por Antonio Coelho Pereira

Las comunidades católicas y evangélicas históricas de Brasil, denuncian con su compromiso y ejemplo a las jerarquías de las iglesias uruguayas.

En un momento que se intenta imponer el cristofacismo, nuevamente se unen para celebrar la Campaña de la Fraternidad creada en 1964 con el fervor profetico de Don Helder Camara dentro de la comunidad católica y con el tiempo se vuelve ecuménica, con la participación de Iglesia Evangélica de Confesión Luterana, Iglesia Episcopal de Brasil, Presbiteriana Unida, Siria Ortodoxa de Antioquia, Alianza Bautista de Brasil, coordinada por CONIC (Consejo Nacional de Iglesias Cristinas). Esta organización durante el bolsonarismo fue duramente atacada en la figura de su Secretaria General, Pastora Luterana Romi Benke.

Leyendo los documentos de esta actividad y participando como invitado en algunas actividades por zoom, me surgen muchas preguntas hacia los que se autodenominan cristianos en Uruguay, pero fundamentalmente en estructuras tan verticales, a quienes tienen la responsabilidad de conducción de esas denominaciones.

La pregunta que surge en Genesis 4,9, a Caín “donde está tu hermano? “, después asesina Abel, hoy tendría que ser formulada en nuestro país “donde está tu hermano, donde está tu hermana?”. Ya el Papa Francisco en el Documento Fratelli Tutti llama, a cuestionar el determinismo y la indiferencia, por si el Cardenal Sturla no lo leyó, que invita como contrapartida a generar una cultura verdadera, que no sea una anticultura, que conduzca al cuidado de las otras y los otros. Para esta visión de cuidado, de empatía con el diferente, el empobrecido, que duerme en la calle, que depende de sustancias químicas, la Biblia ya desde el Antiguo Testamento en el capítulo 54,2 dice “Ensancha el sitio de tu tienda, sin demora despliega tus toldos, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas”, para que sea espacio de abrigo para todas las personas y porque en la “tienda hay lugar para todos”.

No es casualidad que el Presidente Lula formado en la “Pastoral Obrera”, de la Iglesia Católica de Brasil, desde sus raíces de caminar con el pueblo sufrido y al mismo tiempo siendo parte, lanza el grito profético de Israel Estado Genocida del Pueblo Palestino. Profecía que avergüenza a toda la cristiandad, xenofóbica, exageradamente machista, violenta, armamentista para la cual el diferente pasa a ser un enemigo que tengo que vencer y exterminar. La guerra sigue asolando el mundo también en Ucrania y la violencia sigue siendo una forma de someter, excluir, exterminar.

Estas posturas de supremacía de clase social genera, Alterofobia (Síndrome de Caín) que es el miedo, rechazo, aversión a todo aquello que es el otro que es diferente a mí.

Esa postura tiene un agravante la Aporofobia, el miedo y el desprecio a las personas empobrecidas, de las que no tienen nada, no estamos lejos de estrategias de exterminio, el senador Sartori ya se entrevisto con el Presidente Bukele de El Salvador y nuestro Presidente demostró simpatía por Bolsonaro, Milei y la golpista boliviana Janine Añez, que comparten estas visiones.En nuestro país solo basta mirar las propuestas en seguridad de todo el Partido Nacional tradicionalmente católico y la realidad de más homicidios, empoderamiento del narcotrafico, corrupción policial y política. Cada vez más las estrategias represivas están condenadas a profundizar la violencia y las víctimas.

Mientras comunidades en todo Brasil se reúnen para reflexionar sobre estos temas con el apoyo del histórico Centro de Estudios Bíblicos (CEBI), en Uruguay participamos de la muerte de la profecía. Seguiremos acompañando a la distancia de estas reflexiones, sabiendo que la semilla de los obispos Don Carlos Partelli, Don Marcelo Mendiarat, del Pastor Castro hoy están presentes en los movimientos populares, no en los templos.

El biblista brasilero Edmilson Schinello, que fácilmente se puede encontrar en las redes, recomienda un libro de una autora española “Aporofobia, aversión al pobre” de Adela Cortina.

En nuestro país como en toda América Latina no son tiempos de resignación, sino de valorar cada paso, cada acción comunitaria, cada solidaridad que se gesta desde abajo, para hacer carne los valores de una sociedad distinta, más libre y mas justa. La política es un campo de resistencia y también de construcción que tiene que estar teñida de valores que apunten a un mundo nuevo, no solo en las instituciones sino en la comunidad y en cada uno de nosotros y nosotras. Se trata de poner en pie la indignación ante la injusticia que iluminó tantas luchas y ser capaces de escucharnos más, empatizar para salir del individualismo y la indiferencia y construir una voluntad colectiva de cambios.