CRISTALES DE FOXDRIN por Milton Romani Gerner*

Escribí “La noche de los cristales rotos” en plena campaña electoral. Tenía, tengo, la peregrina intención de generar una saludable alarma por la irrupción de Cabildo Abierto, que reagrupa a toda la ultraderecha con apoyo ciudadano. Hay cristales que ya se comenzaron a romper en Uruguay. No nos hagamos los desentendidos porque les pasa a otros. Cuando nos toque a cada uno puede ser tarde.

Una frase a la que recurre permanentemente el general retirado Guido Manini Ríos en las mil y una coartadas que tiene que ensayar cuando se lo confronta con las atrocidades: “Hay que dejar de hablar de cosas que ocurrieron hace muchísimo tiempo”. Ocurre que el pasado vuelve, siempre vuelve como vuelven los cuerpos enterrados. Un pasado ominoso, atraído por una prédica de corte fascista que lleva a jóvenes a fotografiarse con el líder, en camisetas nazis, que se cuela en militantes cabildantes que convocan a formar escuadrones de la muerte. Cuando un diputado electo de Cabildo Abierto la emprendió contra el aborto y agredió a las mujeres –“Si te gustó, bancátela”–, el líder dijo: “No fue ofensivo”. Pero agregó, a renglón seguido, que va a revisar toda la agenda de derechos. Defiende a torturadores y desaparecedores. Ataca a la Justicia. Se rodea de militares repudiados por sus vínculos con secuestros y torturas (Eduardo Radaelli y Antonio Romanelli). Su escribano dice, en un paroxismo antirrepublicano, que es un enviado de Dios. Difunde fotos con Jair Bolsonaro. Propone a un médico para ser ministro que contundentemente ha tenido vínculos con el conocidícismo torturador y fascista Martín Gutiérrez Oyhamburo.

El pasado vuelve

No son nuevos estos pujos del nacionalfascismo criollo. Ni las simpatías que Luis Alberto de Herrera y otros tuvieron con la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini. En una crónica del diario El País del 22 de junio de este año, sobre las elecciones que ganó Gabriel Terra, se anotaba: “En vísperas de las elecciones, el Comité de Vigilancia Económica –una organización que nucleaba a empresarios y hacendados– convocó a un ‘paro patronal’ de 48 horas, en protesta por la iniciativa del gobierno de establecer un salario mínimo, y expresó su apoyo a las candidaturas de Herrera y [Pedro] Manini Ríos”.

La ultraderecha supo brillar en el firmamento de los partidos Nacional y Colorado: Jorge Pacheco Areco, Pablo Millor, Mario Aguerrondo, toda la familia Manini, con varias ramificaciones en grupos de acción directa. Hoy se nuclean en Cabildo Abierto y son un peligro para toda la institucionalidad democrática y para todas las colectividades que han sido perseguidas. Mi intención con la mencionada columna publicada en la diaria, recordando la noche trágica de noviembre de 1938 en Alemania y Austria, y las actitudes valientes de nuestros diplomáticos, fue llegar a la sensibilidad republicana de blancos y colorados. En especial, a toda la colectividad judía. No sé si lo logré. Me alarma mucho más el silencio que los gritos fascistas.

Azul y Blanco: el comando Foxdrin

En 1972 surgió el semanario Azul y Blanco. Promotor del golpe de Estado y difusor de todo tipo de agresiones y canalladas, alentando a los sectores militares y políticos a barrer con todo el arco democrático. No era sólo prédica anticomunista y antifrenteamplista. Era antiliberal, antijudía, antiderechos. No era sólo prédica periodística. Pasaron a la acción. Lo definió muy bien Julio María Sanguinetti, citado en la diaria en un artículo de 2011 que debe releerse. Se había sustanciado un gran movimiento de repudio al psiquiatra y torturador Gutiérrez Oyhamburo, que no se había presentado a una convocatoria de la Justicia.

En La agonía de una democracia: ‬proceso de la caída de las instituciones en el Uruguay‭ (‬1963-1973‭),‭ Sanguinetti escribe: “El semanario Azul y Blanco‭ ‬‬destila todos los miércoles una cuota de combustible para mantener encendida la hoguera.‭ ‬Reniega de las instituciones democráticas,‭ ‬acusa de comunista a todo el que exprese alguna reserva sobre la conducción militar,‭ ‬hace la constante apología del falangismo y exhuma antecedentes históricos del militarismo uruguayo del siglo XIX‭ (‬1875-1886‭)‬,‭ ‬ofrecido como fuente de inspiración.‭ ‬El animador de la publicación es el Dr.‭ ‬Martín Gutiérrez,‭ ‬médico psiquiatra del Hospital Militar,‭ ‬y el redactor responsable el Sr.‭ ‬Diego Ferreiro. [El diario] Acción lo enfrenta duramente y,‭ ‬bajo el título de‭ ‘‬La tatucera gorila’‬,‭ ‬denuncia su incitación al golpe,‭ ‬su inequívoca filiación nazi-fascista y su permanente actitud de difamación para con los hombres públicos del país,‭ ‬especialmente los batllistas y los blancos wilsonistas‭”.

Las conexiones por investigar

En diciembre de 1978, con Hugo Cores, Mariela Salaberry y un equipo clandestino, persistíamos en armar, publicar y difundir un viejo periódico combativo, de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP): Compañero. El primer número del año VII, que resurgía después de los duros golpes del Operativo Cóndor, circuló en octubre de 1977. Su título: “Vientos de amnistía soplan en América Latina”. Su reaparición fue el disparador para que la dictadura decidiera nuevamente operar fuera de fronteras. Universindo Rodriguez, Lilián Celiberti y sus hijos Camilo y Francesca fueron secuestrados en Porto Alegre. El jefe del operativo fue el coronel Eduardo Ferro. Estaban enfurecidos porque reaparecía Compañero. Siguió.

En el número 70, de diciembre de 1978, nos llegaron más informaciones sobre el vil asesinato de la señora Cecilia Fontana de Heber. El atentado, de una crueldad inimaginable, demostraba que la patota criminal que había asolado Uruguay, Argentina y Brasil, que había secuestrado, matado y torturado a miles, no paraba. Arremetía contra todos y todas de la forma más bestial.

Según se recuerda en una nota del portal 180 de marzo de 2009: “En agosto de 1978, Luis Alberto Lacalle recibió tres botellas de vino dirigidas a él, a Carlos Julio Pereyra y a Mario Heber. Eran tres botellas de vino blanco Riesling con una tarjeta que decía: ‘El jueves 31 al mediodía brindemos por la Patria en su nueva etapa’. Esa nota aparecía firmada apenas por tres iniciales: ‘MDN’. Ni Pereyra ni Lacalle abrieron sus botellas. El 5 de setiembre de ese año, la esposa de Heber, Cecilia Fontana, abrió la de su marido. Bebió un pequeño trago que alcanzó para provocarle la muerte de forma casi instantánea, ya que el vino contenía un insecticida de acción fulminante llamado Foxdrin”.

Las investigaciones no avanzaron ni pudieron identificar a los responsables. Me constan los esfuerzos y acciones de Luis Alberto Heber y Carlos Julio Pereyra, quienes tienen todo mi afecto y solidaridad. En 2009 hubo nuevos avances, incluso solicitando documentos al exterior, pero hasta donde se ha sabido, no hubo conclusiones contundentes. Es un caso más que está cubierto por el cerrojo de la omertá y la impunidad. Pero, en todo caso, esas raíces vuelven a mostrar el peligro de la presencia de la ultraderecha, que hoy conforma gobierno.

Es imprescindible reafirmar que con la ultraderecha no hay acuerdo posible, y en eso sepa el Partido Nacional que nos encontrará responsablemente defendiendo la democracia.

En 1978 publicamos en Compañero un artículo titulado “Los criminales están sueltos”: “Lo primero que llamó la atención fue el tono con que al tema se refirió ‘La Mañana’. Para cualquiera que lo leyera resultaba evidente que ya el día 13 de setiembre manejaba más datos que los que habían salido a la luz pública. Después la noticia se empezó a manejar entre los cronistas policiales y ahora ya se maneja en todo el ambiente de la prensa: detrás del asesinato de la Sra. Heber está el grupo de Azul y Blanco y en particular Celio Riet, fascista conocido, que apenas unos días antes del atentado registra una compra de Foxdrin, cuyo destino no ha sido investigado. Junto a él se alinean otros ultrarreaccionarios y fascistas como el conocido torturador Martín Gutiérrez y Felipe Ferreiro, todos ellos de conocida trayectoria antisemita e integrantes del cuerpo de redacción del Azul y Blanco. […] Se sabe asimismo que el grupo ha venido desarrollando en los últimos meses una intensa actividad, intentando, por un lado, ‘castigar’ a algunos de los elementos que habrían abandonado sus filas, y, por otro, haciendo recrudecer los atentados antisemitas[…] Cuentan con cobertura y apoyo desde la Secretaría de Presidencia, desde donde sigue operando uno de los sujetos más tenebrosos del régimen, Luis Vargas Garmendia, ex subsecretario de Interior y señalado como uno de los responsables de los asesinatos de [Zelmar] Michelini y [Héctor] Gutiérrez Ruiz”.

Las implicancias de Martín Gutiérrez en la tortura no son novedad. El vínculo con el doctor Daniel Salinas ha quedado meridianamente claro por los documentos difundidos por varios periodistas, entre ellos Gabriel Pereyra. El doctor Luis Lacalle Pou tiene una gran responsabilidad. La creación de coaliciones tienen algunas lógicas perversas, se podría pensar que inevitables. Llevan a unir todo contra un adversario común.

Pero esto es otra cosa, y lo que hoy se admite con cierta banalidad es el huevo de la serpiente que, cuando ataque, va a atacar a todo el arco democrático. En el mundo y en la región se han envalentonado el odio, la xenofobia, los antiderechos. Eso tiene una lógica destructiva con megalomanía de poder y de desprecio de las instituciones políticas. Lamentablemente, gana la conciencia de hombres y mujeres débiles y envidiosos. Hay que construir desde la política un dique de contención contra esto, que es la barbarie. Lo ha señalado con elocuencia el historiador Gerardo Caetano. Es imprescindible reafirmar que con la ultraderecha no hay acuerdo posible, y en eso sepa el Partido Nacional que nos encontrará responsablemente defendiendo la democracia. Doctor Lacalle Pou, es su turno.

*Milton Romani fue embajador ante la Organización de Estados Americanos y secretario general de la Junta Nacional de Drogas.

Publicado en La Diaria el 19 de diciembre de 2019

EMPATADOS por Adriana Cabrera Esteve*

Además del triunfo de la coalición de derechas el domingo 24, es importante resaltar el final con empate técnico que abrió una coyuntura diferente a la temida por unos y esperada por otros. Los fenómenos son multifactoriales. Por eso no hay que buscar las razones de ese empate solamente en el video de Guido Manini Ríos, ni exclusivamente en el enorme crecimiento de la militancia, ni en la fórmula; fueron más y muchas las causas.

El contexto internacional conformó, sin duda, el escenario electoral más difícil de los últimos años. La avanzada coordinada de la derecha a nivel internacional, las movilizaciones populares con saldos de muertes y lesiones graves en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, la cacería de dirigentes en Bolivia, el tiro al blanco practicado por los carabineros chilenos, con el resultado de cientos de militantes con lesiones oculares graves, fueron algunos de los sucesos que enmarcaron el proceso electoral uruguayo. Al mismo tiempo, hay que agregarle el uso generalizado de las redes, no ya como un ágora de intercambio de ideas, sino como el conjunto de herramientas para manipular la opinión de la gente. Estos recursos fueron utilizados por los partidos de derecha a lo largo y ancho del globo, junto al control de los grandes medios de comunicación, que machacaron su versión de la vida y el mundo. Y por último, los golpes de Estado a presidentes democráticamente electos como Dilma Rousseff o Evo Morales imprimieron a la coyuntura una sensación de destino insoslayable. Aun ahora, con los resultados a la vista, lo que sucede en otros países sigue siendo percibido como un plan orquestado para la destrucción de los progresismos del continente.

En ese sentido es necesario enriquecer el nivel de los debates. Las críticas a la coalición multicolor deben ser en lo que corresponde, sin sumarnos a la banalización que llevaría a una oposición superficial. De hecho, nosotros también somos una coalición, y lo que la derecha hizo fue aprender de nosotros. En la estructuración y en las estrategias. Critiquemos sus políticas y evitemos la superficialidad.

La incursión de Cabildo Abierto en la política nacional es uno de los componentes más riesgosos del nuevo período, que puede tener como consecuencia la derechización del proceso en base a lógicas militares y con consecuencias militares. Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, nuestro papel es evitar la continuación de viejas oposiciones militaristas por medio de la política.

El rol de las encuestadoras fue un factor activo para la desmoralización de la militancia toda, tanto de la dirigencia como de la militancia de base. No es la primera vez que sucede; sin embargo, la escasa diferencia entre uno y otro candidato deja planteada la duda de qué hubiera pasado si las agencias no nos hubieran convencido de que perdíamos. Es muy probable que hubiéramos podido repechar un poco más.

Simultáneamente, la militancia frenteamplista deconstruyó los prejuicios de su dirigencia en lo que refiere a la participación. Una vez más demostró madurez para evaluar la coyuntura y actuar en consecuencia. El conjunto del Frente Amplio (FA) debe reconocer este fenómeno y aprender de él para reconformar una fuerza política capaz de encarar los nuevos tiempos con unidad. Los colectivos recientemente creados, los comités, las redes, viejas y nuevas formas de organización se potenciaron mostrando una capacidad de delinear estrategias electorales. Hubo a lo largo de estos 15 años un traslado de saberes y compromisos a los trabajadores que implementaron los programas del FA en cada una de sus áreas. Nadie mejor que las y los arquitectos para enumerar todas las obras edilicias que se habían realizado, nada mejor que las y los trabajadores de la salud para relatar cómo se había implementado el Sistema Nacional de Salud, nada más elocuente que las y los trabajadores de la cultura para reconocer la recuperación de teatros en todo el país y las políticas impulsadas por el Ministerio de Educación y Cultura, que permitieron a cientos de artistas, por primera vez, vivir de su trabajo.

Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Los avances programáticos en estos 15 años han creado, en algunos aspectos, una nueva cultura en el pueblo uruguayo, a tal punto que la coalición de derechas se vio obligada a prometer que no habría retroceso en la agenda de derechos. Lejos de pensar que sólo hubo mejoras económicas, debemos reconocer que se hizo un proceso de enseñanza-aprendizaje en materia de derechos reclamados por la sociedad, por ejemplo, por el feminismo y la comunidad LGTBI, y reconocidos y legislados por los gobiernos frenteamplistas, que implicó un cambio cualitativo de relevancia para la sociedad uruguaya actual. En ese plano, logramos, en parte, lo que nos propusimos: que los valores impulsados se convirtieran en cultura. En otros campos, por el contrario, el FA no logró evitar que la derecha reconstruyera un relato en el que ella no aparecía como responsable de la crisis del 2002 y las percepciones de grandes sectores de la población evolucionaron hacia valores más conservadores. No pueden subestimarse a futuro las campañas orquestadas, con muchos recursos y respaldos internacionales, para promover el miedo, la xenofobia, la aporofobia, el odio al feminismo y a la izquierda.

Hubo errores de la presentación electoral, básicamente porque se pensó que el quid era ganar votos de centro y que para eso se debía empatizar con el ciudadano medio que valora a la persona trabajadora, exitosa incluso a contracorriente, y buena gestora. Ofrecer certezas fue el leiv motiv de la presentación electoral. Y tener un candidato que pudiera hacerlo. Una de las debilidades de esa estrategia fue que no generaba empatía con las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras, que son, por lo general, poco o nada exitosos, aunque se rompan el alma trabajando.

Los cambios en los comandos de las campañas dieron la imagen de una campaña errática. Sin embargo, hay que reconocer puntos altos: la Ola Esperanza consiguió levantar el estado de ánimo de los frenteamplistas, logrando niveles de movilización no previstos hasta ese momento, y el Voto a Voto supo dar en el clavo con las necesidades del discurrir de la campaña en el último período.

El desgaste de 15 años de gobierno, con escasa participación de la fuerza política en su rol pedagógico, como promotor de nuevas políticas y como agente de los cambios, se puso en tensión en este último período. Recordemos que las grandes convocatorias a la movilización popular durante estos años no provinieron del FA sino de las iniciativas populares: voto rosado, el No a la Baja y el No a la Reforma, las marchas del 8 de marzo y el 25 de noviembre, del 20 de mayo y la Marcha de la Diversidad. Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Es necesario incorporar al análisis el rol que jugó la renovación generacional. Con los tres principales líderes en edad de no renovar su mandato, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países de la región, el FA puso en la escena política a varios líderes y liderezas capaces de disputar la centralidad de la conducción política. Sin embargo, hay que reconocer que la construcción de nuevos dirigentes no es un proceso que se pueda realizar de un día para otro. Los liderazgos se cocinan a fuego lento y requieren tiempo. Nuestra militancia estuvo a la altura del desafío.

La cercanía entre militantes, ya sea de dirigentes como de las bases, y la población en su conjunto fueron las claves para lograr la votación del 24 de noviembre. Miles de mujeres y hombres y un enorme conjunto de jóvenes lucharon por el FA, por su proyecto de cambios, y pusieron en valor lo mucho que se había avanzado. El hipercriticismo idiosincrático uruguayo tuvo que rescindir su estoicismo y dejó lugar a una mirada más profunda y abarcadora de nuestra realidad, conscientes de que la fuerza política está conformada por personas diversas que quieren un mundo mejor.

*Adriana Cabrera es escritora y fotógrafa.

Publicado en La Diaria el 5 de diciembre de 2019 

LOS COALIGADOS Y LA SALUD por Miguel Fernández Galeano y Pablo Anzalone

Las propuestas sobre salud de los coaligados que han trascendido recientemente son un texto bien escrito que se basa, sin reconocerlo, en los grandes avances realizados por el Frente Amplio (FA) en este campo. El texto transita hábilmente por el camino de una “falsa aproximación” sin brindar garantías de avanzar sobre lo construido en materia de salud en los últimos 15 años.

Para empezar, se queda en el plano de enunciados generales, y cuando habla del gasto en salud no se detiene en el punto central en esta materia, que es la importancia del gasto público, tanto en lo que refiere a los fondos mancomunados en el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) como al incremento sustantivo del presupuesto de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). En ambos casos hay aportes de rentas generales que impactan sobre el espacio fiscal y sobre los cuales resulta decisiva la voluntad política de garantizar el derecho a una salud de calidad para toda la población.

El gasto público es central para definir la equidad, la calidad y la sostenibilidad de los sistemas de salud. Ese compromiso con el gasto público no aparece en el documento, y la referencia a gastar mejor no da garantía de mantener su jerarquización en el contexto de grandes recortes anunciados.

¿Es gastar mal el Hospital de Ojos, el Maciel, el de Tacuarembó, el Pereira, el Instituto Nacional del Cáncer (Inca), la emergencia del Pasteur, la red de centros de primer nivel de atención en todo el país, la incorporación de equipamientos de alto porte?

¿Es gastar mal un completo plan universal de beneficios con la incorporación de medicación de alto costo como existe en pocos países del mundo?

¿Es gastar mal tener las tasas de mortalidad infantil y materna más bajas de la historia y las menores en Latinoamérica?

Podríamos seguir con una larga lista de inversiones que cambiaron radicalmente la atención a la salud. ¿O acaso gastar bien es el célebre préstamo de Focoex gestionado en el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera, plagado de irregularidades e ineficiencias?

Levantan como iniciativas propias a políticas y dispositivos que se iniciaron hace años por los gobiernos del FA. Por ejemplo, las Rondas Rurales, que son un programa de ASSE desde 2010. Se puede hablar de una auténtica “cleptomanía programática” que no hace otra cosa que reconocer los aciertos y el alineamiento del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) con las mejores prácticas internacionales de salud pública.

Ese compromiso con el gasto público no aparece en el documento, y la referencia a gastar mejor no da garantía de mantener su jerarquización en el contexto de grandes recortes anunciados.

La referencia al uso intensivo de las tecnologías de la información resulta sorprendente en momentos en que el país se apresta a la universalización de la Historia Clínica Electrónica Nacional en marzo de 2020 y existen múltiples emprendimientos, como telemedicina y teleclínicas, que permiten acercar la medicina de calidad a lo largo y lo ancho del país.

En resumen, hay en este texto concepciones preocupantes, omisiones muy significativas que abren grandes incertidumbres y propuestas que ya se están haciendo desde hace años, sin admitirlo claramente.

  1. Al contrario de lo que afirma el documento, entre los principios del SNIS no está la canasta mínima de prestaciones ni el subsidio a la demanda. El SNIS levanta un Plan Integral de Prestaciones y la atención de salud como un derecho en lugar de como una mercancía. Son concepciones contrapuestas. Mientras que una hace cuestión de la integralidad de las prestaciones obligatorias, en la idea de canasta mínima está el enorme riesgo de convertirla en un paquete básico, como ya se vio en otras experiencias. En esos procesos las prestaciones mínimas son garantizadas, pero todo el resto depende de los recursos económicos de cada persona, con una enorme desigualdad en el acceso y en los resultados sanitarios. La idea del subsidio a la demanda reduce la salud a un problema de oferta y demanda, tiene implícitas las relaciones de mercado y niega la condición fundamental del seguro de salud de brindar aseguramiento y cobertura mediante un fondo público común. Si se refiriera al necesario aporte del Estado a esa financiación, estarían dando la razón al FA y deberían autocriticar toda la alharaca realizada en relación al “déficit Fonasa”, que no es tal. Pero nada de esto se aclara.
  2. Existen omisiones graves, como la salud bucal, que ni siquiera es mencionada en el texto, cuando está claro que es un problema de salud pública, en el que el acceso está fuertemente condicionado por el poder adquisitivo de las personas. El FA se ha comprometido a avanzar en la inclusión de la atención integral de salud bucal en las prestaciones obligatorias del SNIS. Nada de eso implementaría la coalición opositora.
  3. No hace ninguna referencia a la implementación de la Ley 19.529, de reorganización de la atención a la salud mental en el país. Es un cambio sustantivo de la salud mental, cuya omisión es llamativa, a la luz de la repercusión social que tuvo la aprobación de una ley de ese porte.
  4. Tampoco hay ninguna referencia a la atención en el Hospital de Ojos ni a la continuidad de los programas de salud visual que permitieron atender a 700.000 personas y realizar más de 94.000 cirugías, asegurando un derecho postergado por las administraciones anteriores. ¿Se mantendrán, serán objeto de recortes o se eliminarán, lisa y llanamente, en caso de que los coaligados accedan al poder?
  5. No hay ninguna mención a la principal causa de enfermedad y muerte en el país, que son las enfermedades no transmisibles como cardiovasculares, cerebrovasculares, cáncer, diabetes. Ni aparece, por lo tanto, qué va a pasar con las políticas hacia el tabaquismo, o el imprescindible impulso a un plan de alimentación, reducción del sedentarismo, entre otras.
  6. No hay referencia alguna a las perspectivas demográficas y epidemiológicas del país y sus consecuencias para las políticas de salud. Este texto no habla de la salud de la población, sino sólo de algunos aspectos del sistema y sus servicios de salud. No hay objetivos hacia los problemas de salud de la población. Falta una visión de largo plazo, así como la definición de prioridades sanitarias y planes específicos por medio de Objetivos Sanitarios Nacionales.
  7. No es mencionada en ningún momento la rehabilitación como un elemento a jerarquizar en el proceso salud-enfermedad. Tampoco se propone nada para prevenir la dependencia en adultos mayores, promoviendo su envejecimiento activo y saludable, elemento central para la calidad de vida y la sustentabilidad del sistema de salud.
  8. No hay referencias al precio de los tickets de medicamentos y tratamientos ni a la continuidad de la reducción progresiva que se ha estado implementando. Si recordamos el aumento drástico de tickets que financió el pago por acto médico durante el gobierno de Lacalle, no mencionar en absoluto este aspecto abre una incertidumbre para el acceso de las personas a medicación y tratamientos. No se habla de ninguno de esos aspectos.
  9. No se menciona la necesidad de aumentar la capacidad de resolver problemas a nivel de policlínicas y disminuir tiempos de espera y dificultades para acceder a especialistas, o hacer interconsultas en forma ágil utilizando nuevas herramientas tecnológicas, ni la imprescindible descentralización territorial de la red de servicios.
  10. Los usuarios son mencionados en un solo punto (su libertad de elección de la institución de salud), pero no hay referencias a cuestiones fundamentales de sus derechos, de su participación en la definición de prioridades, planes y objetivos, de su rol en la transparencia en las instituciones y el sistema.
  11. Está bien fortalecer el rol del Ministerio de Salud Pública (MSP) que el texto pone en primer lugar –ya lo viene haciendo el FA, y su profundización es una de las propuestas de Daniel Martínez–, pero se omite aquí toda referencia a instrumentos claves para ello, como los contratos de gestión, las metas asistenciales, los Objetivos Sanitarios Nacionales, los programas y guías clínicas, el fortalecimiento de los equipos técnicos del MSP.
  12. No hay políticas de personal para el SNIS con respecto a la cantidad y calidad de técnicos a formar, a la falta de licenciadas en Enfermería y otros perfiles técnicos, a la necesidad de adecuar los regímenes laborales a los requerimientos de trabajo en equipo, interdisciplina, formación continua, en un sector fuertemente feminizado. No hablan del multiempleo, ni de la salud de los trabajadores de la salud.
  13. Eliminar de ASSE las responsabilidades de atención que no están incluidas en el PIAS (Sistema de Atención Integral a Personas Privadas de Libertad, Centros de Atención de Consumos Problemáticos de Drogas, Servicio Nacional de Sangre, Laboratorio de Especialidades Farmacéuticas, Hogar de Ancianos, entre otras) deja una enorme duda sobre si se quiere eliminar la responsabilidad del Estado de estas prestaciones o se propone formar otra institución que las sostenga o derivarlas a otra institución ya existente. Muchas prestaciones del Hospital de Ojos están incluidas en este conjunto, cuyo destino para los coaligados estaría sujeto a un estudio caso a caso sin que se expliciten criterios.
  14. No hay referencias a completar el Seguro Nacional de Salud integrando progresivamente al Fonasa a toda la población. Para los coaligados, los jóvenes de hasta 23 años no serán una población que se incluya en el Fonasa, como ha comprometido Martínez.

En definitiva, las omisiones son, ciertamente, demasiadas. El abordaje superficial de temas centrales da lugar para preguntarnos: ¿no preocupan estos temas? Si es así, se podrían causar retrocesos en lugar de nuevos avances en estos puntos, sobre los que existen necesidades sentidas. Sobre ellas el programa del FA y la candidatura de Martínez han establecido con claridad instrumentos de política pública para seguir avanzando.

¿O existen concepciones distintas, como surgen de los principios reivindicados al inicio del texto, que van hacia la salud como mercancía, y paquetes mínimos en los que los mecanismos de mercado sólo producirán más desigualdades?

En ese caso, no son omisiones, sino orientaciones contrarias al SNIS cuyos resultados sanitarios son todavía más peligrosos.

Miguel Fernández Galeano y Pablo Anzalone son integrantes del equipo asesor en temas de salud del candidato frenteamplista Daniel Martínez.

Publicado en La Diaria el 8 de noviembre de 2019 

HACIA EL 24 DE NOVIEMBRE: ¡A REDOBLAR! por Pablo Anzalone

Los  resultados de la jornada del 27 de octubre generaron un cambio importante en el escenario político. No hay mayorías parlamentarias definidas. Cualquiera que aspire a tenerlas deberá construirlas. Dentro y fuera del Parlamento.

La Presidencia de la República se dilucidará en un mes y es una confrontación disputada.

El Frente Amplio alcanzó un 40,7%  casi un millón de votantes. Fue la fuerza más votada del país por un margen importante, ganó en los departamentos de Montevideo, Canelones, San José, Colonia, Soriano,  Rio Negro, Paysandú, Salto y Rocha.

Si el sistema electoral exigiera, como otros países, más del 40% y 10% por encima del siguiente, no tendríamos que esperar al 24 de noviembre y ya habría obtenido la presidencia.

Desde el año pasado quedó claro que ésta iba a ser una contienda difícil para el FA. Al desgaste de gobernar durante varios períodos se sumó una coyuntura económica internacional compleja, la crisis en los países vecinos y un impulso orquestado de ultraderecha en el continente. Problemas reales de empleo o inseguridad se han transformado en objetos de campañas que manipulan la disconformidad sin propuestas o con propuestas que agravan la situación. El resultado de la reforma de Larrañaga es una muestra clara. Que 46% de los votantes haya apoyado un paquete tan burdo, autoritario e ineficaz es una señal política que no puede dejarse de lado. Que 54% de la población se haya pronunciado en contra, con una gigantesca y joven movilización de rechazo, también. Hay batallas culturales que tienen que ver con lograr que la población se sienta escuchada, participe de los avances sociales, los reconozca como propios y empuje su profundización. Conquistar, defender y ampliar  los derechos.  De todo eso habrá que hablar después del 24 de noviembre. Ahora tenemos el escenario del balotaje como cruz de los caminos.

En las encuestas, el FA registró una línea ascendente casi constante a lo largo del último período. Más allá de las encuestas, que esta vez no se equivocaron tanto, hubo un cambio significativo de la situación política, un nuevo hecho relevante con múltiples efectos: la movilización frenteamplista.

El crecimiento de la movilización frenteamplista fue extraordinario en estas semanas. El acto final en Montevideo, los actos en el interior, las caravanas, mostraron  un cuerpo militante enorme con un entusiasmo contagiante. La propia jornada del 27 tuvo una presencia desbordante del Frente Amplio  con miles y miles de personas, autos, casas, carros, bicicletas, con banderas tricolores, que recorrían y se reconocían en la calle.

Ningún otro partido tuvo algo siquiera parecido. Ni los que se autoconsideraron triunfadores a pesar de tener solo el 30% de los votos, ni un alicaído Partido Colorado, ni la “gran novedad”, el partido militar ( no son novedad:  gobernaron 13 años durante la dictadura cívico militar, ya vimos lo que son).

Aunque es un margen escaso, la diferencia entre el 40%  que se obtuvo y el 42 o 44% que estuvo en las expectativas de muchos de nosotros, ha tenido un impacto anímico adverso para los frenteamplistas. Pero la militancia del Frente Amplio se recupera rápido. Lo ha demostrado en muchas décadas de lucha en las peores condiciones.

El gran argumento a favor del triunfo de Lacalle en el balotaje es que todos se van a unir contra el Frente Amplio, acatando los acuerdos tejidos en las cúpulas partidarias. Y que el casi 4% de votos en blanco y anulados no se inclinan hacia ningún candidato. Son suposiciones discutibles, que recogen muchas evidencias contrarias.

La  mayor debilidad de Lacalle es la falta de propuestas claras sobre los problemas del país, y que además, éstas sean comunes a la coalición que pretende crear. Salvo, “recortar y ajustar”; “ajustar y recortar”. Propuestas que vayan más allá de ese genérico “hacerse cargo”.  Que tengan equipos de gestión creíbles. Y que el propio candidato logre parecer algo más que un estanciero que no ha trabajado en su vida.

Los grandes argumentos para el triunfo de Daniel Martínez son que ha desarrollado propuestas fuertes, que se apoya en hechos y no sólo en palabras, que reconoce errores e insuficiencias, pero se afirma sólidamente en un rumbo de crecimiento con justicia social y más democracia. Hay certezas, previsibilidad y también disposición autocrítica. Daniel tiene capacidad de gestión y empatía con la gente.

Por sobre todas estas cosas representa un sentir popular, un sentir democrático, un proyecto de sociedad más libre y justa. Ese sentimiento es el que se evidencia en la presencia masiva y creciente del pueblo frenteamplista en las últimas semanas. Esa movilización impresionante es clave para ganar el balotaje el próximo 24.

Publicado en Voces