ENCANTADOS: TONOS Y SEMITONOS por Milton Romani Gerner*

Escala en do bemol mayor. Las declaraciones del comandante en jefe del Ejército brasileño, general Eduardo Villas Boas, destinadas a presionar al Supremo Tribunal de Justicia previa resolución del hábeas corpus para Lula, muestran cómo se reconstituye el bloque de los poderosos, siempre. El general Villas Boas habló de “impunidad”. Por acá también algunos han empezado a usar el término, y no por el peso profundo que tuvo la caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Brasil inauguró el ciclo de las dictaduras en Sudamérica en el siglo pasado. Fue el país menos dispuesto a revisar el pasado dictatorial. Imperio de la impunidad. La izquierda debe hacerse cargo también de esto. Se dijo, y ahora es realidad: “Quien no hace justicia con el pasado está condenado a repetirlo”. ¿Pueden volver? Sí, pueden.

Fuga en re menor. Hacen gala de combate a la corrupción. Es un recurso viejo de la derecha. Acá lo usaron en la década de 1970: escándalos en la Junta Departamental (1972), prisión de Jorge Batlle, rimbombante investigación de ilícitos económicos. Así los llamaron. Plasmados en la plataforma electoral de las Fuerzas Armadas: comunicados 4 y 7. Confundieron a unos cuantos. Una maniobra para asaltar el poder.

La lucha contra la corrupción siempre fue una bandera de la izquierda. Durante años, en Uruguay el acomodo, la tarjeta para jubilarse, el puestito en el Estado vía clubes, la coima, la llamadita del te arreglo esto a vos y quedás en deuda fueron estructurales. La gauchada. Un modo uruguayo de ver, estar y sentir el mundo, los negocios, el Estado. Estoy condenado a citar a don Ignacio de Posadas: no vas a ir a pedirles a los amigos que se dediquen a la política, que no da un mango. Es más, se pierde. Por lo cual…

La izquierda nunca debió ceder esa bandera. O lo que es peor, deslizarla para que estuviera en manos de la derecha económica o mediática. Menos aun cometer errores y horrores que la expusieran al “todos son iguales”. La demostración de que somos diferentes tiene que estar en la agenda política con medidas integrales de fondo, concretas, creíbles. El statu quo implica lógica de poder, afán de lucro, ultracompetencia. El hacé la tuya y cuál es la mía actúan como aceite de los engranajes. Las privatizaciones y contratos con el Estado son un maná en el que se produce coima, que es bidireccional. Dar y aceptar. El acomodo, también. No importa si otros son peores. En la izquierda es casi una traición a nuestra concepción de iguales.

Mayor en si bemol. El triunfo de Carlos Alvarado en Costa Rica enseña cómo funciona la diferenciación como clave de triunfo. No la mimetización en aras de ganar votos y opinión. Dicho sea de paso: nuevamente se equivocaron las encuestas. Bueno, las ponderaciones que hacen los encuestadores. Y cómo. Alvarado no se dejó comer la cabeza para arrastrarse al centro y sumarse a los otros que cuestionaban a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dijo lo que pensaba, redobló sus convicciones. Su candidata a la vicepresidencia ya expresaba esas convicciones. Mujer, negra y combativa en defensa de todos los derechos: Epsy Campbell.

Escala en fa mayor sostenido. Hay que liderar la indignación. La defensa ciega de todo lo logrado es insuficiente para convocar a un nuevo cambio. Cuando se juegan derechos que todavía no son plenos o están vulnerados, lo primero es indignarse. Luego, asumir el desafío. Después, explicar lo que se hizo. Pero primero, indignarse. Desde el gobierno, desde el Frente Amplio y las organizaciones sociales.

La pobreza infantil todavía ronda el 17%. Indigna. Interpela. Claro que se hizo mucho. Pero ahora vale la pena un cuarto gobierno para lograr pobreza cero. Porque nos indigna. Hay que avanzar en el combate de todas las desigualdades y decirlo a texto expreso. Desigualdad que se expresa brutalmente también en lo territorial. Una bofetada para nuestra conciencia y nuestra sensibilidad. Resaltar, sí, que la pobreza bajó en 2017 a 7,9% cuando teníamos 39% en 2004. No para conformarnos, sino para reafirmar que se puede. Desconozco si formarán parte del programa del Frente Amplio, pero la Renta Básica Universal, el impuesto a la herencia, los temas de medioambiente e inversiones deben formar parte de las provocaciones necesarias. Son polémicos, sí. Pero volver a cambiar implica nuevos desafíos, nuevo campo de confrontaciones, nuevas alianzas.

Ya comenzó la campaña. Hay que salir del piloto automático. Encantar, convencer y ganar corazones. Contagiar. Luego de tres gobiernos nacionales, con muchas luces y algunas sombras, sólo es esperable que, ahora sí, hagamos temblar las raíces de los árboles.

Publicado en La Diaria el 13 de abril de 2018.

*Licenciado en Psicología. Fue secretario general de la Junta Nacional de Drogas y embajador de Uruguay ante la Organización de Estados Americanos.

DEL MALESTAR A LA ACCIÓN por Mílton Romani Gerner

“Todos cometemos errores. Y tenemos ese derecho. Lo que no podemos es endosarle esos errores a un proyecto colectivo. No hay derecho”. Breve, contundente y elocuente mensaje del maestro Yamandú Orsi. Muestra un camino. No callarse, decir con prudencia y hacer. Ser crítico, sin tirar el niño con el agua. Convertir malestares en caminos proactivos de acción frenteamplista.

Porque sus dichos, además, tienen la elocuencia de una gestión exitosa. Como también parece indicar, refrendado por exigentes encuestas (que muestran otras realidades patéticas) la de su par de Montevideo, el compañero Daniel Martínez, y su equipo. Esto no borra errores, ni faltas, ni yerros, sino que, reconociéndolos, va para adelante. Las gestiones departamentales de ambos compañeros se destacan por la acción política permanente, buenos equipos y una comunicación social destacada.

El peor enemigo, como afirma Miguel Fernández Galeano, es el piloto automático. Fue a propósito de las iniciativas para profundizar la reforma del Sistema Nacional Integrado de Salud que ha encontrado en el Diálogo por la Salud al Ministerio de Salud Pública con las organizaciones sociales (como la Federación Uruguaya de la Salud, la Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay, el Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, la Federación de Funcionarios de la Salud Pública y el Sindicato Médico del Uruguay) y sus aportes. ¿Polémicos? Obvio, pero que lanzan la acción. Subrayo estos ejemplos, como podrían ser muchos otros, que deberían sacudir la modorra y lanzarnos a la acción. Claro, se necesita Frente Amplio, gobierno y organizaciones sociales en diálogo, pero en acción. Cito este para trascender lo que puede interpretarse como postulaciones. Como también dijo Orsi, tenemos destacadísimos compañeros que podrían, en su momento, encabezar la campaña política electoral (Mario Bergara, Constanza Moreira, Mónica Xavier, Carolina Cosse, Alejandro Pacha Sánchez). El tema no son los nombres. Son los contenidos y el estado del alma frenteamplista, que contagie con imaginación y acciones concretas a la ciudadanía. Lo que haremos en base a lo que ya hacemos.

Un malestar recorre las filas frenteamplistas. Desconformes, críticos, desilusionados, alarmados, preocupados. Compañeros y compañeras que claman por volver a poner la política en los centros de mando. La situación en la región aporta componentes de alarma. Algunos gurúes aprovechan para festejar el fin del ciclo progresista. El regreso de la derecha no es el equilibrio ni la anticorrupción. La reforma laboral de Michel Temer y todas las medidas de Mauricio Macri muestran que las elites económicas vuelven con sed de venganza. No sólo para recobrar plusvalía, sino poder.

La queja. Con ese título, hace ya mucho tiempo, el querido compañero Joaquín Rodríguez Nebot escribió un sabroso análisis de este fenómeno psicosocial típicamente uruguayo: “Lo primero que salta a la vista es que el contenido del enunciado de la queja funciona como un objeto frustrante: el tema revela una carencia, una falta; o, dicho en otros términos, por allí circula un anhelo, un deseo que no es correspondido. Lo que aparece, entonces, es una actitud de espera, reflejando una cierta pasividad. Se espera que un tercero accione ante una demanda”. Es útil releerlo, aun cuando fue escrito, antes del ciclo frenteamplista, que pensábamos que podría remontar esta pasividad. Lo hizo durante un tiempo. Hay que recobrar la primavera de iniciativas.

No podemos “sentarnos a la puerta de la casa, como Job, a ver pasar el cadáver del imperialismo”. O ver pasar el cortejo donde la iniciativa y la hegemonía política cultural caigan en manos de la derecha. Perder la elección no sería lo peor. La fragmentación social y política que representaría, y el sufrimiento social y afectivo que supondría, serían demoledores. Unido a la pérdida de los derechos, beneficios, conquistas sociales, y con las desigualdades e inseguridad que nos traería un nuevo viejo gobierno de las elites.

Trascender el malestar implica superar la queja y dejar de esperar que lo haga un tercero. Está en nosotros mismos. Hay que potenciar lo bueno que hay, por aquello de que más vale un paso efectivo en la lucha que 100 programas. Algunos ilusos piensan que el posfrentismo, en sus infinitas variantes, es una salida factible. Sumando desilusiones y desesperanzas lo único que se acumula son derrotas. ¡Si lo sabremos! Nunca cuanto peor, mejor. Nunca. Rescatar los valores y acciones positivas que seguimos teniendo es la única razón del artillero. No se trata de barrer bajo la alfombra, donde la suegra no ve, sino de buscar puntos de apoyo para producir otros efectos. Se trata de pasar de un circuito vicioso a un circuito virtuoso; del malestar a la acción política permanente. Sobre el tema de la corrupción no puede haber dudas y deben recorrerse los caminos que den las garantías del debido proceso. Cobrar al grito o linchar no es bueno, precisamente, para combatir esta corrupción. Pero luego también hay que actuar en consecuencia, caiga quien caiga.

El derecho a equivocarse. Parecería que los políticos no podemos admitir nunca una equivocación. ¡Qué equivocados estamos! Porque aquel que admite un yerro, una falta, quien reconoce a viva voz su equivocación seguramente no recibirá la absolución ni la redención, pero sí el reconocimiento de la ciudadanía por el coraje de admitirlo. De igual manera, habrá que insistir en que comunicar es siempre preferible al hermetismo. Todo a su medida y adecuadamente. Pero si callamos, la agenda la hacen los otros.

La estupidez. Fernando Isabella tiene razón (ver http://ladiaria.com.uy/UOo). Nos equivocamos y cometemos estupideces. En este caso, por seguir un paradigma economicocentrista. No es hablando de economía que generaremos hegemonía. Es haciendo política. El síndrome antelarena lo demostró terminantemente. La racionalidad contable tiene repercusiones demoledoras en otros planos. Algunos economistas no han incorporado el principio de indeterminación de las ciencias duras. Siguen sin admitir que como observadores estamos inmersos en el campo, y eso nos implica. Es más, el pensamiento económico de avanzada revisa esta pretensión absolutista que ha caracterizado los desastrosos pronósticos en las últimas crisis. Dicen que las previsiones están atravesadas (¡vaya!) por deseos, emociones, presiones varias e improntas psicológicas propias de humanos. Basta de pronósticos económicos y de encerrar todo, absolutamente todo, en la lógica economista, comercial e inversionista.

Los hombres y mujeres vivimos de otras cosas, ilusiones y deseos. Nos gusta que nos traten bien y que se reconozcan nuestros méritos. Que nos digan: “Qué bien lo suyo, siga así”. La prolijidad económica del gobierno de Montevideo no fue el mascarón de proa de la gestión de Daniel Martínez, más bien tuvo bajo perfil. Sólo se trata de recentrar la política con otros temas, otros logros que no siempre pasan por las cuentas. Es necesario admitir que los hombres y mujeres nos equivocamos, nos entusiasmamos, cometemos estupideces, adoptamos conductas de riesgo y hasta consumimos drogas. Somos falibles, pero también tenemos mucho paño para dar si nos embalan en empresas épicas y en agendas seductoras. Esa es la historia del Frente Amplio.

Publicado en La Diaria el 18 de julio de 2017

Rodrigo Arocena durante la segunda parte de su intervención sobre los desafíos de la izquierda

Rodrigo Arocena, ex Rector de la Universidad de la República, durante su intervención en la última mesa redonda del ciclo de debates “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Esta vez sobre el tema “Los desafìos de la izquierda”. Con Alejandro Sánchez participaron Carmen Beramendi, Pablo Anzalone, Alvaro Portillo y el actual Presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez. Moderó Víctor Abelando. La misma tuvo lugar el 10 de diciembre de 2015 en La Huella de Seregni.

ANCAP, entre las pérdidas financieras y las pérdidas de valores

Escribe Javier Cousillas

Pocas veces en tan poco tiempo hubo tanta gente que supiera tan poco opinando sobre la gestión de ANCAP. Y el daño que están haciendo al “Ente” o la “empresa” (según como se la mire) es descomunal.

Nunca una Comisión Investigadora como la creada investigó tan poco. Desde antes de crearse los dados estaban echados. La derecha y algunos sectores del FA se vuelven a unir como en el 2003 para cuestionar el papel de ANCAP como palanca de desarrollo de la economía nacional y desde el resto del FA, salvo honrosas excepciones, el silencio es estruendoso.

Coinciden en que no es al país al que le deben cerrar las cuentas, sino a cada una de sus empresas públicas, desde una visión totalmente desacertada sobre cuál debe ser el papel de un Ente Autónomo en el marco de un modelo de desarrollo. Visión totalmente estrecha que cuestiona el papel de las empresas públicas como dinamizadoras del desarrollo social, el empleo, la industrialización, el conocimiento y tantos otros factores que contribuyen al desarrollo nacional.

Tienen una visión de ANCAP y del resto de las empresas para recaudar y volcar el dinero en políticas asistenciales. Les parece poco lo que recaudan con el IVA y el Imesi a los combustibles. No tienen idea el peso que tiene ANCAP a lo largo y ancho del país en la vida cotidiana de la gente.

Prefieren abrir comedores en Bella Unión o en Paysandú antes que desarrollar ALUR y que la gente viva dignamente de su trabajo. Prefieren traer el cemento de Turquía porque es más “barato” antes que realizar las inversiones en las plantas de Portland para generar inversión nacional.

Poco les importa si hubo que construir tanques para almacenar combustibles o supergás, o vagones y buques para su traslado,  porque durante décadas no se había hecho absolutamente nada ya que el único objetivo que tenía la derecha y que compartía –y me temo que sigue compartiendo parte del FA- es entregarla a manos privadas.

Para ellos todo es un “despilfarro”

No sólo se trata de cargarse algunos posibles candidatos para el 2019 (Sendic, Martínez, etc.)  Se trata también de “achicar el estado” y para ello no hay nada mejor que mostrar a ANCAP como un caos y una máquina de despilfarrar dinero.

Dicen que la masa salarial de los trabajadores aumentó un 50 % y esconden que el promedio del país fue un 47%. Omiten que toda la masa salarial más las cargas sociales de todo el personal de ANCAP incide en la tarifa de los combustibles un poco menos que un pedo en el desierto del Sahara.

Buscan los motivos de las pérdidas  en la contratación de un remolcador para llevar las barcazas Río Uruguay aguas arriba, porque prefieren hacerlo en camiones como siempre lo hicieron,  o en la contratación (5000 dólares) de publicidad en  una radio comunitaria de Quebracho, pero no informan cuanto llevan los canales privados o el resto de los medios de comunicación que están muy lejos de ser “comunitarios”. Claro, pobre al periodista que informe cuanto ingresó proveniente de ANCAP entre 2000 y 2015 en el medio que trabaja! Profesionales si, incisivos si, rigurosos, también ; pero no mascan vidrio.

Realmente se trata de argumentos para infradotados.

ANCAP factura anualmente 5000 millones de dólares por año y su problema está en que entre los años 2011 y 2014 dejó de recaudar 800 millones de dólares asumiendo costos de distribución que no fueron volcados a la tarifa con el objetivo –que comparto- de que la inflación no superara el 10 %. Le guste o no le guste a los Astoris, Valentis, Michelinis y los voceros de la derecha que actúan como repetidores de  análisis que responden a una estrategia suicida.

No hace falta ser un matemático soviético para darse cuenta que la suma de las “pérdidas contables” coincide con esa cifra y no con las estupideces que se investigan.

Todas las inversiones de ANCAP fueron de público conocimiento, todas pasaron por el Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Industria, todas responden a un plan energético que tuvo un amplio apoyo interpartidario en el 2005-2006, sin embargo nadie acusa conocimiento de las mismas.

Que esta inmoralidad  la haga la derecha,  está dentro de la lógica; pero que no la asuman los frenteamplistas que la decidieron, rompe lisa y llanamente con todos los valores que deben guiar el pertenecer a una fuerza política que tiene la obligación de gobernar de acuerdo a sus postulados históricos y al programa que se le presentó a la gente.

Se ha mezclado en el debate lo económico financiero con lo político partidario y las internas  del FA,  y a esta altura el común de los uruguayos, en lugar de información veraz, recibe verdades a medias que son mucho más peligrosas que aquellas mentiras lisas y llanas.

El daño está hecho y la derecha lo festeja. Ahora se trata de no agravarlo.

Si hay problemas de gestión hay que identificarlos, contrastarlos con la realidad y resolverlos, pero no poniendo la carreta delante de los bueyes. El pedido de renuncia o destitución de quien desde hace 6 meses se encuentra al frente de la empresa, adoptando medidas para subsanar errores, no resiste el menor análisis y se trataría de un linchamiento espeluznante para satisfacer la necesidad de sangre de los que gritan más alto y cuentan con servil amplificación.

Sería como pedir la cabeza de Astori porque en 9 meses de gestión subió la desocupación de un 6 a un 8.5% , casi un 50 %.

Nota- Quien suscribe estas opiniones es Javier Cousillas Iglesias, funcionario de ANCAP desde hace 33 años y actualmente Gerente de Servicios Generales. Es mi opinión de los hechos, a la que tengo derecho como ciudadano y como verán, está teñida por mi militancia frenteamplista. No involucra absolutamente a nadie más que a mí y a mi conciencia. Aclaro también que soy uno de quienes se ha negado a declarar en la Comisión por las razones que se desprenden de lo escrito  y no porque alguien me lo hubiera sugerido o impuesto. JCI.

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