LO ESTÉTICO Y LO ÉTICO Entrevista a Pancho Coelho

Con esta entrevista al músico Francisco Coelho, iniciamos una línea periodística de entrevistas a referentes de la cultura, la política y las organizaciones sociales de interés.

Coelho, integra el conjunto musical Buenos Muchachos pero también, como lo aclara más abajo, actúa como solista y participa de otros agrupamientos con ese generoso intercambio de saberes que caracteriza a los que aman lo que hacen.

  1. La influencia del cancionero popular fue muy grande en los 60 y 70 y también a la salida de la dictadura. ¿Qué dimensión política tiene el arte para vos y tu práctica artística?

P.C.: En todos los proyectos en los que he participado y participo como músico (Pompas, Danteinferno, Buenos Muchachos, Tráfico, Uno con uno) soy consciente de la dimensión política que tiene la creación. Cómo cantar, qué cantar, es una decisión de este estilo, pero también lo es el tipo de vínculo que uno genera con el público, cómo se distribuye el material, el acceso a los medios y montones de gestos diarios que estás obligado a pensar porque en lo estético siempre hay una dimensión ética.

2. ¿Qué lugar tiene, para vos, a la hora de la creación, las personas que escuchan? 

P.C.: Primero hay que escuchar. Los músicos que yo escuché y decidí seguir escuchando conversan conmigo en cada momento y esa es la intención cuando hago música. Quiero comunicarme y encontrar empatía con otros para encontrar las tramas que nos atraviesan. Eso es amor y respeto.

3. A veces te has presentado como solista a veces en Buenos Muchachos, ¿cómo es el proceso de creación colectiva en relación al de creación personal?

P.C.: Hacer música con otres es lo más hermoso. Se aprende mucho de uno mismo y del resto, no solo en lo creativo.

Estando de gira terminé tocando con gente que nunca más vi ni veré pero cantamos Beatles, grabamos zapadas. Ahí no hay guita, y capaz que no se entiende pero siempre te sentís mejor, te recibís de músico.

4. Ustedes se han caracterizado por el uso de efectos alternativos a la hora de musicar, ¿qué los movió a usar estos recursos, cómo fue ese proceso y la investigación para ustedes, y qué potencial sensible encontraron?

P.C.: La exploración en los timbres de los instrumentos, en mi caso, se debe a la fascinación por la música de ese carácter. De chico me gustaban los Beatles, Pink Floyd, Mateo, y más grande incluí a los del ambiente académico, Stockhausen, Ligeti, Schoemberg.

5. La estética visual, por ejemplo, las acuarelas o la página web son sugerentes, ¿cómo dialoga con la producción artística de ustedes?

P.C.:En Buenos Muchachos hay mucha gente ocupada por lo visual. Diego Viera hace magia con las luces en vivo, Martín Batallés se encarga de la gráfica y de la fotografía junto a Gabriela Costoya. A su vez Pedro es artista plástico y está vinculado a colegas y amigos que han trabajado con los Buenos desde antes que yo me integrara a la banda. Daniel Turcatti, Nicolás Barcia son algunos de los talentosos tipos que recuerdo han colaborado en carátulas, puestas en escena, etc.

Pero las pinturas del #8 son obra de Gustavo Antuña, el Topo. Un tipo que tiene mi admiración completa porque además de ser uno de los mejores guitarristas que conozca logró unas composiciones muy del ambiente del disco. En mi proyecto solista y en los otros ensambles en que he participado lo visual ha sido trabajado de otra manera pero con la misma convicción de que merece ser considerado como un todo. Además de formarme como músico pasé por talleres de pintura y cursé fotografía en la IENBA hace un montón de años atrás.

6. Ustedes son una banda que se caracteriza por mover mucha energía en los espectáculos ¿Qué diferencias hay en el manejo de la energía a la hora del vivo y a la hora de la grabación?

P.C.: Disfruto mucho de ambas situaciones. Grabar es mágico y en el estudio soy como un niño en una juguetería. El vivo es para sintonizar con otras cosas y es más a flor de piel. Yo me subí al escenario con Buenos Muchachos en el teatro de verano para telonear a pixies y desde ese día ha sido todo muy rápido y potente.

UN NIÑO, UN INSTRUMENTO por Ignacio Martínez

La semana pasada se lanzó oficialmente el Programa “Un niño, un instrumento”. El mismo está destinado a niños y niñas de todas las instituciones educativas del país, que tengan entra 6 y 14 años.

Este Programa reposa hoy en 17 núcleos de trabajo que se encuentran en  Canelones, Colonia, Durazno, Flores, Florida, Lavalleja, San José, Soriano, Paysandú y Montevideo. Desde este emprendimiento se dictan clases de instrumentos de cuerda (violín, viola, violonchelo, contrabajo), vientos de madera (flauta, oboe, clarinete, fagot), vientos de metal (corno, trompeta, trombón, tuba), percusión y formación coral.

Al momento más de 1.500 niños participan en las actividades musicales con un potencial de varios miles más dispuestos a integrarse ya al programa. Se desarrolla desde el Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles del Uruguay y se cuenta con la colaboración de intendencias, alcaldías, embajadas e instituciones educativas. ¡Bien por esta iniciativa!

El artista y pedagogo inglés Herbert Read publicaba en su libro “Educación por el Arte” en 1943 que el arte es “…un modo de integración -el modo más natural para los niños- y como tal, su material es la totalidad de la experiencia. Es el único modo que puede integrar cabalmente la percepción y el sentimiento”.

En 1910, Figari dice: “Es conveniente en sumo grado que las escuelas públicas despierten en el niño el concepto del arte y de la belleza, como se ha hecho en otras partes. Esto concurrirá a formar el carácter del pueblo, dentro de un plan más alto y más culto”.

Se vuelve imprescindible pensar hoy desde el sistema educativo formal y no formal, la difusión y promoción de las artes en su más amplia expresión, reconociendo que en cada niño o niña hay un creador ilimitado. El asunto es abrirle las puertas para que vea el mundo y descubra su capacidad interior para comprenderlo, interpretarlo y transformarlo.

Ojalá que a esta iniciativa del mundo de la música que aplaudimos fervorosamente, le sigan iniciativas que incorporen el teatro en cada centro educativo, que incorporen la danza como práctica artístico-pedagógica. Lo mismo pensamos para las artes plásticas y las artes audiovisuales. Ojalá que en cada centro de estudio se organicen círculos de creación literaria donde prolifere “la sociedad de los poetas vivos” para abordar la literatura en su más amplia y libre realización, como el arte de las palabras. Por ahí va gran parte de la transformación social. Como decimos en el PIT-CNT, los cambios son culturales o no son.

Publicado en el semanario VOCES 27-9-2018