LAS VERDADES DEL PRESUPUESTO EDUCATIVO por Daniel Olesker

En el debate entre candidatos Daniel Martínez afirmó que en el período que gobernó el Partido Nacional la educación (ANEP y UDELAR) redujo su presupuesto en valores constantes.

Lacalle Pou dijo que no tenía esos datos.

Seguramente no habrá leído el informe (entre otros) de la Evolución y ejecución presupuestal de la ANEP 1985 — 2015 de disponible en su página web.

En ella se toman los valores presupuestales de la ANEP hasta 2015 a precios de este año.

Y de allí surge el siguiente cuadro:

Es decir, es claro que en el gobierno del Partido Nacional el presupuesto de la ANEP cayó. Y como el presupuesto de la UDELAR quedó estancado entre 1989 y 1994 en términos reales, se concluye que la suma del presupuesto de las dos instituciones relevantes en la educación pública se redujo en el gobierno del Partido Nacional.

Y cuando desglosamos el presupuesto de ANEP por subsistemas, la caída es aún mayor: 17% en la UTU, 9% en secundaria y 11% en Primaria dado que la que sí aumentó fue la Unidad ejecutora CODICEN en 69%. ¿Para qué habrá sido ese aumento de las estructuras centrales?

El cuadro 2 nos trae otras informaciones del acumulado del presupuesto en estos períodos tomando ahora ANEP y UDELAR:

Este cuadro nos muestra que el gasto promedio sumado de ANEP y UDELAR de estos períodos ha ido creciendo en el tiempo y hoy el gasto es más del doble en el promedio 2010 a 2015 que en el período del gobierno del partido Nacional.

Lo mismo si lo comparamos con el PBI, que en aquellos años fue 2,86% y entre 2010 y 2015 promedió 3,79%.

Tenemos en claro que desde 2015 a 2018 ha seguido creciendo, llegando en el promedio de los 4 años que llevamos a un gasto de 75.000 millones de pesos y al 4,11% del PBI ´promedio de los 4 años y con tendencia ascendente.

Es claro además que ello ha traído aparejado un cambio relevante en la capacidad de atender la educación.

Solo 2 datos para la ANEP.

Mientras que a precios de 2018 el gasto por alumno en el quinquenio del Partido Nacional fue de 50.000 pesos, hoy, a pesar de una mayor matrícula en la ANEP, el gasto por alumno es de 92.000 pesos/año.

Y ese aumento de la dotación fue acompañado de aumento de trabajadores. Tomando el total de trabajadores de ANEP y su matrícula, al final del gobierno del partido Nacional había un funcionario cada 11 estudiantes. A 2018 hay un funcionario cada 7,5 estudiantes.

Entonces más presupuesto, mejora del salario real y más trabajadores hacen que el gasto en salario marque la diferencia. Lacalle padre arranco con 12.000 millones de pesos a precios 2015 y terminó con 11.000, es decir, ahorró en salarios, esa fue su estrategia fiscal. De 2010 a 2015 pasamos de 29.000 a 38.000 millones de pesos. Noten la diferencia.

Entonces no hay duda: el peor gobierno para el presupuesto de ANEP y UDELAR fue el del gobierno del Partido Nacional. Y desde que asumió el Frente Amplio todo fue crecimiento de presupuesto, de masa salarial, de recursos humanos y de participación del gasto educativo público en el PBI.

He aquí la verdadera historia.

Publicado el 7 de octubre en La República

¿ES CHILE EL MODELO ECONÓMICO Y SOCIAL AL QUE ASPIRAMOS LOS URUGUAYOS? por Daniel Olesker

Hace ya mucho tiempo que en el debate de política económica el modelo chileno es visualizado como un ejemplo a imitar por parte de los sectores liberales de nuestra economía y de nuestra academia.

El terma resurgió ahora con fuerza porque en la campaña de las elecciones internas, el ahora candidato del Partido Colorado Ernesto Talvi lo ha puesto como una referencia y un ejemplo en el que Uruguay debería reflejarse.

La frase casi única con la que ha fundamentado este ejemplo ha sido que: Mientras en Uruguay sólo el 15% de los productos exportados entran a los países con arancel 0 en Chile ese porcentaje es más del 70%. Esta idea de la apertura externa irrestricta y de promover como política exterior los acuerdos de libre comercio es vieja, existe desde el nacimiento de la economía capitalista. Y tuvo su empuje muy relevante desde comienzos de los 70 del siglo pasado con el desarrollo de los trabajos de Milton Friedman y la Universidad de Chicago justamente donde estudió el ahora candidato presidencial. Y en Uruguay fue la idea rectoral del Plan Nacional de Desarrollo de Juan Marìa Bordaberry tomado como tal por la dictadura

Cìvico – militar y fue el sustento de la propuesta continuadora de Luis Lacalle con su irrestricta apertura de la década de los 90.

Y más allá de los efectos sobre la estructura productiva y exportadora en Chile, a la que volveré al final de la nota, quiero primero desarrollar los efectos globales de esta propuesta, en particular sobre lo que debe ser si o si el eje de un modelo de desarrollo: la calidad de vida de los ciudadanos.

Para ello, conté con la valiosa ayuda de mis compañeros y amigos chilenos que me facilitaron datos y me dieron los link para llegar a las estadísticas que el propio INE chileno y otros organismos han elaborado[1]

La economía y los ingresos del trabajo.

Chile ha tenido un crecimiento económico desde la vuelta a la democracia relativamente constante (con años de menos dina ismo y caída del PBI en 2009) lo que ha hecho una economía cuyo PBI a precios constantes es hoy más del triple del que era en 1991, más del doble /130% de incremento) del que era en 1996 y 30% mayor al año 2010, posterior a la caída del PBI de 2009.

Sin embargo tomando las series empalmadas que el propio INE de Chile realiza, por ejemplo, en el período 1996 a 2018 el salario real creció 66%, es decir la mitad de lo que creció la economía, lo cual muestra un impacto negativo sobre la distribución de los ingresos, como veremos en detalle más adelante.

Recordemos que en el caso uruguayo, desde 2005, el PBI creció   orden de 80%y el salario real más de 60%, es decir en cifras muy alineadas.

Pero a esta situación de bajo traslado a salarios de las ganancias del crecimiento se agregan algunos datos más específicos que quisiera compartir.

La encuesta CASEN publicó cifras del ingreso promedio derivado del trabajo por decil de ingresos, es decir el 10% de menores ingresos, el siguiente 10% y así sucesivamente.

Los datos nos dicen que el 20% de las personas reciben ingresos menores o iguales a un salario mínimo y casi el 50% ingresos inferiores a dos salarios mínimos. (el Salario mínimo hoy equivale a 301 mil pesos chilenos, unos 421 dólares).

Es decir es claro que la “prosperidad económica” no tuvo su correlato en el ingreso por trabajo de la mayoría de los chilenos.

Pobreza y distribución del Ingreso.

En estas condiciones económicas de crecimiento potente, las personas en situación de pobreza son 1.528.284 que representan el 8,6 por ciento de la población, cifra del orden de la que tenemos en Uruguay. En cambio dentro de dicho coeficiente de pobreza, la pobreza externa (es decir los que no cubren la canasta básica de alimentos) son el 2,% o sea 412.839 personas. (en Uruguay este valor es de 0,5%).

Pero lo más evidente del impacto de este modelo aperturista se encuentra en el proceso de distribución del ingreso que no acompañó para nada la baja de la pobreza.

En primer lugar el coeficiente de Gini de Chile se corresponde con los datos proporcionados con la Encuesta Casen 2017, bajo la cual dicho coeficiente asume un valor de 0,50, lo que ubica a Chile en los valores más altos de América Latina (Uruguay tiene 0,38) a pesar de haber sido de los países de mayor tasa de crecimiento en las últimas décadas.

La propia encuesta da otros datos de distribución del ingreso. Por ejemplo el 10% ,más rico tiene un ingreso promedio de 39 veces el 10% más pobre (en Uruguay es 20 veces) y esa relación era 30 veces o sea menos en 2010. O sea 30% de crecimiento y aumento de la desigualdad Y más aún ese 10% gana 2,7 veces más que el promedio del 40% de menores ingresos.

Para tener algún dato adicional la encuesta de 2013 en un estudio comparativo de países mostraba que el 0,1 % de los chilenos más adinerados perciben entre el 17,6 % y el 19,9 % de los ingresos totales del país, y el 0,01 % percibe entre el 10,1 % y 11,5 % de los ingresos totales. De los veinte países considerados en el estudio, estas últimas cifras son sólo superados por Estados Unidos. ​ Comparativamente, los porcentajes de ingresos percibidos en cada caso en Suecia son, respectivamente, sólo el 3,4 % y el 1,4 % del total. De hecho, mientras que los ingresos a repartir en Chile son sólo la mitad que los del país nórdico, el 1 % de la población chilena percibe ingresos proporcionales casi 3,5 veces más grandes que los del porcentaje más adinerado de los suecos.

Otro dato importante se refiere al IVA en Chile. Todos sabemos que es un impuesto regresivo que no colabora con la distribución del Ingreso. Sin embargo se puede amortiguar ese efecto con una tasa diferencial menor o exoneraciones para bienes de primera necesidad que, en términos porcentuales, consumen más los sectores de menores de ingresos, como es en Uruguay con tasa 0 y 10% en varios rubros como leche, pan, harina, fideos, medicamentos, etc. En cambio en Chile la tasa es única )con muy contadas e irrelevantes excepciones) de 19%. Esto me trae recuerdo cuando por allá por el 99/2000 el ex presidente Batlle en una comparecencia en ADM anunció que iba a “bajar” el IVA de 23 a 18% y enseguida dijo que lo haría unificando todo en una única tasa. Es decir dijo que el IVA mínimo de la canasta básica lo iba a aumentar. Fue tal la reacción que no lo hizo, a pesar de los consejos de sus asesores de aquél momento.

 O sea el crecimiento económico de Chile ha permitido reducir la pobreza, pero no ha significado una disminución de la desigualdad y, en particular, la distribución del ingreso ha empeorado.

Salud y Educación.

Otra muestra de esta desvinculación entre crecimiento económico y distribución se encuentra en el acceso a los servicios sociales de salud y educación.

En el caso de la salud tenemos un sistema que implica grandes desigualdades de acceso y que implica cargas financieras para trabajadores que pueden llegar a más del 11% de su ingreso para cubrir su salud. Y en el caso del financiamiento del sector público el gasto en salud es de 4,9% del PBI muy lejos de la meta propuesta por OPS de un mínimo de 6% del PBI: (en el caso de Uruguay la cifra es del orden del 6,5%)

Pero además de la cuestión económica, el sistema tiene grandes desigualdades de acceso, y diferencias significativas de cobertura.

En el caso de la educación el gasto público es de 5,2% sobre el PBI también lejos de la meta de UNESCO del 6% y también grandes desigualdades de acceso y en especial un sistema de educación superior fragmentado y cuyo ingreso depende de los ingresos de las familias y de su capacidad de endeudamiento, aun cuando algunas de estas condiciones han cambiado con la ley aprobada en el final del mandado de Bachelet. En 2011 Chile tenía la segunda matrícula más cara del mundo después de EEUU.

La matriz exportadora

Este proceso de apertura ha reafirmado la matriz primaria de exportación. Si bien el concepto de primarización está en debate y en Chile se discutía Impulsar una segunda fase exportadora superando la minería y la agricultura e incluyendo otros encadenamientos que se generan como el transporte, la logística, etc, la realidad muestra que la matriz exportadora sigue teniendo muy bajo valor agregado. 50% de las exportaciones dependen del cobre (mineral, en bruto o refinado) y su manufactura ha caído y han cerrado muchas empresas, exportándose cada vez más concentrado. Acompañan esta exportación frutas y verduras y productos del mar. Mientras las principales importaciones además del petróleo son productos manufacturados (camiones, automóviles, equipos de radiodifusión entre otros).

Es decir un esquema centro periferia, sólo que ahora con un cambios de destinos y orígenes que es la inclusión de China como el principal. Y ello, como era de prever, acentuó la heterogeneidad estructural de la economía, con sectores de avanzada tecnológica, volcados al mercado internacional y sectores atrasados en condiciones de vulnerabilidad y centrados en el mercado interno.

Al mismo tiempo esto se ligó con el proceso de privatización y desnacionalización del cobre que generó un efecto importante de transferencia de ingresos a las transnacionales. En momentos de precios altos por sus mayores ganancias y en las caídas de precios, por la venta a bajo costo a sus empresas en el exterior que lo refinan y manufacturan.

En síntesis la apertura irrestricta del modelo chileno concentró la riqueza, los trabajadores no acompañaron con sus mejoras dicho crecimiento y la economía se mantuvo en su fase primario exportadora.

No es el modelo de desarrollo que queremos.


[1] Agradezco especialmente a David Debbrott economista chileno y amigo, con el que compartimos la intregración a la Red de Economía Mundial (REDEM) y hemos sido compañeros de ruta en los trabajos sobre economía de la salud desde hace muchos años.

LOS MITOS QUE SE DERRUMBAN por Daniel Olesker

I) EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

El crecimiento económico del país entre 2004 y 2018 fue de orden del 70% es decir un promedio anual de crecimiento de casi 5%.

En este crecimiento aumentaron tanto el consumo como las exportaciones; incluso el consumo interno aumentó en estos 14 años cerca de 70%, 16 puntos por encima de las exportaciones. Y las inversiones más del 100% tanto públicas como privadas. Incluso parte importante de la explicación de la reducción del ritmo de crecimiento estuvo en el enlentecimiento de este mercado interno.

Por ende: PRIMER MITO QUE SE QUIEBRA: HAY QUE ELEGIR ENTRE EL MERCADO INTERNO Y LAS EXPORTACIONES. HEMOS DEMOSTRADO QUE SE PUEDE CRECER EN AMBOS MERCADOS Y QUE UNA ECONOMÍA PEQUEÑA DEBE PROYECTARSE AL EXTERIOR PERO TIENE CAMPO PARA EXPANDIR EL MERCADO INTERNO.

II) LA DISTRIBUCIÓN DE ESE CRECIMIENTO.

Hemos sostenido siempre que: “EL CRECIMIENTO ECONÓMICO ES CONDICIÓN NECESARIA PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE LOS CIUDADANOS, PERO NO ES SUFICIENTE”.

Durante la década del 90 con crecimiento económico, pero con la aplicación de un modelo que hemos denominado LACE (Liberal, Aperturista, Concentrador y Excluyente) y que en una nota anterior desarrollamos con extensión, el desempleo fue creciente al final de la década, el salario real creció menos de la sexta parte que el producto, el salario mínimo cayó a más de la mitad, y la desigualdad medida por el índice de Gini aumentó a lo largo de toda la década. O sea: Crecimiento con exclusión.

En cambio en estos últimos 14 años la desigualdad ha mejorado sustancialmente en sus dos indicadores. Por un lado el índice de Gini viene cayendo desde 2007 y bajó a 0,38 en 2018, el valor más bajo de la historia del país.

El otro indicador es la comparación entre el ingreso medio del 10% más rico respecto al 10% más pobre. Dicha relación era más de 20 veces mayor durante la crisis del 2002, llegó a 18 veces en 2006 y ya está en el orden de 12,5 veces en 2018.

Sólo para tener una idea de los modelos que nos proponen. En Chile el índice de Gini supera el 0,55 y es más alto que cuando empezó el crecimiento económico y el 10% más rico tenía ingresos más de 20 veces superior al 10% más pobre.

SEGUNDO MITO QUE SE DERRUMBA: PRIMERO HAY QUE CRECER PARA DESPUES DISTRIBUIR. HEMOS DEMOSTRADO QUE SE PUEDE CRECER Y DISTRIBUIR AL MISMO TIEMPO.

III) SALARIO E INFLACIÓN

En estos 14 años el salario real aumentó a un promedio del orden del 4% anual y los salarios de los sectores que menos ganaban aumentaron aun más.Sin embargo salvo meses excepcionales la inflación siempre se mantuvo de 1 dígito.

TERCER MITO QUE SE DERRUMBA: QUE LOS AUMENTOS DE SALARIOS PROVOCAN UN EMPUJE INFLACIONARIOS. LA INFLACIÓN DEPENDE DE MUCHOS OTROS FACTORES Y ES POSIBLE, EN UNA ECONOMÍA EN CRECIMIENTO QUE CREZCAN LOS SALARIOS SIN QUE IMPACTE SOBRE LA INFLACIÓN  COMO HA SUCEDIDO. 

IV) SALARIO Y EMPLEO

Otro tema es saber que pasó con el empleo. Así como el record de desempleo de 17% en 2003 fue un generador de pobreza y desigualdad, el acceso al empleo, combinado con el punto anterior de mejoras generalizadas de salarios, fue un contribuyente notorio a la baja de la pobreza y la desigualdad. Una tasa de desempleo de 6,8%, delas más bajas de la historia del país, que significa que desde aquellos años un orden de más de 260 mil personas consiguieron trabajo y otro tanto igual dejaron la precariedad para formalizar su trabajo.

CUARTO MITO QUE SE DERRUMBA: QUE EL AUMENTO DE SALARIOS, LAS REGULACIONES LABORALES Y LA MEJORA EN LAS CONDICIONES DE TRABAJO, PROVOCABA UNA REDUCCION DE EMPLEO. QUE HABIA QUE ELEGIR ENTRE AUMENTAR SALARIOS O CREAR EMPLEOS. HEMOS DEMOSTRADO QUE ES POSIBLE QUE AMBOS AUMENTEN A LA VEZ Y QUE LA MASA SALARIAL AUMENTE COMO PARTE DEL INGRESO NACIONAL SIN QUE ELLO AFECTE EL PROCESO DE INVERSIÒN.

CONCLUSIONES

Esta nota propone demostrar que desde el pensamiento dominante siempre se han planteado “problemas” que era necesario asumir para poder despegar. Y las soluciones a esos problemas siempre pasaban por el ajuste y el sacrificio de los trabajadores para futuros venturosos y derrames económicos que nunca llegaban.

Hoy está planteado nuevamente el debate: la reforma laboral empujada por las cámaras empresariales con mucha fuerza, envalentonadas con las estrategias de flexibilización y ajuste en la región abren nuevamente el debate sobre los mitos.

Creemos firmemente en que es necesario profundizar las políticas expansivas de salario, en particular de los más bajos, los subsidios y el direccionamiento del empleo y la profundización de las reformas sociales, todo ello en el marco de una expansión del gasto público social, como manera de seguir profundizando un modelo al servicio de los trabajadores.

¿EL CRECIMIENTO ECONÓMICO SIEMPRE FAVORECE A LOS TRABAJADORES? por Daniel Olesker

Un Análisis comparado de dos períodos de crecimiento de Uruguay

A modo primario de Respuesta.

La respuesta es que el crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para que favorezca a los trabajadores y sus familias. Depende como se de dicho crecimiento y que grado de distribución de sus frutos genere.

Fundamentaremos esta  tesis analizando dos momentos de crecimiento de nuestro país y sus efectos distributivos.

Desde la vuelta a la democracia en 1985, la economía uruguaya ha tenido dos procesos largos de crecimiento económicos. El primero de ellos entre 1985 y 1998, bajo los gobiernos del Partido Colorado y el Partido Nacional. En esos 14 años hubo dos años de estancamiento y uno de caída del PBI en el año 1996. Sin embargo con una mirada estructural y de mediano plazo podemos considerarlo un período de crecimiento sostenido. Al final de los 14 años, la economía creció un 70%, lo que implica una tasa promedio anual de 3,9%.

El otro período prolongado de crecimiento fue de 2005 a 2018, también 14 años de crecimiento, bajo los tres gobiernos frenteamplistas. En este casi el crecimiento acumulado fue de 80% y la tasa promedio anual de 4,2%. Así lo muestra el gráfico 1.

Pero hasta aquí las similitudes de ambos períodos. Que importa analizar de un período de crecimiento para realizar un análisis global y que no quede en un mero aumento de la riqueza global.

A nuestro juicio, dos son los elementos centrales que debemos analizar. Por un lado el rol de la Inversión como sostén de dicho proceso; por otro lado la redistribución del ingreso generada por dicho crecimiento. Y en este último caso tres son los indicadores que utilizaremos: el salario real (y el salario mínimo), el desempleo y el índice de Gini.

Los contenidos del crecimiento La Inversión.

Empecemos por la inversión. La inversión es indispensable para sostener el crecimiento, pues ella crea la infraestructura necesaria por mejorar la capacidad productiva y aumentar la productividad. El gráfico 2 muestra los datos..

Es claro que  los

Es claro que el proceso de crecimiento de los últimos 14 años se ha sustentado en una sólida formación de capital tanto por el lado del sector público como privado con promedios cercanos al 20% y años de casi 22% del PBI. En los 14 años de crecimiento anteriores el promedio quedó por debajo de 15%.

El segundo elemento tiene que ver con el tema de crecimiento y distribución. La teoría liberal sostiene que es necesario primer crecer para luego distribuir. Y ese fue el fundamento durante los 14 años de crecimiento anteriores. Empecemos por el salario real.

Los contenidos del crecimiento El Salario Real

El gráfico 3 nos muestra la diferencia clara en la evolución del salario real en ambos períodos.

 Incluso es mayor si tomamos en cuenta que el crecimiento del primer período (36%) se concentra en los primeros 5 años (casi 29%) en la salida democrática y con consejo de salarios. (1985 a 1989).

En cambio en los 14 años recientes el salario real creció más que 60%.

Los contenidos del crecimiento El Desempleo

El tercer elemento tiene que ver con la tasa de desempleo. También la teoría liberal nos dice que el crecimiento económico tiene un efecto derrame sobre el empleo que reduce el desempleo de manera natural y que no es necesario poner en marcha políticas activas de empleo. Sin embargo el derrame en la realidad no ha existido para los primeros 14 años y la gráfica 4 nos lo muestra claramente.

Que es lo que nos dice el gráfico?. En primer lugar luego de las crisis (de 1982 a 1984 la primera y de 2002 a 2004 la segunda) el desempleo cae. Sin embargo en los 14 años de 1984 a 1998 luego vuelve a subir a pesar del crecimiento económico y termina en un desempleo casi tan alto como en el arranque. En cambio en los 14 años recientes el desempleo se mantiene bajo y a pesar de una leve subida estos últimos años no supera el 8%. El desempleo promedio de los primeros años fue de 9,8% y el de los 14 años recientes 8,4.

Los contenidos del crecimiento La desigualdad de ingresos de las personas.

Finalmente el cuarto elemento tiene que ver con el Índice de Gini que mide la desigualdad entre personas. Es un índice que cuando da 0 no hay concentración del ingreso y cuando da 1 es total concentración; es decir cuanto más cerca de 0 mejor la igualdad. El gráfico 5 nos muestra dichos datos.

Es claro que la desigualdad que en 1984 era muy mala y además empeoró en 14 años de crecimiento. Mientras que por el contrario en los 14 años recientes tuvo una baja relevante.

Una Interpretación de los hechos.

Dos períodos de crecimiento relativamente similares. Pero en uno de ellos bajos niveles de inversión, en otros muy altos;  crecimiento muy dispar del salario real a favor de los recientes 14 años; desempleo en caída y a niveles bajos, versus un aumento del desempleo en aquellos 14 años de crecimiento; desigualdad creciente en aquellos años, aumento de la igualdad en los años recientes.

Qué explica esto?

No hay duda que la explicación de estas disparidades de los efectos del crecimiento se encuentran en la política pública.

En primer lugar una reglamentación de la ley de inversiones extremadamente permisiva y liberal desde el año 1996 lo que se hizo con los decretos reglamentarios de 2008 y 2012. Éstos dieron mayores garantías al proceso inversor y generó un fuerte direccionamiento desde el estado que impactó sobre el nivel de empleo y sobre la localización de las inversiones, entre otros factores.

En segundo lugar la convocatoria a consejos de salarios por rama de actividad que generó condiciones políticas, sindicales y económicas para la mejora global del salario real. Y este análisis se reafirma cuando vemos que del 36% de aumento del salario real entre 1984 y 1998, el 80% se dio entre 1985 y 1989 mientras fueron convocados los consejos de salarios. Es decir la existencia de consejos de salarios por rama es el diferencial relevante para que los trabajadores participen de los frutos del crecimiento.

En tercer lugar la política de salario mínimo. Porque es de hacer notar que la desigualdad salarial (es decir el Gini de los asalariados) también empeoró entre 1984 y 1998 y mejora entre 2005 y 2018, en especial por el empuje que dio a los salarios más bajos de todas las ramas de actividad en especial entre 2010 y 2013. Dicha mejora de los salarios más deprimidos se asocia a la evolución del salario mínimo que tuvo entre 2005 y 2018 un crecimiento de más de 250%.

En cuarto lugar las políticas activas de empleo, desde la propia ley de inversiones antes mencionada, pasando por las políticas de INEFOP y los estímulos diversos al empleo de sectores de actividad durante estos últimos 14 años.

En quinto lugar los cambios en el acceso a las políticas sociales tanto desde el punto de vista de los recursos destinados, como respecto a las formas igualitarias de acceso. Se destaca en este caso la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, dado su carácter de acceso universal y con justicia social, pero también colaboraron, la mejora del acceso a la educación y los diversos programas sociales del Ministerio de Desarrollo Social.

En sexto lugar un factor que también contribuyó a conjugar crecimiento con distribución fue la reforma tributaria en particular la derogación del impuesto a las retribuciones personales (conocido como el impuesto a los sueldos pues sólo a eso gravaba) por el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas.

En síntesis dos crecimiento de porte relativamente similar y de consecuencias absolutamente opuestas en la calidad de vida de las familias trabajadoras.

Por ello la conclusión del arranque. No alcanza con crecer, ello es necesario pero tiene que ir acompañado de sustentabilidad y justicia social.

¿ES CHILE EL MODELO ECONÓMICO Y SOCIAL AL QUE ASPIRAMOS LOS URUGUAYOS? por Daniel Olesker

Hace ya mucho tiempo que en el debate de política económica el modelo chileno es visualizado como un ejemplo a imitar por parte de los sectores liberales de nuestra economía y de nuestra academia.

El terma resurgió ahora con fuerza porque en la campaña de las elecciones internas, el ahora candidato del Partido Colorado Ernesto Talvi lo ha puesto como una referencia y un ejemplo en el que Uruguay debería reflejarse.

La frase casi única con la que ha fundamentado este ejemplo ha sido que: mientras en Uruguay sólo el 15% de los productos exportados entran a los países con arancel 0, en Chile ese porcentaje es más del 70%. Esta idea de la apertura externa irrestricta y de promover como política exterior los acuerdos de libre comercio es vieja, existe desde el nacimiento de la economía capitalista. Y tuvo su empuje muy relevante desde comienzos de los 70 del siglo pasado con el desarrollo de los trabajos de Milton Friedman y la Universidad de Chicago justamente donde estudió el ahora candidato presidencial. Y en Uruguay fue la idea rectoral del Plan Nacional de Desarrollo de Juan María Bordaberry tomado como tal por la dictadura cívico–militar y fue el sustento de la propuesta continuadora de Luis Lacalle con su irrestricta apertura de la década de los 90.

Y más allá de los efectos sobre la estructura productiva y exportadora en Chile, a la que volveré al final de la nota, quiero primero desarrollar los efectos globales de esta propuesta, en particular sobre lo que debe ser sí o sí el eje de un modelo de desarrollo: la calidad de vida de los ciudadanos.

Para ello, conté con la valiosa ayuda de mis compañeros y amigos chilenos que me facilitaron datos y me dieron los links para llegar a las estadísticas que el propio INE chileno y otros organismos han elaborado.

La economía y los ingresos del trabajo

Chile ha tenido un crecimiento económico desde la vuelta a la democracia relativamente constante (con años de menos dinamismo y caída del PBI en 2009) lo que ha hecho una economía cuyo PBI a precios constantes es hoy más del triple del que era en 1991, más del doble (130% de incremento) del que era en 1996 y 30% mayor al año 2010, posterior a la caída del PBI de 2009.

Sin embargo tomando las series empalmadas que el propio INE de Chile realiza, por ejemplo, en el período 1996 a 2018 el salario real creció 66%, es decir, la mitad de lo que creció la economía, lo cual muestra un impacto negativo sobre la distribución de los ingresos, como veremos en detalle más adelante.

Recordemos que en el caso uruguayo, desde 2005, el PBI creció en el orden de 80% y el salario real más de 60%, es decir, en cifras muy alineadas.

Pero a esta situación de bajo traslado a salarios de las ganancias del crecimiento se agregan algunos datos más específicos que quisiera compartir.

La encuesta CASEN publicó cifras del ingreso promedio derivado del trabajo por decil de ingresos, es decir, el 10% de menores ingresos, el siguiente 10% y así sucesivamente.

Los datos nos dicen que el 20% de las personas reciben ingresos menores o iguales a un salario mínimo y casi el 50% ingresos inferiores a dos salarios mínimos. (el Salario mínimo hoy equivale a 301.000 pesos chilenos, unos 421 dólares).

Es decir es claro que la «prosperidad económica» no tuvo su correlato en el ingreso por trabajo de la mayoría de los chilenos.

Pobreza y distribución del Ingreso

En estas condiciones económicas de crecimiento potente, las personas en situación de pobreza son 1.528.284, que representan el 8,6 por ciento de la población, cifra del orden de la que tenemos en Uruguay. En cambio dentro de dicho coeficiente de pobreza, la pobreza externa (es decir los que no cubren la canasta básica de alimentos) son el 2,% o sea 412.839 personas. (en Uruguay este valor es de 0,5%).

Pero lo más evidente del impacto de este modelo aperturista se encuentra en el proceso de distribución del ingreso que no acompañó para nada la baja de la pobreza.

En primer lugar el coeficiente de Gini de Chile se corresponde con los datos proporcionados con la Encuesta Casen 2017, bajo la cual dicho coeficiente asume un valor de 0,50, lo que ubica a Chile en los valores más altos de América Latina (Uruguay tiene 0,38) a pesar de haber sido de los países de mayor tasa de crecimiento en las últimas décadas.

La propia encuesta da otros datos de distribución del ingreso. Por ejemplo el 10% más rico tiene un ingreso promedio de 39 veces el 10% más pobre (en Uruguay es 20 veces) y esa relación era 30 veces o sea menos en 2010. O sea, 30% de crecimiento y aumento de la desigualdad Y más aún ese 10% gana 2,7 veces más que el promedio del 40% de menores ingresos.

Para tener algún dato adicional la encuesta de 2013 en un estudio comparativo de países mostraba que el 0,1% de los chilenos más adinerados perciben entre el 17,6 % y el 19,9 % de los ingresos totales del país, y el 0,01 % percibe entre el 10,1 % y 11,5 % de los ingresos totales. De los veinte países considerados en el estudio, estas últimas cifras son sólo superadas por Estados Unidos. Comparativamente, los porcentajes de ingresos percibidos en cada caso en Suecia son, respectivamente, sólo el 3,4 % y el 1,4 % del total. De hecho, mientras que los ingresos a repartir en Chile son sólo la mitad que los del país nórdico, el 1 % de la población chilena percibe ingresos proporcionales casi 3,5 veces más grandes que los del porcentaje más adinerado de los suecos.

Otro dato importante se refiere al IVA en Chile. Todos sabemos que es un impuesto regresivo que no colabora con la distribución del Ingreso. Sin embargo se puede amortiguar ese efecto con una tasa diferencial menor o exoneraciones para bienes de primera necesidad que, en términos porcentuales, consumen más los sectores de menores de ingresos, como es en Uruguay con tasa 0 y 10% en varios rubros como leche, pan, harina, fideos, medicamentos, etc. En cambio en Chile la tasa es única, con muy contadas e irrelevantes excepciones de 19%. Esto me trae al recuerdo cuando por allá por el 99/2000 el expresidente Batlle en una comparecencia en ADM anunció que iba a «bajar» el IVA de 23 a 18% y enseguida dijo que lo haría unificando todo en una única tasa. Es decir, dijo que el IVA mínimo de la canasta básica lo iba a aumentar. Fue tal la reacción que no lo hizo, a pesar de los consejos de sus asesores de aquel momento.

O sea, el crecimiento económico de Chile ha permitido reducir la pobreza, pero no ha significado una disminución de la desigualdad y, en particular, la distribución del ingreso ha empeorado.

Salud y Educación

Otra muestra de esta desvinculación entre crecimiento económico y distribución se encuentra en el acceso a los servicios sociales de salud y educación.

En el caso de la salud tenemos un sistema que implica grandes desigualdades de acceso y que conlleva cargas financieras para trabajadores que pueden llegar a más del 11% de su ingreso para cubrir su salud. Y en el caso del financiamiento del sector público el gasto en salud es de 4,9% del PBI muy lejos de la meta propuesta por OPS de un mínimo de 6% del PBI: (en el caso de Uruguay la cifra es del orden del 6,5%).

Pero además de la cuestión económica, el sistema tiene grandes desigualdades de acceso, y diferencias significativas de cobertura.

En el caso de la educación el gasto público es de 5,2% sobre el PBI también lejos de la meta de UNESCO del 6% y también grandes desigualdades de acceso y en especial un sistema de educación superior fragmentado y cuyo ingreso depende de los ingresos de las familias y de su capacidad de endeudamiento, aun cuando algunas de estas condiciones han cambiado con la ley aprobada en el final del mandado de Bachelet. En 2011 Chile tenía la segunda matrícula más cara del mundo después de EEUU.

La matriz exportadora

Este proceso de apertura ha reafirmado la matriz primaria de exportación. Si bien el concepto de primarización está en debate y en Chile se discutía impulsar una segunda fase exportadora superando la minería y la agricultura e incluyendo otros encadenamientos que se generan como el transporte, la logística, etc, la realidad muestra que la matriz exportadora sigue teniendo muy bajo valor agregado. 50% de las exportaciones dependen del cobre (mineral, en bruto o refinado) y su manufactura ha caído y han cerrado muchas empresas, exportándose cada vez más concentrado. Acompañan esta exportación frutas y verduras y productos del mar. Mientras las principales importaciones además del petróleo son productos manufacturados (camiones, automóviles, equipos de radiodifusión entre otros).

Es decir un esquema centro-periferia, sólo que ahora con un cambios de destinos y orígenes que es la inclusión de China como el principal. Y ello, como era de prever, acentuó la heterogeneidad estructural de la economía, con sectores de avanzada tecnológica, volcados al mercado internacional y sectores atrasados en condiciones de vulnerabilidad y centrados en el mercado interno.

Al mismo tiempo esto se ligó con el proceso de privatización y desnacionalización del cobre que generó un efecto importante de transferencia de ingresos a las transnacionales. En momentos de precios altos por sus mayores ganancias y en las caídas de precios, por la venta a bajo costo a sus empresas en el exterior que lo refinan y manufacturan.

En síntesis la apertura irrestricta del modelo chileno concentró la riqueza, los trabajadores no acompañaron con sus mejoras dicho crecimiento y la economía se mantuvo en su fase primaria exportadora.

No es el modelo de desarrollo que queremos.


Publicado en La República el Julio 15, 2019