LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA POLITICA por Pablo Anzalone*

Que las izquierdas alcanzaran el gobierno en muchos países de América Latina y lo mantuvieran  durante más de una década a través de varias consultas electorales, es un hecho histórico sin precedentes en el continente. Casi sesenta millones de personas dejaron la pobreza y 28 millones la indigencia, medidas por ingresos. Todos los razonamientos que hagamos para entender los avances, los errores, las limitaciones de las políticas llevadas adelante, no deben perder de vista ese hecho trascendente en sociedades profundamente desiguales.

Olin Wright propone dos preguntas a toda propuesta de transformación de las instituciones existentes: a) ¿mejora la vida de las personas ahora? b) ¿nos mueve en dirección a una sociedad más justa y humana? No por evidentes pueden dejarse de lado estos parámetros para iniciar una reflexión crítica.

Las recientes derrotas de la izquierda en Brasil, Argentina y en las elecciones parlamentarias de Venezuela, hacen imprescindible un análisis crítico y autocrítico.

Las visiones lineales de la historia hace tiempo demostraron su escasa eficacia para analizar los hechos. Ni la idea del desarrollo incesante de las fuerzas productivas y su contradicción inevitable y superadora con las relaciones de producción como motor de la historia, ni las concepciones instrumentalistas del poder como un objeto a tomar, resolviendo “mágicamente” desde esa acción el conjunto de contradicciones y desafíos de la transformación social. Por el contrario un análisis de procesos complejos requiere ver los escenarios globales y nacionales, las transformaciones en las estructuras, tanto económicas como culturales y políticas y también las fuerzas en pugna, las prácticas sociales que son condicionadas por dichas estructuras pero a su vez pueden influir sobre ellas y transformarlas.

Para el análisis de los “progresismos” en América Latina resulta necesario incorporar tres tipos de protagonistas: los gobiernos, los partidos y las fuerzas sociales. ¿Se fortalecieron, se debilitaron, se dividieron, se unieron, ampliaron su base de apoyo, lograron objetivos específicos que se planteaban, generaron procesos nuevos de acumulación de fuerzas? Las visiones que reducen las respuestas de estas preguntas a sí o no, blanco o negro, amputan la riqueza de estos procesos y dificultan una autocrítica seria.

Un plano a considerar es el debate ideológico, la lucha por la hegemonía en materia cultural. Vivimos en sociedades conservadoras, donde los proyectos revolucionarios fueron derrotados muchas veces, con largas dictaduras que dejaron su huella y un neoliberalismo avasallante ideológicamente. El triunfo electoral de la izquierda coexistió con esa influencia cultural conservadora. Muchas veces, la subestimación de las batallas ideológicas en aras de un pragmatismo o una visión tecnocrática, termina reafirmando muchos valores del neoliberalismo y debilitando “el espíritu de los cambios”. La subjetividad no es un aspecto menor de los procesos sociales, ni una consecuencia más o menos directa de las mejoras en la condición socioeconómica.

Boaventura de Sousa Santos en el primer número de Dínamo lanzaba una afirmación fuerte “Es verdad que el progresismo fue hecho con las maneras antiguas de hacer política y por eso los resultados están ahí. Y facilitaron realmente la entrada de la derecha”.

Tal vez lo más interesante es desmenuzar cuales fueron las formas nuevas o antiguas de la política en estos procesos, qué tanto dejaron incólumnes las estructuras políticas tradicionales y cuánto lograron cambiarlas.

La democracia debe ser reinventada, dice Boaventura, con creatividad, desarrollando nuevas formas de hacer política donde las organizaciones sociales participen activamente en consultas e implementación de las políticas públicas. Esta democratización de la política  debe alcanzar también a los partidos. “Es una manera totalmente distinta de hacer política y además la única que puede impedir que el dinero domine las decisiones  político-partidarias y lograr que la corrupción deje de ser endémica”. De esta forma se abre una articulación posible entre democracia representativa y democracia participativa.

Otros pensadores importantes como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe proponen la radicalización de la democracia como estrategia finalista retomando a Gramsci para replantear la lucha por la hegemonía, sin “leyes necesarias de la historia”, ni sujetos esenciales a priori. Este enfoque incluye  las batallas tácticas y va más allá para “redefinir el proyecto socialista en términos de una radicalización de la democracia; es decir, como articulación de las luchas contra las diferentes formas de subordinación —de clase, de sexo, de raza, así como de aquellas otras a las que se oponen los movimientos  ecológicos, antinucleares y antiinstitucionales”.

Un artículo interesante de Franciso Panizza señalaba hace ya unos años que la profundización de la democracia es uno de los nudos centrales de los procesos latinoamericanos bajo gobierno de las izquierdas. De su análisis de las lógicas democráticas de representación surge una clasificación en partidistas, societarias y personalistas. No son excluyentes dice Panizza y todas ellas aisladamente tienen peligros para la democracia. Sin duda la lógica partidista es dominante en la democracia liberal. Pero el monopolio partidista de la representación puede conducir a la colonización del Estado por los partidos bloqueando la integración de otros actores al sistema político, creando verdaderas partidocracias o tecnocracias distanciadas de la población. No olvidemos la influencia de las desigualdades estructurales en el ejercicio de los derechos políticos incluyendo los mecanismos no democráticos en la financiación de partidos y campañas electorales. Por otro, lado la lógica de representación  societaria pone el énfasis en la sociedad civil como ámbito privilegiado de la democracia y la lógica de representación personalista se apoya en el liderazgo donde juegan componentes afectivos e identitarios. Panizza sitúa una gran tarea común a los gobiernos de izquierda latinoamericanos, la “democratización de la democracia”  cuya implementación sea diferente en cada país.

Democratizar el Estado y la sociedad son cuestiones interdependientes.

Democratizar la política incluye ambas dimensiones, porque ella no puede reducirse al Estado, sino que también abarca una buena parte del accionar de las organizaciones sociales y a los partidos. Si los partidos son organizaciones sujetas al poder unipersonal u oligopólico de un puñado de dirigentes, si sus militantes, adherentes o votantes no tienen opciones para participar de sus discusiones y decisiones, si las distancias entre dirección y bases son muy grandes, si los colectivos no tienen formas de contralor ético y político sobre sus representantes, hay grandes posibilidades de que las estrategias que lleven adelante no contribuyan a la democratización profunda de la sociedad. Algo similar aunque con características propias puede suceder con los movimientos sociales. Las políticas públicas pueden ser mucho más que decisiones gubernamentales, sino construcciones compartidas por distintos actores.

Romper con el patriarcado, con el racismo, con la discriminación etaria y por orientaciones sexuales, con la estigmatización de los adictos, con la violencia cotidiana en el hogar, en el deporte, en la sociedad, construir una convivencia distinta, no son aspectos menores,  secundarios frente a las cuestiones económicas. No son cuestiones privadas, separadas de la política y el Estado. Forman parte esencial de la agenda política a gestar, tanto en sus dimensiones tácticas, en las luchas actuales, como también en el horizonte de proyectos societarios distintos al capitalismo tardío que vivimos hoy.

Pensar la economía es otro capítulo de las reflexiones sobre democratización. Como decía hace poco Richard Wolff “los adultos pasan la vida en el trabajo y en el trabajo no hay democracia” reivindicando un modelo cooperativo y autogestionario.

Democratizar el Estado significa problematizar la distancia con la población, abrir nuevos y múltiples canales de participación, romper con el “autismo estatal” y con las lógicas clientelísticas de captura del Estado por los partidos. En este campo están  las iniciativas para aumentar la transparencia, garantizar  el acceso a la información, utilizar los medios electrónicos de acceso y participación, el Gobierno electrónico y más aún el Gobierno Abierto.

En Uruguay la participación de los usuarios de la salud tanto en la base como en la conducción del SNIS es una de las claves de la reforma sanitaria, con muchas más luces que sombras. En cambio la creación de Comisiones de Participación por centro educativo, un instrumento fermental para construir procesos pedagógicos más amplios, ha sido resistido desde los ámbitos gremiales y recibió escaso impulso desde las autoridades. Vale insistir que la participación social no puede reducirse a la elección de representantes. Un punto central es el desarrollo de prácticas colectivas, de procesos amplios donde la población participe como protagonista de las transformaciones.

Mucho antes de acceder al gobierno nacional la izquierda promovió estrategias de  Descentralización  Participativa, con base territorial. Existe  una larga experiencia en este sentido y constituye un grave error desestimarla  desde la política nacional en estas nuevas etapas. La descentralización participativa implica nuevas formas de distribución del poder y la construcción de nuevos poderes, la gestación y/o fortalecimiento de actores comunitarios, la consulta a la población y su involucramiento en las decisiones, la cogestión entre la comunidad y el Estado de emprendimientos y servicios. Acotarla a los temas locales es una forma de impedir su profundización. Por el contrario lo local, lo departamental y lo nacional deben articularse para responder a los problemas de la población en cada territorio y eso incluye las posibilidades de participación democratizadora. El Presupuesto Participativo, las Asambleas de Salud, las Redes de salud, de infancia, de adultos mayores, de medio ambiente, son ejemplos muy ricos sobre los cuales hay que reflexionar críticamente e innovar creativamente. Desarrollos teóricos como los de Planificación Participativa y Gestión Asociada constituyen aportes a integrar en estos debates.

La financiación de los partidos y las campañas electorales es uno de los nudos que pone en evidencia los mecanismos por los cuales el dinero, el poder económico, incide en la política. La corrupción se vuelve estructural en algunos contextos, afectando al conjunto del sistema político. Pero aún en los casos en que no alcanza esas dimensiones,  el dinero es un gran factor de poder antidemocrático en la política. En Uruguay vemos las financiaciones anónimas que tuvo el Partido Colorado, las donaciones empresariales que predominaron en las finanzas del Partido Nacional pero que también llegaron al FA, las donaciones encubiertas por el cobro de tarifas diferenciadas por parte del oligopolio de la TV, la incapacidad de la Corte Electoral para realizar los controles mínimos sobre lo declarado por los partidos. Son aspectos que afectan la calidad de la democracia. Los principios de transparencia y rendición de cuentas han tenido muchas dificultades para implementarse efectivamente.

La reducción de la política a la gestión de gobierno es un grave problema para la izquierda. Las distancias y los sistemas de relaciones que el Estado genera en relación con la población encasillan la política adjudicando roles bien acotados: elegir los gobernantes cada 5 años. Durante el resto del tiempo los ciudadanos son espectadores conformes o críticos y las fuerzas sociales desarrollan sus reivindicaciones específicas.

La política como acción colectiva y de masas sobre problemas de la sociedad no puede perder relevancia por el hecho de que la izquierda llegue al gobierno. Por el contrario debería dar un salto en calidad. Ni encerrados entre las cuatro paredes de la institucionalidad, ni anémicos apéndices del gobierno, las organizaciones políticas pueden  ser un centro de prácticas políticas hacia y con la población, con capacidad de iniciativa y movilización ciudadana, un dinamizador de ciudadanía activa y a la vez estructuras democráticas y participativas a su interna. Las fuerzas sociales son parte central de la lucha por una hegemonía antineoliberal, integrando demandas distintas en proyectos comunes, defendiendo sus intereses particulares pero desplegando también propuestas y acciones sobre los problemas generales.

Los gobiernos, los partidos y las fuerzas sociales pueden, desde sus roles, características y contradicciones, pero en alianzas, sumando fuerzas, promover formas de hacer política que salgan de los moldes tradicionales, que los superen o los complementen. Ese tipo de prácticas requiere cambios en las estructuras políticas del Estado y a la vez son condición para esas transformaciones.

*Publicado en DÍNAMO/La Diaria

http://ladiaria.com.uy/media/editions/20160613/la_diaria-20160613-dinamo_2.pdf

Formas de hacer política en el ciclo progresista. Autocríticas de la izquierda. Por Pablo Anzalone

Los actuales triunfos de la derecha en Brasil, Argentina y Venezuela, son el resultado de un conjunto de factores que requieren un análisis en profundidad. Algunos surgen de la nueva situación internacional. La crisis del capitalismo central iniciada en el 2008 y la  reorganización del escenario mundial en curso, tuvo como consecuencias el fin del boom de los comodities (materias primas y alimentos), la retracción de las inversiones ,el aumento del poder del sector financiero y el comienzo de un período de recesión en América Latina.

La derecha económica, social, religiosa y mediática que siempre retuvo y en algunos casos aumentó su poder, se rearmó políticamente. Antes con Piñera  y ahora con Macri ensayó la idea del gobierno como gerenciamiento tecnocrático y empresarial para obtener el voto popular. En otros casos como Paraguay aplicó un golpe empleando sus mayorías parlamentarias con argumentos insostenibles utilizando abusivamente artículos de la Constitución. Ese modelo fue el que ahora se aplicó en Brasil. Desestabilizar, agravar la crisis política y económica y una violenta polarización, forzar  las normas democráticas, no fue un obstáculo con tal de volver al gobierno. Esa falta de límites es parte del escenario actual. Pero sobre todo la derecha se embanderó con el cambio, luchó y muchas veces logró aparecer como la alternativa de cambio ante la población. Ocultando su verdadero programa de gobierno, tomando algunas de las políticas sociales exitosas de los gobiernos progresistas y “representando” un abanico heterógeneo de demandas de la sociedad. En esa construcción de una nueva hegemonía (o en el resurgimiento de la hegemonía neoliberal, tan profunda y duradera), utilizó eficamente la concentración del poder de los medios de comunicación.

Al mismo tiempo en estos procesos  jugaron un papel clave los errores de la izquierda en el gobierno, en algunos casos graves errores. Por eso es imprescindible una reflexión crítica y autocrítica, de gobiernos, de partidos y también de movimientos sociales progresistas. No hay un solo actor sino por lo menos esos tres grupos de protagonistas  en los procesos populares de cambio. Reivindicamos esa perspectiva que dejan de lado  las visiones estadocéntricas, vanguardistas o el reduccionismo al rol de líderes carismáticos como Lula, Chavez, Cristina, Evo, Tabaré o Pepe.  Un  análisis autocrítico y propositivo, en profundidad, sin tirar el niño con el agua y sin arrogancia teórica o política. Sin generalizar rápido tampoco, porque los procesos han sido muy heterogéneos. Allí también ha estado su riqueza,en un mundo donde los paradigmas totalizadores han fracasado.

Hay muchos aspectos a analizar. El vínculo con los movimientos sociales, la relación con la población y la capacidad para movilizarla, el rol de los medios de comunicación, la lucha por nuevos valores o la adaptación a los predominantes, el modelo productivo extractivista, la redistribución de los ingresos  y la riqueza, los cambios estructurales en salud,educación, protección social, la actitud hacia formas económicas no capitalistas, entre otros puntos críticos, que podrían acercarse a un concepto muy abarcador como es la capacidad para generar una nueva hegemonía.

En este artículo nos centraremos en un punto: las formas de hacer política (y en particular la política como actividad de masas), que se desarrollaron en el ciclo progresista latinoamericano.

La reducción de la política a la acción de gobierno debilitó el rol propio de los partidos, restringiéndolos al Estado, empobreciendo su vida interna, afectando su vínculo con la población, su papel en el debate ideológico, su capacidad de iniciativa política. Hay una larga historia de como la cooptación de los partidos por el Estado tiene efectos muy negativos  sobre los primeros. El estalinismo y la socialdemocracia europea son ejemplos claros.

El tipo de organización y de democracia interna en los partidos progresistas es muy distinto de un proceso a otro, pero se puede  reflexionar si  el tipo de política predominante  debilitó la participación mayor de militantes, adherentes, y sobre todo de la población, en las formaciones politicas. Si la política la hace solo el gobierno, el accionar y las discusiones de la fuerza política, se verán como peligros y no como posibilidades fermentales. En un momento donde la vinculación por la web gana terreno en todos los órdenes de la vida, las organizaciones progresistas no utilizaron con creatividad este nuevo campo para democratizar sus debates, sus resoluciones y su capacidad de escucha a la población. El ejemplo de Podemos muestra que es eso es posible y también  que esa es una condición necesaria, pero no suficiente, para democratizar el poder interno.

Para enfrentar los desafíos actuales, la democracia interna  debe ir junto con la unidad. La unidad es otro duro aprendizaje, muchas veces fallido, en los procesos de la izquierda. Una larga historia de sectarismos, dogmatismos y luchas fraccionales pesa todavía. Las discrepancias legítimas sobre las estrategias muchas veces no logran procesarse en un debate enriquecedor que construya  síntesis política y unidad de acción. El FA tiene una experiencia rica en ese plano, pero le ha costado oxigenar su funcionamiento con nuevos instrumentos democratizadores, para pasar de algunos miles de participantes a cientos de miles. Sin contraponer militantes y votantes, generando la categoría de participantes.

La izquierda se convirtió en opción de gobierno cuando sumó todos los descontentos con el neoliberalismo de los 90, responsable de altísimos niveles de sufrimiento social. En un momento  mundial de retroceso  frente al neoliberalismo arrollador  América Latina  mostró que otro modelo de país era posible y disputó esa hegemonía. Sin marco teórico ni ideológico común, retomando las mejores tradiciones de cada país, integrando en algunos casos a la población indígena, reivindicando la dignidad y los derechos de los postergados sociales y políticos.

Se puede hablar como dice Ernesto Laclau de la construcción del sujeto “pueblo”, para analizar estos procesos sociales. Laclau  propone el concepto de hegemonía como la herramienta fermental para pensar esa diversidad de luchas y para replantear una nueva política  para la izquierda. Ante  la crisis del pensamiento crítico plantea  refundar el proyecto finalista sobre la idea fuerza  de  una democratización radical de la sociedad. Frente al proyecto de una sociedad jerárquica y cada vez más desigual  la izquierda debe promover una radicalización de la revolución democrática.

Los avances en democratización son variopintos, heterogéneos y con grandes capítulos pendientes en nuestros procesos. En Uruguay la existencia de Consejos de Salarios, las políticas hacia trabajadores rurales y domésticas generaron derechos nunca antes respetados. La legalización del matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo, la regulación de la marihuana, fueron pasos hacia una sociedad menos discriminadora. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un ejemplo en América Latina con una perspectiva garantista de las libertades y disposiciones que eviten la concentración de poder en pocos medios. Por algo hubo tantos ataques y resistencias para su implementación.

Una reforma política que llegue a la financiación de las campañas electorales y los partidos todavía  brilla por su ausencia. Ese es un capítulo pendiente de gran trascendencia. El poder económico tiene hoy muchos privilegios para actuar en política, solventar costosas campañas electorales, asegurar desigualdades. Alcanza ver y escuchar al parlamento brasileño. Venimos de países signados por la corrupción de sus élites políticas y si la izquierda en el gobierno no rompió con ella, y pretendió utilizarla para sus fines, los resultados fueron catastróficos. Entre ellos la ruptura de la coherencia ética entre discurso y acción, desmoralización de los militantes, ajenidad u hostilidad de la población, descrédito. La derecha utiliza eficazmente esos errores/horrores, mientras hacen la vista gorda o defienden a los millionarios implicados en los Panamá Papers. Garantizar publicidad electoral gratuita, restringir el resto, prohibir grandes donaciones y donaciones empresariales para los partidos, efectuar controles efectivos sobre la financiación, publicar las declaraciones patrimoniales de  gobernantes y legisladores, dar transparencia a estos aspectos, son algunas medidas básicas .

Como dice Perry Anderson sobre Brasil “  una vez que se acepta el precio de entrar en un sistema político enfermo la puerta se cierra detrás y el partido se reseca  convirtiéndose en un enclave del Estado” . Por eso democratizar el sistema político en sus nudos críticos se vuelve una tarea principal. Conquistar la democracia contra las dictaduras fue un cambio histórico para América Latina y  para la izquierda. Se aprendió a valorar la democracia y los derechos humanos y a entender la necesidad de ampliarlos cada vez más.

Una cuestión fundamental, en mi opinión, es qué rol le da la política a las personas, ya sea como ciudadanos o agrupados en fuerzas sociales. Si la política la hace sólo el gobierno, entonces, el papel del ciudadano se reduce a elegir cada cinco años y el de las fuerzas sociales a defender sus reivindicaciones particulares. Esta forma de hacer política es la tradicional, la que viene matrizada en el Estado capitalista y tiene mucho arraigo. En las democracias de baja intensidad que relata Boaventura de Souza  hasta allí se llegó y el resto está fuera del sistema, con la marginación o criminalización correspondiente.  Contraponer este modelo  a una situación de gran efervescencia, supone pensar que los períodos de auge de las movilizaciones de masas se pueden eternizar, lo que notoriamente no es así. Pero hay que aprender una lección de esos momentos en que la gente se siente protagonista: allí es donde se generan los cambios culturales más profundos.

Al proyecto progresista le ha faltado una democratización mayor de la política. Ninguna de las transformaciones estructurales en salud, educación o protección social es posible sólo desde el gobierno, sin participación activa de la sociedad, sin nuevos actores cuya voz se pueda expresar y puedan incidir en las decisiones. Esa participación  no es una resolución institucional, ni solo abrir o cerrar puertas, requiere una construcción amplia donde los actores sociales se fortalezcan a través de prácticas que los vinculen con la población. Es acción social y cultural sobre problemas existentes. No hay que desconocer  pasos significativos en esa dirección, como la participación social en el BPS, en el  SNIS, en la Anep, en la descentralización participativa territorial y otros. Con luces y sombras son caminos que van en una buena dirección. Cabe señalar, sin embargo, que no alcanza con poner representantes sociales si no hay más prácticas colectivas que involucren a la población en los cambios. Acción de masas y no solo representación social.

La creación de la  agenda  es una de las claves para luchar por la hegemonía. Si la derecha marca la agenda y el gobierno se defiende, este último llevará las de perder. Crear nuevos derechos como los  cuidados, a través del Sistema Nacional de Cuidados es romper con la lógica del ajuste y establecer desafíos para seguir avanzando en lo social. Lo mismo con el tema de la violencia doméstica. Si el modelo de política deja a la gente como espectadora, crítica o conforme, empezamos a perder la batalla cultural. De allí a la derrota política es un paso.

 

PETRÓLEO: ¿ORO NEGRO O CATÁSTROFE?

Por Jorge Bentancur

La petrolera francesa Total, que cavará el pozo petrolero más profundo del mundo bajo territorio marítimo uruguayo, perforará 3.400 metros de agua y 3.000 más de tierra, haciendo, entonces, un total de 6.400 metros de profundidad.  Estará ubicado a nada más que 400 metros de la costa de Montevideo y tendrá un costo económico aproximado de 200 millones de dólares (aunque tiene sólo un 17% de probabilidades de encontrar petróleo) que correrán a cargo de la empresa.

La energía existe en tres formas: las denominadas energías “fósiles”; las energías nucleares; las energías renovables. Vamos a ver los pros y los contras de cada una de ellas.

La energía fósil

Este tipo de energía (la hulla, el petróleo y el gas natural) representan el 80,6% de la energía producida. Las reservas corresponden a 180 años para el carbón, 54 años en el caso del petróleo y 40 años para el gas natural. Esta situación provoca conflictos bélicos, dado el carácter estratégico de estos suministros. Las energías fósiles son responsables del aumento del contenido de gas carbónico de la atmósfera provocado por el hombre. Y se acentúa el efecto invernadero, lo que tiene como consecuencia directa un recalentamiento progresivo de nuestro planeta, que repercute negativamente en la evolución del clima y del medio ambiente.

La explotación para sacar el “oro negro” destruye los suelos que quedan imposibilitados de ser reconvertidos para el agro.

La industria de los hidrocarburos es más de capital intensivo que de mano de obra intensiva. De allí que la inversión venga del extranjero, a veces importe a sus  trabajadores y poco le deje al país que aporta sus recursos. En aguas uruguayas operan British Petroleum (BP), British Gas Group (BG), Total (de origen francés), Tullow Oil (Irlanda-Gran Bretaña), YPF (Argentina) y PetroGalp (Portugal) En resumen, los territorios se transforman en nudos que no contagian desarrollo, y el negocio queda en pocas manos.

Nigeria, uno de los tres principales proveedores de crudo, en 1970 el 36% de sus habitantes era considerado pobre, hoy, más del 70%. En Angola, uno de los mayores productores de África, el 68% de la población vive debajo de la línea de pobreza a pesar de que su PBI creció 400% en los últimos 10 años. El modelo de explotación petrolera en África y Medio Oriente es el mismo. Una empresa estatal concesiona los campos a explorar a multinacionales. En algunos casos, se asocia en emprendimientos mixtos. Muchas veces trae agresiones bélicas para sus pobladores, los países dominantes se quieren apropiar del crudo a cualquier costo. Las guerras han ido en aumento cuando la demanda aumenta y la oferta disminuye. Hay varios países dispuestos a invadir a otros si es necesario para asegurarse el “oro negro”. Las pruebas están a la vista. De todas formas está claro que esta fuente de energía desaparecerá en este siglo y habrá que sustituirla gradualmente por otra.

La energía nuclear

Esta forma de energía significa un 2,7% del total y tiene la ventaja de que no tiene efecto alguno sobre el contenido de gas carbónico de la atmósfera. Sin embargo hay mucha inquietud por la falta de transparencia de la información y muchas dudas sobre la seguridad que ofrecen las instalaciones. Hay varios antecedentes negativos. Además también preocupa la gestión de los desechos radiactivos. Se calcula que luego de hacer el negocio en el corto plazo, se necesitan 100.000 años en reparar las consecuencias de destrucción, enfermedad y contaminación, es un negocio que a la larga da pérdidas. Muchas veces hemos sentido rumores de ciertos contenedores que van de una zona franca a otra y de país en país, con quien sabe qué cosa dentro. Además del riesgo que significa la propagación de la actividad nuclear con finalidades bélicas. El resultado inmediato que nos pueda dar esta fuente de energía, son todas pérdidas si cerramos las cuentas con las consecuencias que acarrea para las generaciones futuras.

Las energías renovables

Estas energías, como la hidráulica, la solar, la eólica o la mareomotriz, son más amigables con la naturaleza y cubren un 16,7% de la demanda global. Sigue siendo más cara que las dos anteriores. Y transcurrirá  tiempo antes de que puedan constituir la fuente principal de abastecimiento. La demanda energética sigue creciendo, cada país y el planeta todo tienen derecho de disponer de fuentes de energía adecuadas, y tienen obligaciones para proteger el medio ambiente, con una clara prevención de los riesgos. La gestión de los desechos nucleares y la lucha contra todo tipo de contaminación de origen “energético” están en la tapa del libro. Todo parece señalar que es a las energías renovables que debemos apostar a futuro. También parece que es una de las estrategias políticas de nuestro país.

Cambios en la matriz energética en Uruguay

Uruguay ha avanzado mucho en la última década transformando su matriz energética hacia las energías renovables, la soberanía energética y la reducción de la huella ambiental. Esta política energética 2005-2030 comenzó a discutirse en 2005, fue aprobada en 2008 y los cambios se han generado rápidamente.  Es ya el país sudamericano con el mayor porcentaje de energía renovable, que alcanza a más del 50% de la matriz energética total (electricidad, combustibles, energía usada por industria, agro, transporte, residencias) y 90% de su energía eléctrica. Si bien en relación con la energía hidráulica el país ha llegado a un límite, en la energía eólica, la solar y la biomasa se está llevando adelante un avance sustantivo. En 2016 Uruguay es el país del mundo con mayor proporción de energía eólica, más de 30% de su energía eléctrica. Le siguen Dinamarca con el 28%, España 21% y Alemania 12%. La instalación de numerosos parques eólicos en varios departamentos del país ha logrado que Uruguay aproveche la energía de los vientos de tal forma que hay muchos momentos en que el 100% de la energía eléctrica utilizada proviene de fuentes renovables. Uruguay ha dejado de importar energía y puede comenzar a exportar.

Uruguay también busca petróleo en el mar y llegará un buque especializado en perforación, por cuenta de Total, multinacional de origen francés. Hará un pozo que cuesta 200 millones aunque sólo tiene 17% de probabilidades de hallar petróleo en él. Gastarán por su cuenta y riesgo 1.600 millones de dólares en los próximos años para examinar el subsuelo marítimo. Lo que no ponen en la cuenta es lo que perderían las futuras generaciones en Uruguay si contaminan el agua. La vida en el mar puede desaparecer. El agua que bebemos puede quedar contaminada. Para inspeccionar en el mar se hará un pozo de 6400 metros de profundidad, y se utilizará la modalidad de la fractura hidráulica o fracking, una práctica que permite que las empresas especializadas busquen acceder a las reservas menos accesibles. Mediante esta técnica de extracción se mezcla 200 camiones cisterna de agua con (entre 55.000 y 225.000 litros) productos químicos y arena, y toneladas de esta mezcla resultante, se inyectan a alta presión en los yacimientos. Muchos de estos productos son substancias tóxicas. Los ductos que se instalan llevan un revestimiento de cemento que parece se puede hacer solo hasta 3000 metros. Existen fugas de los fluidos utilizados en el proceso que escapan a través de fisuras o fallas naturales existentes en el suelo, así como fallas en la cementación del revestimiento y los tanques. Estas fugas pueden provocar la contaminación de la red de abastecimiento de agua potable, así como de ríos, aguas subterráneas y atmósfera cuando se evaporan. Por otra parte estas prácticas pueden producir terremotos de baja intensidad.

El costo de extracción de un barril de petróleo de 159 litros en Arabia Saudita, por ejemplo, es de entre 10 y 17 dólares, en Nigeria es de unos 75 dólares y en Canadá cuesta 75-80 dólares. En el Uruguay costaría unos 20 dólares en tierra y el triple en el mar. Por lo cual al precio actual del barril a 34 dólares no sería rentable la explotación en el mar. Sin tener en cuenta todos los perjuicios que podría acarrearnos a futuro y que ninguna empresa de lucro se hará cargo de reparar.

Mientras tanto en la zona de Piedra Sola (entre Tacuarembó y Paysandú) y en Salto, en torno a la cuchilla de Haedo, trabajan las firmas Schuepbach Energy, con sede en Texas, y Petra, de origen australiano. Schuepbach tiene un contrato de explotación por 30 años.

El precio del petróleo

El petróleo americano ha provocado un exceso de oferta, hay más petróleo del que se consume. Ellos inyectan agua y sustancias químicas en los orificios para extraer así el petróleo atrapado en las rocas de las profundidades. Se desconoce el efecto que estas sustancias tienen sobre el medioambiente. Lo que importa ahora es que el fracking produce petróleo. Hace diez años, Estados Unidos solo extraía un par de miles de barriles diarios (un barril tiene 159 litros). Hoy son 1,1 millones de barriles.

 Ese exceso de oferta está haciendo que países como Venezuela, Rusia o Irán estén perdiendo cantidad de dinero. A Uruguay le repercute negativamente, Venezuela no nos puede pagar la leche. Cuatro países de África que son grandes monoproductores de petróleo ya no nos compran el pescado porque sus ingresos menguaron, y la caja de pescado de 23 kilos está a $350 porque  pasamos de venderle a 70 países a no encontrar mercados donde colocar el producto. Y con estas reglas de juego se benefician los países industrializados. En Europa, por el contrario, el bajo precio del petróleo estimula la economía. Un antiguo asesor del Pentágono, Edward Luttwark, lo resume así: “El bajo precio del petróleo está hundiendo a nuestros rivales sin que nosotros tengamos que hacer nada”.

 Los chinos están llenando sus depósitos con petróleo barato mientras prometen inyectar ayuda financiera a Rusia y Venezuela. La influencia política de China en el mundo crecerá.

Thomas Friedman, columnista del New York Times, se preguntaba: « ¿Está en marcha una guerra mundial del petróleo, con Estados Unidos y Arabia Saudí, por un lado, y Rusia e Irán, por el otro?». El lema podría ser: «Bombeémosles hasta que mueran».

Más allá de la coyuntura, el precio del petróleo volverá a subir con el pasar del tiempo, y a medida que comience a agotarse y sino encuentran una alternativa energética será el botín de duras batallas.

Víctor Abelando comenta las intervenciones sobre los desafíos de la izquierda

Víctor Abelando fue el moderador de la última mesa del ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda, destinada a intercambiar sobre los desafìos de la izquierda. Participaron en la misma Carmen Beramendi, Pablo Anzalone, Rodrigo Arocena, Alejandro “Pacha” Sánchez y Alvaro Portillo. La mesa redonda tuvo lugar en la Huella de Seregni el 10 de diciembre de 2015.

Segunda parte de la intervención de Pablo Anzalone

Segunda parte de la intervención de Pablo Anzalone durante la mesa redonda destinada a los desafíos de la izquierda. En la misma participaron también Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo y Alejandro “Pacha” Sánchez. Moderó Vìctor Abelando. La misma se realizó el 10 de diciembre de 2015 en la Huella de Seregni

Pablo Anzalone habla sobre qué izquierda necesitamos

Pablo Anzalone, Director de la Salud, 2005-2007 y 2010-2015, y Director de RRHH, 2007-2010, de la Intendencia de Montevideo durante su intervención en la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Esta vez sobre el tema “Los desafìos de la izquierda”. Con Alejandro Sánchez participaron Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo y el actual Presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez. Moderó Víctor Abelando. La misma tuvo lugar el 10 de diciembre de 2015 en La Huella de Seregni.

Rodrigo Arocena durante la segunda parte de su intervención sobre los desafíos de la izquierda

Rodrigo Arocena, ex Rector de la Universidad de la República, durante su intervención en la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Esta vez sobre el tema “Los desafìos de la izquierda”. Con Alejandro Sánchez participaron Carmen Beramendi, Pablo Anzalone, Alvaro Portillo y el actual Presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez. Moderó Víctor Abelando. La misma tuvo lugar el 10 de diciembre de 2015 en La Huella de Seregni.

Rodrigo Arocena, ex Rector de la UDELAR, en la última mesa redonda del ciclo de debates

El ciclo de debates impulsado por un grupo de frenteamplistas independientes llegó a su fin con la mesa redonda destinada a los desafios de la izquierda. En este video participar Rodrigo Arocena, ex Rector de la Universidad de la República, Carmen Beramendi, Alvaro Portillo, Alejandro Sánchez y Pablo Anzalone.

Alejandro Sánchez opina sobre los desafíos de la izquierda

Alejandro “Pacha” Sánchez, Presidente de la Cámara de Diputados, durante su intervención en la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Esta vez sobre el tema “Los desafìos de la izquierda”. Con Alejandro Sánchez participaron Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo y Pablo Anzalone. Moderó Víctor Abelando. La misma tuvo lugar el 10 de diciembre de 2015 en La Huella de Seregni.

Carmen Beramendi habla sobre los desafíos de la izquierda

El 10 de diciembre tuvo lugar la mesa redonda sobre los desafíos de la izquierda. El ciclo de debates comenzado en setiembre de este año ha contado con la participación de diferentes militantes del Frente Amplio. En esta oportunidad participaron junto a Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alvaro Portillo, Alejandro Sánchez y Pablo Anzalone. Moderó, Víctor Abelando

Víctor Abelando presenta la última mesa redonda del ciclo de debates

El 10 de diciembre de 2015 se realizó la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. En la misma participaron Alvaro Portillo, Carmen Beramendi, Rodrigo Arocena, Alejandro Sánchez y Pablo Anzalone.
Fue moderada por Víctor Abelando.

Gustavo Gómez propone discutir cómo mantener las conquistas logradas

Gustavo Gómez en el espacio de preguntas y respuestas habla sobre el Frente Amplio y cómo mantener las conquistas logradas. El intercambio tuvo lugar durante el ciclo de debates La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. La mesa redonda, dedicada a la democratización de la sociedad estaba integrada también por Adriana Cabrera y Gabriel Delacoste y moderada por Virginia Martínez. Se realizó el 26 de noviembre de 2015 en la Huella de Seregni.

Gabriel Delacoste durante el espacio de preguntas y respuestas

Gabriel Delacoste en el espacio de preguntas responde sobre el futuro del Frente Amplio y la izquierda en el Ciclo de Debates, La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. La mesa redonda, dedicada a la democratización de la sociedad estaba integrada también por Adriana Cabrera y Gustavo Gómez y moderada por Virginia Martínez. Se realizó el 26 de noviembre de 2015 en la Huella de Seregni.

Gabriel Delacoste en la mesa redonda sobre democracia

La quinta mesa redonda del Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda estuvo dedicada a La democratización de la sociedad. Frente a la pregunta ¿qué cambios políticos y jurídicos son necesarios para profundizar la democracia? intervinieron como panelistas Adriana Cabrera, Gustavo Gómez y Gabriel Delacoste. Moderó el panel Virginia Martínez. La actividad tuvo lugar en La Huella de Seregni el jueves 26 de noviembre de 2015.