¿ES CHILE EL MODELO ECONÓMICO Y SOCIAL AL QUE ASPIRAMOS LOS URUGUAYOS? por Daniel Olesker

Hace ya mucho tiempo que en el debate de política económica el modelo chileno es visualizado como un ejemplo a imitar por parte de los sectores liberales de nuestra economía y de nuestra academia.

El terma resurgió ahora con fuerza porque en la campaña de las elecciones internas, el ahora candidato del Partido Colorado Ernesto Talvi lo ha puesto como una referencia y un ejemplo en el que Uruguay debería reflejarse.

La frase casi única con la que ha fundamentado este ejemplo ha sido que: Mientras en Uruguay sólo el 15% de los productos exportados entran a los países con arancel 0 en Chile ese porcentaje es más del 70%. Esta idea de la apertura externa irrestricta y de promover como política exterior los acuerdos de libre comercio es vieja, existe desde el nacimiento de la economía capitalista. Y tuvo su empuje muy relevante desde comienzos de los 70 del siglo pasado con el desarrollo de los trabajos de Milton Friedman y la Universidad de Chicago justamente donde estudió el ahora candidato presidencial. Y en Uruguay fue la idea rectoral del Plan Nacional de Desarrollo de Juan Marìa Bordaberry tomado como tal por la dictadura

Cìvico – militar y fue el sustento de la propuesta continuadora de Luis Lacalle con su irrestricta apertura de la década de los 90.

Y más allá de los efectos sobre la estructura productiva y exportadora en Chile, a la que volveré al final de la nota, quiero primero desarrollar los efectos globales de esta propuesta, en particular sobre lo que debe ser si o si el eje de un modelo de desarrollo: la calidad de vida de los ciudadanos.

Para ello, conté con la valiosa ayuda de mis compañeros y amigos chilenos que me facilitaron datos y me dieron los link para llegar a las estadísticas que el propio INE chileno y otros organismos han elaborado[1]

La economía y los ingresos del trabajo.

Chile ha tenido un crecimiento económico desde la vuelta a la democracia relativamente constante (con años de menos dina ismo y caída del PBI en 2009) lo que ha hecho una economía cuyo PBI a precios constantes es hoy más del triple del que era en 1991, más del doble /130% de incremento) del que era en 1996 y 30% mayor al año 2010, posterior a la caída del PBI de 2009.

Sin embargo tomando las series empalmadas que el propio INE de Chile realiza, por ejemplo, en el período 1996 a 2018 el salario real creció 66%, es decir la mitad de lo que creció la economía, lo cual muestra un impacto negativo sobre la distribución de los ingresos, como veremos en detalle más adelante.

Recordemos que en el caso uruguayo, desde 2005, el PBI creció   orden de 80%y el salario real más de 60%, es decir en cifras muy alineadas.

Pero a esta situación de bajo traslado a salarios de las ganancias del crecimiento se agregan algunos datos más específicos que quisiera compartir.

La encuesta CASEN publicó cifras del ingreso promedio derivado del trabajo por decil de ingresos, es decir el 10% de menores ingresos, el siguiente 10% y así sucesivamente.

Los datos nos dicen que el 20% de las personas reciben ingresos menores o iguales a un salario mínimo y casi el 50% ingresos inferiores a dos salarios mínimos. (el Salario mínimo hoy equivale a 301 mil pesos chilenos, unos 421 dólares).

Es decir es claro que la “prosperidad económica” no tuvo su correlato en el ingreso por trabajo de la mayoría de los chilenos.

Pobreza y distribución del Ingreso.

En estas condiciones económicas de crecimiento potente, las personas en situación de pobreza son 1.528.284 que representan el 8,6 por ciento de la población, cifra del orden de la que tenemos en Uruguay. En cambio dentro de dicho coeficiente de pobreza, la pobreza externa (es decir los que no cubren la canasta básica de alimentos) son el 2,% o sea 412.839 personas. (en Uruguay este valor es de 0,5%).

Pero lo más evidente del impacto de este modelo aperturista se encuentra en el proceso de distribución del ingreso que no acompañó para nada la baja de la pobreza.

En primer lugar el coeficiente de Gini de Chile se corresponde con los datos proporcionados con la Encuesta Casen 2017, bajo la cual dicho coeficiente asume un valor de 0,50, lo que ubica a Chile en los valores más altos de América Latina (Uruguay tiene 0,38) a pesar de haber sido de los países de mayor tasa de crecimiento en las últimas décadas.

La propia encuesta da otros datos de distribución del ingreso. Por ejemplo el 10% ,más rico tiene un ingreso promedio de 39 veces el 10% más pobre (en Uruguay es 20 veces) y esa relación era 30 veces o sea menos en 2010. O sea 30% de crecimiento y aumento de la desigualdad Y más aún ese 10% gana 2,7 veces más que el promedio del 40% de menores ingresos.

Para tener algún dato adicional la encuesta de 2013 en un estudio comparativo de países mostraba que el 0,1 % de los chilenos más adinerados perciben entre el 17,6 % y el 19,9 % de los ingresos totales del país, y el 0,01 % percibe entre el 10,1 % y 11,5 % de los ingresos totales. De los veinte países considerados en el estudio, estas últimas cifras son sólo superados por Estados Unidos. ​ Comparativamente, los porcentajes de ingresos percibidos en cada caso en Suecia son, respectivamente, sólo el 3,4 % y el 1,4 % del total. De hecho, mientras que los ingresos a repartir en Chile son sólo la mitad que los del país nórdico, el 1 % de la población chilena percibe ingresos proporcionales casi 3,5 veces más grandes que los del porcentaje más adinerado de los suecos.

Otro dato importante se refiere al IVA en Chile. Todos sabemos que es un impuesto regresivo que no colabora con la distribución del Ingreso. Sin embargo se puede amortiguar ese efecto con una tasa diferencial menor o exoneraciones para bienes de primera necesidad que, en términos porcentuales, consumen más los sectores de menores de ingresos, como es en Uruguay con tasa 0 y 10% en varios rubros como leche, pan, harina, fideos, medicamentos, etc. En cambio en Chile la tasa es única )con muy contadas e irrelevantes excepciones) de 19%. Esto me trae recuerdo cuando por allá por el 99/2000 el ex presidente Batlle en una comparecencia en ADM anunció que iba a “bajar” el IVA de 23 a 18% y enseguida dijo que lo haría unificando todo en una única tasa. Es decir dijo que el IVA mínimo de la canasta básica lo iba a aumentar. Fue tal la reacción que no lo hizo, a pesar de los consejos de sus asesores de aquél momento.

 O sea el crecimiento económico de Chile ha permitido reducir la pobreza, pero no ha significado una disminución de la desigualdad y, en particular, la distribución del ingreso ha empeorado.

Salud y Educación.

Otra muestra de esta desvinculación entre crecimiento económico y distribución se encuentra en el acceso a los servicios sociales de salud y educación.

En el caso de la salud tenemos un sistema que implica grandes desigualdades de acceso y que implica cargas financieras para trabajadores que pueden llegar a más del 11% de su ingreso para cubrir su salud. Y en el caso del financiamiento del sector público el gasto en salud es de 4,9% del PBI muy lejos de la meta propuesta por OPS de un mínimo de 6% del PBI: (en el caso de Uruguay la cifra es del orden del 6,5%)

Pero además de la cuestión económica, el sistema tiene grandes desigualdades de acceso, y diferencias significativas de cobertura.

En el caso de la educación el gasto público es de 5,2% sobre el PBI también lejos de la meta de UNESCO del 6% y también grandes desigualdades de acceso y en especial un sistema de educación superior fragmentado y cuyo ingreso depende de los ingresos de las familias y de su capacidad de endeudamiento, aun cuando algunas de estas condiciones han cambiado con la ley aprobada en el final del mandado de Bachelet. En 2011 Chile tenía la segunda matrícula más cara del mundo después de EEUU.

La matriz exportadora

Este proceso de apertura ha reafirmado la matriz primaria de exportación. Si bien el concepto de primarización está en debate y en Chile se discutía Impulsar una segunda fase exportadora superando la minería y la agricultura e incluyendo otros encadenamientos que se generan como el transporte, la logística, etc, la realidad muestra que la matriz exportadora sigue teniendo muy bajo valor agregado. 50% de las exportaciones dependen del cobre (mineral, en bruto o refinado) y su manufactura ha caído y han cerrado muchas empresas, exportándose cada vez más concentrado. Acompañan esta exportación frutas y verduras y productos del mar. Mientras las principales importaciones además del petróleo son productos manufacturados (camiones, automóviles, equipos de radiodifusión entre otros).

Es decir un esquema centro periferia, sólo que ahora con un cambios de destinos y orígenes que es la inclusión de China como el principal. Y ello, como era de prever, acentuó la heterogeneidad estructural de la economía, con sectores de avanzada tecnológica, volcados al mercado internacional y sectores atrasados en condiciones de vulnerabilidad y centrados en el mercado interno.

Al mismo tiempo esto se ligó con el proceso de privatización y desnacionalización del cobre que generó un efecto importante de transferencia de ingresos a las transnacionales. En momentos de precios altos por sus mayores ganancias y en las caídas de precios, por la venta a bajo costo a sus empresas en el exterior que lo refinan y manufacturan.

En síntesis la apertura irrestricta del modelo chileno concentró la riqueza, los trabajadores no acompañaron con sus mejoras dicho crecimiento y la economía se mantuvo en su fase primario exportadora.

No es el modelo de desarrollo que queremos.


[1] Agradezco especialmente a David Debbrott economista chileno y amigo, con el que compartimos la intregración a la Red de Economía Mundial (REDEM) y hemos sido compañeros de ruta en los trabajos sobre economía de la salud desde hace muchos años.

LOS MITOS QUE SE DERRUMBAN por Daniel Olesker

I) EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

El crecimiento económico del país entre 2004 y 2018 fue de orden del 70% es decir un promedio anual de crecimiento de casi 5%.

En este crecimiento aumentaron tanto el consumo como las exportaciones; incluso el consumo interno aumentó en estos 14 años cerca de 70%, 16 puntos por encima de las exportaciones. Y las inversiones más del 100% tanto públicas como privadas. Incluso parte importante de la explicación de la reducción del ritmo de crecimiento estuvo en el enlentecimiento de este mercado interno.

Por ende: PRIMER MITO QUE SE QUIEBRA: HAY QUE ELEGIR ENTRE EL MERCADO INTERNO Y LAS EXPORTACIONES. HEMOS DEMOSTRADO QUE SE PUEDE CRECER EN AMBOS MERCADOS Y QUE UNA ECONOMÍA PEQUEÑA DEBE PROYECTARSE AL EXTERIOR PERO TIENE CAMPO PARA EXPANDIR EL MERCADO INTERNO.

II) LA DISTRIBUCIÓN DE ESE CRECIMIENTO.

Hemos sostenido siempre que: “EL CRECIMIENTO ECONÓMICO ES CONDICIÓN NECESARIA PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE LOS CIUDADANOS, PERO NO ES SUFICIENTE”.

Durante la década del 90 con crecimiento económico, pero con la aplicación de un modelo que hemos denominado LACE (Liberal, Aperturista, Concentrador y Excluyente) y que en una nota anterior desarrollamos con extensión, el desempleo fue creciente al final de la década, el salario real creció menos de la sexta parte que el producto, el salario mínimo cayó a más de la mitad, y la desigualdad medida por el índice de Gini aumentó a lo largo de toda la década. O sea: Crecimiento con exclusión.

En cambio en estos últimos 14 años la desigualdad ha mejorado sustancialmente en sus dos indicadores. Por un lado el índice de Gini viene cayendo desde 2007 y bajó a 0,38 en 2018, el valor más bajo de la historia del país.

El otro indicador es la comparación entre el ingreso medio del 10% más rico respecto al 10% más pobre. Dicha relación era más de 20 veces mayor durante la crisis del 2002, llegó a 18 veces en 2006 y ya está en el orden de 12,5 veces en 2018.

Sólo para tener una idea de los modelos que nos proponen. En Chile el índice de Gini supera el 0,55 y es más alto que cuando empezó el crecimiento económico y el 10% más rico tenía ingresos más de 20 veces superior al 10% más pobre.

SEGUNDO MITO QUE SE DERRUMBA: PRIMERO HAY QUE CRECER PARA DESPUES DISTRIBUIR. HEMOS DEMOSTRADO QUE SE PUEDE CRECER Y DISTRIBUIR AL MISMO TIEMPO.

III) SALARIO E INFLACIÓN

En estos 14 años el salario real aumentó a un promedio del orden del 4% anual y los salarios de los sectores que menos ganaban aumentaron aun más.Sin embargo salvo meses excepcionales la inflación siempre se mantuvo de 1 dígito.

TERCER MITO QUE SE DERRUMBA: QUE LOS AUMENTOS DE SALARIOS PROVOCAN UN EMPUJE INFLACIONARIOS. LA INFLACIÓN DEPENDE DE MUCHOS OTROS FACTORES Y ES POSIBLE, EN UNA ECONOMÍA EN CRECIMIENTO QUE CREZCAN LOS SALARIOS SIN QUE IMPACTE SOBRE LA INFLACIÓN  COMO HA SUCEDIDO. 

IV) SALARIO Y EMPLEO

Otro tema es saber que pasó con el empleo. Así como el record de desempleo de 17% en 2003 fue un generador de pobreza y desigualdad, el acceso al empleo, combinado con el punto anterior de mejoras generalizadas de salarios, fue un contribuyente notorio a la baja de la pobreza y la desigualdad. Una tasa de desempleo de 6,8%, delas más bajas de la historia del país, que significa que desde aquellos años un orden de más de 260 mil personas consiguieron trabajo y otro tanto igual dejaron la precariedad para formalizar su trabajo.

CUARTO MITO QUE SE DERRUMBA: QUE EL AUMENTO DE SALARIOS, LAS REGULACIONES LABORALES Y LA MEJORA EN LAS CONDICIONES DE TRABAJO, PROVOCABA UNA REDUCCION DE EMPLEO. QUE HABIA QUE ELEGIR ENTRE AUMENTAR SALARIOS O CREAR EMPLEOS. HEMOS DEMOSTRADO QUE ES POSIBLE QUE AMBOS AUMENTEN A LA VEZ Y QUE LA MASA SALARIAL AUMENTE COMO PARTE DEL INGRESO NACIONAL SIN QUE ELLO AFECTE EL PROCESO DE INVERSIÒN.

CONCLUSIONES

Esta nota propone demostrar que desde el pensamiento dominante siempre se han planteado “problemas” que era necesario asumir para poder despegar. Y las soluciones a esos problemas siempre pasaban por el ajuste y el sacrificio de los trabajadores para futuros venturosos y derrames económicos que nunca llegaban.

Hoy está planteado nuevamente el debate: la reforma laboral empujada por las cámaras empresariales con mucha fuerza, envalentonadas con las estrategias de flexibilización y ajuste en la región abren nuevamente el debate sobre los mitos.

Creemos firmemente en que es necesario profundizar las políticas expansivas de salario, en particular de los más bajos, los subsidios y el direccionamiento del empleo y la profundización de las reformas sociales, todo ello en el marco de una expansión del gasto público social, como manera de seguir profundizando un modelo al servicio de los trabajadores.

¿ES CHILE EL MODELO ECONÓMICO Y SOCIAL AL QUE ASPIRAMOS LOS URUGUAYOS? por Daniel Olesker

Hace ya mucho tiempo que en el debate de política económica el modelo chileno es visualizado como un ejemplo a imitar por parte de los sectores liberales de nuestra economía y de nuestra academia.

El terma resurgió ahora con fuerza porque en la campaña de las elecciones internas, el ahora candidato del Partido Colorado Ernesto Talvi lo ha puesto como una referencia y un ejemplo en el que Uruguay debería reflejarse.

La frase casi única con la que ha fundamentado este ejemplo ha sido que: mientras en Uruguay sólo el 15% de los productos exportados entran a los países con arancel 0, en Chile ese porcentaje es más del 70%. Esta idea de la apertura externa irrestricta y de promover como política exterior los acuerdos de libre comercio es vieja, existe desde el nacimiento de la economía capitalista. Y tuvo su empuje muy relevante desde comienzos de los 70 del siglo pasado con el desarrollo de los trabajos de Milton Friedman y la Universidad de Chicago justamente donde estudió el ahora candidato presidencial. Y en Uruguay fue la idea rectoral del Plan Nacional de Desarrollo de Juan María Bordaberry tomado como tal por la dictadura cívico–militar y fue el sustento de la propuesta continuadora de Luis Lacalle con su irrestricta apertura de la década de los 90.

Y más allá de los efectos sobre la estructura productiva y exportadora en Chile, a la que volveré al final de la nota, quiero primero desarrollar los efectos globales de esta propuesta, en particular sobre lo que debe ser sí o sí el eje de un modelo de desarrollo: la calidad de vida de los ciudadanos.

Para ello, conté con la valiosa ayuda de mis compañeros y amigos chilenos que me facilitaron datos y me dieron los links para llegar a las estadísticas que el propio INE chileno y otros organismos han elaborado.

La economía y los ingresos del trabajo

Chile ha tenido un crecimiento económico desde la vuelta a la democracia relativamente constante (con años de menos dinamismo y caída del PBI en 2009) lo que ha hecho una economía cuyo PBI a precios constantes es hoy más del triple del que era en 1991, más del doble (130% de incremento) del que era en 1996 y 30% mayor al año 2010, posterior a la caída del PBI de 2009.

Sin embargo tomando las series empalmadas que el propio INE de Chile realiza, por ejemplo, en el período 1996 a 2018 el salario real creció 66%, es decir, la mitad de lo que creció la economía, lo cual muestra un impacto negativo sobre la distribución de los ingresos, como veremos en detalle más adelante.

Recordemos que en el caso uruguayo, desde 2005, el PBI creció en el orden de 80% y el salario real más de 60%, es decir, en cifras muy alineadas.

Pero a esta situación de bajo traslado a salarios de las ganancias del crecimiento se agregan algunos datos más específicos que quisiera compartir.

La encuesta CASEN publicó cifras del ingreso promedio derivado del trabajo por decil de ingresos, es decir, el 10% de menores ingresos, el siguiente 10% y así sucesivamente.

Los datos nos dicen que el 20% de las personas reciben ingresos menores o iguales a un salario mínimo y casi el 50% ingresos inferiores a dos salarios mínimos. (el Salario mínimo hoy equivale a 301.000 pesos chilenos, unos 421 dólares).

Es decir es claro que la «prosperidad económica» no tuvo su correlato en el ingreso por trabajo de la mayoría de los chilenos.

Pobreza y distribución del Ingreso

En estas condiciones económicas de crecimiento potente, las personas en situación de pobreza son 1.528.284, que representan el 8,6 por ciento de la población, cifra del orden de la que tenemos en Uruguay. En cambio dentro de dicho coeficiente de pobreza, la pobreza externa (es decir los que no cubren la canasta básica de alimentos) son el 2,% o sea 412.839 personas. (en Uruguay este valor es de 0,5%).

Pero lo más evidente del impacto de este modelo aperturista se encuentra en el proceso de distribución del ingreso que no acompañó para nada la baja de la pobreza.

En primer lugar el coeficiente de Gini de Chile se corresponde con los datos proporcionados con la Encuesta Casen 2017, bajo la cual dicho coeficiente asume un valor de 0,50, lo que ubica a Chile en los valores más altos de América Latina (Uruguay tiene 0,38) a pesar de haber sido de los países de mayor tasa de crecimiento en las últimas décadas.

La propia encuesta da otros datos de distribución del ingreso. Por ejemplo el 10% más rico tiene un ingreso promedio de 39 veces el 10% más pobre (en Uruguay es 20 veces) y esa relación era 30 veces o sea menos en 2010. O sea, 30% de crecimiento y aumento de la desigualdad Y más aún ese 10% gana 2,7 veces más que el promedio del 40% de menores ingresos.

Para tener algún dato adicional la encuesta de 2013 en un estudio comparativo de países mostraba que el 0,1% de los chilenos más adinerados perciben entre el 17,6 % y el 19,9 % de los ingresos totales del país, y el 0,01 % percibe entre el 10,1 % y 11,5 % de los ingresos totales. De los veinte países considerados en el estudio, estas últimas cifras son sólo superadas por Estados Unidos. Comparativamente, los porcentajes de ingresos percibidos en cada caso en Suecia son, respectivamente, sólo el 3,4 % y el 1,4 % del total. De hecho, mientras que los ingresos a repartir en Chile son sólo la mitad que los del país nórdico, el 1 % de la población chilena percibe ingresos proporcionales casi 3,5 veces más grandes que los del porcentaje más adinerado de los suecos.

Otro dato importante se refiere al IVA en Chile. Todos sabemos que es un impuesto regresivo que no colabora con la distribución del Ingreso. Sin embargo se puede amortiguar ese efecto con una tasa diferencial menor o exoneraciones para bienes de primera necesidad que, en términos porcentuales, consumen más los sectores de menores de ingresos, como es en Uruguay con tasa 0 y 10% en varios rubros como leche, pan, harina, fideos, medicamentos, etc. En cambio en Chile la tasa es única, con muy contadas e irrelevantes excepciones de 19%. Esto me trae al recuerdo cuando por allá por el 99/2000 el expresidente Batlle en una comparecencia en ADM anunció que iba a «bajar» el IVA de 23 a 18% y enseguida dijo que lo haría unificando todo en una única tasa. Es decir, dijo que el IVA mínimo de la canasta básica lo iba a aumentar. Fue tal la reacción que no lo hizo, a pesar de los consejos de sus asesores de aquel momento.

O sea, el crecimiento económico de Chile ha permitido reducir la pobreza, pero no ha significado una disminución de la desigualdad y, en particular, la distribución del ingreso ha empeorado.

Salud y Educación

Otra muestra de esta desvinculación entre crecimiento económico y distribución se encuentra en el acceso a los servicios sociales de salud y educación.

En el caso de la salud tenemos un sistema que implica grandes desigualdades de acceso y que conlleva cargas financieras para trabajadores que pueden llegar a más del 11% de su ingreso para cubrir su salud. Y en el caso del financiamiento del sector público el gasto en salud es de 4,9% del PBI muy lejos de la meta propuesta por OPS de un mínimo de 6% del PBI: (en el caso de Uruguay la cifra es del orden del 6,5%).

Pero además de la cuestión económica, el sistema tiene grandes desigualdades de acceso, y diferencias significativas de cobertura.

En el caso de la educación el gasto público es de 5,2% sobre el PBI también lejos de la meta de UNESCO del 6% y también grandes desigualdades de acceso y en especial un sistema de educación superior fragmentado y cuyo ingreso depende de los ingresos de las familias y de su capacidad de endeudamiento, aun cuando algunas de estas condiciones han cambiado con la ley aprobada en el final del mandado de Bachelet. En 2011 Chile tenía la segunda matrícula más cara del mundo después de EEUU.

La matriz exportadora

Este proceso de apertura ha reafirmado la matriz primaria de exportación. Si bien el concepto de primarización está en debate y en Chile se discutía impulsar una segunda fase exportadora superando la minería y la agricultura e incluyendo otros encadenamientos que se generan como el transporte, la logística, etc, la realidad muestra que la matriz exportadora sigue teniendo muy bajo valor agregado. 50% de las exportaciones dependen del cobre (mineral, en bruto o refinado) y su manufactura ha caído y han cerrado muchas empresas, exportándose cada vez más concentrado. Acompañan esta exportación frutas y verduras y productos del mar. Mientras las principales importaciones además del petróleo son productos manufacturados (camiones, automóviles, equipos de radiodifusión entre otros).

Es decir un esquema centro-periferia, sólo que ahora con un cambios de destinos y orígenes que es la inclusión de China como el principal. Y ello, como era de prever, acentuó la heterogeneidad estructural de la economía, con sectores de avanzada tecnológica, volcados al mercado internacional y sectores atrasados en condiciones de vulnerabilidad y centrados en el mercado interno.

Al mismo tiempo esto se ligó con el proceso de privatización y desnacionalización del cobre que generó un efecto importante de transferencia de ingresos a las transnacionales. En momentos de precios altos por sus mayores ganancias y en las caídas de precios, por la venta a bajo costo a sus empresas en el exterior que lo refinan y manufacturan.

En síntesis la apertura irrestricta del modelo chileno concentró la riqueza, los trabajadores no acompañaron con sus mejoras dicho crecimiento y la economía se mantuvo en su fase primaria exportadora.

No es el modelo de desarrollo que queremos.


Publicado en La República el Julio 15, 2019

EMPRESARIOS AL SERVICIO EXCLUSIVO DE SUS PROPIAS RIQUEZAS por Ignacio Martínez

Muchos de los empresarios de nuestro país son partidarios de un mundo retrógrado, egoísta, privatizador y esclavista. No están de acuerdo con la negociación tripartita (ellos, los trabajadores y el Estado) para fijar salarios y condiciones de trabajo. Reclaman achicar el Estado, pero son los primeros en acudir a él para que los ayude frente a inclemencias del tiempo o dificultades de exportación o rebaja del precio internacional de sus materias primas. Invierten poquísimo. Siguen exportando ganado en pie. No les interesa siquiera más valor agregado a la producción para dar más trabajo y ser más competitivos.

Ellos y sus representantes políticos (Talvi, Sartori, Sanguinetti, Novick, Larrañaga,  Lacalle Pou y otros), no votaron la ley de 8 horas ni de responsabilidad penal empresarial frente a accidentes laborales y están permanentemente poniendo trabas a todo lo que sea mejoras para las grandes mayorías del país.

Suelen hablar de que Uruguay se abra al comercio con todo el mundo, pero no dicen ni pío de cómo van a repartir sus cuantiosas ganancias.

Piden rebaja del gasoil, de los impuestos, la tarifa eléctrica, refinanciar sus deudas, crear zonas francas y mil cosas más para la actividad agroexportadora, industrial, comercial y de servicios, pero jamás dicen cómo van a pagar horas extras después de las 8 horas al peón rural y si van a denunciar y censurar en serio a todo aquel patrón o capataz que golpee, maltrate y abuse de los trabajadores rurales y si van a bajar los precios al consumo cuando sus ganancias sean enormes como hoy, por ejemplo, con el record de producción del maíz.

“Un solo Uruguay” (que hace mucho que ni aparece) y los representantes políticos de los sectores empresariales, se deslumbran con Paraguay, el país que más explota a los trabajadores y desconoce sus derechos. Varias empresas uruguayas quieren instalarse en Paraguay porque los costos laborales son menores, es decir, los trabajadores no tienen tantas conquistas como en Uruguay. El 65% (aproximadamente 1,8 millones de personas en una población de 6 millones) vive en la informalidad laboral. Siete de cada 10 mujeres y 9 de cada 10 jóvenes están en el mercado informal del trabajo.

También se deslumbran con las políticas económicas en Chile, pero no dicen nada de que en el año 2017 más de 3.530.000 personas se encontraban en situación de pobreza. (Encuesta Casen) y que hoy Chile es uno de los países más desiguales e injustos de América Latina.

Para colmo de males las cámaras empresariales atacan a Uruguay denunciándonos ante la OIT con falsedades. No les sirve la Ley de Consejos de Salarios. No quieren la negociación ni el diálogo a pesar de que en la última ronda acordaron más de 80% de los grupos.

Quieren la negociación por lugar de trabajo, donde los patrones fuertes se impongan a trabajadores aislados, fraccionados y débiles. Tienen un odio de clase a todo Sindicato o Federación. Ni siquiera quieren que a igual trabajo se pague igual salario, sin importar si hablamos de empresa chica o grande.

¿Por qué sucede todo esto? Porque a los empresarios reunidos en las cámaras empresariales y a sus representantes políticos, no les interesa el Uruguay ni el pueblo uruguayo ni la pública felicidad, ni privilegiar a los más infelices. Lo único que les interesa son sus billeteras y las ganancias que obtienen a costa de todos nosotros. ¿Se entiende?

Publicado en el Semanario VOCES, jueves 20 de junio de 2016

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Jueves 5 de noviembre, continuando con el ciclo de debates, trataremos El Modelo Económico

Cuarta mesa redonda del ciclo “La crisis del capitalismo, una mirada desde la izquierda”. Hablarán sobre el modelo económico: Alberto Couriel, Andrea Vigorito, Carlos Viera y Andrés Dean. Modera: Lucía Lago. El jueves 5 de noviembre a las 19.30hs en la Huella de Seregni.