Hace unos años, en un artículo que escribíamos para Hemisferio Izquierdo1acerca de la organización popular en los barrios, hacíamos referencia a la necesidad de reinterpretar una lógica desde la que muchas veces nos paramos para comprender y para actuar desde la movilización social territorial o barrial.

En este sentido, y aunque parezca un juego de palabras, el titulo nos lleva a comprender lógicas de actuación en los territorios donde nos movemos. Cuando me refiero a territorios, entiendo espacios de actuación en general, no solo lo barrial digamos. Un liceo es también un territorio, por ejemplo, o una fábrica. Por otro lado, cuando me refiero a territorio vinculado a una cierta geografía barrial, me refiero a cualquier barrio, intento alejarme de esa idea que se instala donde “el territorio” pretende hacer referencia a los barrios en situación de mayor pobreza o periféricos.

Mencionado lo anterior, se hace cada vez más necesario pensar en la actuación barrial como una actuación que pretende siempre construir hegemonías, no hegemonismos. No se puede actuar, desde una mirada transformadora, con la intención de controlar un territorio, o de quitar el control a un actor del territorio. No podemos apelar a que el Estado controle el territorio, ni siquiera cuando pensamos en estrategias para que no lo controlen los narcos.

De hecho, deberíamos partir de la pregunta que implica la idea de controlar el territorio. Quien controla, a quien se controla, que se controla, como se controla, por qué y para qué se controla. Estas preguntas son necesarias para reflexionar acerca de nuestras actuaciones territoriales barriales para transformar.

Antes de seguir, es indispensable asumir que a la luz de lo que sucede hoy, muchos barrios han sido tomados por grupos narcos. Sin embargo, no podemos circunscribir esto a un recorte barrial o territorial especifico. Es decir, la actuación de grupos narcos en los territorios generan por un lado muchos miedos, sin duda alguna, pero también interacciones que logran dar soluciones a algunos problemas inmediatos de la población. Pero, no se queda aquí, ya que esta actuación en un barrio está conectada con otros territorios (barrios y espacios). Esto se explica fácil, sabemos que el circuito de los narcos tiene incidencia en distintos barrios de las ciudades, con distintos poderes adquisitivos y también en otros territorios, como el de la política, la justicia, las empresas, etc.

Por otra parte, quienes promovemos trasformaciones en los territorios, nos debemos una reflexión ante estas realidades que explotan todos los días. Una reflexión que permita identificar todas las acciones que hacemos, que permiten transformar, también evidenciar las tensiones que tenemos en nuestros territorios. Pero, sobre todo, cuáles son nuestros horizontes, hacia donde caminamos y que pretendemos transformar, con quienes, como queremos transformar. Esencialmente porque debemos alejarnos de las pretensiones de “control territorial” típicas de concepciones totalizantes, porque en definitiva implica controlar personas, proyectos, organizaciones, etc.

Desde este lugar es que debemos colocar las formas en que logramos conectar con el otro, con los otros.

Primero, asumiendo la dignidad como reconocimiento. Ser digno es reconocer que la otra persona no es una extensión de nuestros proyectos. Ser dignos es apostar a la autonomía de las personas y los proyectos, a la autonomía como medio, a la autonomía como fin, como construcción permanente, incluso a la autonomía como apuesta y propuesta ética.

Segundo, pensar en la perspectiva pedagógica de nuestras organizaciones. Asumir que la formación no es un tema que se inyecta desde afuera, o que hay quienes tienen y quiénes no. Asumir la perspectiva pedagógica como la reconstrucción del saber en tanto poder liberador, poder de servicio. No ya el saber cómo poder de dominación y de control.

Tercero, ser capaces de encontrar aliados, de encontrar con quienes transitar juntos los distintos momentos y proyectos. La coordinación, articulación no deben transformarse en dinamización de las diversidades, sino de potenciación y multiplicación. Pero también debemos respetar procesos y tiempos. La fragmentación ha sido una constante del neoliberalismo y superarla no será fácil, además aprendimos que la pluralidad, la unidad en la diversidad y el respeto a los procesos, son elementos centrales en los caminos de transformación.

Cuarto, nos sucede que por momentos quedamos paralizados ante ciertos problemas que nos sobrepasan, se manifiestan con una contundencia que parece no hubiera forma de dar batalla. Sin embargo, la tarea de mantener la esperanza es parte fundamental de nuestras organizaciones barriales, mantener la esperanza es apostar a que aun sin saber cómo lo vamos a solucionar, sabemos que se dará de manera colectiva y participativa, será un proceso, por tanto, no hay soluciones mágicas ni particulares, no hay que esperar a que nadie venga y nos anuncie la solución sino construirla paciente y colectivamente. Hace unos cuantos años, en el marco de las ocupaciones estudiantiles del año 2000, muchos militantes estudiantiles nos volcamos a los barrios (ya en aquellos tiempos) a construir organización territorial y comunitaria. Allí en aquellos caminos lanzamos la consigna “Organizarse en el Barrio es Mantener la Esperanza”, luego nos dimos cuenta que mantener la esperanza era también derrotar los miedos, y el poder le teme a los hombres y mujeres cuando piensan y cuando no temen. Hoy esa consigna nos sigue acompañando en Somos Barrios Uy, organización que nuclea experiencias y movimientos barriales y comunitarios de distintos lugares.

Disputar la hegemonía del territorio no es disputar los espacios físicos del territorio.

Comprender esto es fundamental para poder desarrollar procesos en territorios y barrios tomados por grupos que, en mayor o menor medida, plantean lógicas burocráticas, de control y dominación de los colectivos por las maneras mas diversas: dinero, promesas, soluciones mágicas e individuales… Nuestros proyectos deben construir una hegemonía comunitaria que integre lo mejor de cada barrio, que promueva conexiones y que pueda dirigir cabalmente las acciones del Estado en cada lugar.

Esta idea nos lleva a pensar que el problema no tiene que ver solamente con quien manda, ya que el entramado en el cual funcionan los barrios y los territorios es una compleja red de relaciones de poder, de dominación, de tensión cultural del propio sistema. Pero también de prácticas anticipatorias prefigurativas. No hay controles buenos y controles malos en un territorio, ambas ideas se ofrecen como victoria pírrica de un asunto que implica modificar ciertas estructuras. Esta modificación requiere de quienes pretendemos desarrollar actuaciones transformadoras, salirnos de la lógica de control o de “disputa por el territorio” para caminar en una lógica de “disputa en el territorio” como mencionábamos antes y en el título, sobre identidades, cultura, educación, economía. Esta disputa en el territorio es una tarea permanente y en tónica de proceso. No se inhabilita con otras actuaciones que puedan hacerse, pero de ninguna manera se hacen para pasar a controlar el territorio.

Las organizaciones sociales que se desarrollar y actúan en los barrios, se fortalecen cuando, por un lado, encuentran espacios de actuación que construyen hegemonía, saliendo de un enfoque particular y lineal a uno general y complejo de tramas y redes de poderes y de relaciones pedagógicas. Por otro lado, se fortalecen cuando en esos espacios logran encontrarse con otras organizaciones que también están en el barrio y pueden escalonar acciones conjuntas saliendo de la fragmentación. Por último, cuando logran crear los mecanismos de autonomía e independencia frente a distintos poderes totalizantes que pueden llegar desde el exterior, sea partidos, iglesias, universidades, etc.

Los territorios barriales hoy, están siendo acuciados por distintos fundamentalismos, que prometen llevar soluciones por distintos medios. El problema está tanto en las soluciones que prometen llevar como en los medios. No hay soluciones en el marco de una actuación fragmentada, no hay soluciones en el marco de actuaciones despersonalizadas. Tampoco hay medios que permitan esas soluciones sin el involucramiento profundo y permanente de las poblaciones. Y en esto, un aspecto fundamental es colocar cuales son los elementos que elegimos nos unan o nos separen del otro, de otras personas, que es otro legitimo como nosotros, no una extensión de nosotros.

SI elegimos que lo que nos encuentre con el otro sea lo que compartimos en términos existenciales (vivienda, trabajo, salud, educación, calles, inundaciones, etc.) o nos quedamos con elegir que nos separa, nuestra religión, nuestro voto, etc.

Esto es determinante, porque la construcción política y pedagogía que se hace desde las organizaciones barriales tan necesaria para la construcción de lo distinto y lo alternativo que precisa atender y entender estos elementos para no repetir lógicas de funcionamiento que tienen quienes desean controlar el barrio o el territorio.

Por esto, el llamado es a una actuación política pedagógica permanente, que busque el encuentro en aquellos temas acuciantes y que no busque atajos en divisiones por temas secundarios.

La tónica de estos tiempos nos muestra la necesidad de arrimar más y más pueblo a las luchas y a los procesos. La perspectiva económica nos muestra una cara en la informalidad y debemos transformar esto en economía popular, dotando de construcciones de subjetividades y prácticas transformadoras.

Por suerte, de a poco, va a quedando atrás aquellas formas que impulsan unidades con exclusiones, que pretender construir poder y saber ninguneando y retaceando a quienes todos los días le ponen el cuerpo a la organización, las luchas y la esperanza.

No será la primera ni la última vez, que un pueblo, en alpargatas y en harapos, ingrese al corazón de un imperio, a lomo de un burro, para acabarlo con el fuego de la palabra, la organización, la batalla de ideas y la esperanza.

1 https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/08/28/pobreza-organizaci%C3%B3n-del-territorio-y-derecho-a-la-ciudad