LA BICICLETA Y LA REVOLUCIÓN DE LA MOVILIDAD URBANA por Pablo Anzalone

El crecimiento del parque automotriz es una bomba de tiempo en el desarrollo de las ciudades.

Su impacto es cada vez mayor en la contaminación ambiental, en la agresividad y violencia en la calle, en los accidentes de tránsito y su saldo de muertes y lesiones y en la movilidad urbana congestionada. Por si fuera poco este modelo de transporte incrementa nuestro sedentarismo con las consecuencias constatadas en materia de salud y en especial como factor determinante de las Enfermedades Cronicas No Transmisibles, principal causa de muerte en Uruguay.

En nuestro país la mejora en los ingresos de la población se tradujo en una cantidad cada vez mayor de autos individuales. Como éste es un fenómeno mundial podemos ver en otras ciudades nuestro futuro próximo si no hay un cambio de paradigma. Y no es una imagen agradable. Al mismo tiempo otras urbes han percibido la gravedad del problema y están implementando estrategias para reducirlo. Más fuertes que en nuestro país. Hamburgo por ejemplo tiene un plan estratégico para eliminar los autos de la ciudad en el 2030 (http://www.upv.es/contenidos/CAMUNISO/noticia_945756c.html)

¿Es la bicicleta la solución a todos estos gravísimos problemas? Seguramente se pueda afirmar que es imprescindible un sistema de movilidad multimodal, que combine distintos medios de transporte colectivo, las bicicletas y las caminatas. Pero si no se sustituye el actual reinado absoluto del automóvil hacia una movilidad más equilibrada, no habrá cambios significativos.

Hay componentes ambientales en esta definición estratégica a tomar como ciudad, como comunidad. Pero también hay costo-efectividad en el transporte. Y un uso poco democrático del espacio público. Así como consideraciones en relación con los accidentes y la violencia en el transporte. El episodio de atropello de un ciclista de la Masa Crítica es solo una muestra de una violencia cotidiana en el tránsito montevideano.

En todos esos parámetros el actual sistema de movilidad basado la hegemonía total del auto es peor para la ciudad y sus habitantes. Y además sus perjuicios tienden a agravarse.

Recomiendo dos artículos muy elocuentes de Andres Dean sobre este tema:

https://ladiaria.com.uy/articulo/2013/9/autos-para-todos/

https://ladiaria.com.uy/articulo/2016/8/supermanzanas/

Cuando Harvey y otros hablan de derecho a la ciudad, cuando Francisco Tonucci analiza la ciudad y los niños, lo que ponen de manifiesto es que las estructuras ciudadanas reproducen desigualdades de poder, que privilegian a unos y postergan a otros. Aunque se presenten como resultados naturales del crecimiento. Ciudades y Gobiernos Locales Unidos pone el énfasis en el carácter insostenible de las desigualdades urbanas y hace propuestas para hacer efectivo el derecho a la ciudad en https://www.uclg-cisdp.org/es/el-derecho-la-ciudad/H%C3%A1bitat-III/nueva-agenda-urbana.

Y la movilidad es una de las estructuras de mayor peso. Construir una movilidad menos contaminante, mas saludable, menos violenta, más accesible a todos los sectores sociales, es una alternativa viable. Recomiendo los artículos de Adriana Cabrera que desarrollan estos temas en varios artículos: https://adrianacabreraesteve.com/tag/movilidad-urbana/

El avance lento de las ciclovías y del uso de bicicletas como medio de transporte en Montevideo, el surgimiento de organizaciones de ciclistas y de movilizaciones como la Masa Crítica, son parte de estas luchas, con mayor o menor receptividad de los gobiernos, pero con más eco en la población. Esto también es parte de la nueva agenda de derechos.

Artículo publicado en Semanario Voces 21/06/2017

Entre tribus urbanas y derechos universales

Por Adriana Cabrera Esteve

Hace unos meses, en medio de la campaña electoral departamental (LA REPÚBLICA 5/5/2015), escribí un artículo, La movilidad urbana y el derecho a la ciudad, en el que hablaba del derecho de los que eligen la bicicleta como medio de transporte y también de los que, potencialmente, podrían elegirlo. En ese entonces parafrasee a David Harvey quien considera, se trata del derecho de cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad.

El énfasis, entonces, radicaba en las motivaciones por las que cualquier mortal se sube a una bicicleta: para realizar ejercicio, para trasladarse y usar aquel escaso tiempo entre una obligación y otra en una actividad que le permita al mismo tiempo bajar el colesterol, obtener una mejor condición cardiovascular, incrementar su calidad de vida, eliminar el estrés, combatir la depresión segregando endorfinas, o sencillamente, mejorar los tiempos en desplazarse de un lugar a otro ya que está probado, son menores que los del transporte público y el automóvil particular.

Sin embargo, visto así, algunos podrían preguntarse por qué todos deben adaptarse a las exigencias de una minoría de ciclistas que como dicen por ahí, ni siquiera usan las escasísimas ciclovías y bicisendas existentes.

Por eso, en este artículo me gustaría no hablar sobre el derecho de los gobernados, ni sobre la solidaridad que debiera emerger de sus conciudadanos, ni sobre la obligación de dar respuesta a sus demandas por parte de los gobernantes, todas cosas que defiendo, sino de las obligaciones de estos últimos en sí. Ya que no es por tener en cuenta los derechos de una minoría que el tema de la movilidad ingresa en el campo de los derechos. Muy por el contrario, es por el derecho de las mayorías.

Algunas razones inherentes al mismo tránsito. Su enlentecimiento producto del aumento del parque automotor o la accidentabilidad. Otras, vinculados a la democratización del espacio público. Pero el más importante, a mi entender, es la sustentabilidad ambiental.

Todos aprendimos, los más jóvenes en el liceo, los más viejos en los diarios o en revistas científicas lo que supone el llamado efecto invernadero y su consecuente aumento de la temperatura de la atmósfera por la concentración de gases, muy especialmente el dióxido de carbono,que conforma una gruesa capa atrapando el calor del sol.

También todos sabemos sus consecuencias devastadoras, y si no, lo hemos oído o visto por televisión: inundaciones, nuevas plagas, picos nevados que ya no son tal, derretimiento de los glaciares, o sin ir muy lejos, los muy recientes incendios de más de miles de hectáreas luego de cuatro años de sequía en California.Y es que en los últimos cien años, la temperatura del planeta aumentó 0,8 °C, algo que no había sucedido antes en esa proporción. Esas, aparentemente pequeñas diferencias en la temperatura atmosférica, son una de las principales causas del cambio climático.

Las principales fuentes de emisión de CO2 son la actividad pecuaria y el suministro de energía a la industria y el transporte. El Frente Amplio ha impulsado un cambio en la matriz energética a favor de energías renovables como la eólica, la biomasa, o la solar o fotovoltaica. Y según el informe 2015 de Naciones Unidas se está muy cerca de cumplir la meta de llegar a un 50% de energía renovable para este año.

Sin embargo, y así también lo señala el informe “casi todo el consumo de energía del sector transporte está basado en combustibles fósiles, lo que se traduce en emisiones de gases de efecto invernadero, agotamiento de recursos no renovables y otras emisiones contaminantes” por lo que nos sugiere “considerar medidas de eficiencia energética, así como priorizar formas de movilidad que generen menos emisiones y al mismo tiempo garanticen la igualdad de oportunidades para el conjunto de la población en sus desplazamientos”.

El informe también nos alerta sobre los costos que tendría el cambio climático en curso en nuestro país.

Para “priorizar formas de movilidad que generen menos emisiones” es necesario políticas públicas destinadas a tal fin. En ese sentido, la IV Agenda Ambiental de Montevideo 2013-2019 incluye impulsar una movilidad ambientalmente saludable. Para lo que se plantea “promover hábitos de movilidad sustentable (transporte colectivo, caminata y bicicleta) que minimicen el uso ineficiente del automóvil”, “fomentar el transporte activo con infraestructura adecuada y el Sistema de Bicicleta Pública”, “desarrollar campañas tendientes a fomentar el uso del transporte colectivo sobre el transporte privado”, “crear un sistema de bicicleta pública a escala barrial”, “promover actividades cotidianas que impliquen una movilidad a nivel local, generalizando la importancia de la actividad física y la concientización en el ahorro energético” y la “implementación de un sistema de control de emisiones vehiculares”.

En estos momentos, en que nos abocamos a elaborar los presupuestos nacionales, departamentales y municipales, vale tener en cuenta esta visión a largo plazo de la movilidad urbana y el medio ambiente y, lejos de visualizarnos como diferentes tribus urbanas, asumir una mirada universal y en forma conjunta defender la calidad de vida del único planeta que tenemos.

Publicado en La República 24/9/15