas las rupturas fue dolorosa y los relatos que circularon sobre ella aún más. Está claro que no somos los únicos. Otros compañeros tendrán otras razones para haber abandonado sus partidos o sus comités o las organizaciones sociales a las que habrán dedicado su vida. Seguramente los maestros estarán desencantados después de oír a la Ministra de Educación menospreciarlos; lo mismo que los militantes de organizaciones de derechos humanos al oír al Ministro de Defensa estigmatizarlos gratuitamente. Y la lista de errores de quienes se constituyen en personajes, sigue. Sin embargo, los desencantados tenemos que reconocer que la lista de aciertos es tan larga que resulta difícil enumerarla. Porque el FA es eso, un espacio heterogéneo de corrientes que confluyen en la necesidad de cambiar la sociedad para más justicia social con diferentes ideas sobre cómo hacerlo. Y mientras unos meten la pata, otros tiran y tiran para adelante. Impulsan la transformación del Sistema de Salud; la disminución de la pobreza; la eliminación de la indigencia; planes de vivienda; el cambio de matriz energética; entran a los cuarteles a buscar los restos de los desaparecidos; eliminan con un solo decreto todas las decisiones de los gobiernos blancos y colorados que ampararon a los criminales de lesa humanidad en la impunidad; reconocen derechos de género; impulsan leyes contra el monopolio mediático que tanto mal ha hecho en otros países de AL; impulsan un sistema nacional de cuidados y no puedo seguir enumerando porque necesitaría mucho más espacio.

Al mismo tiempo, estas elecciones internas del Frente Amplio se dan en un marco de avance regional de los partidos conservadores. Pero en Uruguay no está dicha la última palabra. Estamos en condiciones de mirar las experiencias de nuestros vecinos y aprender de ellas y en eso se juega, no sólo el destino de los uruguayos más necesitados sino las perspectivas regionales en un momento de crisis de expectativas y de una fuerte desmemoria construida a través de los medios masivos de comunicación y de la globalización de la desinformación. Es así, que cuando se habla de corrupción en la región, la derecha intenta mostrarla como si se diera en Uruguay en la misma dimensión. Cuando asistimos a un linchamiento político de la Presidenta de Brasil sin pruebas y con un relato falaz creado por los grandes medios, la derecha uruguaya se frota las manos y juega a la confusión y al “fin de ciclo”. Se suben a las redes fotografías tomadas en otros países. Se intenta confundir a la ciudadanía.

En ese marco, la desmoralización y la perplejidad de los frenteamplistas son enormes. No aparecen entre los candidatos liderazgos indiscutibles, lo que es bueno. Porque como ha afirmado el Pacha Sánchez, a quien apoyo, nadie puede revertir sólo la desmoralización y el descreimiento. Tiene que haber un impulso colectivo por recuperar la herramienta de cambios y ponerla a pelear la hegemonía política y cultural con la derecha.

Pensar en crear un acuerdo estratégico es válido y hacia él habrá que caminar pero así pelada, la idea deja en blanco a los frenteamplistas y el voto se convierte en un acto de confianza. Las correlaciones de fuerza son, existen, y se actúa sobre ellas, no convocando a un gran acuerdo sino gestándolo desde las prácticas y miniacuerdos cotidianos. Entre otras cosas porque el Frente Amplio es unidad en la diversidad, y es bueno que lo sea. No queremos un frente homogéneo, alineado con líderes indiscutibles. Queremos un Frente que haga política con dimensiones humanas.

Y aquí cabe recordar las palabras del inspector Guarteche cuando parafraseaba a un amigo afirmaba que era sorprendente todo lo que se puede avanzar cuando deja de preocuparte quién se lleva los premios.

Hoy la gran batalla es pelear la hegemonía cultural con la derecha y para eso hay que opinar y votar desde adentro de la herramienta política que ha forjado el pueblo en décadas de historia y que condensó las luchas por derechos y libertades de otras tantas décadas anteriores.

Años de autoritarismo nos enseñaron a valorar las instancias democráticas. En un mundo en el que las corrientes populares deben llevar adelante sus campañas electorales a contrapelo de la inversión que hacen las grandes corporaciones para construir las candidaturas que les son afines, el FA da un ejemplo al elegir democráticamente sus direcciones. No la desperdiciemos en el escepticismo.

UNA OPORTUNIDAD PARA REACCIONAR por Pablo Anzalone

El 24 el Frente Amplio da un ejemplo de democracia política para el país, eligiendo su presidente y todas sus autoridades representando bases y sectores, a nivel nacional y departamental, a través del voto de sus adherentes. En un sistema político que corre el riesgo de alejarse de la población, este tipo de consultas son oxígeno para sus protagonistas. Aunque voten menos que las elecciones anteriores, serán una apuesta a encarar los problemas con la gente y no lejos de ella.

Desde que asumió el gobierno nacional el Frente Amplio no ha podido definir una estrategia propia que no reduzca la política a la gestión de gobierno. Tampoco ha buscado con tenacidad e iniciativa formas de relación con las organizaciones sociales para sumar fuerzas en pos de los procesos de cambio. Le ha costado dar la lucha ideológica contra las ofensivas de la derecha y muchas veces son sus propios debates los que ocupan la escena política.

En mi opinión, el problema principal es la dificultad para rescatar la política como práctica colectiva para transformar la realidad en cada plano donde hay desigualdades y falta de derechos.

Como ya se ha demostrado no alcanza una presidencia con buenas intenciones, aún si tiene disposición a movilizar la vida interna y el accionar externo. Se precisan muchas voluntades y debate político fraterno, que formulen la estrategia y la pongan en práctica con planes de trabajo, campañas movilizadoras, mojones claros para la población.

Lo primero para cambiar al FA es darse cuenta que nos jugamos el destino político como izquierda y como país. Este es el tiempo político para reaccionar. Luego puede ser tarde.

El contexto regional nos muestra que los procesos de izquierda pueden ser derrotados por derechas neoliberales por elecciones o por golpes. Pero aún los golpes como en Brasil son posibles por las debilidades y los errores de la izquierda.

El gobierno frenteamplista ha dado algunos pasos que lo distancian de su base social y política. Por ejemplo, las pautas salariales que comprometen el salario real y motivaron un enorme paro general. Está a tiempo de corregirlos, como hizo con la detención del Antel Arena. Hay un debate sustantivo sobre las estrategias de desarrollo y sobre  las políticas de acumulación de fuerzas.

Reconstruir la agenda de cambios profundos implica retomar la iniciativa. Pero esos temas no deben concebirse sólo como políticas de gobierno, sino también como acciones de la sociedad civil, de los movimientos sociales o iniciativas partidarias. El Frente Amplio tiene una oportunidad para salir del letargo y la inercia, para poner prioridades en la agenda y transformarlas en acción, dinamizando una confluencia social y cultural amplia.

Este proceso eleccionario comenzó sin debate político. Sin embargo hoy los candidatos han desplegado opiniones interesantes sobre varios temas, con una posición crítica y autocrítica hacia la fuerza política. En particular quiero señalar mi coincidencia profunda con Roberto Conde cuando plantea la necesidad de lograr un acuerdo en la estrategia de la izquierda ante la crisis del capitalismo. Defender lo logrado es lo primero y que la crisis no la paguen los sectores populares. ¿Cómo seguir? Requiere pensamiento crítico y respuestas innovadoras. Y también mi acuerdo  sustancial con Pacha Sánchez sobre “transitar una nueva etapa en la vida del Frente Amplio, en la cual será necesario escuchar mucho, hacer más y seguir soñando con una sociedad sin excluidos”. Comparto su énfasis en que todos los que quieran aportar al FA puedan hacerlo de múltiples formas, combinando acciones presenciales y participación en redes. Acuerdo que precisamos romper el statu quo que existe en el FA dando los debates que definan al proyecto político de la izquierda y sus valores. Y lo conviertan en acción política, en protagonismo popular, en prácticas colectivas transformadoras.

Es una lástima que el Pacha y Roberto no hayan logrado sumar fuerzas en esta consulta.

ALGUNOS INTERROGANTES PARA LOS FRENTEAMPLISTAS

Escribe Pablo Anzalone

La situación actual del Frente Amplio  exige una reflexión  sobre un conjunto de temas decisivos para la izquierda. Roberto Conde, Pacha Sanchez, Jose Bayardi, Javier Miranda están propuestos para presidir al FA y los frenteamplistas decidirán. Lo que está en juego no son sólo las capacidades o las dificultades  de estos compañeros para conducir al FA, sino las ideas fuerza que proponen. ¿Para qué elegir un presidente del FA? ¿Para hacer qué?

 – ¿Autocríticas o conformismos?  Rumbos  y estrategias del FA para el período.  El Frente Amplio desarrolló un proceso de autocritica interesante en los años 2010-2011 y se adoptaron resoluciones  sobre estrategia para el período. Hay  conceptos fuertes en las autocríticas y en las estrategias acordadas. La experiencia posterior demostró que no se transformaron  en planes de acción y eso merece análisis. Los ejes de acción 2016- 2020 deberían tener en cuenta aquellas definiciones.

 – ¿Hay acción política del FA hacia la población en la actualidad? La política no puede reducirse al funcionamiento del Estado y las campañas electorales cada cinco años. La historia de las luchas populares en Uruguay tiene sus puntos altos  en campañas de masas como los plebiscitos contra las privatizaciones, o  el “Noalabaja”. Hacer política con la gente exige una actitud de escucha y  propuestas que contribuyan a que la población  se involucre en procesos de cambio. De ahí la posibilidad de campañas políticas sobre temas priorizados.

Por ejemplo, una campaña por más igualdades. Es decir por una plataforma democratizadora. Una campaña por los derechos de la infancia y adolescencia (miremos experiencias como el “Noalabaja”, “Serjovennoesdelito”, etc.). Una campaña contra la violencia hacia la mujer, hay que decir “basta de feminicidios”, por un cambio en la sociedad patriarcal. O una campaña por el medio ambiente , por un mundo menos contaminado para nuestros hijos. Sumarse a iniciativas como el Plan Nacional de Agroecología. Apoyar  la política sobre drogas. Promover una política pública de alimentación saludable. Volver a levantar la estrategia por la vida y la convivencia, enriquecerla con iniciativas.  Construir planes de salud con la comunidad basados en objetivos sanitarios y acciones acordes. Replantear la educación como una tarea de muchos, incluyendo las familias, el entramado barrial. Una gran batalla es la democratización de los medios de comunicación, implementando la ley de medios aprobada. También la financiación de los partidos políticos y las campañas electorales son  un tema ineludible para democratizar el sistema político. Todos estos temas  hacen a cuestiones centrales de la sociedad, a sus valores, a la calidad de vida.  El FA puede ser un promotor de estas luchas, sin afan de control, sumando con otros. “Crear agenda” a nivel nacional con estos temas, es un tipo de política activa, que nos ha faltado como FA.

Tiene mucha razón Conde cuando señala que hay una actitud de izquierda ante la crisis del capitalismo mundial, que pasa por defender los avances logrados y profundizarlos, ampliando la agenda.

– ¿Podemos darnos el lujo de desestimar las alianzas sociales, de lesionarlas profundamente?  El FA  creció como fuerza política con un concepto estratégico central: la creación del bloque social de los cambios. Las ultimas décadas han modificado ese entramado social, debilitándolo en ciertos casos, fortaleciéndolo en otros. Existen  fracturas y contradicciones dentro de ese conjunto social.  Hay resistencias a los cambios y también apoyos. Pero de ninguna manera la estrategia de construir esas alianzas sociales ha perdido vigencia. Por el contrario las expectativas de que una opinión pública conservadora  pueda sustituir el respaldo popular han demostrado su fracaso. La tentación de contribuir a la estigmatización de los actores sociales populares es un camino suicida para la izquierda.

 – ¿Por qué seguimos teniendo  fracturas y desigualdades en tantos planos de la sociedad?  La reducción sustantiva de la pobreza y la indigencia, el descenso de la desocupación, la mejora del empleo,del salario real, de las jubilaciones, del salario mínimo, el incremento de la inversión social, son grandes logros a destacar. Al  mismo tiempo  hay graves  desigualdades por razones de clase, de edad, de género, de orientación sexual, de territorio y de etnia. No podemos resignarnos a ellas, ni dejar de señalarlas públicamente.  La pobreza infantil  continúa siendo un gran problema social  y  generar otras posibilidades para la infancia y la adolescencia es un desafío insoslayable. Hemos llegado a un punto en que la violencia de género (y las relaciones patriarcales), deben cambiar. El Sistema Nacional de Cuidados avanza hacia una protección social superior. En estas cuestiones el Frente Amplio debe   actuar políticamente.

 -¿Qué ha pasado en la vida interna del  FA ? ¿Es posible una revitalizacion? Un funcionamiento  basado en la recepción vertical de informes, solo conduce a la pasividad.  Por el contrario una estrategia  de movilización política necesita que la información circule informáticamente y el centro de la vida interna sea la discusión política y la acción hacia el barrio. Las instancias presenciales y los vinculos via web son complementarios y deben potenciarse unos a otros. Cursos, talleres, consultas e intercambios amplios, por via web, pueden aprovecharse mucho en este tiempo donde la conectividad se masifica.

No solo la estructura común se ha debilitado.Hay una crisis de participación y de producción de ideas en los sectores. Hay menos participación porque no hay nuevas ideas y formas de hacer política que convoquen y le den un lugar a la militancia.

Cuando se debilitan las ideas y la acción, crecen los sectarismos, las pugnas de poder sectorial o personal. Si la estrategia es esperar a que el gobierno haga las cosas, los militantes solo pueden  aplaudir o por el contrario enojarse, pero no   figura en esas opciones el “hacer” para que la sociedad  cambie.

 – Reivindicación de la política.  Frente el descreimiento cabe reivindicar la política como acción colectiva para transformar la realidad. No solo los partidos  hacen política, hay muchos otros actores. Pero los partidos no son sustituibles. Tiene un rol propio y articulado con el gobierno que va mas allá de elegirlo cada cinco años, es de seguimiento del programa y de debate de las encrucijadas estratégicas como el TLC o el TISA (como puso a consideración Tabaré). Son un grave error las afirmaciones de Javier Miranda que ponen al FA  en el casillero de “lo privado” y comparan el vínculo con su gobierno con el que puedan tener la Cámara de Comercio, la Unión de Bancos o la Asociación Rural con gobiernos de derecha.

Gobiernos, fuerzas sociales y partidos son los grandes protagonistas de los procesos de cambio en América Latina.

Miremos a los países vecinos, lo que haga el FA en los próximos años será definitorio por un largo período, creará avances o derrotas.

Entrevista a Roberto Conde: Reiniciar el Frente Amplio

Tenemos que reiniciar el Frente Amplio” afirma Roberto Conde, uno de los cuatro candidatos a ocupar la presidencia del FA, “es un término informático pero es válido”. No por eso deja de resaltar que los logros del gobierno frenteamplista son lo más avanzado que se ha logrado en el último medio siglo. “Sólo nosotros podíamos haberlo hecho y sólo nosotros podemos continuarlo”. Con él nos entrevistamos con miras a formar opinión hacia las elecciones internas del 29 de mayo del corriente.

¿Cómo ve la situación actual del Frente Amplio?

La cuestión fundamental es el hecho de que el Frente Amplio ha instaurado un conjunto de avances en todos los órdenes de la vida del Uruguay. Es lo más progresista, lo más tendiente a la justicia social, lo más avanzado que el país ha logrado hacer en los últimos 50 o 60 años.

Todo tipo de campaña que queramos encarar ahora tiene que partir de valorar esos avances y entender que son el resultado de la lucha de un pueblo entero. Que han cristalizado en realizaciones, que están incompletas pero existen. Sólo nosotros podíamos haberlo hecho. Y sólo nosotros podemos continuarlos. Ese es el gran referente del proceso histórico en que estamos.

A partir de allí no se puede dejar de reconocer que estamos en una coyuntura difícil, que nos plantea límites en el alcance de nuestros objetivos, contradicciones, que está dificultando los consensos internos para actuar, está generando desmoralización en algunos compañeros, está generando disconformidad. Y sobre todo está generando una pérdida gradual del compromiso militante.

No se concibe un proceso histórico liderado por la izquierda que no esté basado en el protagonismo social, en la presencia activa y permanente de las fuerzas sociales y de la militancia política. Aunque las fortalezas de base son enormes hoy hay un debilitamiento a nivel de la confianza, del compromiso y de la militancia práctica. Es necesario ponerle remedio en forma rápida.

Es un proyecto político que ha logrado concretarse en un proceso histórico real y si no lo sostiene el Frente Amplio las fuerzas conservadoras lo van a desmontar como anuncian todos los días.

De hecho ya  hubieran desmantelado todas las políticas sociales si hubieran llegado al gobierno. Están requiriendo un día y otro también que hay que bajar el gasto. Eso tiene un solo nombre: políticas  sociales, inversión social. Pondrían en el filo de la navaja al patrimonio público como han hecho siempre. Hubieran cortado por lo más fino como han hecho siempre. Es lo que hacen en otros países donde siguen o han logrado recuperar el gobierno.

Yo comprendo que hay motivos para la desmoralización y la desmovilización. Por otro lado es el momento en que la derecha ha logrado confrontar de manera más fuerte nuestro proyecto y amenazarlo. Si uno se ve reflejado en las encuestas, y la prensa lo menciona todos los días, si hubiera elecciones hoy, el Frente Amplio podría perder.

– En otros países de América Latina hay procesos similares.

En otros países de América Latina la estrategia es muchísimo más violenta, más inmoral, conspiran  con mentiras y acusaciones falsas de toda naturaleza a través de la prensa. Acá la vida política pública  conserva todavía una integridad y una cierta salud que en otros países no existe. Yo  he podido ver en Bolivia como los agravios y mentiras contra el presidente han sido de una desvergüenza increíble y sin embargo lo hacen tan campantes. Hay que reconocer que estas campañas pueden asumir mayor intensidad y lograr que se vaya instalando en la opinión pública la idea de que el Frente Amplio puede perder. Es el momento de hablar claro.

Cuando nos planteamos una autocrítica no podemos dejarnos consumir por el internismo porque este no es un problema interno, es estratégico. El problema es que no tenemos un consenso suficientemente claro de lo que queremos hacer en los próximos cuatro años.

Falta una línea clara, aceptada, consensuada, entre el gobierno, la fuerza política y los actores sociales de que estamos en una situación difícil pero vamos para allá. Eso está en debate. No tenemos muy claro que es lo que se puede hacer, hasta dónde podemos llegar. ¿Por qué? Porque hay una crisis capitalista mundial que no desatamos nosotros sino el capitalismo central  dirigido por la derecha.

Esa es la paradoja terrible. La derecha en su centro capitalista desata una crisis fenomenal que ya lleva ocho años. Ahora quieren hacernos  pagar el precio a nosotros que estamos enfrentándola.

En ese enfrentamiento no tenemos claro las líneas fundamentales de la estrategia. Tenemos que alcanzar un acuerdo contundente entre el gobierno, la fuerza política, la militancia, las fuerzas sociales progresistas, de cuál es la línea de no retroceso. La crisis nos está poniendo dificultades y hostigando, pero de aquí no se retrocede. Estas conquistas que el pueblo ya ganó no se van a perder. Ese es el primer consenso.

El segundo, es que aún en medio de esta crisis y estas limitantes, tenemos una serie de reformas en curso y objetivos. Debemos definir  hasta dónde queremos y podemos llegar en ese campo.

Hay que establecer claramente qué es lo que no vamos a perder de lo ya conquistado y qué es lo que vamos a hacer en los próximos años en los cambios estructurales que tenemos sobre la mesa.

Estamos en una batalla fenomenal porque somos de los pocos países que están enfrentando la crisis sin pagar un precio de retroceso social monumental.

Cuando lleguemos a esos consensos creo que los compañeros van a ir cohesionándose, se irán reagrupando en torno a esta lucha común en condiciones que obviamente son más hostiles en términos económicos y cada vez más hostiles en lo político.

– ¿Pensás que hay que innovar en la organización y el funcionamiento del Frente Amplio?

Sí, el segundo capítulo es lo que hay que revisar e innovar en la organización y el funcionamiento del Frente Amplio. Pero debe haber un orden. De nada sirve tratar de trabajar en la organización si no hay acuerdo estratégico en lo que queremos hacer y para adónde vamos. Ese es el debate que hay que dar en los próximos meses aprovechando los intercambios de esta campaña.

Hay todavía un tercer capítulo que es la relación del Frente Amplio con la sociedad.

Esto no supone ninguna concepción paternalista. No estoy diciendo que la fuerza política tenga que tener alguna forma de paternidad política sobre el movimiento social. El movimiento social es autónomo, tiene vida propia y debe llevar adelante sus plataformas cualquiera sea el gobierno.

Está toda la nueva e inmensa plataforma de derechos que tenemos sobre la mesa, a la que se agregan los de igualdad de género, la igualdad de la mujer en los más diversos campos. Los derechos ambientales, toda esa enorme agenda.

Esa es la sociedad progresista. La sociedad progresista no está en los partidos, ni sometida a los partidos.

La fuerza política debe estar permanentemente leyendo esa sociedad, generando hechos, en diálogo con esa sociedad. Una sociedad que es autónoma, no tiene que estar sometida a la fuerza política.

Ese diálogo no está roto pero está absolutamente debilitado. Eso va a exigir una dinamización y un cambio para el Frente Amplio.

Con todos estos temas debemos agrupar las prioridades a encarar en el 2016. Tenemos que reiniciar el Frente Amplio, es un término informático, pero es válido.

No lo planteo en este orden arbitrariamente. Lo primero y fundamental es la claridad y el consenso estratégico. Atrás de ello vienen los temas de la organización, del funcionamiento de la fuerza política y el relacionamiento con la sociedad.

El tiempo es el segundo semestre de 2016.  Ya 2017 y 2018 serán años con un alto voltaje político que no nos van a encontrar preparados para responder a esas necesidades.