LAS VERDADES DEL PRESUPUESTO EDUCATIVO por Daniel Olesker

En el debate entre candidatos Daniel Martínez afirmó que en el período que gobernó el Partido Nacional la educación (ANEP y UDELAR) redujo su presupuesto en valores constantes.

Lacalle Pou dijo que no tenía esos datos.

Seguramente no habrá leído el informe (entre otros) de la Evolución y ejecución presupuestal de la ANEP 1985 — 2015 de disponible en su página web.

En ella se toman los valores presupuestales de la ANEP hasta 2015 a precios de este año.

Y de allí surge el siguiente cuadro:

Es decir, es claro que en el gobierno del Partido Nacional el presupuesto de la ANEP cayó. Y como el presupuesto de la UDELAR quedó estancado entre 1989 y 1994 en términos reales, se concluye que la suma del presupuesto de las dos instituciones relevantes en la educación pública se redujo en el gobierno del Partido Nacional.

Y cuando desglosamos el presupuesto de ANEP por subsistemas, la caída es aún mayor: 17% en la UTU, 9% en secundaria y 11% en Primaria dado que la que sí aumentó fue la Unidad ejecutora CODICEN en 69%. ¿Para qué habrá sido ese aumento de las estructuras centrales?

El cuadro 2 nos trae otras informaciones del acumulado del presupuesto en estos períodos tomando ahora ANEP y UDELAR:

Este cuadro nos muestra que el gasto promedio sumado de ANEP y UDELAR de estos períodos ha ido creciendo en el tiempo y hoy el gasto es más del doble en el promedio 2010 a 2015 que en el período del gobierno del partido Nacional.

Lo mismo si lo comparamos con el PBI, que en aquellos años fue 2,86% y entre 2010 y 2015 promedió 3,79%.

Tenemos en claro que desde 2015 a 2018 ha seguido creciendo, llegando en el promedio de los 4 años que llevamos a un gasto de 75.000 millones de pesos y al 4,11% del PBI ´promedio de los 4 años y con tendencia ascendente.

Es claro además que ello ha traído aparejado un cambio relevante en la capacidad de atender la educación.

Solo 2 datos para la ANEP.

Mientras que a precios de 2018 el gasto por alumno en el quinquenio del Partido Nacional fue de 50.000 pesos, hoy, a pesar de una mayor matrícula en la ANEP, el gasto por alumno es de 92.000 pesos/año.

Y ese aumento de la dotación fue acompañado de aumento de trabajadores. Tomando el total de trabajadores de ANEP y su matrícula, al final del gobierno del partido Nacional había un funcionario cada 11 estudiantes. A 2018 hay un funcionario cada 7,5 estudiantes.

Entonces más presupuesto, mejora del salario real y más trabajadores hacen que el gasto en salario marque la diferencia. Lacalle padre arranco con 12.000 millones de pesos a precios 2015 y terminó con 11.000, es decir, ahorró en salarios, esa fue su estrategia fiscal. De 2010 a 2015 pasamos de 29.000 a 38.000 millones de pesos. Noten la diferencia.

Entonces no hay duda: el peor gobierno para el presupuesto de ANEP y UDELAR fue el del gobierno del Partido Nacional. Y desde que asumió el Frente Amplio todo fue crecimiento de presupuesto, de masa salarial, de recursos humanos y de participación del gasto educativo público en el PBI.

He aquí la verdadera historia.

Publicado el 7 de octubre en La República

LA POLÍTICA EN EL DEBATE PRESUPUESTAL

Escribe Pablo Anzalone

Artículo publicado en el Semanario Voces del 22 de octubre 2015

Un presupuesto quinquenal es en primer lugar una propuesta política acompañada de recursos. Como tal suscita lógicamente múltiples debates desde muchos actores. Desde los que pelean por su salario a los que se quejan a voz en cuello porque quitaron una  exoneración injustificada de la contribución inmobiliaria rural. El tema educación ha sido uno de los grandes ejes del debate, en gran medida  por el conflicto de los gremios. La cantidad de efectivos de las FFAA y su salario, el rol de la Guardia Republicana, la financiación de medicamentos de alto costo fuera del Formulario Terapéutico Nacional, los recursos para implementar la ley de medios y la Red Nacional de Drogas, o  el Clemente Estable, son otros puntos de polémica.

Durante los primeros meses del nuevo gobierno, el “síndrome Antel Arena” fue el discurso hegemónico, y el peligro del déficit fiscal se colocó como la idea ordenadora.  La amplificación que tuvo este discurso  fue importante. Luego Tabaré imprimió un giro público diferente, poniendo el énfasis en las inversiones públicas previstas y en la continuidad del crecimiento. El presupuesto presentado por el Poder Ejecutivo está a medio camino entre ambas inflexiones.  El mensaje presupuestal plantea que Educación, Sistema  de Cuidados, Infraestructura, Salud, Seguridad Pública y Descentralización son las principales áreas priorizadas con asignaciones incrementales de recursos. Son prioridades claramente compartibles, a las que habría que agregar otras referidas a políticas sociales, sobre todo en relación con la pobreza infantil, que no se agotan con educación y cuidados. El mensaje tiene alguna afirmación fuerte como “la demanda interna será el principal motor de crecimiento en 2016 y 2017” que debería motivar un abanico de acciones.

En un contexto donde la oposición renunció a interactuar y se posiciona “en las cuchillas” de un discurso intransigente, los debates quedan en su mayoría dentro del Frente Amplio. Para manejar esas contradicciones los legisladores pudieron redistribuir recursos, aunque en un porcentaje muy menor. Señales políticas más que cambios sustantivos. Darle más recursos a la educación, la investigación, las políticas de drogas, la Ley de Medios, tienen ese sentido. Lo inexplicable y contradictorio es que se optó por quitarlos del Sistema de Cuidados, un objetivo prioritario en lo social, en lugar de tomarlos del Ministerio de Defensa u otros  que siguen obteniendo una parte significativa de los recursos presupuestales. Si  había una intencionalidad política “de izquierda”, el saldo es confuso.

Hubo señales de signo contrario en la votación de tres diputados frenteamplistas más sintonizadas con posibles preocupaciones militares por la reducción de efectivos o la eventual competencia con la Guardia Republicana. Esas señales tuvieron efectos pertinentes porque dejaron sin mayoría al Frente Amplio en estos artículos. Más allá de la lesión a la unidad de acción del Frente Amplio cabe plantearse  porqué representantes frenteamplistas responden así a este tipo de intereses o concepciones militares, como lo ha hecho el Ministro  Fernández Huidobro.

El incremento de recursos por vía tributaria fue descartado sin argumentos válidos. Adoptar como posición inamovible que no habrá aumento de impuestos es atarse de manos y renunciar a mayores políticas redistributivas. El Frente Amplio siempre dijo que la reforma tributaria era un proceso inacabado, el programa lo reivindica como “instrumento de igualdad, integración social y desarrollo” y sugiere mayor carga tributaria a la población de más altos ingresos, a los sectores con ganancias extraordinarias o poderosos patrimonios y al consumo importado de bienes suntuarios.

¿Por qué transformar ahora en mala palabra la creación de nuevos impuestos o la modificación de alguno de los existentes? El movimiento sindical y el  Cuesta Duarte pusieron este tema sobre la mesa con propuestas serias y concretas.

Analizando el debate político presupuestal se abre una interrogante  sobre los vínculos entre el FA, Gobierno y movimientos sociales. Quedar aislado en la institucionalidad y apostar al respaldo de la opinión pública conservadora, es una apuesta perdidosa para la izquierda. Un proyecto de izquierda exige levantar un discurso claro de avance social e  implementar eficientemente las políticas para lograr esas metas. El poder necesario para esta transformación no es solo institucional, requiere alianzas  con los movimientos populares, aún con contradicciones. Se trata de considerar a la población como partícipe activo. Requiere recuperar la política.