IZQUIERDAS DEL MUNDO, LEAN AL MAESTRO BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS Y DÉJENSE DE TONTERÍAS Por Miguel Guillén Burguillos*

Hace pocas semanas la editorial Icaria publicó un libro del maestro Boaventura de Sousa Santos (1) que debería leer toda persona que se considere de izquierdas, particularmente si forma parte de la dirección de un partido político o ejerce algún tipo de liderazgo en los llamados movimientos sociales. La razón es simple: en tan sólo 150 páginas el maestro, a quien tenemos el privilegio de leer a menudo aquí en Público, da algunas claves para que la izquierda deje de mirarse el ombligo y vuelva a ser una herramienta útil para la gente común, para la mayoría social.

Aquí en España, pero también en Portugal, Brasil, Colombia o México, países cuya realidad política analiza de Sousa Santos a lo largo del texto. Países donde la trayectoria y el papel de las izquierdas en los últimos años ha seguido pasos diferentes, pero hoy se enfrentan a un reto común: ser útil para la vida de las personas ante la multitud de desafíos que la situación política internacional nos arroja.

Porque las fuerzas de izquierdas deberían ser útiles para mejorar realmente la vida de las personas, a pesar de que a veces, en algunos casos, parezca que solamente sirven para que sus miembros alimenten su ego, se sientan realizados y se erijan en portadores de la verdad absoluta, cómodamente desde su atalaya. Es decir, ocurre que a veces todo queda en un discurso muy interesante pero poco más que eso, y ahora hacen falta fuerzas de izquierdas que se arremanguen, que se mojen y que busquen la manera de llegar a acuerdos para mejorar las condiciones de vida de la gente común.

Ensuciándose si hace falta. Aquello que Weber explicaba de la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Porque sí, la ética de la convicción es importante, pero sin la ética de la responsabilidad no es posible cambiar la sociedad. Jordi Évole ha explicado en más de una ocasión que su abuelo siempre le decía que las izquierdas solamente están unidas en la cárcel. Algo parecido me decía a mí el mío. Y ya va siendo hora de que las izquierdas del mundo, como pide Boaventura en el título de su nuevo volumen, se unan. De una vez por todas.

Lo primero que deben tener claro las izquierdas, siguiendo a de Sousa Santos, es que tienen que trabajar con la convicción de que puede y debe existir un futuro postcapitalista, una sociedad alternativa que satisfaga las necesidades reales de los pueblos, donde el ejercicio de la libertad sea efectivo. Dice Boaventura que nos hallamos en un momento reaccionario global que exige la convivencia entre diferentes fuerzas de izquierdas.

Habla de un interregno surgido de la caída del Muro de Berlín, donde el nuevo mundo en el que nos tocará vivir aún no se ha definido. Y explica que, con el colapso de la URSS, surgió una agenda explícita que supuso el fin definitivo del socialismo como sistema social, económico y político liderado por el Estado. Pero apunta que la agenda implícita, que constituyó el fin de cualquier sistema social, económico y político liderado por el Estado, fue la que contó verdaderamente. There is no alternative, que dijo Margaret Thatcher, porque el mercado se basta y se sobra para hacernos felices. El mercado, el capitalismo, el imperio. Porque Boaventura no se acompleja a la hora de hablar claramente de imperialismo y anticapitalismo, porque en estos tiempos que nos ha tocado vivir no está el patio para eufemismos ni edulcorantes del lenguaje.

De Sousa Santos realiza un análisis comparado, como he apuntado al inicio de este artículo, de los casos de Portugal, Brasil, Colombia, México y España, centrándose en el papel que las izquierdas han venido desarrollando en los últimos tiempos. El primero, que conoce a la perfección, puede servirnos para albergar una esperanza de que la unidad de las diferentes fuerzas de izquierdas puede ser útil para las clases populares, y por qué no, sirva de guía en España, algo que tímidamente ya se han atrevido a apuntar tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias, si bien a medida que se acerque la inevitable convocatoria de elecciones generales los poderes fácticos apretarán fuerte para que el PSOE regrese a principios de 2016 y mire a la derecha y no hacia la izquierda. Al tiempo.

El maestro Boaventura explica que nos encontramos en un momento de luchas defensivas en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre el serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes. Supongo que no hace falta recordar los casos de Trump, Salvini o Bolsonaro. Por todo ello, el entendimiento de las fuerzas de izquierdas, incluidas lógicamente las de raíz socialdemócrata, deben aunar esfuerzos para crear un cordón sanitario y defender los intereses de las clases populares.

Puede sonar derrotista y poco ambicioso, pero opino que hay que ser conscientes de la situación en que nos encontramos. A veces los problemas domésticos que vivimos en nuestro país, y bien importantes que son, no nos permiten prestar atención a lo que pasa en el mundo. Y la situación que tenemos delante requiere de una unidad de acción a nivel internacional que debe pasar por el entendimiento entre las izquierdas, si no queremos ser arrollados. Boaventura de Sousa Santos reclama la construcción de coaliciones que hagan posibles gobiernos de izquierdas en diferentes países, para conseguir una idea de conjunto de los obstáculos que se deben superar y de los caminos para hacerlo. Habla incluso de una nueva internacional de izquierdas. Palabras mayores.

Como no podía ser de otra forma, de Sousa Santos habla de la necesidad de tener un pie en la institución y otro en la calle, en las luchas sociales. Algo que puede sonar a perogrullada, pero lo cierto es que cuando las fuerzas de izquierdas entran en las instituciones la burocracia y la moqueta pueden llegar a absorber, y de qué forma, la mayor parte de sus energías. Y se corre el riesgo de abandonar la calle y surge el peligro de que fuerzas de extrema derecha seduzcan a quienes se hayan podido sentir abandonados por quienes pensaban que eran los que tenían que defenderlos.

¿Les suena? ¿Por qué hay barrios enteros donde antes arrasaba el PCF y ahora gana el Frente Nacional de Le Pen? ¿Cómo se entiende que Salvini lidere el gobierno del país del PCI? ¿Por qué en Brasil Bolsonaro ha ganado las presidenciales? ¿Y Trump? ¿Por qué ha crecido tanto en los últimos tiempos Alternativa para Alemania? ¡En Alemania! ¿Seguimos? Si las izquierdas no se ponen, no nos ponemos, las pilas, el camino hacia la irrelevancia es llano y muy corto. Y si nuestra gente no es capaz de sentirse identificada con las izquierdas, otros vendrán a ocupar su espacio, con todos los riesgos que ello supone.

Porque parece que nunca aprendemos de las enseñanzas de la historia. En las próximas elecciones al Parlamento Europeo se nos situará interesadamente ante el dilema de elegir entre el neoliberalismo de Macron o la barbarie de la extrema derecha. Susto o muerte. Pues bien, aquí las izquierdas deben presentar una alternativa clara, unitaria y salir a la ofensiva, planteando que mucho tienen que cambiar las instituciones de la Unión Europea para que la gente común las perciba como algo útil en sus vidas.

El ciclo reaccionario global del que habla Boaventura de Sousa Santos en su libro ha supuesto unos graves retrocesos en las conquistas populares. A medida que la derecha se vaya consolidando en el poder, la democracia irá perdiendo su carácter hasta que se convierta en un nuevo régimen dictatorial disfrazado con una fachada democrática. Y como las fuerzas de izquierdas siempre han tenido claro que es imprescindible la unidad de acción en la lucha antifascista, por ello el maestro les pide que sean humildes y se articulen de manera pragmática para resistir con los mínimos daños posibles este período (provisional) de luchas defensivas alrededor del planeta. Si se es capaz de conseguir este primer objetivo, preservando cada fuerza su identidad y autonomía, se estará en disposición de lograr en el futuro otras articulaciones más avanzadas.

¿Pesimismo de la razón? Seguramente, pero es que quizá no nos queda otra. Por eso coincido con el maestro y digo: izquierdas del mundo, lean al maestro Boaventura de Sousa Santos y déjense de tonterías. 29/11/2018

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(1)  Nota del editor de Other News : El profesor Boaventura de Sousa Santos es un académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo  y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

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* Politólogo español. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y diplomado en Ciencias Empresariales por la Universitat Oberta de Catalunya

Publicado en Voces en contra de la corriente el 29/11/2018

http://www.other-news.info/noticias/2018/11/izquierdas-del-mundo-lean-al-maestro-boaventura-de-sousa-santos-y-dejense-de-tonterias/

Fotografía de David Fernández en El Salto – https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/entrevista-boaventura-sousa-tragedia-nuestro-tiempo-dominacion-unida-resistencia-fragmentada

IZQUIERDAS Y POLÍTICAS EMANCIPATORIAS por Pablo Anzalone

En un mundo donde existe tanta miseria, tanta opresión, tanta violencia, tanta desigualdad y violación de derechos, la izquierda sigue teniendo una razón de ser incontestable. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura alertó la semana pasada que volvió a aumentar el hambre en el mundo: 815 millones de personas. Guerras, genocidios, agresiones al ambiente, inseguridad alimentaria, exclusión, discriminación, feminicidios son fenómenos graves. En América Latina la pobreza comenzó a crecer nuevamente, mientras los derechos sociales retroceden.

Luego del derrumbe de la Unión Soviética y la conversión de la socialdemocracia hacia la derecha, el neoliberalismo ganó una gran batalla ideológica, sintetizada en la TINA (There Is No Alternative), de Margaret Thatcher. Es así que un número muy grande de personas cree que el capitalismo y aun sus vertientes neoliberales son inevitables. Los cuestionamientos al capitalismo son débiles en los movimientos contestatarios en este período. El neoliberalismo quiso convencer al mundo de que el capitalismo era el fin de la historia. Pero la realidad es más porfiada y las consecuencias de esas políticas en los 90 generaron una resistencia popular tan grande que las izquierdas lograron derrotarlas y alcanzar los gobiernos nacionales en varios países de América Latina. No olvidemos, sin embargo, que gran parte del continente siguió bajo gobiernos de derecha y neoliberales. En países como México, Colombia y Guatemala, los asesinatos, las desapariciones, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza y la exclusión siguieron siendo la vida cotidiana de millones, y, peor aun, se profundizaron.

La experiencia de los gobiernos progresistas latinoamericanos no puede ser desestimada ni etiquetada superficialmente. Por el contrario, es una etapa nueva en la historia latinoamericana, que debemos analizar en profundidad para encontrar los avances y las derrotas, las originalidades y la reproducción de viejos mecanismos de poder. Es muy clara la necesidad de un análisis crítico y autocrítico de gobiernos, partidos y fuerzas sociales populares y su accionar durante el siglo XXI. El triunfo de la derecha en Argentina, Brasil y las elecciones parlamentarias de Venezuela es demasiado fuerte para que se pretenda ocultar los errores cometidos por la izquierda. Sin subestimar sus logros, teniendo presente que durante este período 58 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y 28 millones de la indigencia.

Cuando hablamos de las perspectivas de la izquierda, no nos referimos sólo a gobiernos y partidos. Tenemos que integrar en la reflexión a la diversidad de fuerzas sociales que han protagonizado las múltiples luchas que caracterizan esta etapa. Luchas de los trabajadores, movimientos feministas y de la diversidad sexual, luchas por el ambiente, por la salud y la educación, por el derecho a la ciudad, por los derechos de los pueblos indígenas, contra el racismo y la xenofobia, por los derechos humanos de antes y de ahora, por la descentralización participativa, el cooperativismo y la autogestión. Y la siempre vigente lucha de clases, que algunos piensan obsoleta, mientras ejemplos como la reforma laboral de Michel Temer rompen los ojos.

Existieron diferentes formas de hacer política durante este período si analizamos su aporte a procesos de mayor democratización de la sociedad y el Estado. La calidad de las democracias y la evolución de la sociedad estuvieron marcadas por modificaciones mayores o menores en las estructuras políticas y sociales, así como en el desarrollo de prácticas removedoras en esos planos.

La reducción de la política a la acción de gobierno tiene efectos limitantes sobre el conjunto de la estructura social y sus actores. El papel de las fuerzas sociales en relación con los problemas generales de la sociedad, es decir, sus prácticas políticas, son deslegitimadas en esta concepción por salirse de las reivindicaciones corporativas. El pragmatismo, el gerencialismo en la gestión del Estado y la renuncia anticipada a cambios mayores es una ideología que postula la neutralidad y la apoliticidad de estos procesos, y da pie a múltiples lógicas de gobierno en las que predomina el piloto automático y la tendencia a “hacer la plancha”.

Por otro lado, en estos procesos se ha creado un conjunto de formas de participación social, ámbitos de consulta, negociación, proposición y representación que habilitaron la intervención de diversos actores sociales. Estas experiencias permitieron, en algunos casos, recuperar la política como práctica colectiva sobre los problemas de la sociedad. De diversas maneras este tipo de prácticas contribuye a construir la noción de pueblo, pensado como proyecto histórico y lucha por la hegemonía (son fermentales los aportes de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en este tema).

Existen múltiples formas de lucha por lo público y los bienes comunes. Lo público no es sólo lo estatal, sino también lo común, lo que forma parte de la comunidad. Hay experiencias muy ricas de recuperación de lo público frente a las privatizaciones neoliberales, las apropiaciones oligopólicas y el saqueo liso y llano de la naturaleza, así como formas de construcción de espacios “públicos no estatales”. La idea del “buen vivir” es un tema en debate que problematiza, entre muchas cosas, la lógica consumista como propósito de la vida.

Utopías reales

Las luchas hacia la democratización profunda de la sociedad y el Estado no son meras etapas, sino respuestas a problemas de fondo del mundo actual y también parte esencial del proyecto futuro. Más que en el modelo autoritario, verticalista, patriarcal de pensar una sociedad poscapitalista, vale la pena inspirarse en la imagen de rizoma, que Gilles Deleuze toma de la botánica, en lugar del árbol tradicional, con copa, tronco y raíces. Se trata de construir reformas estructurales con contenidos revolucionarios en cada campo, “utopías reales” (Olin Wright) que fortalezcan con sentido emancipador el entramado social, cultural y productivo. Sin dejar de lado la centralidad del poder político, pero sin aislarlo del conjunto de los campos en disputa.

El futuro de los partidos de izquierda está lleno de dilemas: a) mantener su accionar político hacia y con la gente en lugar de quedar reducido a las instancias parlamentarias o de gobierno; b) organizar la rebeldía, la acción colectiva sobre los problemas existentes, o defender el statu quo del que llegaron a formar parte; minimizar los problemas defendiendo la gestión propia o ser los primeros en señalar las desigualdades y las fracturas que subsisten y convocar a participar en su solución; c) sostener la iniciativa política e impulsar temas a la agenda pública, en lugar de dejar ese espacio a la derecha o hacer seguidismo del gobierno; d) ampliar la lucha ideológica por los valores con que se construye la sociedad y se hace política, en vez de ceder a la tentación desideologizante en la gestión estatal; e) prevenir y combatir las formas de corrupción, en lugar de ocultar, dejar pasar o tolerar; reafirmar una y otra vez la ética en la política; f) impulsar fuertemente la reflexión y el debate teórico y programático sobre los procesos en curso a nivel internacional y nacional, y desarrollar un pensamiento crítico y autocrítico que rescate y valore los avances que se van logrando; g) ampliar su vínculo con las organizaciones populares y contribuir a la afirmación de un bloque social de los cambios, asumiendo también sus contradicciones; h) defender la unidad de la izquierda, con mecanismos democráticos de funcionamiento y construcción común, debates francos y unidad de acción.

Insisto con las preguntas. ¿Cuáles han sido las formas de democratización de la política y la sociedad promovidas durante esta década “progresista” en América Latina? ¿En qué medida han logrado incidir en las políticas públicas, en la agenda de derechos, en el fortalecimiento de las organizaciones sociales, en una democracia que se amplíe y renueve con estos componentes? ¿Qué factores de estos procesos pueden abrir nuevas posibilidades de transformación social y política y cuáles pueden generar debilidades y retrocesos en el próximo período?

Hay algunos campos donde se condensan los nudos problemáticos de los procesos políticos y societarios de la última década latinoamericana. La reducción de la pobreza y la indigencia es un aspecto central de las transformaciones. ¿Por qué no podemos plantearnos la erradicación total de la pobreza en Uruguay? ¿Dónde están los impedimentos, cuando logramos hacerla descender de 39% a 9,3% de la población?

Nunca puede minimizarse lo que sucede en las relaciones de trabajo; en los procesos de sindicalización; en la mejora en la cantidad y calidad del empleo; en la evolución del salario real, del salario mínimo, de la seguridad y salud laboral. Como bien saben los trabajadores, cada avance debe valorarse, sin por ello conformarse con lo logrado.

Se destaca la llamada “nueva agenda de derechos”, con las luchas de las mujeres, los movimientos por la diversidad sexual, las políticas de drogas y la regulación del cannabis, las luchas ecologistas, las que plantean el derecho a la ciudad. Y las luchas por los derechos de los pueblos indígenas y en defensa de la Madre Tierra, que asumen en este período una dimensión diferente.

Los cambios estructurales en campos como la salud y la educación son fundamentales para convertirlos en derechos universales, bienes públicos, obligaciones del Estado y al mismo tiempo construcciones sociales complejas con múltiples actores.

Otros cambios significativos son los hechos en la matriz productiva al diversificar la economía, evitar el mero extractivismo, impedir la concentración del capital y la riqueza, e incorporar un sector cooperativo y autogestionario fuerte. El modelo de desarrollo basado en un crecimiento económico sin límites debe ser replanteado en sus fundamentos y en sus consecuencias.

Los problemas socioambientales son una de las amenazas más trascendentes de esta globalización capitalista a la vida en el planeta. Los principales desafíos de nuestra época son el auge de las desigualdades y el calentamiento global; urge reorientar los fundamentos de la globalización desde esta base.

La democratización de los medios de comunicación, así como de la financiación de los partidos y las campañas electorales, la transparencia y el control social sobre el Estado, y la reforma del Poder Judicial son capítulos fundamentales. Las políticas de la derecha sobre seguridad son un factor de fractura social e incremento de la violencia, pero ¿cuáles son las políticas de la izquierda en relación con la convivencia y la seguridad? Ambos aspectos entrelazados son derechos humanos y no pueden subestimarse.

Uno de los ámbitos generalmente desestimados por muchas concepciones de la política es el que refiere a la descentralización participativa, la gestación de un entramado territorial integrado, denso, solidario, que significa la democratización del poder en espacios comunitarios. Es también el derecho a la ciudad, del que habla David Harvey, según el cual el espacio público es un ámbito de deliberación, democratización e integración social.

¿Cómo se construyen políticas públicas con y desde los movimientos populares? Es un aprendizaje que implica interactuar con el Estado (entendiendo que no es algo monolítico, sino que tiene contradicciones) sin plegarse y subordinarse a él, sin convertirse en un mero apéndice. No sólo se trata de resistir, sino también de proponer, elaborar, difundir, movilizar en el sentido más amplio y diverso. Cuando el gobierno es de izquierda, con más razón hay una alianza fuerte y compleja a construir.

La derecha neoliberal, rampante en el mundo y en América Latina, está imponiendo sufrimientos y fracturas mayores en la sociedad. Enfrentarla con un abanico amplio de alianzas es un tema prioritario.

Desde la izquierda, Erik Olin Wright afirma bien que la democracia es el problema esencial y el mecanismo central para superar el capitalismo. Si el socialismo como alternativa al capitalismo implica democracia económica, es fundamental que la democracia se democratice, al decir de Boaventura de Sousa Santos, reinventándola. Con la reflexión crítica de las experiencias del siglo XX, el socialismo debe ser pensado en términos de poder social, protección de los derechos humanos y democracia radical. Las luchas contra las concepciones patriarcales, contra la violencia hacia niños y mujeres, contra la discriminación hacia orientaciones sexuales diferentes, contra las políticas autoritarias sobre drogas, contra el racismo, contra la destrucción del medioambiente son parte fundamental de las contradicciones, las rebeldías y las movilizaciones actuales. Como también lo es la lucha de clases. De múltiples formas, estas luchas se entrelazan en el plano político.

Aceptemos que hay una crisis teórica del pensamiento de izquierda, del pensamiento crítico. Al mismo tiempo, la riqueza de las luchas actuales genera condiciones para su profundización y la experiencia latinoamericana es uno de los cauces fermentales. El concepto de hegemonía aparece como una herramienta necesaria para pensar esa diversidad de luchas y refundar el proyecto poscapitalista sobre la idea fuerza de una democratización profunda de la sociedad.

Publicado en La Diaria/Dínamo 25 • sept. • 2017

Formas de hacer política en el ciclo progresista. Autocríticas de la izquierda. Por Pablo Anzalone

Los actuales triunfos de la derecha en Brasil, Argentina y Venezuela, son el resultado de un conjunto de factores que requieren un análisis en profundidad. Algunos surgen de la nueva situación internacional. La crisis del capitalismo central iniciada en el 2008 y la  reorganización del escenario mundial en curso, tuvo como consecuencias el fin del boom de los comodities (materias primas y alimentos), la retracción de las inversiones ,el aumento del poder del sector financiero y el comienzo de un período de recesión en América Latina.

La derecha económica, social, religiosa y mediática que siempre retuvo y en algunos casos aumentó su poder, se rearmó políticamente. Antes con Piñera  y ahora con Macri ensayó la idea del gobierno como gerenciamiento tecnocrático y empresarial para obtener el voto popular. En otros casos como Paraguay aplicó un golpe empleando sus mayorías parlamentarias con argumentos insostenibles utilizando abusivamente artículos de la Constitución. Ese modelo fue el que ahora se aplicó en Brasil. Desestabilizar, agravar la crisis política y económica y una violenta polarización, forzar  las normas democráticas, no fue un obstáculo con tal de volver al gobierno. Esa falta de límites es parte del escenario actual. Pero sobre todo la derecha se embanderó con el cambio, luchó y muchas veces logró aparecer como la alternativa de cambio ante la población. Ocultando su verdadero programa de gobierno, tomando algunas de las políticas sociales exitosas de los gobiernos progresistas y “representando” un abanico heterógeneo de demandas de la sociedad. En esa construcción de una nueva hegemonía (o en el resurgimiento de la hegemonía neoliberal, tan profunda y duradera), utilizó eficamente la concentración del poder de los medios de comunicación.

Al mismo tiempo en estos procesos  jugaron un papel clave los errores de la izquierda en el gobierno, en algunos casos graves errores. Por eso es imprescindible una reflexión crítica y autocrítica, de gobiernos, de partidos y también de movimientos sociales progresistas. No hay un solo actor sino por lo menos esos tres grupos de protagonistas  en los procesos populares de cambio. Reivindicamos esa perspectiva que dejan de lado  las visiones estadocéntricas, vanguardistas o el reduccionismo al rol de líderes carismáticos como Lula, Chavez, Cristina, Evo, Tabaré o Pepe.  Un  análisis autocrítico y propositivo, en profundidad, sin tirar el niño con el agua y sin arrogancia teórica o política. Sin generalizar rápido tampoco, porque los procesos han sido muy heterogéneos. Allí también ha estado su riqueza,en un mundo donde los paradigmas totalizadores han fracasado.

Hay muchos aspectos a analizar. El vínculo con los movimientos sociales, la relación con la población y la capacidad para movilizarla, el rol de los medios de comunicación, la lucha por nuevos valores o la adaptación a los predominantes, el modelo productivo extractivista, la redistribución de los ingresos  y la riqueza, los cambios estructurales en salud,educación, protección social, la actitud hacia formas económicas no capitalistas, entre otros puntos críticos, que podrían acercarse a un concepto muy abarcador como es la capacidad para generar una nueva hegemonía.

En este artículo nos centraremos en un punto: las formas de hacer política (y en particular la política como actividad de masas), que se desarrollaron en el ciclo progresista latinoamericano.

La reducción de la política a la acción de gobierno debilitó el rol propio de los partidos, restringiéndolos al Estado, empobreciendo su vida interna, afectando su vínculo con la población, su papel en el debate ideológico, su capacidad de iniciativa política. Hay una larga historia de como la cooptación de los partidos por el Estado tiene efectos muy negativos  sobre los primeros. El estalinismo y la socialdemocracia europea son ejemplos claros.

El tipo de organización y de democracia interna en los partidos progresistas es muy distinto de un proceso a otro, pero se puede  reflexionar si  el tipo de política predominante  debilitó la participación mayor de militantes, adherentes, y sobre todo de la población, en las formaciones politicas. Si la política la hace solo el gobierno, el accionar y las discusiones de la fuerza política, se verán como peligros y no como posibilidades fermentales. En un momento donde la vinculación por la web gana terreno en todos los órdenes de la vida, las organizaciones progresistas no utilizaron con creatividad este nuevo campo para democratizar sus debates, sus resoluciones y su capacidad de escucha a la población. El ejemplo de Podemos muestra que es eso es posible y también  que esa es una condición necesaria, pero no suficiente, para democratizar el poder interno.

Para enfrentar los desafíos actuales, la democracia interna  debe ir junto con la unidad. La unidad es otro duro aprendizaje, muchas veces fallido, en los procesos de la izquierda. Una larga historia de sectarismos, dogmatismos y luchas fraccionales pesa todavía. Las discrepancias legítimas sobre las estrategias muchas veces no logran procesarse en un debate enriquecedor que construya  síntesis política y unidad de acción. El FA tiene una experiencia rica en ese plano, pero le ha costado oxigenar su funcionamiento con nuevos instrumentos democratizadores, para pasar de algunos miles de participantes a cientos de miles. Sin contraponer militantes y votantes, generando la categoría de participantes.

La izquierda se convirtió en opción de gobierno cuando sumó todos los descontentos con el neoliberalismo de los 90, responsable de altísimos niveles de sufrimiento social. En un momento  mundial de retroceso  frente al neoliberalismo arrollador  América Latina  mostró que otro modelo de país era posible y disputó esa hegemonía. Sin marco teórico ni ideológico común, retomando las mejores tradiciones de cada país, integrando en algunos casos a la población indígena, reivindicando la dignidad y los derechos de los postergados sociales y políticos.

Se puede hablar como dice Ernesto Laclau de la construcción del sujeto “pueblo”, para analizar estos procesos sociales. Laclau  propone el concepto de hegemonía como la herramienta fermental para pensar esa diversidad de luchas y para replantear una nueva política  para la izquierda. Ante  la crisis del pensamiento crítico plantea  refundar el proyecto finalista sobre la idea fuerza  de  una democratización radical de la sociedad. Frente al proyecto de una sociedad jerárquica y cada vez más desigual  la izquierda debe promover una radicalización de la revolución democrática.

Los avances en democratización son variopintos, heterogéneos y con grandes capítulos pendientes en nuestros procesos. En Uruguay la existencia de Consejos de Salarios, las políticas hacia trabajadores rurales y domésticas generaron derechos nunca antes respetados. La legalización del matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo, la regulación de la marihuana, fueron pasos hacia una sociedad menos discriminadora. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un ejemplo en América Latina con una perspectiva garantista de las libertades y disposiciones que eviten la concentración de poder en pocos medios. Por algo hubo tantos ataques y resistencias para su implementación.

Una reforma política que llegue a la financiación de las campañas electorales y los partidos todavía  brilla por su ausencia. Ese es un capítulo pendiente de gran trascendencia. El poder económico tiene hoy muchos privilegios para actuar en política, solventar costosas campañas electorales, asegurar desigualdades. Alcanza ver y escuchar al parlamento brasileño. Venimos de países signados por la corrupción de sus élites políticas y si la izquierda en el gobierno no rompió con ella, y pretendió utilizarla para sus fines, los resultados fueron catastróficos. Entre ellos la ruptura de la coherencia ética entre discurso y acción, desmoralización de los militantes, ajenidad u hostilidad de la población, descrédito. La derecha utiliza eficazmente esos errores/horrores, mientras hacen la vista gorda o defienden a los millionarios implicados en los Panamá Papers. Garantizar publicidad electoral gratuita, restringir el resto, prohibir grandes donaciones y donaciones empresariales para los partidos, efectuar controles efectivos sobre la financiación, publicar las declaraciones patrimoniales de  gobernantes y legisladores, dar transparencia a estos aspectos, son algunas medidas básicas .

Como dice Perry Anderson sobre Brasil “  una vez que se acepta el precio de entrar en un sistema político enfermo la puerta se cierra detrás y el partido se reseca  convirtiéndose en un enclave del Estado” . Por eso democratizar el sistema político en sus nudos críticos se vuelve una tarea principal. Conquistar la democracia contra las dictaduras fue un cambio histórico para América Latina y  para la izquierda. Se aprendió a valorar la democracia y los derechos humanos y a entender la necesidad de ampliarlos cada vez más.

Una cuestión fundamental, en mi opinión, es qué rol le da la política a las personas, ya sea como ciudadanos o agrupados en fuerzas sociales. Si la política la hace sólo el gobierno, entonces, el papel del ciudadano se reduce a elegir cada cinco años y el de las fuerzas sociales a defender sus reivindicaciones particulares. Esta forma de hacer política es la tradicional, la que viene matrizada en el Estado capitalista y tiene mucho arraigo. En las democracias de baja intensidad que relata Boaventura de Souza  hasta allí se llegó y el resto está fuera del sistema, con la marginación o criminalización correspondiente.  Contraponer este modelo  a una situación de gran efervescencia, supone pensar que los períodos de auge de las movilizaciones de masas se pueden eternizar, lo que notoriamente no es así. Pero hay que aprender una lección de esos momentos en que la gente se siente protagonista: allí es donde se generan los cambios culturales más profundos.

Al proyecto progresista le ha faltado una democratización mayor de la política. Ninguna de las transformaciones estructurales en salud, educación o protección social es posible sólo desde el gobierno, sin participación activa de la sociedad, sin nuevos actores cuya voz se pueda expresar y puedan incidir en las decisiones. Esa participación  no es una resolución institucional, ni solo abrir o cerrar puertas, requiere una construcción amplia donde los actores sociales se fortalezcan a través de prácticas que los vinculen con la población. Es acción social y cultural sobre problemas existentes. No hay que desconocer  pasos significativos en esa dirección, como la participación social en el BPS, en el  SNIS, en la Anep, en la descentralización participativa territorial y otros. Con luces y sombras son caminos que van en una buena dirección. Cabe señalar, sin embargo, que no alcanza con poner representantes sociales si no hay más prácticas colectivas que involucren a la población en los cambios. Acción de masas y no solo representación social.

La creación de la  agenda  es una de las claves para luchar por la hegemonía. Si la derecha marca la agenda y el gobierno se defiende, este último llevará las de perder. Crear nuevos derechos como los  cuidados, a través del Sistema Nacional de Cuidados es romper con la lógica del ajuste y establecer desafíos para seguir avanzando en lo social. Lo mismo con el tema de la violencia doméstica. Si el modelo de política deja a la gente como espectadora, crítica o conforme, empezamos a perder la batalla cultural. De allí a la derrota política es un paso.

 

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