TEXTO DE LA PROCLAMA LEÍDA EN EL ACTO POR LA PAZ Y POR EL DIÁLOGO EN VENEZUELA

Venezuela vive horas críticas. El pueblo venezolano enfrenta el delicadísimo momento histórico de enfrentarse tal vez, aunque nos atemorice tremendamente sólo pensarlo, a una guerra, promovida y patrocinada por la injerencia externa. Por eso, para quienes creemos en una América Latina libre, soberana, unida y en paz, Venezuela es hoy el continente. Y el continente es Venezuela. Todos y todas nos jugamos una parada grave en estos días en la tierra de Bolívar.

En ese contexto, expresamos claramente y sin miramientos que el liderazgo de Uruguay y México en el llamado al diálogo por Venezuela, con la reunión que hoy se realiza en nuestra capital, es de crucial importancia. Reconocemos y saludamos el papel de nuestro gobierno para facilitar una salida pacífica a la conflictividad interna de Venezuela, especialmente en momentos en que los países aglutinados en el “Grupo de Lima” y otros Estados a nivel mundial se alinean a Estados Unidos en su intentona injerencista y belicista. Estrategia norteamericana de afán imperial con decenas de antecedentes a lo largo de la historia y en los diversos continentes, donde los pueblos han puesto siempre los muertos.

Las organizaciones y movimientos sociales que nos reunimos hoy en Montevideo, en el marco de una serie de movilizaciones en diversos países de las Américas por la paz y el diálogo en Venezuela, tenemos claro que el futuro de ese país lo deben resolver los venezolanos y las venezolanas.

Reivindicamos la soberanía de ese pueblo, su derecho a la autodeterminación, y nos manifestamos en solidaridad ante el momento actual. 

A la ofensiva de la derecha internacional, los pueblos respondemos con más unidad y solidaridad.

Somos plenamente conscientes del gravísimo momento histórico al que nos enfrentamos, que de la mano intervencionista y belicista nos puede conducir a una guerra civil en Venezuela, o lisa y llanamente a una ocupación militar de Estados Unidos y aliados. De esta manera el pueblo uruguayo honra una vez más su historia de compromiso con la paz y la democracia.

Vaya si la paz y la democracia estarán en juego en América Latina hoy. Fue un golpe de Estado parlamentario el que destituyó a Dilma Rousseff de la presidencia de Brasil en 2016. Y fue un golpe judicial (y político, claro está) el que apartó a Lula de la posibilidad de ser candidato a las elecciones del pasado año. Algunos les llaman “golpes blandos”. No hay “golpes blandos”, hay golpes y punto, hay afrentas y ataques directos a la democracia y las voluntades populares, con graves consecuencias para la gente común y los luchadores sociales. No olvidemos que hace apenas poco más de un año en Brasil fue asesinada la militante política y concejal en Río de Janeiro, Marielle Franco. Asesinato impune hasta hoy. Ni que actualmente el gobierno fascista brasileño obliga al exilio a los activistas políticos de su país, como ocurrió con el diputado Jean Wyllys, por temor a la persecución y las ejecuciones.

Fue un fraude flagrante y alevoso el que permitió en 2017 a Juan Orlando Hernández seguir gobernando Honduras, país donde el asesinato de la dirigente indígena Berta Cáceres en 2016 sigue impune, porque los autores intelectuales del crimen no han caído. Mientras tanto, Colombia se destaca mundialmente por los asesinatos de líderes sociales, más de 170 en 2018. Mujeres, indígenas, campesinos, sindicalistas, defensores del medio ambiente y los territorios engrosan esos números de muerte. Y en Argentina, desde la asunción de Mauricio Macri, los trabajadores y trabajadoras siguen perdiendo derechos, al igual que el campesinado organizado, y la investigación del asesinato del activista Santiago Maldonado en 2017 se dio por cerrada, con explicaciones que no convencen a nadie y, por supuesto, sin justicia.

Por todo esto y mucho más no nos confundimos: la defensa de la democracia y de los derechos de los pueblos se juega en toda América Latina. Los medios masivos de comunicación, al servicio de la derecha y las clases dominantes, juegan un rol central en los procesos de desestabilización de la democracia en América Latina en estos años. Su tergiversación de los hechos, cuando no la mentira lisa y llana, también atentan contra la democracia y el Estado de derecho en la región. Y el caso Venezuela es su preferido, su caballito de batalla.

Pero nuestro pueblo organizado tiene unidad, memoria y análisis. No subestimen nuestra inteligencia. Sabemos a fuerza de sangre que toda América Latina atraviesa una profunda arremetida contra la democracia y los derechos conquistados por la clase trabajadora y los movimientos populares. Y cualquier atentado contra un pueblo hermano de América Latina es un atentado contra todos y todas, contra nuestros derechos colectivos, contra nuestra soberanía popular.

El intento de golpe de Estado en Venezuela, con una persona que se auto proclama presidente y países que la respaldan con el liderazgo de Estados Unidos, con sabidos intereses geopolíticos en Venezuela y la región, hace parte de una ofensiva de la derecha fascista latinoamericana contra los proyectos populares y soberanos, contra la izquierda y la clase trabajadora.

Así lo hemos leído en el marco de la Jornada Continental en Defensa de la Democracia y contra el Neoliberalismo desde 2015, con un importante Encuentro en Montevideo en 2017, y que este año nos reunirá en Cuba en noviembre. Y juntos y juntas en ese marco consideramos que solamente la salida negociada y pacífica entre el gobierno venezolano y una oposición democrática, óigase bien, oposición democrática, puede trazar los caminos de diálogo para la superación del conflicto político interno, avivado por la injerencia extranjera y sus intereses imperiales.

Nos preocupa y ocupa Venezuela. Queremos la paz para ese país por sobre todas las cosas y rechazamos cualquier alternativa que facilite el camino a la guerra. La historia, antigua y reciente, nos brindan vastos ejemplos de las gravísimas consecuencias de los ofrecimientos de “ayuda humanitaria” o en “defensa de la libertad” de los mismos actores que hoy se relamen por entrar a Venezuela. Colombia moviliza miles de soldados a la zona fronteriza con Venezuela y cabe al menos dudar que el único objetivo sea controlar el flujo migratorio venezolano.

Por eso llamamos al diálogo, a que se siga el camino iniciado por Uruguay y México, en defensa de la paz, para facilitar una salida negociada entre actores democráticos. Reivindicamos nuevamente la autodeterminación y soberanía del pueblo venezolano, y le manifestamos nuestra más profunda y sentida solidaridad militante.

Nuestra solidaridad con Venezuela es, al mismo tiempo, un llamado a la continuidad de la lucha articulada de nuestros pueblos frente a las imposiciones imperialistas para el desmonte de la democracia y de los derechos colectivos conquistados históricamente. No podemos permitir que nuestros derechos desaparezcan como consecuencia de las estrategias golpistas. A la ofensiva de la derecha respondemos con más unidad y solidaridad, y hoy en Uruguay hacemos honor a nuestra historia de lucha por la democracia, la justicia social, la paz y la soberanía de los pueblos.

¡VIVA EL PUEBLO VENEZOLANO!

¡NO A LA INJERENCIA EXTRANJERA Y LA GUERRA!

¡SÍ A LA DEMOCRACIA, SÍ A LA PAZ, SÍ A LA AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS!

¡VIVA LA UNIDAD Y LUCHA DEL PUEBLO URUGUAYO!

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