Confieso que tengo miedo, pero es saludable que tenga miedo, porque ese miedo me sirve para protegerme: frente a “los archivos del terror”, la corrupción económica, la crisis del agua, la pedofilia, la mentira instalada en los medios de comunicación hegemónicos de esta coalición herrerista, riverista, militar.

Pero también tengo miedo al Cardenal Sturla, pero como el miedo no me puede dominar ni controlar, entonces tengo que explicitar el porqué de ese sentimiento.

Nuevamente volvió a celebrar una misa para el ejército el 18 de mayo, pero a los dos días se apareció en la celebración ecuménica del 20 de mayo.

¿Quien lo llevó?, ¿a qué fue? Si realmente le preocupan los desaparecidos estos días se tenía que haber pronunciado frente a los restos encontrados en el Batallón 14. Tenía que haber estado presente en el Acto Reparatorio de las Víctimas del Terrorismo de Estado. Pero anteriormente apareció en la prensa en una foto de una reunión con dirigentes de FUCVAM y del PIT CNT, sin ningún referente de la Pastoral Obrera ni Social si es que existen, como el libro de Roa Bastos, “Yo el supremo”.

Es muy clara su posición de “controlar” con todo lo que eso significa en lo religioso, es una figura presente que aparece en momentos puntuales. Hay una señal clara a la interna que lo controla todo y que no está solo.

Desde la aparición de Cotugno, destruyendo la unidad del clero, Pastorales de Conjunto, las Comunidades de Base y una obsesión de perseguir a los homosexuales dentro de las parroquias, generando un callar por miedo porque hay un precio muy alto a pagar por la fidelidad al Evangelio.

Junto con la muerte de Don Carlos Partelli y Patricio Rode, por nombrar dos ejemplos significativos uno Obispo y otro laico, porque sería inmensa la cantidad de religiosas, curas, laicos, el oscurantismo se apodera de la Iglesia Católica. De a poco van ganando terreno y empujando a la marginalidad, peor, al olvido a aquella Iglesia que celebró una misa por el 1ero de mayo en los capuchinos, luego en ese mismo lugar se realizó un ayuno de militantes de la resistencia y religiosos por amnistía, hoy tristemente alquilado a un gimnasio.

La riqueza histórica de compromiso social de ese convento de alguna manera había que borrarla, que nadie supiera que por la calle Maldonado atendían religiosas bajo la sigla de FRANSIDA a los portadores de VIH SIDA para entregar una canasta de alimentos cada quince días. Que ahí se reciclaban libros en un proyecto conjunto con la Intendencia de Montevideo, para entregar en Bibliotecas Populares. Que por un tiempo funcionó Ultimo Recurso de atención al suicida, que se logró un convenio con el BPS para adultos en situación de calle, para generar un refugio, las colas interminables de pobres al mediodía en la esquina de Minas para comer, podría repetir que ahí, que ahí………..

Somos muchas y muchas dispersos, pero atentos, dándonos animo de distinta manera, venciendo al miedo, como le dijera Pablo a Timoteo “a tiempo y a destiempo” que seguiremos caminando con el Jesús que dió pan al hambriento y vistió al desnudo.