“COSA DE MUJERES” por Adriana Cabrera Esteve

“Cosas de mujeres” es un proyecto fotográfico consistente en una intervención urbana de 43 gigantografías, impresas en vinilo autoadhesivo, que fueron colocadas en el entorno del Mausoleo de Artigas entre el 6 y el 30 de noviembre. Se realizó en el marco del mes dedicado a la lucha contra la violencia de género en el entendido de que la desigualdad es su principal generadora. Cada una de las fotografías fue acompañada por un texto colocado al costado de la misma en el que la fotografiada manifiesta cuáles son las primeras medidas que tomaría si accediera al gobierno. En la selección, fueron excluidas aquellas mujeres que por ser militantes políticas, efectivamente pudieran ser candidatas a cualquier cargo de gobierno en las próximas elecciones de tal manera de que la muestra tuviera un carácter cultural y no político partidario. El segundo criterio de selección con el que nos manejamos las fotógrafas que integramos el Colectivo En Blanca y Negra  fue abarcar las diferentes edades, etnias, orientación sexual, profesiones u oficios y nivel económico de la población femenina uruguaya. Descontando estos dos criterios, cada una tuvo la libertad de elegir a quién fotografiar.

Para su ejecución, el proyecto contó con el apoyo de Cotidiano Mujer, el Municipio B, el Centro de Fotografía de Montevideo, la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo, la Bicameral Femenina, la Red de Equidad y Género del Municipio B y el Taller Aquelarre. También fue declarado de interés departamental por la Junta Departamental de Montevideo.

Nos proponíamos naturalizar la idea de que una mujer es presidenciable, lograr que más mujeres se postulen a los más altos escaños de la actividad política, fomentar la confianza de la ciudadanía en la capacidad de conducción de las mujeres y estimular el ejercicio integral de nuestra ciudadanía, visto que actualmente, en los hechos, somos electoras pero no elegibles.

Entendemos que en la actualidad, las mujeres ejercemos una ciudadanía parcial. Si bien no tenemos limitaciones legales para ser elegibles a los principales cargos del país, tenemos enormes limitaciones culturales. Algunas emanan de la división sexual del trabajo por el que las mujeres tendríamos “diferencias naturales” con los hombres y estas nos hacen más apropiadas para las tareas de cuidados y subalternas que para las tareas de gobernanza o liderazgos. Otra razón surge del llamado “techo de cristal”, aunque estadísticamente egresamos con mejores calificaciones de la universidad, sin embargo a la hora de promover a los altos cargos de las instituciones públicas y privadas, los que llegan primero son los hombres que al mismo tiempo luchan denodadamente por mantener esa situación de privilegio. También existe el prejuicio de que a las mujeres no les “interesa” y muchas, convencidas de que eso es así, lo dicen. Otro prejuicio es que muchas y muchos consideran que las mujeres deben acceder a cargos políticos por sus propios medios y capacidades. O sea, entienden que si las mujeres no accedemos a los primeros cargos es porque no lo merecemos. Esta visión niega la necesidad de políticas proactivas dentro de los partidos políticos, desde el Estado y desde la cultura.

Estas razones motivaron que para el 2014 se aprobara una ley de cuotas que garantizaba el 30% de los lugares a las mujeres. Norma que, recientemente, se extendiera sin fecha límite. Así y todo muchas de las elegidas tuvieron que ceder sus lugares a los hombres que las seguían en las listas por acuerdos previos. Sin embargo, esta ley permitió que el 20% de las bancas estuviera ocupada por mujeres. Algo nuevo en las elecciones de 2014  fue que por primera vez hubo una precandidatura femenina a la presidencia. También en los últimos tiempos ha habido mujeres que se postularon para ser secretarias generales en sus propios partidos. Sin embargo, en una población que se distribuye equitativamente entre hombres y mujeres, una participación política de un 20% sigue siendo insuficiente. Un debe de nuestra democracia es que el 50% de los cargos estén ocupados por mujeres y que estas accedan a la presidencia de la república. Entonces seremos una verdadera democracia.

Publicado en El Diario Médico Nro.213, de noviembre 2018

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