Escribe Antonio Coelho Pereira

Esta invitación es a construir y reconocer esperanza, en nuestro vivir de cada día, en nuestro barrio, en los espacios que participamos, en toda la sociedad. Junto con “conspirar”, respirar junto con cada una cada uno de nosotros, un aporte de las biblistas feministas del continente, mas el aporte de Frei Betto “dejar el pesimismo para tiempos mejores” cuando el triunfo de Bolsonaro, no solo ayuda alimentar nuestro compromiso, sino que le da la mística que alimenta nuestras luchas.

Muchos de mis artículos surgen de la denuncia de injusticias, de abuso de poder, pero este artículo me interesa escribir desde otra perspectiva, retomar esa lectura feminista de la Biblia y el reconocimiento de un judío poco nombrado José de Arimatea.

Hace poco se celebró la Fiesta de Pascua, una celebración que cambia de fecha todos los años, no como Navidad instituida por Constantino todos los 25 de diciembre.

Dicen las biblistas del continente que la Pascua no es una fiesta del calendario, es una fiesta del lunario, porque el calendario no es perfecto y cada cuatro años es necesario agregarle un día, pero cuando escuchamos la naturaleza, la luna, el mar, los ríos la tierra, el cuerpo de las mujeres el cuerpo de los niños cuando se preparan para nacer, nadie atiende el calendario, todos prestamos atención a la luna. Es la luna que tiene influencia sobre la vida, sobre las mareas, sobre la tierra cuando plantar, cuando recoger, es la luna decimotercera la que determina la Pascua.

La Hermana Maria Soave de Brasil nos dice que el calendario tiene doce meses, pero no es un número perfecto, por más que se insiste con doce apóstoles (ahora el Papa Francisco agrego una decimotercera María Magdalena) , doce tribus por los hijos de Jacob (pero en realidad fueron trece porque tuvo una hija mujer Dina). Pero el número perfecto en la historia en el gesto místico político es trece, como también lo es en la naturaleza, son trece las lunas en un año. Para los seguidores del movimiento de Jesús somos el Pueblo de las trece lunas.

Siguiendo la reflexión de las mujeres biblistas del continente, un hecho muy significativo que aparece en los cuatro Evangelios y en todos los no reconocidos (llamados apócrifos) es que en la cruz de Jesús a sus pies aparecen mujeres con sus nombres, algo raro en textos patriarcales.

Pero una que está en todos los textos es María Magdalena, ella es parte de las personas más queridas por Jesús, junto Lázaro, María y Marta en la comunidad de Bethania “la casa de los pobres”.

En los textos de la resurrección junto a las mujeres aparece un hombre, José de Arimatea, el tampoco se acobarda de estar del lado de los crucificados y enfrentar al imperio, encaro a Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús, un hombre del sanedrín, de los sacerdotes del Templo también culpables de la tortura y muerte de Jesús.

Para enfrentar la corrupción de la clase dominante, cuando parece que todo lo pueden, que no hay límite para su avaricia económica, que se adueñan de los cuerpos de los más frágiles, de los más débiles, nos queda esperanzar, conspirar y no caer en el pesimismo.

Hoy también existen los José de Arimatea, solo nombrar dos ejemplos, uno en Montevideo, tomando una frase de Mercedes Clara “donde va Pablo Bonavia se genera comunidad”, otro en Treinta y Tres incansable defensor de los Derechos Humanos, Jorge Osorio, dos sacerdotes uruguayos.