Rashomon o la peripecia de Ancap

 

Por Constanza Moreira

Un observador desadvertido de la sesión sobre la Comisión Investigadora de ANCAP del miércoles pasado en el Senado, hubiera recordadoRashomon, la vieja película de Akira Kurosawa. En ella acontece un crimen relatado por cuatro personas; coincidiendo en casi todo, los relatos eran radicalmente diferentes en intencionalidades, culpas y sentido. Los cuatro informes presentados en la Investigadora parecían los relatos deRashomon.

Uno, sin duda el más contundente, presentado por los 16 legisladores del Frente Amplio (FA), daba cuenta de cada una de las acusaciones del Senador nacionalista Álvaro Delgado con puntillosa precisión. El final era concluyente: no hubo ilicitudes ni irregularidades. Los problemas de gestión eran opinables, las decisiones controvertibles, y el panorama quedaba abierto para cambios que fortalecieran financiera y operativamente a ANCAP. El FA no escatimó esfuerzos en su comparecencia para señalar que estaba dispuesto a reconocer errores. Y a corregirlos.

La oposición no se puso de acuerdo: cada partido hizo su propio informe. Los cuatro senadores colorados hicieron un informe que levantaba algunas de las denuncias de Delgado, pero no otras. De hecho, desestimaron al menos tres de las denuncias presentadas. El Partido Independiente, de un solo integrante, hizo su propio informe: elevó la voz y la apuesta en todas las denuncias. El Partido Nacional, por su parte, mantuvo las mismas denuncias que presentara a la Comisión, luego de larguísimas comparecencias y más de cinco meses de debate, como si allí, nada hubiera pasado. Ninguna explicación sirvió, ningún argumento. El proceso de la Investigadora se transformó en un drama público, con centro en ANCAP, con un agonista (protagonista) que fue el Vicepresidente Raúl Sendic y los gobiernos del FA, y un coro compuesto por los medios de comunicación, las redes sociales, las declaraciones públicas, y la exhibición cuasi-pornográfica de los entredichos del gobierno -anterior y actual- sobre las razones del déficit y endeudamiento.

El contexto está más que claro: el Ministro de Economía y Finanzas reclama más aporte de las empresas públicas a rentas generales (1% del PBI, para financiar otras políticas y enjugar el déficit fiscal), el crecimiento está más estrangulado ahora, Venezuela -con problemas- no puede ayudarnos como antes, y la caída del precio del petróleo cuestiona la rentabilidad económica (no la social y ambiental, que algún día debiéramos cuantificar) de nuestros emprendimientos en energías alternativas.

En el gran teatro, con agonistas, coros y acusadores, ¿quién gana? Alguien podría decir que  hoy sabemos más sobre ANCAP. Pero, ¿sabemos más sobre ANCAP o más bien instalamos un “sentido común” sobre ANCAP que más oculta más de lo que muestra sobre los verdaderos problemas de la empresa? Las afirmaciones sobre la lata vacía, sobre el perfume Alma Mía, y sobre las inversiones “infladas”, son tres buenos ejemplos de esto.

El primer falso “sentido común” instalado es el de “la lata está vacía”, al decir del Senador Delgado. La danza de los millones que ha salido en la prensa, ha dejado más que preocupados a muchos ciudadanos. La imagen del “vaciamiento” ha quedado allí, escrita en piedra, reforzada por la ley de “capitalización” de ANCAP por parte del Estado. ANCAP acumuló 600 millones de dólares de déficit en estos cinco años, y tiene 1.200 millones de dólares de deuda, a número gruesos. Es muchísimo dinero, sí. Pero nadie dice que ANCAP factura 3.200 millones de dólares por año. Algo así como 10 millones de dólares por día. Toda la inversión realizada en el período no llega a la tercera parte de la facturación de un año;  421 en la desulfurizadora, 251 en las plantas de cemento portland, 141 en los biocombustibles, y  147 en la planta de cal.

Lo que ha faltado en el relato de estos meses, es que ANCAP es la empresa más importante del país, y lo sigue siendo. Lo es porque la defendimos en 1992 (referéndum contra la Ley de Empresas Públicas), en 2003 (Asociación de ANCAP con privados) y aún hoy, cuando en los acuerdos multipartidarios, frente a una oposición que en bloque insiste con la liberalización y desmonopolización -e importación- de los combustibles-, nosotros decimos: NO. La instalación de la idea de una ANCAP “fundida” no sólo impacta en el gobierno (y puede merecérselo), sino en la sociedad toda (que no se lo merece). Mina nuestra autoestima, deprecia uno de los recursos estratégicos más importantes del país, y banaliza y deforma treinta años de lucha por las empresas públicas.

El segundo “sentido común” es que ANCAP cayó en manos de directores que, enloquecidos, comenzaron a producir cosas para las que el ente no fue creado: ¡perfumes!  Y todo a través de un montón de sociedades anónimas que crecieron y florecieron en los gobiernos del FA. Pero esto es un profundo error. Las colaterales las inventaron los dos últimos gobiernos colorados. La muy controvertida Alur en Bella Unión no la creó Tabaré Vázquez en el primer gobierno de izquierda como tributo a “los cañeros”, no. Fue creada en 1999. Ducsa fue creada en 2001. Caba -creada también en 1999-, no es una empresa que vende perfumes, sino básicamente alcoholes, de los bebibles y de los otros. Se ha hablado hasta el cansancio sobre el perfume; nada se habla sobre la cachaza, el fernet, El Espinillar, el whisky o la grappa que produce la misma Caba. ¿Es mejor producto la grappa que el perfume? ¿La cachaza que el alcohol en gel? O tal vez debiéramos preguntarnos, ¿qué clase de discusión es ésta? Pero sí parece claro que debemos incorporar mecanismos de control para las Sociedades Anónimas. Y que esta información debe ser accesible a la ciudadanía, y debemos tener derecho a discutirlo todo: desde el sueldo de los gerentes hasta la conveniencia o no de llevar a cabo tales o cuales emprendimientos.

El tercer falso “sentido común” es que se ha invertido desordenada y caprichosamente. Y que la deuda con PDVSA es sospechosa. “Plata dulce”, la llamó el Senador Bordaberry. Pero es que gracias a PDVSA y a su generoso préstamo pudimos endeudarnos para hacer inversiones de esas magnitudes. Nunca tuvimos un crédito tan barato. No lo obtuvimos por el FMI ni por el Banco Mundial ni por ningún organismo multilateral de crédito: lo tuvimos por Venezuela, por nuestra amistad con Venezuela (y valga sólo este ejemplo para aquellos que dicen que en política exterior no hay amigos sino sólo intereses). Llevábamos, en algunos casos, ¡más de 40 años de atraso en inversiones! La desulfurizadora no se hizo sólo por cuidar el medio ambiente: la nueva tecnología cuidadora del ambiente en la industria automotriz nos obliga a aggiornarnos y a adaptarnos. Claro está que la planta desulfurizadora salió mucho, sí. Pero era absolutamente necesaria. La desinversión es la primera política “pasiva” de privatización de los activos públicos. Primero se desinvierte, después se busca un socio privado, y después, se hace una ley para privatizar el activo. Es la secuencia y lo sabemos (lo hemos vivido).

El Plan de inversiones fue aprobado por el Poder Ejecutivo. Y Danilo Astori ha dicho siempre: “Estamos de acuerdo con el Plan, siempre lo estuvimos”. Lo que ha cuestionado es el cronograma de ejecución, y la ejecución misma. Pero hay que recordar que este Plan no sólo fue aprobado por el Ejecutivo: fue parte de un acuerdo multipartidario celebrado en 2010. Allí se acordó avanzar en logística, en biocombustibles, rediscutir las tarifas de los energéticos para que cubrieran los costos “reales” de la empresa pero también para que estuvieran al servicio del país, entre otras cosas.

Cuando Astori advierte sobre el desfasaje entre el programa financiero del gobierno y las inversiones de las empresas públicas, señala y repite: “todas” las empresas públicas. Y más tarde precisa: “ANCAP fue la que menos se distanció del programa financiero del gobierno”. Esto también es parte de lo que tendría que haber sido resaltado, destacado, para saber exactamente el tamaño que tenían las diferencias entre nosotros, amplificadas hasta la náusea.

Y quisiera agregar: si hablamos de la calidad de las inversiones, los precios, los plazos, las condiciones: ¿acaso no estaba la oposición integrada en las empresas públicas, en ANCAP? ¿No lo estaban por primera vez en la historia reciente del Uruguay? El FA no pudo nunca controlar las empresas públicas cuando era oposición, pero justamente en el período que la Investigadora trata, estaban plenamente integrados. Justo allí.

Visto todo esto, ¿creemos que sabemos más sobre ANCAP? No, no lo creo. Creo que la ciudadanía ha sido confundida. Que hay verdades a medias, presunciones de irregularidades o de comportamientos, comparaciones falaces. Pero el caballito de batalla de la oposición es siempre el mismo: cuestionar la capacidad de gestión del gobierno. Y sin defender toda la gestión, ni cualquier decisión (que deben ser controvertidas, discutidas y abiertas a todas las redefiniciones que se requieran), creo que la sospecha sobre la “probidad” de las personas, la presunción de culpabilidades y delitos, le da un giro diferente al debate. Hace tiempo que la derecha abandonó la discusión sobre fines. Sea porque los nuestros fueron buscando una línea de convergencia más al centro, sea porque ganamos la batalla ideológica en algunos campos, lo cierto es que la derecha abandonó la discusión sobre fines hace tiempo. Hoy nos critica los medios. Y el campo de batalla es ese.

Los mitos, las medias verdades, y la cobertura mediática crearon una doble escena: la de la Comisión Investigadora, y la de lo que se difundió en los grandes medios (siempre sedientos de “sangre”, conflictos, entredichos). Lo que quedó fue: “si las inversiones duplican el costo… alguien se quedó con la plata”. “Si Sendic es ahora el Vicepresidente… se habrá financiado la campaña”. Es la sociedad de la desconfianza. Tiro la piedra primero, después exculpo si existe la evidencia suficiente. Es la presunción de la culpa antes de la culpa.

Pierre Rosanvallon habla de la sociedad de la desconfianza. Dice: “el ideal democrático hoy no tiene rival, pero los regímenes que lo reivindican suscitan en todas partes fuertes críticas. La erosión de la confianza de los ciudadanos en los dirigentes y en las instituciones políticas es uno de los fenómenos más estudiados por la ciencia política”[1]Y es que antes la legitimidad y la confianza eran el dúo indispensable de la democracia. Pero mientras que sobre la legitimidad no hay duda (se obtiene a través de las elecciones), la confianza es más compleja, es como una “institución invisible”.

 Considero que no se cometieron ilegalidades en ANCAP, ni desviaciones que entrañen la sospecha de dolo: comparto el informe que el FA por unanimidad presentó en la Investigadora. El estado financiero del ente, su deuda y sus pérdidas, ameritan un debate sobre políticas, no una Investigadora, y los contratos con Trafigura o la propia licitación de la agencia de publicidad fueron hechas con arreglo a normas y derecho (por muy controversiales que sean). Temas tales como el atraso en la entrega de los estados contables, la deuda con PLUNA o la regularización e ingreso de trabajadores, no ameritan la formación de una comisión investigadora. Pero la confianza es un intangible. Y aunque lo actuado haya sido conforme a la norma, se incurre en un mecanismo de sospecha más amplio. ¿Hubo integridad en todas las decisiones? ¿Hubo cuidado con el “bien común”? Estas son las preguntas que quedan en el aire. Este es el espíritu que dominó la Investigadora, y entre las declaraciones públicas de unos y otros, se empezó a ejercer la organización de la desconfianza. No sólo contra ANCAP, sino y principalmente contra un gobierno legítimo (éste, cuyo Vicepresidente ha sido tan maltratado). La pregunta que se instaló es: ¿es éste un gobierno confiable? Sin duda es legítimo, pero ¿es confiable?

Rosanvallon habla de dos desconfianzas, la liberal y la democrática. La liberal es heredera de los padres fundadores del régimen norteamericano, y no está orientada a construir un gobierno bueno y fuerte fundado en la confianza popular, sino en constituir un poder débil, e institucionalizar la sospecha. La sospecha hacia los poderes del Estado, dice Rosanvallon a propósito de Benjamin Constant, construye una libertad que presupone quela opinión sea sistemáticamente opuesta a los agentes del gobierno. Es desconfianza del gobierno, pero también sospecha del poder popularencarnado por ese gobierno.

Claro está que existe otra desconfianza muy distinta, y Ronsanvallon la llama la desconfianza democrática, que es la tutela del poder común a través del activismo social y político. Cuando la izquierda política y social defendía a las empresas públicas con sus plebiscitos y referéndums, movilizándose, protestando, lo hacía en el marco de la desconfianza democrática: participativa, protestona, movilizadora. Pero la desconfianza “liberal” es la inoculación del veneno contra la democracia, y germina en actos de obstrucción, vetos, denuncias. Es fácil instalar “gestionaron mal ANCAP y la fundieron”. Es simple. Se repite y se amplifica. Pero es difícil explicar lo complejo. Señalar luces y sombras. Explicar por qué y cómo se tomaron las decisiones: en el acierto y en el error.

Como consecuencia de estos meses de funcionamiento de la comisión se ha instalado la desconfianza en la capacidad de gestión del gobierno de las empresas públicas. Como muestra, baste un botón. Una encuesta de Factum muestra que ANCAP cae de su honroso cuarto lugar en el ranking de los organismos públicos en 2013, al penúltimo, casi hasta el fondo, en el último tramo de 2015[2].

El sistema de la sospecha se vuelve cada vez más complejo y ahora abarca otro poder del Estado. Las denuncias ya pasaron por el Senado, sus tres mociones no fueron aprobadas, pero ahora las denuncias pasarán al Poder Judicial. Y ya se sabe que los indagados por la justicia son sospechosos; sean o no declarados inocentes después. Es la trampa de la judicialización de la política: toda discusión sobre fines y políticas se anula. Sólo se trata de buscar culpables.

 Pero nosotros, debemos extraer lecciones de todo esto. La primera es la búsqueda de la transparencia en la gestión de las empresas del Estado. ¡Practiquemos nosotros la desconfianza democrática! Seamos proactivos. Demandemos información de las empresas públicas. Exijamos una gestión más democrática, participativa, descentralizada y con el mayor control social posible. No queremos más “pactos” entre partidos para determinar dónde empieza y dónde termina lo público. No queremos que la renta petrolera sea decidida por un puñado de ex Presidentes. La clave de una política de izquierda es involucrar a la ciudadanía en la decisión sobre los temas que importan. Y la ciudadanía debe opinar sobre las empresas públicas. Y sobre el petróleo. Deben opinar la academia, las organizaciones sociales, los gobiernos locales, las comunidades.

La segunda lección a extraer de todo esto es que algunas discusiones deben llevarse adelante, pero en serio. La discusión sobre qué se incorpora a las tarifas y qué no (la famosa discusión sobre “costos no reconocidos”) es una discusión en serio. La discusión sobre si privilegiar los aspectos fiscales (el equilibrio de la empresa) o privilegiar el control de la inflación, deja de lado la discusión de lo que es un precio “justo” para la ciudadanía sobre bienes y servicios públicos. Estas discusiones no pueden zanjarse como un duelo político entre líderes, en que cada parte enmienda la otra, dejando a la mayoría de la población indecisa entre tomar parte por uno u otro (o lo que es peor, rabiosa y tomando parte por unos o por otros). Y  aquí estoy hablando del FA.

 Ya tenemos experiencia suficiente de gobierno para saber que hemos llegado a una suerte de reparto sectorial del poder de gobierno que no funciona. Funciona mal, y lo sabemos. Llamémosle “división sectorial del trabajo político” (unos se encargan de la economía, otros de la seguridad y las armas, otros de “lo social”, y así). La política de sectores a nivel de Ministerios y empresas  impide el control cruzado, la evaluación sistemática, colectiva y serena del desempeño de los cuadros políticos, y las designaciones racionales y desapasionadas de cargos de confianza para los cuales el FA adolece de ningún criterio conocido, confiable, y transparentable. Y así, está complicado remontar las dudas que se generan en esta “democracia bajo sospecha”. Más después de 10 años de gobierno.

Puestas así las cosas, el “caso ANCAP” muestra que deben buscarse formas de solidaridad y cooperación entre la Administración Central y las empresas públicas, que distan de estar aceitadas. Que las empresas públicas son ante todo, “servicios públicos”, y que se deben a la gente. Que no es lo mismo pedirle a estas empresas que aporten a Rentas Generales para financiar otras políticas, o exigirles que sean un motor para el desarrollo nacional, o más bien que proporcionen servicios públicos baratos y de calidad. Los objetivos deben ser priorizados. Y no todos pueden lograrse a la vez.

Muchos de nosotros seguiremos defendiendo a las empresas públicas (que pueden o no ser “una vela prendida al socialismo”). No queremos importar combustible, queremos refinarlo. Queremos agregarle valor a la producción nacional, y queremos aprovechar las empresas públicas para potenciar la investigación en ciencia y tecnología. Queremos industrializarnos, a escala uruguaya, pero industrializarnos al fin. Queremos soberanía energética, y para eso se precisan empresas públicas destinadas a la energía. Pero también creemos en la desmercantilización de los servicios públicos. Eso también es una vela prendida al socialismo. Y la gestión participativa de nuestras empresas está hoy, en el debe. ¿Aprenderemos algo de toda esta experiencia? Espero sinceramente que sí.

Publicado el 18.Feb.2016 en Montevideo Portal


[1] Pierre Rosanvallon (2008). La contrademocracia: La política en la era de la desconfianza. Manantial, Buenos Aires.

[2] Óscar Bottinelli: “Un fuerte impacto sobre Ancap”, 8/11/2015. Disponible en:  http://www.factum.edu.uy/node/2133

Intervención de Milton Romani en el ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda

Intervención de Milton Romani durante la mesa redonda sobre Uruguay, la región y el mundo, junto a Constanza Moreira y Roberto Conde, con la coordinación de Lucas Silva. La presentación del ciclo estuvo a cargo de Mónica Xavier, Pablo Anzalone y Javier Cousillas y se realizó en la Huella de Seregni el 10 de setiembre de 2015

Constanza Moreira opina sobre Uruguay, la región y el mundo en el ciclo de debates sobre la crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda

Primera parte de la disertación de Constanza Moreira, integrante de la mesa sobre Uruguay, la región y el mundo en la Huella de Seregni el 10 de setiembre de 2015. Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda.

Constanza Moreira opina sobre Uruguay, la región y el mundo en el ciclo de debates sobre la crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda II

Segunda parte de la disertación de Constanza Moreira durante la mesa redonda sobre Uruguay, la región y el mundo del ciclo de debates La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda, y comienzo del intercambio con preguntas y respuestas de los panelistas. En la mesa redonda  participaron también, Milton Romani, Roberto Conde, Pablo Anzalone, Javier Cousillas, Mónica Xavier y Lucas Silva. La misma tuvo lugar el 10 de setiembre de 2015 en la Huella de Seregni.

Capitalismo regulado

En el intercambio posterior al inicio del Ciclo de debates La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda, Constanza Moreira responde sobre el capitalismo regulado. La mesa redonda dedicada al análisis del Uruguay, la región y el mundo contó también con la participación de Milton Romani, Roberto Conde, Pablo Anzalone, Javier Cousillas, Mónica Xavier y Lucas Silva. La misma tuvo lugar el 10 de setiembre de 2015 en la Huella de Seregni.

¿Lucha de clases?

En el Ciclo de debates sobre la Crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda, Roberto Conde responde a preguntas sobre la lucha de clases.La mesa redonda estuvo dedicada al análisis del Uruguay, la región y el mundo en la que participaron también, Milton Romani, Constanza Moreira, Pablo Anzalone, Javier Cousillas, Mónica Xavier y Lucas Silva. La misma tuvo lugar el 10 de setiembre de 2015 en la Huella de Seregni.

Momento de preguntas en el ciclo de debates: Uruguay, la región y el mundo

Momento de preguntas durante la mesa redonda integrada por Milton Romani, Constanza Moreira y Roberto Conde en la Huella de Seregni, iniciando el Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. Aquí, Constanza Moreira sobre el medio ambiente.

Momento de preguntas en el ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda II

Comenzó el Ciclo de debates: La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda. Esta vez la mesa consideró el tema Uruguay, la región y el mundo y contó con la participación de Milton Romani, Constanza Moreira y Roberto Conde. Presentaron el ciclo, Mónica Xavier, Javier Cousillas y Pablo Anzalone. Contamos con la moderación del periodista Lucas Silva. En este video, Milton Romani habla sobre Podemos y el Frente Amplio.

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Ciclo de debates: Uruguay, la región y el mundo

Presentación del ciclo: Pablo Anzalone y Javier Cousillas

Apertura: Mónica Xavier

Panelistas: Roberto Conde, Constanza Moreira, Milton Romani

Moderador: Lucas Silva

Jueves 10 de setiembre, 19.30hs

Local: La Huella de Seregni (Germán Barbato 1431)