FORTALECER LOS VÍNCULOS SOCIALES, UNA PRIORIDAD ANTE LA PANDEMIA por Pablo Anzalone

Artículo para NUESTRA VOZ de la ONAJPU marzo 2021

Se inició la vacunación en Uruguay, uno de los últimos países de América Latina en comenzar este proceso. Hay mas de 200 millones de personas ya vacunadas en el mundo, con diferentes vacunas hechas en paises diversos con tecnologías variadas. Los efectos adversos han sido mínimos hasta el momento, lo que habla muy bien de la seguridad de estas vacunas.

En un contexto internacional complejo el afan de lucro de las compañías farmaceuticas y la desigualdad en el poder económico de los paises han generado situaciones muy injustas en el acceso a las vacunas. También han habido iniciativas solidarias que hay que destacar y valorar como el COVAX para comprar en conjunto y apoyarse mutuamente entre muchos paises.

La ciencia tiene mucho por hacer, hay mucho por investigar todavía, son procesos muy recientes. La duración de la inmunidad que otorguen las vacunas por ejemplo, recién se está comenzando a estudiar. No sabemos si habrá que vacunarse todos los años o con qué periodicidad. Las mutaciones del virus son un factor de incertidumbre, ya hay 3 o 4 detectadas y nada indica que no surjan nuevas variantes, que requieran cambios en las vacunas. La eficacia de las vacunas para impedir los cuadros graves y para prevenir los contagios son dos aspectos distintos que habrá que evaluar, aunque los resultados obtenidos hasta el momento en ambos casos son promisorios.

Tampoco tenemos elementos para pensar que no habrán nuevas pandemias ocasionadas por otros virus.

La pandemia demostró que invertir en ciencia e investigación es salud

Vivimos tiempos de incertidumbre, donde la salud y la ciencia se volvieron elementos más relevantes aún de la vida en sociedad. Tal vez ahora sin la arrogancia de pensar al ser humano como centro único de la vida, con lógicas de dominación y modelos civilizatorios que impusieron la depredación y explotación sin límites de la naturaleza. Hemos de aprender que somos interdependientes y ecodependientes, formamos parte de la vida y debemos cuidarla como bien principal.

Cabe destacar en este contexto que las respuestas de la Udelar y de la comunidad científica a estos desafíos han sido muy buenas y eso tiene que ver con lo construido en las últimas décadas. Los drásticos recortes recientes al presupuesto de la ANII, Agencia Nacional de Investigación e Innovación, por el contrario, van en la dirección inversa. La imagen que se me ocurre es como pegarse deliberadamente un tiro en el pie.

La situación de la pandemia sigue siendo grave. La cantidad de nuevas personas con Sars Cov 2 que se detecta diariamente continúa siendo muy alta a pesar de que el número de test es sensiblemente menor de lo que requerido. También aumentan lógicamente las personas fallecidas por Covid y con Covid. Es preocupante la ausencia de medidas que apunten a disminuir los contagios o incrementar el seguimiento epidemiologico de los casos. No se jerarquiza un abordaje local para procurar recuperar el control de la pandemia y atender a sus puntos críticos y sus efectos desde una mayor cercanía.

Poner en acción todos los colectivos

Hay varios aspectos que deberíamos tener en cuenta para un abordaje integral de la pandemia. No nos referimos solo a lo que deberían hacer los gobiernos sino a todos nosotros, como personas y como colectivos:

a) Los problemas de salud mental asociados a la pandemia, el miedo, la incertidumbre, la ansiedad, la depresión, se suman a una situación anterior grave donde los suicidios alcanzaban una de las mayores cifras de América Latina. En las personas mayores la soledad es un problema importante. Nada de esto puede dejarse de lado en aras del Covid, por el contrario se precisan programas, líneas de acción, intervenciones, desde el sistema de salud y también desde la comunidad. No son problemas o padecimientos individuales, secundarios, que se arreglarán o no con el tiempo. Son temas graves y deben motivar acciones conscientes y organizadas con muchos actores.

b) La crisis alimentaria generada por la pandemia continúa, incrementando los problemas de malnutrición por déficit y por exceso. Todavía hay decenas de miles de personas que deben comer en las Ollas Populares y sigue sin haber una respuesta institucional adecuada para resolver este aspecto de la emergencia. Son los sectores populares quienes están respondiendo ante una omisión muy relevante del Estado. Por otro lado sigue pesando mucho la “comida chatarra” en la alimentación y ese exceso de azúcares, sodio y grasas se traduce en hipertensión, diabetes, sobrepeso y obesidad. Estas enfermedades son factores de agravamiento de los cuadros Covid y también de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y cáncer. Es decir inciden en las principales causas de enfermedad y muerte en Uruguay. En lugar de avanzar fuertemente en este plano, se modificó a último momento el decreto de etiquetado por excesos flexibilizando los límites para disminuir los hexágonos de advertencia, sin ningún fundamento científico. Es decir se retrocedió en un problema grave de salud, que la pandemia incrementó.

c) Los problemas de salud no Covid requieren políticas de prevención y promoción y su suspensión durante la pandemia tendrá efectos negativos importantes. Retomar la presencialidad de algunas consultas médicas es una de las medidas pero no alcanza. Precisamos un plan de contingencia para hacer los controles no realizados de cáncer (mamografias, PAP, fecatest, etc.) y problemas cardiovasculares durante este período. Las personas mayores requieren controles periódicos que no se han hecho. El control de las embarazadas y la primera infancia debe volver a reforzarse. Estudios recientes indican un aumento de la prematurez, bajo peso al nacer y retraso de talla en relación con la edad, en los nacimientos del H.Pereira Rossell. Esa es la punta del iceberg de lo que no se está haciendo en los territorios para cuidar a madres e hijos. Es fundamental jerarquizar el primer nivel de atención como escenario privilegiado para estas estrategias de prevención y atención esencial. Es decir se necesita lo contrario al cierre de policlínicas y al repliegue del sistema de salud en los territorios. Faltan planes locales de salud con objetivos sanitarios claros, líneas de acción y metas que surjan de un intercambio amplio, del involucramiento y el compromiso de múltiples actores. Los gobiernos locales (municipales y departamentales) y las organizaciones comunitarias, los movimientos de usuarios, las organizaciones de trabajadores, de jubilados y pensionistas y una cantidad de otros colectivos, son actores de primera línea en estos procesos de planificación-formación-acción participativa.

d) Los vínculos sociales y afectivos, la subjetividad, son elementos centrales para la salud. Las afectaciones en la salud mental que mencionamos antes son el resultado muchas veces de lesiones o fracturas de esos vínculos. También la violencia doméstica, la violencia de género y generaciones la violencia patriarcal en todas sus formas golpean los vínculos. El aislamiento y la soledad, el individualismo exhacerbado, el egoismo y la competencia, el afan de consumir como objetivo vital, cuestionan esos vínculos imprescindibles con los demás. Al mismo tiempo la solidaridad, “formar parte de”, la amistad, el amor en su diversidad, sentirse útil para los demás, los ideales y valores compartidos, refuerzan los vínculos y le dan sentido a la vida.

Una cierta mirada de la pandemia apuesta al quietismo y la parálisis de las personas (y más aún las personas mayores) con argumentos sanitarios. Confunden distanciamiento físico con distanciamiento social. Critican las movilizaciones sociales por el riesgo de contagio y dejan pasar elefantes en las aglomeraciones de otros tipos, reprimen a los jóvenes que se juntan en alguna plaza y hacen la vista gorda ante fiestas de personas ricas o situaciones laborales de incumplimento total de protocolos de cuidado.

La pasividad no es saludable. Fortalecer los vínculos en todos los terrenos.

La pasividad no es buena para la salud en ninguna de sus dimensiones, ni en relación con la pandemia ni con respecto a todos los demás problemas. La promoción de la salud es más que la prevención de la enfermedad y tiene todos esos componentes de proactividad, de acción colectiva, de cuidado mutuo, de construir estilos de vida saludables y condiciones adecuadas a ese fin.

En definitiva la promoción de salud implica el fortalecimiento de los vínculos entre las personas. Los lazos familiares, barriales, sociales, culturales o comunitarios, son factores imprescindibles que hay que cultivar, construir, hacer perdurar.

Por eso fundamentamos que la continuidad, el enriquecimiento, la ampliación de los vínculos sociales debe ser un objetivo prioritario para nuestra salud. Más que nunca en esta crisis pandémica y social.